Red Velvet

Capítulo 79: Adiestramiento

Estaba sudando.

Estaba hirviendo.

Y el sol cálido que se escondía en el horizonte, parecía calentar aún más la habitación con sus colores anaranjados, pero a pesar del color, no podía dejar de mirarla, era lo único en lo que podía pensar en ese momento.

Solo ella.

"No te lo había dicho, pero me moría de ganas de hacerte mía cuando estuviste en televisión."

Y ante ese calor, ante la bruma en su cabeza, solo podía ser honesta.

Se quedó ahí, sentada de rodillas entre las piernas de Ruby, esta acostada en la cama, apoyada de sus antebrazos, su cuerpo expuesto, el de ambas. Los plateados mirándola, tal y como sus celestes la miraban a esta.

Le gustaba estar así.

Le gustaba el cuerpo de Ruby.

Y como siempre, en una especie de trance, aprovechó de pasar las manos por los tatuajes, delineándolo con la yema de los dedos, con las uñas, con las palmas. No podía dejar las manos quietas.

Notó una sonrisa en el rostro de Ruby, rostro ahora rojo.

"¿En serio?"

De nuevo haciéndole preguntas tontas.

Por supuesto que sí.

Si no fuera por lo tenso de aquella entrevista, si no hubiese sido por lo que fue, y solo estuviese mirando a Ruby en televisión por una entrevista cualquiera, se habría vuelto loca. No, se volvió loca de hecho. El verla así, ahí, la enamoró, y el solo saber cuántas personas la vieron…

Se vio apretando los dientes de solo pensarlo.

¿Cuántas mujeres se acostaron con Ruby, y ahora la veían ahí, frente a sus ojos, gratuitamente?

No podía soportarlo.

Bajó su torso, su rostro, sus manos sujetando los pechos ajenos con firmeza, tal vez con más brutalidad de la que debería, pero no podía controlarse. Sus dientes llegaron a la piel suave de la zona, y mordió.

Ruby jadeó, pero no le dijo que parase, así que no paró.

¿Siquiera podría parar?

Subió el rostro solamente para mirar la marca de dientes que dejó en la piel sonrojada, pero no era suficiente, nunca era suficiente. Nunca podría sentirse satisfecha, por muy egoísta que sonara, debía hacer suya a esa mujer las veces que fuesen necesarias para calmar esa posesividad que solía abrumarla en situaciones así.

Bajó de nuevo, llevando los dientes al otro pecho, mordiendo de nuevo.

"Eres mía."

Dijo, en un susurro grave, impropio.

Sentía la ira subir, y no debía ser bueno el desquitarse así, pero no podía evitarlo.

Pero, no tenía de que preocuparse. Si Ruby quisiera que parara, ya habría dicho Red Velvet. La palabra de seguridad valía para ambas, ¿No? Podía ser tan dura como quisiera, hasta que Ruby no aguantase más.

Si, si Ruby se lo pedía, si Ruby le suplicaba, quizás pararía, y esperaba que esa suplica no tuviese el efecto contrario.

Se vio sonriendo.

Su Ruby era fuerte, podría con eso, no la detendría.

Dio un salto cuando una mano llegó a su cabello, los dedos enterrándose entre los mechones de su cabello, este ya suelto por los movimientos bruscos. Las uñas pasaron por su nuca, y solía hacerle eso a Ruby, bastante, pero jamás creyó que era así de relajante el sentirlo por sí misma.

Subió la mirada, buscando los ojos plateados, y notó una sonrisa en esa, esa sonrisa seductora que le hizo perder los estribos ya muchas veces.

"Soy tuya, Weiss, por siempre."

Y no necesitaba que ningún estúpido papel se lo dijese.

Era suya.

Completamente suya.

Un Schnee quería todo, y para ella, todo, era Ruby.

No dudó en volver a la piel ajena, a succionar cualquier zona que tuviese en frente, y a pesar de su brusquedad, Ruby no hizo nada para sacarla de ahí, por el contrario, la mano ajena siguió ahí, en su nuca, acariciándola suavemente, y realmente se sentía más calmada, sin embargo, el fuego seguía dentro de ella, hirviendo.

Volvió a morder, a enterrar las uñas en la piel ajena, sin siquiera cuestionárselo, esperando ser capaz de marcar la mayor cantidad de piel posible, como si fuese un reto para sí misma, un desafío.

Soltó un jadeo, y volvió a levantarse erguida, mirando su creación, mirando las marcas rojas en la piel ya rojiza, las cuales en cosa de tiempo se tornarían moradas, y la idea le causó satisfacción. Pasó las uñas por los pechos, dejando de lado su acción, dejando también marcas de sus uñas en la zona, y bajó, sus uñas delineando el tatuaje incoloro en el abdomen ajeno, las rosas.

Siempre eran rosas.

Nunca le llamaron la atención las rosas, pero ahora las sentía presentes en su vida, más de lo que imaginaba.

Y así siguió avanzando, hasta terminar con ambas manos firmes en la pelvis ajena.

Sentía la cabeza hirviendo, siempre que hacía algo así, se sentía hervir, su cabeza siempre lógica desapareciendo en un caos de calor, de frustración, de enojo, de impulsos que no reconocía en sí misma, que nunca había sentido hasta que tuvo el cuerpo de Ruby Rose a su disposición.

Si hubiese caído, en aquel tiempo, en esa habitación en los barrios de Atlas, a penas Ruby la tentó con esa sonrisa, con su cuerpo, ¿La habría atacado de esa forma?

¿Habría sido posible?

¿Habría sido capaz de dejar a la Schnee y volverse ese animal que era en ese momento?

Se tomó un momento para compararse con esta, y le sorprendía la calma que Ruby tenía en el sexo, normalmente era tranquila, no era común verla perder el control, sumergirse en sus sentidos más primitivos, e incluso cuando lo hacía, conservaba algo de raciocinio, pero por su parte siempre se sentía sin control alguno, un animal más, tal vez por su misma inexperiencia en el tema.

Era impropio.

Pero le gustaba cada cosa impropia de sí misma.

Antes de hacer cualquier cosa, se vio jadeando, sintiendo como una gota de sudor bajaba por sus sienes, sintiendo su boca salivar en expectación. Podía sentir el calor de Ruby en sus manos, tan cerca, pero se estaba conteniendo, y no sabía cómo, ni porqué, y tal vez era por las palabras que seguían en su garganta.

Esperando ser liberadas.

"Se que es un secreto, sé que si sale a la luz solo habría caos, pero realmente quiero marcarte como mía, quiero que todo el mundo lo sepa, así nadie más siquiera osaría respirar cerca de ti."

Si, era posesiva, ese sentimiento era otra evidencia más. Y siempre que se veía en esa situación, aquel sentimiento era agobiante, desesperado, emergía de sus poros con una facilidad que era abrumante.

Y no sabía de lo que era capaz al sentirse así.

Se volvía imprudente.

Se volvía impulsiva.

Si, un animal más.

La más mínima pizca de lógica, de raciocinio se difuminaba.

Ruby estuvo en silencio, tranquila, evitando interrumpirla en su momento como el buen cachorro que era, evitando arrebatarle el momento de dominancia, pero ahora escuchó su risa escapándosele. Y sintió algo de enojo por lo anticlimático que sonó en ese instante, con el calor tan agobiante que sentía, pero al mirarla, olvidó cualquier mal humor.

"Ya te lo dije, no me importaría. Quiero que todos sepan que le pertenezco a Weiss Schnee."

Ruby la miró, sus ojos brillando, pero ahí seguía esa sonrisa, esa sonrisa provocadora.

No se había dado cuenta, hasta ese momento, pero la mano de Ruby se movió, sujetando la propia, y no miró, porque estaba completamente sumergida en la mirada ajena, sin poder desviar la vista. Pero quiso mirar, sobre todo cuando la mano de Ruby movió una de las suya, haciéndola bajar, y sus dedos sintieron lo húmedo de la zona expuesta y el calor ajeno tan abrumante, y la mera sensación la hizo jadear.

Pero no podía mirar.

Ruby le iba a decir algo, lo sabía, y no quería perdérselo, pero era difícil controlarse, su cabeza pensando en una sola cosa, y era en sus dedos ahora húmedos, pasando por la entrada de Ruby, siendo dirigidos al lugar, y el mero roce de sus dedos en la zona hizo que la piel ajena se tornara incluso más roja.

No se arrepentía de mirarla.

"Te lo dije esa vez. Estoy orgullosa de que seas mi dueña."

Su dueña.

Si, esa vez obligó a que Ruby se lo dijese en aquel baño, solas ambas, perdiendo los sentidos, la cordura, haciendo algo impropio en un lugar atestado de personas, de personas que la conocían, su padre incluido.

Y la sensación de éxtasis aún seguía fresca en su memoria.

Amaba a esa mujer, adoraba a esa mujer, quería estar con ella por el resto de su vida, disfrutar de la compañía de la otra, simplemente existir y saber que estaban ahí para la otra.

Y eso.

No podía dejar esos momentos, no podía dejar ese éxtasis, esa euforia que sentía cuando las pieles de ambas se apegaban a la otra. Era demasiado necesario para su cuerpo, para su existencia.

Había probado del pecado, había probado del fruto prohibido y no podía dejarlo. Ruby era su adicción, su liberación, no podía negarse lo único que la hizo sentir realmente libre, lo que la convirtió en una nueva persona, en su propia persona. Necesitaba a Ruby para sentir esa satisfacción, y ya estaba tan obsesionada con esos momentos, que creía imposible el abandonar ese placer.

No, no lo abandonaría nunca.

No la dejaría.

Era posesiva…

Pero Ruby quería ser poseída.

Y pensando en eso, avanzó.

Enterró sus dedos dentro de Ruby, en un movimiento rápido, impredecible, así como sus propios impulsos en ese preciso instante. La notó soltar un jadeo de la impresión, sus dientes apretándose, tensándose, así como sus músculos temblaron.

No podía dejar eso.

No podía dejar esa vida.

No lo soportaría.

Dejó su otra mano firme en el abdomen de la mujer bajo ella, justo en el tatuaje, enterrando las uñas en la piel entintada, mientras movía sus dedos.

Pero quería más.

Aun quería hacer que Ruby perdiese la cordura, se veía aún muy tranquila, y no podía permitir eso, no podía ser la única ahí que había perdido la cabeza. Quería dejarla mal, destrozarla, destruirla, dejarla hecha un caos, porque podía hacerlo, porque era de su propiedad, y podía hacer lo que quería con su propiedad.

Bajó la mano desde el abdomen hasta el miembro hinchado de Ruby, usando la palma de su mano para presionar la zona, mientras movía sus dedos dentro de esta, pero sabía exactamente donde, sus cuerpos no eran tan diferentes después de todo, así que la tarea se le hacía más fácil.

Aunque no le gustaba lo fácil.

Ruby la miró con cierta sorpresa, su cuerpo removiéndose, sus caderas haciendo un movimiento intentando huir de ella por pura inercia, los ojos plateados estaban fijos mirando su zona atacada, y sabía exactamente lo que esta estaba sintiendo, la tensión desesperante de su orgasmo apareciendo de la nada, abrumante, insostenible, y notó como esta, por inercia, fue a sacarla de ahí.

Y el enojo volvió a emerger.

"Te voy a amarrar las malditas manos si las vuelves a acercar."

Ruby la miró, su expresión en sorpresa, pero también en desesperación. Notó las manos grandes temblar, pero hizo caso, y luego las sintió en sus rodillas, quedándose firmes ahí, aferrándose a ella, y no podía decir que no le agradaba sentir los dedos de Ruby agarrándola con esa desesperación.

Lo hacía por inercia, su cuerpo lo hacía por inercia, intentando mantener la cordura, el mantener el control de la situación, el mantener su cuerpo y su mente sin contaminarse, y por el pasado de Ruby, sabía exactamente cuál era la razón de eso, no era difícil entenderlo. Pero, no era una clienta más, donde Ruby debía mantener la conciencia, no, era Weiss Schnee, e iba a tener el total control de la situación.

Siguió con lo suyo, movió sus dos dedos contra las paredes de Ruby, la yema de sus dedos apretando, y cada movimiento hacia que el cuerpo a su disposición se volviese más inquieto, notaba como esta giraba el rostro, los dientes apretándose, sin dejarse llevar aún, la cadera haciendo el gesto a la inversa del propio. Las piernas temblando a los costados de su cuerpo, estas queriendo cerrarse, sin poder, su cuerpo ahí evitándolo.

¿No la estaba mirando?

Error fatal.

Movió su mano izquierda, sacándola de donde estaba jugando con el tatuaje, y subió, y ni siquiera dudó, se fue de inmediato al cuello de la mujer, sujetándola con fuerza, con intensidad, obligándola a dejar su rostro quieto.

Si, se estaba desesperando.

Podía verlo en sus ojos, húmedos, peleando aun, resistiéndose.

Su mano izquierda, era su mano dominante, y sabía que era la más fuerte de ambas, así que sabía que podía apretar el cuello ajeno sin problema, no necesitaba ambas para ocasionar el dolor que quería ocasionar, la presión suficiente para mantener a Ruby en su sitio.

Para romperla.

Si tan solo tuviese la habilidad de Ruby con las cuerdas, ya la habría dejado estática en la cama.

No, mejor no.

Lo que necesitaba era una correa, sí, eso iba a comprar.

Era su dueña, ¿No? Así que le iba a comprar un collar a su cachorro.

Pero antes, debía adiestrarla bien.

"Comportate."

Ruby hizo un puchero, su cuerpo temblando, queriendo moverse, pero no podía, no se lo permitía. Pero no iba a dejar que su ternura le arrebatase aquel momento, no iba a caer ante su manipulación.

Movió su mano solamente para dejarla en la nuca de la mujer, y la obligó a acercarse, acercándose también, y cuando estuvo a su alcance la besó. Sentía los labios más húmedos de lo usual, y la sensación le agradó, quería más de eso, y sin contenerse mordió la zona, disfrutando de lo hinchado de su piel.

"Voy a seguir hasta que te relajes, Ruby, sé un buen cachorro y calmate de una vez."

Se alejó, volviendo a dejar la cabeza de Ruby firme contra la almohada, su mano volviendo a quedar en el cuello ajeno, las marcas de sus dedos aun en la zona. Notó un puchero en esta, mientras asentía a regañadientes, los ojos húmedos observándola, distraídos, desenfocados.

Entonces, Ruby se calmó.

La escuchó soltar un jadeo, mientras relajó su cuerpo, las piernas dejando de hacer el gesto de apretarse, claramente en vano, y se abrieron más, y disfrutó de la vista. Su rostro también se relajó, dejando de apretar los dientes, dejando de tensar su humanidad. Los gemidos antes contenidos se liberaron, y la escuchó con detención, los sonidos sonando gruesos, desgastados ante los jadeos que llevaba soltando durante todo ese tiempo de tortura.

A pesar de que ya no tenía que sostenerla en su lugar, mantuvo la mano en el cuello ajeno, sin poder dejarla, sin querer dejarla. No usó tanta fuerza, pero mantuvo presionado, de todas formas, su mano era el collar provisorio que le estaba dando.

Que le dio desde el comienzo.

"Weiss…por favor…"

Escuchó la voz de Ruby resonar, aguda, suplicante, sus labios tan relajados que ni siquiera había pronunciado como correspondía, pero aquello le gustó más de lo que creyó. Quería besarla de nuevo, pero estaba ocupada mirándola, degustándola con la mirada.

"¿Sí?"

Le preguntó, deseando escucharlo.

Quería parar, dejar de moverse, hacerla suplicar más, pero fue al revés, su propio cuerpo reaccionando en contra de sus pensamientos, aumentando sus movimientos, la presión en las paredes ajenas, alargando la tortura.

Pero cambió de rumbo, justo cuando Ruby iba a decir algo, fue al mismo lugar que la última vez, su cuerpo, sus dedos, recordándolo, y los plateados se abrieron en sorpresa, su cuerpo saltando. Por un momento creyó que había hecho algo mal, un atisbo de su inseguridad saliendo a la luz, pero las manos de Ruby se fueron a su brazo, el que la sostenía del cuello, y se quedaron ahí, y luego, sintió las caderas moviéndose sin inhibición alguna.

"¡Si, si, así!"

Nunca había escuchado así a Ruby, y se grabó la voz en su cabeza.

Era una parte de Ruby que nadie había visto, y a pesar de que esta hubiese compartido cama con tantas, ese momento era uno que solo era de ella, que solo era de Weiss, de nadie más, e iba a regocijarse y disfrutar cada segundo.

Ruby era suya, solo suya.

Por eso, iba a ser una buena dueña, y le iba a dar en el gusto.

Se vio usando sus propias caderas para darse más impulso, para aumentar sus embestidas, y Ruby siguió sus movimientos con la suya.

Ruby ya no la miraba, perdiéndose completamente, sin poder cumplir una tarea tan simple como mirarla, pero no la iba a retar esta vez.

Se vio jadeando, por el cansancio y por las sensaciones eufóricas emergiendo, mientras escuchaba a Ruby soltar gemidos agudos que terminaban en graves alaridos, y se embriagó en cada parte de esta. Eso era exactamente lo que quería, y estaba inyectándose las memorias en su cabeza.

No pasó mucho para sentir a Ruby cerca de llegar, el primer vestigio fueron sus dedos siendo apretados desde dentro, y luego los ojos de esta cerrándose, para después ser las piernas tensándose a los lados de su cuerpo.

Y por supuesto, el grito extasiado que resonó en la habitación.

El cuerpo bajo ella tembló, hasta que se relajó de nuevo, las manos en su brazo perdieron el agarre, así como las piernas no pudieron seguir en su posición, exhausta.

Se habría quedado ahí, en su posición, observando a la mujer desvanecerse bajo ella, pero no pudo, estaba sudando, estaba cansada, no sentía ni sus piernas ni su mano, así que simplemente se dejó caer en el cuerpo ajeno. Dejó su rostro apoyado en el pecho de Ruby, sintiendo como esta respiraba con fuerza, intentando recobrar el aliento, y probablemente ella estaba incluso peor, pero no se podía ni siquiera percatar de eso, aun disfrutando de la dicha que le dejó el encuentro.

Se sentía asquerosa ahí, sudada, con su cabello hecho un desastre, pegado a su piel, y así mismo sentía sus piernas, estas acalambradas, y, aun así, podía sentir el sudor bajar por estas. Y por supuesto, su rostro debía estar hecho un desastre también, su maquillaje si bien no era tan contundente como antes, debía estar corrido, y sus mejillas debían tener un absurdo color rojo ante el cansancio.

Pero cuando los brazos de Ruby la rodearon, se olvidó de todo eso.

El estar ahí, ambas destruidas, sudadas, cansadas, era agradable, de hecho, no creía que fuese capaz de sentir desagrado por esa sensación.

Ruby soltó una risa, de la nada, una risa cansada, y Ruby tenía mucha energía, era raro escucharla así. Subió la mirada, a duras penas, solo para observarla.

Esta tenía los ojos cerrados, su rostro tranquilo y una sonrisa embobada en su cara, y se veía aún más embobada al notar saliva al borde de sus labios.

"Realmente quiero que me des un collar."

Oh.

Ruby le había leído la mente, de nuevo.

Se lo iba a dar.

Cerró los ojos, disfrutando del agua cálida en su cuerpo.

Luego las manos cálidas se acercaron, y se relajó más.

Las sintió pasar por su cabello, lentamente, cuidadosamente.

No era tan tarde, pero con el desastre que llevaba encima, se iba a tener que dar una ducha si o si, y prefería tomársela ahí con Ruby antes de hacerlo en su casa, además, siempre apreciaba el tener unas manos extra que la ayudasen.

Ya cuando llegase a casa se pondría una mascarilla protectora antes de dormir, ya que ahí solo tenía a la mano los dos productos que Ruby tenía para su poco pelo. Le sorprendía que no fuese algo que fuese todo en uno, shampoo, acondicionador, jabón, desodorante, etcétera.

Oh no, Coco no aceptaría eso de su protegida.

Y hablando de Coco, le había enviado una invitación, pero no lo hizo con Ruby, porque prefería decírselo en persona, de todas formas, la celebración de aniversario de la compañía no era un evento masivo como lo eran las fiestas de su exuberante amiga, así que no necesitaba hacerse un vestido de gala, era más bien, algo más casual.

Con todo lo ocurrido, aquel evento se le había olvidado, había escapado de su memoria por completo, pero incluso Whitley, en los dos días que estuvo, hizo hincapié en eso, recordándoselo, así que pudo hacer todo a tiempo.

Todos en la empresa lo sabían, y les había mandado invitaciones a los socios.

Así que se giró, buscando los ojos de Ruby.

No iba a permitir que se le olvidase, y se lo iba a decir temprano, pero con su conversación, con los juegos y luego con el sexo, la conversación se escapó de sus manos.

Ruby pareció sorprendida al verla darse vuelta de la nada, y ella misma se vio sorprendida al verla a esta con todo su cabello hacia atrás, y el notar en su cuerpo las marcas que le dejó, incluso en su cuello.

Ups.

No, no, Weiss, concentrate.

Pero era evidente que sus ojos se habían ido a la zona, degustándola con su mirada sin vergüenza alguna.

"L-la compañía va a estar de aniversario la otra semana."

Tartamudeó, no.

Todo el control que tenía en la cama lo perdía con solo una mirada, ¿Cómo era eso posible? Nunca se iba a acostumbrar a eso, nunca le dejaría de avergonzar.

Dios, era realmente débil.

Ruby la miró, ladeando el rostro, y luego le dio una sonrisa tranquila, y notó como esta levantó la mano, dejándosela en la nuca.

"Ya sabía."

¿Qué?

"¿Como que ya sabías?"

Ruby soltó una risa mientras buscaba la botella de jabón, echándose en las manos, y dio un salto cuando esta fue a por ella. Esa sensación de las manos resbalosas de Ruby en su cuerpo la hacían perder el decoro, y no podía perder el decoro, ya tenía que volver a casa.

Tenía que hacer cosas en la mañana, con su familia, así que no podía enloquecer demasiado.

"Coco me llamó ayer, preguntándome que me iba a poner para la fiesta de tu compañía, y yo me quedé sin saber que decirle porque no tenía idea de eso, y cuando se lo dije, Coco soltó un upsis, y me colgó."

Clásico de Coco, soltando la lengua.

No podía culparla, porque no le dijo que le diría personalmente a Ruby, así que la culpa la tenía ella por no especificar.

"Bueno, ya que lo sabes, estás invitada por ser socia, será el viernes a las cinco de la tarde, te mandaré la invitación con la dirección. Y no te preocupes por lo que usarás, no es una fiesta formal, con tu ropa usual del trabajo estarás bien."

Ruby la miró, y soltó un suspiro pesado, pero de alivio, puro alivio.

"¿No tendré que usar vestido entonces?"

Se vio riendo con la expresión de puro pánico.

"No, Ruby, un vestido sería demasiado elegante, y resaltarías más, así que no. Puedes quedarte tranquila."

Ruby parecía feliz ahora, al parecer tenía eso dándole vueltas en la cabeza, pero no, nada de compras apresuradas ni vestidos a la medida, así que la notaba aliviada.

Probablemente sus empleados también lo estaban, podrían tomarse el día libre y no tendrían que gastar dinero en una prenda para la ocasión. Recordaba el haber asistido a la fiesta que hicieron para los treinta años de la compañía, y notó como algunos de sus empleados, los más humildes, parecían molestos de tener que gastar tanto, y ahí supo que no iba a cometer el mismo error.

El código de vestimenta era prácticamente lo que sus empleados usaban para ir al trabajo, nada muy formal ni nada casual, término medio, así que nadie tendría problemas con lo que usaría.

Ella misma pensaba ir con su traje usual del trabajo, aunque el pensar que Ruby estaría ahí, le daba ganas de usar algo más ajustado, algo más corto. Pero no, aun debía mantener la compostura, y seguir el código de vestimenta que ella misma propuso. Tampoco quería lucir como una gata en celo, lista para la acción.

"Entonces, ¿Podrás ir?"

Ruby asintió, dándole una sonrisa.

"Voy a liberar mi agenda por ti, cariño."

Le gustaba oír eso.

Eso la dejaba más tranquila.

El tener a Ruby, siempre la dejaba más tranquila. Aun se sentía extraña con todos esos cambios, ni tampoco se sentía feliz de ir a un evento así, su evento, en esas condiciones, pero con Ruby ya estaría más centrada.

Ya quería que llegase el día.


Capitulo siguiente: Determinación.


N/A: Hace calor aquí, ah. Me pasé un poco, y quizás si deba poner esta historia en explicito, pero como no sé cómo hacerlo, nada más me queda hacerme un ovillo y esperar a que nadie se enoje.

Se ha calmado un poco la cosa, pero Weiss aún tiene cosas que hacer, así que la aventura continua, aun así, disfruten la calma mientras pueden. Habrá más de alguna emoción, pero nada drástico, ya eso se viene para los capítulos futuros donde todos me van a odiar y en mi defensa no lo planee así. Ya no más spoilers.

Nos leemos pronto.