Red Velvet
Capítulo 82: Espectáculo
…
Caminó, tras bambalinas.
Se sentía extraño, de nuevo, pero tan familiar al mismo tiempo.
Estaba volviendo a esa familiaridad del pasado.
Recordaba ese lugar, ese lugar privado donde se preparaba antes de salir, mientras al otro lado, un encargado de las luces mantenía todo en orden, preparando a la perfección el cual sería su perfecto acto, como solía ser antes.
Se quedó en esa oscuridad, sabiendo que cada uno de los invitados, de sus empleados y socios, avanzaban, sentándose, esperando un espectáculo, y se los daría.
Tomó agua de una botella, y respiró profundo.
No sentía vergüenza, estaba acostumbrada a ser vista, a ser escuchaba, desde niña, y mucho más al saber que esas personas eran sus empleados, con los que había trabajado por ya años, los que en su mayoría conocía bien, a los que les hablaba en reuniones, así que no era una tarea desconocida.
Su garganta no era la mejor, sus cuerdas vocales habían perdido la costumbre, pero había practicado, había vuelto a retomarlo solamente para ese momento, para poder cantar por primera vez en años, para poder cantar en público. Sabía que estaba exigiéndose de más, que su garganta sufriría las consecuencias, pero eso no la iba a detener.
Pero si sentía algo de nervios, algo ajeno que no había sentido nunca al pararse sobre un escenario.
Y era fácil saber la razón.
Ruby. La razón siempre era Ruby.
Cuando dejó salir su voz, esta la escuchó, y en su caso, estaba cansada, a punto de dormirse y con una gran cantidad de alcohol en sus venas, así que era evidente que no estaba en todos sus sentidos. Solo fue un impulso, solo fue la melancolía momentánea con una total desconocida.
Y eso era la única pizca de su talento que le mostró a Ruby.
Ahora no era así, se sentía con energías, se sentía viva, consciente y sobria, se sentía lista para entrar ahí y dar un buen espectáculo. Nada perfecto, porque no existía algo así, había aprendido, pero si podía darlo todo, dar su máximo, y esa sería su perfección, y quería que Ruby viese cuanto había crecido, cuanto había avanzado luego de tantos problemas, de tantos miedos, de tantos traumas.
Quería que su voz saliese por sí misma, y que Ruby la escuchase.
Que de verdad la escuchase.
Escuchó nada más que silencio, este distrayéndola de su cabeza, y supo que era el momento, esa era su señal. Respiró de nuevo, y comenzó a caminar hasta el centro del escenario, todo en una total oscuridad. Tenía que recibir la luz, y ahí empezaría, pero mientras esperó, se tomó un momento para ver las sombras de las personas presentes, no podía verlas con nitidez, así como ellos no la podían ver a ella, pero no importaba.
Podría ver aún menos cuando la luz le llegase.
Subió la mirada, hasta los asientos superiores, los que usaban los socios, y su familia.
Vio a su padre, su silueta borrosa, pero sabía que era él.
Pero no vio a su hermano.
Se vio confusa, sin entender porque su hermano no estaba ahí. Antes de poder cuestionárselo, escuchó ruido en el escenario, tras ella, que la hizo saltar, y se giró, buscando entre la oscuridad. Se trataba de un sonido chirriante, luego algo pesado cayendo, y no veía lo suficiente para saber que era, ni forzaría más su vista para intentarlo.
Finalmente, la luz se prendió, su luz, y se vio iluminada, pero sus ojos seguían buscando en el escenario, intentando entender, o encontrar, que era lo que había sonado, hasta que la segunda luz se prendió.
Un piano blanco fue iluminado, un piano que no había estado ahí, y que en ese momento alguien debió traerlo, por algo el bullicio.
¿Pero por qué?
Sabía tocar el piano, tuvo lecciones, como todos en su casa, pero siempre fue lo básico, lo que necesitaba para dejar a sus instructores contentos, pero nada más. Cuando niña prefirió evitarlo, ya que en comparación prefería el canto, así que simplemente se lo dejó a su hermano, que él tuviese lo suyo, que ambos tuviesen lo suyo y no hubiese guerras de talento entre ambos.
Que no hubiese más guerra.
Un momento.
Escuchó pasos, y vio a su hermano acercarse, una sonrisa calma en su rostro, su máscara profesional desapareciendo, mostrando una mueca cálida, al menos una expresión que solía poner en casa, cuando estaban a solas.
No podía creerlo.
No lo había visto tocar el piano desde que eran niños, y habían pasado demasiados años desde eso, ni siquiera sabía si este había continuado o lo había dejado tal y como ella dejó el canto.
Este se sentó, estirando sus dedos antes de posarlos en las teclas, y ahí, los ojos similares a los suyos la observaron, esperando.
Oh.
Él la había escuchado practicar.
Estaba esperando su voz.
Se vio sonriéndole, la mera idea de estar juntos en un escenario causándole alegría, y de haber sabido que su hermano seguía tocando, habría tenido ganas de hacer eso mucho antes.
Le asintió y volvió a mirar al frente, las caras no siendo nada más que masas negras, la luz sobre ella siendo tan fuerte, tan voraz, que le quitaba cualquier tipo de imagen fuera de esta. Así que cerró los ojos, llenando sus pulmones de oxígeno.
A penas pronunció la primera frase, su hermano de inmediato supo que tocar.
Podía escuchar la melodía guiándola, y al mismo tiempo, siendo su canto quien guiaba la melodía.
Él recordaba las canciones que solía cantar antes, cuando era solo una niña, y le dejaba un alivio que este lo supiera, que la acompañara.
Su voz tomó fuerza conforme avanzó al coro de la canción, esta en alemán, una canción típica, una que solía cantar bastante antes, porque le gustaba, porque era especial, porque era un reto, pero obviamente ahora lo hacía diferente que antes, su caja torácica soportando más aire, sus cuerdas vocales pudiendo alargar más las notas, y convirtiéndola en una nueva pieza.
Y aunque estuviese oxidada, ya no era una niña.
Con cada palabra, con cada estrofa, se vio sonriendo. A su abuelo le gustaba esa canción, así que le gustaba cantarla pensando en él. En su familia, en lo bueno, en los maravillosos años en el pasado donde solo había felicidad, donde era lo suficientemente ingenua para ignorar todo lo malo que ocurría.
No necesitaba micrófono, no necesitaba parlantes, no eran necesarios, el lugar en sí mismo estaba hecho para maximizar su voz, y, aun así, le sorprendía el aun tener las fuerzas para poder emitir su voz con aquella fuerza.
Aún era capaz de muchas cosas, y sería aún más si seguía intentándolo.
Si no se detenía.
Su hermano aceleró el ritmo en las ultimas estrofas, y siguió sus pasos, dándole más energía a la pieza, a su voz, a las palabras que decía, una tras otra, y le gustó esa presión, esa improvisación, porque la hizo esforzarse más, y podía más, siempre podía más.
Luego fue más lento, la melodía cambiando una vez más, dándole un aire de lenta balada a la última estrofa, y ahora calmó su voz, su ritmo, hasta que ya no tuvo nada más que cantar, manteniendo la última nota por el mayor tiempo posible, y así, Whitley se detuvo.
Se quedó un momento digiriendo la sensación en su pecho, mirando a su hermano, este dándole una leve sonrisa.
Escuchó los aplausos en el público, los que le tomaron por sorpresa. Eso si no recordaba, los aplausos, ya que siempre que terminaba una pieza, miraba hacia su familia, y si no veía aceptación en sus rostros, si no habían aprobado su canto como perfecto, entonces no era suficiente.
Los aplausos nunca fue lo que le importó, pero ahora sintió los aplausos.
Los disfrutó.
Notó como su hermano levantó la mano, y de inmediato todos los sonidos bajo el escenario se acabaron.
Lo miró, cuestionándole, y luego este empezó a mover los dedos por las teclas, rápidamente, mostrándoles a todos las habilidades de las que era dueño, y a ella misma le sorprendió. Su hermano no se detuvo, y le alegraba inmensamente que no hubiese cometido su error.
El sonido podía llegar a los oídos de todos, un ritmo alegre, animado, pero suave, agradable.
Supo que canción era de inmediato, otra canción más de esa época.
Y era tan agradable el traer al presente lo bueno de su pasado.
Respiró profundo, de nuevo.
De haber sabido, podría haber traído al resto de músicos ahí, como la flauta, como el violin.
Lo haría así, algún día.
Comenzó a cantar, las frases en el idioma de su abuelo resonando con su voz, por todo el lugar, fuerte, con intensidad, pero sin opacar el piano, y el piano sin opacarla.
Se sentía bien cantar así, disfrutarlo.
Si, lo estaba disfrutando.
Ojalá pudiese cantar para su familia, poder expresarles su felicidad a través de su canto, quizás darles felicidad también a ellos.
Levantó la mirada, hacia lo alto del techo mientras estiraba lo más posible la última nota del coro.
Esperaba que su padre tuviese razón, y que su madre estuviese orgullosa de ella, de ellos, porque ella estaba orgullosa de ambos.
De haber sobrevivido.
Respiró de nuevo, escuchando con cuidado las teclas, esperando cuando fuese su momento de volver a cantar, y estuvo preparada cuando el estribillo continuó.
El ritmo era agradable, era una melodía que le gustaba, y le impresionaba el recordar la letra tan bien como lo hacía, como si la hubiese cantado miles de veces, y ahora que lo pensaba, si, debió cantarla miles de veces.
Adoraba cantar, así que pasaba mucho tiempo cantando, incluso en sus horas de estudio, lo disfrutaba, y no quería dejar de cantar, por el contrario, quería mejorar para poder cantar más y más.
¿Cómo pudo dejarlo?
¿Cómo pudo abandonar algo que le dio tanta felicidad?
Si, sabía porque, pero ahora, ya no podría hacerlo. Ya no podría dejar algo que le daba felicidad, se sentía imposible, se sentía incapaz de lograrlo.
Se quedó en silencio, el piano teniendo su momento a solas, mientras ella misma se quedó a solas, a solas con su mente, sus recuerdos, sus molestias, su pasado.
No lo dejaría.
Ahí, se sentía bien, se sentía viva, se sentía feliz.
No podría dejarlo.
Se vio mirando hacia su hermano.
Y con él a su lado, se sentía mucho mejor. Su familia, al fin, a su lado, disfrutando de la vida tanto como ella, sin miradas amargas, sin retos, sin regaños, sin peleas, nada. Solo dos hermanos compartiendo un momento íntimo, pero a la vez tan público.
La nota volvió a resonar, su aviso, y siguió cantando.
Sentía la garganta dolorida, era una pieza eterna, pero no creía poder parar, no quería que terminase.
Estaba divirtiéndose, como nunca, sobre un escenario.
El ultimo coro resonó, para su desilusión, pero las teclas del piano resonando con fuerza, con ímpetu, y siguió esa fuerza, esa euforia con su voz, cantando con energías renovadas, hasta que el piano comenzó a perder la fuerza, y ahí su voz comenzó a parar, a sostener las notas y a bajar el volumen de su voz.
Hasta que no hubo nada más que silencio.
Se quedó ahí, recuperando el aliento, escuchando nada más que el latido de su corazón, acelerado, alegre, eufórico, mientras las luces del lugar alumbraban levemente, permitiéndole ver los rostros bajo ella, sobre ella, mientras estos comenzaban a aplaudir, eliminando por completo el silencio.
Si, era agradable, la llenaba por dentro.
Escuchó pasos acercándose, y sintió la mano de su hermano en la suya, un agarre que no había sentido, un agarre que él le estaba dando, sus dedos delgados como los propios, pero su agarre era suave, sin fuerza, como si temiese hacer el acercamiento, el cual no había hecho, nunca.
Por supuesto que sujetó la mano en la suya, sujetándolo con firmeza.
Lo miró, pero los ojos de Whitley miraban hacia el público, sin vacilar, y notó de nuevo una sonrisa en él.
"Me preguntaste que quería hacer."
Le sorprendió escucharlo hablar, despacio, para que solo ella lo escuchase, para que solo ella notase que hablaba.
Este la miró de reojo, sus ojos brillando, una expresión suave en su rostro usualmente tenso. El agarre en sus manos se intensificó, y se vio débil.
"Quiero hacer esto. Quiero seguir sintiendo esto."
Oh, por favor.
Whitley la iba a hacer llorar.
Este apretó su mano una vez más, y comenzó a agachar el torso, en una reverencia, y lo siguió, disfrutando el sonido de los aplausos, para ella, para él, para ambos.
Eran ellos, era Weiss y Whitley, sin máscaras, haciendo lo que les gustaba, sin pretender, sin ser los jefes, si no que siendo personas humanas.
Siendo reales.
Y disfrutó cada segundo de eso.
Comenzaron a caminar, a salir del escenario, las personas retirándose de nuevo al salón principal, la fiesta aun no acababa, pero ella se tomó un momento, disfrutando de aquella sensación nueva, de esa nueva experiencia, que al parecer no sería la única, no sería la última, y aquello la hacía sentir viva.
Cuando iba pasando tras bambalinas, volvió a notar la mano ajena aun en la suya, y podía sentir lo huesudo de los dedos de su hermano.
"Quiero hacer esto otra vez, pero espero que, para la próxima, tengas algo de carne en esos huesos, estás peor de lo que yo estaba, por Dios."
Whitley la miró a los ojos y luego miró las manos de ambos.
Si, estaba delgada antes, pero cuando su vida recuperó la luz, cuando al fin tuvo a su faro, a su Ruby, se sintió capaz de comer, se sintió con ánimo de sentirse llena, con energías, saludable, así que comenzó a cuidarse, sabiendo que Ruby estaba ahí, apoyándola. Siempre.
Sus manos siempre fueron delgadas, sus dedos largos, como los de su hermano, como los de su padre, pero ya no se veían huesudos como alguna vez se vieron, como se veían los de su familia, y era impresionante, siendo una familia que tenía acceso a la mejor comida, a la comida más saludable, incluso a la más insalubre y calórica, ahí estaban, todos como unos esqueletos.
Este soltó un suspiro, asintiendo.
Era la hermana mayor, e iba a cuidarlo.
Se separaron cuando volvieron al salón, su hermano ya muy avergonzado para seguir así de cariñosos, oh, agarrarse la mano, super cariñoso, pero fuera de sarcasmo, era demasiado cariñoso para ser ellos los hermanos más distantes hace solo unos meses.
Notó varias miradas curiosas de los asistentes, y se sintió inesperadamente avergonzada. Si, había cantado, nada nuevo, pero sentía que había quedado algo expuesta ahí arriba, y tal vez era así. No se demoró nada en encontrar la mirada plateada entre los presentes, esta mirándola de vuelta, observándola minuciosamente, y de inmediato se quedó hipnotizada, atrapada en esos ojos, en esa mirada, en esa mujer. Esta comenzó a hablar, a decirle algo desde la distancia, modulando cuidadosamente para que ella entendiese el mensaje.
Me enamoré de nuevo de ti.
Oh, Dios.
No estaba preparada para eso.
Se vio ahogándose, se vio tosiendo, sintiendo las mejillas arder con fuerza, rojas, si, debían de estarlo, ardiendo sin duda alguna.
Uno de los camareros se acercó con una copa para ella, y agradeció el gesto, lo necesitaba.
Cuando subió la mirada, Ruby estaba ignorando su mirada, una mano en su boca, ocultando su risa, así como ocultaba el color en sus mejillas.
Como siempre Ruby avergonzándolas a ambas.
Se pudo calmar cuando su padre llegó a su lado, por suerte, porque o si no cuestionaría lo rojo de su rostro, y ni siquiera ahogarse con su propia saliva era excusa suficiente, o haber estado un buen rato ahí arriba cantando.
De acuerdo, como excusas si eran bastante creíbles.
Lo notó tranquilo, a su padre, calmado, sin la tensión de siempre, tensión que no notaba en ninguno de los tres, al menos no por ahora, tal vez cuando llegaron, sí, pero ya no.
"¿Cómo lo hicimos?"
No era bueno preguntarle, o al menos, en su infancia. Siempre se sentía decepcionada con la respuesta de él, así que no entendía porque tenía tanto interés en su opinión, o tal vez era porque quería su opinión como padre, no como un Schnee.
El Schnee que solía ser.
Este la miró, pero no notó al Schnee, ni una pizca de él, lo que era un alivio.
"Estuvieron realmente conectados ahí, jamás los vi compartir un escenario juntos, debí haber fomentado que lo hicieran."
Si, tal vez.
Pero no importaba.
Eso quedaba en el pasado.
"Ahora podremos hacerlo más, creo que hacemos un gran dueto."
Pensó en su hermana apenas terminó la frase.
Su hermana solía tocar el violín.
¿Podría hacer algo así algún día?
¿Ella volvería algún día?
¿Sería capaz de recibirla con los brazos abiertos?
Si, lo haría.
Si esta decidía volver, la aceptaría sin dudarlo, al final del día, era su sangre, su familia. Y si no volvía jamás, decidiría el dejar en su mente solo los buenos recuerdos, seguir con estos a su lado, cerca de su corazón, así como siguió adelante con los de su madre.
Rápidamente volvieron a la acción, a ser los anfitriones. Se tomaron un momento para dar un par de dedicatorias, aprovechando ese momento para darles regalos a algunos empleados, los que se habían desempeñado de mejor manera, y su padre los entregó, siendo el más interesado en la producción, así que era la persona ideal para felicitarlos.
Todos se veían tranquilos y felices cuando las horas pasaron, cuando se dio por finalizada la fiesta de aniversario, y era agradable que sus empleados se sintiesen cómodos en ese ambiente, o al menos intentó que se sintiesen así, bienvenidos, no como antes, cuando claramente se hacían separaciones ya sea por clases sociales o por razas, donde todo era por secciones, y le quitaba esa sensación de unión que era lo mejor para el ambiente laboral.
Ya era diferente, lo decía la producción, lo decían los números, lo decían las opiniones y las encuestas a fin de año.
Y eso era suficiente para saber que había hecho un buen trabajo.
Que todos estaban haciendo un buen trabajo.
Poco a poco, todos se empezaron a retirar, el cielo ya teñido de negro, completa oscuridad pintando el lugar, este alejado de la ciudad, de las luces, de los carteles, de los brillantes edificios, pero dándole un toque de exclusividad.
Notó a Coco acercándosele, sus tacones, los únicos así de grandes en todo el lugar, resonando. Sintió un brazo de esta rodeándola, su rostro teñido de rojo. Se veía ebria, olía a que estaba ebria, pero solo estaba exagerando su estado para molestarla, clásico de Coco, si estuviese ebria no podría ni siquiera mantenerse en pie, ya la había visto en un estado semejante, y esperaba no verla así de nuevo, que no pudo ni siquiera sujetarla.
"Hermosa velada, familia Schnee, espero seguir siendo su socia por lo que resta de años hasta la siguiente fiesta."
Se vio dándole unas palmadas a la mano ajena que estaba firme en su hombro.
"Si, si, serás invitada para la próxima."
Coco le guiño el ojo antes de voltear, mirando a su padre, este ocupado despidiéndose de otros de los socios, sus ojos oscuros escaneando con cuidado, pero se relajó de inmediato. Esta también notó el cambio.
"¿Puedes caminar?"
Escuchó la voz de Ruby a penas se acercó, por instinto agarrando a Coco del brazo. Esos tacones parecían darle más pánico a esta que a la dueña, a la que de verdad podía caerse, pero nunca la había visto caerse, y le sorprendía, sobre todo cuando pasaba por esas pasarelas usando ropa que podría significar una muerte segura en un lugar que no fuese una lisa pasarela.
Los plateados la miraron, y se vio de nuevo fijando la mirada en esta, siendo la única persona a la que miraba. Era realmente complicado el estar en una fiesta y tener a Ruby ahí, su cuerpo por instinto quería estar pegada a esta, y no podía, porque debía atender a sus invitados, porque era su fiesta después de todo.
Pero cuando las invitasen de nuevo a una fiesta, podrían tener tiempo para mirarse mutuamente, para perderse en la otra, sin que hubiese importancia alguna en el resto de personas.
Y quería tener esa libertad, pronto.
Ruby le sonrió, sacándola de su ensimismamiento.
"El concierto que nos dieron fue deslumbrante, ya quiero volver a verlos hacer un dueto juntos, fue impresionante."
Su voz sonaba tan cauta, tan cuidada, y sabía que en realidad Ruby estaba saltando como un pequeño cachorro, sin saber que palabras decir para describir la emoción que sentía o los sentimientos que sintió en ese momento, atropellándose a sí misma o divagando sin control, y la idea casi la hace soltar una risa, y por ahora una risa era un poco fuera de lugar.
Le sonrió de vuelta, sabiendo que también debía ser cauta.
Aun no podían ser ellas mismas.
Pero pronto llegaría el día.
"Te invitaré si es que la oportunidad se presenta."
Y lo haría.
Notó como su padre se acercaba, ofreciéndole la mano a Ruby, quien salto ante el gesto imprevisto, pero de inmediato reaccionó, estrechando su mano sin demora.
"No alcancé a agradecerle por lo de la entrevista."
Oh.
Cierto.
Ya hasta había logrado olvidarse de eso.
Ruby soltó una risa, demasiado nerviosa, su máscara cayendo, y de no ser porque su mano estaba en la de su padre, la habría llevado a su nuca.
Le causó ternura.
"No me agradezca, mi comportamiento no fue el mejor, fue un milagro que no hubiese empeorado más las cosas para su familia."
Su padre negó, sus ojos serios, y notó el nerviosismo en Ruby, palpable ante esa mirada.
"Lo que dijo fue totalmente acertado, y si las cosas no empeoraron, fue porque logró que los espectadores la escuchasen con su cruda verdad. Fue un acierto el confiar en usted."
Dios.
Eso era…
No lo sabía describir, pero era como el cumplido máximo que su padre podía dar, y se vio completamente anonadada.
Y Ruby se quedó aún más impactada.
Si, su padre no era una mala persona, pero tampoco se lo imaginó diciendo eso. Sonó muy genuino, y muy humano de su parte. No podría quitarse eso de la mente.
"Señor Schnee, nos conocemos hace tantos años y nunca me ha dicho algo así de bonito a mí, me siento completamente herida."
Y Coco arruinó el momento.
La miró, rodando los ojos, pero esta no le prestó atención, sus ojos fijos en su padre, una mueca de falso dolor en su expresión.
Y su padre, soltó un suspiro, al fin soltando la mano de Ruby, en el apretón claramente incomodo que estaban compartiendo, y ahora, sin tener la mano ajena en la suya, Ruby no parecía saber qué hacer con su mano, esta quedando incómodamente frente a su cuerpo.
De nuevo quiso reír.
"Si no confiase en usted, señorita Adel, creame que no habría permitido que mi hija se le acercase o saliera de fiesta con usted."
Eso tenía sentido.
Coco siempre fue su salvación, y se alegró que su padre la dejase salir con esta, desde el comienzo, y al parecer no era solo por su posición económica y social. Ni ella misma confiaba tanto en Coco, y siempre le aterraba cuando se llevaba a Ruby, sabiendo lo intrépida que era y las ideas locas que salían de su cabeza.
Pero si, confiaban.
Y Coco, aún con su falso dolor, lo sabía.
Seguía salvándola, incluso ahora, dándole aquello que tanto deseó, que le impedía vivir, trayéndole a Ruby a sus brazos sin pedir nada a cambio.
Ambas mujeres salieron por la puerta de entrada, el valet estacionando el Red Velvet cerca para que la dueña se subiese, así como su acompañante, y el sonido del motor fue suficiente para llamar la atención de cualquiera. Estas la miraron, sonriéndole, y les sonrió de vuelta.
Las vio alejarse, y le causó gusto que estuviesen presentes.
Que fuesen sus socias. Sus amigas. Sus compañeras.
Era agradable.
Si, quería repetir esa ocasión, muchas veces más.
Capitulo siguiente: Secreto.
N/A: Ya lo dije, si quieren imaginar cantando Mirror Mirror lo tienen completamente permitido, haría lo mismo. Y, por cierto, escuché unas canciones típicas del folclore alemán para inspirarme pensando en Big Nicholas, y así hacer este capítulo. No quería hacerlo como en AMA, donde escribí las canciones de Weiss para la historia, y hacer algo más de esta Weiss, con sus raíces, y supongo que así le da más espacio al lector para imaginarse lo que quiera, ¿No?
Como sea, sé que es un poco spoiler los títulos, ya me lo veía venir, pero me gusta crear caos y expectación así que no me molesta del todo.
Nos leemos pronto.
