Red Velvet
Capítulo 87: Habitación
…
Estaba nerviosa.
Tenía la mano de Ruby en la suya, esta guiándola, y no llegaron lejos, ambas quedando frente a la puerta del estudio de Ruby, la habitación que vio cuando llegó ahí, y desde ese momento estuvo cerrada, inutilizada al parecer, y luego prácticamente olvidó que estuvo ahí. Ver la puerta cerrada se le hizo común, así que no le dio más vueltas.
Entonces, el secreto se encontraba ahí.
Sabía que su mano debía de estar sudando a esa altura, la anticipación sacando lo peor de ella en esas situaciones.
Pero a Ruby no parecía importarle.
Bueno, ya tendría agallas para quejarse de su sudor luego de haber hecho tantas cosas donde el sudor era casi el protagonista, por su parte, no tendría la cara tan dura para quejarse de algo así. Tal vez la Weiss del pasado si se habría quejado, pero ahora era una adulta, no era tan tonta para hacer un drama al respecto.
Además, le habría encontrado el gusto al sentir su cuerpo pegado al ajeno en ese tipo de situaciones, así que ya le parecería extraño si es que no hubiese ningún liquido entre ambas.
Dios, ahora estaba más nerviosa que antes.
Sea lo que sea que había tras esa puerta, sabía que iba a terminar teniendo sexo, y aun no entraba y ya estaba completamente roja.
Su mente estaba fuera de control.
Ruby tomó el pomo de la puerta con una de sus manos, y la giró, pero no la abrió, por el contrario, permaneció ahí, congelada. Los ojos plateados la miraron, y la miró de vuelta, con la intención de saber porque Ruby no la abría, pero no quería verse tan ansiosa, pero dudaba estarlo logrando.
"Puede ser algo impactante, así que espero que no te asustes."
¿Qué?
"Por el amor de Dios, Ruby, ahora me has puesto incluso más nerviosa."
Ruby soltó una risa, y al menos eso fue suficiente para calmar su nueva ola de nerviosismo. Un nerviosismo diferente. Ya estaba bien el ponerse nerviosa por el sexo que vendría, para que llegase el nerviosismo de ver algo que podía aterrarla.
Cuando Ruby la miró, esta parecía despreocupada de nuevo, intentando calmarla con la mirada, y lo consiguió.
"Lo siento, escogí mal las palabras. Como sea, solo quiero que te lo tomes con calma, ¿De acuerdo?"
Respiró profundo antes de asentir.
Esta Ruby le iba a causar un infarto, y agradecía tener buena salud ahora, o adiós Weiss.
Y al fin, luego de tensos momentos, la puerta se abrió.
Y lo primero que pasó por su cabeza, es que esa oficina ya no era como la primera vez que la vio, si no que se transformó en un lugar completamente diferente.
Se quedó perpleja, sin palabras, y entró, mirando alrededor.
Se vio embargada con colores rojizos que le recordaron al lugar donde por primera vez vio a Ruby, al lugar el cual había pasado por su mente hace solo un rato. Una reminiscencia. Era diferente, por supuesto, no era tan grande como la habitación aquella en la que pasó varios días, así que tener una cama doble era imposible, además, Ruby ya tenía una cama doble, no era necesario tener dos. Pero si era lo suficientemente grande para tener la cantidad de cosas que había alrededor, e intentó hacerle caso a Ruby, tomarse con calma la situación.
Si, era abrumador, sin duda, mucho para su cabeza.
Tragó pesado, sintiéndose nerviosa, sintiendo el calor en la habitación.
El techo era color crema, y las paredes rojizas, el suelo estaba alfombrado con una moqueta oscura como el vino tinto, y si, le daba la misma sensación que el Red Velvet, la misma mezcla de colores, y de inmediato se sintió cómoda ahí dentro, y era extraño sentirse cómoda, ya que sabía para que era esa habitación.
Respiró profundo, mirando alrededor, observando minuciosamente los objetos que decoraban el lugar.
Lo más normal que notó, y lo más grande también, era un sillón de tres cuerpos al fondo de la habitación. Siguió investigando, a la izquierda del sillón había una mesa larga y angosta, creyó que era un escritorio, pero notó unas argollas en las esquinas, así que era de imaginarse que su uso no era como el mueble que sostenía la computadora de Ruby, y el simple hecho de imaginarse para lo que esta servía la hizo enrojecer aun más. A la derecha había una silla, o sillón, con una forma bastante peculiar, curva, y al parecer era de cuero, pero no entendía como alguien podía sentarse ahí, como era lo cómodo de eso o su funcionalidad.
A la izquierda de la puerta de entrada, había un gran armario cerrado empotrado en la pared, y en una de las paredes, el último lugar al que miró, notó unos tubos plateados, y le recordó a los que se ponían en las duchas para afirmarse, dos de estos estaban paralelos de manera vertical, y uno arriba de estos pero de manera horizontal. No tenía idea para que era eso.
Lo último que notó, era una extraña caja cuadrada y plana en el techo, parecía la típica puerta de sótano pero más grande, de la cual tiras de un cable y cae la escalera, pero era evidente que ahí no había un sótano, era un edificio no una casa aterradora en medio de la nada.
Aún había espacio en la habitación, y tenía la sensación de que esa no sería la forma final del lugar.
Honestamente, sentía su vista algo sobre estimulada, y se sentía hervir.
De todas las cosas que pasaron por su mente, no imaginó que Ruby le daría un uso diferente a aquel cuarto, a algo más que una oficina, pero debió asumirlo esa vez cuando estuvieron comprando cosas para la casa, cuando Ruby tomó la decisión de poner su escritorio en su habitación, y le hizo saber, o se le escapó, que tenía planeado algo para la oficina.
Y era esto.
Ahora sabía que ese lugar iba a ser un buen lugar para hacer ciertas cosas, y sabía que aún no estaba terminada, lo intuía, y se vio tragando pesado, de nuevo, con solo imaginar lo que había oculto tras las puertas del armario. Ahí debía haber varias cosas, y agradecía que estuviesen ocultas, o de nuevo se abrumaría.
Cuando se dio cuenta, Ruby la miraba, una sonrisa divertida en su rostro, la puerta de la habitación cerrada tras ellas. Probablemente esta podía notar su vergüenza y su confusión al ver todo eso de golpe. Sintió las manos de esta posarse en sus antebrazos y la sensación le causó escalofríos.
El calor de Ruby se volvió más cercano, el cuerpo pegándose al propio.
En ese momento no necesitaba tanto calor.
"Hay muchas cosas que quiero hacer contigo, Weiss, pero todo a su tiempo."
Oh.
No estaba en desacuerdo, por supuesto que quería averiguar que tantas cosas se podían hacer ahí, pero ambas tenían claro que no iba a ser bueno el sobrepasar los límites.
Ruby se puso en su espalda, y se vio tirándose hacia atrás, sin poder resistir el estar tan lejos y tan cerca al mismo tiempo. Su rostro enrojeció más al tener los pechos de Ruby pegados en su espalda, y como siempre en ese tipo de situaciones, deseó no estar usando ropa.
Como si Ruby le hubiese leído la mente, lo cual era completamente racional considerando lo que habían pasado juntas, las manos ajenas comenzaron a pasar por su vestido, los dedos aferrándose a la tela, revisándola, y sabía que el objetivo sería la cremallera.
"¿Tienes curiosidad de algo en particular?"
Ruby le preguntó, y no sabía que decir.
Tenía curiosidad por muchas cosas.
Soltó un jadeo, mirando alrededor. Optó por lo que le pareció más extraño, más ajeno, o al menos más curioso de ver en un lugar así, y se vio apuntando a los tubos plateados atornillados a la pared. Aun no estaba lista para la puerta de sótano.
Escuchó a Ruby soltar una leve risa tras ella, no de burla, más bien era esa risa que soltaba cuando parecía tener un plan en mente, y no tenía duda que era el caso.
El solo hecho de imaginar a Ruby ahí, organizándolo, planeándolo y poniendo cada objeto en su lugar, le daba la sensación de que esta no lo hizo sin antes pensar en cómo lo usaría. Probablemente había miles de formas de usar cada cosa, y era sin duda fascinante. Se sentía curiosa, y quería probar todo y aprender de la mente maestra de su compañera.
Los labios de Ruby llegaron a su cuello, mientras las manos ajenas se movían por su vestido, subiendo y bajando, tanteando su cuerpo cubierto antes de bajar el cierre.
Se tomó su tiempo, y esperaba que no se le hiciera tan eterno, porque ya sentía las ansias, el estar ahí, ya la hacía sentir de vuelta en el Red Velvet, el lugar que estaba hecho para prestar un servicio, para mermar las ansias ajenas, para satisfacer a los clientes, y ahí se vio recordando el calor que sintió las primeras veces. Esa sensación de que ahí, iba a ser consumida, que ahí iba a hacer cosas prohibidas, y al final, así fue.
Y nunca podría olvidar eso.
Por Dios, estaba hirviendo.
Realmente necesitaba manejar esa necesidad, pero a esas alturas dudaba que pudiese.
Ruby bajó el cierre de su vestido, y poco a poco comenzó a bajarlo, los dedos apretando la carne que poco a poco empezaba a ser expuesta, hasta que la tela cayó al suelo. Se movió solo para que Ruby tomase la prenda, y notó como esta dejó la ropa en un perchero en la entrada, perchero que acababa de notar.
No le habría sorprendido que ese perchero también tuviese una utilidad sexual a estas alturas.
Se quedó en ropa interior, mientras Ruby la movía, las manos grandes firmes en su cadera, moviéndola lentamente hasta el lugar que había elegido, con un cuidado que la hizo olvidar la clara ansiedad de verse envuelta en algo desconocido, pero había aprendido a amar aquella sensación.
Finalmente quedó con la espalda pegada a la pared, su cuerpo en medio de los tres barrotes, dos a sus lados y uno por encima de su cabeza. Notó una sonrisa divertida en el rostro de Ruby, su cabeza parecía funcionar deprisa, saboreando el momento y la misma anticipación de su siguiente acción.
Ruby no mantuvo sus manos lejos, los dedos de esta subiendo por sus piernas, luego por su abdomen y aprovechó su trayectoria para eliminar su sujetador. La pura anticipación provocó que sus pezones se endurecieran, y sabía que Ruby lo había notado por lo cerca que se encontraba.
"¿Tienes frio?"
Pestañeó, y negó.
Ruby debió pensar que fue por eso que estaba así, endurecida, pero no le iba a decir que no era nada más por el calor de la situación. Esa casa siempre se sentía como estar en verano, y su propio calor corporal al estar cerca de Ruby era suficiente para aumentar aún más esa sensación térmica, así que no, no tenía nada de frio.
Estaba muy caliente.
Pero agradecía que Ruby se preocupase, realmente parecía algo preocupada de que aquella habitación la abrumase tanto como para negarse a participar de cualquier cosa. Tal vez, si el día donde entró al Red Velvet, se hubiese encontrado en una habitación así, probablemente habría huido. Hubiesen sido muchas señales de que tendría sexo ahí y no estaba preparada en ese tiempo.
Ruby asintió, sonriendo, mientras se movía por la habitación, caminando hasta el armario, abriendo una de las puertas, no sin antes haber dejado su prenda sobrante en el perchero junto con su vestido.
Probablemente podría ver dentro del armario si es que se movía un poco, pero sus ojos estaban ocupados mirando a Ruby, así que su curiosidad fue mermada. Le gustaba ver a Ruby, eso no era un secreto, y mucho más cuando había tanta piel ahí, tentando su vista, tentando sus sentidos.
Cuando Ruby volvió a su lado, esta sostenía las muñequeras que usó una vez, unas grandes y cómodas que se unían por una cadena.
Los plateados la miraron, tranquilos, y le impresionaba como conservaba la calma, ojalá ella misma pudiese mantenerse serena en una situación similar, y ya varias situaciones le habían dado la razón.
En esos ámbitos, era un animal en celo.
"¿Te molesta si te las pongo?"
Oh, no, si preguntaba así, por supuesto que no, mucho menos si le ponía esa cara tan inocente, ay, que débil era.
Ruby sabía que no era realmente una fan de mantener sus manos fijas, por eso se lo preguntaba. Podía resistir la urgencia de abrazar a Ruby, al menos por un tiempo, ya luego se desquitaría.
Acercó las manos hacía Ruby, siendo esa la mejor respuesta, y esta le sonrió. Las manos comenzaron a trabajar en sus muñecas, poniéndole las esposas, pero soltando la cadena que las unía.
"¿Puedes levantar los brazos?"
Arriba.
Se vio mirando al tubo sobre su cabeza, no estaba tan lejos, así que sabía que sus brazos no estarían sufriendo en la posición. Asintió, y dejó que Ruby guiase sus manos a la zona, pasando la cadena por el tubo, luego amarrando de nuevo ambas manos, las esposas unidas ahora por la cadena, dejando ahora sus brazos firmes en la altura.
Las manos ajenas pasaron por sus muñecas, por sus brazos, por sus hombros, bajando por su torso y por su cintura, lentamente, y la sensación tan suave le causó escalofríos. Ruby sonrió, sabiendo que aquello era nada más que sus propios nervios, su propio cuerpo reaccionando a su tacto, y adoraba ese tacto.
Ruby se alejó otro segundo, para luego traer consigo una cuerda que sacó del armario.
Hace mucho que no veía una, ni se veía en esa situación, de estar amarrada, y ya había admitido que le gustaría sentir esa sensación firme en su piel de nuevo.
La cuerda fue desatada con maestría, y luego notó que se trataban de dos cuerdas, más cortas que la primera que tuvo en su cuerpo, al parecer el objetivo de Ruby era uno diferente, y aquello la hizo sentir incluso más ansiosa.
Ruby se agachó, quedando de rodillas, y el solo tener el rostro tan cerca de su pelvis la hizo sentir húmeda, y esperaba que no se notase demasiado la humedad en su ropa interior, no es que quisiese sentirse recatada, porque era evidente que no lo era, pero no quería que Ruby interrumpiera su plan antes de poder ser ejecutado.
Quería llegar al final, y esperaba que Ruby no se comportase como esas veces donde la veía húmeda y la follaba de inmediato, y si bien lo deseaba, quería esperar, ser capaz de esperar.
Al menos Ruby tenía más autocontrol que ella misma, así que estaba agradecida.
Las manos de Ruby, o más bien, aquella cuerda, comenzó a pasar por su muslo. No era la misma cuerda que antes, era claro por el color, ahora negra y la de antes roja, pero, también por la sensación que le causó en la piel, para nada malo, de hecho, la sentía más suave que la primera, de mayor calidad al parecer.
No podía ver con tanta claridad lo que Ruby hacía, simplemente sintiéndolo, nada más, y por una parte quería ser capaz de adivinar por el mero sentido del tacto, el averiguar lo que su mujer creaba.
Nudo tras nudo, comenzó a sentir su muslo entero cubierto en cuerdas.
"Abre un poco más tus piernas, cariño."
Y eso hizo.
Prácticamente podía sentir el tubo plateado rozar sus piernas, pero no lo suficiente para poder sentir el frio de este.
Ruby hizo otros movimientos, otros nudos, y estos no lo sintió. La miró, notando como esta estaba amarrando la cuerda en el tubo, sus movimientos fuertes, como si estuviese haciendo un nudo complicado, uno del que no se podría librar fácilmente.
Estaba atrapada.
Ruby hizo lo mismo con su otro muslo, repitiendo el mismo proceso, el cual la hizo sentir incluso más nerviosa que antes, porque ya sabía que iba a terminar completamente atada y firme en aquel barrote, y ya no estaba su curiosidad manteniéndola alejada de la calentura de la situación.
Estaba atrapada ahí, con las piernas abiertas.
Terminó inerte, sus piernas firmes, sin escapatoria, sus pies separados el uno del otro, y sus manos amarradas sobre su cabeza. No podía mover ni sus piernas ni sus brazos.
Estaba firme en el lugar.
Ruby se alejó un momento, sus brazos cruzados sobre su pecho, una mano en su boca, ocultando una sonrisa. No tenía que ocultarla, porque sabía exactamente cuál era la sonrisa aquella. Esa sonrisa que tenía tanto calor como maldad.
Satisfacción.
"¿Puedes moverte?"
La voz de la mujer sonó rasposa, poco a poco perdiendo el control, perdiéndose a sí misma en el calor del momento. Las manos ajenas llegaron a su cintura, sujetándola, y se sintió hervir. Obviamente no se podía mover, pero Ruby solo estaba probando la efectividad de su atadura, así que le dio en el gusto.
A penas pudo mover su torso, sus muslos frenando los movimientos de su cadera y sus manos conteniendo los movimientos de sus brazos.
Ruby le mostró los dientes, sonriendo, mientras volvía a girarse hacía el armario. Los ojos plateados la observaron desde su nueva posición, sus manos moviéndose dentro del armario, y no podía ver absolutamente nada desde ahí.
"¿Quieres verme?"
¿Qué clase de pregunta era esa?
Se vio recordando aquella vez, antes de su separación, cuando tuvo que masturbarse frente a Ruby, y su vista había sido negada. Esperaba que se refiriese a eso, porque Dios, lo había recordado y estaba hirviendo en el recuerdo vergonzoso de esa vez, y ni siquiera la situación ya vergonzosa era lo que la había puesto más nerviosa, si no lo que Ruby asumió una vez que terminó ese encuentro.
Ruby asumió que la experiencia de quedar sin visión fue porque la extrañó, y si bien fue en broma, era en serio. Podía evitar no tocarla, pero no verla era algo que le desagradaba, no lo haría de adrede por ningún motivo, a menos, claro, que recibiese una recompensa luego de pasar por semejante martirio.
"Siempre quiero verte."
Tal vez su voz sonó más seria de lo que pretendía, lo que causó algo de sorpresa en el rostro de Ruby, para que luego el color se le subiera a las mejillas. El cuarto tenía colores rojizos, pero por lo mismo parecía ser que el rojo se notaba incluso más en la piel.
Se quedó pensando, ¿A Ruby le gustaría quedarse sin visión?
No tenía idea, pero quiso vengarse una vez más, aunque en ese lugar, en esa posición no podía, pero pronto tomaría la iniciativa. Ahora sabía que dentro de ese armario había algo para eso, y más cosas.
Iba a indagar un poco cuando tuviese la oportunidad.
Ruby se acercó de nuevo, ahora cerrando el armario, dando por finalizada su búsqueda, pero no vio nada en esta, al menos nada visible. Esta metió las manos en los bolsillos de su pantalón y sacó un pequeño objeto redondeado.
Por más que miró, no supo que era. Había visto una lista de juguetes, dos veces en su vida para ser exacta, pero en ambas situaciones no quiso mirar más de lo necesario, así no avergonzarse más.
Y ahora entendía que debió mirar y aprender un poco.
O bien podía esperar a que Ruby usara todo lo de la tienda con ella.
Ups.
Sea lo que sea que eso fuese, iba a ser usado en ella.
Y la mera idea la hizo mojarse más.
No podía esperar.
Capitulo siguiente: Favor
N/A: Antes que nada, le dedico este capítulo a mi esposa, tú sabes por qué, bebé, te amo.
Se que esto era algo predecible, pero como no hacerlo, Ruby lo necesitaba para guardas las miles de cosas que había comprado para hacer el mal, ¿Qué? ¿Miles de cosas? ¿Quién dijo eso? Yo no.
Esperen el siguiente con ansias.
Nos leemos pronto.
