Red Velvet

Capítulo 85: Apoyo

Tomó un trago de la botella.

Intentó retener el líquido lo que más pudo antes de tragarlo, y se sentía frio, refrescante.

Y tal y como dijo Ruby, le dio una sensación de alivio.

Se quedó mirando la marca en la botella, pero nunca la había oído, y no solo eso, si no que era un sabor limón que ni siquiera creyó que existía entre las gaseosas.

Ruby la miró, expectante.

"Si, mi garganta se siente mejor."

Y Ruby se relajó de inmediato, sonriéndole.

"Era la bebida estrella en el Red Velvet, los clientes la pedían bastante cuando estaban cansados, enfermos o cuando estaban con resaca. No sé quien las hizo populares, probablemente haya sido Nora, que se la pasaba gritando, usando más energía de la que tenía, y tomaba de estas bien seguido, y luego todos parecían tomarlas. Curiosamente no la he encontrado en muchos lugares, estas las pedí al proveedor de Velvet."

Y Ruby parecía haber comprado varias, las notó en su refrigerador, y sabía que esta también gastaba mucha energía como la tal Nora, a la cual recordaba bien cuando esta contestaba el teléfono, donde podía escuchar la voz de la mujer por toda la habitación.

Ahora siempre que pensaba en el Red Velvet le causaba cierta melancolía.

De hecho, era extraño no pensar en el Red Velvet, siempre estaba ahí en su memoria, en sus recuerdos, la palabra siempre rondando por su cabeza, y saber que ahí era donde había conocido a la persona más importante en su vida, era evidente que aquel lugar terminaría siendo una parte importante de su historia.

Le gustaría poder hacer más por ese lugar.

Quería que Ruby sintiese orgullo del lugar donde vivía, pero eso significaba que también sintiese orgullo del lugar donde venía, y si, ya la había regañado por eso hace unos días, pero el cambio debía ir más que en Ruby, si no en la misma sociedad, pero que ese montón de idiotas cambiase de idea de un día para otro acerca de un lugar así era difícil. Que dejasen de engañarse a sí mismos, tapándose los ojos.

Al parecer tenía un largo camino por delante si quería cambiarlos.

Pero antes de preocuparse por la ciudad, por la sociedad, debía preocuparse de Ruby, que en este momento era su prioridad, y no iba a dejar que se le escapase de nuevo, acorralarla era una tarea complicada, así que debía aprovechar cualquier oportunidad.

La miró, esta acomodándose en el sofá, vestida con su bata roja, las bolsas del almuerzo ahora apiladas sobre la mesa de centro. Se miró a sí misma un momento, viéndose también de rojo, como siempre Ruby habiéndole prestado una bata a ella, y lo agradeció, ya sabía que no se podía concentrar en comer si estaban desnudas, su mente simplemente anulaba cualquier hambre, aunque era evidente que no comer no era una opción.

Menos con la energía que gastaban.

"Ruby."

Habló, la mujer poniéndose tensa de inmediato, los plateados observándola, notando su cambio de voz, la rigidez en su ser, en su postura.

No quería preocuparla, no quería acorralarla, pero debía hacerlo.

Era la única forma de que Ruby fuese honesta.

"¿No hay algo que quieras contarme?"

La miró, fijamente, notando un evidente nerviosismo en la mujer, esta apenas siendo capaz de mirarla a los ojos, por inercia intentando huir.

"Eh…"

Ruby miró hacia arriba, luego hacia abajo, sus labios en una línea recta.

La notó nerviosa.

Finalmente, esta soltó un suspiro pesado.

"De acuerdo, yo te mandé las flores."

La miró, rodando los ojos.

Esa era la última confesión que imaginó que sería revelada en ese momento.

"Ruby, por supuesto que fuiste tú. Nadie más me mandaría flores, mucho menos rosas."

Esta la miró, cambiando su expresión a una animada, pero rápidamente cambió, su ceño frunciéndose, la expresión de cachorro triste ocupando toda su cara.

"¿Segura? Eres muy linda, de seguro tienes a muchos detrás de ti, intentando conquistarte."

Se vio soltando una risa, sin poder aguantar la ternura en el rostro ajeno.

Se acercó, pasando una mano por la mejilla de Ruby, sintiendo su piel, su aroma, la esencia de rosas ahora en sus cuerpos, intensa, agradable.

"Tengo una mala fama, Ruby, quizás cuando era joven si era más popular, pero ya todos conocen lo peor de mí, y con la escena que el imbécil de mi ex hizo, dudo que alguien más quiera cortejarme."

Ruby hizo un puchero, mientras sentía los brazos de esta en su cuerpo, y de un momento a otro se vio siendo llevada hasta el regazo ajeno, terminando ahí, sentada, sobre el cuerpo de Ruby, los brazos fuertes de esta rodeándola, manteniéndola cerca.

"Eres la mujer perfecta, son todos unos imbéciles si no se dan cuenta de eso."

La escuchó decir, sin verla, el rostro presionado en su hombro, fuera de su rango visual, pero le causó, de nuevo, una ternura increíble. La rodeó con sus brazos, abrazándola también, disfrutando de la cercanía que tenían en ese momento.

"Es mejor así. Me gusta tener una mala fama, de todas formas, así me ahorro el tener que rechazar a sujetos con los que no quiero estar, o que me persigan por la calle y me pidan citas."

"Hmm…"

Escuchó a Ruby hacer ese sonido mientras la seguía sujetando, sin liberarla. ¿Era ese otro puchero? No podía con tanta ternura.

"Si tuviese buena fama, mi vida sería diferente. Por ejemplo, ¿Qué harías si alguien más me manda flores, Ruby? ¿O si empiezo a tener citas arregladas con hijos de socios? ¿O si-?"

"¡Ah!"

Ruby dio un salto, saliéndose de su escondite, su rostro en evidente enojo, rojo en su rostro, evidente, y no era común ver a Ruby así de enojada, así que disfrutó de la escena.

"Ya, lo entiendo, para mi es mejor, así tengo menos competencia, lo que sea, ¡Pero no voy a aceptar que tienes mala fama porque eres la mejor!"

Se vio soltando una risa ante la desesperación de Ruby, y su evidente enojo. Esta volvió a su lugar, guarecida en su hombro, ocultándose de ella, y le causo cosquillas el movimiento.

"Entonces, ¿Te enojaría si estuviese en esa tesitura?"

No podía evitar preguntar, aunque obviamente sabía la respuesta, Ruby era demasiado honesta, tanto así que la respuesta estaba plasmada en su rostro desde el primero segundo, en su expresión corporal, en lo intenso de su agarre.

Hubo silencio por parte de Ruby. Hasta que la escuchó soltar un suspiro pesado, el aire tibio llegándole al cuello, haciéndola temblar.

Ruby estaba enfurecida.

"Los haría tragarse las flores."

Y esa era una respuesta honesta, le gustaba.

Se removió, sujetando a Ruby de las mejillas, forzándola a salir del lugar donde mantenía su rostro enterrado. Los plateados no la miraron, estos observando algún lugar en la habitación, sus labios fruncidos al igual que su entrecejo.

Volvió a reír, sí que era un pequeño cachorro aterrador.

"¿Celosa?"

Le preguntó, sin poder ocultar la sonrisa en su rostro, esa conversación inesperada la estaba haciendo sentir mejor de lo que creyó.

Ruby soltó un bufido, su rostro en evidente enojo, aun palpable.

"Claro, eres la mujer más guapa con la que he estado, ¡La más guapa que he visto! No dejaré que nadie se te acerque porque eres mía y de nadie más."

Se vio mirándola, notando con detalle cada parte de su rostro enojado y digirió cada detalle lentamente, y al final, sin poder contenerse, se acercó para besarla, y el agarre ya firme en su cuerpo se volvió incluso más intenso.

Cuando se separó, Ruby ya no estaba enojada, se veía calmada, y ese era un poder innato que tenían, el poder calmar a la otra, y ahí, simplemente se quedaron mirando, disfrutando de la cercanía ajena.

Se vio acariciando las mejillas a su disposición, su mente dando vueltas, pensando en cómo debía preguntarlo, no quería incomodarla, pero ya estaba ahí, cerca, no podía huir más de eso. Se había prometido a si misma que no iba a huir más, e iba a alentar a que Ruby tampoco lo hiciera, por mucho que lo hiciera para no ponerle peso a ella en los hombros.

Eran una pareja, se habían jurado lealtad, y como ella se había apoyado en Ruby, Ruby debía apoyarse en ella, era lo correcto, lo ideal, lo justo.

Salió de su estupor cuando los plateados la miraron, curiosos, preocupados también, notando su propia preocupación.

Ahí recién pudo hablar.

"¿Pasó algo, Ruby? ¿Algo que quieras contarme? Sabes que estoy aquí para ti, así como tú estás para mí. No tienes que guardarte las cosas solo por consideración, también quiero apoyarte."

Ruby dio un salto, y notó como no parecía contenta con el suceso, con la pregunta, con el tener que hablar, pero ahí estaban, juntas, en todo lo que el mundo les lanzaría y les seguiría lanzando. Eso era lo que quería tener en esa relación, apoyo mutuo, y si, lo tenía, pero Ruby era una terca y no parecía dispuesta a recibir ayuda, a ser vulnerable.

Y ahí, teniéndola a ella sobre el cuerpo, teniendo sus manos en el rostro, no tenía donde ir.

A donde escapar.

Así que Ruby soltó un suspiro, a regañadientes.

"Con todo el caos que hubo, conmigo saliendo en las noticias, terminé recibiendo una llamada de Yang, y estuvimos hablando, esta intentando ayudarme a soportar la situación, aconsejándome, y terminó contándome algo que estuvo guardándose."

Ruby volvió a suspirar, su rostro cayendo en sus manos, y se vio sujetándola, esperando, apoyándola en silencio, sin acorralarla más de lo que ya había hecho.

"Te dije que Yang estuvo de viaje, de vacaciones, y volvió a la isla, a nuestra isla. No sé cómo lo hizo, me sorprendió su valentía, yo no podría, no sería capaz de volver. Estuvo hablando con algunas personas, con antiguos conocidos, para poder ponerse al tanto de la situación luego de todos estos años."

La situación con su familia.

Su padre encerrado en una institución mental y su tío preso de por vida por asesinato.

Los había perdido, los perdió para siempre, pero aún estaban ahí, vivos, a pesar de que sus existencias estuviesen inexistentes en sus vidas.

Ruby soltó una risa amarga, triste, débil.

"Al parecer hace años ya que mi padre logró suicidarse."

"¿Qué?"

Ruby la observó, se observaron, pero por más que le puso atención, no vio tristeza en los ojos plateados, para nada, más bien lucía resignada, como si se esperase el haber recibido esa noticia, o como si el saber eso la aliviase de alguna forma, al fin y al cabo, el hombre pudo abandonar de esa forma el dolor que sentía.

"Debió pasar a los años que nos fuimos, él lo intentó muchas veces, y a pesar de tener personas observándolo, lo terminó logrando."

Ruby iba a hablar, pero se tragó sus palabras, reorganizándolas antes de seguir.

A pesar de haberlo intuido, o de que fuese un alivio el escuchar aquella noticia, se notaba que seguía siendo un tema difícil de tratar.

La muerte siempre era difícil de tratar.

"Honestamente, cuando nos fuimos, para mí, ya estaban todos muertos. Se que suena mal, no, suena horrible, pero sabía que él ya no era mi padre, que ya estaba con un pie en la tumba, así como mi tío, al que sabía que no volvería a ver porque pasaría la eternidad encarcelado, habiéndose convertido en un hombre diferente al que yo conocía."

No dejó de sujetar a Ruby con sus manos, acariciándola, y creyó que esta estaría débil, pero no, las manos seguían firmes en su cuerpo, sujetándola de vuelta.

"Lo entiendo, y lo siento."

Si, lo entendía.

Ruby, incluso siendo una niña, supo que no volvería a esa isla, que era demasiado volver ahí, a un lugar donde solo habría tumbas y recuerdos carcomiéndola. Aprendió que no había nada ahí, nadie a quien pudiese volver a ver, a tener a su alcance, ninguna familia a la cual volver. Los perdió a todos, a algunos de manera física, y a otros de manera mental.

Su familia cesó de existir.

"Pero… ¿Por qué no me lo dijiste?"

Recibió esa noticia, pero no le dijo nada, guardó el secreto, todo por sí misma, sin buscarla, sin solicitar apoyo alguno. Apoyo que le habría dado sin siquiera dudarlo.

Ruby volvió a soltar un suspiro, al menos no tan pesado como los anteriores, mientras le daba una leve sonrisa.

"Tú sabes porque no te lo dije."

Y lo sabía.

Con todo lo que había ocurrido, con todos sus recuerdos apareciendo de nuevo, Ruby no quería inundarle la cabeza con más mierda.

Pero negó.

No podía permitirlo, no ahora, no nunca.

"Lo sé, pero tú tienes que aprender a apoyarte en mi. Estamos juntas en esto, nos apoyamos en la otra, sufrimos juntas, y lo superamos juntas, y se acabó."

Ruby la miró, absorta, siendo regañada, de nuevo.

Y la iba a regañar las veces que fuese necesario para que se le quedase grabado para siempre.

"Solo quiero que seas honesta conmigo, que me digas lo que sientes, como te sientes, que no te guardes las cosas para ti misma. No tienes que hacerte la fuerte conmigo, y sabes que me enoja que lo hagas, así que no me hagas enojar."

Ruby la miró, haciéndole un puchero, pero cuando terminó de hablar, esta soltó una risa, y siempre le agradaba el verla reír luego de que le contaba algo triste. Si, no le gustaba verla triste, jamás le gustaría, pero si podían reír luego de eso, era suficiente. Si podía calmar esa tristeza, ese dolor, entonces iba a hacer lo que estuviese a su alcance para lograrlo.

Si Ruby podía curar sus heridas, ella podía curar las de Ruby.

Esta asintió luego de unos momentos, los brazos abrazándola, sujetándola.

"Lo prometo."

Y eso era lo que quería oír.

Se acercó para besarla, y esta le correspondió de inmediato, sin siquiera dudarlo, y cuando separaron sus labios, se quedaron pegadas la una a la otra, abrazándose, sin dejar que los centímetros entre ambas aumentasen.

Se sentía bien el estar así, el tener una casa enorme para ambas, un sofá enorme, y estar en un pequeño espacio, juntas.

Nunca era suficiente cercanía.

Le gustaba hablar de esas cosas, por muy dolorosas o difíciles que fuesen, compartiendo espacio, sentía que dolían menos. Al final, estaban compartiendo el mismo dolor, repartiéndolo, haciéndolo menos intenso, menos pesado. Y así debía ser siempre.

"¿Y en el taller? ¿Cómo estuvo todo ahí? Tampoco me has dicho mucho. Prácticamente le rogué a Coco para que te cuidase, y odio rogarle porque lo cobra el doble."

Se relajó de inmediato cuando Ruby soltó una carcajada, y se vio riendo también.

Cuando la risa se detuvo, Ruby hizo un sonido con su garganta, pensativa, recolectando los recuerdos, los sucesos. Habían sido semanas bastante exhaustivas, esperaba lo peor, honestamente, sobre todo para Ruby que era nueva en todo ese caos mediático.

"Pues había mucho caos, todos lanzándose a mi auto, y lo sabes, es rápido, creí que atropellaría a alguien. También leí unas noticias diciendo que yo era agresiva y que como podría trabajar en el servicio al cliente siendo así de impulsiva, bla bla, que en unos días más terminaría golpeando a uno de mis trabajadores o mis clientes, y cosas así muy exageradas. Lo peor."

"Cada día me impresionan más las teorías de la gente, ni siquiera lo golpeaste."

Ruby soltó una risa, una risa nerviosa, y se vio moviéndose para mirarla.

"Pues, no, no lo golpee, pero sé que todo Atlas notó que si quería golpearlo, porque claro que quería golpearlo. Pero bueno, luego de la entrevista, al menos deje de ver tantas noticias diciendo que soy una delincuente, y he sido muchas cosas, pero nunca he robado nada ni empezado peleas."

Y lo creía.

Pero…

La miró fijamente.

"Eso es mentira, Ruby."

Esta la miró de inmediato, su rostro indignado, los ojos observándola en sorpresa.

"¿Mentira? ¿Qué parte?"

"Lo de robar."

Notó a Ruby entrar en pánico, sus ojos mirando en todas direcciones, intentando recordar en que momento cometió un crimen semejante.

Y por su parte se vio riendo.

A Ruby se le hacía tan fácil hacer esas cosas, decir esas cosas, pero para ella era una tarea complicada, y era difícil contenerse.

La admiraba, sin duda.

"Porque te robaste mi corazón, Ruby."

Los plateados la miraron, y notó el preciso instante cuando esta entendió lo que le dijo, para luego soltar una carcajada. Iba a regocijarse en su broma exitosa, pero sintió como Ruby la levantaba del sillón, sosteniéndola en brazos, y se vio sujetándose de la bata ajena, temerosa de caer.

Gritó de la impresión, de la sorpresa, por supuesto, podía tratarse de Ruby, pero esos movimientos tan imprevistos siempre la dejaban temblorosa. No creía poder acostumbrarse.

Se vio siendo llevada por Ruby, alrededor de la casa, hasta entrar a la habitación. Su cuerpo llegó a la cama, esta aun con la esencia a rosas fija en las sabanas, fuerte, hipnotizante.

Ahora Ruby estaba sobre ella, sonriendo, parecía feliz, tranquila, como un cachorro, y olvidó la sorpresa y el regaño que le iba a dar a esta por levantarla así sin previo aviso.

"Tienes razón, y ahora te volví a robar…el aliento."

Y era verdad.

"¡Ruby!"

Atinó a golpearle en el brazo mientras esta la abrazaba, tirándosele encima como un cachorro, un cachorro enorme en comparación con ella, pero le gustaba así.

Se vio riendo ante los besos que Ruby comenzó a dejarle en el rostro, en el cuello, en el cabello, de acuerdo, ya la había perdonado.

Al final se quedó acostada, con la mujer a su lado, de nuevo sin querer alejarse más, dispuestas a compartir hasta el mismo aire. Enterró el rostro en el cuello ajeno, mientras los besos ahora le llegaban detrás de la oreja, y disfrutó cada uno de esos segundos ahí, a su lado, en esa calidez conocida, con ese aroma conocido.

"Me alegro de que todo esté mejor ahora, que estés mejor, que estemos mejor."

Habló, y Ruby asintió, sujetándola contra su cuerpo.

"Si, así que, por favor, espero que la semana que viene sea tranquila, una semana sin emociones fuertes, ni caos alguno, es lo único que pido."

Se vio soltando una risa.

"Honestamente, espero lo mismo. Sin escenas, sin noticias, sin fiestas, nada."

Notó como Ruby se removió, y levantó el rostro para mirarla, sus ojos brillando, una idea clara en su mente, era evidente. Esa sonrisa malévola era la pista que necesitaba.

"Hay algo que quiero mostrarte el próximo sábado, así que espero que te prepares para eso. No voy a permitir que nadie me lo arruine. Así que el mundo puede explotar y no me va a importar."

Oh.

"¿No puedo preguntar qué es?"

Y Ruby negó, rápidamente, haciendo el gesto de que sus labios estaban sellados.

"¿Ni siquiera una pista?"

Ruby la miró, frunciendo el ceño, poniéndose a la defensiva.

"Sabes que soy débil para ocultarte cosas, Weiss, no me tientes."

Quería tentarla.

De acuerdo, ya había comido, así que ya tenía energías de nuevo. Se giró, sentándose de nuevo sobre el regazo de Ruby, pero esta vez a horcajadas.

Pasó las manos por el borde de la bata de Ruby, esta como siempre mostrándole una buena dosis de escote, así como una buena vista del tatuaje, esas rosas que siempre le gustó ver, que le enseñaron lo mucho que le gustaba ver tinta en la piel ajena.

"Una pequeña pista, solo una."

Ruby notó sus intenciones, sus labios frunciéndose, su rostro enrojeciendo, intentando con todas sus fuerzas el ignorar sus claras intenciones de tentarla.

La tenía bajo su poder.

"Es una sorpresa."

Esta habló, su voz saliendo de golpe, botando todo el aire en sus pulmones.

Pobre Ruby, perdiendo el control de la situación, pobre cachorrita.

Llevó las manos al cuello de Ruby, acercándose, pasando los labios por una de sus orejas, sus dientes rozando los aretes que esta tenía en la zona, y luego bajó, dejando besos en su cuello, y su pobre Ruby estaba tiesa como una roca. Y no se detuvo, sus manos bajando también, sacando la bata del camino.

"Hazlo por mí, Ruby."

Creyó que lo estaba consiguiendo, hasta que sintió las manos de Ruby en su cadera, y en un rápido movimiento terminó de nuevo con la espalda en la cama, mientras que Ruby quedó en su entrepierna, las manos de esta a los costados de su cuerpo, sujetándola, manteniéndola quieta.

Ruby se veía frustrada, demasiado, y podía notarlo por sus orejas rojas, así como su cuello y el inicio de su busto, y le encantaba verla así, roja.

Pobrecita.

Esta se acercó, besándola, intensamente, prácticamente devorándole la boca, y le tomó por sorpresa, pero no se quejó, en lo absoluto, su boca de inmediato reaccionando a la par con la boca ajena.

Luego de varios segundos eternos, esta se alejó, y pudo verle la expresión, pudo ver la sonrisa capaz pintando su rostro.

"Te voy a presentar muchas cosas nuevas, Weiss, esa es la pista."

Oh, eso era agradable.

Asintió, dejando el tema, sintiéndose conforme, y luego rodeó el cuello de Ruby, y volvieron a besarse, las manos ajenas ahora firmes en su cintura.

Al parecer iba a estar ansiosa toda la semana.

Esperaba el sábado con impaciencia.


Capitulo siguiente: Luz.


N/A: Este capítulo tiene un poco de todo, muy redondo. Espero no haber dejado a nadie con ganas con el final, pero espero recompensar con el capítulo que sigue, oh, no, me refiero al que le sigue al que sigue, o quizás al que le sigue, que le sigue, al que sigue.

Me rindo.

Ya vendrá, con eso lo dejo claro.

Nos leemos pronto.