Red Velvet
Capítulo 30: Salvajismo
…
Había pecado.
Había pecado una vez más.
¿Le sorprendía?
No en realidad.
Estaba jadeando, como un animal en celo, temblando en anticipación y en impaciencia. No sabía si su falda se había rasgado o simplemente se había subido lo suficiente al abrir las piernas de esa forma, a horcajadas sobre Ruby. Se sentía acalorada, hirviendo, y la chaqueta de Ruby seguía sobre su cuerpo, así como la dueña estaba abajo.
Había perdido la cordura.
"No me voy a detener, ¿Lo sabes?"
La voz de Ruby salió como un susurro grave y profundo, sus ojos ahora grises la observaban con lujuria, sudor apareciendo en su rostro. Como quería desnudarla, ¿Era posible en lo estrecho de sus posiciones? No tenía mucho que perder.
La mano de Ruby ya estaba pasando por el interior de su muslo, acercándose peligrosamente a su centro. No tenía problema alguno con eso, ya que se sentía impaciente y estaba segura de que su cuerpo estaría listo para recibirla. Sus manos, en cambio, estaban inertes aferrándose a la sudadera de Ruby, pero las movió lo suficiente para llegar al cuello de esta, nuevamente deteniendo sus movimientos, la mano ajena quedándose quieta de inmediato, obedeciendo la orden silente.
Ruby se calmó ligeramente, dispuesta a oírla, dispuesta a obedecer, y adoraba esa faceta de ella. Su cuello era ancho y resistente, no la iba a lastimar, pero aun así decidió apretar más de lo usual. No notó incomodidad en la expresión de la mujer, muy por el contrario, se encendió aún más. Y adoraba eso.
Estaba pecando, ¿Que importaba un poco más?
Debía aprovechar que se sentía así, fuerte, poderosa, capaz, y el calor del auto la hacía perder aun más los estribos, lo que era bueno, así no perdía tiempo pensando.
No iba a perder más tiempo.
"No voy a dejar que me toques hasta que te saques algo de ropa."
No lo hacía solo por querer verla desnuda, sino que también porque con las ventanas cerradas pronto iban a sufrir con el calor de sus cuerpos. ¿Y perder aún más tiempo encendiendo el aire acondicionado? Nunca.
Esta era sin duda su mejor excusa.
"Suena justo."
Ruby dijo, y notó como esta llevó sus manos hasta su ropa superior para poder sacársela, así que la soltó, dándole más espacio. Ahora si agradecía que su auto fuese más espacioso que otros en el mercado. Por su parte, se sacó la chaqueta de cuero de Ruby que la mantenía abrigada, no necesitaba calor extra, solo el del cuerpo de la mujer, nada más, y bueno, no tenía que ser una adivina para saber que pronto iba a empezar a sudar.
Su ropa superior seguía siendo de seda fina, aun así, decidió sacársela, no quería empaparla.
Miró a Ruby, esta había hecho un buen trabajo, dejando expuesto su torso, por completo.
No pudo evitarlo, sus manos como imanes avanzando hasta el cuerpo bronceado. Sus dedos pasaron sin ninguna vergüenza sobre el tatuaje de rosas rojas que esta tenía en el pecho. Sabía que al hacer el dibujo este dejaba una cicatriz, aun así, no podía notarla en lo absoluto, la piel seguía siendo suave.
Ruby jadeó.
"Quiero tocarte, Weiss."
Oh.
Su nombre sonaba maravilloso al tener ese dejo de desesperación.
Dejó de mirar el tatuaje y volvió a mirar a los plateados. Sus manos volviendo al cuello, y uno de sus dedos pasó por los labios de Ruby. Podía notar la desesperación en el rostro de la mujer, y adoraba verla así. Pasó el pulgar sobre el labio inferior de esta, y la lengua ajena no demoró en salir. Se quedó hipnotizada, viendo como la lengua se movía con maestría sobre su dedo, tal y como solía moverse en sus pliegues. Ahora entendía lo que se sentía Ruby cuando le metió los dedos en su boca aquel día cuando la amarró, poder verla así la encendía más de lo que esperó.
"¿Quieres tocarme?"
Sabía la respuesta, pero quería escucharla de nuevo, solamente por su egoísmo y su propio placer. Ruby dejó de mover su lengua y la observó, sus ojos brillando, sus mejillas enrojeciendo cada vez más.
"Si."
Se sentía poderosa. Deseada. Y no se aburriría de decirlo.
"¿Quieres ver lo húmeda que estoy?"
No creyó lo que estaba diciendo, y ni siquiera su voz sonaba como la propia. Era una sucia. Ruby parecía aún más jadeante que antes. La locura las envolvía a ambas.
"Si..."
Volvió a sujetarla del cuello, apretando ligeramente. Se acercó, sus cuerpos cada vez más pegados. Las manos de Ruby no estaban en su cuerpo, obedeciendo, manteniendo su posición hasta tener el permiso deseado.
"¿Quieres ver lo mojada que estoy por tu culpa?"
Ruby jadeó una vez más, su cuerpo temblando, su corazón latiendo rápidamente, lo sentía en sus palmas.
"Si, por favor, dejame tocarte, te lo ruego."
¿Debía seguir el juego?
¿Debía guardar la compostura?
No, no podía, a esa altura ya no podía, por mucho que le gustaría escuchar a la mujer rogar aún más. Probablemente pensaría en eso en otra oportunidad, en hacerla rogar hasta sentirse satisfecha.
Por ahora, eso podía esperar.
"Hazme tuya, Ruby."
Lo que dijo, tampoco lo imaginó, ni siquiera lo pensó, ni por una fracción de segundo, solo se lo dijo, su voz hablando por mero instinto, por impulso. Su parte más pesimista creyó que Ruby podía molestarse por decir algo similar, pero era ridículo, ¿Molestarse por eso luego de todo lo que habían hecho? Sería estúpido.
No, solo había dejado salir al lobo feroz.
La mano grande de Ruby llegó a su boca, callándola, y no lo entendió, hasta que sintió los dedos mover su ropa interior y entrar de una forma estrepitosa. Entraron tan fácilmente como era costumbre cada vez que Ruby la llevaba a la cama, solamente que ahora ni siquiera estaban cerca de una cama. Soltó un grito, que gracias a la mano de la mujer no logró salir del auto. Por un momento olvidó por completo donde estaban, su deseo siendo más fuerte que su raciocinio.
"Eres mía, nadie más puede escucharte."
La escuchó decir, y sintió su cuerpo siendo empujado, su espalda chocando con la puerta de la guantera. A pesar de lo incomodo, la posición le daba más espacio a la mujer para embestirla. Sus palabras fueron duras, intensas, y la hicieron temblar, pero también sintió que estas tenían cierto tono de pregunta. Se dio cuenta que era así cuando los ojos grises, deseosos, la observaron.
Como su boca estaba sellada, solo pudo asentir.
Ruby sonrió, mostrando sus dientes, y nuevamente notó esa parte de ella que se veía intensa, que le helaba los huesos, pero al mismo tiempo le ardía en la piel. Se trataba de una bestia impulsiva y deseosa, y adoraba ser capaz de hacerle perder los estribos. Hacerla cambiar de ese cachorro adorable a ese lobo intenso.
"Buena chica."
Ruby le dijo, liberando su boca, solo para sujetarla de la nuca, llevándose algunos mechones de su cabello para luego volverla a acercar a su cuerpo, embistiéndola ahora con más calma.
Quería seguir, quería seguir sintiéndose como hace solo unos momentos. Realmente ya no tenía idea que estaba haciendo. Su cabeza estaba completamente nublada. Ya no sabía nada, solo sentía su cuerpo hervir y el deseo empezar a consumirla. Temía revelar su secreto, lo que guardaba profundo en su ser, y rogaba que no fuese así. No podría pensar más que eso, su cuerpo conteniendo sus gemidos, o, mejor dicho, redirigiéndolos. Se acomodó en el oído de Ruby, gimiendo para ella, solo para ella. Esta jadeaba, cada vez más, transformándolos en gruñidos contenidos al pasar los segundos.
Habían perdido el control.
Eran simplemente animales deseando marcarse mutuamente.
Si, eso quería.
Era su momento.
Sujetó a Ruby, su mano aferrándose a cuantos cabellos podía, otro gruñido escapándosele al tenerla firme en su agarre. Estaba oscuro ahí dentro, pero podía notar como la yugular de Ruby era completamente visible. No dudó en morderla, succionando la piel bronceada, atrapándola entre sus dientes, marcándola. Otro gruñido salió, ahora más fuerte, y se apresuró en ahora ser ella quien la silenciaba de la misma forma que ella fue silenciada.
Sus caderas se movían de manera automática, forzando a que Ruby la penetrase con más fuerza, más adentro, y se sentía fuera de sí, usándola para su propio placer. Eso la encendía aún más.
Ruby volvió a atacarla, recuperando fuerzas, volviendo a dejarla apegada en la parte delantera del auto, penetrándola con más fuerza, liberando sus labios. Sintió los dientes en el nacimiento de sus pechos, mordiendo su carne, marcándola también.
Si, habían enloquecido.
Era una lucha de poderes, y no tenía idea quien iba a ganar.
La boca de Ruby se movía por todo su pecho, mordiendo y chupando cada zona que podía. ¿Iba a perder? Oh no, odiaba perder. Sus instintos estaban iracundos, irreverentes, perturbados.
Volvió a sujetar a Ruby del cuello, volviendo a dominarla, pegándola una vez más al asiento. La afirmó, manteniéndola inerte, y llevó una de sus manos a la palanca del asiento, para tirarla. El respaldo cayó con el peso de ambas, deteniéndose solo al topar con los asientos traseros. Mantuvo a Ruby ahí, firme, mientras seguía moviendo sus caderas, haciendo fricción con la mano ajena que ahora se quedaba quieta, sumisamente tal y como la quería ver. Esta la miraba, con deseo, con lujuria, pero también esa rabia animalesca, sus gruñidos aun escuchándose. Sus instintos la incitaban a moverse, a volver a luchar por el poder, a mantener a la bestia controlada.
¿Que estaban haciendo?
No tenía idea, pero el solo ver a Ruby ahí, su expresión llena de enfado, llena de ansiedad, pero a la vez llena de sumisión, era por si sola capaz de hacerla sentir el orgasmo acercándose.
"Quieta."
Le dijo, en un susurro, mientras soltaba el cuello de la mujer, el cual ahora tenía unas marcas blanquecinas en su piel debido a la presión de sus manos. Se encendía con la mera imagen, y no creía que algo así fuese a gustarle. Nunca es su vida lo habría esperado. Era una mujer más sucia de lo que imaginó.
Bajó sus manos, rozando el tatuaje, llegando a los pechos descubiertos de la mujer. Y ahí, ya no se contuvo, simplemente tocó todo lo que quería tocar, sin pedir permiso, sin aviso alguno. Iba a disfrutar del cuerpo de Ruby, por muy egoísta que fuese.
Ni siquiera se había tocado a sí misma, pero tocar el cuerpo de Ruby le mandó otra ola de sensaciones a su cuerpo. Se sentía bien en sus manos, suave, moldeable, y los pezones de esta estaban duros, rígidos. Tuvo ganas de morder también la zona, pero dudaba que su cuerpo pudiese doblarse lo suficiente para lograr su cometido. Al menos se sentía satisfecha con ver la expresión jadeante de Ruby, los leves gemidos escapándosele cada vez que tiraba de los rígidos montículos.
Siguió moviendo su cuerpo, siguió masajeándola, siguió sintiéndose extasiada. Sus gemidos aumentaron, aun intentando acallarlos, a punto de llegar al orgasmo. Ruby, como siempre, notó el cambió, y vio nuevamente esa desesperación en sus ojos. Usó una de sus manos para volver a atraparla, sujetando su cuello, manteniéndola en posición. Era obvia su intención, hacerla venir bajo sus propias reglas, pero no iba a dejarla, ya la había dejado lo suficiente, ahora era su turno.
"No me toques, no te muevas."
Hoy iba a hacerlo tal y como quería, a su ritmo, tal y como hace unas horas en la pista de baile, siendo ella quien mantenía el ritmo, quien se movía. Ruby siendo el catalizador de su éxtasis. Iba a aprovechar de lo fuerte que se sentía.
Ruby se mordió el labio y pudo jurar que hubo algo de sangre.
Parecía estar pensando en algo, y detuvo su cadera, solo para poder oír lo que esta tenía que decir.
"Si no puedo tocarte como quiero, entonces ¿Puedo tocarme a mí?"
Le impresionó escuchar a Ruby así, tan desesperada. Sus ojos estaban pequeños en comparación a lo usual, y su cuerpo, todo estaba sonrojado, desde su rostro hasta su torso.
Medito lo que acababa de escuchar, y la idea la hizo sentir aún más caliente. Prometió que no iba a ser tan egoísta en el sexo, así que, si Ruby se podía venir con ella, mucho mejor.
"Sacate la ropa, pero ni se te ocurra salir de dentro de mí."
Ruby asintió. Su mano libre, la cual llevaba casi todo ese rato sujetando el asiento, se movió, tanteando el borde de su pantalón, soltando el botón y bajando el cierre. Se estaba conteniendo, el movimiento abajo de su cuerpo era suficiente para que sus interiores se aferrasen a los dedos de la mujer. Accidentales movimientos que la hacían sentir ansias. Ruby intentó sacarse la ropa, más no era capaz de hacer mucho, aun la tenía contra el asiento y solo tenía una mano para hacer la tarea. Intentó ser buena persona y ayudarla, usando una de sus manos para terminar de sacarle la ropa y hacer que bajase de sus rodillas, así darle la mayor libertad.
Se vio curiosa, mirando el centro de Ruby, y podía ver incluso en la oscuridad lo húmeda que estaba. No era la única. Tuvo el impulso de tocarla ella misma, la curiosidad superándola, sin embargo se detuvo a sí misma, ya que nunca había hecho algo similar, ni siquiera consigo misma, y era mejor evitar algún accidente, sobre todo las dos estando en ese estado tan salvaje. Levantó una de sus piernas lo suficiente para meterla entre las de la mujer, forzándola a que las abriese más.
Pudo haber seguido moviéndose, pero quería aprovechar esa valentía galopante que sentía.
"No voy a moverme hasta que empieces a tocarte, Ruby."
No se sentía como ella misma, y eso era bueno.
La mano de ajena dudó un poco, y la vio acercarse poco a poco al objetivo. A esa altura ni siquiera miraba a Ruby, estaba inerte mirando su zona intima que por primera vez podía notar de cerca. Bueno, no es como que pudiese ver mucho, pero era algo completamente nuevo. Sus paredes se contrajeron al ver como Ruby se empezaba a auto satisfacer. Se vio jadeando, sin quitarle los ojos de encima.
Escuchó un gemido que le hizo hervir la sangre y su mirada fue donde la de Ruby. Esta no la miraba, sus ojos mirando cualquier lugar que no fuese su persona, mientras mordía su labio inferior, al parecer para acallarse.
No tenía idea si era lesbiana, ni creía que hubiese otra mujer que pudiese hacerla sentir así, pero no necesitaba a otra mujer, no, ni necesitaba saber la respuesta correcta sobre su sexualidad. Estaba enamorada de esa mujer, y no solo eso, si no que sentía una atracción sexual demasiado fuerte.
Estaba loca por Ruby Rose.
"¿Quién te dijo que podías dejar de mirarme?"
Ruby la miró de inmediato, sus ojos ligeramente sorprendidos y arrepentidos como los de un cachorro atrapado haciendo un desastre.
"Lo siento."
Se volvió a acercar, sus cuerpos nuevamente pegándose, los pechos de ambas rozándose. Miró a Ruby a los ojos, sus caderas moviéndose, lentamente, y no dudaba que la otra mano de la mujer se movía en el mismo ritmo al darse placer. Ella estaba controlando lo que estaba pasando, y se sentía espectacular, ya había probado un poco de eso tiempo atrás, y ahora podía darlo por hecho.
El calor era insufrible, las ventanas se empañaban, el sudor de ambas comenzaba a aumentar, pero nada de eso le importaba. No, quería venirse, quería que ambas se viniesen, y no se iba a mover de ahí hasta que pasara.
Ruby parecía cada vez más agotada, e intuyó cual podía ser la razón.
Se acercó, sujetándola de nuevo por el cuello, simplemente se había obsesionado con eso.
"Te voy a castigar si te vienes antes que yo."
Los plateados parecían suplicantes.
"No creo que aguante más. Me has tenido al borde desde que te vi bailar."
Ahora que lo pensaba, tenía razón. Estuvo tentándola desde hace mucho, incluso ahora cuando comenzó a masajearla. No podía culparla. Le gustaba ver como el cuerpo de Ruby reaccionaba a ella, así como el propio reaccionaba ante Ruby.
Le agradó que esta fuese honesta.
Volvió al cuello de esta, dándole otro mordisco.
"Vas a venirte conmigo o no dejaré que te toques más."
La miró, utilizando toda la ferocidad de la que su mirada era dueña. Ruby asintió, sin poder hacer nada más que acatar. Se vio sonriendo. Se sentía bien.
"Buena chica."
Le dijo, imitando la misma voz de la mujer.
Entonces, comenzó a moverse de nuevo. Era bastante estricta con Ruby, cuando su orgasmo estaba tan cerca como el suyo. Se movió un poco y ya sentía sus interiores temblar. Se volvió a acercar a Ruby, para gemirle de nuevo en el oído, y de la misma forma Ruby hizo lo mismo, dejándose llevar.
No supo cuánto rato estuvieron ahí, ambas intentando evitar lo inevitable, retrasarlo lo más posible, pero no podían. Las caderas de ambas se movían al mismo ritmo, sin parar.
Ya era el momento.
Tapó la boca de Ruby con su mano, y acalló sus propios gemidos mordiendo una vez más cerca del hombro de la mujer. Quería gritar, pero no podía. Era la única opción para mantenerse silente, eso o besar a Ruby, y no quería arruinarlo, no ahora. Sus piernas temblaron, más y más, hasta que los escalofríos recorrieron toda su espalda, la presión en su zona baja golpeando duramente.
Se dejó llevar, apegando su cuerpo al de la mujer bajo de ella, el orgasmo haciéndola temblar por completo. Ruby logró darse cuenta de su orgasmo, e inmediatamente se dio el tiempo para liberarse de igual forma, y la sintió removerse bajo su cuerpo.
El silencio las embargó por completo.
Se quedaron ahí, inertes, respirando con fuerza, e incluso temía que se hubiesen agotado todo el oxígeno que había ahí dentro, pero no le importó demasiado, así que simplemente se acomodó sobre el cuerpo de Ruby, sus pieles ardiendo la una con la otra, y la sensación le seguía agradando a pesar del sudor.
"¿Salgo de encima?"
Su voz salió como un susurro agotado, ni siquiera tenía energías para mirar a Ruby al rostro. Pasaron pocos segundos para que las manos de Ruby, ambas con los fluidos de ambas, se entrelazaran rodeando su cadera, abrazándola, impidiéndole que se moviese.
Tomó eso como un no, y respiró profundo, sintiéndose cómoda a pesar del cansancio.
Había cambiado mucho, y siempre que se acostaba con Ruby se daba cuenta de eso, cada vez descubría algo de sí misma que estuvo oculto por mucho tiempo, esperando el momento indicado para salir a la superficie. Su padre se moriría si se enterase, por algo no iba a dejar que este se enterara.
¿Estaba siendo seria respecto a eso?
Acababa de tener sexo en su auto, en plena calle, claramente ni siquiera estaba intentando que nadie la viese, que nadie se enterase, cuando se le subía el calor a la cabeza no pensaba en lo absoluto.
Estaba segura de que eso era ilegal…
Se levantó un poco del cuerpo de la mujer, solamente para mirarla. Esta parecía tranquila, tenía sus ojos cerrados y una leve sonrisa en su rostro.
"¿Porque tan feliz?"
Preguntó, con la excusa de que, si la avergonzaba primero, ella no iba a estar en el foco. Los ojos plateados, ahora grandes y brillosos, la miraron, la sonrisa de esta creció. Una sonrisa bastante relajada e incluso adorable.
"¿Como no estarlo? Cada vez me muestras un lado diferente de ti, y siento que jamás podría aburrirme."
Oh. Honestamente, tampoco creía que Ruby podría aburrirla. Aunque no hubiera cambios e hiciesen lo mismo como si se tratase de una rutina, estaba segura de que de igual forma estaría feliz a su lado. Soltó una risa y llevó su índice a la nariz de Ruby, haciendo presión en el punto.
"Me alegro así sea."
Ruby soltó una risa, y luego notó como miraba el dedo aun en la punta de su nariz. Sus ojos se pusieron bizcos y trató de aguantar la risa al verla hacer esa mueca.
"Entonces no fue mi imaginación, te cortaste las uñas."
Así que se dio cuenta.
"Si."
"¿Por qué?"
Ruby comenzó a levantar su torso, y se vio en la obligación de levantarse también, para seguir mirándola de frente, quedando sentada sobre las piernas de esta. Dejó una de sus manos al alcance de la vista de los plateados para que pudiese notar el cambio. Pero notaba algo de decepción en ella.
"¿Porque preguntas? ¿No te gusta que estén cortas?"
La mujer se sorprendió, y rápidamente negó, en parte asustada.
"No, no. No es eso. Solo creí que se te veían bonitas."
"¿Y ahora no?"
Le volvió a preguntar, y el tono de su voz era más indignado que la indignación que sentía. Sabía que Ruby no se refería a eso, pero disfrutaba del pánico que parecía tener.
"No dije eso."
Los plateados casi parecían al punto de las lágrimas y solo pudo reír. Sabía que no era así, pero era gracioso. Ahí al fin la mujer notó que no estaba hablando en serio.
"Que malvada eres, Weiss. Realmente creí que te habías sentido mal."
Siguió riendo mientras se removía un poco, abriendo la guantera del auto, sacando un paquete de toallas húmedas. Siempre estaba preparada, no para tener sexo, pero si por si tenía algo que limpiar, como sus zapatos o su teléfono.
"Dame una de tus manos."
Ruby le hizo caso, y comenzó a limpiarla. No era necesario, tal y como esta le hizo saber, que ella se podía limpiar sola, pero no le importaba, quería hacerlo por su propio gusto. Al final dejó de protestar, obligándose a obedecer. Jamás se imaginó en una posición así, haciendo el trabajo sucio por el otro.
Había cambiado mucho.
Y también le gustaba la Ruby obediente.
"Honestamente, la otra vez te lastimé mucho la espalda, y me sentí algo mal al respecto, así que decidí arreglármelas más cortas para no herirte de esa forma."
No quiso mirar a Ruby a los ojos, porque podía imaginarse ese rostro culpable y ese puchero adorable.
"Pero Weiss, soy una mujer fuerte, puedo resistir eso, no tienes que cambiar algo de ti solo por mí."
Tan inocente esa mujer, obviamente iba a cambiar algo de ella misma solo por Ruby, estaba así de enamorada, pero no le podía decir eso. Esta hacía cambios en su rutina por ella, así que estaban a mano. Ruby no era una mujer normal para ella, y ella no era una mujer normal para Ruby. Estaba tranquila con eso.
"Me las dejaba largas porque a los hombres con los que salía le gustaban largas, no era una decisión así de personal, no me importa demasiado. Ahora tengo una buena razón para dejarlas cortas, así que permíteme tomar mis propias decisiones."
Le dijo, sonando más severa de lo que pretendía. Le pidió la otra mano a Ruby, habiendo terminado con una de ellas. Siguió enfocada en eso, en sacar otra toallita y comenzar a limpiar cada uno de los rincones de la mano de Ruby, y era agradable, ya que rara vez podía tenerla entre las suyas. Quiso soltar una risa al pensar que era como un cachorro que le da la pata a su dueño.
El solo pensar en ser la dueña de Ruby le dio algo de calor.
Esta estuvo en silencio todo el rato hasta que terminó, y por un momento creyó que esta se había enfadado o algo, así que la miró. Ruby parecía pensativa, mirando inerte las manos de ambas. Se preocupó un poco, tanto así que llevó una de sus manos al rostro de esta, solamente para verificar si estaba viva. Los plateados la observaron de inmediato, sonriéndole levemente.
"¿Estás bien?"
Ruby asintió, riendo.
"Solo pensaba en lo lindas que son tus manos, con uñas largas o cortas. Y también pensaba que voy a extrañar que me rasguñes, pero al parecer encontraste otro hobby."
Esto lo decía apuntando las marcas que estaban en su cuello y hombros.
Sintió su rostro encenderse, entrando en pánico.
¿Que acababa de hacer?
Al parecer ella también acabó avergonzada.
Ruby había, otra vez, desbloqueado otra parte oculta de Weiss Schnee.
Capitulo siguiente: Infortunio.
Debo admitir que este capítulo fue uno de los que más disfruté escribir en su tiempo, simplemente chef kiss, aunque lo diga yo. El nivel de suciedad al terminarlo me dejó para dentro, no podía creer que lo había escrito yo. ¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado.
Y un pequeño spoiler…
El día donde me van a odiar se acerca.
Nos leemos pronto. Teehee-
