Red Velvet

Capítulo 89: Reposo

Se sintió hervir.

Sus manos dejaron el frio de la mesa, y se movieron por inercia, hacía el rostro ajeno, el cual estaba cálido, hirviendo, y su propio calor corporal aumentó.

Sujetó a Ruby de las mejillas, mientras el beso que se daban se volvía cada vez más profundo, más intenso.

El cuerpo ajeno se empezaba a abalanzar contra el propio, acomodándose entre sus piernas, las manos firmes en la mesa, y se sintió acorralada ahí, siendo besada con tal intensidad, y, de hecho, creyó que ese beso que empezó inocente acabaría así, inocente, pero sus propias ansias, y tal vez su cuerpo expuesto, hicieron que la situación se saliese de control.

La lengua entró en su boca, rápida, hábil, y le hizo espacio, le permitió entrar, hacerla suya sin demora, pero no pudo quedarse quieta, su propia lengua moviéndose, haciendo fricción, ambas tocándose de esa forma tan íntima, pero tan conocida, que le sorprendía el aun sentir nervios cuando se besaban con tal pasión.

Ni siquiera podía respirar, pero no le importaba.

Sintió la mano de Ruby en su nuca, esta ahora fría al haber estado apoyada en la mesa, y aquel frio le causó cierto alivio ante su cuerpo hirviendo.

Aun sentía su cuerpo débil, el infierno en vida, luego de esos momentos ahí amarrada, y no creía que se podría recuperar, sin embargo, ahora empezaba a sentir la necesidad de continuar, de hacerlo al menos una vez más, de venirse.

Y el recuerdo del Red Velvet estaba nítido en su memoria, sobre todo al mirar las paredes.

Deseaba que Ruby la hiciese venir, que fuese su boca quien la hacía perder el control, tal y como aquella vez.

¿Cuántos sueños tuvo luego de ese día? Ni siquiera podía contarlos, la idea pasando por su cabeza día y noche, y era impresionante como el sexo con Ruby quedó tan marcado en su cabeza, y si, en ese entonces, ya sentía algo por Ruby, pero luego de eso, sus sentimientos solo siguieron estallando, y cada vez que se veía en la cama con esta, se sentía flotar en éxtasis y en felicidad, y de no haber tenido su problema, de no haber tenido esa voz, sabía que habría perdido el total control y habría hecho aún más cosas.

Como ahora.

Ya nadie la contenía.

Ya no quería contenerse.

Sus manos se movieron rápidamente, guiados por la necesidad, por el calor, por la impaciencia, y tomó a Ruby del cabello, alejándola, y se vio agitada cuando al fin pudo respirar, aunque el respirar no era la razón para alejar a la mujer de sus sueños en ese momento.

Tenía un objetivo mucho más indecente.

Cuando pudo ver a la mujer con distinción, notó lo rojo de su rostro, lo exaltado de su respiración y lo oscuro de sus ojos.

Al parecer no era la única que había entrado en calor.

Pero ahora no podía lidiar con cualquier situación, si no que quería acabar pronto, quería satisfacer su egoísmo.

"Se una buena cachorra y hazme venir con tu boca, Ruby."

Su propia voz salió cálida, abrasadora, extraña, pero le agradaba cuando sonaba así, cuando se escuchaba a sí misma como ese animal que aparecía en momentos así, cuando sus instintos más primitivos salían a flote.

Y lo que más le agradaba de eso, era la expresión que Ruby ponía.

Sus ojos continuaron grises, profundos, salvajes, pero ahora notaba la sonrisa en esta, esa sonrisa confiada, esa sonrisa satisfecha, así como la clara intención de complacer evidente en su expresión.

Guio a Ruby, aunque no fuese necesario, mientras esta se dejaba caer, se arrodillaba frente a ella, la altura de la mesa permitiendo que el rostro de Ruby quedase justo donde la necesitaba en ese preciso instante.

No había notado lo mojada que estaba, como el líquido aun salía de su interior, este quedando en la mesa, albergado ahí, y le sorprendió, sí, pero le sorprendió aún más como Ruby pasó la lengua por ahí, por la superficie, donde sus líquidos estaban, limpiando la mesa, tragándose los vestigios más íntimos de su cuerpo.

Y ni siquiera podía avergonzarse, por el contrario, estaba satisfecha, pero no lo suficiente, ya que aún necesitaba la boca de Ruby, la lengua de Ruby, en ella.

Así que la movió, la guio de nuevo, acercándola.

Soltó un gruñido al sentir de golpe como los labios la devoraron sin la menor vacilación.

Las manos de Ruby se quedaron en sus piernas, abriéndolas lo más posible, mientras que la sentía embestir su centro con el rostro.

Se quedó mirando, disfrutando de la vista, mientras sus piernas temblaban sin control, sintiendo el placer de nuevo en aquel lugar, y luego de semejante ataque, aun sentía todo sensible, pero por lo mismo, el calor aumentó mucho más rápido de lo usual.

Ruby se movió, pero no fue suficiente.

Se había vuelto exigente…

O tal vez la tortura que Ruby le hizo pasar la hizo tomar venganza, de nuevo.

Era una mujer realmente vil.

Soltó a Ruby, al menos con una de sus manos, y se removió, acomodándose sobre la mesa.

Sabía lo que iba a hacer, sabía cómo se vería de sucia en una posición así, pero no le importó, a su cabeza hirviendo no le importaban tales cosas.

Ensuciarse siempre la hacía sentir libre.

Apoyó su mano libre en la mesa, así como los pies, y así tuvo control de su cuerpo, de sus movimientos. Escuchó a Ruby soltar un gruñido ante su cambio de posición, que no era tan conveniente para esta, pero no parecía molesta, por el contrario, se acomodó también para seguir devorándola.

Soltó un gemido grotesco cuando empezó a moverse, cuando empezó a seguir el ritmo de Ruby, o Ruby seguir su ritmo, pero no paró, no se detuvo.

Se sentía bien.

Demasiado.

Con su otra mano siguió sujetando a Ruby de cabello, sin permitirle alejarse, respirar, nada, obligándola a satisfacerla, y si, se sentía mala en ese segundo, pero Ruby se había aprovechado de ella, así que también podía aprovecharse.

Su cuerpo no tenía la fuerza, ni la estamina, para mantenerse en esa posición por mucho tiempo, pero no importaba, o al menos no importó cuando el calor subió, aún más, cuando el infierno volvió a emerger, ahí no se detuvo.

Podía escuchar los sonidos obscenos que había la boca ajena contra su centro, estos retumbando en el lugar, y eso mismo la hizo hervir aún más.

Como hervía.

Recién ahí se había dado cuenta de Ruby, de como una de sus manos había desaparecido, y por un momento logró percatarse de que su mano estaba dentro de su short, moviéndose, dándose placer.

Y esa debía ser su labor…

Pero por ahora lo permitiría.

No iba a ser tan egoísta.

Una lástima que la boca de Ruby estuviese estampada contra su cuerpo, ya que no podía oírla, pero sabía lo que hacía, y eso la encendió.

Si, eso era lo que le faltaba.

Su cuerpo tembló, más y más, pensando en cómo ambas estaban sintiendo placer en ese momento, y quería más de eso, no podía sentirse satisfecha, quería más, mucho más, y lamentaba no ser lo suficientemente resistente, o tener el suficiente tiempo libre para poder llevarlo a cabo.

Pero podía esperar.

Aún podía esperar.

Soltó un gemido grueso, agotado, pero siguió, no se detuvo, ni Ruby.

Podía escuchar los sonidos de su propio cuerpo, de sus líquidos y sus jadeos, pero también lograba oír los de Ruby, los gemidos siendo obstruidos por su propia carne, y le sorprendía escuchar algo ante lo fuerte que le latía el corazón, resonando en sus oídos.

Sus piernas ya no podían más, pero los temblores continuaron, su deseo de venirse siendo más fuerte que su cuerpo, su éxtasis empujándola más y más, y lo sintió venir, lo sintió acercarse, y Ruby lo notó, atacándola sin demora, moviendo su lengua rápidamente, así como sus labios, y también notó como el brazo de esta también se movió más rápido, aumentando la velocidad de los movimientos que hacía dentro de su short.

Jadeo, gimió, sin parar, hasta que el calor superó el límite.

Soltó un grito ante la sensación tan intensa pasando por su cuerpo, su centro palpitando ante la atención recibida durante ese tiempo. Intentó mantenerse en posición, mientras su cuerpo temblaba, mientras se retorcía de placer, pero al final no pudo, y se dejó caer en la mesa, su torso terminando apoyado en la pared, pero Ruby no se detuvo, persiguiéndola, la boca ajena aun administrando lo necesario para alargar su orgasmo, hasta que ya no pudo más, soltando otro grito, más roto, más agotado, pero placentero.

Sus oídos estaban realmente obstruidos por sus latidos apresurados, pero pudo oír a Ruby soltar un gemido grave, ahí, en su centro, mientras también lograba llegar al orgasmo por sí misma.

Y no podía evitar sentirse bien que Ruby también disfrutase del momento.

Quería hacer más cosas, ahora se sentía tan alerta, sobre todo, sabiendo que, dentro de ese closet, a solo unos pasos, había muchas cosas con las que podía experimentar, pero estaba destruida.

Fue demasiado para ella.

Necesitaba un respiro.

Notó a Ruby levantar el rostro, esta aun de rodillas frente a la mesa, su rostro rojo, pero ahora ya parecía más tranquila, ambas habiendo logrado cierta satisfacción.

Iba a decirle algo, pero esta le ganó.

"¿Descanso para almorzar?"

Oh.

Se vio soltando una risa, la mera idea de almorzar le había abierto el apetito, y le parecía tan extraño el desear comer comida luego de no haber tenido nada en la cabeza que no fuese comer, comer otras cosas.

Se vio asintiendo, sin demora.

"Mi cuerpo y yo estaríamos agradecidas."

Estaba muerta de hambre.

"Por cierto, mi hermana está de cumpleaños el martes."

Giró el rostro, mirando a Ruby. Le sorprendió como su voz sonó como si hubiese dicho lo más común de la vida, como si estuviese hablando del clima. Esta lucia relajada ahí, tan relajada como su voz sonó, mientras le daba una mordida a su hamburguesa.

Sabía que a Ruby eso de los cumpleaños no le agradaba del todo, por su pasado, por todo lo que tuvo que vivir, y, de hecho, aun recordaba el desinterés que esta tuvo por mencionar lo más mínimo acerca de la fecha, pero no veía aquel rechazo ante la mención del de su hermana.

Y con eso asumía que era el propio el problema.

Bueno, esta la intentó contactar para su cumpleaños, para darle la sorpresa, así que si, los cumpleaños no eran el problema, sino que era el de esta en particular el problema. Y honestamente, si hubiese arreglado las cosas con Ruby ese día, tal vez habría sido su primer feliz cumpleaños en toda su vida. Al parecer ambas tenían el mismo rechazo, pero por diferentes razones.

Al final, fue en su décimo cumpleaños donde aprendió a la fuerza que su familia solo estaba unida por aquel nombre, por el peso de Atlas, de la sociedad.

"¿Va a festejarlo?"

Ruby la miró, su boca llena mientras asentía.

Esta le dijo algo, pero no lo entendió absolutamente nada.

"Ruby, tus modales."

Notó sorpresa en la mujer, vergüenza incluso, pero se calmó cuando notó que lo decía en broma, por supuesto. Sabía que Ruby se pasaba todos los días que llevaba en Atlas cuidando sus modales, cuando la conoció se esforzaba por no dejar una mala impresión, sin lograrlo normalmente, pero ahora, el peso que tenía era incluso más grande.

Y le gustaba verla así, descuidada, relajada, sin tener que forzarse a mantener su imagen.

Y le gustaba esa libertad, así como le gustaba la propia.

Se vio riendo, llevando una servilleta al rostro ajeno, limpiando la mejilla salpicada con salsa, y Ruby solo pudo soltar una risa nerviosa, enrojeciendo, ya habiendo tragado lo que mordió.

"Pidió el día libre, dice que hará algo en la tarde, así que nos invitó."

Al menos podrían verse.

Siempre le amargaba que la relación de ambas se mantuviese en la distancia, pero en situaciones así, debían acercarse si tenían la oportunidad.

"Espero que la pases bien."

Cuando habló, se dio cuenta de lo que había oído, así como la mirada de Ruby la miraba con confusión.

Un momento.

"¿Dijiste nos?"

Y Ruby asintió, su boca de nuevo llena, dejando de masticar incluso.

"¿Me invitó a mí también? ¿Por qué?"

Se sentía en pánico.

Eso no se lo esperó.

¿Por qué Yang la invitaría a su cumpleaños? Era algo privado, algo tan íntimo, y ella no era nada más que una extraña, y no solo eso, si no que era la mujer que le quitó a su hermana, que hizo que Ruby se fuese de casa a vivir una vida ajena en lo alto de Atlas.

¿Cómo podía verla a los ojos?

Oh no, no podría.

La embargaría la culpa.

No se merecía aquello, no se merecía una invitación así, para nada, no merecía siquiera osar ser parte de algo similar.

Sintió el pánico subirle por el cuerpo, poco a poco estremeciéndola, pero se calmó de inmediato cuando la mano de Ruby se posó en su espalda, moviéndose lentamente en círculos, usando su habilidad innata para mantener a raya cualquier ansiedad que la consumiese.

Ruby le sonrió, y ahí al fin pudo respirar más tranquila.

"No te preocupes, Weiss, ya hablamos de todo esto con Yang, y ella no te odia ni nada así, ni te tiene rencor, por el contrario, quiere conocerte mejor, ya sabes, al final, solo se vieron una vez."

"¿Estás segura de eso? No quiero estorbar en un momento así, ni incomodar."

Ruby negó, y esta se apegó más, dejando de lado su almuerzo, dándole su atención individual, abrazándola.

"No lo harás, descuida, estaré ahí todo el tiempo, no dejaré que nada incomodo ocurra, ¿De acuerdo? Yang quiere conocerte, sabe de nosotras, sabe de lo serio que nos hemos tomado nuestra relación, y quiere asegurarse que todo esté bien, no hay nada de qué preocuparse."

Le costó asentir, pero lo hizo.

La idea seguía pareciéndole mala.

No creyó que volvería a ver a Yang, que volvería a toparse a esa enorme e imponente mujer nunca más en su vida, pero debía hacerlo, en algún momento esa situación aparecería frente a ella, y debía ser valiente.

Arreglar su propia familia fue su prioridad, pero ahora, Yang también era familia, y debía darse la oportunidad de intentarlo.

Imaginaba una fiesta, con algunas personas, y tal vez, eso era lo mejor ante una situación así, ya que, quizás, en una situación más formal, solo ambas, su ansiedad sí que sería incontrolable.

Si, debía ser valiente.

"¿Estás mejor?"

Asintió de nuevo, soltando un suspiro.

"Ahora tendré que comprarle un regalo, ¿Qué rayos le compraré?"

Ruby soltó una risa ante su preocupación, el brazo de esta, alrededor de su cuerpo, dándole un ligero apretón.

"No tienes que regalarle nada, pero si realmente quieres, puedo darte algunas ideas."

"Por favor, llegar con las manos vacías a su cumpleaños dejaría una muy mala impresión."

"Nah, Yang no se preocupa de esas cosas, que vayas valdría más que algo material."

En eso eran parecidas ambas hermanas.

Aunque ya había aprendido con Ruby, que a veces llevarle algo sorpresa siempre ayudaba, y ver a Ruby feliz cuando le llevaba chocolates o dulces, o cuando compraba algo llamativo para el almuerzo, la hacía sentir feliz de haber tomado la decisión correcta.

No sabía si usar el comodín de comida funcionaría con la hermana mayor, lo dudaba, y ya que parecía cuidar su cuerpo con devoción, diferente a Ruby que la comida chatarra siempre era su preferencia, así que esperaba que Ruby le diese una buena idea, que no tenía mucho tiempo para encontrar un buen regalo.

"En la tarde el martes, ¿A una hora en específico?"

Ruby ya se había dado vuelta para terminar de comer, y le daba risa como siempre que le hablaba esta justo había mordido un gran trozo de comida, pasaba desde siempre.

Le gustaba ver a Ruby con la boca llena…

No, Weiss, pensamientos puros, es el descanso, calmate.

Ruby levantó el rostro, pensativa, mientras se tomaba el tiempo de masticar.

"Uhm, me dijo que como las cinco o seis era una buena hora. Pensé en venir acá después del trabajo para ponerme algo más cómodo, Yang me miraría con horror si llego con traje, y no sé, ¿Encontrarnos allá?"

Ella haría algo similar de ser el caso, se daría una ducha y se pondría algo más cómodo, o algo menos recatado, no quería verse tan profesional como la primera vez que ambas se toparon.

Sabía cómo llegar a la casa de Yang, la antigua casa de Ruby, así que no tendría problema en encontrarlo, y de hecho, si su memoria le fallaba, solo tendría que buscar el Red Velvet en la calzada…

El auto deportivo brillante que acaparaba todas las miradas.

"Ruby, no puedes ir en auto."

Ruby dio un salto, mirándola.

"¿Qué? ¿Por qué no?"

Respiró profundo, sabiendo que se veía exasperada.

Se acercó y puso su mano en el antebrazo de la mujer, no quería decirlo, porque haría que Ruby se sintiese preocupada de su alrededor, super consciente de su alrededor, y eso la haría aún más sospechosa. Ahora, en la posición que tenía, debía mantener un perfil bajo, y había que saber distinguir que el Red Velvet no era para nada un vehículo de perfil bajo.

"Ruby, ¿Te acuerdas de que yo te iba a visitar seguido?"

Esta la miró, y asintió, sus ojos plateados brillando, expectantes, y le pareció el ser más adorable del mundo.

"¿Te conté sobre algún rumor que estuviese dando vueltas sobre mí? ¿O escuchaste algo así?"

La mujer frunció los labios, y negó.

"¿Sabes porque no salió ningún rumor sobre mi visitando a una desconocida mujer?"

Y esta negó, de nuevo.

En realidad, hasta el día de hoy le sorprendía. No intentó ocultarse demasiado, su personalidad rebelde disfrutando de ser vista, de ser encontrada haciendo algo inesperado, algo que impresionaría a cualquiera. Como que alguien la viese teniendo sexo a través de una de las ventanas de un segundo piso, o que alguien la viese abrazada a una desconocida llena de aceite de motor.

Pero no llamó la atención, al menos no lo suficiente.

"Porque mantuve un bajo perfil, o más bien, porque no llegué a un lugar con un auto deportivo de un modelo que aún no sale a la venta de un color rojo metálico cuyo motor ruge lo suficientemente fuerte para despertar a todo un condominio."

"Ah."

Ruby miró hacia abajo, su rostro tomando color.

Nadie reconocía demasiado su auto, porque no llamaba la atención, era un auto familiar, oscuro, que apenas metía ruido. En la mansión todos tenían autos similares, no había forma de diferenciarlos, además siempre andaba con los vidrios tintados, así que nadie la vería a menos que se bajase, y eso les daba menos tiempo para reaccionar.

En cambio, Ruby ya había aparecido públicamente con su auto, y llamaba la atención, probablemente la mayoría la reconocía exclusivamente por el auto, y si lo veían, todos dirían, ese auto debe ser de una celebridad.

Luego de la entrevista había visto un par de comentarios dando vueltas, no les prestaba atención si eran sobre ella, pero debía admitir que, si eran sobre Ruby, no podía evitar leerlos.

"¿Te parece si te vengo a buscar y nos vamos juntas donde Yang? Creo que pasaríamos más desapercibidas si vamos en mi auto."

Ruby levantó el rostro, recomponiéndose de su vergüenza. A veces Ruby pasaba por alto lo más evidente del mundo, pero la quería así.

"¿No te molesta? Es un día de semana, debes de estar cansada para andar cargando conmigo."

Negó de inmediato.

Por Ruby podía hacer muchos sacrificios, y no solo eso, si no que había vivido toda su vida moviéndose de un lado a otro teniendo la energía mínima para respirar, y como ya había superado esos días de estrés y cansancio, no sería problema el llevar a su novia.

"Puedo con eso, Ruby. Tú has hecho muchas cosas por mí, por supuesto que haré lo mismo por ti."

Notó los ojos plateados brillando, antes de que esta asintiese, sonriéndole.

Ruby se acercó, lo suficiente para darle un sonoro beso en la mejilla, beso que disfrutó más de lo que debía.

"Eres la mejor, Weiss."

"Por supuesto."

Solo pudo resoplar, digna, sabiendo que Ruby se iba a reír con su acto, pero a veces se sentía bien el sentirse superior, en vez de inferior como usualmente. Ahora si se sentía capaz.

Iba a ser una gran novia para Ruby.

"Aun así, eso de que me vayas a dejar a casa en tu auto, me hace recordar algunas cosas que hicimos ahí dentro."

Notó la mirada intensa de Ruby, así como esa sonrisa pícara.

Después de la fiesta.

Realmente se desbocaron esa vez.

Se sintió hervir, su rostro recordando el momento con claridad, lo que pasó antes, y lo que pasó después. Ese si fue un día intenso.

"Al parecer lo recuerdas bien."

Notó como Ruby había puesto una mano en su rodilla, y la sintió acercarse, y se vio saltando de la impresión, y de la vergüenza.

La tomó de los hombros, sintiendo el rostro aún más rojo.

"¡Ruby! ¡Hora de descanso!"

Ruby dio un salto, alejándose de inmediato, tiesa como una tabla. Podía notar como esta asentía, haciéndole caso, obediente como siempre, pero notaba sus ojos de cachorro triste.

No podía contra esa mirada.

Acercó su mano al rostro ajeno, al cabello ajeno, y empezó a pasar las uñas por su nuca, Ruby de inmediato reaccionando, sus ojos tristes de cachorro cerrándose, relajándose de inmediato, calmándose.

"Te amo mucho, solo por eso te perdono."

Y Ruby soltó una risa, una risa feliz, disfrutando de sus beneficios, mientras olvidaba por completo el teatro de hace solo unos segundos.

Realmente amaba a esa idiota.


Capitulo siguiente: Elección.


N/A: Si, aún quedaba una escena subida de tono, pero miren lo que hice, va a haber reunión, ¿Qué pasará? ¿Habrá pelea? Quién sabe. He hecho muchas cosas extremas en este tipo de situaciones en otras historias, ¿Será el caso o no?

Loa averiguaremos.

Nos leemos pronto.