Red Velvet

Capítulo 84: Adoración

Solo escuchó su respiración.

Luego escuchó sus propios latidos agitados.

Y unos segundos después, logró escuchó un sonido, un sonido curioso, que reconocía, pero que también era muy ajeno en su vida. Y luego, la esencia, aquella similar a la de Ruby, aumentó.

Sabía lo que era.

Y se vio sujetándose a las sabanas, sabiendo lo que vendría.

Y lo sintió.

Se había quemado con velas antes, su casa solía mantener esas tradiciones, en las cenas familiares, o en las reuniones importantes. Siempre había un candelabro cerca, así que sí, sabía exactamente cuál era esa sensación.

Pero esto se sintió diferente, pero al mismo tiempo familiar.

Dio un salto más por sorpresa que por otra razón.

Sintió la cera cayendo en su espalda, sintió el calor en su piel, ardiendo por menos de un segundo, sintiendo como la cera se comenzó a disolver en su piel, como si se tratase de aceite, resbalando, moviéndose, causándole escalofríos lo suave del movimiento.

"¿Estás bien? ¿Me detengo?"

Estaba caliente, sí, pero se notaba que no era una vela común, el calor era muy leve en comparación, así que no podía decir que dolía. Probablemente la ducha que tomó en la mañana era más caliente que lo que esa cera podía quemarla.

"¿Qué es?"

Esa fue su respuesta, una pregunta.

Ruby parecía sorprendida, pero no le cuestionó.

"Son unas velas especiales, hechas de aceites y esas cosas, así que no se calienta tanto como las normales, y vaya que me he quemado con esas."

Eran dos.

Era cierto, y la fragancia y la sensación que dejaba en su piel era agradable, no se podía quejar. Un poco de dolor por el calor que tenía no era tanto como la sorpresa de sentir caer la gota sobre su piel, así que sabía que seguiría saltando de la sorpresa.

Respiró profundo.

"Estoy bien, Ruby, continúa."

La escuchó soltar una risa, antes de sentirla acomodándose sobre su cuerpo.

Y se preparó.

Volvió a saltar, tal y como predijo, cuando la siguiente gota cayó, luego la segunda y la tercera siguiéndole. De inmediato una mano, pasó por su espalda, por la zona, pasando por las gotas de aceite fragante, disolviéndolo, moviéndolo por la zona, masajeándola, y las gotas siguientes que cayeron a penas las sintió, habiéndose enfocado exclusivamente en la mano que pasaba por su piel, la cual, de hecho, estaba más cálida que la misma cera.

Finalmente cerró los ojos, acomodando el rostro en la almohada, relajándose con las caricias.

Escuchó a Ruby soplar, al parecer apagando la vela, y a pesar de que asumió que era suficiente, sintió un chorro de aceite cayéndole en la espalda, este tibio, agradable, y ahora eran ambas manos las que se movían por su espalda, esas manos que tan bien conocía, que tanto le agradaban, moviéndose de manera perfecta, con fuerza, con intensidad, pero a la vez con cuidado, resbalando con el aceite, y la sensación le volvió a causar escalofríos, pero sobre todo, relajación.

Por no decir que también sentía aquello que antes no se atrevía a decir.

El calor poco a poco subiéndole a la cabeza.

Los pulgares se movieron entre sus omoplatos, subiendo hasta sus hombros, luego eran todos los dedos fijos en la zona, resbalando sobre sus hombros, masajeando sobre los nudos que tenía, tensos, su cuerpo poco a poco acostumbrándose a las sensaciones, disfrutándolo por completo.

Se vio soltando un jadeo al sentir los dedos pasando por la base de su cuello.

Se sentía tan bien.

Las manos de Ruby siempre se sentían bien.

Ya no había vela que le diese calor, ahora siendo las manos ajenas las que cumplían esa labor, cálidas, hirviendo, y así mismo su propio cuerpo, acalorándose.

Desde la primera vez que estuvo así, Ruby recompensándola por su esfuerzo, ayudándola con el peso de sus hombros, se sintió bien, cálida, hipnotizada con los movimientos, y eso no había cambiado.

Solo que ahora podía ser honesta.

"Ruby, más abajo…"

Ahora podía decirle lo que quería.

Donde necesitaba esas manos.

Y ahora, estas hicieron caso, pasando por sus omoplatos, por su columna, llegando a su cintura, y ahí empezaron a trabajar, presionando sus músculos, quitándoles la tensión, relajándolos, y se vio soltando un jadeo cuando los pulgares pasaron justo donde los necesitaba, su rostro ardiendo ante la satisfacción.

Aún sentía la espalda resbalosa ante el aceite, el aroma sin desvanecerse, así como su efectividad. Se sentía relajada, y la idea de Ruby le parecía fascinante. ¿Cuántas más cosas esta tenía ocultas?

Ya quería verlas todas.

Se vio sujetando las sabanas de nuevo, el cuerpo de Ruby moviéndose, sintió las pieles rozándose y le causó más nervios de lo que creyó. Esta se acomodó, más abajo, y las manos bajaron más también, pasando por su cadera, por su espalda baja.

Avanzando poco a poco hacia un lugar peligroso.

Luego oyó el encendedor.

Y solo unos segundos después, sintió el aceite caer en su trasero.

Dio un salto, ahora, más que por sorpresa, fue por el lugar donde cayó, su cuerpo volviéndose tenso, pero eso no detuvo a Ruby, más y más aceite cayendo, hasta que la escuchó soplar de nuevo, apagando la vela, y volvió a saltar cuando las manos de Ruby se apoyaron en su trasero, las manos moviéndose, masajeándola, y a veces los dedos avanzando más de lo que debían, haciéndola hervir, haciéndola soltar un gemido de sorpresa.

Oh.

Enterró el rostro en la almohada, soltando un jadeo ronco, acallando otro gemido más.

Los dedos seguían moviéndose, bajando.

Los sentía.

Se metían en su entrepierna, rozando la zona, y sabía que estaba húmeda, por supuesto que lo estaba, ¿Cómo no estarlo? Y la idea de que esta se diese cuenta de eso la hacía sentir avergonzada, o sea, era un masaje, no era para calentarse de esa manera.

A quien engañaba.

Ruby sabía que se había excitado esa vez hace un año, por supuesto que sabía que ahora era así también.

Las manos bajaron más, por sus muslos, los pulgares posicionándose bajo su trasero, haciendo presión, y la sensación la hizo soltar otro gemido más, este siendo absorbido por la almohada.

Se sentía bien.

Pero luego, dejó de sentir las manos de Ruby, así como el cuerpo de esta sobre el suyo.

Cuando levantó el rostro de la almohada, para buscarla, sintió las manos en sus piernas, y en un movimiento, se vio ahora con la espalda apoyada en la cama.

Se vio tapándose por inercia, lo cual claramente no era necesario, pero estaba muy roja, muy nerviosa, vulnerable.

Ruby la miraba desde el final de la cama, una sonrisa en su rostro que mostraba que ya no era un cachorro, para nada, y se vio indefensa cuando Ruby volvió a subir por su cuerpo. Y si, se había deshecho de su pantalón de deporte, quedando en ropa interior, y sobre esta, solo tenía esa camiseta grande y ancha, tanto que podía ver el sujetador deportivo que esta llevaba puesto abajo.

Se veía bien así.

Negó, recordando en la posición vulnerable en la que estaba, y entró en calor rápidamente.

Ruby se quedó de rodillas sobre su pelvis, y sentir el calor ajeno en la zona sirvió aún más para estimularla. Ahora vio cuando Ruby tomó la vela en su mano, la cual estaba en una lata redonda, y usó un encendedor para prenderla.

La habitación había quedado oscurecida por las cortinas, pero ahora pudo ver la expresión maliciosa de Ruby con toda definición gracias a la luz del fuego. Se vio sin aire cuando una mano se apoyó en su torso, y la otra movió la vela, apuntando. Pudo ver con detalle cuando el aceite comenzó a derretirse, avanzando por el recipiente hasta que las gotas cayeron en su piel.

En sus pechos en específico.

Soltó un jadeo ante el ataque, pero ver la cera derretida, el aceite, cayendo por sus pezones, cayendo por sus pechos, quedando en el seno de su torso, le causó una adicción que no imaginó. Ahora sentía el aroma un mejor que antes, la esencia de los aceites, tan similares al aroma de Ruby, este ahora por completo en su cuerpo, por adelante y por atrás.

Se veía tan bien como se sentía.

Ruby continuó, dejando gota tras gota en sus pechos, bañándolos de aceite, y no pudo decir nada, completamente atenta a su propia piel. Esta se detuvo luego de un rato, apagando la vela, y preparando sus manos para el acto, y se vio esperando con ansias.

Las manos llegaron a sus pechos, las vio moviéndose lentamente, llenándola de impaciencia, pero le agradó el sentirlas resbalando en sus pechos, los dedos moviéndose habilidosamente por sus pezones, por todo su pecho, moldeándola y al mismo tiempo esparciendo el aceite por toda la zona, incluso bajando hasta su abdomen, y no pasó mucho para ver su torso completamente brillante con el aceite.

No pudo evitar gemir con cada uno de los movimientos, pero se sintió insatisfecha cuando Ruby se alejó de nuevo, cuando se movió hasta el final de la cama, lejos de su cuerpo, lejos de donde empezaba a arder en deseo.

Pero al parecer Ruby tenía otra idea.

Esta se quedó de rodillas, al final de la cama, y notó como las manos se movieron, llegando a su camiseta ancha, quitándosela en un rápido movimiento, y se quedó inerte mirándola, olvidando de inmediato la frustración que sentía al verla lejos.

Así de rápido, Ruby se sacó el sujetador, la ropa cayendo en el suelo, lejos de ambas, y esta se fue de nuevo hasta la vela, encendiéndola de nuevo, una vez más, y se quedó esperando, expectante. El aceite se comenzó a derretir, y las primeras gotas cayeron en sus muslos, los cuales temblaron ante la repentina atención. Pero Ruby no se detuvo ahí, el aceite ahora cayendo en sus rodillas, bajando por sus piernas, y cuando ya creyó que Ruby se detendría, esta acercó la vela a sí misma, dejando caer sobre su cuerpo un chorro de aceite, justo sobre su pecho, el líquido cayendo por sus pechos, rodeándolos, contorneándolos, bajando por su torso.

La vela, ahora apagada, fue dejada de lado, y se vio observando con detención como la mano de Ruby volvía a ella, a sus muslos, dispersando el aceite en su piel, por todos lados, y siguió así, bajando, haciendo el mismo trabajo por cada zona de su cuerpo, hasta que finalmente llegó a sus pies. Cuando se detuvo, esta pasó una de sus manos por su propio torso, pintado toda su piel con el aceite, dejando la zona brillante, así como sus tatuajes, y se vio completamente excitada al verla hacer eso, y no solo eso, si no que sintió un golpe de envidia.

Y Ruby lo notó, por supuesto que lo notó.

Ruby sonrió antes de sujetar uno de sus pies, y dejarlo sobre el torso brillante.

Recordó esa vez, cuando tuvo a esa mujer en el suelo, cuando tuvo el control para mantenerla a raya, para excitarla, para dejarla frustrada, necesitada.

Y pensar que la tocó inapropiadamente esa vez, a pesar de su inexperiencia.

Y ahora hizo lo mismo.

Pasó su pie, ahora húmedo y resbaloso por el torso de Ruby, por el tatuaje, bajando por los pechos, sin importarle ser algo dura, algo brusca. Ruby siempre podía con ese lado de sí misma. Le habría gustado tener sus tacones puestos y enterrarlos en la piel bronceada, pero prefería aún más el tener la piel ajena en la propia, esa era su verdadera obsesión.

No pudo tocar tanto como quería, las manos llegando a su pie, sujetándolo, y sintió los dedos masajeándola, resbalando, los pulgares presionando con precisión, y se vio jadeando de nuevo.

Sabía que, en esa posición, Ruby podía ver con claridad su entrepierna, pero esta no parecía notarlo, sus plateados fijos en su labor, sin dejar ninguna parte de su pie sin atención, y se vio de nuevo con ese golpe de poder que sentía en esas ocasiones.

El tener a Ruby así, tratándola con tanto cuidado, con tanta adoración, la hacía querer más.

El tenerla a sus pies.

Se acomodó en la cama, apoyándose en sus antebrazos, levantando su torso, y se vio jadeando antes de decir cualquier cosa, su rostro ardiendo de pura anticipación, ya que tenía claro que lo que sea que saliese de su boca, cualquier orden que diese, Ruby acataría como el buen cachorro que era, y adoraba eso.

"Chupa."

Habló, su propia voz saliendo rasposa. Notó como los plateados se fueron a sus celestes, cuestionándola, pero cuando notó su rostro, su expresión, esta sonrió. Si, hablaba en serio, totalmente en serio.

Esta llevó su pie al rostro, y sintió como esta le dejaba besos en la planta, despacio, y se vio jadeando de nuevo, los escalofríos recorriéndole toda la espalda. Luego fue la lengua pasando por toda la zona, en un movimiento que la hizo temblar, pero Ruby continuó, haciéndole caso en su orden, usando su boca, su lengua, para lamerla, para morderla, para besarla, y sentir como su piel sensible era atacada con ese ímpetu, la hizo sentir escalofríos de nuevo, pero de los mejores que podía sentir.

Si, tenía a Ruby a sus pies, nunca mejor dicho.

Y tener a una mujer como Ruby, bajo su control, siempre la hacía sentir poderosa, capaz, la hacía sentir viva.

Superior.

Ruby solo se detuvo cuando fue a hacer lo mismo con su otro pie, no sin antes masajearlo con cuidado, sin dejar ni una parte sin atención.

Se vio cerrando los ojos, relajando su cuello, disfrutando de los temblores que sentía cada tanto rato. Era cosquillosa en la zona, pero estaba tan caliente, tan excitada, que no sentía nada a parte de puro placer. Se sentía bien, y estaba disfrutando de toda la atención que Ruby le estaba dando, y se sentía por una parte culpable, porque volvía a quedarse con toda la atención ella misma.

Era realmente egoísta.

Y ahora, de nuevo quería más.

Abrió los ojos para mirar su propio torso, este aun brillante, el aceite permaneciendo ahí, sin evaporarse, pero no era suficiente, sus ojos yéndose hacia el pecho ajeno, notando un panorama similar.

Ruby la miró, notando su inquietud.

Cuando volvieron a hacer conexión, sus ojos mirándose, se vio queriendo ser aún más egoísta de lo que ya era. Tenía una idea, y si quería llevarla a cabo, iba a tener que cementar su camino.

"A tu pecho le falta un poco de aceite, Ruby."

Habló, su voz sin salir tan ronca como antes, pero notaba lo caliente que estaba con el mero tono de su voz. Notó la sorpresa en los plateados, estos yéndose, inocentemente, a su pecho, sin entender del todo, pero le hizo caso, buscando de nuevo la vela y encendiéndola. Esta esperó unos momentos, y volvió a dejar que la cera aceitosa cayese en su torso.

Ruby la miró, como esperando que la detuviese, que le dijese que era suficiente, y eso hizo, y ahí esta recién apagó la vela.

Se sentó en la cama, queriendo que fuesen sus manos la que pasaban por la piel aceitada, y eso hizo. Se acercó, acercó sus manos, y frotó la zona, remojándola aún más en el aceite, sus dedos, como siempre, tomándose un tiempo extra en los pezones ajenos y en los tatuajes, otras obsesiones que tenía.

Y cuando se sintió satisfecha con su trabajo, volvió a recostarse, viendo su trabajo, viendo lo húmeda y brillosa que estaba Ruby.

No lo había notado, pero al sentarse, sus piernas habían quedado abiertas, exponiéndose, y fue la mirada ajena, inerte en esa zona, la que le dio la pista. Los ojos grises, observándola, comiéndosela con la mirada, quitando de su mente todo el tema del masaje, enfocándose en un solo objetivo.

No le preocupaba, ella también tenía un objetivo ahora.

Se vio sonriendo, abriendo más las piernas.

Si, se sentía fuerte, capaz, esa mirada la hacía sentir así.

Y esa era una obsesión en sí misma.

"¿Te gusta lo que ves?"

Ruby jadeó al verla, y jadeó con aún más fuerza cuando le habló, su boca abriéndose por inercia, queriendo decir algo, o devorarla, o ambas, pero mantuvo su posición, simplemente asintiendo.

Ruby estaba hipnotizada.

Llevó una de sus manos a la zona, sus dedos pasando por su piel húmeda por el aceite, así también por su propia excitación. Se vio temblando al sentir su piel sensible en sus dedos, pero no la hizo temblar más que la postura tensa de Ruby, sus ojos grises, sedientos.

Eso si la alentaba a más.

Podía hacer eso todos los días, tener a Ruby así.

Deseosa por ella.

Y se vio sonriendo aún más, probablemente con una expresión sucia en el rostro, pero era inevitable.

Le gustaba eso.

"¿Quieres probar?"

Le preguntó, sintiéndose atrevida y sucia, sobre todo cuando usó sus dedos para abrirse camino, mostrándole a Ruby todo lo que tenía a disposición, y esta asintió, de nuevo, jadeando, pero sin moverse ni un centímetro como el buen cachorro que era.

"Ven, Ruby."

Y Ruby avanzó, obediente.

Las manos de Ruby se quedaron firmes a los costados de sus muslos, sujetándola, manteniendo sus piernas abiertas, pero no iba a cerrarse, porque quería a Ruby ahí, así que le permitiría tener el espacio que necesitaba.

Soltó un gemido a penas los labios de Ruby llegaron a su piel sensible, necesitada, palpitante, y se vio cerrando los ojos, concentrándose nada más que en la lengua ajena en su interior, entrando, saliendo, saboreándola, devorándola, algo de lo que jamás podría aburrirse.

Se sentía tan bien, y estaba tan estimulada, que sabía que se iba a venir pronto.

Pero de nuevo, una onda de racionalidad le llegó, recordando la razón por la que había hecho que Ruby volviese a embetunar su pecho de aceite, recordó su objetivo.

Abrió los ojos, y por un momento casi logra callarse a sí misma al ver a Ruby con el rostro enterrado en su entrepierna, escena que le gustaba demasiado ver, la que quería ver muchas veces más.

Pero no, ahora quería otra cosa.

"Detente, Ruby."

Y Ruby se detuvo.

Esta la miró, levantándose a penas de la zona, su rostro rojo, sus labios mojados con saliva y con sus propios líquidos, y le encantaba verla así, Dios, lo adoraba. Los ojos, nublados, la observaron, y le impresionó que se detuviese ante su estado, lo que la hacía sentirse aún más orgullosa de las capacidades de la mujer que amaba.

"Hazme venir con tus pechos, Ruby."

Lo dijo.

Se sintió hervir, sin poder siquiera creer que había dicho eso, pero de nuevo, se sentía tan caliente, que no podía importarle el decir esas cosas, el avergonzarse.

Ruby la miró, su cabeza caliente funcionando lo más deprisa posible, para luego moverse, cuando al fin digirió la orden. Vio el cuerpo ajeno acercándose, el pecho húmedo por el aceite quedando frente a su pelvis.

Dio un salto, soltando un jadeo impropio cuando los pechos ajenos la embistieron.

Ruby la mantuvo firme, sus manos abriendo sus piernas, mientras movía su cadera, su torso, de la manera exacta.

Sentía los pechos resbalar en su entrepierna, tanto por el aceite como por su propia lubricación, y se sentía tan bien como había creído.

Volvió a cerrar los ojos, a relajarse, a disfrutar de las sensaciones nuevas.

Ruby estaba usando su cuerpo para satisfacerla y eso siempre la dejaba con una sensación agradable.

Si, se sentía adorada, venerada.

Estaba cerca de venirse, sintiendo los vestigios de la lengua de Ruby aun en la zona, y ahora los pechos suaves pasando por la zona, eran suficientes para hacerla sentir su orgasmo apareciendo en su pelvis, la zona hirviendo.

Notó movimiento bajo ella, y se vio obligada a volver a mirar, y Ruby se había reacomodado, dejando uno de sus pechos por completo sobre su intimidad, el pezón endurecido ahora rozando su clítoris, y se sentía bien, pero verlo la hizo sentir mucho mejor.

Ruby se movió, creando más y más fricción, sin detenerse.

Y por su parte, se sujetó a las sabanas, sintiendo el orgasmo cerca de llegar, así que se relajó, esperándolo ansiosa.

Sabía que estaba soltando jadeos impropios, pero se sentía bien hacerlo.

No pasó mucho para que su cuerpo temblase, y Ruby lo sintió, moviéndose más rápido, en movimientos más cortos, estimulándola de la forma precisa. Soltó un gemido grave, sus piernas temblando, sus músculos tensándose, y se vio cayendo hacia atrás, quedando acostada, sus interiores retorciéndose de placer, palpitando, ardiendo.

Se quedó inerte, recuperando el aliento, y le pareció tan agradable cuando Ruby volvió a acercarse, acomodándose sobre su cuerpo, abrazándola, los cuerpos de ambas resbalosos por el aceite, pero ya sabía con seguridad que aquella sensación era agradable.

Sabía que su garganta no estaba bien del todo, y que gemir de esa forma no le hacía ningún bien, pero no podía no hacerlo, no podía evitarlo.

Si, adoraba eso.


Capitulo siguiente: Apoyo.


N/A: Que calor hace ah.

Si, ya cambié el rating de esta historia a explicito, ya recapacité. Espero que la estén disfrutando, y si, sé que hay miedo, miedo que yo misma provoqué, pero no voy a dejar que nada me detenga de hacer estas escenas, que fueron mi razón para escribir esto así que seguiré adelante, ¡Incluso cuando el mismo infierno se haga presente!

Nos leemos pronto.