Red Velvet
Capítulo 88: Favor
…
Ruby se veía poderosa ahí.
Mirandola, observándola.
Se veía capaz, pero al mismo tiempo se veía a punto de hacer la mayor jugarreta.
Y no sabía porque eso la hizo temblar.
La mano desocupada de Ruby se acercó a su cuerpo, la yema de los dedos pasando por su abdomen, por sus piernas atadas, por el borde de su ropa interior, y se quedó ahí, en ese último lugar. Sentía como uno de sus dedos jalaba la tela, pero no podía mirar, estaba demasiado atenta a Ruby, a sus ojos oscurecidos, mientras movía aquel objeto en sus dedos, para luego llevarlo a sus labios.
Se quedó inerte observando como la lengua de esta se movía por aquel desconocido objeto ovalado.
Se quedó ensimismada.
Cuando menos se lo esperó, Ruby llevó el objeto a su pelvis, y lo dejó dentro de su ropa interior.
Sintió el objeto duro presionando en su clítoris y se sintió extraña ante lo desconocido. Se vio mirando la zona, notando como el bulto sobresalía de su ropa interior. Y cuando subió la mirada, con la intención de cuestionar a Ruby, la notó con una sonrisa engreída mientras sostenía lo que parecía ser un pequeño control remoto.
Oh.
Ahora entendía.
Era evidente, incluso en su inexperiencia.
Pero antes de poder siquiera vociferar lo que era en su mente, Ruby apretó uno de los botones.
De inmediato sintió una vibración en su cuerpo, sobre su clítoris, haciéndola soltar un gemido de placer y de sorpresa. Incluso siendo quien era, sabía de esas cosas, pero nunca había visto uno, mucho menos lo había usado, así que no se esperó esa sensación.
Nunca había sentido algo similar, al menos nada así de intenso.
Sus muslos por inercia querían juntarse, apretarse, crear más fricción, pero era imposible, estaba firme en su lugar. Su cuerpo tuvo la reacción de hacerse un ovillo, de retorcerse, pero no pudo, la cadena resonando en el tubo sobre su cabeza, manteniendo sus manos firmes en su lugar, sin poder hacer nada.
Si, sin escapatoria.
Se intentó concentrar en su pelvis, en ver lo que sucedía, en entenderlo, en acostumbrarse, pero era difícil ante los temblores que ocasionaba aquel aparato en su cuerpo, en su zona humedecida. Sus piernas daban saltos, sus músculos tensándose sin control, y no sabía que caos había ahí dentro, el caos que habría en cosa de segundo.
Si no estuviese amarrada, sabía que se estaría retorciendo.
Soltó un jadeo grave.
El ritmo cambió, y si bien sabía que aquello se sentía bien, que sentir la estimulación tan intensa en su musculo sensible era claramente satisfactoria, ahora fue incluso más.
Se vio mirando a Ruby, quien estaba en la otra punta de la habitación, de brazos cruzados, viéndose fuerte, en control, a pesar de tener una sonrisa perversa en su rostro, así como sus ojos oscurecidos por la excitación.
Sus gemidos iban en aumento, por supuesto, y sabía que Ruby los estaba disfrutando, tomándose todo su tiempo para digerir cada uno de sus sonidos.
Quería tener a Ruby cerca, y si, era posesiva, se sentía necesitada en esos momentos, pero saber que Ruby le estaba dando placer aun desde la distancia, era una idea que le parecía maravillosa. Por lo mismo, su mente se sintió nublada, más y más, y la idea de que la mirada de Ruby fuese lo suficientemente fuerte para causarle placer, sonaba lógico en su cabeza excitada, ya que su lógica se había apagado con las primeras vibraciones.
Pero ver esos plateados observándola, mirándola en ese estado, vulnerable, excitado, mojado, tembloroso, la hacía hervir.
Sabía que era sucia, que se había venido más de una vez pensando en la mera idea de que alguien la viese en un estado denigrante, pero jamás se había visto tan tentada pensando en como Ruby la miraba en ese estado, ya que era evidente que Ruby la había visto así, pero ahí, lejos la una de la otra, hacía que su mente tuviese esos pensamientos retorcidos.
Ruby estaba ahí.
Mirándola.
Mirándola en ese estado, sonriendo.
Los ojos ajenos pasaban por todo su cuerpo, veían cada uno de sus espasmos, veía su inestabilidad, su suciedad.
Y se sentía tan bien.
Ruby se movió por la habitación, no sin antes apretar otro botón, el ritmo del aparato cambiando una vez más, ahora en un ritmo corto, rápido, haciéndola temblar de nuevo, su intimidad siendo sorprendida por algo nuevo.
Podía sentir su orgasmo llegando, surgiendo, su pelvis calentándose, más y más.
Ruby terminó frente a ella, de nuevo, pero más cerca esta vez, mientras traía consigo el sillón extraño aquel, y lo dejó ahí, en su rango de visión, para luego sentarse. La vio ahí, cómoda, sentada. Y así, los ojos la siguieron mirando, ahora desde ese lugar, disfrutando del show.
Eso era.
Eso estaba haciendo.
Eso no era nada más que un espectáculo, la estaba usando para su diversión, Ruby estaba disfrutando viéndola ahí inerte, sin escapatoria, mientras sus interiores se retorcían de placer y sus líquidos mojaban su ropa interior sin decoro alguno, pero menos decoro tenían sus gemidos, y el verse en esa tesitura, solo aumentó el placer que estaba sintiendo.
"¿Estás lista, Weiss?"
Ruby le preguntó, y la miró, sintiendo su cuerpo entumecido, o por el placer o por su inmovilidad. No supo en realidad a lo que esta se refería, su cabeza demasiado caliente para pensar por un solo minuto, y le costó asentir, decirle lo que sentía luego de entender la pregunta.
Se iba a venir pronto.
Pero Ruby se detuvo.
O más bien, las vibraciones.
Se vio jadeando, y parte de lo que sintió no fue nada más que decepción.
Estaba tan cerca.
Se vio soltando un quejido, su cuerpo por inercia suplicando por más, algo que probablemente no haría en otra situación. Solía tener bastante control, pero el verse así, inerte, le quitaba cualquier posibilidad de ataque, como sujetar a Ruby, obligarla a satisfacerla, o siquiera mostrar algún tipo de amenaza, ya que ahí no tenía poder alguno.
El poder lo tenía Ruby, e iba a dejarla tener aquel poder.
Le costó enfocar la mirada hacia la mujer, la cual sonreía incluso más.
"¿Quieres más?"
Asintió de inmediato, sin siquiera dudarlo.
Su clítoris estaba palpitando dolorosamente, deseando más, deseando sentirse estimulado de nuevo.
"Eso no es suficiente, tienes que decírmelo, Weiss. Usa esa hermosa voz que tienes."
Oh Dios.
Se vio temblando, su cuerpo sobre estimulado agradeciendo lo intenso en la voz de Ruby, lo grueso, lo cálido, y se vio tragando pesado, obligándose a despejar su boca, obligándose a hablar, a tener el control sobre su boca.
"Q-quiero más…"
Su voz no salió como hubiese querido, pero apenas y podía modular bien.
Era tan extraño el estar en una situación así, no era algo común, no era algo que había experimentado lo suficiente, así que su cuerpo estaba vulnerable, débil, caótico en sí mismo.
Ruby tenía el control sobre su orgasmo, y si no le daba lo que quería, no lo tendría, no podría tener la satisfacción de venirse con la mirada plateada en su cuerpo tembloroso.
Esta la miró, impávida, mientras se cruzaba de piernas, negando levemente con su rostro, un dejo de decepción en su expresión.
"¿Esa es la forma en la que pides algo? Eres una mala chica, Weiss."
Dio un salto cuando la vibración empezó de nuevo, su cuerpo temblando por la sorpresa y por el placer repentino apareciendo, pero no se sentía como antes, ahora se volvía lento, tortuoso, incluso incomodo en comparación a las rápidas y agradables vibraciones de hace solo un rato.
Era peor que no sentir nada.
Pero ahora le costó aún más enfocar la vista en Ruby, la ola tortuosa de placer distrayéndola.
Si, era una mala chica, una niña mimada, siempre lo fue.
Por favor y gracias no era algo con lo que se hubiese criado, a pesar de ser más agradecida de lo que era su familia en general. Pero ahora debía hacerlo. No debía exigirle a Ruby, no ahora, si no que debía agachar la cabeza, de todas formas, iba a explotar si no lograba venirse.
Siempre se había venido.
No se imaginaba sin llegar a la cúspide de su placer.
Abrió la boca, sus palabras saliendo engorrosas, dispersas, junto con un gemido frustrado, así que dudaba que se pudiese entender algo de eso.
Y por eso, Ruby detuvo la tortura, lo cual solo causó que su clítoris palpitase dolorosamente, una vez más, viéndose sin ningún tipo de estimulación.
"¿Sí? ¿Estás lista para ser una buena chica, Weiss?"
Jadeó, su cuerpo temblando, sudando, se sentía hirviendo en excitación y en frustración.
Abrió la boca, jadeando una vez más, y bajó el rostro, intentando verse lo más respetuosa que podía, pero así, logró ver el desastre que tenía entre sus piernas, como sus líquidos habían mojado su ropa interior, dejando una gran mancha en esta, incluso desde esa perspectiva, y no solo eso, si no que el líquido bajaba.
Si, estaba siendo estimulada, demasiado.
El ver eso, la calentó, y por inercia volvió a mirar a Ruby a los ojos, olvidando por completo lo que iba a hacer.
Ruby levantó una ceja, notando su distracción, y esta levantó el control, su pulgar a punto de presionarlo, y sabía que iba a ser en ese ritmo lento, tortuoso, porque no había hecho nada para merecerse algo mejor.
"Voy a hacer lo mismo de recién si no me dices nada, Weiss. Imagino que quieres venirte, te veo ansiosa, pero si no me pides por favor, no te voy a poder recompensar."
Ruby se levantó del asiento, y solo eso fue suficiente para que su rostro quedase frente del propio, y pudo sentir el calor de esta, de su piel, incluso con los centímetros separándola. Se quería venir, estaba deseosa, pero Ruby también quería hacerla venir, y se estaba controlando para lograrlo. Manteniendo su postura dominante.
Se vio completamente embriagada por el aroma de esta, ahora cerca, así como su calor, así como su mirada.
Y aún más, cuando esta se acercó.
Rozándola, pero sin tocarla.
Su rostro tan cerca, sus labios tan cerca, pero a la vez tan lejos.
"Hay una velocidad que aún no pruebo contigo, una mejor, una más rápida, ¿Quieres sentirlo?"
¿Una más? ¿Una mejor?
Se vio mojándose con la mera idea, y asintió, eufórica.
Cuando Ruby volvió a mirarla, a sentarse en su lugar, había una sonrisa divertida en su rostro, entendió que asentir no era suficiente, que debía hacerlo, que debía pedirlo.
Y de nuevo vio el dedo de Ruby cerca del botón, del tortuoso botón, el cual no quería experimentar.
Quería el bueno, quería el mejor.
Así que abrió la boca.
"P-por favor, Ruby."
Pero la mirada no cedió.
"¿Por favor, que?"
Dios.
Era una tortura, una total tortura.
No le gustaba suplicar, pero se sentía tan estimulada…
"Por favor, dejame venirme…"
Tragó, sintiendo la saliva apunto de escaparse entre sus labios, y quiso mantener algo de dignidad, aunque con lo roja, con lo sudada, con lo mojada que estaba, dudaba que un poco de saliva fuese a hacer una diferencia.
"…Quiero venirme ahora, quiero sentirlo, por favor…"
La saliva que intentó retener terminó escapándose de todas formas, luego de que Ruby apretase el ansiado botón.
Ruby no mintió.
Era tan rápido.
Era tan intenso.
Era tan duro.
No pudo enfocar su mirada, no pudo siquiera pensar, su mente nublada tanto como su vista, y su cuerpo estalló en cosa de segundos.
Soltó un grito eufórico cuando las vibraciones lograron su cometido.
Logró venirse, finalmente, y su cuerpo vibraba tanto como mismas las vibraciones, estas alargando más y más su orgasmo, pero no se detuvo, Ruby no se detuvo.
Estaba temblando, sus músculos tensos por el orgasmo, con espasmos involuntarios, pero la vibración continuaba.
Buscó a Ruby con la mirada, sin entender.
Y Ruby la miró de vuelta.
Incluso en su inestabilidad, en su vulnerabilidad, en su debilidad física y mental, notó como Ruby sonreía, maliciosa, divertida, sin estar satisfecha.
Ruby no estaba satisfecha aún.
Cuando los ojos de ambas chocaron, la sonrisa se volvió más calma, pero igual de cálida, abrasadoramente cálida.
"Sé que puedes una vez más, cariño, muéstrame como te vienes para mí."
Se vio negando, su cuerpo enloquecido por las sensaciones, sin poder recuperarse de su orgasmo, y creyó que no sería capaz de más, creyó que no podría darle en el gusto a su mujer, pero de un momento a otro sintió su orgasmo volviendo, su pelvis calentándose rápidamente, y no lo creía posible, pero la rápida vibración era imposible de resistir.
No supo cuando, ni como, pero apenas sintió el orgasmo apareciendo, mostrando señales, se sintió venir de inmediato sin saber cómo responder, su cuerpo removiéndose, retorciéndose, sin poder llegar lejos ante las restricciones en su cuerpo.
Estaba salivando, estaba temblando, estaba sudando, estaba botando más líquido que nunca, y no paraba, Ruby no paraba.
Ni siquiera pudo mirarla, no era capaz, no tenía la fuerza, pero curiosamente su cuerpo sí. ¿Por qué? Estaba destruida, pero su centro volvía a hervir, aun podía venirse más y lo encontraba ridículo, pero no podía decir nada.
Ya ni siquiera sabía si estaba gimiendo o solo jadeaba como un animal en celo, no sabía.
No sabía nada.
Solo sabía que se sentía bien, demasiado, tanto así que su cadera insistía en moverse, en intentar seguirle el ritmo a las vibraciones, su cuerpo entero pedía más a pesar de que apenas podía moverse, a pesar del estado en el que se encontraba y el cansancio desconocido que arremetía.
Soltó un grito, viniéndose por tercera vez, de nuevo, su voz rota, cansada.
Sentía que habían pasado solo segundos, y sabía que probablemente llevaba varios minutos entre cada orgasmo, y su cuerpo, el cansancio que tenía, era indicativo del tiempo que había transcurrido.
Nunca se había venido tan rápido, tan seguido, jamás había experimentado algo semejante, y se sentía bien, por supuesto que se sentía bien, pero su cuerpo acostumbraba descansos, y esto no se lo permitía.
Pero las vibraciones cambiaron, no se detuvieron, para nada, y no supo que hacer, que decir, pero no tuvo que hacer nada, ya que eran las manos de Ruby las que se acercaron a su rostro, a sus mejillas, estas hirviendo tanto, demasiado, y se sentían extrañas en sus mejillas húmedas, húmedas con su sudor, con su saliva, y estaba segura de que también con las lágrimas que se le escaparon ante las sensaciones una tras otra.
No dijo nada, era incapaz, ni siquiera podía enfocar su mirada en Ruby. Solo podía jadear y rogar para no verse descompuesta.
Pero la veía.
Ruby lucía hermosa ahí, sujetándola, sujetando al desastre de mujer que era en ese momento, y aun así, sabiendo lo desgraciada que se veía en ese instante, Ruby la observaba como si fuese lo más hermoso del mundo.
Y esa mirada nunca dejaba de enamorarla.
"¿Puedes hacerlo una vez más?"
La voz de Ruby sonó desesperada, pero también esperanzada, suplicante.
Y con esa voz, y con esa mirada que esta le daba, solo pudo asentir.
Por Ruby lo haría.
Y vio la sonrisa de esta agrandarse mientras una mano se alejaba de su mejilla, la que tenía el control, y lo apretó, el clic resonando ante lo cerca que estaba de sus oídos, y así el ritmo cambió a ese tan agradable, tan adictivo.
Tembló, sus ojos sin poder enfocar ya más nada, y apenas y sentía la mano de Ruby en su mejilla ante lo adormecido que sentía cada sector de su piel, adormecido y sensible al mismo tiempo.
Se removió.
Tembló.
Su cuerpo queriendo retorcerse, romper las ataduras y hacer la mayor fricción posible.
El calor apareció, de nuevo.
Abrumador.
Hirviendo.
Su pelvis siendo un infierno en sí mismo, caliente ante cada uno de sus orgasmos, así como los líquidos hirviendo que caían por sus piernas.
Finalmente, llegó.
No soltó gemido alguno, saliendo nada más que un jadeo grotesco y grueso de su boca, ya sin poder emitir sonido ni nada ante lo rasgado de su garganta.
Sintió más líquido caer por sus piernas, por su cuerpo, pero no le importaba, porque ahora veía esa sonrisa satisfecha en Ruby, mientras las vibraciones terminaban.
No se iba a desmayar, no se sentía así, como otras veces, pero si sentía que no era capaz de mover su cuerpo, y cuando sus manos fueron soltadas del lugar de donde estaban atrapadas, corroboró su teoría. Sus manos simplemente cayeron, así como sus brazos, pero ahí estaba Ruby, abrazándola en su lugar, acercándose, manteniéndola firme ahora que la cadena no podía.
Cerró los ojos, los espasmos continuando, pero ahí, en los brazos ajenos, ya podía relajarse.
"Muy bien, buena chica, lo hiciste muy bien."
Y esas palabras eran recompensa suficiente.
…
No pudo evitar soltar un quejido, y los ojos plateados la miraron, preocupados.
Se vio negando, quitándole importancia, mientras sentía el rostro hervir.
Estaba sobre el cuerpo de Ruby, sobre sus piernas, ambas sentadas en el sillón de tres cuerpos, y las manos ajenas pasaban por sus muslos, por donde habían estado sus ataduras, y su piel se veía roja, más que la última vez, tiempo atrás, y sabía que el que estuviese así, el que las cuerdas lograsen herir sus piernas, era solo por su culpa.
No pudo controlar su cuerpo, y se movió tan bruscamente que logró lastimarse.
No era grave, pero sabía que las marcas iban a durar más que la primera vez que estuvo amarrada, sus manos en particular, las cuales tiró sin control.
Y no le molestaba, no era un dolor insoportable, para nada, solo el ardor que dejaba el roce de la cuerda, y agradecía que era una cuerda suave, o si no, ¿Qué sería de sus piernas? Pero le daba algo de pena el ver a Ruby preocupada.
En sus manos, había una loción, y esta empezó a ponerla en sus piernas, y saltó con el contacto, no por el ardor, si no por lo frio de esta.
O quizás sus piernas aún estaban demasiado calientes.
Soltó un suspiro de alivio luego de unos momentos, la sensación fresca de la loción en sus piernas magulladas era algo que agradecía. Ruby realmente estaba preparada para todo.
"¿Estás segura de que estás bien?"
La voz de Ruby sonó tan preocupada como su rostro se veía, y le sorprendía el recordar la imagen de la mujer hace unos minutos, con el completo control de la situación, y nunca mejor dicho. Pero la encontraba adorable. Tenía todos los lados de Ruby para sí misma.
"Por décima vez, si, solo me arde un poco, pero esa loción parece solucionarlo."
Ruby pareció un poco más tranquila con sus palabras, y volvió a enfocarse en su labor, pasando las manos por la zona rojiza, con cuidado, mientras pasaba la loción por el cuerpo. Podía sentir la textura suave de esta, así como el aroma agradable.
Si, eso la ayudaría sin duda.
Se sentía algo avergonzada, a pesar de llevar tanto tiempo haciendo esas cosas con Ruby, pero el estar desnuda cuando Ruby aún tenía ropa puesta, la hacía sentir vulnerable, y avergonzada, claramente, así que se vio en la obligación de decir algo, ya que el silencio empezaba a hacerla sudar, y ya se había limpiado.
"¿Cuándo terminaste la habitación?"
Le preguntó, y por suerte su voz no salió temblorosa.
Ruby parecía también aliviada con la conversación, distrayéndola de las heridas que trataba con tanto cuidado.
"El miércoles terminé de arreglar los últimos detalles, estuve comprando poco a poco algunas cosas para ir añadiendo, y creí que al fin parecía digno de ser mostrado. Pero quizás termine siendo un proyecto a largo plazo."
Tal y como creyó, Ruby aun no parecía satisfecha con el resultado.
"Me tomó por sorpresa, jamás imaginé algo así, pero los colores, realmente eso me enamoró."
Los ojos plateados la miraron, sorprendidos, para luego tornarse divertidos.
"¿Sí? ¿Te recuerda a algún lugar en particular?"
Oh, la mofa era clara.
Se vio rodando los ojos, no iba a exponerse de nuevo.
"No sé de qué hablas."
Creyó que Ruby lloraría, o le quitaría importancia, pero la expresión burlesca continuó. Ruby cerró la loción, y sintió las manos posarse detrás de sus rodillas, y de un momento a otro se vio en los brazos ajenos. Iba a decir algo, pero se dio cuenta de a donde Ruby la llevaba, y temió.
Y no temió por desconfianza.
O por miedo.
No, si no que temió porque el objetivo era esa mesa, la cual se veía fría.
Y cuando su trasero terminó encima, lo corroboró.
Saltó de la impresión, pero el frio le causó alivio en su cuerpo hirviendo, como cada vez que terminaba en una superficie fría, su piel disfrutándolo más de lo que era lógico. La mesa era oscura, casi negra, y pensó que era de metal, y si, en parte lo era, pero la parte de arriba era de cuero negro que se mimetizaba con el metal, lo que no le quitaba frialdad, pero si le añadía comodidad.
Se preguntaba cómo sería estar ahí en invierno.
"Vamos, Weiss, se honesta conmigo."
Las manos de Ruby se posicionaron sobre sus rodillas, los dedos pasando lentamente, y se vio en la reminiscencia de aquel día, aquel día donde todo empezó. Cuando Ruby bajó por su cuerpo, cuando la tocó, cuando la sujetó, cuando bajó a su lugar más privado y le hizo algo que imaginó que jamás nadie haría.
Negó, intentando ser fuerte.
Era demasiado, su cuerpo estaba exhausto.
Habló, y su voz tembló tanto que no pudo decir palabra alguna, y la sonrisa de Ruby solo creció. Dios, a su cuerpo le encantaba hacerle pasar por esas situaciones tan vergonzosas, realmente era su enemigo.
Terminó bajando la mirada, sabiendo lo roja que se había vuelto.
"N-no me molestes, Ruby, sabes a que me recuerda."
Ruby soltó una risa, y sintió las manos ajenas en su cuello, en su mandíbula, haciendo el gesto para levantar su rostro, para que los ojos de ambas volviesen a toparse, y se vio sumergida en esas piscinas de aluminio, en esos ojos que tanto adoraba, los que tan feliz la hacían, sin importar cuantas risas sacase a su costa, simplemente amaba a esa mujer.
"Siempre me encantó esta faceta avergonzada tuya, pero incluso luego de tanto tiempo, aun me sigue enamorando."
Oh.
Ahora sí que estaba roja.
Abrió la boca, pero no pudo decir nada.
Su corazón latía con fuerza, tanto así que no era capaz de siquiera pensar en que decirle.
Realmente era un alivio escuchar a Ruby diciendo esas cosas, decirle que la amaba, o escucharla decir que amaba algo de ella, por la cosa más mínima que fuese. A pesar del tiempo, siempre encontraba algo para sentirse inferior, y muchas veces pensaba que amaba a Ruby más de lo que Ruby jamás podría amarla.
Pero esa voz, pero esa honestidad, era algo que la hacía devolver al mundo real.
Podía amar y ser amada, tenía la suerte de haber encontrado a alguien para ella, a alguien que compartía su forma de ver la vida, alguien que la entendía, alguien que quería aquellas cosas que creyó que eran nada más que falencias.
Con ella se sentía libre.
Con ella se sentía feliz.
Y no podía evitar sonreír.
Capitulo siguiente: Reposo.
N/A: Si, un poco tarde el capítulo, pero en mi defensa, ayer estaba escribiendo el final de una de las historias del multiverso Whiterose.
Este capítulo vaya que me gustó, y ya quiero que vean otra locura que hice con las niñas.
Nos leemos pronto.
