Red Velvet

Capítulo 90: Elección

Se cruzó de piernas, mientras apoyó el rostro en su mano.

Su otra mano estaba en su teléfono, el pulgar moviéndose, bajando.

Soltó un suspiro pesado cuando llegó al mismo objeto, al que intentaba evitar, ya que su objetivo era otro, debía buscar algo diferente, seleccionar algo diferente, pero era instintivo, impulsivo incluso.

Ese collar volvía a llamarle la atención.

Lo había visto en una tienda, y ya no le podía quitar los ojos de encima, sin importar cuanto estuviese vagando buscando algo para Yang, simplemente por inercia pensaba en Ruby, en lo que le quería comprar a esta.

De acuerdo, ignorarlo no servía, no había servido durante esa larga hora.

Simplemente apretó la imagen, y los datos del producto salieron en la pantalla.

Había una versión en rojo que le gritaba, que le decía que era para Ruby, y se sentía tan extraño el estar comprando algo así. Antes tuvo que rogarle a Coco para que la ayudase, pero ya había crecido, ya no era tan ajena a esas cosas, ahora podía tener el valor de comprar las cosas por sí misma.

Pero, aunque su situación hubiese cambiado, sabía con seguridad que no podía mandarse tal paquete a su casa, oh no, no podría. Su padre se aseguraba que revisaran bien los paquetes que llegaban a la casa, él siendo algo paranoico, y con el odio que se ganó en una época, no lo culpaba.

Era un miedo entendible.

Y si seguridad veía un paquete llegar que tenía un collar adentro, no tenía idea que podría pasar por sus cabezas, porque claramente nadie en la familia Schnee tenía un perro.

No, lo mejor era enviarlo a su oficina, al menos ahí no habría mayor problema, los de seguridad eran cuidadosos, siempre se aseguraban de que los paquetes habían sido enviados desde un lugar licito y revisaban los códigos de envío, pero no revisaban el interior de los paquetes, a diferencia de su casa.

Al menos iba a decirles a seguridad que iba a llegar un paquete para su persona, si les avisaba de antemano, no harían mayor miramiento, y en realidad, mientras menos se enterasen de sus cosas, mejor.

No se atreverían a mirar el receptor de un paquete para la jefa.

Revisó de nuevo el producto, con algo de miedo de apretar el botón de comprar. Pero bueno, era un collar, no era la gran cosa, no era como ese aparato que le pidió a Coco que le comprase, obligándola a no decir palabra alguna.

Tomó aire, y apretó el botón, sintiéndose inesperadamente feliz de sentir que el producto estaba más cerca de su mano.

O más bien, del cuello de Ruby.

Apretó los labios, forzándose a evitar que su mente vagase más de lo necesario, y se apresuró en poner los datos de envío, y pagó por el producto, estos dándole un comprobante. Agradecía que el lugar dijese que hacían todos los pedidos con la mayor discreción posible, y eso era bueno, sobre todo si se trataba de Atlas, donde esas cosas ni siquiera se hablaban. Bueno, tal vez Coco las hablaba, pero nadie más, y le sorprendía, o sea, no, no le sorprendía, porque ella misma apenas se estaba adecuando a esas cosas, y sabía cómo era la gente en esa gran ciudad.

El día que se encontrase a sí misma como una conocedora de esas cosas de adultos, sería en unos largos años, porque aún estaba empezando, aún estaba aprendiendo, acostumbrándose poco a poco, conociéndose a sí misma, y lo que le gustaba.

Y ahora se sentía un poco más adulta en ese tema.

Realmente le daría un collar a Ruby…

Dios, se sentía tan hipócrita de su parte el no querer darle un anillo a Ruby, pero luego le daba un collar, que era incluso más impactante en ese sentido, con más significado que una firma en un papel.

Pero Ruby quería ser suya, y ella quería que Ruby fuera suya, así que eso sería suficiente, le gustaba esa idea, le gustaba el cambiar lo típico, el hacer su propia versión.

Ya quería vérselo puesto.

Dio un salto cuando escuchó la puerta, de inmediato se removió, en pánico, como si la fuesen a descubrir haciendo algo impropio, y tanto así que su celular salió volando, cayendo sobre la alfombra, metros lejos de ella.

Al menos no cayó en el piso, o el rebote se habría escuchado por toda la mansión.

Respiró profundo, intentando calmarse, y enfrentó la puerta.

"¿Sí?"

"Señorita Schnee, el almuerzo ya está servido."

Uff, solo el almuerzo.

Aun seguía en pánico cuando alguien tocaba la puerta, y ya tenía una mezcla de sensaciones diferentes, que no sabía por cual se asustaba más. Por una mala noticia, por el ser regañaba, o por ser encontrada haciendo algo indebido.

Pasaría tiempo antes de dejar de sentirse tan a la defensiva en esa casa.

"Gracias por avisarme, bajo enseguida."

Se levantó y fue a buscar el celular caído, y lo tomó, mirando la hora.

Realmente había pasado una hora entera ahí, pensando que hacer, decidiéndose en su compra. Soltó un suspiro. Si, compra que terminó no haciendo, porque quería asegurarse de inmediato con el regalo de Yang, y no perder más tiempo, y evidentemente no hizo aquello.

Realmente era un caos cuando se trataba de Ruby.

Se dejó caer en la mesa, apoyando la frente en el frio del vidrio. Su habitación siempre se volvía un horno cuando su mente comenzaba a dar vueltas, simplemente se volvía débil, y su cuerpo hervía tanto que su alrededor en sí mismo ardía.

Soltó un suspiro pesado, obligándose a poner la espalda firme.

Ya había eliminado un capricho de su lista.

A la vuelta, compraría lo que necesitaba.

No, no lo hizo.

Volvió a suspirar.

Quiso pensar en que comprar y creyó, ilusamente, que el almuerzo despejaría su mente y pensaría en algo, pero no fue así, por el contrario, sirvió para distraerla aún más.

Su padre parecía interesado en hacer un viaje pronto, y hace tiempo que no lo escuchaba hablar respecto a eso, sobre todo cuando ambos, ella y su hermano, temieron que su padre se volviese a alejar, viajando sin parar, y le causó cierta angustia saber que este ya estaba planeando el irse, y aunque dijese que iba a ser al final del próximo mes, temió que fuese por mucho tiempo y que no lo viese durante semanas como solía ser antes.

Antes de haber solucionado las cosas.

Se vio mirando a su hermano de reojo, quien se veía serio, pero notaba como sus cejas se fruncían levemente.

Ambos pensaban lo mismo, ambos tenían el mismo miedo.

"Quiero viajar durante un fin de semana a hablar con algunos antiguos socios de la compañía, ustedes deberían venir conmigo."

¿Qué?

Se vio sonriendo de inmediato, un gran peso saliéndose de sus hombros.

Realmente se imaginó lo peor, y su hermano también.

Sintió la mirada de su padre en ella, su rostro calmo, y le alegró verlo así.

"Sé que estás interesándote en hacer nuevas alianzas, quizás es momento de hacerlo."

Oh.

Bueno, no estaba realmente interesada en hacer nuevas alianzas, solo se interesó en Ruby y en Coco y en el trato que estas tenían tan bien planeado, y si no se equivocaba, ya tenía organizada la primera reunión que tendría con la cabeza de la marca, o sea, el jefe de Coco, quien permitió que esta hiciese todo ese revuelo.

Además, recordaba bien los problemas que unos antiguos socios habían provocado antes.

"No quiero juzgarlos de antemano, pero conociendo los problemas que tuve con algunos de tus socios, no creo que me interese demasiado en hacer tratos con ellos."

Su padre la miró, con más sorpresa que con otra cosa, para luego oírlo soltar una risa, su bigote moviéndose en el proceso.

"No tomé las mejores decisiones, ya me disculpé por eso, pero estas personas no son como otros, somos antiguos amigos y los conozco bastante, además, son sus hijos los que estás moviéndose, tal y como ustedes, siguiendo los pasos de ellos."

Este se tomó un momento para desviar la mirada de ella, para ir hacia Whitley, sonriéndole, la mueca aun siendo discreta ante su bigote, pero lo suficientemente notoria para ellos.

"No es necesario que hagan ningún trato, pero me gustaría que hiciéramos algo juntos."

Oh.

Notó en Whitley, quien estaba siendo observado por su padre, una mezcla entre felicidad y cierta melancolía, sus ojos brillosos. Le dieron ganas de soltar una risa, y, de hecho, se le escapó y se sintió avergonzada cuando las miradas de ambos hombres se fijaron en ella, y ahí no le quedó más que decir lo que pensaba.

"Tenías que empezar diciendo que querías hacer algo juntos y te habríamos dicho que si de inmediato, padre."

Le causó más gracia la mueca de sorpresa, y vergüenza, en el rostro de su padre, quien aun le parecía costar decir lo que pensaba, lo que quería, de buenas a primeras, y bueno, así eran todos en esa casa. La honestidad se vuelve carente cuando vives manteniendo una máscara sobre el rostro, pero estaban cambiando, estaban mejorando.

Su padre les sonrió a ambos luego de que aceptaran aquel viaje.

No le molestaba, como antes, por el contrario, le apetecía el hacer algo juntos, los tres, algo que tuviese que ver con la carrera que eligieron, con el futuro que eligieron, cada uno de ellos por diversas razones, no razones realmente buenas, pero al final, estaban parados en la misma línea, en el mismo camino, y debía aprovechar.

Por supuesto que iba a extrañar el ver a Ruby ese día, pero encontraría la forma de que no pasara tanto tiempo sin verse, que ya una semana le parecía demasiado tiempo.

Cada día sin Ruby, parecía eterno.

Se dejó caer en la cama, sintiendo sus piernas arder.

Se había puesto jeans para estar lista para bajar a almorzar, sin embargo, empezaba a incomodarle.

Sus ojos de inmediato se fueron a la puerta, sintiendo algo de inseguridad y algo de emoción al solo imaginar lo que iba a hacer, pero se obligó a ser una persona normal. Si empezaba a calentarse siempre que se iba a sacar una prenda de ropa, en su propio cuarto, perdería la cabeza.

Se sacó los zapatos y continuó con los jeans, la tela raspando sus muslos, causándole molestias.

No tuvo problema durante la noche, ya que encontró una loción tan buena como la de Ruby entre sus cosas, una que había comprado hace ya tiempo y jamás había siquiera abierto. Le sirvió bastante para poder dormir sin que las sabanas le molestasen, pero el usar ropa ceñida no le hacía la tarea fácil.

Estiró la mano hacia el velador, tomando la crema desde dentro del cajón, y aprovechó para echarse un poco, sintiendo la piel seca.

El frio se sintió bien en sus muslos afiebrados, y a pesar de la molestia, le gustaba ver las marcas rojizas en su piel, decorándola.

Sabía que la decisión más fácil era simplemente andar con vestido, pero no se había dado cuenta hasta esa mañana que todos los vestidos que tenía eran cortos. Faldas si tenía, faldas largas, pero eran muy formales para estar dentro de casa, y su familia ya se había acostumbrado a ella vestida de cierta forma para cambiar tan drásticamente.

Le avergonzaba pensar que sus últimos atuendos eran cortos, teniendo a Ruby en la mente, a la Ruby que siempre miraba sus piernas cada vez que tenía la oportunidad, y era débil, debía complacerla, no podía no hacerlo, pero al parecer debería al menos tener un vestido largo y casual para andar en casa y que no se viesen las marcas del pecado en su piel.

Si, quería que el mundo, la sociedad, viese a la verdadera Weiss, por supuesto, pero tampoco quería hacer que esos dos hombres se desmayasen, su hermano, sobre todo, el pobre no soportaría ver algo así de ella. Este soltó un insulto la otra vez y casi se va al reino de los cielos, no necesitaba sorprenderlo de esa manera.

Cuando le dijese de la relación que tenía con Ruby, eso ya sería suficiente para su pequeño corazón.

Mientras esperaba que su piel absorbiese la loción, volvió a sujetar el celular, sabiendo que había dejado sus compras a medias y había sido sin duda el peor día para hacer compras, simplemente no podía concentrarse.

Ruby siendo en su mayoría la culpable de eso.

Y por inercia, se fue a los mensajes que tenía con la mujer.

Si, era imposible concentrarse.

"Estuvimos hablando con Yang en el gimnasio, dice que no tienes que comprarle nada."

Le avergonzaba que Ruby hablase de ella con su hermana, debió contarle sobre lo nerviosa que estaba al ser invitada a su fiesta de cumpleaños, oh no.

"Espero no me hayas dejado en evidencia con tu hermana."

No se demoró en escribir en respuesta, y Ruby, quien estaba en línea, no respondió. Sabía que estaba ahí, mirando la conversación tal y como ella, pero estaba dudando, estaba pensándoselo, y con eso supo de inmediato que era así, que si la había dejado en evidencia, y la mera idea hizo que sus mejillas se tiñesen.

"Es que eres muy linda, Weiss."

Y ese mensaje le llegó.

Dios.

Si, sus mejillas estaban hirviendo.

Era la primera vez que vería a Yang desde que se vieron aquella vez en el hospital, y parecía una eternidad desde aquello, y ni siquiera recordaba bien la fecha, probablemente hace año y medio. En ese momento había tensión, se sentía entrando en un terreno hostil, en un territorio ajeno, y por lo que sabía de la mujer, era suficiente para dejarla algo intimidada.

Quería hacer las cosas bien, quería presentarse correctamente, quería conocer a Yang, el que fuese más que solo la hermana de su novia a la que vio por un par de minutos en una situación tan dura como incómoda.

Le iba a ser difícil, lo sabía, así que no necesitaba que Ruby lo hiciese peor.

No quería que Yang la viese y se riese de ella.

"Sabes que estoy muy nerviosa por verla de nuevo, Ruby, no me molestes demasiado."

Prácticamente podía escuchar desde ahí la risa inocente que su mujer soltaba en esas ocasiones.

Le gustaba mucho, sí, pero vaya que podía generar situaciones incomodas.

"Descuida, Weiss, ya le dije que no te haga bromas pesadas o me voy a poner a llorar."

¿Llorar?

"¿Esa es una amenaza para tu hermana?"

"Por supuesto, Yang es muy intimidante y ruda, pero suelto un par de lágrimas y soy su punto débil. Así que estarás a salvo de ella."

Si pensaba en Ruby llorando…

"También eres mi debilidad cuando lloras."

Y lo dijo.

¿Debía exponerse así?

Tal vez no.

"Oh, que bueno saberlo, lloraré cuando me estés regañando."

Por supuesto.

Se vio soltando una risa, ahora Ruby no solo usaría su mueca adorable de cachorro triste, sino que también soltaría un par de lágrimas.

Iba a morir sin duda.

Perdería las fuerzas, y el solo pensarlo, el solo imaginárselo, era suficiente para darle en el gusto.

"Eso es muy injusto de tu parte, Ruby, no puedes salirte con la tuya de esa forma."

"Claro que puedo, tu siempre te sales con la tuya usando tu rostro hermoso, es mi momento de brillar."

Oh.

Sintió sus mejillas arder.

Estuviese de acuerdo o no, iba a aceptar ese cumplido.

"Cambiando de tema, aunque tu hermana diga que no es necesario, de todas formas, quiero comprarle algo que aprecie y que le de utilidad. Ya te dije, sería irrespetuoso de mi parte llegar con las manos vacías, quiero darle una buena impresión, no ser una mujer rica y tacaña que no es capaz de dar un simple regalo de cumpleaños."

Si, el cambio de tema era abrupto, pero debía hacerlo.

Ruby empezaba a decirle cosas bonitas y la situación escalaba y aun se sentía cansada por el ejercicio del día anterior, y las pruebas aún seguían nítidas en sus muslos, de hecho, no quería ni mirar sus piernas expuestas o perdería la cabeza, y necesitaba ese regalo hoy mismo o no le llegaría a tiempo.

"Lo sé, cariño. Pero no te estreses, lo que sea que le des, ella lo aceptará con gusto."

Soltó un suspiro.

Lo sabía, como sabía que sería lo mismo con Ruby, que aceptaría lo que sea, porque la intención es lo que cuenta, bla bla, pero quería dejar una buena impresión y regalar algo bueno, algo útil, algo que Yang pudiese usar y que no fuese un regalo más acumulando polvo en el rincón más olvidado de la casa.

Volvió al trabajo, volvió a buscar en las tiendas, mientras pensaba en la mujer, de la cual conocía bastante poco, pero al menos Ruby la había informado lo suficiente antes de empezar su búsqueda.

¿Qué le gustaba a Yang?

Ejercitarse como un boxeador, sí, pero ella no conocía absolutamente nada de esas cosas y no sabría realmente que podía comprarle. Pensaría en algún equipo para ejercitarse, pero si tenía acceso a un gimnasio, dudaba que necesitase algo en particular.

No quería pensar en el sexo, pero sabía que sí, estaba en sus gustos, pero no sería capaz de comprarle nada similar, ya había sufrido hace solo unas horas para darle clic a un inocente collar, inocente pero no tan inocente, ni tampoco sabía cuáles eran las practicas que Yang prefería.

¿Tatuajes? Si, tendría sentido si ella misma fuese tatuadora y le dijese, te regalo un tatuaje hecho por mí, pero darle dinero para hacerse uno, sonaba realmente extraño.

Lo otro que sabía de esta, era que le gustaba andar en motocicleta, pero tampoco sabía mucho de esas cosas, en Atlas no era común el ver a personas manejando tales vehículos así de peligrosos, así que tampoco sabía que era lo común para usar, o para llevar puesto.

Pensó en unas botas, si, esa fue su primera idea, pero la descartó de inmediato porque no tenía idea de cuanto calzaba Yang, ni siquiera sabía cuánto calzaba Ruby. ¿Era necesario saberlo? Quizás debería saberlo, pero si llegaba a necesitar tal dato, sabía que Coco tenía acceso a esos detalles, de hecho, probablemente esta supiese mejor sus propias medidas que ella misma, y no sabía como esta lo hacía, pero tenía una memoria perfecta para recordar tallas. Siempre recordaba la suya, y la talla de zapatos, incluso cuando la vio ganando peso parecía mirarla meticulosamente, como si sus ojos tuviesen una cinta de medir añadida a los irises.

Si, ese debía ser su superpoder.

Empezó a bajar por una web de una tienda, y se topó con una categoría de chaquetas. Al principio ninguna le llamó la atención y solo bajó por inercia, como estuvo haciendo desde la mañana, y se detuvo de golpe cuando vio una chaqueta de aviador de cuero. El cuero era café, llamativo, y se veía de buena calidad.

No conocía a Yang lo suficiente, y considerando que la vio vestida una vez y con menos ropa de la necesaria, pero creía que le vendría bien, combinaba con su cabello, y le serviría para andar en motocicleta, a menos que anduviese así de desnuda manejando, y esperaba que no fuese el caso.

No dudó más y apretó el botón de comprar, no sin antes tomarse largos segundos mirando las tallas. Sabía más o menos que talla usaba Ruby, y Ruby era más grande que ella, y sabía que Yang era más grande que Ruby. Quizás elegiría una talla más que Ruby, pero decidió subir dos tallas. Para algo así, era preferible que quedase grande que pequeña, y con los músculos enormes que tenía esa mujer, necesitaba el espacio.

Los modelos sirvieron para decidirse, notando a alguien con una contextura similar a Yang.

Esperaba que esta siguiese viéndose igual a como la vio aquella vez, porque se sentiría muy estúpida si resultaba que de un tiempo a otro esta se volvió una persona completamente diferente físicamente.

Iba a tener bien guardado el comprobante por si necesitaba hacer un cambio, aunque esperaba no tener que llegar a eso.

El envío lo hizo también a su oficina, porque una chaqueta así, para ella, imposible.

Ahí se pudo relajar, habiendo terminado con su deber como cuñada.

Se dejó caer en la cama, sus muslos ardiendo un poco con el movimiento, pero ya no como cuando llegó ahí, ahora era una sensación más fresca, más liviana.

Esperaba que a Yang le gustase el regalo.

Quería dejarle una buena impresión a la mujer, quería dejar una buena impresión a la familia de Ruby, ya que Ruby dejó una buena impresión en la suya, y esa sensación era tan agradable que debía permitírselo.

¿Cómo no hacerlo?

Teniendo ambas tan pocos miembros en su familia debían procurar el que no hubiese roces entre ambas, que hubiese paz, y eso quería, paz. Era lo que más anhelaba en la vida, y quería poder estar con Ruby sin sentir que eran sus familias quienes intentaban separarlas.

No, ya había tenido muchos problemas consigo misma para dejar que alguien más interfiriera en el amor que le tenía a Ruby.

La amaba mucho, demasiado, y quería que todo fuese perfecto.

Que sus vidas fuesen perfectas.

E iba a poner de su parte para que así fuese.


Capitulo siguiente: Memorias.


N/A: Tuve un problema con este capítulo, editándolo, porque escribí algo que no debía haber escrito, o más bien, un suceso que no sucedió, y por un segundo pensé en dedicarme a hacer campista o a vivir en el bosque.

No, me moriría probablemente, y en mi ciudad no hay bosques, solo lugares desérticos.

Como sea, tendremos reunión familiar pronto, espérenlo con ansias.

Nos leemos pronto.