Red Velvet

Capítulo 37: Reunión

Se encerró en su cuarto, sin importarle quien estuviese en casa en ese instante. Nada le importaba.

Se dejó caer en su cama, se aferró a las sabanas, y lloró.

Dios, como lloró.

Desde los veinte años que no lloraba ahí, en esa habitación, en esa casa. Desde aquellas peleas con su padre, desde ahí que no volvió a derramar una lagrima en esa casa del demonio, ¿Pero ahora? ¿Por qué romperse ahora luego de más de seis años? ¿Por qué

romperse ahora cuando ni siquiera soltó una lagrima cuando su prometido la defraudó? Debía de haber crecido un poco en todo ese tiempo, pero ahí estaba, mojando las sabanas con sus lágrimas.

Desde ese día, que llorar era algo que hacía prácticamente a diario.

Incluso creyó, un mes atrás, que iba a perder toda capacidad de llorar ante la cantidad de lágrimas que derramó.

Ahora realmente sentía dolor en su cuerpo y mente, sentía un dolor más allá de cualquier otro dolor que hubiese sentido. Una parte de su ser se había roto en pedazos.

¿Y que esta le dijese que no le importaba morir? ¡Aun no podía entender eso!

¿Por qué diría semejante barbaridad?

Nadie merecía morir por amor, y Ruby era la persona que menos se merecía un final así.

"Eres una idiota."

Golpeó la cama, una, dos, tres veces.

Se sentía frustrada, se sentía estúpida, se sentía una vez más abandonada, aunque nunca fue ella la que fue abandonada, al menos no por Ruby.

Debió quedarse y escucharla, pero no podía. No podía. No podía aguantar un segundo más a su lado sin romperse, sin caer en los brazos de esa mujer y olvidar todas las razones por las que tomó la decisión de dejarla aquella vez. Quería protegerla, fue su única intención. Quería que Ruby fuese feliz con alguien que pudiese tomar su mano en público, o presentarla a su familia, o al menos alguien que fuese completamente honesta. No era la mejor persona para Ruby, no encontraba siquiera que entrase en la clasificación de buena persona. Esa mujer era lo mejor que pudo pasarle, y no tenía duda que cualquier chica estaría completamente feliz a su lado.

Pero esa persona no era ella, y nunca lo sería.

Se quedó dormida ahí, más que por sueño, por agotamiento. Ya tuvo una mañana agitada, y luego de ver a Ruby, todo dentro de ella se derrumbó. Estaba cansada, más de lo que era capaz de precisar. Su dolor mental se volvió físico. Se sentía desmoronada. Esta vez fue una despedida aun peor que la primera, y fue en particular porque no hubo adiós alguno, solo salió de ahí porque no era capaz de lidiar con sus propios sentimientos.

Ahogó sin misericordia a la Weiss que parecía querer salir a flote una vez más.

Lo primero que vio cuando despertó fueron sus ojos hinchados en el espejo. Se lavó el rostro, sintiéndolo desastroso, hirviendo en contraste con el agua fría. Se sentía enferma incluso, nauseabunda. Solo quería volver a acostarse y quedarse ahí. Pero ser irresponsable en su trabajo solo iba a empeorar las cosas. No tenía más opción.

Le dio una última mirada a su humanidad frente al espejo.

¿Quién era esa mujer?

Desdeñada, rota, dolorida, delgada, y sobre todo era esa mascara que tenía en su rostro. No podía reconocerse ni sentirse satisfecha con su apariencia. Se odiaba, siempre se odió, pero hubo un tiempo donde estuvo orgullosa de quien veía en el reflejo, y esa mujer había muerto aquel día. Desde Ruby que ya no se reconocía, al menos meses atrás, podía estar feliz de ver ese reflejo en el espejo, sentirse cómoda consigo misma, incluso con su cicatriz, pero ahora no era así. Antes se sentía ajena con su reflejo, pero ahora aún más. Se había acostumbrado a ver a Weiss en el espejo, y a no ver a la heredera Schnee, y que volviese esa imagen antigua de ella, parecía tan ajeno. Le gustaba la vida sin esa imagen de ella, realmente le gustaba, pero ya no había forma, esa Weiss, la Schnee, se iba a quedar a su lado para siempre, acompañándola en cada reflejo.

Simplemente se dio la vuelta, nuevamente ignorándose, iba a vomitar si seguía ahí.

Se duchó, se vistió, y salió de ahí. Pudo notar las miradas en la servidumbre, curiosos, y también la mirada de Klein, preocupado. Tener esa clase de comportamientos no era normal en ella, así que entendía aquellas miradas. Normalmente su llanto pasaba desapercibido, pero esta vez no pudo contenerlo en lo absoluto.

Llegó a su oficina, un par de minutos más tarde de lo normal, y su secretaria se levantó de su asiento apenas la vio salir del ascensor, su oído demasiado preciso para saber que era ella solo con el sonido de sus pasos. Los ojos ámbar la miraron.

"Señorita Schnee, Coco Adel llamó hace unos minutos para hacer una cita con usted."

Detuvo sus pasos y miró a la pelinegra, levantando una ceja. ¿Por qué no la llamaría a su celular? Buscó el aparato en su bolso, y estaba completamente muerto. Volvió a mirar a la mujer y asintió.

"¿Hay algún espacio disponible para este día?"

Su secretaria bajó la mirada a la computadora, sus ojos buscando velozmente.

"Tiene media hora libre después de su descanso."

Negó de inmediato. A Coco le gustaba hablar un buen rato, media hora no sería suficiente para ella y la tacharía de tacaña. Si hubiese llamado con antelación habría desocupado su agenda, y si esta la llamaba era porque quería verla lo más pronto posible. Al parecer había descuidado lo suficiente su amistad el último tiempo para que esta se viese en la obligación de llamarla a la oficina en vez de esperar a que contestase con un mensaje y ya.

Últimamente no tenía energías para nada, menos para Coco, sobre todo sabiendo que, si la veía, iba a tener que contarle sobre Ruby, y no podría revivir aquello de nuevo.

Al final solo estaba retrasando lo inevitable.

Era su única amiga, y al menos le debía la verdad y una disculpa por ignorarla por todo ese tiempo. Tal vez quería saludarla por su cumpleaños pasado, quien sabe. Ni siquiera prendió su celular aquel día, sin querer escuchar a nadie dándole felicidades vacías, o al menos felicidades que no podrían hacerla feliz.

Nada la hacía feliz.

"Llámala y dile que puede venir a las tres y media, voy a sacrificar mi horario de salida por ella. Si te dice alguna cosa, dile que cuando mi celular reviva le mandaré un mensaje."

Esta asintió, comenzando a teclear de inmediato en la computadora. Entró deprisa en su oficina, tirándose en su silla, acomodándose. Iba a ser un día difícil, y tal vez iba a necesitar una aspirina o algo así. No quería tener que hablar de lo que pasó, pero no tenía opción.

La mañana pasó rápido, tenía cosas que hacer, papeles que firmar, proyectos que revisar, estudios que analizar, y claro, más de alguna reunión que la mantenían ocupada. En otro momento la situación la habría hecho molestarse, pero ahora era casi una medicina.

Mantener su mente ocupada en el trabajo sirvió para no pensar en Ruby. No quería saber nada de ella. No de nuevo. A penas ese rostro aparecía en su mente, los recuerdos dolorosos la atacaban sin misericordia.

Realmente algo en ella se había desmoronado, no, algo ya antes desmoronado había vuelto a aparecer dentro de ella. Creyó que estaría preparada, luego de lo mucho que se esforzó en olvidarla. Era buena en eso, así como poco a poco olvidó a su ex prometido. Aunque, claramente, lo que sintió por él y lo que sintió por Ruby eran dos cosas completamente diferentes. Ruby jamás la lastimaría de la forma que él lo hizo, ella jamás se aprovecharía de su apellido como él lo hizo, y obviamente a ella la amaba, y a él lo tenía cerca por compromiso, por una mera costumbre.

Solo eran negocios.

¿Cómo es tan fácil comprometerse con alguien que uno no ama, pero tan difícil siquiera estar cerca del amor de tu vida?

Ruby, el amor de su vida, no tenía duda de que era así.

Nuevamente pasó su almuerzo alejándose de la comida más que comiendo. Se tomó un café, pero no fue capaz de tragar ni un solo bocado. Sabía que necesitaba energías, y que Coco se daría cuenta del peso que había perdido, pero no podía, le era imposible. Ya casi no podía tragar nada sin sentirse nauseabunda.

No sabía si iba a ser capaz de desahogarse con su amiga, pero creía que le haría bien hablar con ella, aunque fuese un poco, tal vez escuchar de sus aventuras sería lo mejor para distraerla.

Se entretuvo en su papeleo, revisando los proyectos de uno de los departamentos mientras el subjefe de la sección le hablaba por la computadora, estuvieron en eso bastante tiempo, hasta que su horario laboral se daba por finalizado. Iba a revisar algunos archivos mientras esperaba que Coco llegase, aprovechando aquel momento de silencio y paz en su oficina.

A la hora indicada escuchó su teléfono corporativo sonar, su secretaria llamándola con la intención de avisarle que su cita había llegado. Levantó el auricular, y respondió, esperando el típico aviso de la mujer.

Escuchó silencio, nada más.

Volvió a decir el nombre de su secretaria, y esta al fin salió de su estupor. Nunca la había escuchado...tan poco profesional.

"La señorita Adel ya ha llegado."

La escuchó tragar pesado, y colgó, con la intención de salir de su oficina y recibir a su amiga por sí misma. Tal vez esta estaba molestando a su secretaria o alguna cosa así, no iba a ser la primera vez que Coco usaba sus encantos para distraer a sus trabajadores.

Abrió la puerta, y notó a Coco mirando justo hacia su dirección, su altura imponente y su atuendo exorbitante era algo que siempre se robaba las miradas, había una expresión extraña en su rostro que no podía entender del todo, como siempre, esta siendo un misterio. Se vio feliz de verla a pesar de eso, había pasado tiempo sin verla en persona. Esta la ayudó mucho, así que era un alivio. Sintió algo de calma ante su aislamiento, agradeciendo que hubiese alguien en quien pudiese confiar.

Dejó de mirar a Coco por un segundo, buscando a su secretaria, intentando entender que le pasaba, tal vez estaba enferma o quien sabe qué.

La notó en su escritorio, su cuerpo estirándose hacía el frente, y una expresión amigable en su rostro, una mueca que jamás había visto en ella. Parecía estar hablando con un conocido, y ahí recién notó que había otra persona más en el recibidor. Había alguien ahí que miraba a su secretaria como si se tratasen de viejas amigas, y cuando frunció el ceño para exigir saber quién esa desconocida persona era, notó como está la miró.

Esos ojos, ¿Estaba alucinando?

¿Acaso existía alguien más con aquellos ojos plateados?

Era Ruby, obviamente era Ruby.

Estaba bien vestida, completamente de negro, el único color en su atuendo era una corbata roja y un abrigo del mismo color bajo el brazo. Su cabello siempre alocado estaba más peinado y pulcro. Se veía tan elegante y profesional que le costó reconocerla como la mujer con la que salió durante meses, incluso parecía más mayor. Era una desconocida frente a ella, pero sus ojos seguían siendo los mismos.

"Espero tengas tiempo para hablar de negocios, Weiss."

La voz de Coco la sacó de su tren de pensamientos. Dejó de mirar a esa ilusión de Ruby y volvió a mirar a su amiga, la cual tenía una mirada capaz en sus ojos, así como una sonrisa traviesa.

Volvió a mirar a Ruby, su postura tensa, y luego a Coco una vez más.

¿Ruby y Coco? No tenía sentido. Creyó por varios minutos que estaba alucinando, nada más, que estaba loca, que había llegado al punto máximo de su enfermedad. Como si no hubiese cuestionado su sanidad mental tantas veces cuando se enamoró de una trabajadora sexual. Ahora realmente estaba fuera de sus cabales. Siempre lo estuvo.

Coco pasó por su lado, riendo, mientras la tomaba por los hombros y la movía del marco de la puerta para poder pasar. Ella por su parte no entendía nada, ni siquiera podía quejarse o exigir respuestas, nada, estaba completamente silente, inerte.

Ruby pasó por su lado, diciendo 'permiso' suavemente. El aroma a rosas se sintió tan claro en su nariz que reaccionó. No podía ser tan buena imaginando cosas como también para imaginar el olor, ya que la última vez que imaginó a la mujer, resultó estar realmente con ella.

Vio a ambas mujeres sentarse frente a su escritorio, y notó un pequeño maletín en la mesa.

Le dio una mirada a su secretaria, la cual dio un leve salto cuando sus miradas se unieron, y esta solo se levantó de hombros. El cómo conocía a Ruby era un misterio que resolvería en otro momento. Cerró la puerta, respiró profundo, y luego volvió a su asiento.

"¿Que significa esto?"

Dijo, con más rabia de lo que pretendía. Ruby estaba tensa, pero Coco parecía inmensamente divertida. Se sentía sacada de quicio. La castaña sonrió ampliamente, apoyando los codos en el maletín, que al parecer solo tenía papeles dentro para ser atacado de esa forma. Sus dientes blancos se asomaron con sorna.

"Digamos que fue una pequeña mentirilla piadosa, mi buena amiga. Si bien quería hablar contigo, también quería hacer cierto negocio. Bueno, mi protegida aquí intentó hacer esto de una manera más sutil, pero al parecer no quisiste escucharla."

Frunció el ceño de inmediato, mirando a Ruby, esta de inmediato intentó soltar un poco la camisa que tenía puesta, como si no pudiese respirar ante los nervios, la corbata apretándole la tráquea.

¿Que?

¿Qué quería decirle Ruby? ¿Qué no le dejo terminar? Honestamente todo ese momento aparecía con bruma en su cabeza.

Coco finalmente abrió el maletín y sacó una hoja de papel con un escrito, pasándoselo.

"¿Recuerdas que últimamente he sido la cara para una famosa marca de automóviles? Pues decidí crear una cadena de talleres automovilísticos usando la marca a mi favor. Pero necesito un socio, un patrocinador por decirlo así. Ya que bien sabes que esto de la responsabilidad se me hace un poco pesada y necesito compartirla un poco para darme ciertas libertades."

Mientras Coco hablaba, leyó el contenido del documento, quizás eso despejaría un poco su cabeza abrumada con la situación y con el aroma de Ruby en el lugar.

Al parecer la marca le había dado algunos derechos para poder tener un taller ahí en la ciudad, una unión de mutuo acuerdo, donde la sucursal mandaría a sus compradores al taller en caso de problemas, y así mismo el taller tendría repuestos de la empresa, ganando por ambas partes. No había forma de perder. Era un negocio seguro. No sabía mucho de autos, pero esa marca era bastante popular en Atlas, como su auto, incluso algunos en la mansión, así que tenía claro que tendrían público suficiente, incluso más si hacían colaboraciones con otras marcas.

"Y ya sabes que estoy muy ocupada para estar cada día en un mismo lugar, así que mi socia aquí presente es la dueña del nuevo taller, está a su nombre."

Levantó la mirada, intentando buscar la broma en las palabras de Coco, pero esta lucía segura. Miró a Ruby, esta parecía mantener la compostura bastante bien, para ser Ruby.

Volvió a mirar el documento solo para averiguar cuando había empezado aquello. Fue a finales de febrero, dos meses después de que lo dejó con Ruby.

"¿Como…?"

Preguntó, sintiéndose débil, perdiendo su actitud poco a poco. Su mascara vacilando. No, no podía vacilar ahora. No debía vacilar.

Coco le sonrió, con suavidad, como lo hacía cuando se preocupaba por ella. Esa mirada que le daba y que le recordaba la amistad tan larga que tenían. Recordó cuando la ayudó cuando su ojo le impedía ver aun después de la cirugía, y la acompañó en esos momentos difíciles.

"No soy tonta, Weiss. Supe que algo te estaba pasando. Fui a hablar con Velvet, y ella me dijo que cierta chica también estaba deprimida, luego supe del incidente aquí en tu entrada. Le ofrecí ayuda a Ruby, ya que tu ni siquiera contestaste mis llamadas. Pasó solo una semana para que ella me llamase y me preguntase si había manera de eliminar los antecedentes, y supe de inmediato cual era el problema, así que no me demoré en adoptarla como mi protegida."

Notó como Coco llevó la mano al cabello de Ruby y le desordenó el cabello que esta tenía tan bien arreglado. La menor se notaba nerviosa, o más bien, avergonzada.

Así que fue eso.

Era imposible que Ruby pudiese eliminar sus antecedentes por sí misma, y Coco, con todos sus contactos y con su carisma, era claro que podría conseguirlo con solo un chasquido. Pero, ¿Hacer dueña a alguien como Ruby que no tenía experiencia alguna en el rubro administrativo? Claro, sabía que Ruby había trabajado en talleres automovilísticos antes, y que no debía de ser un misterio el cómo funcionaban las cosas, pero...todo lucía tan repentino.

Ruby carraspeó, nerviosa, al parecer dispuesta a hablar.

La miró, los ojos de ambas uniéndose. Casi sentía que se podía perder en esos ojos, y por más que intentase estar a la defensiva, no podía. Era Ruby, su Ruby después de todo. Haciendo esas cosas, tomando esas decisiones, solo para hacer algo al respecto de su relación, buscando soluciones, no como ella misma, que solo tachó una línea entre ambas y huyó.

"Le conté a Coco sobre mi experiencia con los autos, e incluso me hizo demostrárselo. Se le ocurrió la idea, y comenzamos a trabajar en eso. Esperaba que pudiese conseguirme un trabajo decente en un buen lugar, pero ya sabes, hizo todo más grande."

Coco solo se levantó de hombros, guiñando un ojo, orgullosa de siempre agrandar todo. Hubiese estado bien en un taller normal, lo suficientemente prestigioso para que no fuese mirado en menos, no le sorprendía que Coco creara un lugar exclusivo solo para que Ruby tuviese un puesto superior, para que se ganara un lugar más alto en la sociedad.

Negó, sin poder quitarse la sonrisa de los labios, intentando ocultarla con su mano, pero era realmente gracioso, de una forma casi irónica.

Las cosas realmente se fueron de las manos.

No podía creérselo.

"Te llevé al lugar ayer, pero estabas claramente molesta, y no alcancé a decirte sobre mi nuevo trabajo. Necesitaba crecer un poco ahí, llevó ya dos meses trabajando, sin ningún problema. Quería tener cierta experiencia antes de poder hablar contigo, de poder contarte todo, de poder intentarlo de nuevo. Pero te fuiste."

Sintió una punzada en su pecho al notar la decepción en la voz de Ruby. Esta estaba trabajando arduamente pero solo la ignoró. No hizo nada más. Solo darse la vuelta y huir. Negarle la oportunidad de hablar, el derecho a réplica.

Coco carraspeó, llamando su atención.

"Honestamente, creí que esto iba a suceder. Estuviste evitándonos, yendo de tu oficina a tu casa, ni siquiera viste los comerciales, ni las noticias, ni nada. Incluso mandé a poner un afiche justo fuera de tu edificio para que lo vieras, pero claramente todo fue en vano. Quería que fuese una sorpresa para tu cumpleaños, pero llegó el día y tu aún no mostrabas señales."

Pestañeó dos veces. Se levantó automáticamente, y se dio media vuelta, mirando por su enorme ventanal que le mostraba gran parte de Atlas. Desesperación en su pecho.

Sentía que había algo raro, lo sentía, pero nunca se había percatado.

Solo tenía que mirar un poco hacía abajo, en el edificio frente al de ella, uno más bajo que el propio, pero lo suficientemente alto para interferir con cierta parte de su visión. Ahí, entre dos ventanas, había un largo cartel con el nombre de la automotriz, así como las direcciones del taller, era uno real, nada de avisos en televisores, pusieron algo así de inédito para llamar su atención y nada. En el salían ambas mujeres ahí sentadas. Ruby era irreconocible, su cabello más corto y su ropa verdosa manchada de aceite, sosteniendo varias herramientas en su cinto. Al lado de ella estaba Coco, siendo Coco. No entendía si el afiche era para atraer a sujetos dueños de autos o para atraerla a ella, porque claramente esa imagen de Ruby la atraía a ella, y bueno, objetivamente, a más de alguna mujer.

No podía creer que aquel afiche estuvo fuera de su oficina todo este tiempo.

Se sentía arder de vergüenza y de clara estupidez. Realmente estuvo todo ese último tiempo como un caballo de carreras, mirando hacía al frente y nada más, sin distracciones, solo trabajo.

"Al final decidimos tomar todo el tema por lo legal. Si no nos hacías caso con mis tácticas sucias o con un acercamiento frontal, pues tendrías que hacernos caso de esta forma. Así que, Weiss Schnee, ¿La empresa Schnee va a ser parte de este emprendimiento como nuestra patrocinadora?"

Se dio vuelta, mirando a ambas mujeres.

Ambas parecían ser polos opuestos, pero ahora que las miraba, parecían más similares de lo que creía posible, tal vez era el tipo de personas con las que se juntaba. El tipo de personas que quería a su lado.

Se dejó caer en el asiento, frotando su sien.

Se sentía perdida, confundida.

¿Qué hacer?

¿Qué significaba aceptar aquello? ¿Tendría que ver a Ruby más seguido? ¿Las cosas se solucionaron así? Intentó repasar en su cabeza todas las razones por las que terminó con Ruby, intentando pensar si aquello sería un beneficio o no, quizás solo se atrasaría lo inevitable. Creyó que la mejor decisión que podía tomar era alejarse de ella, pero si la tenía que ver de manera constante, ¿Qué sería de ella así?

Ruby se levantó del asiento, haciéndola salir de su cabeza, y notó la mano de esta en el hombro de Coco. Parecía segura y al mismo tiempo incomoda.

"Deberíamos dejar que la señorita Schnee lo piense un poco, antes de que nos de su respuesta."

Coco miró a Ruby con una clara mueca de incredulidad.

"Pero estuviste esperando mucho por esto."

Había pocas veces que había escuchado ese tono en su amiga, y una de esas veces fue años atrás cuando entró en la universidad, y tuvo problemas en casa, estuvo a punto de recaer, sin querer volver a casa cuando las clases terminaban, y ahí Coco la acompañó, siendo una amiga, preguntándole como podía ayudar, que podía hacer para que no cayese.

Notó la mirada de Ruby en ella, sus ojos plateados eran fuertes, su brillo era fuerte, determinado, pero también cansado. No sabía, en realidad, lo que esa mirada que le dio significaba, y al fin entendió que Ruby había crecido mucho en ese tiempo. Dejó de lado su zona de confort, sus cuatro paredes en el Red Velvet, y salió a la luz, salió a conocer personas diferentes, a trabajar en un mundo diferente, a recorrer lugares con Coco, y claramente siendo arrastrada por ella.

Su Ruby había cambiado, no, se había adaptado.

Finalmente, esta le sonrió, levemente, y sintió sus mejillas encenderse, y encontraba hipócrita el sentirse así luego de rechazarla, luego de huir de ella, luego de herir su corazón.

"Puedo esperar un poco más. Cuando tome una decisión podemos volver a conversar."

Coco dudó antes de levantarse, y darle la razón a la menor, ya que parecía imposible llevarle la contraria, lo sabía de primera mano. No dijeron nada más, solo abrieron la puerta y caminaron hasta el elevador. Ruby se despidió de su secretaria mientras que Coco solo le hizo un gesto con su rostro, probablemente guiñándole un ojo o algo similar.

Se quedó ahí, con su puerta aun abierta mientras miraba las puertas del elevador cerrarse.

Sintió un vacío en su cuerpo. Había perdido a Ruby, así como también a Coco. Su manía por controlar lo que sentía, hizo que las personas cercanas a ella sufrieran, incluso su secretaria a veces parecía preocupada. Se masajeó las sienes de nuevo, sintiéndolas palpitar. Todo parecía ser un sueño, o solo una mala broma de su subconsciente. Se sentía perdida, como si el mundo le mostrase el camino a seguir, pero se sentía extraño aceptarlo así de fácil, habiendo por tanto tiempo negado la posibilidad de un futuro encuentro.

Negando que había una posibilidad de que estuviesen juntas, de que sus caminos se uniesen.

¿Debía seguir el camino que Ruby parecía haber pavimentado frente a ella? ¿O debía cuestionarse a sí misma y obligarse a alejarse una vez más?

Estaba perdida, una vez más.


Capitulo siguiente: Taller.


¿Lo…solucioné? Tal vez lo empeoré, quizás, pero ¡Hey! Lo estoy intentando, lo estamos intentando. Ahora ya saben lo que ocurrió en ese tiempo, y aún hay muchas cosas por dejar en claro. ¿Weiss seguirá el camino hecho para ella o decidirá que ya no quiere seguir ningún camino autoimpuesto? Pregunta ahora sin respuesta.

Algunas teorías fueron acertadas ah, buen trabajo.

Nos leemos pronto.