Red Velvet
Capítulo 40: Explicación
…
Podía decir sin miedo alguno que aquello que sentía en su interior era inimaginable.
Cuando perdió a su ex prometido no soltó ninguna lagrima, pero cuando terminó la relación con Ruby, sus lágrimas no la abandonaron, incluso el rostro triste de la mujer se le aparecía por las noches, nublando su mente, llenándola de culpa, de miedo, de soledad.
Hubo noches donde no podía dormir, y miraba las conversaciones pasadas con Ruby, todo esto por inercia, tal vez con la intención de hablarle y así poder volver a dormir, o simplemente para pensar en ella y quitarse la idea de que esta estaba tan mal como ella estaba.
Si, Weiss Schnee fue una harpía por hacer eso, por dejarla, así que sentía que se merecía ese dolor, sin embargo, Ruby no lo merecía, y quería obligarse a imaginar que esta estaba bien, que lo que ocurrió no le había dolido tanto, quiso creer que era ella quien sostenía todo el peso de su quiebre, y que Ruby seguía viviendo su vida, feliz y a salvo, asumiendo que no había más sentimientos que los propios envueltos en la relación retorcida que tenían.
Pero no, no era así.
Esa mujer la siguió, decidió tomar un camino diferente, decidió pedir ayuda, decidió hacer algo para cambiar la situación. No podía creerlo. En serio, no podía.
¿Que había hecho para que una mujer como Ruby llegase a su vida?
Probablemente no hizo nada para merecerla, claro, lo sabía, siempre lo supo.
Pero, Ruby era feliz a su lado, era feliz con ella, la aceptaba, la quería, y lo único que podía hacer era aceptar aquello, aceptar sus esfuerzos, aceptarla en su vida.
Quería que Ruby fuese feliz, y si lo era a su lado, iba a hacer lo que sea.
Ahora lo entendía.
Ahora se sentía a salvo, sentía que ambas estarían a salvo, así que no iba a joderla de nuevo. No iba a arruinarlo de nuevo con sus miedos, sus desconfianzas, sus celos. Ruby le había construido un camino para que ella pasara, e iba a caminar por ahí hasta el final, era lo mínimo que podía hacer.
Acomodó sus codos en el escritorio mientras miraba como Ruby se movía por la oficina, tomando una carpeta de un mueble y metiendo algunos de los documentos en el lugar. Algunos esta los miraba, fruncia el ceño y lo dejaba a un lado.
Debió irse, debió dejar a la mujer trabajar. Sabía de primera mano lo incomodo que era hacer las cosas mientras alguien te observaba, pero esta no le decía nada, incluso sentía que esta estaba cómoda, o tal vez era solo su imaginación egoísta.
"En serio, ¿Porque hay tantos papeles? Están asesinando árboles."
Ruby dijo, luego de un rato, cuando apiló más o menos la mitad de los documentos, mientras los otros fueron a la carpeta. Soltó una risa al ver su mueca fastidiada.
"A Atlas jamás le han interesado los árboles, creí que te habrías dado cuenta luego de vivir tantos años aquí."
Esta soltó un suspiro, golpeando la pila de papeles contra su palma.
"Lo sé, pero tenía fe de que no fuese así."
No quiso intrusear en el papeleo, pero la curiosidad la embargó.
"¿Que son todos esos documentos?"
Ruby la miró, y luego miró los papeles, cuando volvió a mirarla, su sonrisa brillante, como no la había visto antes.
"Los que guardé son de las ventas que hemos tenido, nos ha ido bien, debo admitirlo. Tenemos que reponer todo con la automotriz, pero ese registro queda en internet, estos inútiles papeles son solo por si acaso. Ah, y estos son los trabajos que hemos hecho en los vehículos. Quiero ver si puedo hacer algo como una ficha médica, pero de los vehículos, para que quede registrado cada arreglo. A veces las personas olvidan hacer mantenciones y esas cosas, así que creí que sería divertido el tener algún tipo de alerta para que le llegue a los dueños de que tienen que hacerle una revisión anual."
Pestañeó, intentando digerir aquello, mientras veía los ojos de Ruby brillar.
"Eso es una muy buena idea. Salvaría a personas como yo que solo manejamos y no entendemos nada a parte de echar combustible."
Ruby soltó una risa.
"Estaba pensando en ti cuando se me ocurrió, cuando tuviste el incidente de tu auto y me dijiste eso. Creo que crear algo similar a un aviso que les llegue a los correos, acerca de las mantenciones y las ofertas, serviría para tener más cercanía con los clientes, como, no lo sé, tener una garantía de que vendrán aquí exclusivamente."
No pudo evitar sonreír. Ruby se veía realmente motivada con eso, y creía que era una fantástica idea. Era algo innovador que no había escuchado antes. En su casa los conductores de los autos debían acordarse de cuando hacer las revisiones, y su padre solo pagaba cuando las facturas llegaban a su oficina.
"Te acabas de ganar una clienta con eso."
Ruby pareció sorprendida, pero le sonrió de vuelta. Antes era su clienta, y creía que ahora también podría volver a serlo. La idea le hizo sentir cierta melancolía, pero eran recuerdos agradables los que venían a su mente. La mujer apoyó sus antebrazos en la mesa, mirándola fijamente, la sonrisa agrandándose. Como disfrutaba verla así.
Ruby era su luz.
Su faro en la oscuridad.
"Será un placer ayudarla con su vehículo, señorita Schnee."
Pudo sentir el buen humor de la mujer en sus palabras, y nuevamente era como si el tiempo no hubiese pasado. Solo unos meses las alejaron, pero no hubo mayor cambio. Seguían sintiendo lo mismo, seguían siendo las mismas personas, seguían teniendo el mismo humor, la misma relación de siempre. Era agradable, sin duda.
Asintió, sintiendo sus mejillas arder.
Se sentía joven de nuevo.
"Quizás deba dejarte trabajar en paz, no quiero seguirte distrayendo."
Le dijo a la menor, mientras se levantaba del asiento.
Quería tomarse las cosas con calma, no quería excederse, ni tampoco sobrepasar un límite. Que hubiesen arreglado las cosas no significaba que estaba todo solucionado. Que todo lo que había ocurrido desapareció. Era una relación rota, y como todo lo roto, debe ser reparado, y eso necesitaba tiempo.
Se sentía bien, si, pero no quería forzar las cosas más de lo necesario.
Se quiso arrepentir de inmediato cuando notó un puchero en el rostro de Ruby.
Oh no, aún era débil ante esa expresión.
Intentó mantener la compostura.
"No pongas esa cara, no me iré para siempre, te lo dije."
Ruby asintió, pero su expresión se mantuvo, así que siguió hablando. Era la misma Ruby, a pesar del tiempo que pasó y de la posición de esta en su nuevo trabajo.
"Luego discutiremos lo del acuerdo, me comunicaré también con Coco."
Ruby volvió a asentir, su mirada en el suelo. No sabía que más decir. Empezaba a sentirse torpe, avergonzada y nerviosa. Decidió moverse, necesitaba aire. No tenía idea como debía reaccionar, no quería arruinarlo, no quería apresurar nada que pudiese destruir el camino que Ruby construyó, pero a Ruby parecía no importarle.
Dio un salto cuando la mano de Ruby la sujetó de la muñeca. Se vio temblando ante el tacto tan intenso y tan familiar, su piel ardiendo contra la suya, siempre cálida, siempre fuerte. Volteó a mirarla, dándole una mueca confundida, y se sorprendió al verla tan seria, su expresión determinada, pero cambió apenas comenzó a hablar, su nerviosismo sobrepasando su seriedad.
"¿Podemos hablar otro día? Uh, no del taller y tu compañía, o sea, si quieres sí, pero hablar de nosotras, de lo que pasó, de lo que pasará, cosas así, entre tu y yo, sin Coco, junt-"
A pesar de lo adorable que Ruby se veía mientras divagaba, debía detenerla, con la primera pregunta entendió todo. Puso dos dedos sobre la boca de la mujer, callándola instantáneamente, ya sabía que iba a ser un círculo vicioso de argumentos fallidos. Esta la miraba con sorpresa, sus mejillas enrojeciendo. Era tan extraño el verla así cuando se veía tan elegante. Le gustaba. Otra faceta de Ruby que le gustaba y quería ver una segunda vez, tal vez más.
Oh, sus dedos se sentían bien en la boca de Ruby, y se vio deseando besarla de nuevo, pero si lo hacía, tal vez perdería su decencia.
"No tienes que preguntarlo. Por supuesto que sí. Ya sé dónde encontrarte."
Ruby pestañeó, digiriendo sus palabras, y asintió.
Era un acuerdo, no quería apresurar las cosas, pero ahora Ruby parecía más tranquila. Tal vez temía que no volviesen a verse. Comprendía el miedo y no iba a decepcionarla, no de nuevo.
Con solo una mirada se entendía, las palabras eran innecesarias.
Salió de la oficina, y ya lejos de la mirada de la mujer, llevó los dedos que la acallaron y los llevó a sus propios labios. Se sentía como en un sueño, y no quería despertar, temiendo que fuese como tantos otros que tuvo, que al abrir los ojos se encontraba con la misma vida de mierda.
Pero no era así, el calor en su cuerpo era prueba de eso.
Podía abrir los ojos sin miedo.
No se merecía esa oportunidad, pero no le importaba.
Iba a seguir adelante. Sin temer más.
…
"No puedo creer que me ocultaras todo esto."
Se cruzó de brazos. Frente a ella había una taza de café con un hermoso diseño en la espuma. Se sentía indignada, ni siquiera quería probar de esa taza porque sabía que estaba más dulce de lo que le gustaba.
Levantó la mirada, encontrando los ojos de Coco, estaba vez sin ningún tipo de objeto cubriéndolos, y ya había olvidado lo claros que lucían con la luz natural, solía verlos más oscuros de lo que ya eran. Esta simplemente soltó una risa, girando levemente en su gran silla de cuero.
Soltó un bufido ante la actitud de la mujer, y se tomó un tiempo de mirar alrededor.
No recordaba la última vez que estuvo en ese lugar, en esa oficina. Era realmente contrastante a la propia, con más objetos lujosos brillantes sobre las superficies, diseños llamativos en las paredes, la gran cafetera siempre lista para una taza más y una enorme pecera en una de las esquinas. Su oficina en comparación era demasiado sobria, y bueno, así era ella en esos aspectos. Coco no, ella era diferente, recordaba cuando fue la primera vez ahí y había globos en las paredes y un coctel en el lugar solo para ella.
Más, es más, como siempre.
Coco tomó unos lentes de sol de una repisa, la cual tenía varios de estos, todos diferentes. Los limpió y se los puso, su sonrisa desapareciendo poco a poco. Cuando la miró, sus ojos ya estaban difuminados por el cristal, se veía intimidante. Se vio temblando ligeramente. Nunca dejaba de sorprenderle los cambios de la mujer, como a veces era tan alegre y eufórica y luego la miraba con esos ojos que podían congelar la habitación, y ella misma era poseedora de una mirada similar. Pensar en eso le traía recuerdos de su juventud, cuando alguien las quería entrevistar, aún ninguna de las dos con la responsabilidad de sus empresas, pero aun famosas por sus apellidos, y si los reporteros se pasaban de la raya, ahí sus miradas ejercían su poder sobre estos.
Salieron en una revista, así que lo comprobó.
Coco se removió, sacándola de sus pensamientos.
"Cuando te cerraste, supe que no estabas bien, y no iba a forzarte, así que te di tu tiempo, y luego creí que era mejor seguir adelante con nuestro plan, darle a Ruby una nueva vida para que su relación pudiese funcionar. Me di cuenta que eras feliz con la chica, así que no dudé en ayudarla. Eres mi amiga, Weiss, quiero lo mejor para ti, y sabía que necesitabas pensar las cosas, pero ya cuando solucionamos todo, era increíble como seguías sin descubrir ninguna de nuestras trampas. Te lo dije, no quería forzarte a nada, quería que te dieras cuenta por ti misma de que el mundo ya no era el mismo, que tu misma buscaras a Ruby, pero créeme que nos aburrimos un poco de esperar, así que tuve que hacer presión. Eres realmente terca."
Se sintió avergonzada. Aun no podía creer como no vio aquellos llamativos anuncios por la ciudad, o peor aún, algunos de los comerciales. Estaba tan acostumbrada a que Coco fuese la cara de nuevas marcas de ropa o perfumería, así que, aunque hubiese escuchado de una nueva colaboración, no le habría sorprendido.
"Le di a Ruby dos opciones, o hacíamos una propaganda más agresiva para que saliera en todos los medios, o veníamos a hablar contigo para firmar un contrato."
¿Mas agresiva?
Oh no, conociendo a Coco habría sido aún más atrevida que los afiches que andaban por la ciudad, y conocía a Ruby lo suficiente para que aquello la avergonzara, además que ya debía de ser suficiente el tener su rostro expuesto en las calles. No era de las que llamaban la atención de esa forma.
Soltó una risa.
La respuesta era obvia.
Coco también pareció sonreír, su ánimo cambiando.
"Ruby es una buena chica, en serio. Pude conocerla más en este tiempo, y cada vez me sorprendía más. Porque en serio, te vi salir con varios chicos y nunca te viste feliz con ninguno, y podía ver los corazones en tus ojos cada vez que pensabas en tu chica de rojo."
Se vio mirando su regazo, sintiéndose avergonzada, su rostro hirviendo. Asintió, dándole la razón. No solía hablar de esas cosas con Coco, porque le daba vergüenza, y esta era un poco desvergonzada, así que era difícil. Pero no tenía duda que era así tal cual.
Ruby la hizo sentir como nadie nunca lo hizo.
"Jamás me sentí así con alguien. Ruby me hacía feliz, como me hablaba, como me sonreía. Era un poco torpe e imprudente, pero su honestidad me dejaba perpleja, siempre siendo amable. Me costó entender que me había enamorado, y me dolía saber aquello, lo que todo eso significaba en mi vida."
Sintió una presión en su espalda. Era la mano de Coco. No se dio cuenta en qué momento se había acercado.
"Lo sé, por eso mismo quería que tuvieses más calma. Se que asumir estas cosas es difícil para ti, pero ya no tienes de que preocuparte. Estoy aquí, y voy a ayudarte en lo que necesites, aunque tenga que ir yo misma a hablar con tu padre y hacer presión."
A veces olvidaba cuan confiable era Coco para esas cosas. La miró, sus ojos brillando aun detrás del cristal.
"Gracias, Coco, en serio, eres una gran amiga."
Esta le sonrió, sus dientes brillando.
"Lo sé, querida."
Negó con el rostro, soltando una risa.
Típico de ella.
Escuchó un golpeteo, y ambas voltearon a mirar a la puerta. Era la secretaria de Coco, una chica de bajo perfil, no la recordaba, debía de ser nueva. ¿Coco estaba cambiando su personal de nuevo? La última vez que se vieron, hace meses, Coco le dijo que quería cambiar a su secretaría. ¿Cuántas veces la había cambiado ya?
"Su cita ya llegó, señorita Adel."
Coco asintió.
"Déjala que pase."
Esta simplemente salió del todo, desapareciendo tras la puerta.
Escuchó a la mujer soltar un bufido, sus ojos fijos en la puerta cerrada. La miró con duda, cuestionando su extraño comportamiento.
"¿Me puedes creer que llevo años queriendo que sea Velvet la que entre por esa puerta? Se que tiene su negocio estable, pero podría pagarle el triple con menos horas de trabajo, en serio, esa mujer trabaja muy duro, la quiero para mí."
Hace tiempo que no pensaba en esa chica. Nunca pudo verle el rostro con detalle, solo recordaba sus orejas. Sabía que con Coco debían conocerse hace más tiempo, ya que esta iba al Red Velvet mucho antes de que ella fuese por primera vez. Una cosa era clara, que jamás había visto esa expresión en Coco, de verdadera frustración. Quizás por eso cambió a su secretaria, tal vez buscaba a la perfecta y no la iba a encontrar porque solo tenía a Velvet en su cabeza.
"Tal vez también estás enamorada, Coco."
Esta soltó una risa burlesca.
"Creo que nací para romper corazones, Weiss, el amor no es para mí, pero de algo si estoy segura, y es que no voy a descansar hasta que Velvet acepte trabajar conmigo."
Rodó los ojos.
Si, Coco era una rompecorazones, pero verla así de interesada en alguien era llamativo. No conocía a Velvet para decir que es una mujer hermosa e inigualable, pero si sabía que era muy trabajadora y se preocupada de tanto sus trabajadores como sus clientes, y eso hablaba bien de ella. Era una buena persona.
"Tiene su propio negocio, no va a venir aquí para trabajar para alguien más. Debe gustarle su autonomía."
Notó sorpresa en los ojos de la mujer, como si fuese la revelación más grande del universo. A veces esa mujer se enfocaba mucho en una cosa y olvidaba lo más simple. Bueno, a ella misma también le ocurría algo similar.
"Tienes razón, ¿Como no lo pensé antes? Le diré que trabajemos codo a codo, si, si, que buena idea, puedo idear algo para que seamos compañeras y podamos vernos más seguido. Muy bien, Weiss, me alegro que esa cara bonita no sea en vano."
Sintió la mano de Coco en su cabello y se vio molesta, quitándosela de encima.
Coco parecía divertida, y ahora temía que sus palabras hayan causado algo malo.
Lo siento, Velvet.
La puerta se abrió de la nada, Ruby apareciendo. Se veía más casual que la última vez, pero ahora notaba que su ropa casual era mucho más elegante que las que recordaba. Al parecer Coco había contribuido para cambiar su guardarropa. Tenía una camisa y una delgada chaqueta encima de color burdeo, abajo llevaba pantalones ajustados y botas.
Le sorprendió el que entrase sin golpear. Al parecer había adquirido malos hábitos, podría culpar a Coco de eso.
Por su parte se levantó del asiento, para saludar, como corresponde.
Esta las miró a ambas, sus grandes ojos plateados observando.
"¿Interrumpo?"
¿Que? La miró con duda. Claro que no, era una reunión entre las tres, ¿Como iba a interrumpir? Sintió la mirada de Coco en ella y la escuchó soltar una risotada. Ahora miró a la otra mujer, frunciendo el ceño, sin entender su risa y sin entender sus gestos.
Ruby pestañeó, y la vio sonreír de reojo, acercándose.
Le sorprendió el ver a la mujer tan cerca de ella, le iba a costar acostumbrarse. Sintió las manos cálidas de esta sobrepasando su metro cuadrado, acercándose a su cabello, y luego fueron los dedos tan conocidos que pasaban sobre su cabeza, se sintió de inmediato relajada ante las leves caricias.
Ah, al parecer Coco la había despeinado.
No pudo mirar a Ruby a los ojos, así que solo veía su leve sonrisa, y como luego esta parecía dirigirse a la otra mujer, la cual no veía, pero podía saber que había vuelto a su asiento, aun soltando leves risas.
"Al parecer ninguna está a salvo de Coco."
Levantó la mirada, cuando las manos ya habían terminado su labor. Ya se había visto en esa posición antes, y era agradable la reminiscencia. Sintió su corazón latir intensamente en su cuello cuando al levantar la mirada se topó directamente con los ojos de Ruby. Esta la miraba, sus plateados brillando, una sonrisa cálida en su rostro. Se vio perdida en la mujer, olvidando completamente a donde estaba y cuál era su razón para estar ahí, perdiéndose en los lagos de aluminio.
Le gustaba esa sensación.
Le gustaba que todo el mundo fuese Ruby, que Ruby fuese su mundo, que nada más existiese. Era una de las razones por las que volvía donde Ruby cada día, porque con ella sentía que todo lo malo que vivía desaparecía en un segundo, y seguía siendo así. Se alegraba que aquello no hubiese cambiado.
"Hola."
Ruby le dijo, sonriendo, su rostro luminoso. No la había vuelto a ver, desde que se vieron aquel día, donde arreglaron las cosas, quería hacerlo, sí, pero le costaba. Al menos decidió reunirse a hablar del nuevo trato, solo una semana después, y creía que eso le iba a dar algo de valor de contactar a Ruby por sí misma.
Pero, probablemente, no sería capaz.
Se sentía tan inestable, que era difícil controlarse. Solo quería abrazarla, solo quería besarla, pero había pasos que debían ser tomados.
Pero ahora mismo, no podía pensar en eso, no podía pensar en nada.
Se vio nerviosa, arreglando unos mechones de cabello tras la oreja.
"Hola."
Le respondió, y agradeció que su voz no temblara como imaginó que lo haría.
Estaba perdida.
Le encantaba estar perdida en Ruby.
"Oh, vamos, solo déjense llevar por la locura carnal, no me molesta mirar."
Pudo ver el rostro sorprendido de Ruby, probablemente era igual a su propia expresión. Ambas giraron para mirar a Coco, ambas rojas, ambas nerviosas, ambas avergonzadas. Al parecer Ruby sintió lo mismo que ella, perdida, alejada del mundo real. Se sentía una idiota por dejar que aquel momento le quitase la cordura, ¿Y justo frente a Coco? Oh no, odiaba la vida.
Coco rio, divertida, sus manos en su regazo.
Ambas se apresuraron para sentarse en las sillas desocupadas, hirviendo en vergüenza.
Al menos no era la única.
Capitulo siguiente: Revisión.
Ay que cursis estás dos ah. Pero se entiende, ha pasado tiempo. ¿Qué les parece el nuevo giro que está teniendo la historia? Descuiden, se merecen algo de calma y se los voy a dar. Hay muchas cosas que necesitan hablarse para que puedan seguir adelante.
Para que todo vuelva a ser como antes.
Nos leemos pronto.
