Red Velvet
Capítulo 31: Infortunio
…
El episodio del auto se le repitió un montón de veces en la cabeza. En igual partes con pánico por hacer algo ilegal y también por ser una de las experiencias más candentes y salvajes que tuvo en toda su vida.
Al menos, cuando salieron de ahí, no había nadie cerca. Ninguna persona se había quedado ahí esperando a que las ventanas mostrasen a quienes habitaban el auto, ni tampoco había una patrulla esperando a que las dos mujeres delictuales salieran. Todo estaba en orden.
Se limpiaron como pudieron y se apresuró en llegar a la casa de la chica.
Estuvieron bastante rato ahí, y estaba preocupada porque Ruby tenía que trabajar al día siguiente, sin embargo, parecía que la única estresada ahí era ella misma. Esta parecía despreocupada por las pocas horas de sueño que tendría, o por el cansancio en su cuerpo, ni siquiera le preocupaban las marcas en su piel.
"¿No te preocupa?"
Ruby negó, acomodada en el asiento.
"Nah, valió la pena, no podría arrepentirme de algo así."
"Por favor, es solo sexo, Ruby, imagino que tienes de eso seguido."
Esperaba que su tono de voz no haya sonado tan lleno de celos como imaginó que fue. Ruby parecía pensarlo, meditarlo cuidadosamente. Pasó varios minutos en silencio, y empezó a preocuparse. Solo podía darle miradas furtivas mientras observaba el camino, pero esta seguía mirando la nada.
Si, debió sonar mal, pero ya lo había dicho.
Finalmente, Ruby habló.
"Creo que te lo dije, pero me tienes vuelta loca. Si, tal vez tengo sexo seguido, pero es mi trabajo, nada más, y sinceramente, jamás he tenido esa impaciencia como la que tengo contigo. Eres guapísima, simplemente te veo y quiero hacerte de todo."
Ruby no la miraba, sus ojos pegados en la ventana, mirando el camino bañado en oscuridad.
Se mordió el labio, tratando de no sonreír, su rostro enrojeciendo notablemente.
Lo sabía, siempre lo supo. Y cada día que pasaba, ese pensamiento tenía más fuerza.
Para Ruby, ella era especial.
Menos mal que los plateados no la miraban, porque se sentía arder. Ella también quería hacer de todo con esa mujer.
El camino hacia la casa se le hizo más corto de lo usual, lo que era realmente decepcionante. Quería que fuese más largo, solamente para pasar más tiempo aún con ella, fuera de cuatro paredes. Pero no, no podía retenerla más, esta tenía trabajo, debía dejarla descansar. Ya se había tomado suficientes molestias para ir a esa fiesta y luego tener un momento juntas en el auto.
Ruby se soltó el cinturón y se comenzó a poner su chaqueta.
No quería decir adiós, siempre era amargo y se sentía ansiosa por la próxima vez que la vería, sin saber cuándo sería, o cuanto esperaría, o cuanta impaciencia tendría. La simple idea de esperar la hacía extrañarla.
Los plateados la miraron, sonriéndole.
"Pasé una buena noche, Weiss. Te diría gracias por invitarme, pero ese agradecimiento va para tu amiga."
Soltó una risa.
"También le agradezco por invitarte. Jamás imaginé verte ahí, aun parece una alucinación."
Ruby también rio, tal vez recordando su expresión de pánico al creer que fue drogada. Sería lejos la mejor y más duradera alucinación, también la más realista.
"Menos mal soy real."
Los plateados la observaron, casi hipnotizados, y sintió que esta comenzó a acercarse, lentamente, cuidadosamente. Se quedó inerte, las alarmas sonando dentro de su cabeza y su corazón palpitando rápidamente en su pecho. Una de las manos de Ruby llegó a su rostro, sujetándola. Tragó pesado, sin saber qué hacer, sin saber qué decir, sintiendo el rostro acalorándose. Tenerla cerca, cuando no estaban haciendo nada sucio, la hacía sentir incluso más nerviosa.
Los labios de Ruby se acercaron, dejando un beso en su mejilla.
¡En su mejilla!
Debía de estar decepcionada porque fue en su mejilla y no en sus labios, pero no podía evitar sentirse feliz. Se sentía como una adolescente a la que su amor platónico le había hablado. No podía estar más roja.
"Nos vemos el próximo sábado, Weiss."
Ruby le dio una sonrisa, de esas tan adorables, mientras se despedía y salía por la puerta.
Se quedó inerte, viéndola entrar a su casa, pero no pudo hacer nada, simplemente se mantuvo perpleja por varios minutos, sin poder quitarse el gozo del rostro.
¿Habían tenido sexo hace un rato, pero le impresionaba un simple beso en la mejilla?
Si, exactamente.
Se sentía tan feliz, las mariposas aleteando dentro de su estómago, se vio ahí chillando como una niña. No podría olvidar eso, nunca.
Probablemente iba a soñar con esa noche por el resto de su vida.
…
El sábado se sintió ansiosa de volver a ver a Ruby. No pudo evitar tener varios sueños en la semana pensando en ella, en serio era inevitable. El amor la había hecho de esa forma, no se reconocía.
Cuando se juntaba con Ruby, era su día especial, y, por ende, no dejaba que nadie lo arruinase.
Aun así, parecía que el mundo estaba conspirando en su contra.
Despertó en la mañana, más temprano de lo que pretendía, primera molestia del día, y luego cuando miró su teléfono le llegaron mensajes extraños. Había bloqueado el número de su ex prometido, así que no esperaba que este pudiese contactarla, solo que no esperó que se comunicara por una red social. Ni siquiera sabía que la tenía funcional, ya que no era de subir fotos ni cosas así, así que estaba prácticamente abandonada, su última publicación fue hace como tres años, y era un dibujo en una taza de café.
Soltó un suspiro pesado, asumiendo que ya no iba a poder dormir más, así que iba a dedicarse a bloquearlo también ahí.
Pero se detuvo.
No sabía que esperar cuando vio el nombre de ese sujeto, mandándole un mensaje, pero eso debió ser lo último que su mente podría haber imaginado.
"Te vi con alguien en el bar el otro día. Nunca te había visto así. ¿Quién es él? ¿Por él no quisiste intentarlo conmigo una vez más? Creí que te gustaban los hombres más altos. En serio, ¿Tan poco de demoraste en cambiar de novio y superarme?"
¿Que?
¿Qué demonios?
¿Qué mierda acababa de leer?
Se quedó minutos eternos releyendo el mensaje. Parecía casi una parodia de sí mismo. Le parecía lo más ridículo que había leído en todo el año, y vaya que vio ridiculeces, sobre todo en el trabajo y en la prensa.
Iba a bloquearlo, pero se vio tentada.
¿Qué podía hacer él en su contra? ¿Como podría arruinar su carrera?
Honestamente, ya los medios sabían lo que había ocurrido, los rumores, las noticias de farándula. Él no era particularmente famoso, pero era un casanova, y escuchó a varios decir que no le sorprendían que le hubiese sido infiel. Ahora podía analizar eso, ya que en esa época estaba demasiado enojada para siquiera dar alguna exclusiva o por lo menos escuchar los rumores. El compromiso de Weiss Schnee se hizo conocido por las clases más altas, así que muchos estaban esperándolo, el que esto se acabara, llamó la atención de muchos.
Si algo salía de la boca de su ex, dudaba que alguien lo tomara en serio. Quedó como un patán, y ella como una cornuda, pero al menos lo dejó para siempre y no fue considerada también una estúpida por volver con alguien así. Un interesado, nada más. Solamente se acercaba a donde calentase el sol, como solían decir.
Ahora leer eso, le daba nauseas.
Comenzó a escribir.
"Primero, gracias por darme a conocer otro lugar de donde bloquearte, y segundo, creo que entre nos, tú fuiste el primero en superarme incluso cuando estábamos juntos. No tienes el más mínimo derecho de juzgar lo que haga o deje de hacer ahora que estoy soltera."
Iba a dejarlo ahí, pero no contó con que este iba a estar conectado y listo para darle una respuesta.
Soltó un bufido, ya se estaba arrepintiendo de hablarle, sentía el dolor en sus sienes característico que aparecía cada vez que este sujeto aparecía en su mente.
"Tu aceptaste casarte conmigo, y aun así jamás te vi sonreír o siquiera bailar conmigo de esa forma."
Así que era eso.
Celos.
Debió verla, justo en ese momento cuando bailaba con Ruby. Esa era su intención de un comienzo, pero cuando se dio cuenta que estaba con Ruby, su ex fue exterminado por completo de su cabeza, luego solo podía ver a la mujer, a nadie más, pensar en nadie más.
Quiso soltar una risa.
Él estaba dolido porque ahora era capaz de hacer cosas que antes no hacía, ni siquiera en la intimidad. Con Ruby, era diferente, y al tenerla ahí, en público, fue diferente. Pudo dejar salir toda esa sensualidad que la mujer descubrió en ella, todo ese poderío, toda esa confianza. Ahora era libre, y él no podía aceptar que no obtuvo nada de eso de ella.
"¿Ahora te estás arrepintiendo de serme infiel? Simplemente no valía la pena ser así con alguien tan miserable como tú. No me vuelvas a hablar, o te voy a denunciar por acoso. Y por si no te acuerdas, fue idea de mi padre que nos casáramos, no mía."
No esperó respuesta y solo lo bloqueó, una vez más.
Si, se sentía bien decirle eso en la cara, y también se sentía bien el que él la hubiese visto así, haber visto lo que se perdió. Bueno, dudaba que algún día hubiese sido así con él. Solo Ruby fue capaz de sacar esa parte de ella. Por ende, era la única que se merecía el verla así.
Y hablando de ella, ese percance no le iba a arruinar su día.
De nuevo, eso creyó.
Sus desayunos, últimamente, eran mucho más tranquilos desde que le respondió a su padre, luego del incidente con la entrevista. Seguían siendo incómodos, seguían quitándole el apetito, pero él realmente parecía haberse relajado, haberse enfocado en sus planes personales, en sus viajes, en su jubilación, le habían significado un respiro para ella. Su hermano se encargaba de algunos sectores de la compañía, así que él lo mantenía al tanto, y no había mucho que reportar, las cosas avanzaban a buen ritmo. Se había acostumbrado a su trabajo, a cómo debían funcionar las cosas, y sabía cuáles eran los errores que no debía cometer. Eso era suficiente para que todo estuviese perfecto.
Al final del día, los únicos problemas significativos, eran los rumores que aún seguían dando vueltas por la empresa, rumores que no eran reales. No existía racismo alguno, no existían abusos de poder, y los asentamientos mineros cumplían con todas las normas, se había asegurado de eso al instalar cámaras y hacer visitas sorpresa una vez al año. Tenía personal cercano y de confianza para hacer revisiones de rutina, los cuales no dudarían de avisarle si algo no andaba como correspondía. Revisó todas esas cosas antes de subir a su puesto, para ahorrarse trabajo.
Y no se arrepentía.
Su padre estaba conversando con su hermano, a cerca de alguien que conocían, no conocía al sujeto así que no les prestó mucha atención, centrándose solamente en su café y en su plato de avena. Aun no se acostumbraba a comer al desayuno, pero se sentía más fuerte haciéndolo, así que iba a seguir así. Con Ruby necesitaba energías.
Finalmente, su padre se dirigió a ella.
"Olvidé mencionártelo, Weiss, pero unos socios vendrán hoy a la hora del té a discutir algunos temas, como la dueña de la empresa deberías de estar presente."
Calmó su rostro, intentando que no se le notara la sorpresa y la indignación.
No, no, claro que no, era su día de Ruby y no iba a sacrificarlo por una comida con socios.
"Los temas con asociados deben de hacerse en la empresa, padre."
Esa era la respuesta más calmada que pudo pensar, porque iba a hacer una escena, pero tampoco quería hacerle saber que su salida era así de importante para pelear por ella. No quería ser sospechosa tampoco, menos ahora que su padre la había dejado tranquila. No le iba a dar razones para entrometerse.
Este soltó una risa.
"Los mejores negocios que he logrado ha sido aquí, deberías saberlo a estas alturas. Así se logra una mejor interacción, más íntima."
Apretó los labios, sintiéndose hervir. Pero ella no era él, creyó que eso estaba claro, pero al parecer no, para él no.
"Como sea, quieras o no, sería bueno que hicieses algo productivo e intentases ganar más socios."
No necesitaba más socios. Su padre ya se había encargado de eso, y, de hecho, aun había muchos que aún no se podía sacar de encima porque la asociación con ellos era el contrario de beneficiosa. Se sentía casi como cuando era más niña y la forzaban a llevarse bien con los hijos de socios, y odiaba tener que fingir sonrisas con ellos y con sus padres. Lo detestaba. No iba a hacer lo mismo que él.
Aun así, era demasiado temprano para que se le ocurriese un buen argumento, y ya con la sorpresa del mensaje de ese imbécil, su día ya se había arruinado, ahora el doble.
"Debiste avisarme antes, habría pospuesto mi salida de hoy y me habría evitado tener que conseguir una cita."
No dijo una cita donde, pero siempre hablaba de sus citas a la peluquería, sus citas para que le hicieran las uñas, y esas cosas de 'mujeres' que su padre siempre englobaba, así que era claro de qué pensaría que era algo así. A él no le molestaba al menos, ya que siempre fue muy estricto con que no se dejase estar, con que debía cuidar su imagen, así que no parecía molesto.
Él debía de pensar que se estaba arreglando más ahora para conseguir un nuevo marido.
Ja, iluso.
Ya había tres cosas malas en su día, no dormir hasta tarde como pretendía, su ex hablándole como un imbécil, y su padre anunciándole reuniones de la nada.
Esperaba que ahora solo mejorase, y eso mantuvo en su cabeza durante el recorrido hasta la casa de Ruby. No era buena para mantenerse positiva, debía ser honesta, y normalmente cuando su día empezaba mal, este terminaba mal. Era horrible, porque no podía hacer nada para evitarlo, simplemente quedarse ahí mientras todo se iba por el desagüe.
Se estacionó cerca de la casa de Ruby, y miró su teléfono, dudando un poco. Era algo paranoico de su parte, pero no lo podía evitar. Se quedó unos momentos ahí, dudando si debía escribirle algo o no. Una parte de ella sentía que algo iba a suceder. Quizás era una señal y Ruby no la quería ver. No, no podía pasar eso, o al menos no quería algo así.
Dio un salto cuando su teléfono vibró.
"¿Te vas a quedar ahí todo el día?"
Ese fue el mensaje que le llegó, y levantó la mirada. Ruby ya estaba en la puerta esperando por ella. Se le quedó viendo, y notó de inmediato como su cabello lucía ligeramente más corto. Tenía puesta una camiseta y encima de los hombros una chaqueta roja, y abajo tenía unos jeans rasgados. Ruby siempre parecía tan cómoda con la ropa que usaba.
Salió del auto, dándose cuenta de que se quedó observándola por mucho rato. Debía lucir como una adolescente.
Cerró las puertas y caminó a paso raudo hasta la puerta. Podía notar una mancha en el cuello de la mujer, una marca que fue hecha hace una semana y esta seguía ahí. Bueno, la propias también estaban visibles, no como la primera vez, pero aún se notaban.
Estaban iguales.
Ruby le dio la pasada, caballerosamente, y entró. El clima estaba muy frio, así que llevaba un largo abrigo encima, el cual fue despojado de su cuerpo a penas la puerta se cerró, y luego quedó colgado en el perchero de la entrada.
Adoraba esos gestos tan naturales y lindos.
Hubiese adorado más que le diese un beso de saludo, pero era demasiado pedir, ¿No? Tal vez debería ser ella quien daba ahora ese paso. Bueno, no era la primera vez que la besaría en la mejilla, aunque cuando lo hizo Ruby estaba dormida, así que no creía que eso contara, sonaba injusto. No, no estaba preparada. Aun sentía nervios en su estómago cuando lo recordaba y no necesitaba tantos nervios cuando recién empezaba el día.
Intentó mantenerse seria, porque últimamente cuando se veían de inmediato perdían los cabales, y quería explicarle la situación a Ruby antes de que se olvidaran del mundo.
"Por cierto, no alcancé a mencionarlo, pero debo retirarme temprano hoy."
Sabía cuál iba a ser la reacción de Ruby, lo sabía, por eso mismo no la quiso mirar.
Pero tuvo que hacerlo.
Se topó con un gran puchero y con unos ojos plateados enormes que la miraban con tristeza.
"¿Por qué?"
No sabía hasta qué punto Ruby podía ser buena actriz, pero esa mueca era tan dolorosa de ver que dudaba que fuese falsa. Su corazón dolía. No quería decírselo, porque sabía que se iba a poner triste, lo sabía.
"A mi padre se le ocurrió invitar a unos socios a la casa, y me avisó recién esta mañana. No tengo más remedio que asistir."
Ruby dejó de mirarla, y sus ojos se fueron al piso, notó como esta golpeaba el suelo con la punta de su zapatilla.
"Pero es el único día que te tengo para mí sola."
Ya no sabía si estaba sonrojada o le iba a dar un infarto, pero cada día era más débil ante las emociones de Ruby. Verla así triste, le dolía. No pudo evitar acercarse, no pudo evitar sujetarla de las mejillas, no pudo evitar enamorarse más de su ternura. El rostro se sentía cálido en sus manos frías, como siempre, dándole esa sensación de comodidad.
Ahí recién los plateados la miraron de nuevo.
"Lo sé, estaba furiosa con él. Me gusta disfrutar de mi día contigo sin preocuparme de nada más, y él llega de la nada con sus reuniones estúpidas."
Soltó un bufido al terminar de hablar, y escuchó la risa de Ruby.
"Estas tan enfadada, te ves linda."
Pestañeó, sonrojándose de golpe.
"Por favor, Ruby, no me distraigas."
Esta la miró con sorpresa, pero aún tenía una sonrisa pegada el rostro. Usó una de sus manos para hacer el gesto de cerrar un cierre justo en su boca. Soltó un suspiro, realmente no podía con esta mujer. Le parecía perfecta.
"Como sea, es mi culpa por no asegurarme que nada iba a interferir en mi día contigo, así que voy a asumir la responsabilidad y recompensarte por eso."
"¿Recompensarme?"
Ruby ladeó un poco el rostro, confundida y curiosa.
"Si, lo que sea que quieras, Ruby. Te tomas el día para estar conmigo y lo termino arruinando, es injusto."
"No lo digas así, Weiss, estamos iguale-"
Ruby se detuvo, y al estar tan cerca vio de inmediato como su expresión cambió. Ya no era esa imagen de un cachorro triste porque su dueña va a abandonarlo, si no que ahora se convertía en la expresión de un lobo que capturó la esencia de su presa y va a iniciar una cacería.
Se vio alejando las manos del rostro de esta, por mero instinto.
Ella era la presa, y siempre le daban escalofríos en la espalda cuando se daba cuenta de ese hecho. Retrocedió dos pasos, por inercia, intentando mantener cierta distancia entre ambas. No es que desconfiase de ella, por el contrario, podría confiarle su vida a esa mujer. Aun así, su cuerpo reaccionaba, temblando, y se sentía aún más afectada conforme a la cercanía que tenían.
Ruby le sonrió mostrando sus dientes, su mueca se veía intimidante, pero notaba por sus ojos que eran pura lujuria.
Cada vez que miraba su propio cuerpo, las marcas que estaban en su pecho, recordaba a Ruby, y se veía ansiosa de que la situación se repitiese, e intuyó que a Ruby debió pasarle algo similar. Eran débiles, vulnerables, y todo por la culpa de la otra. Sentía que la mujer podía arrebatarle todo su poder con solo un movimiento, pero al mismo tiempo podía hacer lo mismo con esta.
A ese punto llegaba la confianza.
"Creo que hay algo que podrías hacer por mí, Weiss. Hay algo que me gustaría ver."
Se quedó inerte mirando esos ojos plateados, ahora grisáceos, que la miraban devorándola, una mano estaba sobre sus labios, decorando esa expresión intensa.
No sabía de qué se trataba, pero no podía evitar estar ansiosa.
Capitulo siguiente: Autosatisfacción.
¿El beso del principio contará como algo de san Valentín? No sé porque, pero tengo la leve sensación de que a Ruby le gusta Weiss, ah, no lo sé, quizás me estoy imaginando cosas.
Le mandaré besitos a mi waifu por aquí por sus memazos de esta historia que me hacen muy feliz, y por san Valentín también 3
Y si, lo sé, todo hermoso, todo feliz, pero queda poco, queda prácticamente nada para destruir sus corazones, y lo siento. Pero los quiero, también quiero a Weiss y a Ruby, pero a veces la única forma de avanzar es destruyendo todo, ¿No?
Nos leemos pronto.
