Red Velvet

Capítulo 78: Experimentación

Ahora se sentía más tranquila.

Por un momento, realmente creyó que saldría de ahí, sin novia, y sin Ruby.

Se alegraba de que ambas tuviesen un pensamiento similar, porque no sabía si podría soportar el perder a Ruby una segunda vez.

Caminó hasta la habitación de Ruby, sintiendo la mirada animada y expectante de esta tras su nuca. Sentía que la situación se había suavizado, ya no había tensión, ahora solo quedaba la emoción de Ruby al querer mostrarle la habitación, la cual había arreglado, y notaba que esta quería que lo viese cuanto antes.

Y cuando entró, vio un lugar muy diferente.

Adiós muebles de abuela, y hola muebles modernos.

Al fondo de la habitación, al lado derecho de la puerta que llevaba al baño, notó el gran escritorio, enorme, con las pantallas encima, así como la computadora, la consola y los accesorios, y aun tenía más espacio si es que Ruby decidía decorarlo más. Frente a la cama, estaba la cómoda oscura, llenando parte del espacio vacío que quedaba ahí, y sobre este estaba la televisión. Y al lado del ventanal, estaba la estantería, de esa posición no veía muchas cosas, pero si notaba algunos libros, y no tenía duda que era cosa de tiempo para que este estuviese lleno de cosas.

La habitación parecía tomar forma.

Ruby se movió por la habitación hasta quedar al lado de la estantería, la luz entrando por el ventanal.

"¿Qué te parece un sofá aquí?"

Realmente la habitación de Ruby era grande, aún quedaba espacio. No quiso asumir, pero creyó que la idea del sofá lo sacó de su propia habitación, el sofá cerca de la estantería, el mejor lugar para leer, y teniendo ahí esa gran fuente de luz, era perfecto, y se vio asintiendo. Era una buena idea.

Ruby pareció feliz con su respuesta.

Al fin el lugar parecía tener vida propia, tener algo de Ruby. Era un lugar amplio, donde eso era suficiente para incomodar a Ruby, pero, además, el tener muebles de señora mayor, el que el lugar pareciera ajeno, debía ser incluso más molesto.

Ahora podría vivir ahí, sentirse cómoda, hacer de ese lugar su escondite.

"Ayer estuve descargando un montón de juegos para que los juguemos juntas. Aún tengo el miedo de hacer algo explotar, así que intente repartir las cosas que quería entre la computadora y la consola, así nada muere."

Ruby comenzó a caminar hacia el escritorio al otro lado de la habitación, podía verla dar saltos como un cachorro feliz, mientras encendía todo, las luces dentro de la computadora brillando en colores rojizos, nada de arcoíris ni explosión de colores, para su suerte.

Pero no se movió del marco de la puerta, solo se quedó ahí, mirándola, y probablemente tenía una sonrisa ridículamente enamorada en el rostro.

Estaba feliz.

Todo había explotado, era un tornado de situaciones ocurriendo en cosa de unos días, sus recuerdos, sus traumas, su relación familiar, los rumores, pero ahora todo parecía en calma, se sentía en calma.

Siempre había algo molestándola, pero en ese preciso instante sentía una tranquilidad que rara vez experimentaba, bueno, siempre se sentía tranquila con Ruby, pero el haber podido hablar, se sentía mejor, se sentía liviana.

Dio un salto cuando Ruby saltó encima de la cama para llegar a ella, y en un rápido movimiento, esta la cogió por las piernas, y se vio apoyada en el hombro de esta. Por supuesto que gritó, no se esperó para nada un ataque así. Enterró las manos en la camiseta de Ruby, lo único de lo que podía sujetarse en esa posición, temiendo caer y morir.

Estaba asustada, y avergonzada.

Su grito debió ser oído por todo el edificio.

Ruby caminó con ella a cuestas, sentía las manos ajenas en su cuerpo, una firme en su cintura y la otra en sus muslos.

Y a pesar de sus quejas, de estar retando a Ruby para que la soltara, esta no hizo caso, solo siguió caminando, riendo.

Cuando al fin sus pies tocaron el suelo, se vio justo delante de la silla de escritorio, en la que terminó sentada. Las manos de Ruby estaban firmes en los apoyabrazos del asiento, y el rostro de esta frente al suyo, demasiado cerca.

Obviamente eso fue suficiente para acallar sus protestas y sentir las mejillas ardiendo.

Esta se acercó más, una sonrisa tan divertida como malévola en su rostro, hasta que sus labios se tocaron.

Olvidó todo su enojo previo con ese beso.

Llevó las manos al rostro ajeno, por inercia, sin poder controlar las ganas de sentir la piel cálida en la suya.

Pero el beso no duró tanto como hubiese querido.

"Me alegra conocer tus debilidades."

Oh.

Ruby reía, divertida, y por supuesto que iba a estarlo, y por su parte, solo pudo mirarla, indignada. No, indignada era poco.

"¡Ruby! No voy a jugar contigo si te comportas así."

Los ojos plateados la miraron, con sorpresa, pero de inmediato su sonrisa creció. La mano de Ruby se movió, y la sintió en la nuca, sujetándola, y no pasó ni un segundo para tener de nuevo los labios ajenos en los suyos, la lengua entrando en su boca, pasando sus barreras sin el más mínimo decoro.

Y si, era su debilidad.

Y no le gustaba sentirse débil.

Pero así eran esos besos, simplemente la hacían sentir vulnerable, de hecho, podría aceptar cualquier cosa si es que obtenía uno de esos besos como recompensa.

"¿Decías?"

Ruby habló a penas se separaron de nuevo, y aun sentía el calor en su nuca, la mano ajena aun en posición.

Frunció el ceño, pero sabía que, si volvía a pelear, ahí acabarían sus protestas.

Estaba roja, estaba hirviendo, y le costó mirar a la mujer a los ojos.

"No dije nada."

Y la risa apareció.

Ruby volvió a reír, y sintió las manos grandes de esta en sus mejillas, sujetándola, para luego sentir besos en todo su rostro, en sus labios, en sus mejillas, en su frente, en su nariz, y a esa altura tampoco pudo evitar que se le escaparan las risas.

Adoraba a esa mujer.

"Eres una idiota, Ruby."

Ruby se detuvo, solo para mirarla, sonriéndole, brillando.

"Lo sé."

Esta le dijo, soltando una risa.

Se alegraba de que todo hubiese salido bien.

No quería perder a Ruby, nunca.

Había tenido que hacer muchas cosas complicadas en su vida.

Hablar con socios de alto estatus.

Aprender idiomas.

Estudiar política y economía.

Convertirse en una persona capaz de manejar una empresa como la propia.

Y esas eran las cosas que tenían que ver solo con su profesión.

Pero, sentía que nada era tan complicado como lo que estaba haciendo en ese instante.

Se había desempeñado en variadas tareas físicas, de coordinación, cuando era joven, pero nada así.

Coordinar sus dedos para mover la cámara del juego y para mover al personaje, era una tarea que la tenía ciertamente confusa. Y, además, ¿Disparar? ¿En serio? Estaba agradecida de que fuese un juego y no hubiese cometido el error de entrar en la milicia o ya habría muerto muchas veces.

Era difícil concentrarse en los botones, el aprendérselos, el observar la pantalla y asegurarse de que no hubiese enemigos. También tenía problemas al agacharse, intentó disparar en más de alguna ocasión y su personaje solo se tiró al suelo.

Y otra cosa que le impedía concentrarse, era el estar sentada sobre las piernas de Ruby, el tener las manos de esta rodeándola.

Eso si requería mucha concentración, y ni siquiera los sonidos de la batalla a través de los grandes audífonos eran lo suficientemente envolventes para olvidar en el cuerpo en el que estaba sentada. Como sentía los pechos ajenos en su espalda, o el calor abrasador de las manos en su estómago.

Los primeros juegos eran más tranquilos, como uno de aventuras donde se vio disfrutando de las escenas fantasiosas, las creaturas míticas apareciendo, o la fauna extravagante, por supuesto, no contó con que una de las creaturas terminaría siendo una maquina asesina, eso realmente la tomó por sorpresa.

No solía ser de las que se rendía, solía ser muy testaruda, y probablemente seguiría jugando hasta matar a quien sea que la mató primero, pero la gran lista que Ruby había hecho para que probase, era larga, y quería verlos todos.

"No te preocupes por las muertes, cariño, si quieres seguirlo jugando, te irás acostumbrando."

Lo sabía, aun así, sentía su ego herido al ver como esos idiotas la mataban sin compasión, y eso que era una misión del juego, y no estaba jugando con personas reales, o ahí estaría perdida.

Una completa novata en esas cosas contra un chico que nació con el mando en la mano, era demasiada diferencia de habilidad para poder hacer algo contra este. Y sabía cómo era de competitiva, ya se veía llevando a la cárcel al pobre niño.

Un gran poder requiere una gran responsabilidad, y responsablemente llevaría su ira a la corte.

No, por supuesto que no, jamás haría algo así.

Probablemente...

Soltó un alarido cuando la mataron, de nuevo, por décima vez, o tal vez más. Ruby le dio una de las armas más fáciles de usar, con bastantes balas y con poco movimiento al disparar, así que no quería imaginar como hubiese fallado con un arma más complicada.

Tenía mucho que aprender.

Pero Ruby parecía divertida, incluso más que ella misma.

Realmente quería verla jugar.

Giró el rostro, mirando a los plateados, mientras dejaba el mando en las manos de Ruby.

"Por favor, matalo, o voy a denunciar a la empresa que creó este juego."

A pesar de lo seria que sonó su voz, Ruby soltó una carcajada al escucharla.

"¡Oh no! No podemos permitir eso. Te voy a vengar, Weiss, cuenta conmigo."

Ruby siguió riendo, mientras sujetaba el mando y movía su personaje, este reapareciendo en el juego, siguiendo con la misión desde el último punto de guardado. Ahí recién vio al sujeto que le disparó, que la mató muchas veces. La rata estaba escondida tras de una trinchera.

Su personaje se movió, avanzando rápido, tirándose al piso, y cuando se levantó le disparó precisamente al sujeto en la cabeza.

No podría haber hecho eso.

Se vio aplaudiendo a Ruby, mientras esta seguía avanzando por la zona de las trincheras, matando a todos los enemigos sin problema, obviamente su rostro parecía llenarse de orgullo.

"Realmente eres buena en esto."

Ruby soltó una risa mientras el juego guardaba la posición nueva a la que había llegado.

"Ya sabes, soy una mujer llena de sorpresas."

Se vio mirando a Ruby, sonriendo.

Realmente le gustaba.

Quizás ver su maestría la calentó más de lo que ya estaba, ya que el juego pasó a un completo segundo plano en su cabeza.

Se giró, solo para abrazarse del cuello ajeno, tomando a la mujer por sorpresa.

"¿Sí? ¿Alguna otra sorpresa que quieras mostrarme?"

Ruby enrojeció, y disfrutó cada segundo de su expresión avergonzada.

Finalmente, su expresión cambió, y escuchó como esta dejaba el mando en el escritorio, pero las manos no llegaron a su cuerpo. Ni siquiera escuchaba lo que hacía con sus manos, la música de batalla era lo suficientemente fuerte para no oír aquellos sonidos leves, pero por supuesto que si podía oír a Ruby.

Siempre podía oír a Ruby.

Y escuchó con claridad lo que esta le dijo.

"Justo se me ocurre algo."

Sintió las manos finalmente en su cuerpo, pero esta la movió, la giró, volviendo a posicionarla frente a la pantalla.

Y dio un salto cuando se vio a si misma ahí.

Ruby había manipulado la computadora mientras se quedó embobada mirándola, y había apretado algunas cosas, hasta terminar viéndose en una ventana en la pantalla, esta con el botón de grabando titilando en una de las esquinas.

Cuando iba a girarse para preguntarle a Ruby que ocurría, no pudo moverse, los brazos ajenos sujetándolas con tal intensidad que no fue capaz de hacer otro movimiento, ni siquiera su rostro, la cabeza de Ruby ahora firme sobre su hombro, así que no podía ver su expresión, pero en la pantalla, si podía.

Ruby parecía divertida mirando hacia la cámara, mirándola directamente a los ojos, y terminó olvidando lo que le iba a preguntar. Quizás debería sentirse incomoda al saber que esta la estaba grabando, que una cámara la apuntaba, pero estaba curiosamente cómoda con eso, y no podía entender la razón.

No se había dado cuenta, pero la música del juego había desaparecido en esos segundos, solo que los latidos en sus orejas eran demasiado intensos para haberse percatado antes. La sorpresa fue muy grande, y la vergüenza de verse a sí misma, también.

No pudo ver las manos de Ruby moviéndose fuera del plano de la cámara, pero si las sintió, esas moviéndose por sus muslos, rozando su corto vestido.

"Llevamos un par de horas jugando, y creo que ya perdí el autocontrol que tenía, el tenerte encima con este vestido así de corto, y no tocarte, es una tarea imposible de lograr."

Si, quizás si era muy corto, sobre todo si estaba ahí sentada.

Podía escuchar la voz de Ruby a pesar de los audífonos, sí, pero la escuchaba despacio, como un susurro ronco, y no sabía porque, pero le agradó.

No dejó de mirar el rostro ajeno a través de la pantalla, así que notó cuando su sonrisa creció, como sus ojos se pusieron más oscuros, más intensos, más filosos, la calidad de la cámara siendo lo suficientemente buena para permitir ver cada uno de sus rasgos cambiar.

Ruby se movió, empujando la silla hacia atrás, y luego sintió el agarre de las manos grandes sujetando la carne de sus muslos.

Soltó un grito, o un gemido, o ambos, al notar como Ruby movía sus piernas, como las abría.

Supo lo que esta iba a hacer, pero no pudo hacer nada para evitarlo, sobre todo cuando estaba tan atenta a lo que la cámara estaba grabando.

"Me encanta cuando usas ropa así de corta, aunque me dan ganas de que sean aún más cortas."

Porque así podía ver debajo.

Y ahora, con sus piernas abiertas, con sus pies apoyados en el escritorio, notaba lo fácil que sus vestidos cortos se levantaban en esa posición, prácticamente desapareciendo, dejando todo expuesto, todo lo que no debía de estar expuesto.

Se vio tragando pesado al verse a sí misma así de abierta, ver su ropa interior desvergonzadamente expuesta frente a una cámara.

Y las manos no dejaron de moverse. Pasaban por sus rodillas, subían por sus muslos, por la parte exterior y luego por la parte interior de estos, y luego volvían a sus rodillas. Comenzó a jadear conforme Ruby movía sus manos por sus piernas, las uñas rozando, los dedos enterrándose en su carne, luego pasaban suavemente como el toque de una pluma, y luego volvían a ser agarres intensos, y cada tacto le causaba escalofríos.

Ruby la conocía demasiado bien, tanto así, que le causaba peligro que supiese tanto de ella, como el hecho de saber lo agradable que era el verse a sí misma, el ver como las manos ajenas tocaban su cuerpo sin decoro, y como ella misma disfrutaba sin decoro.

Ruby sabía demasiados de sus secretos.

¿Realmente estaba dispuesta a dejar a esa mujer ir? Oh no, hubiese cometido un terrible error. Dudaba que pudiese encontrar a alguien más que la entendiese así, que supiese sus más oscuros y mundanos deseos y lograse satisfacerla como esa mujer lo hacía.

Necesitaba a Ruby, o volvería a ser la Weiss de antes, y no quería ser esa mujer de nuevo.

Quería disfrutar la vida.

Disfrutar de sí misma.

Y no podría hacerlo sola.

"Ahora puedo mostrarte lo hermosa que te ves cuando te hago mía."

Oh por Dios.

Esas palabras fueron suficiente para hacerla jadear.

Para hacer que se humedeciera.

Su ropa interior era de un color oscuro, pero veía una mancha aún más oscura en la tela, la prueba de lo húmeda que estaba en ese instante.

No pudo decir nada, sintiendo la vergüenza subir por su rostro.

Estaba hirviendo, ahora más.

Una de las manos de Ruby subió más que antes, los dedos pasando por el interior de su muslo para llegar al borde de su ropa interior, y vio en la pantalla como uno de los dedos ajenos se posaba en la mancha oscura. Notó como el dedo se movía por la zona, así como lo sentía, causándole espasmos involuntarios.

"¿Ya estás mojada? Así me gusta, que estés lista para mí."

Ruby, a pesar de no ser muy buena con las palabras en general, en esos ámbitos, era demasiado buena. Aunque llevaban un año haciendo esas cosas, esta había aprendido que cosas decir para estimularla, era una mujer muy detallista en ese ámbito. Tal vez podría sentir ciertos celos por la forma en la que Ruby aprendió a desempeñarse en esas cosas, en esos temas placenteros, pero no le importaba, no si podía disfrutar del resultado de aquel aprendizaje, ya que no la dejaría ir, así que iba a disfrutar por siempre de la mejor versión de Ruby.

Si, no la dejaría ir nunca.

Soltó un gemido, dos de los dedos de Ruby moviéndose por la zona, subiendo, bajando, apoyándose sobre su clítoris y moviéndose ahí, de un lado a otro, haciéndola saltar de placer.

La estaba estimulando, pero necesitaba más.

Siempre más.

Se vio soltando un gemido, más que molestia que de placer, y Ruby lo notó.

"¿Quieres más?"

Ruby le preguntó, su voz como un ronroneo, así como los plateados la observaban fijamente a través de la pantalla, divertidos, cálidos, eróticos.

Asintió, sin dudarlo.

No iba a ocultar lo evidente.

Y Ruby sonrió.

"Muéstrame donde, Weiss."

Esa Ruby…

Soltó un jadeo frustrado, pero no se quejó, no dijo nada.

Sus manos estuvieron todo ese tiempo firmes en los apoyabrazos, y ahora finalmente las movió, enganchando sus dedos en los costados de su ropa interior, dispuesta a todo con tal de conseguir lo que quería. ¿Ese no era el trabajo de un Schnee? ¿Conseguir lo que quería? ¿A cualquier costo?

Si, iba a abandonar cualquier tipo de decencia, de dignidad, con tal de conseguir el placer que tanto ansiaba, y realmente lo necesitaba, sobre todo cuando comenzó a sacar la tela y notó su clítoris palpitando, la humedad sujetándose lo más posible de la seda.

No sabía si la cámara notaba esos detalles, pero sus ojos si, y le causó aún más humedad el verse así, el saber que ahora tenía su intimidad expuesta frente a una cámara.

¿Cuántas veces no había estado frente a una cámara?

Se le hacía natural a pesar de todo, siempre estuvo así, con personas fotografiándola, con cámaras apuntándola, con camarógrafos grabando entrevistas y discursos. Las cámaras eran parte de su vida, quizás por eso se sentía cómoda ahí, siendo grabada.

Y ser expuesta, ya sabía que sentía éxtasis con solo pensarlo.

Y ser grabada, ser expuesta, mientras esa mujer la tocaba, mientras esas manos se movían por su cuerpo, era suficiente para hacerla sentir eufórica.

Los ojos de Ruby dejaron de mirarla a través de la cámara, de mirarla a ella a los ojos, y bajaron, notando lo firme que estaba su musculo ahora expuesto, temblando, latiendo erguido. Siempre le avergonzaba verse así, pero aún más cuando eran los ojos plateados, ahora grisáceos, estaban observándola así de fijamente.

"Ruby..."

Giró su rostro, solamente para toparse con el de Ruby, los ojos de esta se movieron de su intimidad a sus ojos, y se quedaron mirando por un momento. Ruby estaba hirviendo, y veía sus manos, estas fijas en sus muslos, apretando la carne, apenas siendo capaz de controlarse.

No tenía ni siquiera que suplicarle, que decirle nada, Ruby la iba a tocar, quisiera o no.

Y así fue.

Dio un salto cuando dos de los dedos se Ruby se posaron sobre su clítoris, con cuidado, rozándolo apenas, pero luego los sintió moverse con más intensidad, de arriba abajo, haciéndola jadear, y no solo eso, si no que sus espasmos involuntarios aumentaban. Podía ver los músculos de sus piernas temblar, sus terminaciones nerviosas siendo un total caos con los roces, tan cercanos, sin que hubiese tela que separase las pieles.

Empezaba a sentir su orgasmo crecer, estaba lista.

Pero cuando más quería que los dedos se moviesen, estos se alejaban de su punto, así, una y otra vez.

Los sentía moverse rápido, haciéndola hervir, haciéndola sentir tremendamente lista para venirse, y cuando sus piernas temblaban, luego esta se detenía.

Era una tortura.

Se mordió el labio, y en ese momento, solo estaba mirando el trabajo manual de Ruby, concentrada en eso, concentrada en el calor que se formaba en su pelvis y luego desaparecía antes de poder disfrutarlo.

Ahí recién miró la cámara.

Ruby la estaba mirando a los ojos de nuevo, y se sintió hervir aún más, el calor de su cuerpo imitando el de su centro.

Se veía completamente descompuesta, su rostro estaba completamente rojo, su cabello estaba despeinado ante sus movimientos inconscientes, y notaba lo mojada que estaba toda su zona. Y no solo eso, si no que le impresionó también el ver como una de sus manos estaba fija en el antebrazo de Ruby, como una garra sujetándola.

Estaba obligando, sin querer, a que Ruby siguiera, que no se detuviese, y le impresionaba lo honesto que era su cuerpo.

"Eres hermosa, ¿Ves?"

Si, lo era.

Y lo era mucho más cuando estaba entre las manos de Ruby, teniendo mujer tan bella a su lado.

No dejó de mirar a Ruby, a esos ojos que tanto adoraba, y que se veían brillantes a través de la cámara.

Usó una de sus manos para sujetar su muslo, para mantener sus piernas abiertas, quería disfrutarlo.

"No te detengas, hazme venir."

Ruby no dejó de mirarla, ni siquiera cuando comenzó a dejar besos en su cuello, en su hombro, en cualquier trozo de piel que tuviese a su alcance.

La sonrisa ajena creció.

"¿Es una orden?"

Oh, por supuesto.

"Lo es, Ruby."

Su voz sonó desesperada, frustrada, y escuchó su propia voz como un eco en los audífonos que aún tenía puestos.

Ruby parecía feliz, había conseguido lo que quería.

Enloquecerla frente a una cámara.

"Como usted quiera, señorita Schnee."

Dios.

Adoraba su apellido.

Los dedos volvieron a su trabajo, pasando despacio, lento, alrededor de su clítoris, de arriba abajo, hacia los lados, moviéndose por cada parte, y ni siquiera necesitaba eso, estaba lista, pero necesitaba más.

Y Ruby le dio exactamente lo que necesitaba.

El otro brazo de Ruby la mantuvo sujeta de la cintura, mientras los dedos hacían presión en la zona, y luego se comenzaban a mover, rápido, sobre su musculo erecto.

No pudo ponerle atención a la cámara, a su rostro ni al de Ruby, no fue capaz, lo que era una lástima, porque quería ver su propio rostro en el momento donde se venía, donde explotaba de placer, pero ya podría ver ese video, ¿No?

Sus piernas temblaron, así como el resto de su cuerpo, y se vio tirando la cabeza hacia atrás, sin aguantar las olas de placer dándole de una manera tan abrupta, tan fuerte, tan rápido. Soltó un gemido profundo, el calor abrasador finalmente consumiéndola, sus piernas temblaron, pero su propio agarre las mantuvo en su lugar, y se sentía tan bien.

Se vino sin mayor demora, los dedos de Ruby moviéndose hasta el momento exacto, cuando su orgasmo llegó al punto limite.

Se quedó jadeando, sobre el cuerpo de Ruby, sintiendo su cuerpo temblar aun, los vestigios de las sensaciones aun abrumándola, pero se sentía bien, demasiado.

Los besos en su cuello siguieron, y al fin tuvo la fuerza para mover sus manos y sacarse los grandes audífonos. Sentía las orejas rojas, demasiado, sobre todo con el calor que estos provocaron en el lugar, pero sintió algo de frescura cuando Ruby pasó por la zona, sintió la lengua en su lóbulo, y luego la mera respiración de la mujer fue suficiente para mermar el calor que sentía.

"¿Qué te pareció mi sorpresa?"

Escuchó la voz triunfante de Ruby en su oído, la risa evidente en su tono de voz, pero no pudo enojarse, aún estaba disfrutando de las sensaciones nuevas, y no tenía racionalidad suficiente para enojarse con su evidente burla.

"Estimulante."

Dijo en un susurro agotado.

El verse a sí misma así, aun le causaba escalofríos.

Le gustó la experiencia, sin duda lo iba a repetir.

Cuando se acomodó para mirar a Ruby a los ojos, esta parecía feliz, animada como un cachorro, y siempre le sorprendía el ver una expresión tan inocente en la mujer que la hizo gemir hace solo unos minutos.

Pero le gustaba esa dualidad.

"Eres muy linda, es injusto que seas así de linda luego de hacerme esto."

Se vio llevando las manos a las mejillas de Ruby, haciéndola hacer un puchero con la presión que estaba ejerciendo, pero ni siquiera con eso los ojos plateados dejaron de mostrar felicidad.

"¿Crees que soy linda?"

Se vio rodando los ojos, ¿En serio le estaba preguntando esa barbaridad?

"Si, esa es una pregunta realmente estúpida. Por supuesto, muy linda."

Ruby soltó una risa, y se vio dando un salto cuando las manos ajenas se movieron, una firme en su espalda y la otra bajo sus rodillas. No supo que hacer cuando Ruby se levantó de la silla, llevándola consigo. En dos rápidos movimientos se vio llevada a la cama, y cuando cayó, notó a la mujer entre sus piernas, sacándose la camiseta sin mangas con rapidez.

Oh.

"¿Podemos seguir haciéndolo entonces?"

Por supuesto.

Siempre.


Capitulo siguiente: Adiestramiento.


N/A: Lo sé, el siguiente también estará interesante. Si, sé que hago muchas cosas malas, pero al menos intento arreglarlo con situaciones interesantes. Debo admitir que el siguiente aún me tiene nerviosa de publicar, pero debo ser fuerte.

Por cierto, ¿Se han dado cuenta de lo larga que es esta historia? Con mi esposa estábamos viendo eso hace unos días, son como, tres libros, woah. Algún día hare el truco de la autora de cincuenta sombras de grey, que le cambió los nombres a los protagonistas de su fanfic y ya tuvo un bestseller, este es mi momento.

Nos leemos pronto.