Red Velvet
Capítulo 62: Provocación
…
Comenzó a hacer su bolso.
Hace un tiempo se compró un atuendo online, y le llegaron dos por error. Cuando contactó a la empresa, estos le dijeron que no importaba, que podía quedárselo. En su mente pensó, ¿Para qué quiero dos atuendos iguales? Pero tampoco quiso pelear más con la mujer que parecía bien terca en que se quedase con la ropa.
Y ahora, agradecía aquel error.
Su padre era muy atento con la ropa que usaba la gente, su ojo crítico, y debía admitir que había heredado aquello, así que este se iba a dar cuenta si salía de casa con un atuendo y volvía con otro, y este la conocía, jamás se quedaba con la ropa recién comprada puesta, un hábito, así como odiaba probarse la ropa en las tiendas.
Tenía claro lo que le iba a pasar a la ropa que tenía puesta.
Ruby la saludó con normalidad en la mañana, sin mencionar lo de la noche anterior para no avergonzarla, y lo agradecía, sin embargo, se avergonzó a si misma diciéndole que llevaba un atuendo de repuesto. Como siempre auto saboteándose.
La razón era evidente.
No quería sonar desesperada, ya que se sintió satisfecha con lo que sucedió, pero seguía sin ser lo mismo, quería a Ruby, sentir su piel contra la propia, sentir su lado salvaje saliendo a flote, devorándola, y luego estar en sus brazos mientras esta dejaba besos en su cabello.
Los ojos plateados de Ruby brillaban de una manera que era difícil de describir. No solo llenos de amor, pero también adoración.
Esa mirada siempre era honesta.
Como la amaba.
Salió de su cuarto, como si nada, y fue a tomar desayuno.
Su padre ya estaba despierto, apoyado en el asiento, relajado, mientras sostenía un periódico en su mano, y su hermano estaba en su lugar de siempre, tomándose una taza de té, parecía algo incómodo. No se había tomado el tiempo para ver la relación de ambos cuando estaban a solas.
Por una parte, solía martirizarse por no ser lo suficientemente valiente para huir de su casa del todo, vivir una vida ajena a la de un Schnee, pero, por otra parte, se alegraba. Su hermano la habría odiado incluso más de ser así. Abandonándolo, al igual que su madre lo abandonó, así como su hermana mayor.
Al menos ahora hablaban más, como personas normales, como hermanos normales, o lo intentaban.
Los saludó a ambos, dándoles los buenos días, y ambos la saludaron. Se sentó y Klein de inmediato se acercó a ella, dándole una taza de café y algunos dulces que hizo temprano. No era buena para lo dulce, pero Klein siempre hacía un par para ella que no tuviesen tanta azúcar, y adoraba ese detalle.
"Dijiste que ibas a estar ocupada este fin de semana, ¿No?"
Su hermano le preguntó, y se sintió feliz de cierta forma que fuese él quien preguntase y no su padre. Estaba interesado, eso era bueno.
"Tengo una cita hoy, y mañana saldré con Ruby a almorzar."
Este asintió, desviando su mirada ligeramente.
"¿Por qué? ¿Me vas a extrañar?"
No supo de donde salió aquello, pero la expresión de su hermano valió oro. Debía de poner expresiones similares cuando Ruby la molestaba, y ahora se sentía algo malvada.
"¡Solo preguntaba!"
Se tapó los labios para contener su risa. No debía reírse de él porque bien que estuvo en esa misma posición muchas veces.
Ahora que lo pensaba, su padre probablemente volvería a irse, ¿Tal vez lo decía por eso? Quizás este quería que pasaran juntos algún otro día antes de que este saliese del país. Miró a su progenitor, este sintiendo su mirada, sus ojos curiosos.
"¿Te vas a ir pronto?"
Su hermano claramente dio un salto al haberla escuchado preguntar así sin más. Quizás si se le estaban pegando malas costumbres de Ruby. Pero se sentía cómoda, más que antes, así que era inevitable, simplemente era una nueva persona, y ya casi no podía controlar ser Weiss en vez de su máscara Schnee. Su padre la miró a ella, y luego a su hermano, podía notar cierta confusión en su expresión.
"No tengo nada preparado, quiero ver unos temas aquí en Atlas, y ya pensaré si viajo o no. ¿Por qué?"
Notó como su hermano soltó un leve suspiro, al parecer más aliviado.
Si, a él debía afectarle más de lo que dejaba ver el hecho de que su familia se alejase. La casa si era muy silenciosa sin su padre ahí, solo ellos dos, y si ella salía, su hermano se quedaba por sí mismo en una gran mansión. Le dolía pensar como ambos debieron madurar demasiado pronto, y a esta edad se seguían notando las falencias que su familia les dio.
Antes, cuando se comprometió, se dijo a si misma que a penas pudiese se iba a ir de casa, mantenerse lo más alejada de esas paredes, pero ahora quería aprovecharla lo que más pudiese.
Aún tenía algo por lo que luchar.
"Simple curiosidad, dijiste que querías aprovechar tu jubilación, pero ahí estás volviendo a hacer negocios."
Su padre se acomodó en el asiento, dándole un sorbo a su taza.
"Se que siempre has sido reacia a sumar socios a la empresa, así que yo debo seguir encargándome de esos temas."
Levantó una ceja.
Eso decía él, pero sabía de primera mano que terminaba hablando con viejos amigos mientras se tomaban un trago, probablemente hablando de quien sabe qué, pero un cinco por ciento de la conversación eran negocios reales. Tal vez por eso mismo estaba en contra de pegarse viajes solo para hablar de la vida con un conocido. No se consideraba con el carisma para hacer eso, mucho menos para hacerlo pasar como una conversación natural. Apenas y podía hacer eso con su propia familia.
Eso le recordaba que tuvo que viajar en enero, visitar asentamientos de la empresa y ver que todo estuviese en orden, y si bien tenía gente para eso, era correcto asegurarse. En esa época, sin Ruby, aceptó hacer esas visitas solo porque así podría distraerse, lo que fue un punto a su favor. Al menos todo estaba en orden, que un caos habría empeorado aún más su salud mental.
El próximo año debería de volver a hacerlo, ¿Podría llevarse a Ruby con ella?
Quiso soltar una risa.
Sonó como si fuese a echarla en la maleta.
"He sumado socios, padre, solamente que lo hice de otras formas. No creo ser la mejor en hablar con ellos como si fuesen amigos de toda la vida."
Notó como su hermano soltó una leve risa mientras ocultaba sus labios tras su taza.
Él era igual.
Podían fingir, pero la gente no se les daba bien, y aun no sabía si su padre disfrutaba de hacerlo o se le había hecho costumbre, ya que llevaba años usando la misma técnica para sumar a la empresa. Pero si se jubiló y seguía haciendo lo mismo, debía ser por algo.
Al menos toda esa gente pasaba por su filtro, así como revisaba documentos de otros departamentos de la empresa, también revisaba las ideas involucrando socios de su padre. Algunas si las había tomado en cuenta, y otras eran un despropósito. Sabía que la empresa les daba poder sobre una cantidad increíble de minerales y piedras preciosas, pero aún le fastidiaba el ver el logo de su familia en una pasta de dientes. ¿Cuál era la necesidad? Pues ahí estaban los tratos de su padre.
La conversación al final terminó cambiando, sacando a relucir una celebración que se haría en la empresa en dos semanas, ya que se avecinaba el aniversario número cuarenta de la empresa. La idea de hacer algo para ese día le parecía bien, de todas formas, era el legado de su abuelo, y lo apreciaba. También sus empleados podrían disfrutar de un día menos ajetreado. Todos lo esperaban ansiosos, incluso ella misma. Iba a invitar a Ruby y a Coco, ahora que eran prácticamente parte de la empresa.
Se despidió de ambos hombres y comenzó a caminar por la mansión, asegurándose que tuviese todo antes de partir.
Ya cuando estuvo sobre su auto, revisó su teléfono.
Ruby le dijo, hace algunos minutos, que disfrutase de su desayuno, y luego había otro mensaje sin leer, y era una pregunta.
"¿Debería controlarme cuando llegues?"
¿Controlarse?
¿A qué se refería?
Oh, lo del cambio de ropa. Era evidente para lo que era.
Miró a su alrededor, sabiendo que nadie la veía ahí dentro de la cochera, mucho menos con sus vidrios tintados, pero se vio levantando un poco la falda, como si necesitase comprobar con su vista lo que tenía puesto. Si, tenía algunos conjuntos que eran bastante lujuriosos que compró en algún momento de su vida pero que jamás usó. Lo pensó, si, cuando empezó a salir con Ruby, pero jamás alcanzó a usarlo.
Creyó que ahora era una buena oportunidad.
Amaba a Ruby, pero también sentía esa ansiedad e impaciencia respecto a sentirla, y si, quería perder el control, lo estaba esperando.
Soltó un jadeo, y le impresionó lo rápido que su cerebro enloqueció con una simple imaginación.
Quizás debía decirle tal cual lo que quería, así ambas estarían en la misma página.
Desde la primera vez que lo hicieron, Ruby le recalcaba que la comunicación era lo más importante, por algo esta siempre le preguntaba. Realmente lo apreciaba.
"Quiero llegar y ver al lobo, Ruby, no te contengas conmigo, porque tampoco planeo contenerme."
Tragó, sintiendo la garganta seca.
Temió durante un momento, y volvió a escribir.
"Pero si dejas una marca en mi cuello, te dejaré amarrada y castigada."
Oh.
Lo escribió por inercia, pero aquello mismo le dio una idea impura.
Le gustaría tener amarrada a Ruby, y verla sufrir un poco.
Si. Por supuesto.
Se vio sonriendo de esa forma grotesca, y prendió el motor para controlarse. Si seguía ahí, imaginándose cosas, jamás iba a llegar a su destino, y tenía unas ganas horribles de simplemente teletransportarse donde su mujer y no tener que manejar hasta allá.
Su celular sonó, una última vez.
"Entonces, prometo mantener mis dientes lejos de tu cuello."
Comenzó a conducir, dándole vueltas a aquello, queriendo con todas sus fuerzas que Ruby no cumpliese con su promesa.
…
Sintió su espalda chocar contra la puerta de entrada, así como escuchó su bolso caer al suelo.
También escuchaba un gruñido…
La entrada solía estar siempre clara, brillante, las cortinas abiertas dejando pasar la luz, incluso en la habitación de Ruby esta ni siquiera tenía cortinas decentes aún. Ahora, estaba oscuro. Apenas podía distinguir su alrededor, como la distribución de los muebles, los sillones, y apenas podía definir el gran bulto oscuro que se le había acercado.
Las cortinas impedían que el sol entrase, así que le tomó por sorpresa el que la puerta, al abrirse, le mostrase oscuridad en vez de la imagen que solía ver.
Todo fue muy rápido, en un momento ya se vio dentro de la casa y al otro Ruby estaba lazándose contra ella.
El aroma a rosas también le llegó de golpe, pero siempre le daba gusto el sentir ese olor.
Las manos ajenas sostuvieron sus muñecas, y sus brazos quedaron atrapados pegados contra la puerta. La boca de Ruby atrapó la propia, y se vio disfrutando de ese beso intenso más de lo que imagino, los jadeos se ambas escapándose en cada movimiento.
No supo cuánto rato estuvieron besándose, pero esta cambió su ataque, y se movió hasta su cuello.
Ruby no mordió la zona, tal y como prometió, pero si sintió como atrapaba gran parte de su piel con los dientes, saboreándola. Si hacía presión con su mandíbula podría devorarla con facilidad, y deseó que lo hiciera, pero agradeció que esta no le dejase una marca de buenas a primeras.
Las manos ajenas llegaron a sus pechos, masajeándola sobre la ropa, sentía cierta desesperación en cada una de sus caricias, como movía los pulgares con intensidad en el lugar exacto, haciéndola temblar. Sus propios brazos se quedaron en posición, pegados en la puerta, y ya podía moverlos, pero decidió mantener su lugar, su posición, aunque fuese por un rato, ni tampoco creía ser capaz de mantener sus manos alejadas de Ruby.
Al final se sentían igual la una con la otra.
Ruby levantó la mirada, y por primera vez vio sus ojos desde que llegó. Esos brillaban, como siempre, como sus faros personales, pero estaban grisáceos, deseosos, así como la sonrisa que se asomaba en su expresión. Tembló ante esa mirada depredadora, mientras las manos ajenas seguían estimulando sus pechos.
Sintió los labios de nuevo en los propios, estos más húmedos que antes, deseosos, la lengua ajena entrando y explorando con desesperación.
Ya no podía más.
Movió sus manos, atrapando el cuello de su mujer, aferrándose a ella mientras usaba su propia lengua para ejercer presión en aquel beso.
Ruby dio un salto, parecía sorprendida, y no entendió porque, su mente ya bastante nublada para darle una explicación coherente.
De la nada, las manos de Ruby se aferraron a su trasero, y fue su turno para dar un salto, los dedos enterrándose en su carne, sintiéndolos tan abrasadores incluso sobre la ropa.
El beso se detuvo, y un gruñido ronco se escapó de su compañera.
Entendió de inmediato.
No necesitaban palabras.
Aferró sus brazos al cuello y las piernas al torso ajeno, mientras Ruby la levantaba. Se sintió en el aire unos momentos, pero no llegó lejos.
A través de la falda sintió la cerámica fría de la pequeña mesa que separaba la sala de la cocina. Ahí habían comido, y ahora solo podía pensar en lo sucio que era el hacer algo así ahí, pero no le importaba, le gustaba incluso más.
Ruby pasó la lengua por su oreja, por su mandíbula, bajando por su cuello, los dientes raspando la zona, evitando marcarla, pero de todas formas disfrutando de su piel, y como le agradaba esa sensación. Las manos de Ruby siguieron masajeando sus pechos, atrapando sus pezones incluso sobre la ropa, con esa habilidad tan propia de la mujer. Soltó un gemido, luego otro. Se sentía bien, pero quería más.
Los ojos grisáceos la observaron, y luego sintió un sonido estruendoso.
Las manos grandes de Ruby atraparon su camisa y sin ningún problema la abrió. Escuchó algunos botones salir disparados, chocando en las paredes o chocando contra las baldosas.
Se quedó un momento estupefacta, sabía que iba a pasar eso, pero no se lo esperó ni imaginó que se sentiría tan estimulada con el mero acto.
Ruby también se quedó inerte, los ojos salvajes mirando su pecho con detención, y así mismo se tomó un tiempo para mirar sus muslos ahora visibles ante lo levantado de su falda. No solía ocupar ropa interior con tanto detalle, ni tampoco tan llamativa, pero creyó que ya había asombrado a Ruby usando rojo en su cuerpo, y era un buen momento para hacerlo de nuevo. Como un cazador, la mujer la miró, detenidamente, las manos pasando por la tela bordada, siguiendo el camino de su mirada.
Sintió la necesidad de apretar sus muslos y crear algo de fricción, la mirada aquella causándole escalofríos, haciéndola hervir.
Nuevamente era ahí la presa, y Ruby la devoraba lentamente.
Dio un salto cuando los dedos llegaron a la tela elástica en sus muslos, estas oscuras como sus medias, rojo y negro, tirando de esta, el sonido retumbó en la sala, y notó como la sonrisa de Ruby se agrandó.
No tenía duda que esta lo estaba disfrutando.
La banda elástica volvió a azotar su piel, y se vio soltando un gemido, e inmediatamente sintió los dientes de Ruby en su pecho, al principio simplemente saboreando su piel o raspándola, sin morderla del todo, pero cuando tiró de la banda elástica una última vez, notó cierta impaciencia en la mujer, los dientes incrustándose sobre sus pechos, mordiéndola sin ningún tapujo, casi como si no pudiese aguantar ni un solo momento más, y creía que era así.
Se vio soltando un jadeo ante el dolor, pero apenas fue consciente ya que las manos de Ruby, sus dedos en particular se habían metido bajo la tela de su brasier, sujetando sus pezones con firmeza, tirando de ellos, estimulándolos, así que el placer fue suficiente para mermar el dolor.
Luego solo pudo gemir.
Sus manos se hallaban muertas a su lado, y ya no podía quedarse así.
No dudó en rodear a Ruby por el cuello, de nuevo, sus dedos se fueron a los cabellos rojizos llevados por el magnetismo aquel tan agradable. Raspó la piel con sus uñas, sus manos empujando en un vaivén, y Ruby siguió ese mismo vaivén con sus mordidas y con el masaje que esas manos expertas le daban. Se vio sonriendo al escuchar los gruñidos extasiados que provenían de la mujer cada vez que usaba sus uñas contra su cabello.
Sintió que estuvo ahí una eternidad, siendo mordida y masajeada, tanto así que incluso se sintió cerca de llegar al orgasmo solamente con aquello. Aun así, su cuerpo se movía sin control, sus caderas moviéndose hacia delante y atrás, siguiendo el vaivén ya designado.
Pero, quería más.
Quería sentir más.
Ruby debió sentirlo, o tal vez debió haberse aburrido de seguir así, queriendo también más. Ambas estaban en la misma sincronía.
Esta la empujó, o más bien, tiró su peso contra el suyo, y se vio soltando a Ruby solamente para sujetarse del mesón en el que estaba, temiendo caer hacía atrás. Soltó un gemido cuando la pelvis ajena chocó contra su centro. Pudo sentir la fábrica del pantalón de Ruby en su piel, y quiso desvestirla, y deseó en ese momento el poder tener la habilidad de mover objetos con su mente.
Bueno, tampoco veía demasiado, así que dudaba poder disfrutar el cuerpo de la mujer tal y como quería.
Ruby soltó un gruñido, no supo si fue de frustración o de enojo, o tal vez ambos.
Las manos grandes la sujetaron de los muslos, y se vio siendo acomodada en el mesón. Ruby volvió a azotar su centro con la pelvis, y le impresionaba el sentir la suficiente fricción para hacerla temblar. Realmente necesitaba eso.
Se afirmó con fuerza del borde del mesón, mientras la mujer volvía a embestirla. Podía escuchar los gruñidos frustrados resonar cada tanto en tanto, pero no podía entender la razón de ellos, su mente lo suficientemente caliente para poder comprenderla. Tal vez si pudiese ver su rostro con mayor definición sería mejor.
Sus ojos no eran tan hábiles como los ojos de cazador que Ruby tenía.
Aun no se acostumbraba a la oscuridad en la que se encontraba, y el tener la vista borrosa ante las sensaciones azotándola tampoco ayudaba en la tarea.
Tal vez no podía ver bien, pero podía sentir.
Y sintió cuando su ropa interior comenzó a ser removida, así como su falda.
Ruby detuvo sus embestidas solamente para encargarse de la prenda, y luego sintió sus piernas ser controladas por las manos ajenas.
Sus pies, aun con sus tacones, fueron dejados sobre los taburetes, y Ruby se encargó de que sus piernas quedasen lo más abiertas posibles.
Notó los ojos grisáceos brillar frente a su rostro, y se sintió temblar, por la mirada, por la sonrisa que brillaba tanto como sus ojos, y también por la sensación fría de tener su intimidad húmeda en la intemperie.
La lengua de la mujer pasó por sus labios, y se vio sacando su propia lengua. Se comenzaron a besar, Ruby aun lanzándose hacía su cuerpo, pegándose, así que no podía dejar de lado la labor que sus propias manos hacían, que era evitar que cayese.
Sería muy poco agradable en una situación así.
En todas.
Las manos de Ruby comenzaron a mover su camisa, sacándola de su cuerpo, liberándola por completo mientras que sentía la pelvis de nuevo azotar contra su cuerpo vulnerable, expuesto, podía sentir la tela del pantalón ahora directamente en ella, y la mera idea de pensar en el pantalón de la mujer completamente manchado con su lubricación la hizo arder. La estaba ensuciando ahora ella a Ruby, y la idea la hizo sonreír.
El beso se acabó, pero ahora comenzó en su pecho, bajando poco a poco.
Cuando miró su propio cuerpo, su vista ya parecía más nítida, pudo notar como su piel estaba decorada con marcas moradas. Su ropa interior estaba intacta, aun en su sitio, y con eso confirmó que a Ruby le agradó verla así lo suficiente para evitar desnudarla, usando su color.
Había sido un acierto.
Soltó un gemido cuando sintió una brisa cálida en su centro, y al mirar, notó a Ruby acomodada entre sus muslos plenamente abiertos. Jadeó al sentir los dientes de Ruby raspar su pelvis.
Al parecer las mordidas no se iban a acabar.
Y en parte, era culpable de eso, así que no podía quejarse.
La lengua ignoró su centro, donde más la necesitaba en ese instante. Quería venirse, Dios como quería venirse, pero Ruby se estaba tomando su tiempo, marcándola en cada sitio, como sus muslos en ese preciso instante.
Pero no la dejó hambrienta del todo.
El pulgar ajeno se movió sobre su clítoris, acariciándolo como si se tratase de una cuerda de guitarra, subía, luego bajaba, y subía de nuevo.
Si, solo estaba haciendo crecer su hambre.
Los dientes se enterraron en el interior de su muslo, tal vez por décima vez, la lengua pasando inmediatamente después, el frio de la saliva al contacto con su aliento evitaban que el dolor creciese, y al mismo tiempo le provocaba escalofríos.
"¿Todo bien?"
Dio un salto, la voz ajena apareciendo de la nada, descolocándola, la cual sonó tan humana, tan inocente, luego de que todo ese rato solo vociferase gruñidos y jadeos, le impresionaba el cambio. Esta debió darse cuenta de su molestia al haber estado mucho rato ahí, tentándola, obviamente sus sonidos demostrando lo deseosa que estaba.
Miró a Ruby, acomodada frente a su zona más privada, y como le gustaba verla ahí.
"Estás equivocada si crees que voy a rogarte."
Le dijo, y escuchó su propia voz más desgarrada de lo usual.
Probablemente si estaba en el límite para rogar.
Ruby le sonrió, pudo notarlo con claridad, incluso pudo sentir en su piel sensible como esta resopló una pequeña risa. Se paró erguida, y sintió como dos de sus dedos sujetaron su clítoris casi como si se tratase de un secuestro. Se vio paralizada.
Había una evidente expresión desafiante en Ruby cuando la tuvo de frente.
"No lo hagas por mí, hazlo por ti misma."
Eso era una jugada sucia, ¿No?
Esa mujer le iba a hacer perder la paciencia. Así como perdió el decoro.
Esperaba que su venganza valiese la pena.
Capitulo siguiente: Suplica.
N/A: Dije que iban a ser unos capítulos algo candentes, y lo prometido es deuda. Debo admitir que me había olvidado de algo que mencioné en este capítulo y al editarlo me devolvió la luz de la sabiduría. Agradecida estoy.
Espero que disfruten el siguiente tanto como este.
Nos leemos pronto.
