Red Velvet

Capítulo 50: Error

Caminó por los pasillos, sentía un dolor subiéndole por la espalda. No era de cansancio, era de estrés, solo eso.

Su padre había confirmado su asistencia a la fiesta de Coco, porque claro, él no se lo iba a perder.

Aun no entendía porque esta lo había invitado, y siempre la cuestionaba cuando tomaba decisiones así, sumando a su padre, lo hacía antes y seguía haciéndolo.

Soltó un suspiro, metiéndose en el ascensor y apretando el numero de su piso, aunque tardó en presionarlo, quedándose varada en ese silencio metálico, antes de que las correas funcionasen y comenzase a moverse.

Cerró los ojos, e hizo memoria de la primera vez que tuvo una discusión con su amiga. No recordaba bien la razón de su enojo, pero debía de ser algo similar, recordaba las palabras acidas que salieron de su boca, como le recriminó a Coco que como se le ocurría forjar una relación con el hombre que tanto daño le hizo, esta siendo plenamente consciente de que sus mayores problemas mentales y físicos fueron por culpa de Jacques.

Ah, ahí recordó la respuesta de Coco.

"Debes mantener a sus amigos cerca, y a tus enemigos aún más cerca."

En el momento lo encontró ridículo.

¿Por qué mierda querría estar cerca de su padre?

No tenía razones, ni siquiera quería, le daba asco siquiera pensarlo. Lo único que quería era que se alejase más y más, incluso que se fuese a un plano completamente diferente del suyo.

Esa debía ser una de las formas que esta usó para cuidar de su espalda. Cada vez que salía con Coco, su padre lo permitía, y era tranquilizador, porque al final del día era su única amiga. De otra forma, él se lo negaría, y hundiría a Coco con tal de alejarla de ella.

No tenía duda de eso.

Era por lo mismo por lo que quería mantener en secreto su relación con Ruby, sobre todo antes, porque si este era capaz de hundir a gente grande, no le costaría nada el hundir a una prostituta. Ahora se sentía en una leve calma, al menos tendría la oportunidad de presentarle a Ruby, como la socia que era.

Recordó las clases que le dio el domingo, porque la pobre ni siquiera sabía cual era el comportamiento protocolar en una fiesta de esa magnitud, aunque fuese de Coco, lo que significaba que no era tan protocolar como el resto. Aun así, fue una buena oportunidad para enseñarle algunas cosas a la mujer, cosas que le serían útiles ahora que era una persona de sociedad.

Al menos Ruby se comportó y le hizo caso.

Se vio sonriendo, aun encerrada en el elevador, y logró ver su reflejo en los espejos que había en las tres paredes de ese rectángulo de metal. Esa sonrisa…no era para nada propia. Se vio a si misma adquiriendo color.

Habían pasado varias cosas el fin de semana, y se sintió tan bien que podía considerarse satisfecha.

Se vio soltando un suspiro, intentando recuperar su faceta usual, y ahí al fin permitir que el elevador siguiese su camino designado. No podía dejarlo detenido por siempre.

¿A quién engañaba?

No tenía idea cuantas veces Ruby la había tocado desde la primera vez, pero eran demasiadas, y esta nunca parecía calmar esas ganas, esas ansias, y ahora la entendía por completo. Se sentía liberada de esa presión que tenía constante, incluso desde aquel día cuando fue a la casa de Ruby y de inmediato tuvo la intención de mover sus cartas y tocar a Ruby, pero hasta ahora que no tuvo la confianza para hacerlo correctamente.

Se sentía bien.

Ahora podía devolverle el favor correctamente, y no creía que podría mantener las manos lejos de Ruby, si, ahora realmente la comprendía.

Su rostro volvió a ser el mismo cuando salió del ascensor.

Su secretaria parecía atenta a su llegada, más de lo usual, sus orejas moviéndose hacía la dirección suya, y de inmediato se levantó. Le llamó la atención su actitud, y notó como esta se acercaba, llevando en sus manos una gran caja envuelta en seda.

"Señorita Schnee, le ha llegado este paquete."

Normalmente esta le avisaba de inmediato si llegaba alguna cosa, pero como estaba en una reunión pues debía asistir, y llevaba mucho rato ahí abajo.

Se apresuró en abrir su oficina para dejar el paquete ahí. Si, siempre cerraba su oficina, era una mala costumbre, o al menos una costumbre llena de desconfianza. Temía encontrarse a su padre ahí, como antes, cuando lo encontraba en su habitación.

Esos traumas de la niñez jamás se irían, ¿No?

Se quedó sola en su oficina, con la gran caja de tela rosa, ocupando un gran espacio en su escritorio. Habría dudado un poco, algo de paranoia en su cuerpo cada vez que llegaba correspondencia, sobre todo de cosas así de grandes. Tal vez culparía a su padre también de eso, el cual mandaba a sus guardaespaldas a abrir cada una de las cosas para asegurarse que no fuese una excusa para atentar su integridad. Nunca sucedió algo similar, pero le hubiese agradado ver algo así. Darle una excusa para que temiese.

Negó, no debía ponerse así, era claro que debía venir del sastre que Coco contrató. Dijo que este les dio total prioridad para terminar sus vestidos lo más pronto posible, y considerando el poco aviso que Coco les había dado, velocidad era lo más necesario. Por suerte todo se hizo a tiempo, y si bien no se podía comprar tiempo, si se podía comprar horas laborales de la más alta calidad.

Se dejó caer en su silla, hundiéndose en el cuero.

Se sentía agobiada, sabiendo lo que vendría ese sábado, y su padre poco a poco comenzaba a capturar su cabeza.

Agradecía que la voz que solía oír se hubiese quedado en silencio, aun sin saber porque había desaparecido de la nada, pero se sentía con un problema menos.

Le agradaba la idea de que su padre estuviese lejos, haciendo sus cosas, y así poder tomarse un respiro. Pero lo bueno no iba a durar por siempre.

Soltó un largo suspiro y se levantó.

No iba a dejar que su padre le arruinase la ocasión. Coco iba a asegurarse de dejar a Ruby bien ante él, confiaba en ella para eso, y le había enseñado a la menor lo suficiente para que pudiese desempeñarse correctamente en una situación así. Todo iría bien, no había forma de que no fuese así. No quería ser tan positiva, temiendo que la realidad la golpease muy duro, pero si, conocía a sus amigas. Oh, era raro llamar amiga a Ruby, porque lo fue, y, de hecho, ahora eran más que eso.

¿Una pareja podía seguir siendo un amigo?

Negó, riendo.

Ruby podía ser todo para ella, no tenía duda.

Al fin se animó a abrir el paquete, levantando la tapa.

Lo primero que vio, fue rojo.

Se quedó ahí, pestañeando, observando la tela.

Era su vestido, pero era rojo.

Nunca usaba nada rojo.

Frunció el ceño, sin entender que ocurría. Probablemente se confundieron al mandar los paquetes, cabía esa posibilidad.

Dio un salto cuando su teléfono comenzó a sonar, o a vibrar realmente. Lo sacó del bolsillo interior de la chaqueta de vestir, y se sorprendió cuando vio el nombre de su novia en la pantalla.

No dudó en contestar. Fue casi como si esta le leyese la mente.

"¿Ruby?"

"Oye, Weiss, se que tenías una reunión y todo, pero no me aguanté para llamarte. Sucede que me llegó la caja con el vestido para el sábado, pero al parecer se equivocaron."

Soltó una risa, podía oír cierto pánico en la voz de la mujer.

"Creí exactamente lo mismo cuando lo abrí y me topé con un mar rojo."

Ruby soltó una risa al otro lado de la línea, tal vez relajándose, ya que no era algo tan abrumador como esta debió de imaginarse. Solo un error de envió, nada más. Esta incluso soltó un suspiro.

"Uff, no sé qué creí, pero ya me veía yendo desnuda a esa fiesta."

Se vio en silencio, sin responder absolutamente nada, su cabeza dando un giro hacia pensamientos increíblemente impropios.

Realmente había perdido el control de si misma.

Frunció los labios, dándose cuenta de lo reprochable de su actitud, mientras sentía el rostro hervir.

"¿Weiss?"

Carraspeó. Creyó que ya había superado esa etapa de esa relación donde se sentía una adolescente, pero no era así.

"No te preocupes, tu vestido está aquí sano y salvo, así que no tendrás que hacer eso."

Intentó mantener su voz neutral, pero tal vez fue demasiado neutral, ya que no hablaba así con Ruby. Era claro que esta lo notó, y no supo como no se dio cuenta de lo evidente que iba a ser. Debía controlarse, no podía ser así.

"Por dios, Señorita Schnee, ¿Querer tenerme desnuda en la privacidad no es suficiente para usted?"

Pudo escuchar claramente el tono burlesco de la mujer, y la risa que esta intentaba aguantar. Por Dios, claramente se dio cuenta, se odiaba por ser tan endemoniadamente obvia, y odiaba a Ruby por ser tan perspicaz en esas cosas.

"L-luego vemos como lo solucionamos, adiós."

Y colgó.

Se quedó ahí, apoyando las manos en el escritorio, sintiendo la cara hirviendo. Al parecer nunca iba a dejar de avergonzarse frente a Ruby, y no tan de frente. Realmente huyó. Se sentía tonta por hacer eso, sobre todo luego de todo el tiempo que llevaban conociéndose.

Lo que ocurrió el sábado la dejó fuera de sus cabales, no tenía duda.

Su celular quedó abandonado, pero notó de reojo como la pantalla se encendió al llegarle un mensaje.

"Eres muy linda."

Y un montón de corazones.

Se iba a morir de la vergüenza, no había duda, ese iba a ser su destino.

Las horas siguientes pasaron con rapidez, entre el papeleo y el andar persiguiendo a unos de sus empleados para reprenderlos por faltar en sus deberes, le hizo perder por completo la noción del tiempo, y era un alivio, considerando como había sido su mañana desde que se enteró lo de su padre, y era un beneficio enorme el sacarse al hombre de la cabeza.

Estaba terminando de leer uno de los informes que le acababa de llegar al correo cuando escuchó sonar el teléfono corporativo.

Contestó sin desviar la mirada del documento.

"Señorita Schnee, Ruby acaba de llegar."

¿Qué?

Por inercia fue a mirar su teléfono, el cual no había mirado desde el almuerzo. Había una notificación de un mensaje de Ruby, el cual claramente no había leído.

"Voy a pasar a tu oficina antes de que te vayas a casa para intercambiar los paquetes."

Ah.

Ahí estaba la razón.

Colgó el teléfono y caminó a la puerta.

No es que le molestaran las visitas sorpresa, pero a veces se veía confundida en el espacio y tiempo cuando llevaba sin parpadear por tantas horas seguidas. Mientras no estuviese en una reunión, iba a ser capaz de tomarse un par de minutos para hablar con la mujer, porque era claro que no podía aburrirse de ella.

Y un corto respiro siempre era bienvenido. Sus ojos ya ardían con la pantalla.

Ruby parecía cómoda hablando con su secretaria, le daba gusto que pudiesen darse unas palabras de vez en cuando, al final, eran prácticamente familia si lo pensaba así.

Los plateados no demoraron en ir hacía ella.

Esta estaba vestida con una camisa roja y pantalones negros, y en sus manos traía el famoso paquete, una replica del suyo. Si bien Ruby no era de abrigarse mucho, se veía desabrigada para el mal clima que había, así que tenía la cierta idea de que esta decidió venir en auto en vez de caminar. No la culpaba, ella misma y su auto casi eran un mismo ente.

De nuevo tuvo esas ganas de ver a Ruby manejando su deportivo, eso si era algo que le causaba intriga.

Ruby se acercó lo suficiente para darle un beso en la mejilla, algo que encontró bastante tierno, sobre todo si era claro que había una tercera persona ahí con ellas. Esta parecía estar siempre atenta a su comportamiento, lo que encontraba admirable.

Le permitió entrar a la oficina, y Ruby dejó el paquete al lado del suyo, ambos luciendo exactamente iguales.

"Ahora entiendo porque se equivocaron."

Ruby dijo, mirando ambos paquetes, y no pudo no darle la razón. Muy bonito el diseño, pero para hacer y entregar dos paquetes simultáneamente debía de ser algo confuso.

Se quedó mirándola, sintiendo como que había pasado tiempo desde la ultima vez, y no, fue hace solo unos días.

Notó algo en ella, algo que no estaba bien.

Se acercó un poco más, y esta notó el acercamiento, era claro.

"¿Qué pasa, Weiss? ¿Tampoco puedes alejar tus manos de mí?"

Esta parecía divertida, sonriéndole con esa picardía que afloraba en momentos así. Por su parte soltó un bufido, no era la razón de estar mirando así a Ruby, pero aun así el comentario le afecto, porque en parte era completamente cierto.

Dio dos pasos adelante, hasta que sus cuerpos quedasen relativamente pegados, y ahí recién movió su mano, dirigiéndola hacía el rostro de la mujer.

Esta parecía haber vacilado, su confianza perdiéndose poco a poco, y notó como esta parecía ligeramente nerviosa.

Nuevamente, no era su intención, pero lo disfrutó.

Posó uno de sus dedos en la mejilla de Ruby, y lo pasó por la mancha de aceite que ahí había. Esta parecía estar seca, así que no se salió como pretendía.

"Estas sucia, Ruby."

Le dijo, mientras se volteaba, buscando sus necesarios pañuelos, así como sacó un frasco de crema desmaquillante. Probablemente necesitaría algo húmedo para quitar la mancha del todo, y no iba a usar su saliva para algo así, aunque no tenía duda de que, en el caso contrario, que fuese ella misma la que estuviese manchada, Ruby no dudaría en hacer eso.

Aunque eso de compartir gérmenes con Ruby no era un problema a esa altura.

Cuando miró a Ruby, esta tenía una mano en su nuca, y su rostro ahora si que estaba rojo. Al parecer debió emocionarse con su acercamiento, y debió ser vergonzoso para ella la razón de todo.

"Lo siento, no me di cuenta. Debió suceder cuando revisé una avería en uno de los autos antes de venir aquí."

Si, estaba avergonzada, y solo pudo reír ante su reacción.

Echó un poco de crema en uno de los pañuelos y lo pasó por la mancha, esta cediendo del todo.

"Listo, ahora si todo está correcto."

Ruby rio con su tono nervioso, su mano aun en la nuca.

"¿Sabes? Recordé cuando comíamos juntas en el Red Velvet y yo siempre solía mancharme. Jamás creí que me ibas a limpiar tú."

Oh, cierto, era un clásico de Ruby. Y bueno, ¿Quién no se mancharía al comer de esa forma? Esta ni siquiera respiraba, nada, simplemente atacaba sin misericordia a lo que fuese que había en su plato.

Recordó también cuando hicieron cosas indebidas en su auto, y también aprovechó la ocasión para limpiarla. Aunque no iba a mencionar aquello, o más bien, no era capaz de mencionar aquello.

Llevó las manos a las mejillas de Ruby, las cuales estaban cálidas aun ante su sonrojo, y sus frías manos poco a poco comenzaron a entibiarse.

"Vas a tener que tener cuidado en la fiesta, ya que no podré limpiarte el rostro si llegas a ensuciarte."

Ruby de inmediato hizo un puchero, con esas muecas de cachorro adorable tan características.

"No sé qué va a ser de mi sin tu ayuda."

Soltó una risa ante el tono dramático que la mujer, y no dudó en acercarse y darle un breve beso en los labios.

"Digo lo mismo, no se si pueda aguantar las ganas de acercarme a ti."

Ruby rio también, cambiando su mueca a una mas feliz, olvidando por completo su pena desbordante que parecía mostrarle. Sintió la nariz de esta chocar con la propia, y el gesto le pareció tan tierno que no se resistió de seguirle el juego.

Al final, se quedaron ahí, pegadas, uniendo sus frentes, respirando al unísono. Las manos de Ruby sujetaban las propias, que seguían en sus mejillas.

Era agradable esa sensación.

"No quiero que sea la fiesta, pero al mismo tiempo ya quiero verte en ese vestido."

Ruby no la miraba, aun pegada en esa posición, lo que si cambió fue la posición de las manos, que se fueron a su cintura, rodeándola, quedándose enlazadas tras su espalda. Se sentía protegida entre los brazos de esta, y eso le hizo recordar aquello de lo que se había enterado.

"Mi padre ya confirmó su presencia en la fiesta."

Ruby de inmediato la miró, su cuerpo tensándose con la mera mención de su padre, y si, ella sentía eso mismo, pero al menos ahí, en ese lugar seguro, podía decirlo sin sentirse preocupada o molesta como sintió hace solo unas horas.

"¿En serio? Rayos, en serio estaba confiando en que algo sucedería y no asistiría, no lo sé, que los aviones dejen de funcionar o que hubiese una tormenta."

"Eso aun puede suceder, pero conociéndolo, partirá con tiempo en caso de que pueda tener algún contratiempo."

Ruby asintió, su rostro aun en conflicto. Realmente lo de hablar con su padre era un desafío que quería posponer lo que más podía. Si bien no iban a decir nada de su relación amorosa, iban a mostrar su relación laboral de una manera más íntima. Al menos así, cuando se supiese de la relación que tenían, no iba a ser una noticia tan fuerte de oír. Que los socios terminasen teniendo una relación era algo bastante común, de hecho, los mismos padres de Coco se conocieron de esa forma.

Coco debió de usar eso como inspiración para volver a Ruby su socia.

Lo que Ruby necesitaba era un refuerzo positivo.

Recordó algo que esta le ofreció cuando hizo algo que no le agradaba del todo, y era una buena oportunidad para mencionarlo.

"Te recompensaré con lo que quieras luego eso."

Los plateados parecían sorprendidos, toda su expresión cambiando de la preocupación a una mueca alerta. No sabía si esta había entendido la referencia hacía sus propias palabras del pasado o no, pero su sonrisa le daba la sensación de que sí.

Podía notar emoción en sus ojos, en su postura, en su sonrisa.

Ruby se acercó, pegando más sus cuerpos ya pegados, y luego sintió los labios de esta pasar por los suyos, rozándolos, pudiendo sentir la sonrisa de esta a través de la piel sensible de su boca.

"Espero no vayas a flaquear cuando te diga lo que quiero hacer."

Oh no.

Ruby tenía una mente maestra, y podía saber por el tono de su voz que ya tenía un plan de ataque.

Se vio sonrojándose, su aliento volviéndose difuso, denso.

Bueno, ya estaba preparada para todo, o al menos de eso se iba a convencer. Estaba curiosa de saber que pasaba por la mente de su novia.

Ya quería que llegase el día.


Capitulo siguiente: Adicción.


Espero hayan disfrutado este capítulo, bastante tranquilo y con su toque cursi. Se viene el día, está a la vuelta de la esquina, y tendrán que toparse con el antagonista de esta historia.

Nos leemos pronto.