Red Velvet
Capítulo 81: Aniversario
…
Le hubiese gustado que la semana pasara lento, pero no fue así.
Era un caos, pero al menos eso la mantuvo ocupada, y ahora podía mantenerse ocupada sin sentirse mal al respecto.
Organizar la fiesta de la empresa no era un problema, no fue difícil, sobre todo teniendo a su familia ahí para ayudarla, para darle una mano en momentos así, y se sentía bien el recibir los consejos o las ideas de ellos. Lo disfrutaba.
Pasó toda la semana con su mente enterrada en documentos y en todas las cosas que se estaban acumulando poco a poco con su ausencia y con los preparativos de la fiesta, debía asegurarse que cuando volviesen el lunes todo estaría correcto. La semana anterior, con todo lo ocurrido, no pudo concentrarse por completo en su trabajo, y ahora al fin se sentía lista para continuar.
Tal vez no habría sido capaz sin la ayuda de Whitley tomando la cabeza por esos dos estresantes días, o de su secretaria quien tuvo que tomarse la molestia de reagendar las reuniones que tuvo, y siempre se obligaba a si misma a agendar reuniones de lunes a miércoles que era lo que más le molestaba hacer y así podía relajarse jueves y viernes, relajarse de alguna forma, pero al menos no lidiar con idiotas.
Así que la decisión que tomó por su salud mental fue un problema en esa situación, pero ya pudo organizarse y tener las reuniones pendientes.
Y si bien se sentía tranquila habiendo podido terminar todo, si se sentía triste por no poder hablar tanto con Ruby. Si, se había malacostumbrado al verla tan seguido, y no verla por una semana era ciertamente un martirio, pero esta también tenía mucho trabajo pendiente, ya que la fama que se ganó, la mala fama en su mayoría, le causó más de algún problema, pero por supuesto que Ruby no le dijo nada para no preocuparla, pero lo sabía.
Al menos sabía que Ruby tenía a Coco, y Coco no iba a dejar que su protegida cayese.
No sabía si había perdido trabajo, o si había ganado una fama que ocasionó problemas en su trabajo, y no había preguntado, no por nada Ruby se mantenía silente. Esta no quería abrumarla, la conocía, ni quería que pudiese sentirse lo más mínimamente culpable por los problemas que pudiese tener con todo el drama ocurrido, así que iba a dejar que mantuviese sus secretos.
Aun así, llamó a Coco y le dijo que cuidase de Ruby, y sonó más como una amenaza que una súplica, pero como siempre su amiga se encargaría de todo, la conocía, confiaba. Le debía un gran favor a Coco, estaba segura de eso, e iba a tener que pagar en algún momento, y estaba lista.
Ya no temía.
Ya no huía.
Se prometió no hacerlo más.
Y se refería a todo, incluso a los planes extraños de Coco.
Ahora podía con todo.
Soltó un suspiro, despejando su cabeza, ya luego podría discutir con Ruby acerca de esas cosas, por ahora tenía algo pendiente. Estaba manejando hasta el teatro, hasta el lugar donde daría la fiesta. Aún era temprano, pero por supuesto que iba a llegar antes, para asegurarse que todo estuviese correcto, era obsesiva y controladora, sobre todo con las cosas que hacía ella misma. Era su fiesta, de su empresa, e iba a tener todo perfecto.
Pasó por la entrada resguardada y entró, deteniendo su auto frente a las puertas y bajándose.
Ya había personas dando vueltas, incluso los valet encargados del estacionamiento ya estaban listos para su labor, uno de estos acercándose para pedirle la llave. Vio a los encargados de la decoración terminando los últimos detalles, así como los que preparaban los aperitivos, estos moviéndose de un lado a otros con las bandejas, dejándolas en las mesas respectivas.
Veía a la banda afinando sus instrumentos en una de las esquinas, en su escenario propio, con la intención de entretener y avivar un poco el lugar.
Todo parecía en orden en la sala principal.
Las puertas que llevaban al teatro estaban abiertas, invitando a que la gente entrase y para ver el espectáculo. Estaba iluminado, brillante, no como cuando estuvo ahí hace unos días, completamente oscurecido, con las luces de emergencia, nada más, ahora se podía ver con definición cada uno de los asientos, de los pasillos y del escenario.
Realmente iba a hacerlo.
Era extraño.
Se sentía extraña, diferente.
Pero era algo bueno, apreciaba cada cambio, y no dejaría de hacerlo.
Iba a explotar cada uno de sus lados, por más ínfimo que fuese, y así se encontraría a sí misma, a la persona en la que quería convertirse, en las partes de ella que quería que fuesen importantes en su vida. Como el canto, como su lado artístico que tuvo en auge cuando era una niña.
Y que ahora, al fin retomaba.
Se sentía bien, demasiado.
Aseguró que todo estuviese en orden, y no pasó mucho tiempo para que su padre llegase, la limusina deteniéndose frente a la entrada, su padre bajándose, y su hermano siguiéndole, ambos bien arreglados. Se veían más formales de lo que pretendía que fueran, pero hasta las batas para dormir de su padre eran elegantes, no se podía hacer mucho en ese caso.
Estos la saludaron muy tranquilos, sus máscaras profesionales puestas en sus rostros, y no los culpaba, ella misma debía estar igual. Pero ya no los notaba tan tensos, tan preocupados por la opinión ajena, lo cual era bueno.
Ella iba a cuidar a su familia, y no iba a permitir que nadie les arruinase la vida, de nuevo.
Los dos hombres se quedaron a su lado, esperando a los invitados, dándoles la bienvenida, y eso hicieron apenas llegó el primer empleado de la empresa, luego el siguiente, y así fueron llegando uno a uno. Los notaba más tranquilos que hace diez años, lo cual era bueno, no quiso darles mayor presión, al fin y al cabo, era una fiesta, y no quería que fuese una obligación más.
Su padre aún estaba en desacuerdo con darles el día libre, el trabajo siempre siendo lo más importante, pero ya iría cambiándole esa percepción que tenía. Iba a esforzarse, así como Ruby le cambió la vida, iba a hacer lo mismo por quienes amaba.
Y hablando de Ruby…
Escuchó el motor rugir desde la lejanía, y supo que era el Red Velvet resonando con fuerza. Lo notó entrar por las rejas, esta dándole la invitación a los guardias, estos dejándola pasar. Rápidamente el auto avanzó hasta la entrada, y esta se bajó, su cabello bien peinado, pero siempre notaba esos mechones incontrolables. Tenía un traje negro puesto con una camisa roja brillante abajo, los primeros botones desabrochados y sin corbata.
Ruby le dio la llave al valet, este algo entusiasmado de manejar un auto deportivo como ese, el cual era bastante inusual en Atlas, la mayoría usando autos grandes y familiares, además de que era un modelo que no se encontraba en ningún otro lugar.
Le llamó la atención cuando Ruby se acercó a la puerta del copiloto y la abrió, un inesperado golpe de celos llegándole, la idea de que esta viniese con un acompañante y no se lo dijese, pero se calmó cuando vio unos tacones gigantescos, inapropiados claramente, pero a la dueña no le importaba lucir inmensamente alta. Coco se bajó del deportivo, luciendo un traje a la medida, pero con más decoraciones de lo esperado, como una bufanda de seda cayendo por sus hombros, los collares de obsidiana sobre la camisa o los guantes de cuero en sus manos.
No esperaba menos.
Le causó alivio el verlas juntas, así como le causó algo de gracia el ver a Ruby luciendo tan pequeña al lado de lo enorme que lucía Coco con sus botas, y eso que Ruby ya se estaba acostumbrando a usar zapatos con tacón, pero nada superaría esos peligrosos diez centímetros.
Ruby moriría en uno de esos, incluso ella misma moriría, y eso que tenía experiencia.
Coco fue la primera en acercarse, en sacarse los lentes y darle un guiño mientras la saludaba. Agresivamente la tomó del mentón y le dio dos besos en las mejillas, y no se alejó hasta que le dijo algo en el oído, algo que solo ella pudo oír.
Buen trabajo.
Esta se alejó, acercándose para saludar a su padre.
Se le quedó viendo un momento, sintiendo el pecho cálido. Coco lo sabía, Coco sabía porque había decidido hacer la fiesta en ese lugar, que decisión había tomado al hacerlo, y la apoyaba. La conocía hace muchos años, sabía a lo que había sido sometida y conocía el trauma que la embargaba.
Había hecho un buen trabajo.
Cuando miró al frente, Ruby se estaba acercando, posicionándose frente a ella, una sonrisa suave en su rostro.
Iba a mover la mano, por inercia, a acercarla al cuerpo ajeno, estrechar su mano, pero sintió las ajenas en sus hombros, y de un momento a otro se vio en un abrazo.
Se vio tomada desprevenida, pero no le duró, su cuerpo de inmediato reaccionando a Ruby, a su aroma, a su calor, y la abrazó de vuelta.
No sabía porque, pero ese abrazo se sentía más intenso, como un abrazo de consuelo.
Sintió el aliento de Ruby en su cuello, en su oído, y sintió las mejillas rojas.
"Coco me dijo que necesitarías uno de mis abrazos, y no sé por qué lo dijo, pero yo feliz de darte cuantos necesites, aquí estoy para ti."
Oh.
A diferencia de Coco, Ruby no debía saber la razón oculta tras esa fiesta, su secreto, su sorpresa, su razón, pero al mismo tiempo quiso ayudarla, apoyarla, y debió pensar que lo único que podía hacer era mandar a Ruby con su habilidad innata para hacerla sentir lista para lo que sea.
Estaba agradecida de tener buenas amigas.
Si, se sentía cálida, feliz, preparada para enfrentarse al pasado, una vez más.
Cuando Ruby la soltó, su sonrisa era más grande, más brillante, más enérgica, y le causó felicidad el simple hecho de verla así. Ruby era su felicidad, y verla sonreír la hacía inmensamente feliz, eufórica, animada, y si, era lo que necesitaba para seguir adelante, su Ruby.
Gracias, le susurró, y esta asintió, feliz de ayudarla.
Ruby avanzó, saludando a su padre y a su hermano con un apretón informal, sonriéndoles, y podía sentir esa felicidad irradiando de Ruby. Se alegraba de verla así, a pesar de no haber podido hablar demasiado los últimos días, y teniendo la idea de que esta estaba pasando momentos difíciles. Pero las cosas seguían bien, ellas seguían bien, y eso era lo que más le importaba, así que sea lo que sea que ocurría en la vida privada de Ruby, ella estaba ahí para apoyarla, y estaría lista para cuando esta quisiera hablar y desahogarse.
La recibiría con los brazos abiertos.
Le causó gusto ver a los invitados, a sus empleados, moviéndose por el salón, de un lado a otro, disfrutando de la música, de la comida, de las bebidas, todo en paz y en calma. Por su parte, tomó su lugar junto con su familia, y decidieron hacer un brindis por la empresa, y notaba rostros agradecidos entre sus trabajadores. Se alegraba que no fuesen infelices, que no trabajasen en un ambiente insoportable, ni siquiera los Faunos que tenía en sus filas, como su propia secretaria, esta con su rostro tranquilo, sin mostrar rencor en su mirada, como vio en algunas personas cuando era una niña.
Miradas rencorosas.
Sin siquiera aguantar el asco que sentían de servirle a ese apellido.
Se vio sonriendo para sí misma, recordando la reunión que tuvo con los asentamientos fuera de la ciudad, donde pudo verles la cara a sus trabajadores, a la distancia sí, pero por ahora fue suficiente. Envió paquetes a cada sector, para que estos pudiesen celebrar y tomarse el viernes libre, y notó rostros agradecidos.
Ellos eran los que más trabajo tenían, o al menos un trabajo más pesado, más riesgoso, pero no tenía por qué serlo, así que se encargó de que no fuese algo malo como lo fue alguna vez. Y creyó que la producción disminuiría al hacer ciertos cambios, como menos horas laborales, como tiempos de descanso decentes, o cosas similares, y en cierto punto no le pareció malo el perder dinero si es que tenía trabajadores felices, pero no fue así, por el contrario, estos trabajaban más y mejor, y tanto ella como ellos apreciaban el cambio.
Estaba haciendo que la empresa fuese tal y como soñó alguna vez, estaba enmendando errores del pasado, o evitando repetirlos, y esperaba que la compañía siguiese así, con alguien que arreglase el error del antecesor y que no fuese al revés, empeorándolo.
Se tomó ese tiempo para agradecerles, y sentía que habían sido unos meses difíciles, siendo ellos quienes soportaron su mal humor, su enfermedad, su mente cerrada luego de lo que pasó con Ruby, su secretaria sobre todo tuvo que tener cuidado para mermar su ira.
Pero ya no sería así, había aprendido, había mejorado.
Se alegró de ver copas levantándose.
Había un aura diferente en el aire, y cuando le dio una mirada de reojo a su padre, este asintió levemente, sus ojos brillando, orgullosos, y se alegraba de ver esa mueca en él.
Ya todos habían aprendido la lección.
Dejó que todos siguiesen en lo suyo, y miró la hora, sabiendo lo que tenía que hacer, lo que debía hacer, pero por si misma, porque quería, y eso se sentía bien, de hecho, se sentía ansiosa.
Sintió los tacones acercándose, resonando, y observó, notando como Coco se le acercaba, una sonrisa maliciosa en su rostro, inquisitiva. Coco lo sabía y no podía esperar, tal vez esta estaba más ansiosa que ella misma, y si Ruby supiera lo que iba a hacer, esta estaría más ansiosa aún, y la idea le hizo soltar una risa.
"Bonito discurso, Weiss, casi me dejas al borde de las lágrimas."
Ha, ha.
Rodo los ojos, girándose, dándole su atención individual a su amiga. Esta parecía feliz, tranquila, y también notaba cierto dejo de orgullo en su rostro.
Coco la vio en sus peores, con su miedo a flor de piel, pero ya no más.
Sintió la mano de esta en su hombro, su agarre firme, tan poco delicado como siempre, pero aceptaba el gesto.
"¿Realmente vas a hacerlo?"
No había duda en la voz de Coco, preocupación ni nada así, como si temiese que la respuesta fuese un sí, pero lo que si notaba en esta era la impaciencia, la emoción, y se vio asintiendo, sabiendo que su rostro estaba imitando esas mismas emociones.
Coco asintió también, una sonrisa en su rostro, genuina.
Los ojos de esta, tras sus anteojos, se fueron hacia la derecha, observando a las personas, y siguió su mirada, esta dirigiéndose donde Ruby, esta estaba hablando con Blake, ambas conversando con normalidad, aparentando un poco, como si no se conocieran tanto como se conocían, sabiendo que el tópico en el cual debían de desenvolverse más era en la hermana de Ruby, en Yang, y la idea le causaba cierta melancolía.
Le iba a dar a Ruby una ciudad donde no tuviese que ocultar su pasado, su familia, la única familia que le quedaba.
"No le dije nada, pero creo que deberías decírselo."
Cierto.
Debería decírselo.
No recordaba haber hablado de eso en particular, y no había podido decirle mucho al respecto. Sería una sorpresa para muchos, sobre todo para los empleados antiguos, pero no tenía que ser una sorpresa para Ruby, porque sabía que se lo dijese o no, Ruby se sorprendería de todas formas.
Coco soltó una risa mientras empezó a caminar, dirigiéndose hacia Ruby, posando una mano sobre los hombros de su secretaria, esta dando un salto ante el agarre inesperado. Las notó decirse algo entre ellas, y finalmente Coco se alejó, llevándose a Blake con esta, probablemente iba a intentar hacer un avance, y ahí ya no podía ni quería saber que pasaría.
Ruby se quedó sin compañera de conversación de la nada, y vio como esta se vio perdida en medio de la nada sin saber qué hacer, y sus ojos se toparon, ahí esta decidió acercarse, avergonzada.
Si, Ruby, te vi entrar en pánico.
Ya se acostumbraría.
Esta se quedó de pie a su lado, su postura recta, su máscara intentando volver a su rostro avergonzado por la situación. No quería saber si parte de la vergüenza era por quien sabe qué cosa dijo Coco, pero podía imaginarse algo similar. Sabía que la relación entre su secretaria y su cuñada era particular, pero no sabía que tan particular, ya que sabía que Coco estaba dispuesta a todo.
Ay Dios, no quería ni pensarlo, su amiga no tenía límites.
Cuando los plateados la miraron, esta lucía más tranquila.
"Hola."
Se vio soltando una risa, que casual de su parte.
"Hola, Ruby."
Se vio mirando hacia su derecha, su padre hablando entusiasmadamente con uno de los socios, uno de sus favoritos sin duda, y no veía a su hermano cerca, así que se relajó. Las cosas eran diferentes ahora, pero no quería salir del closet tan rápido, iba paso a paso, tampoco quería asustarlos de la nada.
"¿Sabes qué lugar es este?"
Le preguntó a Ruby, y notó como esta se giró, mirando las grandes puertas que llevaban al teatro, estas cerradas, por ahora. Esta se levantó de hombros, dándole una mirada insegura.
"Coco me dijo que era un teatro, así que supongo que es eso."
Había cosas propias del teatro, como las decoraciones, como el lugar donde se compraba los boletos, o donde se dejaba entrar a quienes tenían sus entradas. Era un lugar antiguo, así que todo seguía como en antaño, por supuesto que dispuesto a remodelaciones para que tuviese una mejor fachada y una mejor tecnología. La gran mayoría de eventos que se hacían ahí eran exclusivos, solo accesibles con entradas, incluso algo como lo que solían hacer ahí como empresa, lo que era más una fiesta más que solo un concierto o un espectáculo.
Era un lugar hermoso y espacioso y podía ser usado con cualquier objetivo, como obras teatrales, como orquestas, ya había comprobado lo bien que sonaba todo desde arriba del escenario, así que era un lujo para quien sea que se subiese al escenario y pudiese sentir la magia de ese lugar.
Le gustaba que siguiese siendo un lugar vigente, vivo, y si no hubiese hecho una reservación con tiempo, y fuese quien era, tal vez no habría podido tener el lugar disponible para el día que necesitaba.
Le tenía cariño a ese lugar, no quería que desapareciera, que se volviese nada más que un lugar en desuso, abandonado.
"¿Recuerdas cuando te dije que solía cantar cuando niña?"
Ruby la miró, sus ojos plateados brillando, mientras asentía.
No había hablado mucho de eso, de lo bueno, dejando en claro desde el primer segundo que ya no lo hacía. Que había abandonado el canto.
"Solía cantar aquí, hasta que dejé de hacerlo."
Sintió el cuerpo de Ruby acercándose al suyo, milimétricamente, su mano rozando la suya en un leve toque, pero un toque que notó con claridad, no podría perdérselo.
"Pero te gustaba cantar."
Si, le gustaba cantar, y Ruby lo sabía.
"Me he tenido que enfrentar con mi pasado incontables veces, y quería hacerlo de nuevo, por mí misma. Volver al pasado, reencontrarme con la niña feliz que solía ser, que solía cantar por el amor a la música."
Cuando volvió a mirar a Ruby, los ojos de ambas chocando, los ajenos se veían suaves, así como la sonrisa que le estaba dando, suave, dulce.
"Yo te apoyaré siempre, Weiss, en cualquier cosa que desees hacer, que desees experimentar, que desees revivir, estaré ahí para ti."
Si.
Si, por eso lo hacía.
Porque tenía a Ruby, así jamás se derrumbaría, podía avanzar sin miedo, porque Ruby estaría ahí para sujetarla, para ayudarla a seguir adelante, para levantarla del suelo, de la más absoluta destrucción y volverla a armar, a reconstruir.
Se vio asintiendo, sintiendo que las lágrimas se le escaparían, lagrimas felices, muy felices.
Se sentía segura, ahora siempre se sentía segura.
Incluso cuando tuvo más miedo.
Ahí, con esa mujer, estaría siempre a salvo.
"Gracias, Ruby."
Sintió el agarre suave en su mano, la mano ajena sujetándola, el ligero apretón que esta le daba, que era más que eso, ese agarre era un abrazo, era un beso, era un apoyo constante imposible de definir.
Era lo que necesitaba.
Ruby era lo que necesitaba.
Ahora, estaba aún más segura de seguir adelante.
Capitulo siguiente: Espectáculo.
N/A: Día de la fiesta mis lectores, y vaya fiestas emocionantes que han sido descritas en esta historia, y sé que vendrán más, y sufro por no ponerle al capítulo 'fiesta' porque no puedo repetirme, si lo hago, perderé mi honor. Pero vaya cosa más difícil.
Escribir cien capítulos, sin problema.
Escribir cien títulos, ay mami ayuda.
El siguiente será emocionante, espero lo disfruten.
Nos leemos pronto.
