Red Velvet
Capítulo 95: Pertenencia
…
Se sentía lista.
La semana había pasado tranquila, lo que ahora agradecía con euforia. Había pasado unas semanas descontroladas y apreciaba el silencio que embargaba su alrededor, la calma, la tranquilidad. Además, el haber estado en aquella reunión, en aquella fiesta, le hizo darse cuenta de que debía aprovechar lo que tenía a su lado, de las oportunidades que se le presentaban en la vida, y ahora se le presentaba la tranquilidad, e iba a disfrutarlo.
Ahora se sentía feliz, cada día más.
Podía hablar con su familia con un poco más de normalidad, sin ajetreo alguno, simplemente conociéndose un poco más, y apreciaba el tener a su familia de vuelta.
Aun así, quería más.
Debía seguir adelante, seguir esforzándose para tener el futuro perfecto que deseaba, y la idea volvió luego de hablar con Yang, luego de ver esa relación que tenía con Ruby, la envidia y la melancolía haciéndola recapacitar, y no podía quedarse de brazos cruzados, no volvería a ser esa persona, y sabía que para eso tendría que conversar con su padre, con su hermano, intentar analizar el mejor camino a tomar, pero sabía que si tomaba el asunto en sus manos, el caos llegaría, y quería disfrutar un poco más de lo que el mundo le estaba otorgando.
Respiró profundo, estacionándose en el lugar predispuesto, notando como una sonrisa se formó en su rostro con la realización de que hace unos días estuvo ahí, en ese mismo sitio, sintiéndose frustrada, pero manteniéndose en control, y le sorprendía el haber sido lo suficientemente fuerte para lidiar con sus impulsos.
Sus impulsos eran cada día más incontrolables, pero le alegraba el ser capaz de lograr lo que se proponía.
Se quedó un momento ahí, aferrada al volante.
Lograr lo que se proponía…
Había muchas cosas que quería hacer, que quería lograr, que quería sentir, y no siempre tenía la fuerza para lograrlo, la capacidad para mantener la iniciativa.
Giró el rostro, mirando el paquete en el asiento del copiloto.
Así que se lo había propuesto.
Iba a ser fuerte, iba a hacer lo que quisiese, y tenía que mentalizarse, porque o si no, Ruby le iba a quitar el momento. Y era extraño el sentir que estaba compitiendo de alguna forma, pero si, lo estaba haciendo. Estaba luchando contra Ruby, contra su capacidad innata para derrumbarla, para derretirla.
Tampoco se iba a victimizar, ya que fue capaz de lograrlo en unas ocasiones, pero ahora, de verdad se le había metido en la cabeza, y quizás el último encuentro que tuvieron la hizo sentir más entusiasmada.
Esa habitación la hacía sentir entusiasmada, y, sobre todo, curiosa.
Y quería descubrir todos sus misterios.
Y si no tomaba la iniciativa, todo seguiría así, siendo un secreto, y quería despojar a Ruby de todos sus secretos.
Eso sonaba aún más posesivo de lo que imaginaba.
Si, realmente era posesiva.
Agarró el paquete, dispuesta a salir del auto.
Avanzó por el subterráneo, sus tacones resonando como un eco, hasta que llegó al ascensor. Se tomó un momento para mirarse al espejo, revisando su cabello, revisando su postura. Quería verse segura, sentirse capaz de todo, así como Ruby la imaginaba, capaz. Y normalmente no se consideraba capaz, pero sabía que, gracias a la mujer, cada día se sorprendía a sí misma, mostrando una faceta que creyó completamente enterrada, una faceta que mantuvo oculta por miedo.
Pero ya se lo había dicho cientos de veces.
Ya no tenía miedo.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, notó la cabeza de Ruby saliendo por la puerta de su casa, mirando en su dirección, y se sintió observada por un depredador, y notarla así, la tomó por sorpresa. Pero no, nada de sorprenderse, ahí ella debía mantenerse firme.
Caminó a paso seguro hasta donde estaba la mujer, sin querer exponer la sorpresa que sintió por unos momentos.
Ruby la miraba, cierta preocupación en su rostro, este ladeado, confuso.
"¿Pasó algo? Te tardaste en subir."
Oh.
Cierto, se quedó un momento bastante largo ahí abajo.
Sintió sus mejillas arder.
Siempre terminaba exponiéndose de una u otra forma. Se obligó a respirar profundo, intentando calmarse. Nada de eso significaba que estaba todo perdido, debía tener más confianza en sí misma, en la confianza que Ruby le había dado.
Miró a Ruby a los ojos, fijamente.
Y avanzó.
Probablemente era su rostro, su expresión intensa, pero el paso que dio hacia adelante, Ruby lo dio hacia atrás, por inercia, reaccionando ante ella, y le agradó la sensación. Luego dio otro paso, y Ruby hizo lo mismo, retrocediendo, tomando distancia. No sabía que mueca estaba poniendo en ese instante, pero estaba segura de que era muy similar al enojo.
Pasó por la puerta y la cerró, sin dejar de mirar a Ruby.
"Tardé porque me quedé pensando en nuestra relación."
Y no dejó de avanzar.
Y Ruby no dejó de retroceder.
Notó sorpresa en su rostro, y confusión, mucha confusión, y a pesar de que intentase mantener su rostro inexpresivo, le era difícil porque esas reacciones en Ruby eran demasiado adorables y le daban ganas de comérsela a besos.
Pero fue fuerte.
"¿P-pasó algo? ¿H-hice algo malo?"
Y notaba el pánico.
Pobre Ruby.
Dios, era demasiado linda.
Se detuvo, solamente porque la espalda de Ruby chocó con una de las paredes, pero ni el golpe repentino cambió su mueca inquieta.
"Ábrelo."
Habló, escuchando su propia voz tan intensa como creyó que sonaría.
Recién en ese momento los plateados desviaron la mirada de ella, buscando alrededor, hasta toparse con el paquete sobre sus manos, el cual ahora las separaba a ambas, separaba ambos cuerpos.
Ruby la miró, confusa, pero asintió, haciéndole caso. Las manos grandes de Ruby se acercaron al paquete, moviendo sus dedos por la caja, buscando la forma de abrirla, hasta que al final lo consiguió, abriéndolo. Y notó sorpresa en los plateados, los cuales se movieron hacia ella, hacia sus celestes, y conectaron de nuevo, y no pudo mantenerse seria, una sonrisa escapándosele, y de inmediato la tensión en los hombros ajenos se calmó.
Ruby iba a agarrar el contenido, pero negó, las manos quedando congeladas en su posición. Por su parte, dejó la caja sobre las manos de Ruby, y fue ella quien las metió dentro, quien agarró el objeto.
El collar.
Lo había abierto, para asegurarse que todo estuviese correcto, pero no lo había sujetado ni apreciado en calma, y la sensación del cuero en sus dedos le trajo cierta nostalgia, era agradable, conocida. Le gustaba el cuero en Ruby, sobre todo siendo este de cuero teñido de rojo, que lo hacía incluso más apropiado para la mujer.
Lo abrió, sacando una de las puntas de la hebilla, y miró a Ruby, quien tenía una camiseta sin mangas puesta, que dejaba expuestas sus clavículas, lo que le daba un mejor acceso a su cuello. El cabello de Ruby estaba un poco más largo, así que lo movió del camino para ponerle el accesorio en el cuello, y era la segunda vez que hacía ese trabajo, solo que esta vez era suyo, y con eso, la hacía suya.
Lo apretó, dejándolo firme en el cuello ajeno, con espacio suficiente para no aplastar su tráquea.
Se quedó un momento admirando como se veía la mujer con el collar adornando su cuello, pero no se detuvo ahí, se removió, buscando su bolso, y rebuscó, y le sorprendió que Ruby mantuviese silencio, los plateados parecían digerir lo que sucedía, sin siquiera tener tiempo para cuestionárselo.
Encontró rápidamente lo que buscaba.
Y se lo mostró a Ruby, los ojos de esta atentos a ella y sus movimientos.
Era una placa en forma de hueso, y era bastante común encontrarlas en tiendas de mascotas. La gente solía ponerle su número y la identificación por si su mascota se perdía, y en su caso, hizo algo similar.
Propiedad de Weiss Schnee, decía la placa.
Y cuando Ruby lo leyó, notó algo de rojo en su rostro.
Al parecer había acertado.
Se acercó, poniendo la placa en el collar, esta meneándose, y le pareció tan agradable el ver su nombre marcando el cuello de Ruby, y sabía que ahora era su rostro el que ardía, el calor subiéndole rápidamente.
"Ahora oficialmente me perteneces."
Habló, sintiendo su voz rasposa, intensa, y notó como Ruby dejó la sorpresa, sonriéndole, su rostro rojo.
La mano de Ruby se fue a su propio cuello, sintiendo por sí misma la textura del cuero sobre su piel.
"No sabes lo feliz que esto me hace."
Quizás si sabía porque la hacía igual de feliz.
Los ojos plateados la observaron, intensos, y sabía que esta quería besarla, ella misma quería besarla, pero aún no acababa. Aún quedaba algo dentro del paquete, y lo tomó, para luego dejar caer la caja al suelo. Tomó la correa en sus manos, sintiendo lo frio de la cadena en sus manos, así como el cuero del mango, del mismo material que el collar.
Ruby debía de estar mirándola, pero sus propios ojos solo se enfocaban en el gancho de la cadena, luego el collar, y no dudó en ponerlo en su lugar, dejando ambos objetos conectados, y le gustó cuando escuchó la placa de metal chocar contra la cadena. Cada día encontraba realmente provocativas las cosas más extrañas, o quizás solo era Ruby quien la hacía así, que le hacía distorsionar el mundo, de la mejor forma posible.
Sujetó bien el mango de la correa, miró a Ruby, los plateados mirándola, observándose mutuamente, y tiró. Movió la mano, tirando de la correa, tirando del collar, tirando de Ruby, obligándola a acercarse a ella, obligando a que sus rostros estuviesen cerca, muy cerca, lo suficiente para que sus labios finalmente se unieran, y como disfrutó ese beso.
Las manos de Ruby se aferraron a su cadera, los dedos enterrándose en su ropa, en su piel, pero nunca podría molestarse esa sensación. Por su parte, mantuvo la correa firme en su mano, impidiendo que Ruby se alejase, y la otra la llevó al cuello ajeno, sintiendo la textura del cuero en su mano, así como la piel ajena, la cual ardía.
La lengua de Ruby entró con rapidez en su boca, hurgando, y sabía que la situación se estaba calentando, sobre todo cuando notaba las manos moviéndose, con la clara intención de quitarle su chaqueta, así como su bolso, cierta desesperación en sus movimientos.
Y no podía permitirlo.
Estiró su brazo, y jaló una vez más de la correa, desviando a Ruby del lugar en el que estaba, obligándola a dejar de besarla, e iba a ser honesta, no quería que dejara de besarla, pero quería dejar las cosas claras, porque, así como iban, Ruby iba a seguir adelante tomando la iniciativa y haciendo de las suyas, y en su mente ya tenía claro lo que quería, y si no lo hacía ahora, no lo iba a disfrutar tanto.
Ya luego dejaría que Ruby hiciese lo que quisiese, por ahora quería empezar ella.
"Quiero hacer las cosas a mi manera, Ruby, así que no me lo hagas difícil."
Le gustaba difícil, pero prefería que Ruby fuese obediente en estas situaciones, le parecía mucho más agradable, más satisfactorio. Los plateados la observaron, curiosos, confusos, pero no hizo mayor miramiento, simplemente asintiendo, y sonrió en respuesta.
Así le gustaba.
Dejó su bolso en uno de los asientos, y comenzó a caminar, Ruby siguiéndola, sin otra opción al tener el control de su cuello, de su movilidad. Le encantaba tener el control, no iba a mentirse a sí misma, y no sabía si le gustaba más eso o que Ruby la utilizara a su antojo, tal vez le gustaban por igual.
No dudó en entrar a la habitación, los colores del Red Velvet dándole esa sensación tan hogareña, y era gracioso que le diese esa sensación, pero era inevitable.
Al entrar se sacó la chaqueta, dejándola colgada en el perchero, y siguió avanzando. Se vio sonriendo al notar como Ruby entraba y cerraba la puerta, su rostro algo confundido, atento, pero lo suficientemente rojo para dejar en evidencia que la situación era bienvenida. Le encantaba verla así.
Pero quería verla aún más.
Ruby se quedó de pie en la mitad de la habitación, y se acercó para soltar la correa del collar, y luego se sentó en el sofá, cruzándose de piernas. Los plateados la cuestionaron, esta sin saber que decir, que hacer, y le daba risa, porque la última vez que estuvieron en una situación similar, Ruby se acalló, porque claro, los cachorros no hablaban, y si bien no era necesario, le daba cierto gusto.
En su dominancia, Ruby hablaba bastante, avergonzándola, pero en su sumisión, se quedaba callada, y le gustaban ambos polos opuestos.
Sonrió, sintiéndose malvada de disfrutar a Ruby así, pero le era imposible no hacerlo.
Sus manos, por inercia, comenzaron a jugar con la cadena, esta ya no estaba tan fría ante el calor de su propio cuerpo, y como ardía. Y los plateados se enfocaron en eso, esperando, impaciente, ansiosa, nerviosa, y quizás más emociones pasaban por su cuerpo.
"¿Me perteneces, Ruby?"
Preguntó, escuchando su propia voz con un tono grueso, rasposo, y con eso evidenciaba su propio calor, que iba en aumento.
Ruby la miró, y asintió, un tinte de determinación en sus ojos.
Que buena chica era.
Su sonrisa probablemente se amplió, porque notó cierta sorpresa y vergüenza en Ruby, esta notando sus intenciones, su rostro demostrando las ideas que pasaban por su mente.
"Entonces muéstrame lo que tienes bajo la ropa, lo que me pertenece."
A esa altura, ambas estaban igual de rojas.
Ruby la miró, con sorpresa, luego miró su propio cuerpo, y cuando los ojos volvieron a los suyos, esta asintió.
Ruby no tenía problema con desnudarse frente a ella, probablemente no tenía problema para desnudarse frente a nadie, pero sabía que la forma en la que la miraba era suficiente para ponerla nerviosa, y le gustaría que hubiese un espejo ahí para poder ver esa mueca que solo ponía cuando tenía a Ruby al frente.
Luego de que satisficiera sus necesidades, le iba a dar la recomendación.
Y así, se acomodó en el sofá, disfrutando de la vista.
La mujer frente a ella empezó con la camiseta, agarrándola por el borde y subiéndola, sacándosela rápidamente. Disfrutó de ver el sujetador rojo que tenía puesto, el cual acentuaba bastante su busto, y descaradamente la observó. Para su deleite, Ruby siguió con el pantalón de deporte, sacándoselo, agachándose en el proceso, y de nuevo observó con indecencia el cuerpo ajeno.
Cuando Ruby se levantó, solo tenía la ropa interior puesta, y movió las manos hacia su espalda, con la intención de desabrocharlo, su pecho hinchándose al hacer el movimiento.
Ay, esa Ruby la volvía loca.
Se vio apretando las piernas por inercia, sabiendo que el calor ahí abajo se empezaba a volver insostenible.
Pero debía resistir.
Ruby la había torturado la última vez, y ahora era su momento.
El último paso, fue sacarse la ropa interior, y no fue complicado, esta resbalándose sin problema por esas piernas tonificadas, y ahí quedó completamente desnuda, su rostro rojo, así como sus hombros, así como su pecho. Le gustaba verla así, le gustaba demasiado.
Y esa mujer era suya.
Solo suya.
Le hizo un gesto, para que se acercase, y sostuvo el gancho metálico en su mano, listo para colocarlo en el lugar al que pertenecía.
No le dio ninguna orden en específico, pero le gustó que Ruby se acercase, quedando arrodillada frente a ella, frente a sus piernas, y podía sentir la piel expuesta en su propia piel, así como las manos grandes y cálidas acomodadas sobre sus rodillas. Ruby sabía cómo complacerla, era innato en ella, sabía exactamente que decir y que hacer para enloquecerla, y si bien eso era algo que aprendió en su profesión, le daba gusto el verse beneficiada de aquel progreso.
Esta levantó el rostro, dándole total acceso al collar de cuero, y eso hizo, uniendo ambas piezas una vez más, el metal resonando.
Los ojos plateados la miraron, y notó cierto dejo de súplica en ellos, desesperación, el calor siendo demasiado, siendo sofocante, y sabía exactamente como se sentía, pero aún no iba a detenerse.
Tiró de la cadena, siendo el primer aviso, y Ruby se puso alerta, lista para cuando hiciese el siguiente movimiento, obligándola a levantarse, a acercarse, y era inevitable, quería disfrutar de esos besos una vez más, porque sabía que luego no tendría aquellas facilidades, y probablemente Ruby perdería un poco el control, así como ella, y disfrutaba de esa desesperación, de esa necesidad que tenían en esos momentos.
De esa frustración.
Los labios de Ruby llegaron a los suyos, besándola, y no pasó ni un segundo para que el beso se tornara intenso, y le gustaba así. Se sintió a si misma gemir cuando las lenguas se rozaban, cuando se besaban con tanta intensidad que sus dientes chocaban con el ímpetu, con la locura, con la necesidad.
Las manos de Ruby llegaron a sus hombros, y no sabía si su intención era sacarle el vestido o solo fue algo que fue ocurriendo, pero no la dejó.
Dejó de besarla.
Cuando se separaron, notó aún más desesperación en los ojos de Ruby, y le sorprendía no tener la misma mueca porque vaya que la deseaba en ese mismo segundo. Pero quería hacerlo a su manera, quería escoger la forma en la que Ruby la follaba, que siguiera sus órdenes.
Y no podía dejarse llevar.
Se hizo a un lado, parándose del sofá, dejando a Ruby ahí, en el suelo, sus manos apretando el sofá.
Pobre.
Antes de decir nada, se agachó, su rostro llegando frente al de Ruby, sus ojos topándose, y notó de inmediato como Ruby se acercó para besarla de nuevo, y no dudó, besándola también, su mano sujetándola del cabello, y si, ya había notado que estaba más largo, y la conoció así, así que no le molestaba, por el contrario, le daba una especie de melancolía, además, podía sujetarla más fácilmente así.
Pero al final le gustaban todas las facetas de Ruby.
Y todas eran suyas.
Se alejó finalmente, dejando a Ruby menos frustrada que hace unos momentos, y también a sí misma.
"Quiero que te sientes en el sofá, y te quedes ahí, quieta, hasta que te diga lo contrario."
Ruby la miró, miró el sofá, y luego a ella de nuevo, y asintió. Se levantó, sentándose en el sofá, justo en medio, donde ella misma se había sentado.
Dejó el mango de la correa en las manos de Ruby, quienes sujetaron el accesorio con fuerza, y ya quería que esas manos fuertes y frustradas agarrasen su piel.
Desvió la mirada de la mujer, para concentrarse en su objetivo, en el armario aquel el cual no había mirado aun dentro. Y no dudó, avanzando, abriendo una de las puertas. La imagen la abrumó un poco, como siempre que veía cosas desconocidas que no podía reconocer, pero se calmó rápidamente, ya no era tan extraño como antes.
Las cosas estaban bien organizadas ahí dentro, y si bien lo que buscaba era algo en particular, algo no ajeno, encontró un antifaz negro, y recordó cuando Ruby le preguntó si la quería ver o no, y se preguntó si a Ruby aquello le molestaría, y ni siquiera se lo iba a preguntar, ya que, si esta quería parar, ya sabía que decir. Por ahora, iba a hacer lo que quería.
Lo tomó y se acercó donde Ruby, esta mirándola con cierta sorpresa, pero no parecía disgustada ni nada similar, por el contrario, cuando comenzó a poner el accesorio en su rostro, en sus ojos, esta se dejó, sin mover ni un solo musculo.
"Esa es mi chica."
Y escuchó a Ruby jadear en respuesta.
Eso la dejaba débil, de todos lados, y en ese preciso instante, en sus rodillas.
Se mordió el labio, intentando contenerse.
Su mirada se fue hacia el armario, sabiendo exactamente que iba a sacar, y si bien se sentía impaciente, aun quería lavar el objeto, ya bien podría usar la saliva de Ruby. Negó con el rostro, su cuerpo teniendo escalofríos con la mera idea, sabiendo que la idea le gustaba más de lo que creía. Pero no, eso no sería muy eficiente, así que tomaría el camino largo. Pero antes de alejarse, se detuvo a si misma, pasando sus dedos por el cabello de Ruby, y esta dio un salto ante el tacto, pero de inmediato se relajó.
Adoraba tener a Ruby así, obediente, pero absolutamente frustrada.
"Voy a salir por un minuto, extrañame."
Cuando terminó de hablar, pasó las uñas por la nuca de Ruby, a lo que esta tembló, jadeando de nuevo.
Ser fuerte era difícil.
Dio un salto cuando sintió las manos de Ruby en sus piernas, una de estas aun con el mango de la cadena firme en su palma. Esta levantó el rostro, mirándola, pero sin poder verla, y con aquel antifaz negro, su rostro lucía aún más rojo ante el contraste de colores.
"Sabes que te voy a extrañar."
La voz de Ruby salió ronca, intensa, y no se pudo contener, agachándose lo suficiente para besarla una vez más.
"Buena chica."
Dijo, y Ruby jadeó en su boca, y atesoró cada segundo de eso.
Era difícil alejarse, pero iba a ser solo un momento.
Ya quería ver hasta qué punto llegaba la frustración de Ruby.
Quería hacerla enloquecer.
Y lo iba a lograr.
Capitulo siguiente: Frustración.
N/A: Si, se trata de un capitulo sucio que seguirá a uno aún más sucio, de hecho, creo que será uno más fuerte de lo usual, así que les doy el aviso, esto puede acabar muy bien o muy mal. Ya saben, ¿Siempre hay que aspirar a más…?
Como sea, espero les haya gustado este y el que se viene, espérenlo con ansias.
Nos leemos pronto.
