Red Velvet
Capítulo 45: Suciedad
…
Sus gemidos fueron acallados.
Sintió su espalda en las suaves mantas de la cama, prácticamente flotando, teniendo la mano grande de Ruby sujetándola desde abajo de la nuca, el cuerpo de esta sobre el suyo, escalándola.
Aún no había ningún toque pecaminoso, solo eran los labios de Ruby en los suyos. Podía sentir la lengua de esta empujar en su boca, adentrándose, saboreándola. No sabía cuánto rato llevaban ahí, sobre la cama, simplemente besándose. Ruby parecía tomarse su tiempo, pero cada vez sentía los besos más y más apasionados, más intensos, más húmedos.
No se quejaba, se sentía lo suficientemente bien para poder estar haciendo eso todo lo que quedaba de día. No podía cansarse de eso, estaba convencida.
Ahora su sueño de besar a Ruby mientras tenían un momento intimo se estaba haciendo realidad y no podía dejar de sentirse impaciente.
Al final no aguantó mucho más, rodeándola por el cuello, acercándola más, sus cuerpos aun levemente distanciados, pero ya no más. Ruby usó uno de sus brazos para no caer del todo sobre ella, pero aun así sus cuerpos ya podían tocarse. Hubiese deseado no tener ninguna prenda puesta en ese momento, pero no era capaz de desviarse demasiado de esos labios que la devoraban con ímpetu.
¿Qué más podía hacer?
No podía ni siquiera pedirle un tiempo ya que apenas y podía conseguir el oxígeno suficiente para mantenerse respirando. Era difícil, se sentía en una posición complicada. Estaba demasiado ansiosa, no podía creérselo. Debería tomarse su tiempo y disfrutar de la primera vez con Ruby como una pareja, aunque aún no lo fuesen oficialmente, pero…
Solo quería que esta la hiciese suya.
De la nada, Ruby se detuvo, su rostro alejándose solo unos milímetros. Podía notar como los ojos plateados brillaban con curiosidad.
"¿Estás bien?"
Pestañeó sin entender la pregunta. ¿Porque no estaría bien? Esta soltó una risa, casi como si pudiese leerle la mente. Se vio levemente indignada al verla reír ahí tan cerca de ella, pero esta rápidamente cambió su mueca, notándose divertida. Oh no, sabía que lo que sea que iba a salir de la boca de Ruby iba a molestarla e iba a terminar avergonzada. Podía ver el futuro.
"¿Alguien está ansiosa? Al parecer mi pequeña broma en mi oficina te dejó algo impaciente."
Oh, sí que estaba molesta, y roja, claramente.
La miró, frunciendo el ceño mientras esta parecía aun tener esa mirada divertida que la hacía lucir mucho más joven.
Tal debería usar esa molestia a su favor.
Sujetó a Ruby de los hombros, y la empujó. Obviamente era imposible que sus brazos lánguidos pudiesen mover a la mujer de su lugar, pero esta le hizo la tarea fácil, moviéndose tal y como ella quería que se moviese, y lo agradeció. La empujó y la giró, dejándola acostada en la cama y por suerte esa cama más grande permitía aquello sin que terminasen en el suelo como pudo haber pasado antes.
Se subió a horcajadas de la mujer, subiendo su vestido en el movimiento.
Debía admitir que usar vestidos y faldas era súper practico para esos momentos, usando pantalones le sería un infierno.
Ruby quedó bajo ella, sonriendo, su expresión aun no dejaba ese dejo divertido, pero ahora notaba como la lujuria comenzaba a llenar sus facciones. Sus ojos haciéndose más oscuros, más intensos, más salvajes. A esta le gustó reírse de su impaciencia, ahora iba a ser ella quien iba a jugar sucio.
Se acercó lo suficiente, sujetando a la mujer de la mandíbula, y la besó. Ahora era ella quien tenía el control total sobre los movimientos de sus labios unidos. Podía explorarla sin problema alguno, sin sentirse invadida en el proceso, al final, era una guerra. Cuando ya había manejado la situación, decidió iniciar con su siguiente movimiento. Comenzó a mover sus caderas, haciendo fricción contra el cuerpo de Ruby. Notó de inmediato como esta se tensó con los movimientos, y su instinto era sujetarla de la cadera, tal vez para volver a tener cierto control, pero no la iba a dejar. A penas notó las manos moviéndose, las sujetó con las suyas, entrelazando los dedos de ambas, manteniéndola en posición, lejos de su cuerpo.
Ruby soltó un sollozo, como un cachorro, pero no iba a caer ante su manipulación. Este era su momento y no iba a perderlo.
Se sentía bien besarla mientras comenzaba a sentir su centro estimulado de esa forma, usando el mismo cuerpo de Ruby para crear fricción. Se vio gimiendo en la boca ajena, sin poder controlarse del todo.
Estuvo largos momentos ahí, besándola, moviéndose sobre ella, hasta que sintió como las manos que sostenía parecían temblar. No estaba temblando por frio, o por miedo, o por tristeza, estaba temblando de impotencia.
Oh, pobre Ruby.
Los dientes de la mujer parecían querer devorarla cada vez que hallaba el momento, intentando ganarse su posición. Al final esta usó su última alternativa, y fue el mover la pelvis. Soltó un gemido más fuerte al sentir a Ruby moverse bajo ella. Dejó de besarla, solo para mirarla, frunciendo el ceño. ¿Acaso alguna de las dos iba a ceder? Oh no, al parecer no.
Ruby era más fuerte, así que no le costó absolutamente nada el volver a cambiar sus posiciones, dejándola nuevamente con la espalda en la cama. Ahora la pelvis de esta estaba justo frente a su centro, y esta no dudó en hacer fricción. Soltó un gemido, sintiéndose cada vez más caliente. La mujer sobre ella se acomodó, dejando el rostro en su cuello, dejando besos, disfrutando de su nueva posición.
Sabía que la mujer iba a ser un buen cachorro y se iba a comportar si tomaba las riendas, pero ahora notaba en cada fibra de su cuerpo su impaciencia. Tal vez molestarla no fue lo correcto, sin embargo, las manos de Ruby moviéndose por su cuerpo, tocando cada parte de ella, intentando con desesperación desnudarla, era algo que la hacía sentir orgullosa de su papel anterior, lo disfrutaba, se sentía bien.
Por su parte solo levantó los brazos, al menos ayudando a la mujer a eliminar su vestido que al parecer le estaba dando problemas. No pudo evitar la risa que se escapó de sus labios al ver a la menor tan estresada, su rostro rojo, frustrado. Los plateados la miraron, esbozando un puchero. Terminó llevando las manos a las mejillas de la mujer a penas las tuvo libres, sin poder resistirse a esa mueca adorable. Ruby se acercó, llevada por el tacto, y volvieron a besarse una vez más.
Al parecer se habían calmado ambas, o eso notó en los besos que se dieron.
Dio un salto, sus labios separándose de los ajenos solo para soltar un gemido. Una de las manos de Ruby se había movido finalmente hasta su objetivo, y podía ver la mueca malvada en su rostro. Ahora no había tanta impaciencia, pero si notaba como esta no iba a perder más tiempo. Honestamente, poco le importaba. Quería a Ruby dentro apenas la vio, no iba a mentirse a sí misma.
Esta parecía moverse con cuidado, lento, tortuosamente lento, y ya no sabía si esta iba a su ritmo o si simplemente quería hacerla perder la cordura. Como sea que fuere, la sujetó de la nuca, y la obligó a acercarse, besándose una vez más. Ruby sintió su necesidad, era obvio, se conocían demasiado en ese aspecto para que no lo notase. Sintió dos dedos entrar en su cuerpo apenas sintió la lengua ajena en su boca, arrebatándole el aliento, su grito tembloroso se perdió entre sus bocas.
Ruby dejó de besarla conforme sus movimientos se volvían más rítmicos.
Se habría sentido herida, de no ser porque tenía claro que a Ruby le gustaba escucharla en esos momentos, así que no lo iba a tomar personal. No tenía idea de cuan gruesas eran las paredes de esos departamentos, así que por el momento se limitó a que sus gemidos los escuchase solo ella, pero era más fácil pensarlo que hacerlo.
Dentro, fuera, dentro, fuera.
Se vio moviendo las caderas, ya sin poder controlar su cuerpo, lo había extrañado. Había pasado mucho tiempo desde la última vez, y se sentía tal y como lo recordaba.
No, se sentía incluso mejor.
Se apegó a Ruby, sujetándola de donde podía, sin ser capaz de manejar su cuerpo correctamente, llevada por sus instintos. Ruby sonreía, o al menos eso notó cuando el rostro de esta se acercó al suyo.
No había pasado mucho rato, pero quería venirse, lo necesitaba.
Y Ruby lo notó, así que esta se acercó, y la besó, sus dedos curvándose de la forma precisa, en la forma que la iba a hacer venir más rápido. Solo pudo abrazarla, sin controlar ni siquiera sus labios, los cuales apenas y se movían, la tarea de liberar sus sonidos y controlar su respiración siendo una tarea demasiado difícil en su estado, mucho menos responder el beso como debía, pero a Ruby no pareció molestarle.
Soltó un grito, llegando al orgasmo, sus piernas tensándose y temblando al mismo tiempo, así como su cuerpo. Esa sensación parecía incluso borrada de su memoria, y ahora prácticamente parecía la primera vez. Los dedos dentro de ella se siguieron moviendo, alargando su orgasmo, dándole placer hasta que su cuerpo no pudiese más, y ya no podía más. Se dejó caer en la cama, sus extremidades soltando toda esa tensión, quedando débiles, cayendo por su propio peso.
Se quedó ahí, disfrutando de las sensaciones, e intentando recuperar el aliento. Ruby le dio su espacio, pero la veía cerca, casi como si estuviese esperando el momento preciso para cazar a su presa. Se dio cuenta, tiempo después, que sus labios eran la presa, porque apenas se vio más compuesta, Ruby le dio un casto beso, mientras tenía una mueca adorable en su rostro.
Realmente había extrañado eso.
Y ahora era mucho mejor.
…
¿Había perdido la cordura?
Si no hubiese sido por Ruby, que pidió el almuerzo, tal vez se habría desmayado, pero ya no había vuelta atrás.
Se miró al espejo, necesitaba un descanso y aquella fue la única excusa que tenía, que era ir al baño. Se quedó unos momentos ahí, intentando recobrar el aliento.
Ruby parecía más enérgica que nunca, incluso la sentía más fuerte que antes, y por su parte, era todo lo contrario, hace algunos días que empezó a comer con algo de normalidad, aun no ganaba suficiente peso, y jamás tuvo mucha resistencia. Le iba a doler el cuerpo al día siguiente, estaba segura.
Se acomodó la bata en su cuerpo, una que Ruby le prestó, se parecía a la que usaba en el Red Velvet, así que se sintió nostálgico usarla. Tenía el aroma a rosas, así como se sentía suave al tacto. Le gustaba. Le daba una sensación de tranquilidad.
No supo cuánto rato llevaba en el baño, así que cuando Ruby golpeó, dio un salto de la sorpresa.
"¿Estas bien, cariño?"
¿¡CARIÑO!?
Vio su rostro como cambió de su usual palidez a un rojo furioso. Bueno, con lo sudada que estaba, ya se sentía roja, pero Dios, eso la sorprendió.
Eso no se lo esperaba.
Abrió la puerta, solo para ver a Ruby ahí, una mueca graciosa en su rostro, su cuerpo desnudo cubierto por una bata igual a la que le había sido prestada. Al parecer le dijo ese apodo de adrede para ver su reacción, y esa era, estar roja como un tomate. Coco solía decir palabras así de cariñosas, pero escuchar esa palabra en la boca de Ruby era sin duda mucho más impactante. Ya sabía de quien lo había copiado.
Era vergonzoso, sí, pero era agradable.
Salió del baño, aun roja, y caminó hasta el ventanal, el cual estaba levemente abierto, era obvio que Ruby estuvo ahí durante ese rato y olvidó cerrarla correctamente, así que terminó la labor.
La escuchó reír, está entrando al baño y cerrando la puerta tras ella. Pudo respirar algo más tranquila, sabiendo que está ya no la veía y su rojez no estaba expuesta. Apoyó la frente en el frio ventanal, bajando un poco su calor.
En realidad, no importaba como Ruby le dijese, siempre sonaba bien, así como cuando la llamaba por su apellido, su voz ronroneando las palabras. Era realmente algo único, y se alegraba de que así fuese. Ruby podía decirle lo que sea y sonaría bien. Dios, estaba realmente enamorada, y era tonto decirlo ahora luego de tanto tiempo añorándola, pero era cierto.
Simplemente la amaba.
Se quedó mirando el horizonte, el sol ocultándose lentamente.
Le empezaba a gustar esa vista, le gustaba ese lugar, le gustaba cualquier lugar donde estuviese Ruby. Se sentía cálido, era un segundo hogar. Ruby era su hogar.
Dio un salto cuando vio a la mujer en el reflejo del cristal, sorprendida, al parecer esta salió del baño muy callada. Siempre le impresionaba lo silenciosa que podía ser.
Oh no.
Sus alertas sonaron, pero era demasiado tarde.
Ruby la sujetó de las caderas, abrazándola por la espalda.
En otro momento le habría causado ternura, pero había una sola razón para que Ruby fuese silenciosa, y era cuando sacaba esos dotes de cazador y los ponía en acción para atacarla. Eso significaba que estaba en peligro. La conocía lo suficiente para saberlo. Conocía todas las caras de Ruby, aunque estaba segura que había otras que conocería con el tiempo, y eso la hacía sentir feliz.
Pero ahora, solo debía preocuparse de no desmayarse.
Las manos de Ruby agarraron su carne, tocándola por todos lados, por sus muslos, por su estómago, por su trasero, y luego trabajaron frente a ella, deshaciéndose del nudo de la bata que llevaba. Sintió el aliento hirviendo de esta en su cuello y se vio temblando. Esa Ruby había aparecido y no se iba a ir hasta estar satisfecha.
"Me encanta como te ves de rojo."
La voz que escuchó era ronca, intensa, y se vio encendida solamente con eso. Era suficiente. No supo que hacer con sus manos, las sentía tensas a sus lados, podía saber que estas temblaban al ver su reflejo. El rojo era el color de Ruby, el rojo era el color que esta tenía cuando la conoció, incluso las veces siguientes, nunca faltaba el rojo en ella, así que si, también le encantaba verse con el color de ella. Por su parte, también le gustaría ver a Ruby de blanco. Debería tenerlo en cuenta para el futuro.
"Pero me encantas más sin nada de ropa."
Oh.
Pudo notar las claras intenciones de Ruby apenas sintió la bata soltarse, pero luego tuvo un aviso de su raciocinio, y notó donde estaba, justo en el ventanal sin cortinas ni nada para ocultar su figura del resto de la ciudad. Tuvo cierta reminiscencia del pasado, cuando Ruby tuvo un comportamiento similar, y se vio en esa misma situación, sin poder hacer nada más que dejar que la menor la atacase, aunque esa vez, la mujer decidió ocultarla para tenerla solo para ella, y eso le robó el corazón, ¿Pero ahora? Oh no, Ruby tenía una idea muy diferente, al parecer se quedó con las ganas esa vez.
Se vio en el reflejo, completamente desnuda, el paisaje frente a ella iluminándose ante el anochecer. Podría decir que no se reconocía, como hace unos meses, pero no era así, esa era Weiss, sin duda alguna, y esa era la mujer que quería ver en el espejo por el resto de su vida, no a la otra.
Sobre todo, si iba a tener la figura de Ruby a su lado.
Ruby se apegó más a su cuerpo, podía sentirla empujándola y tuvo que poner las manos sobre el cristal para no perder el equilibrio. El cuerpo hirviendo de Ruby estaba quemándola por la espalda, pero se sentía demasiado bien. No entendía como Ruby tenía las energías, o el calor corporal para seguir una y otra vez, pero no podía hacer nada más. Le gustaba demasiado para que su cabeza la hiciese hacer algo al respecto, como detenerse o simplemente hablar de su debilidad corporal. Podía simplemente tomar las riendas del asunto y detenerla, solo decir su nombre sería suficiente, pero no, no era capaz.
Quería a Ruby, y quería que pasara aquello.
Sin embargo, ahora el mayor problema era su clara ansiedad al verse desnuda donde estaba. Había más edificios, alguien podía verla, era una posibilidad. Atlas era una ciudad grande que no dormía, alguien podía salir al balcón y verla sin problema alguno.
Entonces…
Las manos de Ruby se posaron en sus pechos, masajeándolos, luego sintió los dientes enterrándose en su nuca, mordiéndola con euforia.
No podía ni siquiera pensar, ni razonar, nada, solo se quedó ahí, apoyada del cristal, soltando gemidos cada vez que los dedos de la mujer tiraban de sus pezones. No veía su rostro, pero se lo imaginaba. La escuchaba soltar gruñidos cada vez que encontraba un nuevo sector de su piel para marcar, y como extrañaba que esta hiciese eso con ella. Como extrañaba ver su cuerpo con las marcas que Ruby le había hecho, como la hacía suya.
Dio otro salto cuando Ruby llevó una de sus manos hasta su trasero, masajeándola, moldeándolo, para luego bajar a su entrepierna. Ya se sentía húmeda, y el tacto fue suficiente para hacerla temblar en anticipación. Había cierta calma, y eso la hacía sentir ansiosa, en cualquier momento Ruby perdería el control.
Y así fue.
Se vio presionada nuevamente contra el cristal, y le impresionaba lo resistente que era. Se apoyó en sus antebrazos, manteniendo su cuerpo a una distancia sana del frio vidrio, aun así, la mujer tras ella obligaba a que su torso se apegase más y más, mientras que hacía lo contrario con su trasero, solamente para darse más espacio para tocarla y pasar los dedos por su zona humedecida. Sus pezones tocaron la superficie, y los sintió endurecerse. Debió sentir más frio del que sentía, pero estaba ardiendo, no lo entendía, ya lo habían hecho varias veces, ¿Como es que aun podía sentir ganas de más?
Ruby volvió a morderla, ahora en su espalda, mientras la otra mano ajena bajaba por su abdomen, por su pelvis, para llegar a su clítoris. Se vio doblemente estimulada, sus piernas temblando, debilitadas ante las caricias.
"Weiss, muéstrale a todo Atlas esa expresión que haces cuando te toco."
Oh, Dios.
Cierto. Eso estaba haciendo. Dios.
Volvió a ver pasado su reflejo para notar los edificios iluminados cercanos, como se notaban llenos de vida, como alguien podía verla. Si bien tenían las luces apagadas, la luna podría ser suficiente para que lograse verse su cuerpo, incluso su cabello. No era un don nadie, más de alguien podría reconocerla.
Estaba sintiendo placer, estaba teniendo sexo prácticamente a la vista de cientos de personas.
Se sentía sucia.
Pero lo era.
No podía creer la satisfacción que sentía, era una desequilibrada.
"Muy bien. Muéstrales tu otra cara, muéstrales a la verdadera Weiss Schnee."
Su pánico duró poco, sintiendo aquello tan prohibido y tan inapropiado que le encendía. Debía ser su rebeldía innata que parecía tener más lados oscuros de lo que creía. Al final se enfocó en lo que Ruby hacía, simplemente gimiendo, disfrutándolo, aun así, sus ojos se movían hacia los edificios, una parte de ella, la más retorcida, deseando que alguien la viese, que alguien viese como Ruby Rose la hacía sentir. Como Ruby Rose la follaba y la hacía llegar al orgasmo, una y otra vez. Como la dura y fría Weiss Schnee que todo Atlas conocía se derretía frente a todos, gritando como una gata en celo. Esa era su verdadera cara, no su falso reflejo que aparecía en público o la Schnee que estaba en su hogar, no, ahora solo era Weiss, la mujer que cambió gracias a una prostituta, con la cual tuvo sexo a escondidas durante meses.
Era una desgracia para su familia, pero se sentía tan bien serlo, de todas formas, siempre fue una desgracia para su apellido.
Estaba mancillando su apellido, y Dios como le encantaba.
No se podía sentir mejor.
Escuchó un ruido tras ella, más no pudo reconocerlo.
Dio un salto al darse cuenta de algo extraño en sus zonas bajas. Era la boca de Ruby. Una mano de esta la sujetaba del trasero, la otra seguía masajeando su clítoris. mientras que esta usaba su boca para satisfacerla. Se sintió en una pose aún más pecaminosa que hace unos momentos, y en serio no entendía como aquello la podía hacer sentir tan bien y tan sucia al mismo tiempo.
Tal vez simplemente no estaba en su juicio, ¿Pero acaso lo tuvo alguna vez?
Sus gemidos aumentaron, la lengua de Ruby pasando por su entrada, rápidamente, sus dedos tocándola, haciéndola temblar con cada movimiento. Se vio aún más apoyada en la ventana, abriendo más las piernas, dándole más espacio a la mujer para que pudiese seguir con su labor. El cristal ya no se sentía frio, para nada, debía ser su cuerpo hirviéndole traspasándole calor. Apoyó su mejilla en el ventanal, sus pechos, sus brazos, sin importarle ya nada. Cualquiera podría verla sin problema, pero le daba igual. Estaba demasiado perdida en la lujuria para pensar con raciocinio.
Gimió el nombre de Ruby, una y otra vez, sintiéndose perdida, sus piernas acalambradas, no las sentía y no sabía cómo aún seguía de pie.
Sintió la lengua ajena entrar en ella, y se vio gritando.
Tembló, su cuerpo tensándose, llegando al orgasmo. Sus rodillas moviéndose de un lado a otro, temblorosas. Intentó enfocar su vista, pero todo el cristal frente a ella estaba completamente empañado con su propia respiración.
Su cuerpo ya no podía más, y se vio cayendo al suelo.
No se había desmayado, pero se sentía a punto de, por suerte parecía no ser el caso.
No sintió el frio piso flotante en su cuerpo, por el contrario, sintió algo suave y cálido, y recién ahí se dio cuenta que había caído sobre Ruby. Esta la había sujetado a tiempo, usando su propio cuerpo para servir de amortiguación. Tuvo los ojos cerrados por un momento, y cuando tuvo la fuerza de abrirlos, se vio sobre ella, los brazos fuertes abrazándola, protegiéndola. Estaba acunada en el cuerpo de la mujer que amaba, y no podía imaginar un lado mejor donde estar. Sobre todo, en un momento de tal vulnerabilidad.
Cuando enfocó su vista, ahí recién pudo ver la sonrisa en la mujer. Una sonrisa suave, cálida, como adoraba esa sonrisa. Esta la besó en la frente.
"Creí que te ibas a desmayar de nuevo. Lo hiciste bien, Weiss."
Solo pudo asentir, aun cansada. Su cuerpo estaba completamente destruido, pero de una buena forma, aun así, no podía mover ni un musculo.
Ruby volvió a besarle la frente, dejando una serie de besos en su cabello. Debía de tenerlo completamente desastroso, incluso algunos mechones debían de estar pegados a su cuerpo por el sudor. Pero a Ruby nunca pareció importarle eso, más bien, siempre tenía la sensación que le gustaba el hacerla lucir así de descompuesta, y tal vez sus especulaciones eran correctas.
Así como le gustaba verse a sí misma completamente perdida en sus instintos, a Ruby debía de agradarle la idea de corromperla.
"Eres hermosa, Weiss, te amo."
Sintió las mariposas en su estómago revolotear. Luego de todo lo que ambas habían pasado, seguía cada día más enamorada.
Miró a la mujer y le dijo que también la amaba, pero no pudo oír su propia voz, solo notó como Ruby soltaba una leve risa, sonriendo, y volvía a acercarse para besarla ahora en los labios. No sabía si pudo trasmitir el mensaje correctamente o no, pero no tenía duda que Ruby lo supo descifrar de todas formas.
Sintió los brazos sujetarla con fuerza, mientras Ruby comenzaba a levantarse del suelo. No sabía cómo sus piernas podían hacer esa tarea en esa posición, pero que más podía decir, su novia era sorprendente.
Su novia.
Se vio llevada en los brazos de la menor, con cuidado, y solo pudo cerrar los ojos, disfrutando de eso.
Solo bastó un momento para sentir su cuerpo caer suavemente en la cama, y al segundo siguiente, cuando decidió abrir los ojos, notó a Ruby acostada a su lado en la cama, usando una de sus manos para arroparla con las mantas. No tenía frio, pero sabía que el sudor pronto iba a enfriarse y podría enfermarse. De hecho, debería tomar una ducha, se sentía fatal, pero Ruby estiró uno de sus brazos, invitándola a acercarse, y no pudo resistirse. Los brazos de esta la rodearon a penas se acercó a ella, y estar ahí, apegadas la una a la otra, era suficiente para sentirse cómoda.
Ahí estaba protegida, así que cerró los ojos por última vez y durmió.
Capitulo siguiente: Hogareño.
Ah, que buen delicioso de reconciliación, ¿No creen? Me encantó, aunque lo hubiese escrito yo. Estas mujeres tienen más tonalidades que ningún otro personaje que haya hecho, tienen incluso más sombras que Grey. Si, adiós cincuenta sombras y hola Red Velvet.
Espero disfrutasen el capítulo tanto como yo.
Nos leemos pronto.
