Red Velvet
Capítulo 39: Verdades
…
No la merecía.
Realmente sentía que no la merecía.
No, era así, no merecía a Ruby.
Ambas estaban rotas, lo sabía. Ambas habían sufrido de formas muy diferentes. Aun así, Ruby fue capaz de ayudarla, de armarla de nuevo a base de amor y confianza, sin pedir nada a cambio. Pudo haber hecho cualquier otra cosa, pero no, se quedó a su lado, y luego de que la destruyó, Ruby siguió persiguiéndola.
"No puedo creer que seas tan temeraria. Te dije que si mi padre se enteraba de lo nuestro te podría hacer daño y no hiciste otra cosa que correr al peligro."
Se quedó mirando los cabellos cortos rojizos que acariciaba. Se sentía tan natural hacerlo, aunque jamás hubiese visto a Ruby con el cabello tan corto. Al parecer siguió su consejo de hacer lo que quisiera con el largo, sin preocuparse de la opinión de su hermana. A pesar de eso, los mechones seguían siendo igual de suaves, el aroma de Ruby seguía siendo el mismo, así como su calor.
Seguía siendo Ruby.
Como extrañaba esa sensación.
"Si aún fuese quien era, le sería fácil. Después de todo, tenías razón. Acabar con una prostituta sin familiares ni estatus social es algo fácil de hacer. Entendí tu miedo con el tiempo. Pero sabes, Weiss, luego de que vives como viví yo, morir no te da tanto miedo."
Imaginó que esta diría algo así, y sintió su pecho hervir en ira.
Tomó a la mujer de las mejillas, y le levantó el rostro, forzándola a que la mirase. Sus mejillas estaban rojas, sus ojos plateados estaban húmedos y su piel aún tenía los vestigios de las lágrimas. No perdió la convicción al verla tan vulnerable, o al menos eso intentó. Era adorable.
"No vuelvas a decir eso. A mí me da miedo perderte. Te lo dije esa vez. Prefería no verte más y saber que estabas viva, a enterarme que desapareciste de este mundo por mi culpa. No quiero vivir en un mundo sin ti."
No quiso llorar, no quiso, no merecía verse así frente a Ruby, pero ya no podía más. Las lágrimas resbalaron por su rostro, y más de alguna gota cayó en el rostro ajeno. La escuchó soltar una risa, mientras más lagrimas salían de sus plateados. Notó como esta forzó una sonrisa, mientras seguía sollozando.
"Ahora soy de alta alcurnia, ya no podrá lastimarme."
La miró, negando, las lágrimas aun cayendo en el rostro ajeno, pero no le parecía molestar a ninguna de las dos.
"Y con eso te crees a prueba de balas, ¿No?"
Ruby asintió, riendo de nuevo, el sonido sonando gracioso ante el llanto.
Se agachó un poco, solo para poder abrazarla como correspondía.
No quería volver a alejarse de ella. No quería dejarla ir. No quería alejarse.
Quería creer, en lo profundo de su ser, que eso era verdad. Que ahora había subido de clase y que su padre no la juzgaría como pudo haberlo hecho antes. Y no solo eso, era la nueva protegida de Coco, y su padre le tenía cierto respeto a Coco, sobre todo luego de los tratos que hizo con el señor Adel en el pasado. A ella le perdonaba todo, incluso su inmoralidad.
¿Era así de fácil?
¿Así de fácil se solucionaba su mayor miedo?
No podía creerlo.
Se separó un poco de Ruby, para poder mirarla. Su llanto parecía haberse calmado, al igual que el propio.
"Ese día te lo dije, te dije porque debíamos estar separadas, te revelé mi más grande miedo, aun así, hay algo que no te dije."
Ruby pestañeó, sus ojos librándose de las lágrimas. Ahora no había tristeza, ni melancolía, solo había sorpresa y curiosidad, su rostro ladeándose levemente como un cachorro.
Limpió el rostro ajeno con sus manos, y aprovechó de peinar algunos cabellos disparatados, mientras la mujer estaba en silencio, esperándola.
Eso era algo que no había cambiado.
Ruby le daba su tiempo, y cada vez lo agradecía.
"Mi prioridad era tu supervivencia. No quería perderte, no quería que alguien pudiese lastimarse, y sigue siendo mi prioridad. Lo que no te dije, fue la principal razón por la cual comencé a sentirme así, la principal razón que causó que le diera fin a nuestra relación."
Tomó aire, sintiendo su pecho doler. Sentía que no era capaz de decirlo, pero debía de hacerlo.
Si quería que esa relación funcionase, que el destino les permitiese estar juntas por más tiempo, debía ser honesta, debía decirle lo que sentía.
Estuvo ocultándolo por meses, ya no podía más.
"Lo que teníamos, me gustaba. Era feliz así contigo, verte cada cierto tiempo, pasar el tiempo juntas, conversar, y bueno, otras cosas. Decidí desde el comienzo que esa sería nuestra vida, que así sería nuestra amistad por siempre. Sin embargo, mis sentimientos comenzaron a volverse cada vez más tóxicos. Me empecé a dar cuenta que no era suficiente, que quería más, que quería que fueras mía. Empecé a tener pesadillas, empecé a tener problemas para dormir, y estoy segura de que te diste cuenta de eso."
Ruby la miró, sus ojos tristes, cabizbajos, y asintió.
Empezó a pasarle seguido, incluso cuando hablaban por mensajería. Ese día, cuando tuvo esa pesadilla, esa que fue peor que otras, se sintió asquerosa por dentro, y Ruby la vio así, ida, melancólica, diferente. Debió notarlo, era evidente.
"Cuando vi marcas en tu cuerpo, fue como si me llegase un golpe de realidad. Me di cuenta de que ya no podía más con eso, que no podía seguir viviendo así, sabiendo que apenas me alejaba de ti estabas acostada con otra mujer. Necesitaba algo concreto contigo. Quería que fuéramos una pareja normal, quería amarte, quería besarte, quería que fuéramos la una de la otra. Entonces la realidad volvió a golpearme. Sabía desde el comienzo que eso no sería bien visto, por nadie de mi estrato social, por mi empresa y por mi padre. Llegué a un callejón sin salida, así que debía de cortar todo de raíz antes de que llegásemos a un punto de no retorno. Antes de que mis sentimientos se volviesen insostenibles y terminase dañando aún más lo que teníamos."
Se mordió el labio, dándose cuenta de lo estúpida que fue. Todo iba bien, y lo arruinó con sus sentimientos. Se levantó erguida, sin poder mirar a Ruby a los ojos, por vergüenza, por debilidad. Nuevamente se vio embargada por la culpa. No quería pensar en el pasado, en lo que su mente le decía una y otra vez, cuando la voz en su cabeza apareció de nuevo, martirizándola. Sabía que iba a lastimar a Ruby, pero no era capaz de ver un camino claro para ambas.
Ruby se levantó de golpe, tomándola por sorpresa. La silla en la cual estaba sentada se movió y chocó con la pared de atrás. Esta también estaba parada erguida, su pecho subía y bajaba, se veía decidida.
Los plateados la miraron fijamente, y se sintió atrapada en ellos.
Pudo sentir el calor de la mano de Ruby en su mejilla. Dio un salto, el tacto sintiéndose tal y como lo recordaba. La mano grande de Ruby, ahora incluso un poco más dura que antes, pero igual de reconocible. Era el tacto que tanto añoraba en sus noches más frías, en sus días más solitarios. Siguieron mirándose, y se sentía tentada a cerrar los ojos y simplemente disfrutar de ese tacto que tanto añoraba, pero estaba segura de que Ruby iba a decir algo y no quería perdérselo.
"Me enamoré de ti de inmediato."
Pestañeó dos veces, intentando descifrar si lo que había oído era su imaginación o un engaño de su mente. Estaba acostumbrada a esos engaños. Sin embargo, los plateados se veían llenos de convicción, honestos, seguros, y como siempre le ocurría, se vio inundándose en el color del aluminio, grisáceos, brillosos.
"Me costó darme cuenta de que era amor, pero cuando lo noté, fue claro que empezó a penas te vi. Nunca fuiste una clienta normal porque nunca quise que lo fueras. Te veías tan destrozada cuando te conocí, y a la vez se notaba que no pertenecías a un lugar así, no pertenecías a mi mundo. Eras...No sé cómo describirlo. Contrastabas en ese lugar, casi etérea. De todas las personas que estuvieron en esa habitación conmigo, ninguna era como tú, y conforme venías a verme solo a mí, me sentía feliz. Yo...estaba enamorada de ti por completo, y cada día que nos veíamos era aún mayor lo que sentía."
Su cabeza seguía dándole vueltas a las palabras de Ruby, su propio cerebro negativamente la forzaba a creer que era toda una mentira. Su mente se calmó cuando los plateados dejaron de brillar con emoción y se tornaron tristes. La mano ajena en su rostro cayó por su propio peso. Oh no, odiaba ver a Ruby así, lo detestaba, no podía concebir que la adorable y sonriente Ruby Rose se viese de esa forma, le dolía. Esa imagen, esa expresión, se repitió en su cabeza cada vez que se iba a dormir desde que decidió separarse. La culpa persiguiéndola por las noches.
"Pero… el mundo del que tu venías realmente no era el mismo que el mío, de hecho, era su total opuesto. No tenía idea que era la compañía Schnee, así que al pasar el tiempo contigo lo terminé buscando. Entendí en ese momento, sumado con todo lo que me habías contado de tu familia, que lo nuestro era imposible. Aun si tu sentías lo mismo, el que estuviésemos juntas era solo eso, un sueño. Conforme nuestra relación creció, cuando la intimidad creció, me dedique a simplemente disfrutarlo. Era obvio, incluso para mí, que ambas sentíamos lo mismo, y tú te controlabas en algunas cosas, y yo debía hacer lo mismo, porque nuestra relación no debía pasar cierta línea, y lo respeté. Era feliz así, aunque cada vez doliese más, hasta el final…"
Ruby se quedó en silencio, mirando el suelo, su cuerpo tenso como jamás lo había visto, triste.
No podía creerlo.
No es que no lo supiese, porque si, Ruby se había dado cuenta que sus sentimientos eran recíprocos, y ella también se dio cuenta, lo sabía. Aun así, ¿Desde hace tanto? ¿Desde que se conocieron?
Ruby también tuvo los mismos sentimientos que ella, Ruby también se contuvo.
¿Habría sido diferente si acordaban de estar juntas en secreto?
Probablemente no, porque era egoísta, y al final del día iba a querer a Ruby para ella misma.
Respiró profundo.
¿De que servía eso?
¿De que servía pensar en el pasado?
De nada, lo tenía claro. Ahora iba a tener menos miedo, y luego de todo el sacrificio que hizo la mujer por ella, le debía al menos el intentarlo. No podía no aceptar, no podía huir. No iba a cometer ese error dos veces.
Se acercó a Ruby, la abrazó por el cuello, y sin esperar respuesta alguna, la besó.
Esa vez, fue Ruby quien la besó, pero ahora, ella debía dar ese paso.
La sintió temblar, sus cuerpos pegados, pero al igual que siempre, esta le correspondió. Siempre le correspondía.
Los brazos se sintieron igual de fuertes cuando la abrazaron. Sintió las manos aferrándose a su ropa, como si su vida dependiera de eso. Sus cuerpos, ambos dolidos, seguían encajando a la perfección. Era como si nada hubiese cambiado. Sentía los labios de Ruby hinchados por el llanto, y probablemente los propios debían de estar igual. Aun así, ese beso, era completamente diferente al primer y único que compartieron.
Ese beso de despedida.
El actual, también tenía el factor llanto, pero no era triste, para nada. Se sentía bien. Se sentía especial y sobre todo se sentía correcto. Era lo que diferenciaba entre lo que tenían a algo aún mayor. Lo que separaba su amistad con derechos con una relación de verdad. Era simplemente sus sentimientos honestos y verdaderos hablando entre sí.
Habiendo tenido una relación formal que terminó desastrosa, no imaginó que querría una relación así de nuevo. Pero era Ruby. Con Ruby quería todo, hizo cosas con ella que creyó que jamás haría con nadie, cosas que ni siquiera conocía y le aterraban. Confiaba en Ruby y sabía que ella no la lastimaría, nunca.
Ruby jamás la defraudaría.
Se separaron un poco, y dejó su frente apoyada en la ajena. No estaba lista para separarse, y Ruby tampoco parecía querer hacerlo, sus manos firmes en su espalda.
"No sabes por cuanto tiempo anhele esto."
Dijo en un suspiro, más para sí misma que para la mujer. Escuchó a Ruby soltar una risa, y estaban tan apegadas que sintió el movimiento de su pecho en el propio. Escucharla reír era realmente un regalo del cielo que creyó que no volvería a oír.
"Lo sé. Eras un poco evidente."
Se separó un poco para poder mirar a Ruby a los ojos, en igual parte sorprendida y curiosa. Sentía su rostro empezando a arder.
"¿Lo sabías?"
Ruby volvió a reír. Los sonidos burbujeantes y agradables que amó desde el comienzo. Ya no había pizca alguna de tristeza en su expresión. Era la Ruby infantil y adorable ahora frente a ella.
"Cada vez que lo hacíamos y acababas me mirabas la boca. Honestamente no sé cómo te controlabas tanto, e incluso a mí me costaba no darte en el gusto y besarte."
Se escondió en el cuello de la chica, inundándose en su piel, en su aroma, intentando ocultar su vergüenza. No tenía que decirlo tan honestamente, tan gráficamente, no podía con eso. Sentía su rostro hervir, incluso sus orejas. Creyó que no volvería a sentirse así de avergonzada, pero ahí estaba, nuevamente sintiéndose una adolescente al lado de esa mujer.
"No tenías que decirlo así."
"Ups."
Ruby la sujetó con más intensidad, apegando aún más sus cuerpos. Se sentía bien estar así, sin controlarse, sin reprimir sus sentimientos ni disimular los latidos de su corazón. Se sentía bien el no estar pensando a cada segundo en mantenerse a raya, a fingir que lo que sentía no era amor.
Se quedaron ahí sin decir nada, simplemente abrazándose. Realmente extrañaba aquello. Podía estar horas abrazándola, y a veces no tenían tanto tiempo, pero siempre era cálido y la hacía sentir llena por dentro.
Sentía que, si la dejaba ir, nuevamente desaparecería de su vida, y no podría lidiar con eso una segunda vez. Al mismo tiempo, quería hablar de tantas cosas, preguntarle tantas cosas, sin embargo, quería disfrutar esos segundos de paz por el mayor tiempo posible y quizás se convencería a si misma de que todo era real, que no era un sueño, que era probablemente un atisbo de su futuro. Tal vez no podrían anunciar una relación tan pronto, aún tenía miedo, pero no tenía duda de que podrían salir a la calle juntas, ver una película, cenar en algún restaurante, cosas normales de amigas normales, o al menos esas cosas que quiso hacer con ella desde hace mucho, pero que no podía.
Si aceptaba el trato con Coco, serían socias, y no sería raro que las viesen juntas de ahora en adelante.
Quería disfrutar de su compañía sin tener que ocultarse.
De la nada, escucharon unos golpeteos en la puerta.
Ambas dieron un salto, pero no se separaron del todo.
Miró a Ruby, y notó en ella una expresión que jamás había visto. Era una mezcla perfecta entre irritación, molestia y decepción.
Soltó una leve risa, que esperaba que solo Ruby oyese, y luego le dejó un beso en su mejilla antes de separarse del todo, volviendo al asiento en el que estaba. La mujer se quedó ahí, con la misma expresión, pero con un ligero sonrojo en sus mejillas. ¿Cuándo había sido la última vez que rio? No lo recordaba. Oh, y realmente había querido besarla en la mejilla, se alegraba de haber tenido la valentía de hacerlo.
"El deber llama."
Le dijo en un susurro, y Ruby soltó un suspiro pesado, mientras se llevaba las manos al rostro y se quitaba cualquier atisbo de lagrima, marca o lo que fuese, así como también quitaba gran parte de su flequillo de su rostro. Se veía adulta así. Notó su rostro cambiar a esa expresión que vio con anterioridad, su máscara, mientras se acercaba a la puerta y la abría.
"Estoy ocupada, ¿Qué sucede?"
Le sorprendió escuchar ese tono en Ruby. Si bien se mostraba muy metida en su cabeza hace solo unos momentos enfrente a sus empleados, su voz seguía siendo cordial y agradable. Seguía siendo Ruby. Al parecer realmente la había fastidiado el que las interrumpieran, y se sintió realmente atraída por esa nueva versión que veía de Ruby. Al final del día, esa mujer era honesta, para bien o para mal.
Todas las versiones de Ruby le atraían.
El chico tenía unos papeles en sus manos, y se los tendió, claramente tomado por sorpresa con la actitud de su jefa. Este se fue rápido de ahí, y Ruby cerró la puerta, dejando caer el papeleo sobre el escritorio. Desdén en su expresión.
La escuchó soltar otro suspiro, ahora volviendo a su yo usual. Sus manos grandes apoyadas en el escritorio, sosteniendo su cuerpo.
"Te seré honesta, odio este trabajo. Estoy acostumbrada a seguir órdenes y peticiones. No sé cómo lo haces, pero no puedo hacerlo como Coco me enseñó. Apesto en esto de ser la cabeza de todo. Ella misma me dijo que no debía de revisar yo misma los autos porque no era mi trabajo. Estoy haciendo todo mal, soy un desastre."
Ruby se dejó caer en su asiento, apoyando la frente en el escritorio, y no pudo aguantar la risa que salió por su boca. Los plateados la miraron, dramáticamente heridos. Había vuelto a ser Ruby, y ella había vuelto a ser Weiss, así de rápido. Como le gustaba sentirse así, sentirse como ella misma al fin.
Ser así era natural, no era complicado, no requería gran concentración como cuando quería ser la heredera Schnee.
Weiss no era un personaje, era su yo real.
Le dio algo de pena ver a Ruby así, así que decidió que era un buen momento para mostrarle a esta algo de su experiencia.
"A mí me criaron para heredar la empresa, por ende, me criaron para ser jefa. Sabes, la gente de Atlas está acostumbrada a los líderes autoritarios, como mi padre o el padre de Coco. Obviamente ella te animaría a parecerte a ellos, porque a ella también la criaron de esa forma, pero no debe ser así. Puedes ser tu misma, tener tu carisma, y aun así ser capaz de liderar a tus empleados, pero forzarte a ser alguien que no eres solo va a desgastarte, y créeme, te lo digo por experiencia. Puedes mantener tu rango sin ser otra persona, solo tienes que seguir tu propio camino."
Esos líderes que acompañan a sus empleados, que los animan, que están uno al lado de otro para ayudarlos a crecer, guiándolos, ese era el tipo de líder que encajaba con Ruby. Sabía que podría con eso si simplemente dejaba de seguir un guion, y tenía claro que esta estaba, de hecho, siguiendo un guion, por algo se notaba tan poco natural.
"Yo estuve viviendo siguiendo un guion, y fuiste tú quien me ayudó a dejar de ser así, a ser mi propia persona, no quisiera que te pasara lo mismo."
Los plateados brillaron juveniles, luego notó la sonrisa de Ruby asomarse. Una sonrisa de aquellas que solían quitarle el aliento, y seguía siendo igual, seguían afectándole de la misma forma.
"No sé qué iba a ser de mi sin ti, Weiss."
Se vio sonrojada, y feliz. Acercó una de sus manos, y Ruby se apresuró en tomarla con la suya. Se sentía tan cómodo, una pieza que encajaba a la perfección.
"No me iré a ningún lado."
Lo decía en serio, y también esperaba que Ruby hiciera lo mismo. Que estuviesen la una al lado de la otra. Sus vidas ya no siendo demarcadas por el miedo, por la inseguridad. Quería vivir en paz. Quería ver a Ruby, estar a su lado, salir a la calle, ser personas normales caminando al lado de la otra sin miedo a que alguien las reconociera, sin el miedo de que alguien supiera de la vida de Ruby. Ahora, eran prácticamente iguales. Ya no era la dueña de una de las empresas más grandes del mundo caminando al lado de una prostituta.
No le importaba eso, quien Ruby era, porque su trabajo no la definía, pero ahora agradecía que aquello ya no era un problema que podía ponerse cada vez peor. Ruby era una mujer con nuevos papeles, que trabajaba en algo honrado, perteneciendo a una parte importante de la sociedad.
Pero para ella, seguían siendo solo Weiss y Ruby. Nada más, nada menos. Solo dos mujeres que se enamoraron la una de la otra a pesar de las situaciones que cada una vivía. Lo demás no importaba. El amor que se tenían era mayor a todo lo demás.
Acarició la mano de Ruby con su pulgar, ambas mirándose.
"Te amo, Ruby."
Esas palabras las estuvo conteniendo tanto, manteniéndolas dentro de su corazón, pero ya no más.
Iba a ser honesta, iba a vivir tal y como le gustaba vivir, con la mujer que le gustaba. Ruby la miró con cierta sorpresa, pero rápidamente le sonrió, mostrando todos sus dientes. Se veía nuevamente como un cachorro, y realmente había extrañado esa actitud en la mujer.
¿Como pudo siquiera respirar sin tener a esa mujer a su lado?
"Y yo a ti, Weiss."
Realmente no podía vivir sin ella.
Fin. ¿Qué les pareció la historia?
Capitulo siguiente: Explicación.
De acuerdo, era broma, aún hay más. Hay muchas cosas sin resolver, no se las dejaré fácil a ustedes dos, que el mundo no se arregla tan rápido. Muajaja.
Nos leemos pronto.
