Red Velvet

Capítulo 60: Fraternidad

La limosina se detuvo frente al restaurante.

No recordaba la última vez que salió a un lugar público por su propio pie en los últimos meses, tal vez jamás lo hizo. ¿Ir al taller de Ruby contaba como un lugar público? Porque si no contaba como uno, entonces no. Era el primer lugar al que iba desde que la situación con Ruby se terminó.

Aún se maldecía por eso, que tonta fue.

El lugar era muy bonito y bien cuidado, estaba en la montaña, a algunos kilómetros de su mansión y tenía una vista muy gratificante, podía verse toda la ciudad, como los edificios se teñían en colores anaranjados, y no tenía duda que su mesa estaría en un lugar perfecto para seguir admirando esa vista.

La velada no era algo demasiado formal, aun así, los tres iban bien vestidos, y no se podía esperar menos de la familia Schnee, mucho menos si se trataba de los tres reunidos en el mismo lugar. Ahora que lo pensaba, jamás los había visto descuidados, y se vio curiosa, a lo más, había visto a su padre desvelándose usando una bata, pero seguía luciendo elegante.

¿Cuál sería la reacción de ellos si se levantaba un día con pijama y andaba con el pelo hecho un desastre? No lo sabía, pero esperaba que fuese una reacción graciosa y no desagradable como pudo ser en el pasado. Ahora que podía, iba a ver las cosas de una forma diferente, a descubrir facetas diferentes. Quería intoxicarse en esa nueva vida que tenía en frente y disfrutarla por el tiempo que pudiese.

Así como Ruby disfrutó de la más mínima cosa buena que le ocurrió en su difícil vida.

Los meseros de inmediato los guiaron a su mesa, ayudándolos a sentarse y esas cosas de las que tan acostumbrada estaba. No le gustaba del todo, pero tenía esos sentimientos encontrados, como que odiaba sus privilegios por una parte y por la otra que los adoraba, todo venía con un precio, y tal vez esas cosas eran de las pocas cosas buenas que tenía el vivir en lo alto.

De la nada, le dieron ganas de salir a comer con Ruby, tener una cita en algún lugar así, una cena elegante. Si, podía aceptar eso. Podría usar eso para hacerla usar su vestido de nuevo, esta vez solo para ella.

Intentó sacar la imagen de su mente para no estar ahí sonriendo como una idiota.

No había querido mirar demasiado las noticias basura de Atlas, para no sentirse paranoica, pero ya se sabía de ambas, de la relación profesional que tenían. ¿Un mes y medio era suficiente para que se sospechase de una relación? Quizás era muy pronto para sus estándares, pero se enamoró aún más rápido que en un mes, de eso estaba segura. Tal vez si todo eso ocurriese en otro continente que no fuese Atlas, su relación ya se estaría mencionando, pero ahí, en lo conservador que era Atlas, siquiera pensarlo les tomaría más tiempo.

Como sea, tal vez, ahora que se habían hablado de sus pasados, deberían salir a algún lado, aun le debía a Ruby el mirar tiendas para decorar su nuevo hogar. Deberían aprovechar el fin de semana siguiente para hacer eso, seria divertido. Quería salir al mundo real con Ruby, compartir un lugar público, solo ellas. Salir del encierro, por lo menos una vez.

No pasó mucho tiempo para que trajesen la carta, y de ahí se apresuraron para traerles algo para beber, una botella de vino, aunque Whitley no parecía muy contento con la elección de su padre, lo notó de inmediato, tal vez porque la cara de disgusto era algo genético, y conocía a la perfección su propia mueca, así que lo alentó a pedir otra cosa, y no supo si su rostro fue de alivio o de sorpresa, tal vez ambos.

"Por cierto, ¿Sigues jugando esos juegos de rol?"

Le preguntó a su hermano, aprovechando de que habían interactuado, y una parte de sí misma seguía pensando en aquello que le mencionó a Ruby mucho tiempo atrás. Tal vez la nostalgia de pensar en el pasado le trajo aquellos recuerdos. Además, recordaba más al niño que era Whitley años atrás, lo conocía más de lo que conocía a aquel hombre frente a ella.

Su hermano se vio pálido, para luego verlo enrojecer, y no sabía si él era el más sorprendido o ella misma al verlo así.

"¿Qué es eso?"

Preguntó su padre, sus ojos curiosos mientras se integraba a la conversación. Whitley de inmediato saltó, tenso, horrorizado de cierta forma, y aun no entendía su actitud. ¿Qué tenía de malo? A menos que fuesen juegos de rol de adultos todo este tiempo. No, no, no imaginaba a Whitley hablando de algo así con la soltura que le habló en esa época, además que era aún un niño.

"Es solo un juego tonto."

Realmente no entendió la reacción tan a la defensiva de este. ¿Estaba avergonzado del juego o de haberlo jugado? Ahora no se le podía quitar la curiosidad. Miró a su padre, para no dejarlo con la duda.

"Si no recuerdo mal, se trata de un juego donde vas creando una historia basándote en un mundo mágico, donde cada uno tiene personajes y son guiados en aventuras y batallas. Creo que tiene bastante estrategia y resolución de problemas."

Intentó saborizar un poco el tema con algo que su padre disfrutaría. Este asintió, digiriendo sus palabras, y luego miró a su hermano.

"¿Tu jugabas eso?"

"Cuando era niño, sí." Su hermano parecía un gato mojado, sus brazos tensos y su rostro rojo. Él la miró, claramente avergonzado. "No creí que lo recordarías."

Se aguantó las ganas de reír, intentando mantener su postura como una Schnee, al fin y al cabo, seguían a la vista de todos, aunque tuviesen cierta privacidad que podían costear, y a esta altura dudaba que pudiese reír con compostura si se dejaba llevar.

Ruby la estaba relajando demasiado.

"Fue hace mucho, pero recuerdo cuando me explicaste de que se trataba. Estaba pensando que quizás a Ruby le gustaría jugar un juego de emociones como ese."

"¿Ruby? ¿Te refieres a tu socia? ¿La del póker?"

Miró ahora a su padre, notando como este sonreía mientras bebía de su copa de vino, al parecer le había contado la anécdota. Al parecer Ruby creó una buena impresión en su padre, bueno, no sabía decir si era buena del todo, pero al menos le quedó marcada en la memoria.

"Si, ella, probablemente se llevarían bien."

No lo tenía del todo claro, pensando en lo que pudo contarle a Ruby de su hermano, pero si se llevó bien con su padre, no tenía duda que se podría llevar bien con su hermano, y eso de jugar a algo, era un buen cebo para atraerla. Sabía que Ruby era buena para aquellos juegos de rol de adultos, pero no tenía duda que podría también serlos en los que eran para todo público, y ya sabía lo interesada que era sobre juegos en general, sobre todo en videojuegos, así que no creía que hubiese problema. Quizás debería mencionárselo.

Tal vez le daba curiosidad verlos interactuar, al menos ahora que sentía su cabeza más tranquila, más callada, ahora simplemente podía disfrutar de lo que pasaba a su alrededor sin martirizarse todo el tiempo.

Y ver a su familia, con la persona que amaba, le daba una sensación de calma.

Una sensación hogareña que nunca logró sentir cuando estuvo comprometida.

"Gracias por avergonzarme frente a nuestro padre."

La voz de su hermano sonó claramente molesta, pero era evidente que solo intentaba lucir más controlado que hace unos momentos, realmente tenían muchas cosas en común ahora que se había dignado a mirarlo bien.

La molestia que salía con la vergüenza era de familia.

Y ahora que lo pensaba, su hermano había crecido bastante, normalmente siempre lo veía cuando estaban sentados en la sala de reuniones o en el comedor, pero ahora caminaron lado a lado, y notaba cuan alto estaba. En realidad, no estaba tan alto, pero más alto que ella, lo que era decir mucho para lo pequeño que era hace unos años. Lo envidió un poco, por su parte se quedó pequeña para siempre.

Cuando les llegó la comida, comieron en un silencio cómodo, no como antes, y se alegraba de eso. Odiaría que todo estuviese yendo bien y que las comidas fuesen incomodas, y estaba todo tan delicioso que no quería arruinar la experiencia.

La velada trascurrió en calma, hablando de todo y de nada, su padre contando a cerca de sus viajes, de la gente que conoció, de los socios con los que se juntó, los lugares que vio. Entendía que lo estuviese disfrutando tanto, de todas formas, cuando este viajaba era solo por negocios, y con lo perfeccionista que era, dudaba que fuese a tomarse unas horas para ir a la playa o para simplemente socializar sin enfocarse en lo que le haría ganar más o algo así.

Ahora que estaba en su lugar, dudaba también el malgastar sus horas de trabajo, y agradecía no tener que viajar tanto porque vaya como odiaba hacerlo. Siempre ocurría algo desagradable cuando andaba en avión, como turbulencias, retrasos, gente irritante, o, también, cuando tuvo que viajar con su querido ex prometido que hizo una escena vomitando en la azafata.

En el momento estaba iracunda, pero ahora que lo recordaba le daba risa, y asco, mucho asco.

Su hermano, por ahora, parecía enfocarse en el trabajo, nada más, y no quería que fuese tan trabajólico como ellos, tenía un puesto importante, sí, pero no era la cabeza, así que podía relajarse un poco. Tal vez se equivocaba, tal vez él si hacía cosas en su tiempo libre, así como ella, y simplemente era reacio a hablar con ellos de su vida privada, y lo entendía, al final, el pobre era quien más debió sufrir por los errores de la familia, no lo culpaba por guardarse las cosas, solo esperaba que confiase en ella un poco más, le hablase de sus hobbies o si tenía alguna novia, o novio, quien sabe.

No podía construir una familia ya armada, pero si podía intentar parchar las deficiencias que tenía, intentar hacer algo. No perdía nada intentándolo, y, de hecho, se iba a arrepentir si no lo intentaba. Podría esta ser su única oportunidad para tener una familia normal, o al menos un atisbo de ella.

Ahora que Ruby le contó sobre su historia, sobre su pasado, sobre lo que le ocurrió a su familia, se sentía aún más en la obligación de intentar arreglar la propia mientras tuviese la posibilidad, aunque fuese mínima, iba a hacer algo.

No sabía si quería incluir a Ruby en su familia, si podría algún día a tenerla a ella a su lado y que pudiese compartir la familia que tenía con ella, pero quien sabe, quizás en un futuro, iba a poder darle una familia a Ruby, porque esa mujer se merecía todo en la vida, e iba a hacer lo que sea para dárselo.

Una familia rota, es mejor que nada, ¿No?

"En la reunión mensual te vi extraña, cambiada, pero creí que era sensación mía, pero no, realmente cambiaste."

Iban caminando hasta el auto, su padre deteniéndose a hablar con el amigo dueño del restaurante que le consiguió reservación con tan poco aviso. Se quedaron mirando alrededor, la vista que tenía, como ahora, ya oscuro, la ciudad y sus luces alegres iluminaban todo, brillando, llenando de color la oscuridad. Estaba tan perdida en la vista que le sorprendió escuchar a su hermano hablarle.

Lo miró, notando ahora, una vez más, la diferencia de sus estaturas, al menos unos diez centímetros separándolos. Quizás sin zapatos se notaría más.

Su rostro estaba serio, sus ojos, idénticos a los propios, miraban hacia la ciudad, su posición tensa, perfecta, la de un Schnee, y se vio corrigiendo su propia postura por mera costumbre.

"¿Me viste diferente? ¿En qué sentido?"

No pudo evitar la curiosidad en su ser, y últimamente se sentía más y más curiosa, de todas formas, era como si un mundo completamente diferente apareciera frente a sus ojos y no era capaz de controlar las ansias de saber más, de aprender más, de conocer más.

Claro, era obvio que había cambiado, y su hermano, principalmente, debía ser capaz de darse cuenta.

"No lo sé, simplemente lo supe, no te veías tan agresiva como siempre, tan…difícil, y algunos de los presentes incluso comentaron que ahora ultimo lucías más…accesible."

Su hermano la miró, su rostro carente de emoción alguna, claramente manteniéndose en calma, y sabía que su propio rostro debía lucir igual, luego simplemente terminó sonriendo, sin poder contener esa mueca de tranquilidad que afloraba a cada rato, ahora que sabía lo bien que estaba, lo bien que se sentía.

Lo normal que se había vuelto.

Por primera vez disfrutaba de estar viva, de simplemente estar ahí, respirando el aire fresco de la montaña en la compañía de su hermano.

Ruby la había convertido en una nueva persona, Ruby la había ayudado a dejar de ser quien era, y ser alguien de la que se sentía orgullosa de ser.

Weiss, solo Weiss.

"Mi enfermedad ya no me está carcomiendo como antes, ahora estoy mejor, y luego de hablar con nuestro padre, quiero que seamos una familia al fin, una familia de verdad, no solo un apellido."

Whitley lucía sorprendido, su boca en una línea recta mientras que sus ojos la miraban sin pestañear. Este soltó un suspiro pesado, sus manos ahora en los bolsillos, al parecer inquietas.

"Padre también me habló hace un tiempo, supongo que él quiere lo mismo."

"¿Y tú?"

Este volvió a mirarla con sorpresa, pero ahora más confusión que otra cosa.

"¿Y yo que?"

"¿Qué es lo que tú quieres?"

Notó cierta aflicción en el rostro de su hermano. Lo entendía, eso, tener un pensamiento propio, tomar sus propias decisiones, era algo que jamás tuvieron oportunidad de hacer. Y si bien ella misma era una rebelde y eso le causó problemas, su hermano aprendió a no ser como ella, a no provocar más problemas, a intentar ser la viva imagen de su padre para mantener su posición, para no enfrentarlo, darle en el gusto y así él no lo lastimaría más de lo usual. Era evidente.

Este se quedó en silencio, sus ojos mirando el horizonte mientras seguía dándole vueltas a su pregunta, y en ese momento decidió acercarse más a él. Rodeó uno de sus brazos con los suyos y apoyó tu cabeza en su hombro.

Soltó una risa al sentir a su hermano, nuevamente, como un gato arisco ante el tacto. Tacto al cual no estaba acostumbrado, tal vez si cuando eran niños, cuando jugaban y eran eso, niños, pero él seguía siendo demasiado menor para recordarlo. Luego se vio solo, Winter abandonándolo, y luego ella al huir de sus responsabilidades y comprometiéndose.

Si alguien merecía cariño, era Whitley, y ahora, con Ruby siempre en su cabeza, creía que era la mejor forma de actuar. No existían palabras para decirle, ni perdones, ni nada, solo necesitaba demostrarle que estaba ahí para él, de una forma diferente a la de siempre.

"Cuando decidas que quieres, yo te apoyaré en todo, tal vez no pueda volver al pasado y hacer las cosas diferentes, pero puedo hacerlo ahora. Somos hermanos después de todo, y es un vínculo que no quiero perder, no de nuevo."

No como con Winter.

Un vínculo que se perdió para siempre.

El cuerpo de su hermano se calmó, dejó esa tensión de lado, y lo escuchó respirar a un ritmo lento y tranquilo.

"Supongo que no me queda de otra que acostumbrarme."

Lo miró, este estaba rojo, incomodo, avergonzado, y no lo culpaba, debía ser extraño que tu hermana, que apenas y te dirigía la palabra, venga y te hable con normalidad y luego te abrace. Le quedaba un largo camino para que este se sintiese cómodo con su presencia, así como a ella misma le costó acostumbrarse a que alguien tan abierto y cariñoso se acercase a ella, que le derritiese el corazón.

Tomaba tiempo, pero ahora quería invertir tiempo en esa vida.

"Exacto. No planeo volver al agujero donde estaba, así que tendrás que acostumbrarte a mí."

Su hermano soltó una risa, y fue primera vez que lo escuchó reír desde que eran niños, y no, esa risa asquerosa que hacía imitando a su padre no contaba para nada. Esa risa falsa de me rio de los chistes de socios para embaucarlos.

"Me vas a causar un infarto, hermanita."

Estaba segura de que sí.

Su padre volvió donde ellos, minutos después. Hasta ese rato, siguió aferrada a su hermano, y notó como su padre observó durante un momento la cercanía de ambos, y fue claro como sus ojos brillaron durante unos momentos, su bigote moviéndose, ocultando a duras penas una sonrisa.

También sonrió, también feliz de que podía hacer algo, que podía ser ella misma, o volver a ser ella misma, quien sabe.

Ser Weiss, solo Weiss, incluso con su familia.

Eso le daba paz.

Ya no se sentía como antes, cuando cambiaba de realidad a cada momento, como cuando iba donde Ruby y podía ser ella misma pero cuando volvía a su casa debía ponerse una vez más esa mascara, ser una Schnee, ser esa imagen que detestaba mirar en el espejo, su reflejo prácticamente siendo todo lo que odiaba en el mundo.

Se convirtió en todo lo que más odiaba.

Ahora no.

Ahora podía llegar a su casa, y ser Weiss, y sentirse bien, viva.

Casi podía sentir las manos de Ruby en sus mejillas, tocándola suavemente, su rostro sonriéndole, alegre, feliz de que no tuviese que ser quien detestaba ser. Iba a estar bien, con Ruby a su lado, todo parecía brillar, todo tenía más color, todo tenía un lado bueno.

Ruby era su faro, siempre lo fue, y ahora lo seguía siendo.

No podía esperar a verla de nuevo.


Capitulo siguiente: Mensaje


N/A: No puedo creer que ya sean sesenta capitulos, no se de donde me saco tantas ideas. Hoy les traje un capitulo tranquilo luego del infarto que me causé a mí misma escribiendo el anterior y aún duele lo que hice, pero así es la vida. Pero ya en el siguiente se retomará el orden natural de las cosas, en los siguientes, todo bien, todo divino.

Hasta que deje de serlo…

¡Nos leemos pronto!