Red Velvet
Capítulo 47: Noticia
…
Se quedó mirando el paisaje de su oficina.
Por primera vez podía mirar al horizonte sin tener su mente ocupada en estupideces. Normalmente solo era para distraerse, para mirar la nada, eso era, nada, solo un mero paisaje como podría ser cualquier otro, mientras su cerebro daba vueltas sin parar. Ahora, sin embargo, recordaba que era el mismo paisaje que vio en la casa de Ruby, sintió de inmediato esa calidez al mirar los edificios.
Imaginarlas a ambas, una al lado de la otra, observando el mismo escenario, viviendo en un mismo escenario, le trajo buenos recuerdos y buenos sentimientos.
Estaba feliz, su vida ahora se sentía extrañamente cómoda, ella misma se sentía cómoda en su propio cuerpo, y realmente creyó que no volvería a sentirse de una forma similar nunca en su vida.
Pero no fue así, Ruby llegó y consigo todo lo que la hacía sentir viva y libre. Ruby era su libertad después de todo.
Y su cabeza…
Se sentía bien el tener su cabeza en silencio, y esos últimos meses era un constante barullo sin detención, como si la voz en su cabeza no estuviese feliz con la decisión de dejar a Ruby para darle en el gusto, y siguió martirizándola. No sabía si iba a ser para siempre o si la voz volvería de repente, pero iba a disfrutar del silencio. Pero como siempre, Ruby era la cura, siempre lo fue.
Como adoraba eso.
Lo único que no tenía cura, era el dolor que sentía en su cuerpo.
Al menos podía sentarse, no como el día anterior, que estar en una reunión por horas teniendo sus partes traseras así de adoloridas fue un martirio. Tuvo que pedirle a su secretaria que le trajese algún medicamento justo en mitad de la sesión. Eso le hizo el resto más soportable.
Salió de su ensimismamiento cuando escuchó su teléfono corporativo.
Era su secretaría.
"Señorita Schnee, tiene una visita, es Ruby- Digo, es la señorita Rose."
Soltó una risa.
Desde que la mujer le dio el empujón que necesitaba para seguir a Ruby, la confianza entre ambas creció un poco más, así que ya ni siquiera podía fingir cuando salía algún tema relacionado con su chica de rojo. Ahora ambas tenían información personal de la otra, y era bueno mantener esa unión.
"No te preocupes, error común."
Le dijo, aun sintiéndose de buen humor. La mujer al otro lado de la línea carraspeó, tragándose una risa antes de cortar.
Se quedó un segundo mirando hacia la puerta, las mariposas apareciendo en su estómago. No habían pasado ni dos días desde que se vieron, pero el simple hecho de saber que esta estaba afuera de su oficina era suficiente para hacerla sentir nerviosa. No debía de estarlo, no a estas alturas, pero era imposible. No se podía acostumbrar, o al menos le iba a tomar tiempo. Amaba a Ruby, más de lo que podía decir con palabras.
Intentó pensar en cual podía ser el motivo de que esta apareciese en su oficina, y honestamente, no tenía idea. Tuvo un ligero momento de pánico al pensar que tal vez había quedado de juntarse, de verse, o que a lo mejor habían pactado alguna cita y ella lo había olvidado.
Se negó a sí misma.
Si fuese el caso, habría estado ansiosa desde antes de despertar, así que no debía ser el caso.
Finalmente, tomó la decisión de levantarse y averiguarlo por sí misma en vez de hacer conjetura tras conjetura.
Abrió la puerta, y pudo notar a Ruby en el recibidor, mientras miraba a su secretaria. Podía notar en ambas esa comodidad que tenían dos personas que se conocen desde hace mucho tiempo. Parecían conversar amigablemente, aun así, notó en sus ojos un semblante melancólico. No tenía duda de algo similar, ya que era la novia de su hermana, y ahora ya no se veían tan a menudo, probablemente la pelinegra viese más a la rubia de lo que Ruby era capaz de verla.
Por eso mismo no quiso decir nada, ni interferir. La pelinegra parecía contarle algo, alguna historia o algo similar, y los ojos plateados se veían atentos.
Terminó apoyándose en el marco de la puerta, simplemente esperando. Podía escuchar sin problema, pero tampoco quería inmiscuirse en aquella conversación privada. Era un momento bastante importante, a pesar de todo.
Pasaron solo unos breves momentos hasta que los plateados observaron hacía su oficina, y su expresión cambió de inmediato, al igual que su postura. A penas sus miradas chocaron, se quedó perdida en la sonrisa que la mujer le daba, tan agradable, tan única, tan Ruby.
Se quedaron mirando tal vez una eternidad, hasta que Ruby decidió moverse, acercándose lentamente. Se veía cómoda, sus ropas menos restrictivas que las últimas veces, pero igual de elegantes. Extrañaba verla con sus ropas usuales, no iba a engañarse, pero al menos en la intimidad podía verla tal cual como la conoció, cómoda, salvaje, relajada, y eso era incluso mejor.
Tenía a una Ruby solo para ella.
Ruby le tendió la mano, como usualmente lo hacía, sobre todo cuando había gente alrededor. No había nadie ahí, solo su secretaria, la que evidentemente sabía lo que ocurría entre ambas, así que no necesitaba hacer esa actuación, pero tenía la sensación de que a Ruby le gustaba fingir de esa forma, actuar, o ponerse en el papel, y eso le hacía pensar en algunos momentos inapropiados que solían tener, y eso la hacía sentir cierta nostalgia, así como cierto calor.
No tenía duda que cada vez que hicieran algún juego de rol esta estaría cada día más capacitada para ejercer su papel.
Se sintió enrojecer, así que intentó ignorar esos pensamientos, no quería enrojecerse frente a su empleada.
"Que sorpresa tenerla aquí, señorita Rose."
Ruby mantuvo la mirada, pero se notaba como su sonrisa se empezaba a extender por todo su rostro, divertida, pero aun intentando mantener su postura.
"Tengo noticias que darle, así que preferí venir personalmente a contarle."
"Se aprecia el gesto, por suerte tengo mi agenda libre."
Intentaba mantener también su postura de jefa, pero le era imposible, simplemente se ablandaba al ver a Ruby ahí, y ya se estaba ablandando al haber estrechado su relación con su empleada, así que era complicado, ya apenas venía un extraño a su oficina su mueca cambiaba, y evidentemente no podía perder su autoridad frente a otros.
Lo que su padre creó aparecía en esos momentos, y se alegraba de que esa Weiss desapareciera por completo si se trataba de Ruby.
La mujer le dio una sonrisa animada, su mueca tornándose infantil. Podía adivinar de inmediato que esta estaba feliz de que tuviese tiempo libre, y ella misma estaba feliz de tener ese tiempo para compartirlo esta.
Bueno, no iba a descuidar su trabajo, pero podía tener un corto descanso.
Guio a la menor hasta la oficina, y cerró la puerta. A penas esta entró desabrochó uno de los botones de su camisa, mientras soltaba un suspiro. Las ropas seguían siendo incomodas para la mujer, era claro. Antes trabajaba en una bata, no había nada más cómodo que eso. Menos mal esta no debía usar vestidos ni ropa similar, de todas formas, ella misma trabajaba en el taller y meterse en el capó de un auto usando falda sería un completo despropósito.
Ahora que lo pensaba, incluso se le notaría el tatuaje de su muslo…
Si, tal vez Ruby debería trabajar en esas condiciones…
No, no, contrólate, Weiss, por Dios.
Si antes tenía pensamientos impuros cuando con Ruby no eran nada más que amigas, incluso antes de eso, ahora que tenían algo serio era mucho peor. Incluso a veces prefería la voz sanguinaria de su cabeza antes que esos instintos animales que la hacían sentirse sin control.
Dio un salto cuando sintió el cuerpo ajeno acercarse, y el acto la tomó tan desprevenida que se tiró hacía atrás, chocando con la puerta de su oficina, y esperaba que el golpe no se hubiese escuchado.
Aunque a quien quería engañar, su secretaria es un fauno, era obvio que iba a escuchar todo.
Ruby le dio una sonrisa que la dejó jadeando, sus plateados observándola fijamente, mientras que el pecho de esta se apegaba al propio, dejándola sin escape posible. Solo pudo mirarla, sin entender que ocurría. Esta simplemente soltó una risa madura mientras se acercaba a su oído, con la intención de susurrarle.
"Por favor, ¿Ya estás teniendo pensamientos impuros conmigo, Weiss? Eres insaciable."
Abrió la boca para negar, pero Dios, a quien engañaba.
Estaba loca por Ruby, ahora más que nunca. Ya no sentía repulsión de sí misma al sentirse físicamente interesada en otra persona, así que todos esos sentimientos andaban libres. Aun así, nunca iba a entender la capacidad sobrehumana de la mujer para captar cada vez que su mente pensaba algo sucio, era un don, o tal vez su rostro se volvía completamente expresivo. Ambas eran opciones realistas.
Ruby siguió riéndose, hasta que la sujetó de las mejillas y le dio un casto beso, su rostro cambiando a uno más relajado, ya dejando sus malvadas intenciones de molestarla. Se alegraba, ya que estaba a punto de taparse la cara en vergüenza. Y también tenía claro que si seguían con el tema tendrían alguno de aquellos arrebatos, y la idea de hacerlo en su oficina no le parecía mal, para nada, por el contrario, y ahora sabía que Ruby también quería hacer algo similar, pero si su secretaria las oía, y era seguro que las iba a oír, iba a ser el fin de su vida.
No realmente, pero muy parecido.
No podría mirarla a la cara, nunca más.
Debería invitar a Ruby cuando mandase a la mujer a hacer algún tipo de trámite, con la excusa de tener el lugar libre de oreja hábiles.
Buena idea, Weiss.
Tomó las manos de Ruby con las suyas, sintiendo el calor de esta en sus palmas frías, y la sensación era tan cómoda y agradable. Siempre fue así, desde un inicio, y no podría dejar de agradarle.
"¿Qué es lo que querías contarme?"
Le preguntó finalmente, luego de algunos momentos en silencio, simplemente mirándose la una a la otra como si hubiesen pasado años, y nada más lejano de la realidad.
Ruby dio un salto, y liberó sus manos para empezar a buscar en los bolsillos de su chaqueta, incluso en los interiores, hasta que encontró lo que buscaba, algo similar a un sobre. Se lo tendió, y lo inspeccionó. Prefería que Ruby le contase antes de que tener que averiguarlo por sí misma.
"Coco me mandó esto. Al parecer va a hacer una fiesta para celebrar a sus socios o algo así."
Levantó una ceja de inmediato, y abrió el sobre, ahí había dos entradas, una con el nombre de Ruby y otra con el suyo. Al parecer si, era una invitación a una fiesta que organizaba la modista, donde invitaba a todas las personas con las que había hecho tratos y colaboraciones, y conociendo la carrera de la mujer, sabía que iba a haber un montón de gente.
Soltó un suspiro, y Ruby de inmediato lo notó.
"Se que no te gustan las fiestas, pero no creí que también las de Coco."
"Oh no, créeme que las de Coco son mucho más relajadas que otras a las que he asistido, ya debes saber que es el icono bohemio de Atlas. El problema es que estoy segura de que mi padre también asistirá."
Los plateados la observaron por largos minutos, sorpresa en su mirada e incredulidad.
"¿Tu papá?"
Asintió, reiterando la información, pero el rostro de la mujer no cambió. Ya tuvo miedo, más de alguna vez, de que a Ruby le diese algún infarto o algún ataque, y ahora volvía a tener esa sensación. Se preocupó, sí, pero también le causó cierta melancolía el ver esa mueca en la mujer que hace tanto que no veía, era divertida cuando dejaba de parecerle grave.
Ruby se dejó caer en una de las sillas, su rostro aun impactado. Dejó los codos en sus rodillas mientras que se afirmaba del cráneo.
"Voy a conocer a tu papá. No estoy preparada."
No pudo evitar soltar una risa, acercándose. Llevó una de sus manos hacía los cabellos rojizos, acariciándolos, intentando calmarla.
Se sorprendió cuando esta la cogió de la cintura, y la apegó a su cuerpo, forzándola a que se sentase sobre una de sus rodillas. Iba a cuestionarla, pero los brazos de la mujer la rodearon, abrazándola. Volvió a reír, tanto por nervios como por la mueca graciosa aun pegada al rostro de la menor.
Se sentía bien estar así de pegadas, en un ámbito no sexual, claramente. Bueno, en el otro también. Ya no importa.
"Te diría que todo estará bien, pero siempre entro en pánico cada vez que veo a mi padre."
Siguió acariciando a la mujer, hasta que esta enterró el rostro en su pecho, soltando un quejido.
"Se que tendremos que presentarnos, pero no sé cómo rayos voy a mirarlo sin exponerme. Digo, estoy saliendo con su hija, y bueno, también está todo mi pasado, ¡Ah! Y también todo lo que te hizo pasar, ¿Qué pasa si me vuelvo loca y lo quiero golpear? ¡Podría arruinarlo todo!"
Ruby siguió acomodándose en su pecho, fingiendo llorar, o eso parecía, o eso esperaba.
"Eso no pasará, yo estaré ahí también. Además, has tratado con mucha gente en tu vida, sé que tienes la experiencia para poder lidiar con él."
Esta soltó un bufido, saliendo de su escondite. Su nariz estaba completamente roja y sus ojos lucían tristes. Se vio analizándole el rostro, para asegurarse que de verdad no estaba llorando, y se calmó al notar que estaba el patrón de su camisa en la punta de la enrojecida nariz, debió de apretarla con mucha fuerza.
Esa mujer no dejaba de ser descuidada, sin importar donde estuviese en la actualidad.
"Mujeres, en su mayoría. Siempre me ha sido difícil hablar con las personas, en el Red Velvet antes tenía que aprenderme varias frases para estar lista para todo, para saber que responder ante diferentes situaciones, también me decía como mantra el saludo usual cada vez que iba a entrar en una habitación. Ahora es más fácil, de cierta forma, porque no soy yo la empleada, pero tu papá está a un nivel mucho más alto que yo, podría destruirme fácilmente. ¿Qué pasa si todo lo que hice no fue suficiente?"
A cada minuto la voz de Ruby sonaba más desesperada, parecía que estaba teniendo un evidente ataque de pánico. No paraba de balbucear ideas catastróficas. Ni siquiera ella misma, cuando tuvo miedo de que su padre se enterase de lo que estaba haciendo, tuvo tantas ideas. Si, estuvo aterrada, y a Ruby le costó entender su miedo, pero ahora a esta al fin le caía el peso del apellido Schnee encima.
Debía calmarla de alguna forma, pero claramente era más fácil decirlo que hacerlo. No se podía calmar a si misma e iba a ayudar a alguien, que ilusa.
Finalmente hizo lo único que podía hacer, sujetarla de los cabellos con una mano, y usar la otra para levantarle el rostro por el mentón, y luego besarla.
Esta se calló de inmediato, y bastaron pocos segundos para que esta le correspondiese como era debido, calmándose y concentrándose en el movimiento de sus labios. Se separaron cuando ya estuvo segura de que Ruby había vuelvo en sí. O algo similar, ya que tenía esa sonrisa adorablemente estúpida plasmada en su rostro.
"Guau."
Soltó una risa, rodando los ojos, sin poder creer que estaba enamorada de esa mujer.
"Hiciste todo esto para que estuvieses a salvo de mi padre, ¿Qué te hace pensar que no ha sido un buen plan? Además, estará Coco, probablemente ella va a mediar la situación, de todas formas, ella te entrenó para este momento."
"No me entrenó, más bien me lanzó al mundo real, y tuve que sobrevivir de alguna forma."
Esta parecía desanimada, así que optó por su segunda opción para calmar a Ruby.
Llevó su mano hacia la camisa de Ruby y le dio un tirón, llamando su atención de inmediato. Los plateados observaron su mano, y luego la miraron a los ojos, había curiosidad en su rostro, y podía entenderlo. Aun no era muy buena para verbalizar cosas…inapropiadas. Escribirlo era fácil, y pensarlo aún más. Respiró profundo, y acercó su rostro al de la mujer, lo suficiente para que los labios de ambas estuviesen rozándose, pero sin besarla.
"Quizás deba ser yo quien te entrene."
Los ojos plateados la miraron con sorpresa, y sintió que iba a perder terreno e iba a explotar de la vergüenza, intentó con todas sus fuerzas el mantener su expresión mientras intentaba analizar sus palabras para asegurarse que había dicho todo correctamente como había querido decirlas. Era una tarea agotadora, debía ser honesta.
Ruby sonrió, luego de largos segundos, y no cualquier sonrisa, si no que esa sonrisa que le causaba temblores por todo el cuerpo. Si, al parecer había dicho todo correctamente y Ruby había entendido el mensaje y la intención de ello.
Sintió la mano de esta en la suya, envolviéndola, y ayudándola a hacer el gesto que ya había hecho, tirar de su ropa, pero ahora con un poco más de fuerza. Los plateados no dejaron de mirarla a los ojos mientras que la mueca abrasadora aumentaba. Se veía divertida en su profunda calentura.
"Estoy ansiosa por que me adiestre, señorita Schnee."
Esa voz.
Si Ruby hubiese nacido como un fauno se sentiría en un dilema racial muy complejo, y aunque no lo era, seguía siendo algo controversial de hacer con alguien.
¿Controversial?
Hace unos días estuvo desnuda frente a todo Atlas, ya no entendía que le sorprendía tanto. Además, si a Ruby le encendía, iba a jugar su juego, no tenía problema con darle en el gusto. De hecho, tal vez podría de verdad entrenarla ya que esta tampoco había asistido a una fiesta, e iba a necesitar aprender muchas cosas.
Sonrió, sintiéndose hervir de antemano.
"Voy a recompensarte muy bien, así que debes comportarte."
No dijo que recompensa, para nada, pero ya veía el calor en los ojos plateados. Nuevamente se había puesto la soga al cuello, y podía costarle más caro que exhibirse frente a un balcón. Era malo, sí, pero realmente estaba ansiosa.
¿Dónde quedó con lo de tomarse su relación con calma? Pues cada vez que veía a Ruby quería tenerla más y más cerca.
Era una pervertida sin duda alguna.
Ruby la abrazó con intensidad, cambiando de inmediato, tal vez también controlándose antes de desbaratar la oficina. Su rostro se veía infantil mientras se apegaba a ella.
"Realmente me tienes loca, Weiss."
Miró a Ruby, o al menos intentó buscar su rostro con la mirada, mientras esta se ocultaba en su pecho. Notó como su expresión se veía feliz y en calma, pero su voz sonó con cierto agobio, no del malo, claramente. La abrazó de vuelta, apoyando la mejilla en los cabellos rojizos.
"Lo sé, esto de tomarnos nuestra relación con calma es más difícil de lo que pude prever."
"A la mierda, no tenemos por qué hacerlo, ¿No?"
Escuchó la voz de esta salir como un gruñido.
Se separó para observarla a los ojos, notando que la mujer tenía el ceño fruncido y los labios apretados formando una línea recta. Se veía enojada e indignada, y por más que intentó tomársela en serio, esa expresión le causó gracia. Esas muecas no podían causarle nada más que alegría, se veía adorable. Se acercó, pegando su frente a la de ella.
"A la mierda entonces."
Los plateados la miraron incrédulos, abandonando la expresión que tenía anterior mente en un falso enojo, rápidamente se empezó a notar su sonrisa, creciendo poco a poco.
"Me encanta cuando te relajas y dices lo que tienes en mente, insultos incluidos."
Rodó de inmediato los ojos. Obviamente como la hija de una prestigiosa familia de Atlas no debía ensuciar su boca diciendo cualquier palabra fuera de su vocabulario elegante, pero obviamente pensaba bastantes cosas que se negaba decir, sobre todo si pensaba en imbéciles o en su familia.
Desde que conoció a Ruby que comenzó a ser más honesta con sus pensamientos, y obviamente podía culparla a esta por esa mala costumbre.
"Qué más puedo decir, eres una mala influencia."
Ruby siguió riendo, para luego dejar un beso en su mejilla.
"Lo sé. Me gusta conocer hasta el más oscuro rincón de la mente de la famosa heredera Schnee."
Volvió a rodar los ojos, riendo.
También le gustaba conocerse a sí misma. Si estaba con Ruby, era porque podía conocerse y sentirse libre de ser quien era a su lado.
"Ahora que ya mandamos a la mierda el ir sin prisas, ¿Vendrás a verme este fin de semana? Tu papá sigue de viaje, ¿No?"
Aunque quisiera decirle que no, sabía que no podría, porque apenas se demoró un segundo en dar una respuesta, Ruby ya estaba batiendo sus pestañas y mostrando esa mueca de cachorro que tanta ternura le daba.
"Por supuesto, no me perdería la oportunidad de verte."
Ruby pareció impresionada con la respuesta, pero se notaba inmensamente feliz, mientras la volvía a abrazar.
Recién estaban empezando su relación y ya tenía claro que iba a pasar tiempo para que se acostumbrase a esa nueva realidad.
Pero le gustaba.
Capitulo siguiente: Compras.
Un poco tarde el capítulo de hoy, pero eso es lo que hace el ir al doctor y luego olvidarse de todas las obligaciones que uno tiene. En serio, no sé cómo puedo escribir una historia así de larga si mi cerebro apenas puede recordar una simple tarea diaria alksjdasd
Ahora las chicas tienen una nueva prueba frente a ellas, y veremos que ocurre. Pero antes, al parecer se viene algo que muchos estaban esperando.
Nos leemos pronto.
