Red Velvet

Capítulo 91: Memorias

Se vio frente al espejo.

Ese era tal vez el tercer atuendo que se probaba, y quería usar un vestido, pero todos se sentían muy reveladores para ir a ver a quien era su cuñada. Pero era una fiesta, así que debía lucir informal, o al menos no quería lucir como la recatada Schnee que debía ser para mantener una buena impresión con sus empleados.

No, eso sería demasiado.

Soltó un bufido.

Jamás creyó que le sería tan difícil decidirse.

Estaba a punto de salir de ahí y pedirle a alguien una opinión, pero considerando como era su familia, probablemente no podrían pensar como pensaba alguien como Yang, así que sería en vano.

Sacó una chaqueta de su armario, y se la puso encima, así ya lucía más informal, y conociendo como era aquella casa a la que visitó durante tanto tiempo, no creía que estuviese fría como la suya, pero no sería el horno que era el departamento de Ruby donde tenía que sacarse todo o moría, así que con eso estaría bien para pasar la velada.

No quería lucir como solía lucir frente al mundo, o vestida formal para el trabajo, formal para fiestas, o la Schnee recatada que salía a lugares públicos sin mostrar mucho, ahora quería lucir más como solía aparecerse frente a Ruby.

No quería decir sexy, pero quizás si era así.

Así solía vestirse, solo para Ruby, y considerando que era una situación informal, donde volvería a ver a Yang, quería verse como Weiss, quería mostrarle a su cuñada que había cambiado desde aquella vez donde se vieron por primera vez, quería verse diferente, cambiada, y que esta lo pudiese notar.

Era extraño, si, el salir de esa zona de confort con Ruby, salir afuera, y quizás dudaba poder aparecerse así en la calle, pero era un comienzo, era uno de los tantos pasos que debía tomar para empezar a sentirse más cómoda en la piel de Weiss, y dejar de lado la postura Schnee que ella y su familia tenían tan rígido en sus cabezas, y era irónico el obligarse a dejar su apellido de lado, siendo ahora el momento en su vida donde más orgullo le daba aquel apellido.

Pero no rehuía de su apellido, no lo haría, no más, pero si rehuía de la imagen que el mundo tenía de ellos, y esperaba que su padre y su hermano comenzaran a hacer lo mismo, a ser ellos mismos y dejar de fingir para mantener aquella imagen obsoleta.

No más.

Su padre y su hermano estaban en la sala de estar, no sabía de qué estaban conversando, pero se veían cómodos comentando sobre algo, los notó desde la distancia. Ambos se detuvieron cuando oyeron los sonidos de sus tacones, y giraron el rostro, buscándola con la mirada.

Se sintió avergonzada, porque no era común salir un día de la semana, al menos no últimamente. Antes sí, pero tampoco les solía hablar como para que siquiera surgiera la pregunta de adonde iba o con quien iba. Las cosas habían cambiado, y se vio ahí, con las miradas semejantes a la propia, observándola minuciosamente, curiosas, y se vio sin palabras, sin saber que decir, sin saber que excusa soltar, y se vio agarrándose de su bolso de mano, el nerviosismo tomándola por sorpresa.

Sabía que ambos la juzgaban, sobre todo su padre, notando su vestido corto, indumentaria que solo se asemejaba ligeramente a lo que usaba cuando salía de fiesta con Coco, pero eso ya era una salida de noche, no de tarde como en ese momento, así que este levantó una ceja.

"¿Dónde vas así vestida?"

Su padre le preguntó, y se vio tragando pesado, esperando que no se le notase en el rostro. Menos mal que el regalo para las hermanas se había quedado en su auto y no los tenía en la mano o sería incluso más sospechoso.

Se vio mirándose por inercia, intentando pensar en que ocasión usaría algo semejante.

Podría decir la verdad, si, pero al mismo tiempo no podía. O más bien, no debía. Que Ruby tuviese una hermana era un secreto que debía mantenerse así hasta que Ruby decidiese lo contrario, así que no podía soltar tal información ante dos de las personas más poderosas de Atlas, su padre y su hermano.

No, imposible.

Así que dijo lo que era más similar.

Aunque sintió las mejillas enrojecerse al momento de decidirse que decir, y esperaba que no estuviesen peor cuando terminase de decirlo.

"Saldré a cenar con Ruby."

Eso sonaba más sospechoso aún, pero no importaba, era la verdad, o sea, no, no era la verdad, pero saldría con Ruby, si, no iba a esconderse más, o al menos no tanto. No quería usar a Coco de excusa de nuevo.

Estaba segura de que la gran parte del tiempo del año anterior, la pobre Coco estuvo días con las orejas rojas al usarla de excusa en repetidas ocasiones.

Su padre parecía sorprendido, y creyó que su hermano también, pero este parecía más bien relajado, dejando de tenerla en la diana y volviendo a prestarle atención al periódico que sostenía en las manos, estos debían de estar teniendo esas conversaciones tan masculinas sobre la bolsa de valores.

Los números se le hacían fáciles, o sea, estudió para que así fuese, pero esas conversaciones siempre le parecían aburridas.

Le causó curiosidad la reacción de Whitley, y creyó por un momento que había cierta preocupación en él por el hecho de conseguirse un novio, y notó aquello cuando recibió las rosas por parte de Ruby, este de inmediato temiendo que la historia se repitiera.

Y se sentía algo culpable al ocultar que de hecho iba a salir con su novia.

Ya en algún momento tendría que decirle, y esperaba que este no dejase de hablarle por algo similar, al menos no se casaría con Ruby ni la obligaría a vivir en la mansión, o ahí sí que este se pondría a la defensiva.

No quería que volviese a vivir un extraño en aquel lugar, era un templo Schnee, y se sentía erróneo volver a exponer a la familia a alguien ajeno, a obligarlos a estar a la defensiva todo el tiempo, sin poder soltarse. No debía ocurrir de nuevo.

"¿Un martes?"

Si, extraño.

Solo pudo levantarse de hombros, sin saber que más decir, que excusa montar.

"No creí que tuviese nada de extraño, ya le había prometido una cena para agradecerle todo lo que hizo por mí."

Su padre parecía aun curioso, aun dándole una mirada a su atuendo, pero finalmente soltó un suspiro. Notó ahora una mueca diferente, como preocupación, y quiso estar más cerca para notarlo con claridad.

"Que tengan una buena velada, pero tengan cuidado."

Oh.

Tengan cuidado.

La última vez que salió con Ruby, oficialmente, ocurrió lo que ocurrió, y ahora veía una mueca de clara inquietud en su padre, parecía temer que la situación volviese a repetirse, donde ambas fuesen atacadas, donde ambas fuesen expuestas, donde hubiese caos y peligro, y quien sabe que más podía pasar por la mente de Jacques.

No podía culparlo por pensar así, sabiendo lo que ocurrió, como la vio aquella vez, y él debió de buscar alguno de los videos que daban vueltas y debió ver a su hija romperse en frente de las cámaras, así como apoyó a Ruby cuando las masas se iban en su contra.

A ella misma también le preocupaba.

No quería que eso pasara de nuevo.

Pero tenía a Ruby, así que sabía que ambas podrían salir adelante, sin importar el desafío que se les presentara de frente, lo sabía, estaba segura de eso.

"Estaremos bien, padre. No te preocupes."

Los ojos de su padre la miraron, y su rostro asintió, pero su mirada no se llenó del gesto, aun manteniendo una evidente preocupación.

Le gustaba su padre así, expresivo, le agradaba más que el hombre al que vio durante su infancia. Parecía más un padre que nunca, y eso era sin duda algo que adoraba de esa nueva vida que tenía en frente. Este aún tenía sus falencias, y dudaba que dejara de tenerlas, pero el hecho de que dejase de usar la máscara ahí, entre ellos, era lo más parecido a la realidad ideal que esperaba tener.

Se despidió de ambos y caminó hasta la entrada de la mansión, pasando por las puertas y caminando hasta donde había dejado su auto estacionado, sabiendo que solo iba a ducharse y vestirse, así que no quería dejarlo en la cochera. Ya conocía a la servidumbre, siempre aprovechaban para limpiar los autos y ahí tenía dos regalos escondidos y no quería que ningún rumor saliese de esa montaña.

Se subió y comenzó a manejar.

Los días eran más largos en esa época del año, así que el sol aún estaba en lo alto, iluminando todo. Nunca se había fijado demasiado en eso, nunca le había prestado atención, pero ahora, ahora siempre se enfocaría en eso, en la luz.

El camino se le hizo corto, o quizás era esa ansiedad usual que le daba cuando iba a ver a Ruby, cuando iba a estar con ella, donde llevaba en un parpadeo, y, por el contrario, el viaje de vuelta se le hacía largo, eterno, y siempre se veía reticente, sin querer irse, sin querer alejarse.

¿En algún momento iba a dejar de sentir aquello?

No lo sabía, y esperaba que no.

Entró en el estacionamiento del edificio, el guardia revisando su patente y dándole el aviso a Ruby, y esta le dijo que no se preocupara, que bajaría a encontrarla, y creía que esa decisión era la mejor, que si llegaba a subir, que si llegaba a estar por un segundo en la casa de Ruby, probablemente terminarían haciendo algo que las haría perder tiempo y llegar tarde.

Así que apagó el motor y esperó.

Recordó los regalos en el asiento trasero, y se apresuró en guardar el más pequeño, dejándolo fuera de la vista. Ruby era bastante curiosa, así que ya imaginaba que iba a notar que había dos regalos en vez de uno y probablemente caería ante las manipulaciones de Ruby, esta poniendo ese rostro adorable y tendría que arruinar la sorpresa.

Probablemente iba a estar nerviosa toda la velada si se lo daba antes, así que esperaría.

Ya se conocía.

Escuchó un sonido de alarma de un auto a su lado, y sabía que era el Red Velvet, porque notó como las luces se prendieron. Giró el rostro, y vio a Ruby abriendo una de las puertas y sacando algo de adentro, y cuando esta se asomó de nuevo, se estaba poniendo una chaqueta de cuero, la que al parecer había dejado en el auto.

Los plateados la miraron, y se vio dando un salto, sabiendo que Ruby no podía verla desde afuera por sus vidrios tintados, así que el que sus miradas chocaran era pura coincidencia, o eso esperaba.

Estaba roja, y ni sabía por qué.

Ruby cerró su auto y se acercó al de ella, abriendo la puerta del copiloto. A penas se asomó, esta le daba una sonrisa, saludándola, antes de subirse a su auto, dejando un bolso negro a sus pies.

Era extraño el verla ahí, de esa forma, tan diferente a lo usual, y le dio gusto que así fuese.

Se vio posando la mirada en la ropa que esta tenía puesta, como la chaqueta de cuero negro, los pantalones rasgados y las botas militares, incluso notaba sus uñas pintadas de negro, combinando con el atuendo. Su mente rápidamente se fue a una de las tantas veces donde la vio así, una de las veces vividas en su memoria, donde habían hecho…

No tenía que decírselo, no era necesario.

Pensamientos puros.

Se vio dando un salto cuando Ruby soltó una risa, y saltó aún más cuando esta se estaba acercando, lo suficiente para sentir su aliento a menta, y rápidamente volvió al presente, apresurándose a darle un beso, siendo aquello algo que no podía evitar hacer, era algo que adoraba, y esperó mucho por besarla así que cada uno de los besos que se daban le recordaba lo lejos que habían llegado.

Tenía lo que tanto anheló.

Sintió que los labios ajenos se iban a separar, pero la sujetó de la nuca, obligándola a quedarse un poco más, de alargar aquel beso, al menos lo suficiente para sentirse satisfecha, y esta obedeció sin problema, volviendo a mover los labios, besándola de vuelta.

Hubiese estado ahí por horas, aunque no debiese, pero tampoco quería arruinar la tarde por su egoísmo, así que dejó ir a Ruby, soltándola, y esta finalmente alejó los labios de los propios, una evidente sonrisa en su rostro.

"Hola."

Esta le dijo, sonriéndole, y se vio sonriendo de vuelta, sabiendo que su rostro debía de estar completamente rojo.

"Hola."

"Luces muy bien hoy."

Notó como los plateados la miraron sin demora, enfocándose en sus piernas, estas mayormente visibles por el largo de su vestido. Ruby sabía que no solía usar ropa así fuera de sus citas a solas, así que era evidente la emoción en esta. Por su parte, aprovechó de mirar a Ruby, de nuevo.

"Puedo decir lo mismo de ti."

Ruby le dio una sonrisa en respuesta, una sonrisa cálida, abrasadora. Ruby sabía lo que esa ropa provocaba en ella, no tenía duda.

Al parecer, ambas le habían tendido una trampa a la otra.

No importaba, era justo.

Finalmente, escuchó a Ruby soltar un bufido pesado mientras se sentaba correctamente en el asiento del copiloto.

"Me estoy conteniendo para alejar mis manos de ti, y espero ser capaz de lograrlo."

No sabía quién estaría en la fiesta de Yang, ni le preocupaba demasiado, pero ahora que lo pensaba así, también le costaría no darle miradas a Ruby. Le era imposible. Solo quería sentir el calor de la piel ajena en la suya, y se volvía una necesidad cada vez que la veía, y en algún momento ya no podría fingir.

Era difícil.

Pero al menos, ahí, aún estaban a solas.

No, no iba a hacer una estupidez, no quería llegar tarde ni que se notase que habían hecho algo indebido, quería al menos pretender ser una mujer decente y respetable frente a su cuñada, así que no quería darle una mala primera impresión.

Segunda.

Solo podía hacer una cosa.

Encendió el motor, y miró a Ruby, esta poniéndose el cinturón de seguridad, y cuando esta estuvo correctamente amarrada, tomó una de las grandes manos y la dejó en una de sus piernas expuestas.

Ruby dio un salto, mirándola, incrédula, pero no le dijo nada, simplemente se enfocó en el camino y comenzó a manejar.

Si, se sintió nerviosa, por supuesto.

Tener la mano de Ruby en su pierna la hacía tener pensamientos sucios, pero al menos calmaba un poco la necesidad que subía por su cabeza, así que al mismo tiempo lograba tranquilizar el calor horrendo que sentía.

Los dedos sujetaban su carne, acariciaban su piel, y le causaba escalofríos, pero le sorprendía que esta se quedase ahí, obediente, sin hacer ningún movimiento fuera de la zona donde la dejó.

Ambas tenían que controlarse, y lo estaban consiguiendo, de alguna forma.

El camino hasta la casa de Yang fue silencioso, y se vio extrañamente melancólica al recordar cómo llegar, así mismo volvió la sensación que solía sentir en aquella época, alivio y una pizca de adrenalina. Huía donde Ruby, sabiendo lo que significaba el estar ahí, el poder ser descubierta haciendo algo que era indebido, algo que no sería aceptado por nadie, y no solo eso, si no por el miedo que aparecía tras su cabeza cada vez que disfrutaba las sensaciones.

Ya no se trataba de eso.

Si se estacionaba en la casa de Yang, no le causaría nada similar, porque ya no se sentía amarrada a esos pensamientos, a ese mundo, por el contrario, ahora era libre, y no sentía culpa alguna. Si, quizás si salía algún rumor y las cosas se iban de las manos, se sentiría mal si es que su familia la rechazaba, si es que preferían creerles a los medios antes que a ella, pero considerando lo que había ocurrido en el último tiempo, le tenía fe a su familia.

Ya no eran quienes solían ser, y solo podían ir para mejor.

Era feliz, y nada ni nadie le quitaría esa felicidad.

Se estacionó en el mismo lugar de siempre, a algunos pasos de la casa, y se vio mirándola a través de la ventana.

Se sentía como una eternidad desde que estuvo ahí.

Tenía la idea de que habían pasado alrededor de ocho meses desde la última vez, pero se sentía incluso más, y sabía que era por la forma en la que el mundo se tornó luego de aquella separación. Se hundió en sí misma, su mente atormentándola cada día, así que cada día era un martirio, cada día era eterno, por algo se sentía tan lejano.

Sintió la mano de Ruby, esta aun en su pierna, dándole un ligero apretón, y cuando giró el rostro para mirarla, los ojos plateados la miraban, brillando, suaves, tranquilos, así como su sonrisa, una que parecía animarla, que parecía apoyarla, leyendo su mente, notando las vueltas que se había dado su cabeza en esos pocos segundos.

Ruby la conocía demasiado bien.

Dio un salto al darse cuenta de que estaba sintiéndose melancólica, pero Ruby había dejado esa casa hace tanto tiempo como ella misma, así que la sensación debía ser incluso peor para esta, ya que era su casa, su unión con su única familia, con la única persona que tuvo durante toda su vida.

Pero ahí estaba, sonriéndole, apoyándola, cuando el dolor que debía sentir en ese momento debía de ser insoportable.

Ruby debía aprender a ser más vulnerable con ella.

Aceptaba que esta quisiese ser su heroína, pero no tenía que serlo todo el tiempo.

Respiró profundo, y tomó la mano que estaba sobre su pierna, agarrándola, dándole un ligero apretón, para luego tomarla entre las suyas y la acercó a sus labios, besándole los nudillos.

Pudo notar sorpresa en la expresión de Ruby, y algo de rojo en sus mejillas, y se vio sonriendo.

Si, realmente esta debía aprender a ser más vulnerable.

"Estamos juntas en esto, Ruby."

Los plateados brillaron, y esta terminó asintiendo, su rostro más calmo, así como su postura, que ahora notaba había cesado la tensión que parecía haber tenido durante esos momentos.

Soltó la mano ajena y llevó las manos hacía las mejillas de Ruby, estas aun un poco enrojecidas.

"No te hagas la fuerte conmigo, o no te daré tu regalo."

Y así la soltó, guardando sus pertenencias en su bolso de mano antes de salir del auto.

"¿Regalo?"

Fue lo único que dijo Ruby, o lo único que escuchó antes de bajarse. Avanzó hasta la puerta trasera y la abrió, sacando el regalo grande, para luego cerrar la puerta. Ahí escuchó a Ruby salir del auto.

"¿Weiss? ¿Me tienes un regalo?"

Ruby prácticamente la persiguió desde el otro lado del auto, sus ojos brillando, sorprendidos y claramente emocionados. Tal vez no fue sabio decirlo, porque ya la veía impaciente.

Ese cachorro.

Llevó el dedo índice a los labios, soltando una risa.

"Es un secreto."

No un secreto realmente, pero sí.

Ruby la miró, haciendo un puchero, pero la ignoró, o si no estaba iba a seguir llorando y le iba a intentar sacar información. Caminó hasta la entrada de la casa, por inercia mirando cada detalle, los recuerdos llegando a su cabeza, ahora solo los agradables. Sintió el cuerpo a su lado, Ruby parándose firme, haciendo el mismo gesto que ella, observando minuciosamente cada rincón de la fachada del lugar.

Se sentía extraño, sí.

Pero se sentía correcto, se sentía normal, se sentía bien.

Era como cerrar un ciclo, de alguna forma.

Le dio una mirada a Ruby, los plateados de esta conectando rápidamente con sus celestes, observándose, y ahí asintieron, casi al mismo tiempo.

Si, todo estaba bien.

Ya quería hacer más memorias así.


Capitulo siguiente: Envidia.


N/A: Editar esto, luego de los acontecimientos del volumen nueve, se siente tan uhmm, no sé, se siente. Y como dudo que hagan que Weiss apoye a Ruby, o que tengan un buen merecido momento como compañeras, solo me quedan los universos en mi cabeza para arreglar todo lo que salió mal.

Eso, ya no lloro más.

Nos leemos pronto.