Red Velvet
Capítulo 46: Hogareño
…
Se removió, sus piernas tensas.
Se sentía devastada, no tenía otra definición más acertada. Ni siquiera era capaz de abrir los ojos, la luz queriendo atravesar sus parpados, y no quería darle el paso. Despertar se sentía fatal.
Sin embargo…
Había algo maravilloso que no podía describir del todo, que no hacía que todo lo anterior fuese tan malo como solía ser, tan desagradable como habría sido en otra circunstancia.
Abrió los ojos, finalmente, sintiéndolos cansados, más sabía que valdría la pena.
Quería asegurarse que aquello no era un sueño.
No, claro que no lo era.
Pudo ver el rostro de Ruby frente a ella, su expresión completamente relajada, sus labios entreabiertos, su cabello desordenado, su respiración tranquila.
Tiempo atrás pensó en lo agradable que sería eso, poder simplemente tener a Ruby para ella y poder ver su rostro cada mañana, pero jamás lo había experimentado hasta ese momento, y Dios, se sentía tan bien como imaginó. Se tomó un segundo para apreciar los cuerpos de ambas, donde uno de los brazos de Ruby estaba tras su nuca, mientras el otro sobre su abdomen, y podía sentir una de las piernas de esta sobre las suyas. Estaba completamente atrapada por las extremidades de la mujer, y ahora que se daba cuenta donde estaba, y lo que había sucedido, se sentía agradecida de eso.
Debió de hacer algún sonido, porque Ruby frunció la nariz y se removió, luego sintió esos brazos sujetándola con más firmeza, y esperaba que esta no usara toda su fuerza o iba a perecer ahí, aunque no parecía a un mal final para su vida mortal. El rostro ajeno se acercó al propio, y notó como esta enterraba la nariz en su cuello, y la sensación era tan agradable, tan cómoda. Intentó no moverse, solamente para disfrutar un poco más de la Ruby dormida, ya que siempre era ella quien permanecía dormida más tiempo, incluso en sus breves momentos juntas.
Bueno, eso pensó, pero no se podía resistir.
Terminó llevando una de sus manos al cabello disparatado de la mujer, acariciándola. Notó como esta sonreía, aun dormida, una mueca adorable en su rostro.
Se la quería comer a besos.
Ruby siguió su mano, su cuerpo al parecer desperezándose, pero aún estaba lo suficientemente dormida para hacer expresiones felices cuando la acariciaba por la nuca o como cuando se alejaba levemente y esta parecía triste.
Era divertido, no era algo que debiese hacer con alguien dormido, pero no podía evitarlo.
Ruby abrió los ojos luego de un rato, sus plateados muy pequeños y cansados. Se excedieron un poco, eso era obvio. Ruby rara vez dormía de más, y ahora era claro que estaba cansada. Bueno, obviamente esta tenía la culpa porque no podía controlar esa energía exorbitante que tenía.
La menor le sonrió, su expresión aun adormilada.
"¿Que tengo que hacer para despertar contigo todos los días?"
Le pregunta venía desde la inocencia, y se sintió halagada, pero otra parte de ella se lo tomó en serio. ¿Era eso posible? Aun les quedaba un largo camino para poder tener una relación más tranquila con Ruby, donde ninguna fuese a perder nada. Necesitaba armar un plan o algo similar, para que su padre no pudiese quitarle ningún beneficio si se enteraba de la relación que tenía con Ruby. Aunque con su comportamiento del día anterior, le importaba bien poco que este le quitara la compañía, podría pedirle hasta trabajo a Coco si es que lo necesitaba, podría arreglárselas sin su herencia, era una mujer adulta y capaz, en cualquier empresa se pelearían por ella.
Ruby sonrió, como si le leyese la mente, ahora sus ojos más brillosos, más grandes, más despiertos.
"No pienses demasiado, sé que esto es algo que tomará tiempo, y estoy dispuesta a esperar lo que sea para conseguir un futuro contigo, Weiss."
Se quedó un poco perpleja con las palabras de Ruby, y a veces olvidaba que esta era una adulta tan capaz como ella, solo que a veces esa mirada brillante le hacía pensar diferente. Asintió, feliz de escuchar eso. Ella también quería un futuro con Ruby.
Esta cambió un poco su sonrisa, a una más juguetona.
"Además no quiero que tu padre se enfade y te quite la empresa."
Ruby se quedó en silencio, pero parecía que iba a seguir hablando, o por lo menos sabía aquello por la expresión divertida que esta tenía. Ya se estaba preparando psicológicamente, la conocía demasiado. Sintió los dedos de esta avanzar por su pecho hasta su rostro, y sintió como está la sujetaba con su mano, en un agarre firme y suave. Se vio perdida en esos ojos.
Era muy temprano para coquetear, Ruby.
La regañó en silencio, y notó malicia en los ojos de esta.
"Porque quiero hacerte mía en tu oficina."
Lo sabía, aun así, sintió su cara arder y no era capaz de usar una mano para ocultarse, así que solo pudo fruncir el ceño.
"Voy a terminar esta relación si me molestas tan temprano en la mañana."
Le dijo, tratando de lucir amenazante, pero Ruby solo rio, divertida, abrazándola y dándole besos en la mejilla en una especie de disculpa que iba a aceptar sin dudarlo, si estaba haciendo eso para que no se fuese pues lo estaba logrando.
Se vio soltando una risa, sintiendo cosquillas luego de tantos besos, y ahí recién Ruby se detuvo, podía sentir los plateados observándola minuciosamente. Esta se removió, quedando sobre ella, pero usando sus brazos para que su cuerpo no la aplastase. No era tan débil, pero apreciaba el gesto. Le gustaba sentir a Ruby encima suyo, en esa posición, los pechos rozándole, y se obligó a pensar en otra cosa que ya estaba sufriendo físicamente como para aumentar ese dolor.
"¿Quieres comer algo en especial? Los desayunos se me dan mejor que todo lo demás."
Soltó otra risa ante la declaración.
Tenía hambre, sí, pero podría aguantarse un poco más.
Rodeó el cuello de Ruby con sus brazos, obligándola a que esta se pegara más a su cuerpo, y lo consiguió, teniéndola sobre ella. Se sentía cálida, como siempre, y quería disfrutar de ese sentimiento un poco más.
"Cinco minutos más."
Ruby rio, asintiendo ante su petición, los brazos de esta abrazándola.
Se quedaron en esa posición, sin decir nada, solo acompañándose, por más que cinco minutos, pero no le importó a ninguna de las dos. No tenían apuro alguno, así que podían aprovechar esos minutos para disfrutar de la presencia de la otra.
Como amaba a esa mujer.
…
Optaron por darse una ducha, lo cual agradecía. En algún momento tuvieron la motivación para levantarse, la cual fue su estómago, nuevamente sonando sin su permiso.
Ruby se controló durante su breve baño, ayudándola con su cabello, con su espalda, pero mantuvo sus instintos lujuriosos a raya, porque ahora si podría desmayarse. Esta fue la primera en salir de la ducha, secándose rápidamente, sin importarle mucho su cabello o lo que fuese, para nada, no tenía duda que en un minuto ya estaría vestida y estaría en la cocina preparando algo para comer, mientras ella se tardaba en arreglar su cabello, lo cual era una tarea larga y abrumadora, y habría evitado tener que hacerlo, pero luego de haber estado haciendo cosas todo el día anterior, se notaba que este necesitaba algo de atención.
No pudo evitar mirar el cuerpo de Ruby, descaradamente, pero no de una manera sexual, o al menos no del todo. El día anterior había visto una mancha en la espalda baja de esta, pero estaban algo, uh, ocupadas y no pudo poner toda la atención que quería, así que mientras esta se secaba, la observó. Había un tatuaje nuevo en ese sector, y si bien aun no podía verlo tan detalladamente como quería, podía notar que era dos dragones serpenteantes enredados en un rosal, y entre estos había un pájaro negro, probablemente un cuervo. Esperaba que ese fuese el tatuaje a juego que quería hacerse con su hermana.
Terminó de arreglarse unos quince minutos después, con su cabello protegido con una mascarilla hidratante y su piel ya cubierta de crema. Luego tuvo la tarea de vestirse, y su ropa parecía demasiado incómoda para usar en ese instante, así que fue al closet de Ruby, no sin antes pedirle permiso desde la distancia, porque harto que le molestaría que alguien metiese su nariz en su privacidad. Pudo notar las cajas que vio de casualidad el día anterior, apiladas en la parte baja del lugar, esperando para ser ordenadas, y luego vio la ropa colgada, la gran mayoría eran chaquetas y camisas, todo parecía nuevo, y nuevamente tenía la idea de que Coco había participado en eso, no tenía que mirar detenidamente para saber que la gran mayoría de esas prendas eran de la marca de la mujer, en algunas veía el logo en el borde de las mangas o en el bolsillo del pecho.
Miró buscando algo que se viese cómodo en todo ese mar negro y rojo. Notó una camiseta roja en la parte más escondida del lugar, donde parecían haber algunas prendas ya más antiguas. Ruby no se deshizo de todo, incluso veía esa sudadera enorme ahí, la cual habría escogido si es que no hiciese tanto calor ahí dentro gracias al aire acondicionado, y ver el sol azotando las ventanas era suficiente para hacerla sudar. El centro siempre estaba más caluroso que su casa en la montaña.
Tomó la camiseta que vio y se la puso. Era bastante larga, y algunas zonas estabas rasgadas, pero parecía ser parte del diseño. A Ruby le gustaba la ropa rasgada, lo notó con el tiempo, y era una pena que no pudiese usar ropas así en la actualidad.
Tuvo un pensamiento promiscuo a cerca de ser ella quien le rasgaba las ropas tan nuevas y elegantes, obviamente mientras las tenía puestas, pero mantuvo acallado ese lado de su ser. Era aun muy temprano y sus piernas aun estaban resentidas para iniciar otro duelo en la cama.
Al fin pudo ir a la cocina, donde vio a Ruby dando vueltas, vestida en una camiseta sin mangas y shorts, el departamento tenía una buena temperatura, no pasaría frio en invierno estaba claro. Había un aroma a café muy agradable que hizo que su estómago volviese a gruñir. La mujer sonrió a penas los plateados la observaron, esta no dejó de mirarla mientras dejaba una taza humeante en la barra, por su parte la ignoró lo mejor que pudo al momento de sentarse frente a la taza.
"De verdad luces espectacular con mi color."
Rodó los ojos, realmente no estaba lista para recibir más piropos.
"Noté que no te deshiciste de toda tu ropa antigua."
Ruby notó de inmediato como cambió el tema, y no se lo tomó a mal. Ya la había retado en la ducha para que no desbocaran sus instintos que su cuerpo ya dolía sin misericordia.
"Tuve que rogarle a Coco que no lo botara todo. Dijo que mi estilo estaba pasado de moda y que lo rasgado ya estaba out y no sé qué más. No entendía nada. Al menos salvé un par, como unas chaquetas de cuero y sudaderas. Sufrí aun más cuando ella me llevaba de compras, me metía en un probador y me lanzaba prenda tras prenda. Odio ir de compras."
No podía evitar el reír. A ella misma le gustaba ir de compras, pero eso de probarse ahí no era lo suyo, pero no podía saltarse ese paso cuando salía con Coco, así que entendía el sufrimiento de Ruby de primera mano. A la castaña le gustaba ver el impacto de la ropa antes de que saliese de la tienda, era un ejercicio en si mismo el ir con ella a comprar atuendos.
"Al menos tienes prendas suficientes para sobrevivir lo que queda de año, pero te aseguro que Coco nos llamará a ambas para alguna fecha importante, y no podremos escapar de ella."
Rio ante la mueca de horror de Ruby mientras comenzaba a beber de su café. Estaba caliente y tenía un buen aroma, y no podía evitar pensar que ese café debió de haberlo traído Coco, la cual es una fanática del café, de hecho, gracias a ella que comenzó a beber más seguido.
"Se que es prácticamente mi jefa, pero, ¿No puedo ponerle una orden de alejamiento o algo así?"
Ruby siguió con su rostro aterrado mientras dejaba unas tostadas en la mesa. Por su parte se quedó pensando en eso, y simplemente negó, decepcionada. También le gustaría a veces tener algo así para que la mujer no la atacase sin aviso alguno, y luego de tantos años seguía sintiéndose de la misma forma.
Revisó los ingredientes que la mujer tenía en la barra, y decidió comer algo solido a diferencia de sus desayunos normales. Necesitaba reponer energías, que ya bastante que había sufrido. Primera vez que tenía tal hambre, como si pudiese ir a un buffet y comerse todo, lo cual era imposible pero nunca había estado más cerca de ese logro. Ruby parecía feliz de verla comer con tanto ímpetu, y lo encontró bastante adorable. Esta siempre se preocupó por su salud, incluso al ser desconocidas, eso era algo que no iba a cambiar nunca, lo tenía claro.
Tomaron desayuno en paz, y luego se vieron sentadas en el sofá de la sala de estar. Ruby parecía cómoda ahí sentada con sus brazos en el respaldo y sus pies sobre la mesa de centro, y por su parte se apegó lo que más pudo, disfrutando del aire hogareño, mientras miraban por el ventanal, observando el sol asomarse en el cielo parcialmente despejado.
Era un bonito día para ser Atlas.
Estar así, en solo una camiseta, sería imposible en su casa, además que era el doble de fría. Si no estuviese el aire acondicionado prendido no podrían pretender que era un verano como en cualquier otro continente. Era claro que Ruby se veía cómoda en ese ambiente, más veraniego. La casa anterior era más fría, sobre todo cuando estuvieron ahí en pleno otoño, así que se alegraba de ese progreso.
"¿Te gusta la vida de clase alta?"
Le preguntó de la nada, y esta se sorprendió al haber estado tanto rato en silencio mirando el horizonte, simplemente disfrutando de la compañía.
Ruby soltó una risa.
"Hay muchas cosas que no me agradan, siendo honesta, pero por Dios este aire acondicionado es lo mejor, y no gasta prácticamente nada de lo que gastaba el barato que teníamos en casa, y sonaba como un motor viejo. No importaba cuantas veces lo reparaba, siempre volvía a sonar como loco, al final lo prendíamos para salvarnos del invierno, nada más."
Se quedó mirando a Ruby, mientras pensaba en lo que le acababa de contar.
Ruby reparando algo le parecía demasiado excitante.
Los plateados la miraron, y luego sintió el dedo índice de esta en su nariz.
"Me estoy controlando, Weiss, no me mires así que después me echarás la culpa a mí por no tener autocontrol."
Se miraron durante unos momentos, ambas frunciendo el ceño.
¿En algún momento se iba a acabar esa tensión sexual entre ambas?
Una parte de ella, la más Schnee, prefería una relación casta y tranquila, pero obviamente había cambiado lo suficiente para admitir que no quería esa vida, ya la había tenido y bastante aburrida que era. Prefería tener acción, y ahora que lo pensaba, era un buen ejercicio el cual tenía todas las intenciones de retomar.
Había extrañado hacerlo con Ruby, el estar a su lado, el compartir la cama, el espacio, caricias y ahora besos. Era algo que le agradó desde el comienzo, y no iba a aburrirse tan pronto.
Ruby soltó una risa, dejando un beso en su cabello, parecía madura, sobre todo cuando la abrazó por los hombros.
"Te extrañe demasiado, y nos alejamos tan repentinamente que quiero aprovechar cada segundo para estar cerca de ti. Las cosas ya no son como antes y ser impaciente no tiene mucho sentido, así que entiendo cómo te sientes. Será difícil acostumbrarnos a tener una relación normal."
La voz de la mujer era calmada, suave y a la vez era madura. Se vio cerrando los ojos, respirando profundamente. Ruby tenía razón. Sus hormonas parecían vueltas locas con solo verla, y era esa misma impaciencia como cuando la veía solo por un par de horas y nada más, pero ya no era así, ahora eran una pareja y podían verse más seguido, forjar su relación poco a poco. No había prisa alguna.
"¿En que momento te volviste la madura de la relación?"
Ruby la miró, perpleja, para luego soltar una carcajada. Los brazos fuertes la rodearon, y comenzó a sentir el peso de esta en el suyo, poco a poco la aprisionó como una boa constrictora. Había cambiado rápidamente, siendo esa mujer infantil que la desesperaba pero que adoraba con todo su ser.
"¿Yo? No, para nada, nunca, eso jamás ocurrió."
Sentía el rostro ajeno chocando con el propio, como un cachorro eufórico, y no podía evitar reír ante la actitud de la mujer. Solo pudo abrazarla de vuelta, disfrutando de la cercanía y de la comodidad entre ambas. Finalmente, de nuevo fue atacada por una serie de besos en sus mejillas. Se sentía hervir de vergüenza, y el nerviosismo de tenerla sobre ella, y no, nada inapropiado, simplemente no tenía ningún tipo de experiencia en cualquier tipo de afectividad.
Ruby se alejó luego de su ataque, mirándola, sus ojos grandes y alertas, y ahí recién pudo soltar la gran bocanada de aire que estaba aguantando.
"¿Mucho amor?"
Asintió en respuesta, robóticamente. Creyó que Ruby podría sentirse mal por verla así de tensa frente a una demostración de afecto, pero no lo tomó para nada de esa forma, solo lo tomó como era, y es que Weiss Schnee era nueva en esos temas y le iba a tomar tiempo acostumbrarse a esos ataques afectivos. Por suerte tenía a una mujer muy considerada a su lado.
La escuchó reír, y no pudo evitar seguirla. Se quedaron ahí acostadas, en el sofá, apegadas. Se sentía bien, demasiado. No debía quedarse todo el día ahí, pero las ganas no le faltaban, además que el agarre de Ruby era tan fuerte que, aunque quisiese ir por sus cosas e irse, pues no podría.
Le agradaba eso.
Su cuerpo aún estaba agotado, el de ambas, así que ya podía oír la respiración tranquila a su lado, se vio invitada por el calor de esta, por la cercanía, y cerró los ojos. Probablemente se iba a dormir, no tenía duda, pero no había un lugar mejor para tomarse una siesta, así podría recargar energías con la mujer que más amaba.
Tal vez podrían hacer más cosas juntas que no fuese el estar encerradas, ahora podían, pero simplemente prefería el estar ambas a solas, alejadas del mundo, de Atlas, siendo solo dos mujeres enamoradas que pueden demostrarse afecto sin que nadie las juzgue. Ya habría momento para eso, no tenía duda, pero por ahora, iba a disfrutar de estar de incognito, tal y como antes, pero con más libertad, con menos miedo.
Abrió los ojos, notando como la mujer frente a ella ya parecía dormida del todo. No se contuvo y acarició una de sus mejillas mientras se acercaba lo suficiente para dejarle un beso en los labios.
"Te amo."
Ruby resopló, una sonrisa en sus labios, pero su conciencia desapareciendo tras su cansancio. La siguió sin dudar, sus parpados pesados, y la invitación de la mujer demasiado irresistible.
Estaba ansiosa por descubrir que le deparaba su nueva vida.
Capitulo siguiente: Noticia.
Esto si es un domingo de flojera sin duda, de mis preferidos, y ahora siento envidia, yo también quiero. Ahora vamos a poder ver a nuestras niñas vivir su romance de una forma diferente, aun de incognito, pero con besitos, y así da gusto.
Vamos a ver de qué se trata esa noticia, el momento ha llegado.
Nos leemos pronto.
