Red Velvet
Capítulo 35: S̶͍̙̫̝̬̗̈́̾̉͐̈̓̎͑̍́͜͝ ̵̨̧̧̰͕̫̺͎͚̥͇̮͇̌̅̅͐͛́͊̈͂̎̓͘͠͝e̴͖̤̹͚̍̀̄̀͘ ̵͖͖̠̲͋̍̓̉̑̓̓͐͝p̴͙̟̲͈̣̣̮͎̭͎̽̎̋̈́͂̈́͋̓̾͌͝ ̸̥̯͈͑̔̇́̑́̅̉͘͘͠͠͝a̷̢̫̲͙͈̱͙̫̠͓̥̬̎̌̄̑̑͛͂͋̾̂̎̔̃̚ ̷̡͉̣͎͙͔̱̳̠̂͌̾̇̕͝ó̷̡͉̳̩͙̼̟͖̟̺̫͇͖̭̃ ̶̛̥̼̺̣̈́̑̌̈͑̿͆̀̋̚̚n̸̡̧̞̟̻̣̙͈̘͎̼̝͐̓̃̍̎̆̊̏̅̓̈́̓̅̄͘
…
Fue una estúpida.
¿Porque no se detuvo?
Si, lo sabía, tenía la respuesta a esa pregunta.
Simplemente, nunca había sido tan feliz con alguien como lo fue con Ruby.
No podía compararlo con nada, ni con nadie.
Tal vez, en lo más profundo de su corazón, sabía que Ruby tenía sentimientos por ella, si, cabía la posibilidad, pero una mujer tan buena con todos, tan compasiva, tan cariñosa, era difícil saber si era alguien especial para ella o no. Sus acciones le decían que sí, y a la vez las mismas acciones de esta guiaban al sentido contrario.
Nadie te quiere.
Si, no iba a dudar de eso, Ruby la quería, eso era obvio.
Ruby la consideró especial desde un principio, la consideró más que una clienta, una amiga, alguien de fiar, alguien con quien se sentía cómoda de decir y hacer lo que sentía correcto.
Pero los sentimientos de ambas no cambiaban la situación.
No podía siquiera pasarse por su mente el estar con Ruby, en una relación, su vida sería un infierno. Las cosas que se dirían de ella, las cosas que diría su familia, sus empleados, sus socios, la prensa. Tenía una reputación que mantener, y estar con una mujer que trabajase en algo así… era impensable.
Pasar de tener un prometido que le es infiel con una cualquiera, a estar en una relación con una mujer que se acuesta con otras por dinero…
Eso...No podía permitirlo.
¿Porque seguir entonces con eso? Debió cortar todo de raíz cuando pudo, alejarse antes de que sus sentimientos crecieran tanto como lo hicieron. Fue una completa estúpida. Solo se hizo daño haciendo eso, y si Ruby también sentía lo mismo, también la iba a lastimar.
Pero no había nada que hacer.
Ya llegó a un punto de no retorno. No había forma fácil de terminar con todo esto. Si se amaban, seguir así, como amigas con derecho, iba a ser complicado para ambas. Era un amor imposible.
Tampoco podía pretender hacer que Ruby dejase su trabajo, lo que tanto esfuerzo le costó conseguir para dejar de lado la pobreza y el hambre, para estar con ella, porque no era siquiera capaz de aceptar estar en una relación con una mujer. No podía hacer que esta abandonase su vida si por su parte no estaba dispuesta a abandonar la suya.
Ambas habían luchado día y noche para tener las vidas que tenían, y no iban a dejar eso ir por un romance que Dios sabe si funcionaría o no.
La quería, más de lo que podía decir con palabras, pero todo lo que ocurría, era imposible.
Lo sabía desde el día uno.
Si aquella noche se hubiese acostado con cualquier otra mujer del Red Velvet, habría tenido un momento divertido, diferente, y hubiese vuelto a su casa con energías y sintiéndose menos como una perdedora. No tendría que volver, porque solo era algo de una vez.
Pero no fue así.
Ruby fue ciertamente un regalo. Si no fuese por Ruby, todo lo que ocurrió habría sido aún más estresante de lo que fue. La apoyó, le dio consejos, la consoló, la cuidó, le dio ánimos, algo que nadie había hecho por ella de esa forma tan intensa, tan despreocupada, tan honesta. Ruby fue lo que le dio fuerzas. Y luego de un tiempo, se dio cuenta que la necesitaba más de lo que creía.
Ya no era capaz de sentirse fuerte si no la tenía a su lado.
Se sentía débil sin ella, se sentía perdida, sola, deprimida.
Ruby era su luz. Su faro en la oscuridad.
La quería a su lado.
Pero no puedes tenerla.
Apoyó sus codos en su escritorio, y su rostro en sus manos. Podía sentir su cicatriz, el leve trazo sobre su piel, y de inmediato recordó a su padre.
Había tenido suerte, pero…
No podía.
Su padre... Siguió molestándola desde que su matrimonio se rompió, desesperado de que consiguiese otra pareja. ¿Y traerle a Ruby? Este perdería la cabeza. Enloquecería. Estaba buscando el menor error para arrebatarle la compañía, y si bien era algo que no podía hacer legalmente, le aterraba el incitarlo demasiado. Si se enteraba que estaba con una mujer, podría hacer las movidas más sucias. No, no.
Van a morir por sus pecados.
No podía hacerle eso a ella. No podía.
Ruby merecía paz, calma, y a su lado, no tendría nada de eso. No tenía nada bueno para ofrecerle.
Una mujer como ella, necesitaba a alguien bueno a su lado, no a una mujer de alta sociedad con estigmas en cada esquina, y enemigos en todos lados.
Quería tenerla para ver su sonrisa cada día al despertar. Poder sentir sus abrazos, su agarre constante. La calidez de sus palabras y su mirada.
Pero solo la lastimaría.
No podía permitirse hacer algo así. Ver a esa chica llorando, como la vio aquella vez. No quería. No podía. Era desgarrador. Y ser ella la causa de ese dolor, era inimaginable. Despreciable. Se odiaba a si misma por la simple posibilidad.
Esto no podía seguir.
Tomo su celular, y por inercia apretó el número que ahí tenía guardado.
No podía hacerle eso.
Hacerla pasar por eso.
Ella estaba bien, en su trabajo, con su hermana, con su vida. No iba a arrebatarle eso, no iba a ser egoísta como su padre.
Escribió.
Respiró profundamente.
No iba a dejar que su padre la lastimase, a ninguna de las dos. Era demasiado arriesgado. Esa vida, era demasiado arriesgada. No podría protegerla. No sería capaz. Al final el miedo la iba a consumir y no podría hacer nada más que mirar mientras desaparecían en el olvido, su relación siendo un tabú en la sociedad. Un tabú para su padre.
Envió.
Ya no había vuelta atrás.
No es posible que nos veamos más, adiós.
Sintió las lágrimas correr por su cara, y las dejó. Finalmente estaba llorando, porque ahora se sentía realmente rota.
Lo que más necesitaba en su vida, era alguien como ella. Pero debía dejar de aferrarse tanto a una relación que solo les iba a traer penuria, donde se iban a ver envueltas de dificultad en dificultad.
Su celular comenzó a vibrar, el tono monótono escuchándose por la oficina.
Lo ignoró, y se quedó mirando el paisaje tras ella, estaba nublado, frio, gris, el invierno a punto de llegar. Y toda esa escena, se veía aún más difusa con las lágrimas que seguían cayendo por sus ojos. Ni siquiera recordaba la última vez que lloró de semejante forma. Tal vez cuando su hermana la abandonó, o cuando su madre decidió elegir el camino de la muerte.
No quería herir a Ruby, y sabía que el sentimiento que tenían la una por la otra era real, así que esa separación las lastimaría, pero era mejor cortarlo antes de que las cosas avanzaran y no pudiesen seguir con eso. Si lograba tener a Ruby para ella, luego no podría dejarla ir. Incluso, sabía que Ruby no la dejaría ir. Y si eso ocurría, solo sería cosa de tiempo.
Su teléfono sonó una segunda vez y siguió sonando hasta que su buzón de voz apareció, ahí se cortó la llamada.
Cuando el teléfono volvió a sonar, diez o cinco o veinte minutos después, sintió su corazón romperse. Aún más.
Era Ruby. Era obvio.
Podía sentir su desesperación ante sus llamados, y los mensajes que parecían llegar sin demora.
No quería despedirse. No quería decir adiós.
No quería.
El teléfono se silenció nuevamente al llegar al buzón, y pasaron otros minutos para que sonase de nuevo. Ahora solo miraba el aparato, mientras se prendía y se apagaba. No era capaz de tomarlo. Si la escuchaba, iba a perder su convicción. Iba a ceder. Si la escuchaba no iba a ser lo suficientemente valiente para enfrentarla. Nunca había sido fuerte con Ruby.
Otra llamada entró en su teléfono, pero esta vez fue diferente. La llamada se cortó antes de llegar al buzón, y aquel acto le causó extrañeza.
Dio un salto en la silla cuando su teléfono corporativo comenzó a sonar.
Las únicas personas que podían llamarla, era su padre, su secretaria y el jefe de seguridad. Contestó, limpiándose el rostro, intentando que su voz no se viese extraña debido al llanto.
Se quedó de piedra.
¿Qué?
¿Estaba escuchando mal?
Pestañeó un par de veces, saliendo de su estupor.
Colgó el teléfono y salió de su oficina, prácticamente corriendo por los pasillos, incluso escuchó el llamado de su secretaria, preocupación en su voz. El ascensor fue lo suficientemente lento para causar aún más impaciencia en su ser. Hubiese ocupado esos momentos perdidos en revisar su teléfono, pero lo había dejado en el escritorio, en el exacto lugar donde lo abandonó apenas envió el mensaje.
Las puertas no se terminaron de abrir y se vio empujándolas para poder salir.
Ni siquiera le importaba lo que sus empleados pensaran. No podía evitarlo. Estaba consumida por una mezcla de sensaciones que no podía describir con claridad.
Todo estaba silente, sus tacones chocando con el suelo era lo único que se escuchaba.
Todos parecían concentrados en la primera planta, pero no en su trabajo, inclusive no en la jefa, si no en alguien más.
La vio ahí, en la entrada.
Ruby estaba ahí.
Sus ojos lucían desesperados, su ropa casual yacía desarreglada, y el guardia la tomaba por el brazo. El sujeto siempre grande y corpulento, parecía estar teniendo dificultades para contener a la mujer, y no tenía duda de que Ruby tenía fuerza, y ahora podía verlo.
"¡Por favor, necesito ver a Weiss Schnee!"
Parecía que en cualquier momento su voz se rompería, que el llanto lograría salir, pero ahí seguía peleando. Intentando liberarse con todo lo que tenía. Estaba peleando con todo lo que tenía mientras le suplicaba al guardia que la dejase pasar.
Su corazón se hundió al verla.
A Ruby no le gustaba llamar la atención en lo absoluto, pero ahí estaba, siendo observada por al menos cuarenta personas, más contando los ejecutivos tras los módulos. Estaba haciendo una escena, llevaba por la misma desesperación, luchando contra el guardia que la retenía. Estaba fuera de sí.
Fue cosa de un segundo, cuando esta con el afán de liberarse, giró su rostro, y ahí sus ojos se unieron, sus miradas chocando, encontrándose. Se detuvo, dejó de pelear, solo se quedó mirándola. Inerte. Sus plateados brillando con un dejo de súplica. Desesperados. Tristes. Desconsolados. Nunca había visto esa mirada tan rota.
Ahora sentía las miradas en ella, cambiando de dirección. Respiró profundo, sin que se notase su desesperación, la misma que tenía la chica vestida de rojo y negro. Debía ser la jefa, a pesar de todo. Debía ser una Schnee, para lo que fue criada.
No podía ser Weiss ahí dentro.
Se transformó en Weiss Schnee frente a todos, y nadie pareció notar la diferencia, solo Ruby. Sus ojos sufriendo el visible cambio. Nunca la vio así, ni siquiera cuando estaba tensa con ella, o cuando bromeaban al respecto. Nunca fue así, porque con Ruby nunca era así. Con Ruby era solo Weiss, nadie más.
"Entregale un gafete de visitante. Vendrá conmigo, voy a solucionar este problema antes de que haga un escándalo. Vuelvan a su trabajo."
Todo se volvió frio a su alrededor, como siempre. Todo funcionando, todos volviendo a sus trabajos, siendo intimidados. Ni siquiera el guardia fue capaz de ofrecerse para cuidarla de esa chica iracunda. No era necesario.
Ruby bajó los hombros, igual intimidada. Nunca hablaba así con Ruby, nunca. Siempre era natural con ella, solo era Weiss. Nadie más.
Se dio media vuelta, caminando al ascensor, intentando que sus piernas no cedieran, porque demonios que temblaban. Mantuvo las puertas abiertas, para que la mujer entrara. Esta dudó unos momentos, y finalmente avanzó. Nerviosa. Parecía tan pequeña en el lugar tan amplio en el que se encontraba, lleno de extraños, tan diferente a los lugares acogedores donde siempre la veía, donde solo eran las dos solas, en su pequeño mundo.
Ruby en su mundo, seguía siendo extraño.
Esta no dijo nada en todo el camino a su oficina. Nada. Estaba en completo silencio. No quiso mirarla, porque sabía que se iba a romper, y aún quedaba para que pudiesen estar solas.
Salieron por el ascensor, Ruby siguiéndola a paso dubitativo.
Le dio una mirada a su secretaria, la mirada de 'que nadie me moleste, estoy ocupada' y esta la entendió a la perfección, como siempre.
Dejó que la menor entrase y cerró la puerta, su cuerpo tenso como jamás lo había visto.
Estuvieron unos momentos en silencio, hasta que la vio temblar. Cuando Ruby se dio vuelta, buscándola con la mirada, sus ojos plateados tenían lagrimas acumulándose en sus pestañas. Lagrimas que había logrado retener lo suficiente. Ruby no se iba a debilitar tan fácilmente, incluso frente a ella, incluso frente a su hermana.
"¿Por qué? ¿Qué hice mal, Weiss?"
Oh.
Su voz.
Su sufrimiento.
Su desesperación.
Su desolación.
Su voz fue suficiente para que su máscara cayese. Lo suficiente para que la Schnee desapareciese y solo quedase Weiss. Fue incapaz de seguir en su papel, de seguir siendo fría, inquebrantable. Sintió sus propias lagrimas acumulándose en sus ojos, sin poder contenerlas. Rápidamente quebrándose.
No quería hacerla llorar, pero lo consiguió de todas formas, y se sentía fatal. Era uno de sus miedos, y ahora ahí estaba, con la mujer rota frente a ella. No quería lastimarla, pero ya lo había conseguido.
"Nada, no hiciste nada mal. Todo lo contrario."
"¿Entonces? ¿Por qué no quieres verme más? ¿Pasó algo?"
Ahora Ruby se había acercado, tomando sus manos en un gesto de apoyo, pero en ese momento solo sentir su calor, su amabilidad, era suficiente para destruirla por dentro.
"No me toques."
Se tiró hacía atrás, casi chocando con la puerta tras ella. Ruby alejó sus manos, la expresión dolida en su rostro solo aumentando. Se quedaron ahí, en silencio, ninguna era capaz de mirar a la otra. Se sentía apenada al no poder confesarle lo que ocurría, pero no tenía el coraje, y Ruby, por su parte, parecía asustada incluso. Como si todo el avance que tuvieron en esa relación se fuese a la basura. Todos los meses donde la apoyó, donde confió en ella, desaparecieron.
Debía decírselo. Debía aclarar todo lo que estaba pasando.
"El problema aquí, Ruby, son los sentimientos que tengo por ti."
Ruby levantó la mirada, sorpresa en sus ojos, su expresión cambiando completamente.
La vio abrir la boca, pero la detuvo con una de sus manos, callándola.
"Y estoy segura de que algún sentimiento debes tener por mí, pero esto no puede seguir. No puedo tenerte, y tú no puedes tenerme, y seguir juntas, seguir con esto, solo va a aumentar los sentimientos que tenemos por la otra. Eso no puede ocurrir."
Fue cortante, fue rápida en decírselo, y Ruby lo captó igual de rápido. Esta llevó una mano a su rostro y la pasó por su cabello, desordenando aún más sus mechones alocados. Se notaba confundida, estresada y sin saber que hacer o decir. Cuando abrió la boca de nuevo para refutarlo, para tal vez preguntar porque todo eso era un problema, se calló a sí misma. Sus ojos plateados brillando, para luego oscurecerse, volviéndose casi grises. Esa mueca de seriedad volviendo, madura, pero con mucho dolor en su expresión.
Ruby al fin tuvo todo claro.
Su rostro también cambió. Su mandíbula apretada. Su mirada vacía. Su ceño fruncido.
Se dio cuenta.
"Tu reputación."
Ruby soltó, casi como si dijese un insulto. Miró hacía los lados, señalando con la mirada todo aquel lugar, toda su oficina, todo su edificio, toda su herencia. Cerró sus ojos, las lágrimas acumuladas cayendo por sus mejillas, siendo liberadas.
Se abrazó a sí misma, sintiéndose desolada.
Siempre estuvo desolada, pero en ese último tiempo ya no se sentía así, aislada, sola, no, Ruby la había ayudado, la había acogido, le había dado su amistad y más que eso. Perderla, era perderse a sí misma, a la Weiss que se había convertido en los últimos meses.
Era como si una parte de sí misma estuviese desapareciendo, o más bien, como si una parte de sí misma estuviese siendo desgarrada. Separada a la fuerza de su cuerpo.
"Mi padre jamás lo aceptaría, la sociedad en la que vivo jamás lo aceptaría. Si se llega a enterar, si llega a saber que estoy con una mujer, si se llega a enterar en que trabajas, Dios, no sé de qué sería capaz. Él es impredecible. Todo el peso caería en ti, y no puedo permitirlo."
Ruby abrió los ojos, y la observó.
Pudo notar como luchaba contra sí misma, como su instinto básico era acercarse, tomar sus manos, abrazarla, pero estaba tan dolida y asustada que sabía que hacer aquello era una mala decisión. Sobre todo, si se trataba de una despedida.
"Sé que podremos hacer algo, Weiss. No sabrás hasta que lo intentemos."
Negó.
En ese momento el optimismo de la chica solo hizo que el ardor en su pecho subiese, aumentase. Sus interiores retorciéndose. Sintió como perdía fuerzas, su cuerpo finalmente apoyándose por completo en la puerta. Se afirmó el estómago, intentando detener la sensación desagradable que revoloteaba en ese lugar.
La incertidumbre.
"Tú no lo conoces, Ruby. Tu no conoces este frio mundo. Tu no conoces lo que él es capaz."
"Pero… ¿Crees que él…?"
Ruby se calló, no por sí misma, si no por la mirada que le dio. No pudo saber su propia expresión en ese instante, pero notó el miedo en los ojos plateados. Nunca había visto una expresión tan aterrada en esta. Al final la estaba lastimando más que la vil mujer que la violó.
"Por favor, Ruby, sé que en el fondo eres inteligente, sé que has notado mi cicatriz, sé que has notado mi problema con mi ojo, me has visto cuando he hablado de mi padre, no es tan difícil hilar las cosas. Si él me hizo esto a mí, su hija, ¿Crees acaso que se detendrá ahí? Eres consciente de lo que ocurrió y de lo que ocurrirá."
La vio bajar la mirada, culpa en su rostro, sin saber que decir. No la culpaba por mirar su cicatriz o por hacer conjeturas a su espalda, pero si la culpaba por intuir y no poder entender su miedo. Ruby era empática, lo sabía, pero su positivismo no debía opacar eso. Obviamente esta siempre vería el lado amable, siempre tendría fe en que todos tenían redención, pero no, su padre era diferente. No había nada bueno en su padre, lo sabía.
Era un cobarde egoísta que siempre conseguía lo que quería.
Y si se enteraba sobre Ruby…
"Él es capaz de todo. No sé qué haría si él llegase a ponerte una mano encima. Si él llegase a- …No podría vivir sabiendo que mi propia sangre te lastimó de alguna forma. Eres la única persona realmente buena en mi vida, eres diferente a todo lo que he conocido, no puedo perderte. No por su culpa, ni tampoco por la mía."
"Prefieres mantener distancia antes de saber que no me verás jamás."
Ruby le dio la razón, sus ojos serios y su rostro enojado, su expresión llena de odio, de impotencia, sus dientes apretados, al igual que sus puños.
La entendía, pero se notaba que estaba en desacuerdo.
La vio llevando sus puños al rostro, apoyándolos en su frente. La escuchó soltar un gruñido fastidiado, un suspiro retorcido sin liberación alguna. Frustrado.
"¿Por qué tiene que ser tan complicado?"
Soltó una risa amarga ante las palabras de la menor.
"Así ha sido nuestra vida ¿No? complicada."
Se miraron unos momentos, ninguna diciendo nada. No había mucho más que decir.
No, ella aún tenía cosas que decir.
Se puso recta, y respiró profundo. Iba a decirlo ahora, porque luego no iba a poder decirlo. Ahora o nunca.
"Has logrado ser la persona más importante en mi vida, Ruby. Nunca me había sentido libre al lado de alguien, sin tener que pretender, sin tener que restringirme. Sin duda estos meses, gracias a ti, han sido los mejores de mi vida. Y me alegro tanto que mi ex prometido me haya engañado y así pude conocerte."
Ruby soltó una risa, a pesar de las lágrimas. Esta asintió, sus labios moviéndose, pero sin ser capaces de decir nada. La vio recuperar el aliento, intentando calmarse. Su voz al fin pudo salir luego de aquello.
"¿Esto es un adiós?"
Su voz salió temblorosa, destruida, y por su parte solo pudo responder asintiendo, sin ser capaz de decirlo. Sus propias lágrimas cayendo al suelo. Ya no las podía controlar más.
Salió de la puerta que le servía de soporte, y se alejó, dándole la libertad a la menor para que pudiese retirarse cuando estuviese lista. Se apoyó en el escritorio, sus piernas sin ser lo suficientemente fuertes para sostenerla. Para sostener su pesar, su pena.
Su corazón roto.
Ruby caminó a la puerta, a solo unos pasos, y tomó el pomo, pero se detuvo.
Se dio vuelta, sus miradas uniéndose una última vez. Estaba rendida. Ruby sabía mejor que nadie que cuando ella tomaba una decisión, era definitiva, y esta no era diferente.
"Te deseo lo mejor, Weiss, en serio. No olvides lo hermosa que eres, lo capaz que eres, no dejes que nadie te haga perder la convicción. Recuerda alimentarte bien, recuerda darte descansos, también recuerda sonreír, que te ves hermosa cuando sonríes. Y… y se feliz."
Ruby limpió su rostro para darle una sonrisa, una gran sonrisa.
Le rezaba a Dios, a quien sea, que por favor jamás le quitase esa sonrisa a esa chica frente a ella. Que jamás le quitase su optimismo, su fuerza, su motivación para seguir adelante a pesar de todo. Rezaba para que siguiese viva, que cumpliese sus sueños, que su familia siempre estuviese con ella y que todos recuperasen la armonía que tenían en antaño.
Rezaba para que Ruby Rose no cambiase nunca.
Pedía que protegiese esa sonrisa.
Puso sus manos en sus labios, intentando que el sollozo no escapase. No quería que la última vez que la chica la viese, fuese ese mar de llanto, pero no podía evitarlo. No podía ser fuerte. No frente a Ruby.
Se sentía tan agrio.
Tan triste.
Tan desolado.
Quería aferrarse a ella y nunca separarse, pero sería egoísta. ¿Cuánto podría durar eso?
¿Cuándo duraría esa felicidad?
Intentó controlarse, pero incluso sus hombros temblaban, el llanto siendo más fuerte que la máscara que había ido fortaleciendo con los años. No debía llorar. No debía romperse. Ruby debía verla fuerte o jamás se iría. Jamás se alejaría si la veía así. Débil. Rota.
Negó, intentando mantenerse firme, intentando que los sollozos acabasen. Liberó sus labios e intentó ponerse seria, intentó ser fuerte, sin cumplir su objetivo.
"Te mereces lo mejor, Ruby. Sé que todos tus sueños se harán realidad si sigues adelante sin rendirte, tal y como lo has hecho hasta ahora."
Ruby solo miró el suelo y le dio la sensación de que le diría algo, pero acalló sus palabras. Así que sin palabras que decir, solo asintió.
Se miraron unos momentos, y luego, aquello que tanto esperaba, ocurrió.
La menor se acercó lo suficiente, solamente para poder besarla.
Dios.
Era el beso que tanto había querido y a la vez era algo que jamás hubiese deseado.
El beso era triste.
Era un beso roto.
No era como lo imagino, era salado, desesperado, frustrado.
Ruby se separó, y pudo notar como también esta sintió aquello, que en esa situación era realmente desagradable. No era memorable. Solo era un beso de despedida, era el sello de que jamás se volverían a ver.
Que lo que tenían ya no existía.
Y así, Ruby salió por la puerta.
Ahí desapareció la única oportunidad que tendría de ser realmente feliz.
Capitulo siguiente: S̴̢̩̜͚͍̤͉̣̳̻͙̋̂͒̏̽̐̋̋̄͒̀̎͆͊͜͜͝ͅứ̵̭͓̗̑͗̀͋̈́́͂͋̐̾̚͝͝ ̶̝̤͔͙̮͚̫͕͔̥́̅̈͌͑͂̈͗̎̓̊͐̂͘ä̵̙̺̣̮̺ ̵́̆̓͊̿̕ͅc̶̛̱͍̻̮̝̭͙̜̯̬͌̎̂͗i̶̻̫̜̲̒̇͆͋̅̑͐͜͠ ̷̢̣̘̥̳̯̋́̐̂͗̈́̾̿̀͝ơ̸̧̿̇̍̽̋̿̂̊̈́̄̈́̑̒͝n̴̢̼̲̰͚̥̝̓
Se que pedir perdón no es suficiente por lo que acabo de hacer, pero en mi defensa, es de los primeros capítulos que escribí cuando empecé esta historia. Era lo que debía suceder.
Im sorry, Pals.
Nos leemos pronto, para leer el final de esta historia…
