Red Velvet
Capítulo 43: Promesa
…
Ruby volvió quince minutos después. Esta apenas entró en la oficina, fue a abrir un poco la cortina y a desabrocharse el primer botón de su camisa, notablemente agobiada, pero parecía tranquila. Por su parte, su cuerpo se calmó lo suficiente, así que no iba a lanzarse hacía la mujer, lo que podría ser tomado tan bueno como malo.
¿Las cosas entre ambas se habían arreglado realmente?
Sentía que no merecía desear a esa mujer, porque Dios como la deseaba, en más de un sentido. Ahora que sus sentimientos eran recíprocos, sin la prostitución entre medio, dudaba que pudiese contenerse demasiado.
Ruby tuvo una larga discusión con un hombre que quería un producto sin stock, y ya se le había dicho de antemano que el producto iba a llegar en los próximos días, pero él lo quería de inmediato. Al parecer el mayor problema fue que este exigiese hablar con el dueño del taller, y como resultó ser una mujer, perdió un poco los cabales. Le impresionaba algo así, ya que, si bien en Atlas eran bien tradicionales, muchas empresas eran ya lideradas por mujeres, como la compañía Schnee, sin ir más lejos, o la de Coco, la cual construyó su imperio con los cimientos que su familia le facilitó.
Tal vez era más normal hoy en día, sin embargo, la mecánica seguía siendo pensada como una labor de hombres, y honestamente, también pecó de pensar así, ya que le sorprendió cuando supo que Ruby sabía de autos, lo que era extraño. No se lo esperó para nada.
Ahora no podía pensar en un taller y no tener a Ruby en la cabeza.
Ruby lo solucionó en calma, y si bien sabía que esta era humilde con lo que era capaz, por lo mismo tenía claro que debía subirle el perfil a la situación. Era una líder conciliadora, no tenía duda de eso, así que el problema se arregló rápidamente. Le hubiese gustado ver aquello, pero se limitó a dejar a la mujer trabajar en paz.
El encuentro que tuvieron antes de que interrumpieran quedó olvidado, y se pusieron a hablar de trabajo y esas cosas, como la situación con el sujeto en la entrada de la tienda. Hablaron de lo que era andar al mando de personal y esos problemas que ocurrían cuando llegaba algún tonto a exigir algo tonto. Al final estuvieron un buen rato simplemente riéndose de esas cosas. Se sentía bien, nada de tensión entre ellas por lo que pasó. Realmente le agradaba esa comodidad que se generaba entre ambas. Era así antes, y se alegraba de que siguiese así. Era una de las razones por la que amaba a Ruby, y era el que su relación fuese cómoda, sin importar el lugar o lo que hubiese sucedido, siempre podían reír al respecto.
Perdió la noción del tiempo, y solo se dio cuenta de la hora cuando Ruby recibió otro llamado.
"¿Sí? ¿Está listo?"
Ruby le dio las gracias a la persona del teléfono y se levantó, acercándose y una vez más, ofreciéndole la mano. Le gustaba eso, desde el inicio de su relación. No dudaba en aceptar el gesto. No es que quisiese irse y dejar esa comodidad, pero había disfrutado de ese momento juntas, simplemente hablando, y antes, besándose. No podía evitar sentir melancolía con cada cosa que ocurría, lo que le mostraba cuanto necesitaba a Ruby a su lado, y no solo eso, aprender que ahora todo sería aún mejor que antes.
Ruby iba a abrir la puerta, pero se apresuró. Tomó la iniciativa, impidiendo que la puerta fuese abierta.
La mujer dio un salto, sorprendida, y le causó regocijo el verla así, era adorable. La tomó de las mejillas, y se acercó para besarla. No se separó de ella, y Ruby tampoco hizo ningún gesto para alejarse, por el contrario, sintió la mano de esta posarse en su cintura, acortando la distancia entre ambas al apegar sus cuerpos.
Se separaron luego de un rato, y no quería separarse, claro que no, aun así, debían hacerlo, al menos agradecía el poder despedirse así en vez de quedarse sin tener un beso de despedida, ya que hacer eso con los empleados ahí presentes podría atraer atención no deseada.
Quizás iba a verse atraída por los besos al verse y al separarse, le gustaba la idea.
Ruby le sonrió, cálida, feliz, casi como un cachorro, y no se arrepintió de haberla besado.
Finalmente salieron de la oficina.
Caminaron la una al lado de la otra, con la distancia apropiada entre socias.
Notó su auto estacionado al otro lado del lugar, se veía limpio, casi brillante, como nuevo. No iba a decir que su auto estaba sucio, porque tenía cuidado, y en su casa se encargaban de hacerle limpieza exterior una vez a la semana a todos los vehículos de la mansión. Aun así, era visible que hicieron un buen trabajo. Ruby se apresuró para abrir el capó, y mirar dentro. Se acercó también para ver, incluso los interiores relucían. La mujer pasó un dedo por lo que deducía que era el motor y su mano salió limpia, no como antes. Ruby parecía orgullosa del trabajo, e incluso le dio unos pulgares arriba a un chico que ahí daba vueltas, al parecer quien había hecho la limpieza. Brillaba por dentro y por fuera.
Ruby cerró el capó y la miró.
"Todo listo, señorita Schnee, espero tener todo listo pronto para que le llegue el aviso acerca de los cambios que debe hacerle al vehículo."
Esta estaba muy enfrascada en su pose de socia, y encontró divertido el tentarla un poco, de todas formas, no notaba a nadie cerca de ellas.
"Eso será en un año más, espero verla más pronto que eso."
Notó como el rostro de Ruby se encendió un poco, sorpresa en su mirada, y sus plateados miraron alrededor lo más disimuladamente que era posible. Esta terminó masajeando su nuca, ya sin poder aguantar el acto. Cuando esta la miró, parecía menos nerviosa.
"Si quieres podrías venir a mi casa algún fin de semana, y así poder hablar más en calma, te mandaré la dirección por mensaje."
Pestañeó dos veces, incrédula. Miró alrededor una vez más para asegurarse que nadie estuviese lo suficientemente cerca para oírlas.
"Pero yo sé dónde vives, Ruby, ha pasado tiempo, pero lo recuerdo."
Ruby pareció sorprendida, y luego rio, metiendo sus manos en los bolsillos. Notó cierto nerviosismo en ella, sobre todo cuando levantó los talones. Parecía en conflicto, algo melancólica incluso.
Se dio cuenta que algo no andaba bien.
"Ya no vivo ahí, Weiss."
¿Que?
"¿No? ¿Por qué?"
Los plateados miraron algún lugar en el estacionamiento, pensativa.
"Coco creyó que lo mejor era que viviese en un lugar mejor, y bueno, Yang estuvo de acuerdo, así tendría la casa para ella sola, aun así, no quiso que me fuera cuando ya tenía las maletas listas y bueno, yo tampoco quería irme, fue difícil dejarla de una forma tan abrupta."
"No puedo creer todo lo que te ha hecho pasar Coco, voy a regañarla cuando la vea."
Ruby soltó una risa, animada, ya dejando al lado ese nerviosismo.
"Supongo que quería que toda mi nueva identidad empezara de cero sin dejar ningún tipo de vestigio. Me dolió dejar a Yang tanto como aparecer en este mundo nuevo. Siempre hemos estado juntas, y si bien pensé que dejar el Red Velvet era suficiente, entendí que no lo era del todo, y que tenía que hacer otros sacrificios."
Iba a llevar una mano hacía la mujer, pero se atrapó antes de hacerlo, deteniendo sus movimientos. No podía evitarlo, cuando la veía así, solo quería apoyarla, tocar sus mejillas, acariciar su corto cabello de la nuca, abrazarla. La misma Ruby la había acostumbrado a todo eso de los abrazos y las caricias. Le era difícil. Sin embargo, la mujer notó el gesto, y le dio una sonrisa, entendiendo su intención.
"Imagino que la extrañas."
Ruby soltó un suspiro, se veía agotada mentalmente con la simple idea de su hermana en la cabeza.
"Si, nos hablamos a diario al menos, y bueno, Yang aprovechó sus ahorros para despreocuparse un poco y viajar. A ella siempre le gustó eso, la aventura, pero como tuvo que cuidar de mí, se limitó mucho, al menos ahora se ganó unas vacaciones y aprovechó la ocasión para calmar un poco su cabeza. Es difícil para ambas, el cortar lazos de esta forma, al menos ella no lo tomó personal, no hubiese querido que nos separáramos de una mala forma."
Podía notar tristeza en los ojos plateados. Ella de primera mano sabía lo que era romper lazos con un pariente, con su hermana mayor. Ambas se separaron, porque siguieron caminos distintos, y luego el rencor empezó a apoderarse de las dos. Al final del día, pasaron de ser hermanas, a ser simples desconocidas, casi enemigas. A veces extrañaba mucho a Winter. Le enseñó muchas cosas cuando eran niñas, y la ayudó a crecer, pero al final, siempre la decepcionó, con su rebeldía y con sus decisiones.
Se alegraba de que Ruby y Yang pudiesen seguir siendo hermanas al final del día, no como ella con su relación rota, con su familia rota, donde no podía contar con ninguno de ellos para absolutamente nada. Solo eran desconocidos, enemigos incluso, con los que tenía memorias felices de su infancia.
Nada más.
"No importa lo que pase, sé que su relación seguirá fuerte a pesar de que estén lejos la una de la otra."
Le dijo a la mujer, aun sintiendo ese dolor latente en su cuerpo, pero su propia infelicidad no iba a nublar el positivismo que le quería dar a la mujer. Ruby le sonrió de nuevo, su sonrisa grande y cálida.
"Gracias, Weiss."
Le sonrió también, genuinamente feliz. Al final, olvidó por completo su posición de socias, y simplemente eran Ruby y Weiss, siendo ellas mismas al lado de la otra.
Y adoraba eso.
…
Realmente aun no superaba el que Ruby tuviese que dejar a Yang.
No dudó en llamar a Coco en los días siguientes para regañarla. Al menos sabía que su amiga era una buena persona y que no dudaba en ayudar a alguien, lo tenía claro, pero a veces se demoraba en tener una actitud apropiada para la situación. No podía evitar imaginar a Ruby llorando mientras hacía sus maletas porque Coco le consiguió otro lugar donde vivir. Dudaba que esta le hubiese dado tiempo para asimilar la situación. Esta le aseguró que intentó ser lo más suave con Ruby de lo que era capaz, porque sabía que ella misma iba a regañarla si la trataba mal, y si, era cierto.
Se conocían hace muchos años, así que podían adivinar la reacción de la otra ante diferentes situaciones, y esa no fue diferente.
Se vio sonriendo cuando Coco le dijo que la invitó a comer a una pastelería luego de que la hiciese dejar su casa, y ahí recién Ruby parecía animada y dejó de lado su mueca de perro triste, y esa simple frase fue suficiente para imaginarla. Esa expresión era adorable, aun así, le rompía el corazón.
Ver a su Ruby triste era algo que jamás dejaría de dolerle, estaba segura de eso.
Al final de la llamada, volvió a agradecerle a su amiga por todo lo que hizo por ambas, por la relación de ambas.
"Haría lo que sea por mi mejor amiga."
Si, era su mejor amiga. Aunque siempre le reclamase o se viese sacada de quicio, Coco era lo que creyó que no encontraría en Atlas, y la ayudó en momentos muy dolorosos de su vida, y ahora no fue la excepción. Estaba agradecida de conocerla.
Había resuelto un tema pendiente.
Ahora solo quedaba volver a hablarle a Ruby. No se habían mandado mensajes mutuamente desde hace mucho, y se vio nerviosa de hacerlo.
Escribió una y otra vez, borrando el mensaje cada vez que lo finalizaba. No se sentía lista para hacer eso, nada parecía ser lo correcto. Si, con Ruby podía hablar de todo, y siempre era agradable, aun así, dar los primeros pasos era algo completamente tortuoso ante su falta de confianza. Obviamente Ruby le contestaría sin importar lo que escribiese, fuese complejo o casual.
Aun así, era difícil.
Tomó aire.
"Buenas tardes, Ruby, estuve hablando con Coco para regañarla, y me contó que fueron a comer juntas a una pastelería para subirte el ánimo."
Se quedó mirando el mensaje, notando como sonaba como si estuviese celosa. Bueno, una parte de ella lo estaba, ya que nunca pudo salir con Ruby.
Iba a borrarlo de nuevo, pero lo envió sin querer.
Se dio un golpe en la frente, sintiéndose tonta. Nunca iba a superar eso. Dejó el celular de lado y siguió con lo suyo, aun sintiéndose avergonzada por su torpeza.
Minutos después su teléfono vibró, así que volvió a mirar la conversación.
"Ah sí, no parece ser muy buena para consolar a las personas. Pero, Weiss, ¿Acaso estás celosa?"
Si por un segundo creyó que Ruby no lo notaría, pues estaba muy equivocada. Obviamente Ruby iba a notarlo, o quizás no lo notó, pero quiso burlarse de todas formas, como sea, al final iba a estar avergonzada.
"No."
Respondió, pero luego siguió escribiendo.
No podía no ser honesta con ella...
Luego de todo lo que Ruby hizo por ella, no podía aceptar el mentirle de ninguna forma, no se merecía algo similar.
"Un poco. Siempre quise poder salir contigo, sin importar a donde, simplemente estar un rato juntas sin ocultarnos."
Ruby le respondió un rato más tarde, un montón de caras sonrientes y corazones antes de su mensaje escrito.
"Ahora podremos tener más libertad y podremos hacer cosas así, aunque el plan es tomarlo con calma, ¿No? Aun debemos mantener las apariencias."
Sonrió. Ruby era madura, y ahora entendía como esta estuvo manteniendo un bajo perfil desde el comienzo, entendiéndola, comprendiéndola, y dándole la última palabra. Agradecía eso, se sentía más tranquila, con menos miedo del futuro.
"Dijiste que me ibas a invitar a tu nueva casa primero, luego podremos pensar en salir a algún lado cuando la situación de la sociedad se calme un poco. Conozco muchos lugares que te van a encantar."
Ruby parecía animada, un montón de caritas felices llenándole la pantalla. Seguía sintiéndose igual que antes, y eso nuevamente la dejaba tranquila. Ya no había tensión entre ambas, ni nada que las separase.
"¡Lo espero ansiosa! Si quieres puedes venir el próximo sábado, el taller funciona solo los días de semana, y no hay nada más feliz que tener sábado y domingo para descansar, así que felizmente te recibiré."
Soltó una risa, mirando la pantalla. Antes Ruby se quejaba bastante con su horario, o sea, no le molestaba, podía con el, pero aun así siempre encontraba el momento para decir cuánto le gustaría tener un horario más fijo y así no tendría que estar revisando sus horarios a cada rato para hacer la más mínima cosa. Ahora era diferente. También le alegraba que esta ya no tuviese que lidiar con los horarios nocturnos, ya que siempre se sentía adormilada.
Se sintió enrojecer, se sentía una gurú de la mujer, una experta.
Probablemente al revés fuese lo mismo.
"Me alegro, Ruby. Entonces te pasaré a ver el sábado."
Se quedó mirando el teléfono, pero se salió de la conversación, solo para revisar su agenda y el calendario. Había algo que no recordaba con claridad y quería asegurarse. Su padre llevaba de viaje todos esos días, desde antes de su cumpleaños, así que quería asegurarse que no fuese a llegar justo ese fin de semana.
Volvió a mirar la conversación, Ruby aun no veía su mensaje, así que volvió a escribir, no tenía nada que perder.
"¿Sería una molestia para ti si me quedo a pasar la noche?"
Se sintió una aprovechada, nuevamente pasando los límites que ella misma se había propuesto. Ni siquiera había considerado lo que significaba el ir a la casa de alguien, ahora que al parecer ambas eran conocidas. Bueno, antes pasaba desapercibida, o al menos su relación con Ruby jamás se hizo pública de alguna forma ni tampoco sus sospechosas salidas hacia cierto lugar y cierta casa, sin embargo, pasar la noche podía significar una mayor probabilidad de ser vista. Pensó en borrar el mensaje, pero Ruby ya lo había leído.
"¿No me dijiste que tu padre se ponía muy molesto cuando no llegabas a dormir?"
Pestañeó, incrédula. No creyó que Ruby recordaría eso. Ni siquiera se acordaba cuando se lo mencionó, tal vez en las incontables veces que hablaban por mensajería.
"Está de viaje, además, no sé si te has dado cuenta, pero ya voy a llegar a los treinta, puedo hacer lo que quiera con mi vida. Aunque he de admitir que prefiero mi vida sin que él comience a hablar de cuidar mi imagen y esas cosas que se vuelve desagradable."
Él la castigó bastante cuando era joven cuando decidía hacer de las suyas para vivir una vida fuera de la mansión, incluso cuando fue mayor. Hubo veces que él ni siquiera se enteró que se escapaba por la ventana, pero a veces se enteraba por periódicos y esas cosas, y eso le desagradaba. Luego en la cena este comenzaba a hablar por horas de lo que era apropiado para un Schnee, y le daba vueltas al asunto sin parar. No es que él se lo prohibiese, con qué derecho, pero aun así prefería evitarse esas conversaciones, ya cualquier tema de conversación era incomodo, y mucho más si era de su vida privada y como ella manejaba su tiempo libre.
Ruby le respondió con caras riendo.
"Es un secreto entonces, puedes estar tranquila, soy una tumba."
Soltó una risa. Si, lo tenía claro. Si Ruby quisiera lastimarla con algo, habría sido la primera en hablar y decirle a cualquier medio de comunicación que Weiss Schnee se acostaba con una prostituta, pero jamás hizo algo así. Era confiable.
Se sintió enrojecer, ahora teniendo en cuenta que Ruby sintió cosas por ella desde el comienzo, así que con mayor razón se comportó de manera magistral.
"Gracias, Ruby. Se que podía contar contigo."
"Honestamente, siento que me costaría más siquiera ver a tu padre de frente que simplemente revelar tus secretos. Me has dicho tantas cosas que lo imagino como el villano de un libro, probablemente tiene hasta cuernos."
Soltó una risa, la imagen mental apareciendo en su cabeza.
"Si, estoy segura de que sería el villano. ¿Recuerdas a Blanca nieves? Él probablemente sería la reina malvada."
Ahora aparecieron un montón de emojis sorprendidos.
"¡Oh! No puede ser coincidencia que te llames así. ¡No se te ocurra comer ninguna manzana!"
Se sentía un poco tonta estando en su oficina riendo como una adolescente, pero no podía evitarlo, las actitudes de Ruby simplemente la hacían sentir así de bien. Prácticamente podía ver su expresión llena de euforia. Le encantaba.
"No comeré ninguna manzana, seré cuidadosa."
"Uff, menos mal. No sé qué sería de mi si te pierdo de nuevo. Pero descuida, ¡Te daré un beso para salvarte la vida, los besos que necesites!"
Ahora estaba ardiendo en llamas, incluso sus orejas debían de estar rojas. Se llegó a ahogar y comenzó a toser. Fue tanto así, que no pasaron ni diez segundos para que su secretaria corriera a socorrerla, un vaso de agua en una de sus manos. Se quedó ahí, en su asiento, tosiendo con el rostro rojo. Al menos la pelinegra no podía notar su vergüenza, solo la veía roja por el ataque de tos, nada más, lo que debía agradecer.
La dio las gracias a la mujer, tomándose el agua, recuperando su compostura.
"¿Esta bien, Señorita Schnee?"
Habló, pero su voz salió rasposa, así que se limitó a asentir. Al menos ya no tenía tos. Cuando volvió a estar a solas, miró el aparato con cierta molestia. El leer besos y que se lo dijese Ruby, le traía recuerdos de la última vez, y no solo eso, la ternura en la primera parte era muy tierna, era débil, demasiado. No, debía conservar la calma, pero su principal instinto era reclamarle.
"Casi me matas."
"¿Te ahogaste?"
No supo qué clase de poderes mágicos tenía Ruby para adivinarlo, pero solo pudo darle la razón.
"Te seré sincera, por una parte, me siento mal por decir lo que dije y hacerte daño, pero por otra parte es como que al fin tuve mi venganza por aquella vez. Así que estoy semi triste y semi feliz. Uh, trisliz."
Por dios. Ya no sabía si reír o no.
No se demoró en captar a que se refería Ruby, y era a aquella vez cuando le mandó una foto algo sensual, y le causó que esta se ahogase con su cena. Si, era una venganza, no tenía duda de eso.
"Intentemos no asesinarnos mutuamente, es lo único que pido."
Ruby le mandó más caras sonrientes y corazones. Le gustaba todo eso, realmente era adorable. Era algo que quiso siempre, y ahora se daba cuenta que valía la pena.
"¡Promesa!"
Era una promesa.
Volvió a reír, esperando con ansias el ver a la mujer.
Capitulo siguiente: Melancolía.
A veces pienso y me sorprende la cantidad de capítulos que ya llevo subidos, y es como si ayer no más la hubiese empezado a subir, y es como, no, como voy a ir en el cuarenta. Aún nos quedan emociones, espero sigan disfrutando esta historia.
Nos leemos pronto.
