Red Velvet

Capítulo 51: Adicción

No podía ser verdad.

Miró el paquete, ahora vació, buscando algún tipo de tarjeta al fondo de la caja que dijese algo, como que era una broma o algo similar.

Pero no.

Caminó hasta el espejo de cuerpo entero que estaba en su habitación, necesitando otra prueba. Tal vez estaba malinterpretando sus propios medios, su tacto, su vista incluso.

Que ilusa el tener ese optimismo ciego.

Se miró a si misma, su cuerpo luciendo un vestido blanco, el cual se veía claramente que no era de su talla, era demasiado grande para su cuerpo.

Al principio le hizo ruido el espacio libre de su cintura, creyendo que si subía la cremallera se iba a solucionar, pero al hacerlo era claro que no era así, sobre todo notando como había un espacio vacío entre su busto y la copa del vestido.

No era para ella, era claro.

Se quedó ahí, mirando su reflejo usando aquel vestido que, si bien era bonito, en ella lucía como una carpa de circo, pero desinflada. De acuerdo, tal vez estaba exagerando un poco, pero no era ceñido al cuerpo como debía de ser.

Sujetó el vestido con uno de sus brazos, sujetándolo en su cuerpo, evitando que este cayese al suelo, porque era claro que nada iba a detener su caída. Se movió rápidamente por la habitación, buscando su teléfono.

Estuvo a un segundo de llamar a Ruby, ¿Pero que le iba a decir? Primero tenía que solucionar el tema, o más bien, encarar al posible culpable.

Ruby le dijo que no se iba a probar el vestido, porque quería estar con este el menor tiempo posible, así que dudaba que esta fuese a averiguar si le quedaba el suyo, pero tenía una teoría clara de lo que estaba ocurriendo.

El tono sonó un par de veces, y volvió a mirar su reflejo frente al espejo, y lucía tan mal que hasta le daba risa.

"¿Y este milagro? ¿Acaso me extrañaste, querida?"

Vio su propio rostro en el espejo, como se contorsionaba ante la voz de Coco, perdiendo la paciencia más rápido de lo que creyó.

"¿Te equivocaste al decirle los colores de los vestidos a tu sastre?

Coco no le respondió, al parecer tomada por sorpresa ante su tono. Normalmente esta se lo tomaría todo con más ligereza, de hecho, ella misma se lo tomaría con más ligereza, pero ella sabía, y Coco sabía, que, si tenía que ver con Ruby, no iba a haber ligereza alguna.

"De acuerdo, no, no fue un error. Y antes de que te enfades, lo pensé porque creí que a ustedes les gustaría ver a la otra con sus colores, ¿O me equivoco?"

No, no lo estaba.

Claro que quería ver a Ruby de blanco, y sabía de primera mano que a Ruby le gustaba verla de rojo, sin embargo…

"Mi padre va a estar ahí, él sabe que nunca uso colores fuertes, va a sospechar de inmediato."

"Oh."

Fue simplemente un sonido, pero notó el pánico en la voz de Coco, un pánico que nunca oía en ella, porque no era algo que esta sintiese a menudo. No se había percatado de eso, de hecho, estaba segura que esta invitó a su padre más por inercia, porque siempre lo hacía para mantenerlo cerca.

"Ahora si puedes enojarte conmigo, Weiss."

Esta la dijo finalmente, su voz más agotada de lo que creyó que la oiría. Escucharla así le hizo bajar el ímpetu de su ira. Eran claras sus intenciones, como quería que ambas pudiesen hacer cosas que no podían porque debían mantener su relación oculta.

No podía culparla a ella.

"Descuida, aprecio que lo hicieras, no estoy enojada."

Escuchó a Coco soltar un suspiro, casi y podía escuchar los engranajes de su cabeza moverse.

"Creo que ya se que decir para que no sea sospechoso. Quiero que ustedes pasen un buen momento juntas, así que cuenta conmigo para mantener la calma, no te tienes que preocupar de nada."

Hace tiempo que no escuchaba ese tono en su amiga, y se vio sonriendo. Ahora se veía incluso más ridícula con ese vestido enorme.

"Gracias, Coco, en serio lo aprecio."

"Todo por mis socias."

Esta le dijo antes de colgar.

Bueno, al menos había descubierto el misterio, ahora debería de solucionarlo. No quedaba nada para la fiesta y Ruby aun no debía ni saber que su vestido rojo no le entraba.

Se vio riendo, pensando en que, si ella misma se veía ridícula con ese vestido blanco gigante, Ruby debería de tener una mueca de pánico al intentar hacer caber el pequeño vestido rojo en su cuerpo. Y, por una parte, quiso verla hacer el intento.

El horario de Ruby no era muy diferente al suyo, solamente que esta entraba un poco más tarde que ella y salía un poco más tarde también. Le agradaría cambiar de horarios, o algo similar, y, de hecho, era la jefa, debía de poder hacer un pequeño ajuste. Se había acostumbrado, esos tres años a despertar temprano, pero tal vez jamás le gustaría hacerlo. El principal motivo por que no hizo cambio alguno cuando empezó a trabajar ahí, era porque a la hora que ella salía de casa, su padre no estaba aun de pie, por ende, no podía hablarle ni nada, y eso le ahorraba estrés, y siempre podía excusarse de cualquier tipo de actividad al decir la hora a la que entraba a trabajar.

Suficientes puntos a favor, así que lo dejó así.

No era tan molesto si le veía el lado bueno.

Salió de la oficina y se subió a su auto, dispuesta a hacer una parada extra antes de ir a casa.

Sentía que había pasado una eternidad desde la ultima vez que pasó por el taller.

Le impresionó ver mucha gente ahí. Ruby le había comentado que Coco decidió anunciar unas ofertas nuevas, ya que el distribuidor sacó nuevas piezas de edición limitada, y obviamente iban a ser vendidas en exclusiva en ese lugar. Sin embargo, no creyó que tanta gente iría. Había un auto detenido en la entrada, impidiendo el paso de otros autos, en particular, del suyo. Frunció el ceño, y decidió estacionarse afuera.

No se iba a morir por caminar un poco.

Tomó la caja, y comenzó a caminar hasta el taller, esta vez utilizando la entrada principal.

Notó de inmediato que había más gente de lo usual, incluso uno de los chicos trajeados que atendían, parecían no dar abasto. Uno estaba atendiendo a una mujer mientras que un hombre le pedía otra cosa, y este se esforzaba por ayudar a ambos.

Se apresuró a ir a la parte de atrás, sin querer que uno de estos intentase ayudarla creyendo que era un posible cliente. No lo era, al menos no hoy.

Las puertas de vidrio se abrieron al pasar por ellas, y entendió porque el auto estaba ahí tapando la entrada. No había más espacio. El que parecía ser el dueño de aquel auto, hablaba fervientemente con uno de los mecánicos, que parecía frustrado diciéndole que tenía que esperar.

Todos parecían estar haciendo algo y los estacionamientos donde se hacían las revisiones estaban completamente llenos. Eran bastantes, pero aun así no daban abasto. La publicidad había sido tal vez demasiada para ser un lugar relativamente exclusivo.

Sus ojos rápidamente fueron hasta una gran camioneta que estaba siendo levantada del suelo por una extraña maquinaria, lo suficientemente alto para que las personas pudiesen caminar por abajo sin agacharse. Le sorprendió ver que la persona que estaba trabajando en ese vehículo, no era un mecánico cualquiera, era su Ruby.

Se quedó mirando, al principio sin creérselo.

Ruby ayudaba de vez en cuando, pero ahora parecía estar trabajando por completo en el vehículo. Todos los otros mecánicos estaban en otros vehículos, intentando acabar con ellos para empezar con otro, y Ruby no era la excepción. Esta tenía puesto un pantalón de vestir negro, sujetándolo con un cinturón de cuero café, y en el torso llevaba una camiseta sin mangas, parecía tener un color claro, pero estaba evidentemente manchada de negro.

No esperaba ese desplante, pudiendo verla de esa forma, ver sus brazos manchados de aceite, sus manos enguantadas, su tatuaje levemente expuesto.

Se sentía tentada.

Y ese momento era el menos indicado para tentarse.

Debía entregarle el vestido, o luego sería demasiado tarde, pero le aterraba el tener que acercarse, sobre todo viendo esa camioneta enorme ahí. No tenía idea que tan seguro era, pero no se sentía con la confianza de pararse debajo. Pero debía hacerlo.

Tomó aire y se acercó, manteniendo la caja cerca de su cuerpo, teniendo miedo de que se le cayese o algo similar, porque ahí no era el lugar más limpio para dejar caer un vestido blanco.

Ya más cerca, pudo ver lo que Ruby estaba haciendo.

La vio intentando girar una tuerca, que parecía estar dándole problemas, y con la otra mano parecía estar sujetando una pieza, parecía importante, porque esta lucía muy concentrada y aplicando la fuerza indicada para no cometer algún error.

No pudo decir palabra alguna, teniendo miedo de distraerla y arruinarle el trabajo.

Al final, fue la misma Ruby quien la vio, sus ojos por inercia dando vueltas a su alrededor, al parecer asegurándose que todo estuviese funcionando a su alrededor, y ahí la vio.

Sus ojos plateados cambiaron de inmediato, de esa seriedad a ser esos ojos adorables que solía ver.

"Hola."

Esta le dijo, su tono sonando muy amigable para alguien que estaba en una situación semejante, incluso en un momento bastante tenso considerando la cantidad de gente que aumentaba a cada segundo. No se había dado cuenta, pero esa parte parecía estar botando líquido, gota tras gota, manchando el suelo, así como notaba que caía en el guante de Ruby, y ahí bajaba, avanzando por su brazo.

Era un caos.

Era un caos demasiado estimulante, debía admitirlo.

Se quedó un poco absorta, mirando el cuerpo de Ruby, el cual claramente estaba manchado de sobremanera, esa ropa debía ir a la basura sin duda, así que no fue capaz ni siquiera de contestarle el saludo. Buena técnica la de su cabeza para fijarse en la ropa manchada en vez de ver a Ruby manchada como un todo, así alertaba a su obsesión por la limpieza y su misofobia en vez de alertar a su libido, el cual era totalmente peligroso a estas alturas.

"¿Quieres que me acerque y te de un abrazo?"

Rodó los ojos, notando la sonrisa divertida de Ruby, sus mejillas se empezaron a encender y se maldijo por eso, obviamente su silencio decía demasiado y eso la dejaba expuesta. Se le hacía difícil no mirarla, en serio, era complicado, y esta así de fácil se daba cuenta de sus impropias miradas.

Por inercia miró alrededor, veía a un solo mecánico cerca, el cual tenía unos audífonos puestos, mientras tenía más de la mitad del cuerpo metido dentro del capó del auto. No quería que nadie las viese así, claramente coqueteándose con la mirada.

Esta simplemente reía, siguiendo con su trabajo. Admiraba la capacidad de Ruby de reírse mientras había tal caos a su alrededor. Bueno, la conocía, era evidente eso, ni siquiera le sorprendía a estas alturas.

La capacidad de mirarla de esa forma cuando estaba en una situación difícil.

De hecho, era una de las cosas que envidiaba de Ruby.

"No me gustaría importunarte, pareces estar muy ocupada, pero tengo que entregarte esto hoy."

"¿Sí?"

Ruby la miró de reojo, una sonrisa en sus labios. Podía notar la burla en ella. Lo del abrazo fue de adrede, pero la mueca que esta tenía ahora era aun mayor que la de recién. Debió captar su voz sobreactuada, robótica incluso. Ya se consideraba débil antes, ahora mucho más.

Ruby claramente le estaba coqueteando, ni siquiera tenía que decir mucho, su mirada, y su sonrisa, era suficiente.

Y estaba funcionando.

¿Cómo podía reaccionar tan rápido a los estímulos? Y esa pregunta iba hacía ambas.

Esta se giró levemente, dándole más vueltas a la tuerca aquella, y podía notar los músculos de esta tensarse, los de sus brazos y los de su espalda. Se mordió el labio. Estaba cayendo.

"Si, Ruby. Necesitamos cambiar de vestido."

"Si quieres puedes dejarlo en mi oficina."

Ruby le dijo, y de inmediato se movió para ir ahí, pero esta la detuvo.

"La llave está en mi bolsillo."

Buscó los ojos plateados, notando un brillo divertido en ellos.

Otra más que cerraba la oficina con llave. Al menos lo de Ruby era más comprensible, ya que esta estaba relativamente a la mano de cualquiera, a diferencia de la propia, que tendrían que pasar sobre su secretaria para entrar.

Soltó un suspiro, mirando alrededor de nuevo. Los dos autos que estaban a los lados las escondían un poco de miradas ajenas, lo que era un alivio, pero no era suficiente.

Se acercó más, sintiendo cada vez más fuerte el aroma a aceite y a combustible, y sumado a eso, el aroma a rosas. No era la primera vez que sentía ese aroma en Ruby, y se vio más atraída que antes, y obviamente esta lo sabía. Tal vez se lo dijo aquella vez, tiempo atrás, en aquella situación de su auto, que ni siquiera quería mencionar o su cabeza se iba a calentar incluso más.

"Bolsillo trasero."

Miró a los plateados, los cuales la miraban con malicia.

"No se porque estás haciendo esto, pero si querías frustrarme, lo conseguiste."

Estuvo impresionada de sus propias palabras, sus honestas palabras. Ruby solo sonrió en respuesta, había una mancha en su rostro, y se retuvo de limpiarla de nuevo.

Como quería limpiarla, y al mismo tiempo como quería que Ruby la ensuciase. Y le aterraba que esta supiese eso, porque era evidente, rara vez Ruby le coqueteaba de esa forma a menos que supiese exactamente lo que la estaba haciendo hervir.

Tampoco debía impresionarle eso, Ruby debía de conocerla más de lo que ella misma se conocía.

"Dicen que hacer esto es una buena forma para liberar estrés."

Esta dijo, mientras hacía que apretaba la tuerca. Ya ni siquiera confiaba en que esta tuviese que seguir haciendo lo que hacía. Tenía la sensación de que estaba alargando el momento para molestarla, nada más. Debía ser plenamente consciente de como lucía su cuerpo en esa posición.

Un acto realmente vil.

"¿A que te refieres con 'hacer esto?"

Le preguntó, dudando realmente si quería saber. Sujetó bien la caja con una de sus manos, mientras que se preparaba mentalmente para sacar la llave con su otra mano.

Ruby giró su rostro, prácticamente quedando frente a ella, acercándose lo suficiente para sorprenderla. Podía notar su expresión juguetona y madura, mientras le mostraba los dientes. Prácticamente pudo sentir la respiración ajena en su rostro, el calor ajeno en su piel, y eso la hizo hervir incluso más. Sabía que estaban en público, y saber que estaban tan cerca sus labios de colisionar la hacían sentir extasiada.

Vaya exhibicionista se había vuelto.

"Excitarte."

La palabra salió de Ruby como un leve susurro, pero para ella sonó con suficiente fuerza para entrar en su cabeza con facilidad. Esta terminó la palabra pasando la lengua por sus labios, remojándolos, incluso la sintió acercarse incluso más.

No tenía que verse para saber que estaba completamente roja.

Escuchó la risa de Ruby cuando sacó la llave del bolsillo ajeno con una brusquedad y rapidez, que hasta a ella misma le impresiono, y avanzó a la oficina con toda la velocidad que su caminata podía permitirle. Se sintió torpe al llegar a la puerta y no ser capaz de abrirla, sin saber cual era la llave, ni tener la capacidad motriz para darle en el blanco. Por suerte, Ruby ya no podía verla desde esa posición, y eso era un alivio.

Entró y se encerró ahí, respirando profundamente, rogando porque nadie hubiese notado lo indispuesta que se encontraba. Necesitaba controlar sus latidos y el rojo en su piel. Se sentía hervir, y le impresionaba lo débil que se había vuelto.

Se tomó un momento para mirar a su alrededor, recordando el sentimiento de comodidad cuando entró ahí por primera vez, la sensación de hogar, la sensación de Ruby. Vio la caja gemela de la suya sobre una de las sillas, y se acercó, para dejar la suya en ese lugar e intercambiarlas antes de que volviese a haber algún problema. Ya parecía una broma del universo en su contra, no quería llegar a su casa y volver a tener el vestido blanco o quien sabe. Se iba a asegurar las veces que fuese necesario.

Mañana, si llegaba a haber algún problema no podría moverse de casa, su padre iba a llegar temprano y era obvio que la iba a hacer asistir con él. Hubiese deseado el llegar con Ruby a la fiesta, pero no tenía duda que en algún momento habría otra donde podría hacer eso.

Ahora que lo pensaba, tenía que cuidar muy bien sus expresiones, ya que iba a estar con su padre. Si llegaba a ver a Ruby, y se le escapaba una de esas miradas y sonrisas tétricas que se había pillado haciendo, este podría darle vueltas al asunto. Pero ¿Cómo iba a lograrlo?

No tenía idea, ni siquiera fue capaz de mantenerse calmada viéndola sudada y llena de mugre, ¿Cómo demonios iba a mantener el rostro impávido con Ruby luciendo bien vestida y elegante? Y ahora que lo pensaba, probablemente el vestido dejaría ver parte de su tatuaje del muslo, incluso el de su pecho.

Iba a morir probablemente.

"Hola de nuevo."

Soltó un grito, y llegó a dar un salto de la sorpresa. Se giró, casi como si se tratase de un asesino en serie.

Ruby parecía haber venido con la intención de molestarla, pero su reacción la dejó tan sorprendida como a ella. Sus ojos de inmediato luciendo grandes y preocupados, incluso asustada. ¿Se asustaron mutuamente?

"Lo siento, no quería asustarte, creí haber metido el suficiente escandalo intentando abrir la puerta sin ensuciar nada."

Se dio vuelta por un momento para ver el reloj que ahí había, al parecer se quedó varios minutos ahí inerte mirando la nada. Cuando volvió la mirada ya podía sentir sus mejillas recuperando el rojo que tenían cuando entró en la oficina.

Ruby la había vuelto más loca de lo que ya estaba. Al menos en un buen sentido.

"No, fue mi culpa, perdí la noción del tiempo."

Esta se le acercó, ahora toda la oficina parecía llenarse con el aroma de Ruby, esa mezcla de olores que no creyó que le gustaría tanto. Esta no dudó en apegarse lo suficiente para dejar un beso en sus labios, pero no lo suficiente para que las ropas de ambas se tocasen, por ende, las ensuciase.

"Deberías tener cuidado, si no estuviese tan ocupada no habría dudado en atacarte mientras estabas distraída."

Notó como esta le sonreía, con ese salvajismo que tan bien conocía, y no tenía duda de eso, no iba a ser la primera vez que eso ocurría, que esta usaba alguna distracción para ponerse detrás de ella y…

No, ya estaba lo suficientemente tentada para meter más pensamientos impuros en su cabeza.

Ruby debió notar en su rostro como intentaba mantenerse compuesta, por lo mismo esta no siguió encendiéndola, porque al final, las iba a encender a ambas, y no tenían tanto tiempo ni privacidad para cometer alguna locura.

Dios, no iba a poder tener intimidad con ella hasta quien sabe cuándo, y ya se sentía frustrada con las ansias. Luego de la fiesta se debería de ir con su padre, y al día siguiente le iba a ser imposible salir. Mal momento para que sus hormonas o lo que fuesen reaccionaran tan bien a los estímulos.

La mujer se alejó, abriendo la puerta que ahí había, la del pequeño baño, y escuchó el agua correr. Ruby probablemente estaba limpiando el desastre que tenía en los brazos.

No se había dado cuenta, pero tenía las manos aferradas al escritorio, los nudillos blancos. Estaba perdiendo el control poco a poco, y por más sexo que tenía, por más cosas diferentes que hacía, su necesidad crecía, diferente a lo que creyó. En su ingenuidad creyó que, si hacía de todo, luego ya no le sorprendería, ya no tendría sentido seguir, pero no, por el contrario, quería volver a sentirse así de bien, lo más pronto posible. Era algo que era demasiado bueno para simplemente dejarlo de lado, y mirándolo fríamente, era una obsesión bastante sana, comparada con el resto de obsesiones que conoció en su vida. Los medicamentos, el alcohol, incluso el trabajo, todo destruía por dentro, pero esto, en cambio, la hacía sentir fuerte, animada, saludable.

Si, era una droga que estaba dispuesta a consumir.

Una adicción que estaba feliz de tener.


Capitulo siguiente: Gala.


La tensión sexual es muy intensa ah, pero es gracioso ver a Weiss así, así que voy a disfrutar cada segundo de sus paniqueos. Y si, Coco tuvo una buena idea, pero debió decirlo con anticipación y así se habrían ahorrado malos entendidos, pero bueno, así es Coco.

Ya viene la fiesta, prepárense para un poco de todo, drama, tensión, revelaciones y el nuevo arco de sufrimiento. :D

Nos leemos pronto.