Red Velvet
Capítulo 42: Deuda.
…
Ruby comenzó a teclear frente a ella, sus plateados fijos en la pantalla frente a ella. Se notaba concentrada en lo suyo.
Estuvo esos últimos minutos sentada ahí, en esa oficina, dándole datos de su vehículo, mientras esta escribía. Ruby le llamaba ficha de miembro, pero aun no tenía claro que hacer respecto a eso. Le dio la idea de cobrar cierto dinero anual por esa membresía, y así fomentar a que los clientes volvieran para tener algún tipo de descuento. Ruby no parecía tener la intención de cobrar por ese trabajo extra que estaba haciendo por el simple amor al arte, pero ella, como empresaria que era, debía enfocarse en los números y en que ayudaría al taller a crecer.
De todas formas, las revisiones debían hacerse anualmente, así que, si los clientes querían cambiar de neumáticos o hacer algún cambio costoso, esa membresía les ayudaría.
Al final, Ruby aceptó su idea, y se alegraba de eso, porque esta estaba haciendo todo eso por sí misma, que sonaba bastante tedioso.
Conocía a la gente de Atlas, y estos no iban a tener problema en pagar una membresía, por el contrario, siempre anunciaban con megáfonos cada una de las que tenían como si eso les diese más poder, casi como si se tratase de tener acciones de una multinacional. Era gracioso, ya que conocía a más de alguno que tenían membresías en lugares a los que prácticamente no iban nunca. Como su padre y la cuota anual que debía pagar para formar parte de un club de Golf, y no recordaba que este hubiese ido en los últimos cinco años.
"Creo que ya terminé, luego añadiré si es que hicieron alguna otra intervención o algo similar. Pero no me han llamado así que asumo que todo va bien."
Ruby parecía divertida.
En serio, se alegraba de verla tan diferente a la última vez. Le hacía feliz verla animada, incluso alrededor de otras personas. El lugar iba a prosperar, sobre todo considerando el carisma innato de la mujer. Se veía más cómoda, más si misma, y menos la máscara que tuvo que ponerse para encajar ahí, la cual no le quedaba del todo bien.
"Estoy en buenas manos."
Le dijo, sintiéndose tranquila. ¿Como no confiar en Ruby? Sabía que con ella solo habría buenas personas trabajando, y trabajando de la mejor manera.
La mujer apoyó sus antebrazos en el escritorio, los plateados observándola fijamente. Se sintió temblar, recordando esa mirada que le fue dada en aquellos tiempos, cuando su relación estaba en pleno auge. Su cuerpo de inmediato reaccionó, y creyó que no podría sentirse así, al menos no tan pronto.
Esos ojos la observaban más allá, hundiéndose en su ser. Se seguía sintiendo desnuda ante esa mirada.
Podía notar como Ruby parecía pensativa, a pesar de verla de esa forma. Algo parecía estar dando vueltas por su cabeza, y se sentía ansiosa de saber de qué se trataba.
"Weiss."
Dio un salto cuando esta habló, los ojos de ambas aun unidos. No le dejaba de encantar como su nombre sonaba cada vez que Ruby lo decía.
"¿S-sí?"
Su voz salió débil, y se vio carraspeando. Al parecer estaba más afectada de lo que debía, y sabía, por la mirada que esta le dio, que logró captar lo que sea que le estaba ocurriendo. Si bien no se vieron por bastante tiempo, Ruby la conoció a fondo, y podía saber cada uno de sus gestos y reacciones, como el nerviosismo que tenía en ese instante.
Sin embargo, no creyó que esta la miraría así luego de lo que sucedió. Lo creía imposible.
Tal vez, se estaba martirizando más de lo que correspondía.
Tal vez, ya todo estaba siguiendo su curso.
Tal vez, su relación podía progresar al fin.
"¿Aun te sientes en deuda conmigo?"
Notó madurez en la expresión de Ruby.
Justo estaba pensando exactamente en eso. En lo que había ocurrido, en como su relación debía seguir de cierta forma, siguiendo ciertos pasos para solucionar el daño que separó sus caminos. Obviamente se sentía en deuda y probablemente jamás olvidaría lo que hizo aquel día y seguiría martirizándose al respecto. Encontraba imposible no hacerlo. No flagelarse por destruir a la mujer que tanto quiso.
Asintió.
Ruby sonrió de inmediato.
Pero no cualquier sonrisa, no esas cálidas, si no esas intensas y abrasadoras. Podía notar cierta diversión y maldad en sus ojos, propia de un depredador que quiere jugar con su presa.
Nuevamente se decía a si misma que era imposible que Ruby la mirase de esa forma, luego de lo que le hizo, pero al parecer, las cosas ya se habían solucionado, o al menos, Ruby no parecía querer agrandar la brecha entre ambas, muy por el contrario.
Ruby se levantó, su sonrisa casi sádica aun notándose con claridad, mientras llevaba una mano hasta la perilla que permitía disminuir la luz que entraba por las cortinas. Se vio tragando pesado, el nerviosismo consumiéndola, y sus instintos diciéndole que saliera de ahí, pero era lo suficientemente estúpida para quedarse.
Estaba lo suficientemente enamorada para sufrir las consecuencias, confiaba demasiado para dejarse devorar.
Una mano se extendió hacía ella.
Los plateados la miraban a los ojos, con esa misma intensidad.
Se vio temblando mientras llevaba una de sus manos donde la ajena.
"Te daré la oportunidad de redimirte."
Eso lo dijo apenas sus manos se rozaron y los dedos sujetaron su mano con intensidad, aprisionándola, dejándola sin escapatoria.
Acababa de dar su consentimiento para quien sabe qué.
Ruby le dio un tirón, levantándola del asiento, y se vio cayendo sobre el cuerpo de la mujer, la cual la sujetó. Claramente estaba preparada para recibir su cuerpo, y no se habían abrazado de esa forma en mucho tiempo. Se vio inundada por el aroma de Ruby, las rosas y ahora ese ligero aroma a aceite. Recordó cuando esta le arregló el auto, y luego volvieron a la casa, ambas acaloradas, desnudándose mutuamente camino a la ducha. Era ese exacto aroma el que sentía ahora. Se vio anidada en el cuerpo ajeno, y se sintió tan agradable, tan diferente de lo que solía ser, pero a la vez era exactamente lo mismo.
Se estremeció cuando las manos que antes estaban en su espalda comenzaron a bajar por su cuerpo. Volvió a tener conciencia de la sonrisa de Ruby, de su expresión depredadora. No era un abrazo normal, debía tenerlo en cuenta. No es que pensara que Ruby no podía abrazarla con ternura, porque era la persona más adorable que conocía, pero eso no quitaba que seguía siendo un lobo en piel de cachorro.
Y ahora era eso, un lobo.
Dio un salto cuando las manos de Ruby llegaron a su trasero, agarrando sin vergüenza alguna. Se mordió el labio, intentando controlar el gemido que se le iba a escapar. No lo esperó, ni siquiera sabía si estaba lista para algo así, si ambas lo estaban. Además, estaban en la oficina de Ruby, eso no era apropiado.
Y un demonio, lo hicieron en un auto estacionadas en plena calle.
Aun así, la puerta podría abrirse en cualquier momento, y tampoco confiaba demasiado en aquella delgada cortina, alguien podría verlas si se asomaba lo suficiente.
Se vio sudando, por el mero pensamiento, jadeando incluso, y ya no sabía si era el pánico de la situación o la extraña sensación de placer que sentía cuando estaba haciendo algo prohibido.
No estaba segura si hacer algo similar tan pronto era lo correcto, pero su cuerpo rápidamente se había adaptado a la situación, esperando con ansias el siguiente movimiento. Claramente su cabeza seguía formando excusas, pero su cuerpo para estaba listo para recibir a Ruby.
Siempre estuvo listo.
Sintió los labios de Ruby bajar por su cuello, y mientras hacía aquel movimiento, sus manos también bajaron, aferrándose a sus muslos, justo por abajo de su trasero. No supo que hacer. ¿Detenerla? Oh no, no era capaz. Era débil ante ella, y fue así incluso cuando la conoció. Su cabeza nunca pensó de manera racional cuando esta estaba cerca.
Finalmente, las manos grandes la sujetaron, y notó como sus pies abandonaron el suelo. Se aferró a la camisa de Ruby, como si su vida dependiese de ello. Fue un movimiento rápido, y quedó sentada sobre el escritorio, su falda levantándose en el proceso.
Se vio temblando, mientras Ruby acomodaba el cuerpo entre sus piernas. Sintió de inmediato el calor de esta entre sus muslos.
Miró a Ruby, aun teniendo sus manos sujetando la seda, exigiendo explicaciones.
Ruby no le dijo nada, simplemente sintió la mano ajena en su mandíbula, obligándola a mover su rostro al antojo de la mujer. Se vio con la mente nublada, mientras sentía el aliento a café con crema en su rostro, sus ojos enfocándose en los labios que parecían acercarse cada vez más a los propios, y así mismo, los plateados también hacían la misma acción.
Iba a besarla, lo sabía, y se vio anhelándolo aún más que antes.
Lo primero que sintió fue la lengua de Ruby pasar por su labio inferior y se vio jadeando ante semejante acto. Pasó una, dos veces, delineando la forma de su boca, tentándola. Por su parte no podía ejercer ningún movimiento, la mano de esta aun sujetándola firmemente de la mandíbula.
Se vio tentada, queriendo besarla con aun más ansias.
Pero tal vez eran sus propios instintos aflorando.
Ruby la estaba saboreando, saboreando a su presa.
Sacó su propia lengua para encontrarse con la ajena. Notó un brillo en los plateados, divertidos, emocionados. Tal vez quería que hiciera algo así, y simplemente le dio en el gusto.
Su cuerpo tembló cada vez que su lengua sentía la de Ruby, tocándose, moviéndose al mismo ritmo. No imaginó que sería así ese momento, pero no le molestaba. Aun así, entendía la razón de la mujer al hacer eso, quería hacerla sufrir. Anhelaba sus besos, sobre todo uno así, nuevo, diferente, pero no, la mujer no le daba en el gusto, la hacía sufrir en antelación sin recibir nada más.
No era paciente con esas cosas, y Ruby lo era demasiado cuando trataba de molestarla.
"Maldición."
Resopló, enojada y sujetó a Ruby de la nuca, agarrando los cabellos cortos entre sus dedos, y la forzó a acercarse más. Ruby le sonrió, consiguiendo lo que quería, y era enloquecerla lo suficiente. Llevarla al límite de la desesperación. Hacerla dar un paso adelante, exigiendo más.
Tal vez era Ruby quien necesitaba una prueba de eso, una prueba de que podían continuar lo que sea que habían iniciado.
Los labios finalmente se toparon con los propios, y se sintió completamente diferente a las otras dos veces. Ahora no había llanto ni ninguna otra emoción que no fuese simple pasión. Sintió el sabor a crema en la boca de esta, y tal como predijo meses atrás, podía aguantar lo dulce si es que venía de la boca de Ruby, incluso podría llegar a agradarle esa dulzura. La lengua ajena no demoró en entrar dentro de su boca y explorar su interior, luchando con la propia cada tanto rato.
Se sentía tan bien, más de lo que su imaginación pudo creer.
Al fin sus ansias, su anhelo, fue calmándose al tener a Ruby ahí, frente a ella mientras se besaban con locura, como si intentasen retomar todos los besos que no se dieron antes. Uno tras otro, sin siquiera preocuparse en recuperar el aliento. Ya ni siquiera le preocupaba donde estaban, y lo frágil de su privacidad. Ruby era su persona especial, su todo, y aunque su relación aun debiese mantenerse lejos del foco, en ese instante le daba igual.
Siempre abandonaba cualquier moral, cualquier raciocinio cuando se trataba de Ruby, no había cambiado en nada en esos meses alejadas.
Ruby se separó luego de varios minutos, un poco de saliva intentó mantenerlas unidas hasta que se terminó desvaneciendo. Se vio finalmente capaz de recuperar el aliento, se sentía hirviendo, y solo había sido un beso, habían hecho aún más cosas que si tenían la propiedad de hacerla enrojecer.
Se topó con la sonrisa de Ruby, ahora cálida, simplemente cálida, mientras las manos de esta la abrazaban por su espalda baja. Se vio a si misma rodeando el cuello de esta, y no fue capaz de soltarla, simplemente quería quedarse en esa posición para siempre, por muy imposible que fuese.
"Creo que con esto ya has pagado tu deuda."
Se vio soltando una risa, aun sintiéndose abrumada y avergonzada. Realmente le fascinaba lo cómodo que era el estar así de cerca, incluso encendida, era tan natural que podía permitirse reaccionar sin tapujo alguno.
"Esto me gustó demasiado para que significase pagar una deuda."
Ruby le sonrió, picara, su cuerpo volviéndose a apegar al suyo.
"¿Así que te gustó demasiado? Siempre he adorado a la Weiss honesta."
Sintió su rostro enrojecer aun más de lo que creía posible, sus ojos huyendo de la mirada plateada. Ahora se daba cuenta de lo vergonzoso que era lo que acababa de decir. Se sentía una idiota. Podía notar de reojo como Ruby seguía sonriendo, divertida.
"No te burles de mí, Ruby."
Esta volvió a acercarse, abrazándola una vez más, apegando sus cuerpos. Se vio arropada en esos brazos fuertes, sintiéndose protegida, a salvo. El rostro de Ruby estaba acomodado en su cuello, y podía escucharla reír suavemente, y el sonido de inmediato la hizo sentir en calma.
"Lo siento, no me aguanté."
Negó con el rostro, riendo. Esa era su Ruby.
Siguieron abrazadas ahí, hasta que sintió algo vibrar en su pierna, y toda la calma que sentía en sus hormonas volvió a ser latente ante aquel movimiento en su muslo, esa vibración tan cerca de sus partes privadas. Era el teléfono de Ruby. Esta lo sacó, separándose levemente, lo suficiente para poder hacer la acción sin problema. Esta pudo alejarse, pero se quedó cerca, y lo agradecía. No estaba lista para que se separasen.
"¿Sí?"
Escuchó una voz al otro lado, pero no pudo identificar quien era o lo que decía. Ruby asintió, sus ojos vagando por la oficina, hasta aterrizar en sus ojos. Pudo notar otra sonrisa malvada en sus labios, como las ideas llegaban rápidamente a su cabeza, sus malas intenciones claras en su expresión.
"Dame los detalles."
Esta dijo, mientras su mano libre se movía. No entendió a que se debía la expresión de Ruby hasta que sintió los dedos de la mujer en su rodilla, acariciando su piel. Se sentía sensible y ansiosa, rápidamente encendiéndose, así que se acalló con ambas manos, sabiendo que un sonido podría salir por su boca y ser escuchado por la persona al otro lado de la línea.
Había pasado tiempo, así que era evidente su sensibilidad.
Frunció el ceño, mirando a Ruby, intentando regañarla en silencio, pero esta seguía sonriendo, su expresión haciéndola retroceder en el tiempo.
Ruby recibía la información, diciendo breves frases para que la persona le siguiese hablando, mientras que su mano seguía subiendo por su muslo, las uñas raspando ligeramente. No debía sentirlo tanto, de hecho, podría simplemente bajarse y ya. No, probablemente no podría, el cuerpo de Ruby negándole el paso. Solo podía tapar su boca y rogar porque ningún sonido saliese.
"Buen trabajo, ¿Y el auto de la señorita Schnee? ¿Ha tenido algún percance?"
Su apellido sonó tan sexy en los labios de Ruby, sobre todo cuando sentía la mano de esta avanzar cada vez más, estaba segura de que podía sentir el calor abrumador de su centro.
Estaba ardiendo, más y más.
Como siempre, su cuerpo era receptivo ante Ruby, incluso más de lo que pretendía ser. Era algo innato. Había una magia en el tacto de la mujer que la hacía sentir tan vulnerable y segura al mismo tiempo, era un deseo que nunca antes había sentido. Y ese beso...
Ese beso la había encendido más de lo que creía posible.
"¿La luz trasera? Eso podría ser peligroso, hay que cambiarla."
Ruby sonrió al decir 'trasera', su mano deslizándose hacía la parte trasera de su muslo, rozándola. Tembló. No podía ni siquiera juntar las piernas, así que se sentía aún más expuesta.
Quería a Ruby adentro, lo deseaba, lo anhelaba, ya ni siquiera le importaba si era correcto o no, o si su relación se había reparado lo suficiente para dar aquel paso. Solo quería hacerlo con ella una vez más, una y mil veces más. Estaba ardiendo, la mano jugando con su piel, rasguñándola, moldeándola, y era eso suficiente para humedecerla, para tentarla.
Su corazón comenzó a resonar en sus oídos, mostrándole lo eufórica que estaba.
Como quería que esa llamada nunca acabara.
"De acuerdo, sigue con eso y luego lo llevas la limpieza. Gracias."
Apenas y escuchó las palabras de Ruby, sin entender su significado, el calor nublando su cabeza, sobre todo cuando esta llevó su mano hasta su centro, o al menos muy cerca, lo suficiente para sentir uno de los dedos de Ruby rozar su ropa interior.
Soltó un gemido, no pudo controlarlo, fue demasiado abrupto.
Se sintió en pánico, mirando a Ruby, la cual sostenía el celular en su mano. Una expresión sorprendida, o más bien, fingiendo inocencia, pasaron unos segundos para que esta sonriese y llevase el teléfono a su oído, escuchando como la línea ya se había cortado, la llamaba finalizada.
Pudo respirar en paz.
Ahora lograba encontrarles sentido a las palabras de Ruby, se había despedido.
La miró, enojada y avergonzada, sintiendo sus ojos humedecidos y sus mejillas ardiendo, y le dio un golpe a esta en el hombro.
"¿Como se te ocurre hacer eso? ¡Eres una idiota!"
Le gritó, genuinamente molesta.
Eso fue más de lo que podía soportar, Ruby solo estaba jugando con ella.
Volvió a golpearla, esta sin hacer ningún gesto de arrepentimiento, por el contrario, parecía aún más divertida, como una niña pequeña. La sacaba de quicio, pero le trajo buenos recuerdos del pasado.
Su mano fue detenida por la ajena, la mano grande de Ruby sujetando su muñeca.
Perdió el aire cuando Ruby se acercó, besándola, callando sus protestas.
No pudo hacer nada más que perderse en los labios de esta. Simplemente era débil, y no podía enojarse con Ruby. Era imposible. Mucho menos ahora, que conocían el sentimiento de la otra, que era correspondido, sin miedos ni nada entre ambas. Volvió a abrazarla por el cuello, sin contener el alivio y la tranquilidad que le daba esa cercanía.
Soñó con besar a la mujer, durante mucho tiempo, y ahora, podía admitir que no quería dejar de hacerlo. Podía estar todo el día ahí, no le importaba. ¿Como pudo aguantarse tanto tiempo? Debía darle crédito a su fuerza de voluntad, aunque ahora ya no tuviese ni una pizca.
Las manos de Ruby volvieron a moverse por sus piernas, rozando su piel, masajeándola como solo esta podía hacerlo. Se vio jadeando en los labios de la mujer, disfrutando de nuevo de el sabor ajeno, de la cercanía, de lo cálido de sus rostros pegados. Era impresionante como algo tan simple podía encenderla, solo se estaban besando, pero fue suficiente. Y ahora, con las manos de esta escalando por sus muslos, solo podía hacerla sentir aún más agitada.
"Deberías detenerme, Weiss."
Ruby le dijo, tomándose un segundo para hablar y retomó de inmediato los siguientes besos. Pensándolo así, debería. No estaba bien, y podía entender que no era el momento, aun así, era obvio que Ruby se había entusiasmado, y sus palabras tal vez fueron solo la última pizca de raciocinio que le quedaba.
Sin embargo, no pudo decir nada.
Tampoco le quedaba mayor raciocinio, ni fuerza alguna para luchar contra sus propios instintos.
Una mano llegó a uno de sus pechos, mientras la otra se aferraba a su muslo. Soltó un suspiro, intentando controlar sus sonidos. Cada toque de Ruby era intenso, suave y cálido, tal y como lo recordaba. Comenzó a masajearla, y se vio apegándose más, conteniendo sus gemidos lo suficiente para que solo Ruby pudiese oírla.
Su cuerpo acercándose a las manos que la tocaban para aumentar la fricción.
Estaba enloqueciendo sin control.
Toc – Toc.
Las manos de Ruby se quedaron de piedra, al igual que su persona. Se quedaron petrificadas mirándose la una a la otra, y luego sus miradas se fueron hacía la puerta. Era obvio que alguien había golpeado. Oh Dios, esperaba que nadie la hubiese escuchado, ¿Eso esperaba? Por un momento creyó que deseaba ser encontrada en el acto, ser encontrada con Ruby.
La mujer estaba roja como su camisa, mientras parecía mirar la puerta con cierta confusión, como si no estuviese segura del todo si golpearon la puerta o no. Sus instintos animales demasiado intensos para pensar en su alrededor, para ponerle atención a su alrededor.
"¿Sí?"
Ruby habló, su voz más gruesa de lo normal, debido a todo el aire perdido y el evidente calor de la oficina. En ese instante quiso volver a besarla, sin importar que la persona de afuera pudiese escuchar. Sin importarle que cualquier persona pudiese oír lo que ahí sucedería.
Le importaba una mierda.
"Jefa, tenemos un problema en la entrada con un cliente. Exigió hablar con usted."
Ruby parecía resignada, pero al mismo tiempo aliviada. Al parecer había cierta incertidumbre en ella, en avanzar, en hacer algo ahí, en ese lugar, en ese instante. Y la entendía. No debían acelerar tanto las cosas.
Aun así, también sentía enojo de no poder finalizar lo que empezaron.
"Voy de inmediato."
La mujer se separó, creando un mayor espacio entre ambas, y le ofreció las manos, al parecer para ayudarla a bajar del escritorio, y aceptó de inmediato. Se sentía húmeda aun, caliente, aun así, esa sorpresa fue suficiente para enfriar un poco su cabeza. Hubiese agradecido que golpeasen antes de que su cuerpo se pusiese así de eufórico.
"Espéreme aquí, señorita Schnee, vuelvo enseguida."
Ruby le dio un beso en el dorso de la mano, y se sintió nerviosa aun con el simple gesto, y a la vez aún más enamorada de lo que ya estaba. Esta le guiñó un ojo y se acomodó la ropa antes de salir por la puerta.
Al menos iba a poder tomarse un respiro.
No tenía duda que ambas iban a necesitar un tiempo a solas, lo más pronto posible.
Capitulo siguiente: Promesa.
Ay, ustedes, que sucias ah. Pero quien soy yo para culpar a las necesidades del cuerpo animal, si yo misma vivo sufriendo por esas cosas.
Esperen un momento… ¿Significa que se vendrán situaciones subidas de tono? ¿Acaso volverán esos momentos candentes? Pues por supuesto si, esa era la gracia de esta historia en un principio y luego puse demasiado contenido en algo que iba a ser sexo a lo loco. Ahora la pregunta es, ¿Sera para mejor o para peor?
Nos leemos pronto.
