Red Velvet

Capítulo 41: Revisión

La reunió salió bien, aunque no esperaba menos.

Llegaron a un acuerdo.

Iba a usar algunos recursos económicos para promocionar esta serie de cadenas que se iba a hacer fuera de Atlas y así captar a potenciales clientes en las otras ciudades donde tuviesen cantidad similar de vehículos de esa marca, así tendrían un mayor éxito al ser implementadas. Y en favor de su empresa, la automotora también iba a serle útil en el caso de necesitar vehículos para sus asentamientos y así recibir cierto descuento como socia, así que era una buena colaboración.

No se imaginaba a si misma buscando algo así para su empresa, pero agradecía la propuesta, ya que era un beneficio para todos.

Lamentablemente, la reunión no duró tanto como hubiese querido. Aun debía de volver a su compañía y asistir a una cita con los jefes de departamento, su hermano incluido. No tenía ganas, pero debía de hacerlo. Firmó donde tenía que firmar, y se disculpó al tener que retirarse antes de lo anticipado.

Estar en el mismo lugar donde estaba Ruby era suficiente para acelerar su corazón, y al mismo tiempo sufría al saber que iba a volver a alejarse de ella.

Y esa sensación no se fue de su humanidad, ni siquiera a los días siguientes.

No podía culpar a nadie más que a sí misma.

¿Quería ver a Ruby? Entonces solo debía ir a verla.

Se vio recordando aquel tiempo cuando la conoció, cuando se debatía día y noche si es que era correcto volver al Red Velvet solo para ver a la mujer. En ese tiempo, se reclamaba a sí misma, obligándose a actuar por egoísmo, dispuesta a pasar un buen momento a costas de su propio prejuicio. Su prejuicio, el de su familia y el de la sociedad. Pero ahora…

¿Que la detenía?

¿Qué le impedía obtener esa felicidad que tanto ansió desde que era joven?

Nada, absolutamente nada.

Las horas pasaban eternas. Las reuniones siempre tan lentas, los documentos siempre tan extensos, el trabajo más molesto que de costumbre. Bueno, eso también le trajo melancolía, le pasaba lo mismo antes, cada vez que la iba a ver, el día se la hacía eterno, todo abalanzándose sobre ella para detener los segundos lo que más se podía. El tiempo pasaba más lento, pero cuando tenía la mujer al lado, los minutos pasaban como segundos, rápidamente, llevándose el día con demasiada rapidez.

Odiaba eso.

Aun así, atesoraba cada uno de los momentos que tuvo con Ruby en el pasado.

En su separación, intentó olvidar todo eso, guardarlo en algún lugar muy profundo en su ser para pensar lo menos posible en la mujer que le robó el corazón, y ahora, se sentía libre de poder recordar esos maravillosos momentos. Se sentía libre de sentir amor, de sentir apego por la vida que decidió dejar, y obviamente fue un error…

Aun así…

Resultó ser para mejor o al menos se quería convencer de eso.

Cuando su hora de trabajo terminó, se apresuró para llegar a su auto en el subterráneo. Incluso el elevador parecía tomar su tiempo en bajar.

Estaba ansiosa de ver a Ruby de nuevo, a solas.

No, tampoco esperaba verla a solas, pero al menos tenía algo de fe que podrían hablar sin tener a Coco al lado, avergonzándolas a ambas. Se sentía como una adolescente de nuevo, sus sentimientos a flor de piel, sus evidentes sentimientos, los de ambas, que antes ocultaban con rutinas de amistad y sexo. Lo que sentían la una por la otra ya fue revelado, ya no había secretos ni suposiciones, y de alguna forma se sentía nerviosa de que se supiese la verdad.

Llegó al taller. Notó más gente en la entrada que la última vez que estuvo ahí, y no le llamaba demasiado la atención, ya que la noticia de su colaboración se hizo pública hace solo dos días, así que era claro que más de alguien vendría a darse una vuelta y ver de qué se trataba. La compañía Schnee no había hecho tratos en el último tiempo, porque personalmente no se interesaba mucho en esas cosas, y los posibles socios no la convencieron. Según internet, la idea de que hiciese un trato con Coco Adel era prácticamente un rumor que empezó desde que su trabajo como directora general comenzó, ya que ambas eran reconocidas como amigas desde antes de tener tanta popularidad. Se veía venir.

De hecho, le sorprendía lo mucho que se demoraron en hacer algo similar.

Era predecible.

Pero solo podía confiar en Coco para algo así, y bueno, en Ruby.

Entró su auto por la entrada a la izquierda del recinto. Había autos estacionados, los que asumía que eran de los trabajadores. Notó uno en particular que le llamó la atención, y era el Red Velvet que estaba en la entrada, ahora estacionado atrás, y tenía una patente vigente, así que debía ser de alguien que lo hacía circular. ¿Sería de Ruby? Probablemente esta no compraría un auto así, que se notaba que era caro, y sabía que esta se preocupaba bastante de esas cosas, en lo que era capaz de acceder con su sueldo y sabía que tampoco lo aceptaría como regalo. Pero claro, no tenía duda que Coco la acorralaría para aceptar algo así. Podía ser muy insistente a veces.

Se estacionó en uno de los carriles donde revisaban los autos, solo había dos ocupados, así que se metió en uno de los que estaban libres.

Notó de inmediato a Ruby dando vueltas, tenía una camisa roja muy llamativa, y pantalones oscuros. Parecía estar hablando con dos de los mecánicos, parecía animada así que no los estaba regañando ni nada. Se veía más cómoda que la última vez.

Se hubiese estacionado en otro lugar, pero al ver a Ruby dando vueltas por ahí, creyó que podría ir directo al grano.

Los ojos plateados siguieron su auto con la mirada, y siguieron observándola cuando se bajó del vehículo y comenzó a caminar hacia ella. Los dos mecánicos parecían confundidos al ver a su jefa como de la nada dejó de hablar y sus ojos se enfocaron en otro lado, los ojos de un cazador. Había visto esa mirada muchas otras veces, y creía que con el tiempo que no se vieron, aquella mirada iba a ser difícil de ver de nuevo, pero no fue así.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Ruby le sonrió con esa calidez tan propia de ella, y luego su sonrisa cambió a una más cordial, más intensa. Se vio temblar ante esa expresión, ya que jamás la había visto poner una mueca así, debía deberse a la posición de ambas y de la presencia de los dos mecánicos en la escena. Debía ocultar esa mueca que parecía querer florecer, esa mueca salvaje.

Ruby le ofreció su mano, sus plateados observándola sin siquiera pestañear.

Tal vez era un acto para sus trabajadores, pero lo que le hizo sentir fue completamente diferente a lo que sintió otras tantas veces, pero igual de agradable.

"Señorita Schnee, un placer verla aquí, veo que aceptó mi invitación."

No dudó en estrechar la mano de la mujer, y volvió a sentir esas mariposas que sentía con el solo tacto de la piel ajena contra la suya. Los dedos atraparon su mano con intensidad, pero con ese cuidado tan propio de Ruby. Notó de reojo como uno de los mecánicos le hizo una seña al otro, tal vez avisándose de quien era ella, de todas formas, ahora que patrocinaba la cadena, era prácticamente otra jefa más.

"Dejar mi auto en sus manos es la mejor decisión que podría tomar."

Le dijo, aun jugando ese papel de socias, para nada dos mujeres que se conocen el cuerpo de la otra de memoria.

Sus manos finalmente se soltaron, aunque al parecer ninguna de las dos se decidió a hacer el primer movimiento. Se sintió ruborizar.

Ruby les dijo algo a sus trabajadores, y luego comenzó a caminar hasta su auto, se vio siguiéndola. Esta no dudó en acercarse, en mirar dentro y fuera del vehículo, así como a abrir el capó.

"¿No te ha vuelto a dar problemas?"

Ruby le habló mientras mirada dentro del motor, su voz saliendo suave y calma, diferente a la de hace unos momentos. Se vio tragando. Se sentía nerviosa aun de estar a solas con la mujer, no era incomodo, para nada, de hecho, debería serlo más y le causaba extrañeza que fuese tan natural para ambas el estar juntas, el mirarse y simplemente hablar. Aun así, tomar la iniciativa siempre la dejaba nerviosa, y era algo que jamás pudo superar.

"No, aun así, mi padre me dijo que iba a decirle a los empleados que se encargaran del estado de los autos, así que decidí venir por mí misma y hacer aquello."

No era una mentira del todo, era algo que su padre si le había comentado, pero estaba hablando exclusivamente de su auto, no del de ella o del resto de vehículos a nombre Schnee. Tendría que encargarse ella de decirle a los conductores que se encargaran, ya que su padre estaba muy ocupado viajando y dándose la gran vida. No tendría problema en ayudar a aumentar el trabajo del lugar.

Ruby asintió, mirando todos los rincones. Podía notar como esta se volvía a apoyar con sus manos de la carrocería para darse impulso.

Estaba en igual parte consternada por la ropa de marca de Ruby y porque esta luciese sexy manchada, lo que sabía que era cierto.

Finalmente, sus pies llegaron al suelo.

Un mecánico se acercó, no supo si era una chica o un chico, su rostro era joven y su voz era suave. Le llevó una toalla a su jefa para que limpiase sus manos, y esta aceptó el gesto, quitándose algo de aceite de los dedos. Por buena y mala suerte su camisa no se había ensuciado.

"El auto de la señorita Schnee necesita una revisión completa de arriba a abajo. Hazle también un cambio de aceite y notifícame si necesita algún arreglo urgente para solucionarlo de inmediato, no me gustaría que nuestra socia tuviese algún tipo de percance. Cuando termines dile a CK que le haga limpieza profunda. Gracias."

El mecánico asintió, de inmediato poniéndose a trabajar.

Ruby ahora volvió a mirarla, dándole toda su atención. Se sintió afortunada.

Con su mano le señaló aquella cafetería. Podía ver a dos personas sentadas, separadas, una leyendo el periódico y otra hablando por teléfono.

"¿Le puedo invitar un café?"

Era claro el cambio de voz en Ruby, como de nuevo sonaba cordial e incluso divertida de hacer ese papel. Tuvieron varios juegos de rol en aquel tiempo, así que podía saber de inmediato cuando esta jugaba con esas cosas, modificando su personalidad. No sabía si era así de buena siempre, pero debía admitir que el papel le salía de una forma estupenda.

Asintió, aceptando la oferta. Comenzaron a caminar juntas hasta aquel lugar.

"Me alegra que pudieses venir."

Le sorprendió el tono de Ruby, su voz cambiando, ahora siendo solo Ruby, esa mujer adorable que tanto quería. Su expresión era tranquila, sus músculos libres de tensión, parecía feliz, y estaba feliz de verla así.

"También me alegro. Debía encontrar una buena excusa para aparecerme frente a todos tus trabajadores."

Creyó que Ruby iba a reír, pero esta la miró, sorprendida, sus ojos plateados notándose grandes. Se vio de nuevo atrapada en la mujer.

"No necesitas excusa alguna para venir, yo te recibiré con los brazos abiertos, sin importar el día."

Se vio enrojeciendo, y casi se vio tirándose encima de la mujer para abrazarla, pero recordó que a pesar de que no hubiese mucha gente, igual seguía siendo un lugar público, y aunque su relación pudiese ser oficial, tampoco quería apresurar las cosas. Se vio carraspeando, intentando recuperar la compostura. Ruby siempre sabía cómo debilitar sus muros, y era algo innato de esta.

"Aun así, no quisiera importunar. Sigue siendo tu trabajo, y no quiero distraerte demasiado."

Ruby ahora si soltó una risa, mientras metía las manos en sus bolsillos, se le notaba relajada, no como cuando la vio ahí la última vez, su cuerpo tenso, siempre alerta. Al parecer la conversación que tuvieron le sirvió a la mujer, y estaba feliz por ella.

"Soy la jefa, ¿No? Imagino que puedo permitirme el lujo de distraerme de vez en cuando."

Ahora que lo pensaba, si, debía tener cierta libertad.

"Un gran poder significa una gran responsabilidad."

Le dijo, sintiéndose aguafiestas, aun así, su frase salió con un tono humorístico, tampoco quería agobiar a la mujer. Ruby soltó otra risa, una mano llegando a su nuca.

Adoraba ese gesto.

"Lo sé, lo sé, prometo que cumpliré con mis deberes."

Soltó una risa también, sintiéndose aliviada de que la mujer se tomase su nuevo trabajo en serio, y se notaba feliz con su entorno. A veces pensaba en cuanto debió costarle el dejar el Red Velvet, y era obvio que fue un paso muy grande para Ruby, y la dejaba respirando tranquila que el presente en el que se encontraba no fuese un infierno o algo similar.

Ruby le pidió dos tazas de café a un mesero tras el mesón, y luego comenzó a caminar hasta unos sillones que estaban bajo una sombrilla. El día estaba soleado, así que debía ser pecado no aprovechar de el, sobre todo en Atlas donde encontrar un día bonito era difícil, incluso en esa época primaveral.

Se sentaron, disfrutando de los leves rayos de sol que les llegaba en esa posición.

"¿Vas a ponerme en tu lista de clientes?"

Ruby la miró, su rostro divertido con su pregunta.

"Si, eso haré en un rato más, pero primero quiero tomarme un café y ponerme al día con mi socia."

Notó, una vez más, el cambio en la voz de esta, como la palabra socia la hacía sonar tan poco natural, pero al mismo tiempo era en un tono lleno de carisma, y bueno, también el guiño que le hizo con uno de sus ojos, que fue suficiente para encender sus mejillas. Le gustaba eso de ser la socia, iba a tenerle cariño a ese título de ahora en adelante.

"¿Qué quieres que te cuente? Tu pareces ser la que tiene más historias que contar."

Ruby apoyó los brazos en el respaldo de los sillones. Estaban cerca, pero no lo suficiente para irrumpir en el espacio de la otra, lo que era en su opinión algo que era extraño. Ni siquiera al principio mantuvieron la distancia la una de la otra, y ahora no tenía claro si era ella quien lo ocasionaba o la mujer. Sea como fuese, tal vez era lo mejor, sobre todo estando a la vista de todos. Pretender ser solo socias. Eso le daba cierta tristeza, siendo honesta, pero luego de todo el daño que ocasionó, era lo mejor.

Quería que Ruby se acercase a ella, que confiase de nuevo en ella. Le iba a dar tiempo.

Era tonto, ¿No? Siempre le pedía demasiado a la mujer, incluso sin ser consciente de eso. Al final del día, no había cambiado desde que era adolescente.

"Supongo que tienes razón, hubo muchos cambios en mi vida, pero ya te expliqué aquello, así que no creo que sea necesario decírtelo de nuevo. Pero me fue difícil saber de ti en todos estos meses. Eras inalcanzable."

Se sintió hervir, pero también se sintió aún más molesta consigo misma que antes. Su actitud fue lo peor de todo, y cuando decidió tomar la decisión de alejarse de Ruby, ni siquiera fue lo suficientemente madura y valiente para decírselo en la cara, para discutirlo en persona, para nada, solo le mandó un mensaje sin ningún tipo de contexto, asustando a Ruby.

Aun ahora podía ver su rostro dolorido, ni siquiera al saber lo que había ocurrido al otro lado de la historia.

Se quedó mirando la mesa frente a ellas, en silencio, hasta que llegó el mesero con sus tazas de café y diferentes aditivos a un lado de la bandeja.

No sabía que decir, la culpa embargándola una vez más.

Ruby carraspeó, y se vio obligada a mirarla. Los plateados también miraban la mesa, observando su taza, mientras esta comenzaba a echarle azúcar y crema a su café. Había una mueca intensa en su expresión, pero suave al mismo tiempo.

"No te culpo por lo que pasó, Weiss. En serio no lo hago. Estaba herida, por supuesto, pero tuve tiempo para darle vuelta a las cosas, y entenderte. Pero no quiero que lo que tengamos de ahora en adelante sea sobre recordar lo que pasó esa vez, si no los momentos que vivimos donde estábamos ambas felices la una con la otra."

Se quedó mirándola, sonriendo. No podía quitarse esa expresión de su rostro, que apareció tan natural, tal y como antes. También quería eso. Olvidar aquello.

"Siempre creí que eras muy madura, Ruby, pero ahora lo eres aún más."

Ruby iba a sujetar su taza, pero detuvo sus movimientos para mirarla, parecía sorprendida, una expresión divertida en su rostro, así que no pudo evitar soltar una risa. Esta le sonrió, nerviosa, claramente sin saber que decirle en respuesta.

Tomó su propia taza, sin azúcar ni nada, y le dio un sorbo. No quería molestar mucho a Ruby, pero una parte de ella quería volver a ver esas muecas que quiso olvidar y enterrar.

"Honestamente, han sido meses aburridos. Estaba acostumbrada a tener como meta el verte, el trabajar duro para luego recompensarme a mí misma, pero cuando hice la estupidez de alejarme de ti, mi rutina se volvió eso, una rutina. Lo único que iba cambiando eran las frases de mi padre diciéndome que estaba más delgada o que tenía que ir al salón o cosas similares, como si la pena que sentía se fuese a arreglar con un corte de pelo o hacerme las uñas."

No quiso sonar seria, en lo absoluto, y se alegró de que Ruby notase ese hecho, sin estar triste por sus palabras, porque no quería dar pena ni lastima. Era parte de lo que ocurrió en ese tiempo. Obviamente había entrado en una etapa depresiva en su vida, donde apenas comía, donde hacía todo en modo automático. Fue difícil, ahora que lo pensaba, pero ahora ya se sentía mucho mejor. Si, seguía sintiendo culpa y las pesadillas no se habían ido del todo, pero ya se sentía en calma. Saber que Ruby no la odiaba, que no le tenía rencor, era suficiente para calmarla.

No podría vivir sabiendo que Ruby no sentía nada positivo hacia ella.

Ruby soltó una risa, tomando su café de un sorbo. Los plateados la observaron cuando esta dejó su taza vacía en la mesa.

Se vio completamente hipnotizada, como tantas veces.

Esta le sonreía, suave, tranquila, pero con poder en su expresión.

"Espero ayudar a que las cosas cambien de ahora en adelante."

Se sintió sonrojar. Eran palabras tan simples, pero con un toque de promesa, un toque de que su vida iba a dar una vuelta y volver a ser como antes. No, incluso iban a ser mejor.

Asintió, recuperando su compostura, pero aun sin ser capaz de mirar a Ruby a los ojos ante la vergüenza. Se había acostumbrado de cierta forma, antes, pero ahora, debía re aprender la forma de poder lidiar con los ojos de la mujer que amaba sin que sus piernas cedieran.

"Espero poder hacer lo mismo por ti."

Sintió su voz temblar, pero al parecer salió decente.

Ruby le sonrió, de nuevo, mostrando sus dientes.

"Estoy segura de eso."

Como le encantaba estar enamorada y que fuese reciproco. Ya no debía fingir, ya no debía ponerse una máscara o evadirse a sí misma. Ahora podía disfrutar cada segundo, sabiendo que había algo más entre ambas, algo que iba a ir creciendo.

Aun les quedaba un largo camino por delante.


Capitulo siguiente: Deuda.


¿Algo cursi? Si. Vamos a ver que les espera a nuestras niñas, que tengo muchas ideas emocionalmente potentes ya escritas y espero lo disfruten. Insisto, les daré algo de paz, les daré la oportunidad de que las cosas vuelvan a ser como antes, ¿Y luego? Pues vamos a poner a prueba su amor *Inserte Emoji endemoniado*

Nos leemos pronto.