Red Velvet

Capítulo 44: Melancolía

Condujo su vehículo, sintiendo sus palmas sudar en el manubrio.

Era la primera vez en mucho tiempo que iba a ver a Ruby en total privacidad.

Miró de reojo su teléfono, el cual le indicaba el camino a seguir para llegar a su destino. Las calles parecían andar en calma, y ya había olvidado lo que era salir los fines de semana. Le costó siquiera volver a la peluquería o a hacer sus uñas, y lo solía hacer luego del trabajo, porque salir los sábados le dejaba una sensación amarga. Era una rutina a la que se había acostumbrado, y era difícil recuperar la normalidad sin sentir esa punzada de dolor al pensar en esa felicidad pasada que ya no existía ni existiría.

Al menos no era el caso.

Gracias a Ruby, eso no iba a ocurrir.

Llegó a un edificio alto de cuatro torres, a solo unos minutos del centro. Los había visto desde su oficina, eran relativamente nuevos, pero no sabía que se trataban de edificios residenciales. Dio la vuelta, siguiendo uno de los letreros para bajar al estacionamiento. Había un portero en ese lugar, impidiendo la entrada de cualquiera. Este miró su patente, al parecer la anotó, y le cedió el paso. Le preocupó que tuviese que verla para darle sus datos o algo similar, pero Ruby le dio su patente para avisar de que sería una invitada asidua, y eso le causó cierta vergüenza. También le impresionaba que Ruby se hubiese aprendido su patente, pero al tener los datos de su vehículo por el taller, no debía costarle el hallar esa información.

Bajó por el subterráneo, buscando el número que Ruby le había indicado. Antes de ver el número de estacionamiento, encontró estacionado el Red Velvet. Si, era de Ruby, no tenía duda alguna, sobre todo al notar que el numero indicado estaba justo al lado, no podía ser coincidencia. Apagó su auto cuando quedó al lado del modelo rojizo. Era tan Ruby, no podía parar de decírselo, incluso se la imaginaba manejándolo rápidamente por las autopistas.

Avanzó hasta el elevador más cercano.

Sintió que andaba vestida un poco de incógnito, y bueno, era así, aun así, el estacionamiento estaba desierto. Había varios autos estacionados, sí, pero parecía aun bastante desocupado, y culpaba a que el edificio era bastante reciente y debían quedar algunos departamentos sin dueño.

Apretó el número del piso que quería, y esperó hasta que las puertas se abriesen, estaba nerviosa, sus manos aferrándose a su bolso.

Se movía de un lado a otro, mirándose en el espejo del lugar, arreglando su cabello o asegurándose de no haber cometido algún error al maquillarse. Sin ser consciente había vuelto a maquillar su cicatriz, no tanto como cuando estaba comprometida, pero lo suficiente para que pasara más desapercibido. Ahora se daba cuenta que era un error el haberlo cubierto, al menos se sentía mal luego de que Ruby la animase a llevar su cicatriz con orgullo.

Al ver su cicatriz ahora no recordaba a su padre, no, ahora recordaba a Ruby, entonces se vio ocultándolo. Era tonto, pero le sorprendía lo mucho que afectó la mujer en su vida. Ahora sentía que podía volver a vivir una nueva realidad, y una mejor. Incluso ya se sentía con más energías, con más ánimo, incluso con más apetito.

Las puertas se abrieron y se encontró con un pasillo que se veía más elegante de lo que esperó, el suelo estaba alfombrado y las paredes relucientes. Se veía moderno y bien cuidado. Avanzó, sus tacones ya no sonaban al ser acallados por el piso. Había pocos departamentos en esa planta, así que asumía que debían ser considerablemente grandes.

Encontró la puerta indicada, y se quedó mirando la fachada de esta por más tiempo del necesario. Volvió a tener memorias de esos tiempos cuando le daba visitas a Ruby.

Siempre sentía tantas cosas, siempre diferentes, nuevas, era fascinante.

La puerta se abrió de la nada, y se sintió en la misma posición que muchas otras veces.

Se encontró de frente con Ruby. Sus ojos plateados la miraban con sorpresa, casi como si imitase su propia expresión. Se vio sin palabras, recordando porque motivo estaba tan nerviosa. Respiró profundo, calmándose, cuando Ruby le sonrió y le hizo un gesto para que pasara.

La miró, buscando una distracción de su nerviosismo.

Parecía que esta había tomado una ducha hace no mucho rato, su cabello aun con rastros de humedad, algunos de sus mechones estaban completamente desordenados. Tenía los pies descalzos, parecía cómoda. Tenía una camiseta roja holgada, unos shorts negros, ambos parecían de marca ante la notoria calidad de la tela, obviamente Coco no iba a dejar nada de mala clase en el guardarropa de Ruby, incluso si se trataba de ropa tan informal como esta solía usar.

Notó una gargantilla gruesa negra en su cuello, además de unos pendientes simples que acompañaban sus perforaciones. Esos detalles parecían resaltar aún más al estar vestida así de cómoda, y sin esa mascara de formalidad que debía tener puesta en el taller. Le agradaba que esta no dejara de usar sus accesorios, y se viene incluso más alejada de quien solía ser antes.

Normalmente la encontraba adorable, pero ahora, con su cabello más corto y esos objetos más notorios, se veía más intimidante que antes, también más madura.

Quiso distraerse de sus nervios, pero solo terminó más nerviosa.

"¿No estás demasiado abrigada para esta época del año, Weiss?"

Ruby la miró, ladeando su rostro en curiosidad, pero su sonrisa parecía una de burla.

Se miró a sí misma, y luego a Ruby. Si, estaban en primavera y ella tenía un abrigo y una bufanda, y apenas usaba esas prendas en pleno invierno. Claro, era su atuendo de ir incógnito. Se comenzó a quitar el exceso de prendas, sintiéndose avergonzada, aún más que antes, también aprovechó de sacarse los zapatos, para imitar un poco a Ruby. Si bien en Atlas no era un lugar caluroso en ninguna época del año, Ruby sabía exactamente lo acostumbrada que estaba al frio, además que el departamento tenía una temperatura bastante alta.

Ruby de inmediato se acercó para ayudarla con su ropa y colgarla en el perchero. Se quedó con un vestido largo blanco, y era lo suficiente considerando lo agradable del clima dentro del departamento.

Ahora se tomó el tiempo de mirar a su alrededor.

La entrada era amplia, y se topó con una barra que separaba la cocina de los otros ambientes, se veía espaciosa. A su derecha estaba la sala de estar y el comedor, era una mesa para seis personas, y al fondo, al lado del ventanal, había unos sillones frente a un televisor. Al fondo, frente a la puerta, había una entrada, al parecer para ir al dormitorio, pero considerando el espacio, probablemente fuese de dos habitaciones. Era grande para una sola persona. Se notaba que era un departamento nuevo, ya que no tenía prácticamente ningún objeto personal, todo parecía nuevo y diseñado por alguien más.

No es que su casa anterior tuviese muchas cosas, pero al menos podía imaginar a las hermanas moviendo y comprando las cosas a su antojo y estilo, sin embargo, esta decoración parecía sacada de una revista.

"¿Qué te parece?"

Ruby le preguntó, quitándole el bolso de encima. No estaba muy pesado, solo llevaba un cambio de ropa y algunos productos como su maquillaje y su acondicionador especial.

"Le falta personalidad."

No supo si era irrespetuoso ser tan directa con eso, pero notó alivio en el rostro de Ruby.

"Si, lo sé. No me he tomado el tiempo de comprar nada, incluso había unas cortinas horribles y las tuve que sacar porque me daban pesadillas, eran horrorosas."

Soltó una risa al verla así, parecía rendida. No quería asumir, pero probablemente dichas cortinas fuesen más caras de lo que Ruby imaginaba.

"Te ayudaré a buscar algo que grite 'Ruby Rose' para que la decores poco a poco."

Los ojos de Ruby rápidamente se iluminaron. Pudo sentir el cuerpo de está acercándose al propio, su humanidad reaccionando al calor de la mujer, a su aroma a rosas característico. Notó como su sonrisa tenía esa pizca picara que tanto aceleraba su corazón.

"¿Te refieres a ir de compras? ¿Ya estás invitándome a una cita? ¿Tan pronto?"

Se alejó de inmediato de Ruby, manteniendo una distancia sana para su cuerpo hormonal y enamorado, sintiendo sus mejillas arder. Esta simplemente rio al verla avergonzada, como siempre disfrutando de sus reacciones.

No podía quejarse del todo, le gustaba sentirse así, viva.

Sintió las manos ajenas acercándose, posándose cerca de su rostro, peinando alguno de sus cabellos, así como el pulgar, como siempre, pasaba por su cicatriz ahora ligeramente escondida. Ahí recién subió la mirada, observando los ojos plateados que la observaban fijamente, su rostro en una mezcla perfecta de calidez y amabilidad.

Ruby la sostuvo con sus manos grandes, afirmándola de la mandíbula, y se vio apegándose al tacto. Se sentía bien ese calor en su piel, ese calor conocido.

"Quiero que tengamos muchas citas juntas, Ruby."

Habló finalmente, en un suspiro. Ruby la miró, en silencio, pero no había ninguna mueca de disgusto en su expresión, por el contrario, su sonrisa creció mientras asentía.

"Quiero lo mismo, Weiss."

No pasaron muchos segundos para que los labios ajenos llegasen a los suyos.

Adoraba el poder besarla, sobre todo apenas se veían, era algo que la llenaba por dentro.

Se vio disfrutando del aroma de la mujer, así como el sabor de sus labios, ahora ya no era café con crema, si no que era un sabor mentolado, pero aun así podía sentir el sabor a Ruby que empezaba a ser característico, conforme cada beso que se daban.

Ruby no parecía querer alejarse, alargando el beso, y por su parte, tampoco quería. Se aferró a la cintura de la mujer, aprovechando el momento para acercar sus cuerpos. Se sentía tan agradable, no quería que eso se acabase. Pero al final, una tenía que cortarlo, y fue Ruby quien dio ese paso. Estaba un poco decepcionada, pero cuando miró la expresión frente a ella, no siguió teniendo ese pensamiento.

Esta parecía feliz, sonriéndole, y le gustaba verla así.

"Si bien me encantaría estar aquí en la entrada besándote, tal vez debería mostrarte el resto de la casa como buena anfitriona."

Carraspeó en respuesta, sintiéndose avergonzada.

Habían hecho otras cosas en la entrada de la casa de Ruby. Se impresionaba del autocontrol que tenían, o, mejor dicho, se impresionaba del autocontrol de Ruby, porque de ser por ella, habría avanzado todas las bases solo con verla. De hecho, el corto encuentro que tuvieron en la oficina de la menor, fue suficiente para encenderla de madrugada, sus ya reducidas pesadillas desapareciendo y siendo ahora otros sueños los que arremetían. Obviamente lo prefería, pero no ayudaban a que su impaciencia se mantuviese a raya, por el contrario.

Era una mujer muy sucia, de eso se dio cuenta en ese último año.

Ruby soltó una risa al verla así, y sintió el brazo de esta rodeando su cintura, mientras le mostraba algunas partes de la sala de estar y la cocina, que nuevamente se notaba que estaba todo bien equipado. Luego pasaron el marco que supuestamente llevaba a las habitaciones. Había un pasillo, a la derecha del todo había un baño pequeño, al parecer de invitados, al lado había otra habitación, que por el momento estaba completamente vacía.

"Coco me dijo que podría hacer un estudio o algo así, así que quiero pensarlo bien antes de decorarlo."

Podía notar cierta vergüenza en Ruby, mientras soltaba una risa incomoda. Debía ser extraño presentarle a alguien una habitación vacía.

A la izquierda, había una puerta que llevaba al dormitorio principal. También le faltaba personalidad, debía admitirlo, pero tenía una buena vista a la ciudad y un balcón. Tenía una cama amplia y frente a esta un televisor. Notaba el clóset levemente abierto y veía las prendas asomarse en el colgadero, y abajo del todo había unas cajas de cartón apiladas. Al parecer Ruby aún tenía cosas guardadas en cajas, incluso en su habitación antigua tenía algunas. Antes debía de faltarle espacio, y ahora parecía ser otro el problema.

Al lado de la cama había una puerta que daba a un baño privado, mucho más amplio que el otro.

Era un departamento grande, tal vez demasiado para alguien que vivía sola, pero se alegraba de que ahora pudiese optar a algo así. Igual era triste pensar que a Ruby eso debería importarle bien poco, prefiriendo su antiguo hogar, con su hermana, o incluso el anterior a ese, cuando su familia estaba unida.

La buscó con la mirada, sintiendo ese golpe de dolor en el pecho cada vez que pensaba en Ruby, en todo aquello que la hacía sufrir en silencio.

Ruby había abierto el ventanal y el viento comenzó a entrar, moviendo alguno de sus cabellos. Los plateados observaban el paraje, serios, profundos, observando algún punto fijo en el horizonte. Su cuerpo estaba rígido mientras su ropa se meneaba levemente. No parecía sentir frio, sentir nada, se veía tranquila, pero al mismo tiempo melancólica, o tal vez eran sus propios sentimientos juzgándola.

Como sea, no podía dejar de mirarla.

Se vio acercándose, ligeramente preocupada.

Ruby notó su movimiento, tal vez gracias a su buen oído o al verla por el rabillo del ojo, y levantó el brazo. Al principio no entendió la razón de ese movimiento, pero intuyó lo que debía de ser. Al final, con Ruby, todo era mero instinto, de todas formas, con ella estaba acostumbrada a pensar lo menos posible, y era mejor así.

Se acercó, abrazándola por la cintura, mientras Ruby colocaba el brazo levantado sobre sus hombros. Le estaba ofreciendo un lugar para abrazarla, y se alegró de haberlo entendido y no haber arruinado ese momento. Agradecía el haber abandonado sus zapatos en la entrada, y así poder acomodarse de forma precisa en el cuerpo de la mujer.

Ruby la mantuvo sujeta, y por su parte hizo lo mismo.

Los plateados no dejaron de observar el paisaje frente a ellas, y comenzó a hacer lo mismo.

Normalmente siempre que se quedaba observando el paisaje, era como una forma de distraerse de alguna situación desagradable, así que para ser honesta, miraba, pero sin mirar. Ahora era diferente, aprovechó esos segundos de vislumbrar la grandeza del lugar donde vivía. Los largos y modernos edificios, las luces coloridas, los anuncios brillantes. Había vivido ahí toda su vida, así que estaba acostumbrada a eso, pero mirándolo desde ojos extranjeros, debía parecer una ciudad futurista. Y ahora que lo pensaba, Ruby no debía de tener acceso a una vista panorámica como aquella. Su casa estaba en una zona residencial en su mayoría puras casas, ningún edificio, y el otro tiempo lo pasaba en el Red Velvet, oculta en el lugar, sin siquiera ver la luz del sol.

Era realmente otro mundo.

Dejó su tren de pensamiento cuando sintió los labios de Ruby en su cabello, dejando un beso en la zona. Iba a moverse, mirarla, pero esta se quedó ahí, apoyando el rostro en su cabeza y se vio inerte, simplemente disfrutando de la cercanía.

"Debo admitir que muchas veces odie esta ciudad, pero cada vez que miro por la ventana, pienso en lo particular que es. Supongo que los problemas no se ven tan grandes cuando los miras desde esta distancia."

La escuchó soltar una risa, pero no parecía con tanto humor como usualmente, así que podía saber que esta seguía melancólica al respecto.

Quería decirle algo también, quería animarla, quería…

Quería muchas cosas.

"Los problemas tampoco son tan grandes cuando puedes compartir el peso de estos con alguien más. Tú me enseñaste eso."

Le dijo, apegándose más a ella, sintiendo la diminuta distancia entre ambas todavía siendo lo suficientemente extensa.

Para ella fue así, cada vez que habló con Ruby sobre lo que le estaba sucediendo, todo parecía más liviano en sus hombros, el camino parecía más fácil, menos complicado. Ruby le hacía sentir que sus preocupaciones eran efímeras, y luego de un momento simplemente todo eso se desvanecería frente a ella. Al final del día, disfrutaría el momento y cuando tuviese que sufrir, sufriría, pero no alargaría ese proceso más de lo que necesitaba.

Cambió mucho al conocer a Ruby.

Esta la ayudó más de lo que podía siquiera creer.

La menor se removió en su lugar, y luego sintió una de las manos de esta en su mejilla mientras la otra estaba firme en su hombro. Cerró los ojos, sintiendo la leve caricia en su rostro. No se merecía tantos mimos, para nada. Normalmente siempre sucedía algo peculiar cuando estaba con Ruby, donde la veía más joven de lo que era, pero ahora era al revés, ahora era ella misma la que sentía joven. Debía ser como la sujetaba, se sentía protegida. Abrió los ojos, sin aguantar más tiempo sin mirar a Ruby, a su Ruby.

Esta la observaba, sus ojos brillando, incluso aún más con los rayos de sol que entraban por el ventanal.

"Ahora que te tengo a mi lado, ya no duele tanto."

Probablemente se habría puesto a llorar en otra oportunidad, porque las palabras de Ruby le hicieron pensar en todo lo que ella misma vivió, como sufrió mucho y al tener a esa mujer en su vida, todo parecía menos doloroso. Se sentía bien el saber que también la había ayudado, que también fue parte de la mejoría en Ruby. Esta ya se lo había dicho, como cuando estaba asustada y temerosa de sus clientes y luego mejoró, pero entendía que no era algo de solo ese momento, y ahora se sentía algo mejor consigo misma al saber aquello.

Ya no podía mantener sus manos inertes, y las llevó al cuello de la menor, sujetándola, ambos pares de ojos encontrándose.

"Voy a hacer lo que sea para que valga la pena todo el sacrificio que hiciste por mí."

Ruby parecía sorprendida con su declaración, como si buscase la mentira o algo similar, pero no.

Iba en serio, muy en serio.

Estaba harta de huir, harta de ser quien se quedaba quieta esperando a que el mundo girase. Ruby era su mundo entero, y sacrificó a su familia por la relación que tenían, e iba a hacer valer cada minuto de sufrimiento por el que esta tuvo que pasar.

Luego de unos momentos, Ruby sonrió, asintiendo.

Sintió los labios ajenos nuevamente en los suyos, por un breve momento, y cuando esta se separó, pudo notar una sonrisa madura en su rostro, madura y coqueta.

Y pensar que esa sonrisa la vio desde hace mucho, desde los casi inocentes masajes que esta le daba.

¿Ruby quería tocarla de una forma inapropiada desde ese entonces?

No lo sabía, y no tenía la confianza para preguntarlo, probablemente terminaría roja y agobiada con tanta información.

El cuerpo de esta se pegó más al suyo, invadiendo una vez más su espacio personal, y sintió los labios de esta en su mandíbula, junto abajo de su oreja. Tal vez era por la relación que tenían ahora, que el aliento ajeno en su oído le dio más escalofríos que las veces anteriores. Su propio agarre comenzó a flaquear, y terminó aferrándose a la camiseta holgada.

Simplemente era muy débil.

Sintió besos en su cuello, subiendo, bajando, moviéndose por la zona, incluso sintió la lengua de esta en la piel de su oreja, haciéndola temblar.

El aliento cálido entró de nuevo en su oído, y sintió los labios acercarse más y más.

"No sabes cuanto te extrañé."

Por una parte, lo sabía. Pudo notarlo en esos besos apasionados, en cómo está la tocaba en su oficina, controlándose apenas lo suficiente, pero sin ser capaz del todo. Su relación como personas, como amigas, era agradable, podían hablar y reír de todo, con calma y con confianza, pero su relación en la cama era igual de buena. Tal vez era algo innato en Ruby, por haber trabajado en algo así, adaptándose a los diferentes cuerpos y personalidades, pero por su parte no tenía nada de eso, y jamás se había desenvuelto de una manera similar.

Pensar en Ruby con otras mujeres, siempre la hacía sentir amargura, pero las cosas eran diferentes. Ahora eran diferentes.

Mantuvo su cuerpo a flote, volviendo a sentirse como se sentía con Ruby en aquella época. Fuerte, controlada y sexy.

Llevó una mano al cuello de Ruby y enganchó su dedo índice en la gruesa gargantilla de cuero, tirando un poco del ornamento.

Solo un poco de presión fue suficiente para que Ruby se moviese de donde estaba y la mirase de frente.

"Ahora estoy aquí, y eres totalmente mía."

Tal vez creyó por un segundo que se le habían subido los humos a la cabeza por decir algo similar, pero la sonrisa de Ruby le hizo volver al momento y dejar de lado su ansiedad. Podía ver todos los dientes de la mujer en aquella sonrisa, y en esta veía gozo. Ruby parecía divertida, y no solo eso, también emocionada. A pesar de la experiencia de la menor, ahora podía decir sin tapujos que había aprendido a domarla, a conocer lo que le gustaba, y lo que la emocionaba.

No era algo que podría olvidar.

Para ella era fácil leerla, así como para Ruby le era fácil leerla a ella.

Al final, eran la una para la otra.


Capitulo siguiente: Suciedad.


¿Casa nueva, vida nueva? Digamos que la habitación de Ruby es enorme y no tiene prácticamente nada de muebles, eso significa que hay más eco. ¿Es acaso eso una bendición? ¿Perfecta acústica? If you know what I mean.

Pues, ya están sonando las alarmas, al fin llegó el momento, ay.

Nos leemos pronto.