Red Velvet
Capítulo 96: Frustración
…
Nunca había hecho eso.
Siempre era Ruby quien se encargaba de esas cosas.
El ver sus propios dedos pasando por el miembro de silicona, con la humedad, la hizo tener pensamientos aun más desbocados de los que ya tenía. El solo pensar que una de esas piezas iba dentro de ella, así como la otra iba dentro de Ruby, la hacía entrar en calor, y eso que aún no hacían nada, más que mera frustración.
Y si, quería hacerlo más.
Quería llegar al límite.
Terminó su labor, teniendo ya el juguete limpio por ambos lados, y luego volvió a la habitación. No sabía si era idea suya, pero ahí dentro hacía mucho más calor que afuera, probablemente era porque era más pequeño que la habitación principal, pero quería asumir que era por el calor que ambas tenían ahí dentro, calor que aumentó cuando vio a Ruby en el sillón de cuero, sentada, desnuda, claramente impaciente.
Esta dio un salto cuando abrió la puerta, el sonido tomándola por sorpresa, negándose la vista aun, y le sorprendía que esta aguantase tanto tiempo así, sin su vista, esperándola, debió sentirse como una eternidad.
Se vio mirando el juguete en sus manos, sabiendo lo que tenía que hacer, sintiéndose impaciente, tan impaciente como la misma Ruby.
Pero dudó.
No, tenía que pensar bien.
Conociendo a Ruby, cualquier acercamiento podría gatillarla, ya la vio agarrándola de las piernas, ya la vio apretando el sillón, y ahora la veía sujetando la cadena con tanta fuerza que sus nudillos se estaban poniendo blancos, y verla así la encendió, siempre le encendía esa fuerza, pero ahora no era lo mejor.
Quería frustrarla, quería hacerla sufrir, tal y como pensó más de alguna vez, y no podía dejar que esta se pudiese salir con la suya.
Por inercia miró de nuevo dentro del armario, buscando algo que le fuese de ayuda, y en lo primero que pensó fue en las esposas que Ruby le había puesto un par de veces, pero no las halló, pero si vio unas policiales. Le llamó la atención, ya que no sabía bien cómo funcionaban, pero era buena aprendiendo.
Dejó el juguete sobre la mesa antes de decirle a Ruby que se parase.
Y esta, obedientemente, lo hizo.
Esta estaba apretando los puños, lo notó, y solo relajó las manos cuando fueron las propias las que las sujetaron. Agarró una de sus manos, y la llevó a su espalda, miró el objeto, lo analizó un poco, y supo cómo funcionaba, y eso que no había visto suficientes películas policiales. En dos movimientos tuvo la mano de Ruby agarrada, y esta escuchó el sonido, luego el frio en su muñeca y supo exactamente lo que estaba pasando, su cuerpo dando un salto, pero no le dijo nada, incluso permitió que le agarrase la otra mano y la esposase también, ahora la correa cayendo, colgando de su cuello sin dueño.
Se alejó un poco mirando a Ruby ahí, con las manos tras la espalda, y podía notar los músculos de la zona siendo más visibles en esa posición, y sin poder controlarse, llevó una mano a la zona, sus uñas pasando sin el menor miramiento, provocándole escalofríos a la mujer, y también a sí misma, vaya sensación más curiosa. Aunque tuviese las uñas más cortas que antes, siempre disfrutaba de eso, siempre lo disfrutaría.
Ruby soltó un jadeo similar a un gruñido, y se vio sonriendo.
Si, cada vez más frustrada.
Así la quería.
Tomó el juguete de la mesa, y lo observó, sabiendo lo que tenía que hacer, así que ahora fue su turno de agacharse, de arrodillarse frente a Ruby, y por supuesto que en esa posición se veía mucho más grande de lo que era, y se mordió el labio.
Si que se había convertido en una mujer indecente.
Le ordenó a Ruby que levantase un pie, luego el otro, y pasó un momento para que Ruby se diese cuenta de lo que estaba haciendo.
"E-espera."
Notó pánico en Ruby, y la observó, esperando, dejando el objeto a la altura de las rodillas de la mujer.
"¿Quieres que pare?"
Preguntó, su voz probablemente no sonando tan conciliadora como quería sonar. Estaría realmente enojada si es que le decía que parara, y si, eso sí que era toxico de su parte, pero ya había jugado lo suficiente y llegado tan lejos que no podía permitirlo. Por supuesto, si Ruby usaba la palabra, iba a detenerse, ese era el objetivo de la palabra, y no iba a hacer una estupidez.
Pero Ruby no decía la palabra.
Ruby bajó el rostro, mirándola, sabiendo donde estaba, pero por supuesto que no la veía. Notó como dudó en hablar, apretando los labios. Iba a decirle algo, para apurarla, pero no tuvo que decir mayor cosa, esa reaccionando con el mero sonido de su garganta, y sí que había mejorado su audición el tener los ojos vendados.
"No creo que esté lo suficientemente húmeda."
Oh, eso sería un problema.
Usó sus manos para hacer que Ruby abriese más sus piernas, y le sorprendió lo que vio.
Pues, no.
Eso no iba a ser un problema, porque Ruby no estaba para nada no húmeda.
Si, quizás su labor era el decirle que no era así, el ayudarla a corroborar aquello que no veía y que no sentía con tal detalle para tener una idea certera, pero no dijo nada, simplemente se quedó mirando como una indecente.
Si, Ruby le pertenecía, y con eso, todas las partes de su cuerpo.
En ese momento, se vio soltando una risa, una risa que se le escapó de la boca y que no premeditó en lo absoluto. Fue una risa grave, incluso lúgubre, y muy fuera de sí misma. Nunca había escuchado algo similar salir de su boca, y sin duda siempre que sentía eso era por la culpa de Ruby.
Culpa a medias, considerando que esta vez fue ella quien manufacturó toda la situación.
Y en ese momento, no era ella misma, y como le gustaba sentirse así.
Abandonó por completo su plan, tirándolo a la basura, bueno, no, pero posponiéndolo, ya sin poder contenerse, al fin y al cabo, estaba en la posición precisa, en el lugar preciso, y ya no podía evitar acercarse. Puso las manos en las piernas de Ruby, enterrando las uñas en la piel, y sabía que Ruby había dicho algo, pero no la escuchó, su mente ya fija en otra cosa.
Nunca creyó que se vería en esa posición.
Y ahora se preguntaba a si misma el porqué de eso.
Ese sabor también le pertenecía.
Escuchó a Ruby removerse, a jadear, la sintió, la escuchó, pero sus sentidos estaban en otro mundo. Enterró el rostro en la piel ajena, sintiendo lo húmedo en su boca, en su nariz, y pasó la lengua por el musculo sensible, y le agradaba el sabor ajeno mezclándose con su saliva. Notó como este tembló, tanto como Ruby, y se tuvo que alejar por el movimiento brusco que esta hizo.
Obviamente estaba enfadada, como no estarlo, Ruby debía permanecer quieta para poder hacer su trabajo y si esta no lo hacía, debía reprocharle, pero cuando vio a Ruby ahí, jadeando, de pie, sin poder siquiera mantener el equilibrio, su enojo mermó.
Pero no desapareció.
Sujetó a Ruby de los muslos, y la movió, la guio, y si, quizás no fue lo suficientemente cuidadosa, pero no podía pensar en ese instante, solo la ayudó a llegar al sofá, y de ahí la hizo caer en este. Vaya mujer más toxica que era, pero en su defensa, había perdido por completo el control, y Ruby sobre todo debía entender su rudeza.
Obligó a Ruby a abrir más las piernas, y encajó su cuerpo al menos de estas, y siguió con lo que estaba haciendo, ya sin ninguna distracción.
Ahora tenía más espacio, así que quizás valió la pena la distracción.
Era la primera vez que hacía algo así, algo semejante, así que se tomó el tiempo de explorar, aunque en su impaciencia, dudaba que ese tiempo hubiese sido muy extenso. Simplemente atacó, sin control, sin pensar.
Ruby se removió, soltando un gemido que terminó en un jadeo, y supo donde tenía que dar más atención. El musculo estaba impaciente, y honestamente, también lo estaba. Lo sintió hincharse en su boca, y succionó, fuerte, obligando a que la mujer soltase un grito, y como lo disfrutó.
Toda la zona ardía, toda la zona estaba húmeda, y ahora podía decir lo mismo de su rostro.
Se enfocó, chupó, mordió, los sonidos saliendo de Ruby incitándola a aumentar el ritmo, y si bien sus manos estaban firmes en las piernas ajenas, no pudo resistirse, y terminó moviendo una de estas, y no dudó en meter dos dedos dentro de Ruby, quien volvió a soltar un grito, por la sorpresa y por el placer, y como le gustaba escucharla, era adicta a esos sonidos.
¿Por qué no había hecho eso antes?
Llevó la mirada hacia arriba, para mirar a Ruby, pero se sintió fastidiada cuando noto como esta miraba hacia arriba, así que no la veía como quería verla. Dejó de sujetarla del muslo, y fue a agarrar la cadena, la cual estaba sobre el sillón. No se demoró en darle un tirón, sin dejar de hacer su trabajo, y ahí recién Ruby bajó la mirada, y de nuevo, le gustó lo que vio.
Su rostro estaba rojo, muy rojo, sudor bajando por su mandíbula, su boca salivando, y sabía que, si pudiese verle los ojos, estos estarían nublados, oscuros, dilatados.
Amaba a esa mujer, mucho.
Y quería hacerla venir.
Hacerla venir con su boca.
La mantuvo firme en esa posición, mientras seguía moviendo sus dedos, moviendo su lengua, lamiendo, mordiendo incluso, hasta que los gemidos se volvieron más agudos, más intensos, más apresurados, y succionó, enterrando los dedos hasta el fondo, hasta lo más profundo que pudiese llegar.
Y ahí, vio a Ruby venirse, sus piernas temblando, su cuerpo temblado, el sonido más jadeante que había oído saliendo de su boca, y cerró los ojos disfrutando el eco de su voz rebotando por la habitación.
Se alejó, mirando a Ruby, esta recuperando el aliento, poco a poco, y por su parte, se limpió la boca, y nunca hubiese pensado que tenía malos modales para comer.
Recién ahí, su mirada bajó, mirando el juguete descartado, y no podía creer que su mente lo había olvidado tan deprisa, pero bueno, siempre había una primera vez.
Tomó el juguete, para terminar la tarea, y al menos, ahora, era imposible que Ruby no estuviese lo suficientemente mojada o abierta para la tarea. Se quedó enfocando la mirada en uno de los miembros, mientras lo empujaba, adentrándolo, y noto como Ruby dio un salto, pero no dijo más nada, ni la detuvo.
No era la primera vez que lo veía entrar en Ruby, pero si era la primera vez que era ella quien lo introducía, Ruby era la que hacía ese trabajo. Y no sabía porque, pero no había pensado en usar ella aquel objeto. Obviamente ahora no encajaría en su plan, pero quizás algún día lo haría, ya que la idea sonaba bien. El ser ella tan pequeña y el ver a Ruby, tan grande en comparación, y follarla usando todo su cuerpo, toda su fuerza, no sonaba mal, y esperaba que Ruby no estuviese en desacuerdo con eso.
No, Ruby no lo estaría, la convencería si era necesario.
Y de nuevo, era algo que nunca había considerado, y quizás era un buen momento para considerar esas cosas, ya que, con el calor del momento, se quitaba cualquier inhibición, y solo pensaba en el resultado final.
En la satisfacción.
Se levantó del suelo, y escuchó a Ruby soltar un jadeo, y la observó, esta sentada en el sofá, sus manos tras su espalda, completamente invisibles desde ese lugar, y sus piernas estaba abiertas, el dildo por completo dentro de esta y el otro estaba erguido, listo para ella.
Ahora era su turno, y finalmente podía sacarse la ropa, porque estaba hirviendo, estaba sudando, impaciente, y todo por ese momento.
Y empezó por la cremallera de su vestido.
Ruby estaba agitada, pero su oído captó el sonido, poniéndose alerta, tensa, su cuerpo tomando la forma de un depredador, pero al mismo tiempo, notó algo de desesperación.
Se estaba desnudando y Ruby no podía verla.
Vaya tortura.
"Weiss."
La voz de Ruby sonó ronca, severa, incluso amenazante.
Si, sonó así sin duda, como un gruñido.
Estaba funcionando.
"¿Sí?"
Preguntó fingiendo inocencia, mientras su vestido caía a sus pies, la tela resonando, y debió sonar más fuerte para los oídos de Ruby.
Esta apretó los dientes, soltando algo parecido a un sollozo, a un gruñido agobiado.
Ruby siempre la desnudaba, o al menos, siempre la veía haciéndolo, nunca había estado en esa postura, sabiendo que se estaba desnudando, pero era incapaz de ver nada, y no solo eso, sino que tampoco podía quitarse el antifaz, aunque así lo quisiera, las manos aún amarradas tras su espalda baja.
"Me estás torturando."
Se vio sonriendo.
Si, eso estaba haciendo.
Se soltó el sujetador, el broche tras su espalda resonando, Ruby poniéndose tensa de nuevo. Se lo sacó, pasando los arciales por sus brazos, y finalmente tomó la prenda, y la dejó en el hombro de Ruby, esta saltando, por inercia moviendo el rostro hasta la zona. Sabía que la tela aun debía de estar caliente, y Ruby debía sentirlo.
Luego puso las manos en su ropa interior, y la bajó, y notó lo húmeda que estaba, no, húmeda no, empapada, y luego de lo que había hecho, luego de todas las ideas pasando por su cabeza, le extrañaría que no fuese así.
Tomó la prenda, y a acercó a Ruby, esta moviéndose de inmediato, sintiendo el aroma. Tomó la cadena, y tiró de esta, obligándola a posar el rostro en la prenda. Notó como Ruby jadeó, su nariz inspirando con fuerza, y pudo jurar que esta alcanzo a lamer la humedad.
Buena cachorra.
"Si, te estoy torturando, pero también ha sido una tortura para mí, mira como me tienes."
Ruby volvió a jadear, y retiró la prenda de su rostro, así como el sujetador de su cuerpo, esta soltando un gimoteo triste.
Pobre Ruby.
Pero ya no había más espera.
Sujetó firmemente la cadena en su mano dominante, dándole un par de vueltas al metal, y así tuvo bien firme el cuello de Ruby.
La tortura aun no acababa.
Se acercó, sentándose sobre Ruby, pegando su cuerpo desnudo al ajeno, y esta se removió, queriendo más cercanía, queriendo tocarla, queriendo lamerla, pero no lo iba a permitir. Con las manos amarradas y con el completo control del collar, no iba a poder acercarse demasiado, y eso solo la iba a frustrar más.
Llevó su mano libre hasta su propia intimidad, rozándola, sintiendo lo mojado en sus dedos, y luego pasó esa misma humedad en el dildo, por todo el largo, usando más presión de la necesaria para que Ruby lo sintiese.
"Me tienes tan mojada, Ruby."
Y esta apretó los dientes en respuesta, soltando un gruñido frustrado.
Y en ese segundo, se le ocurrió otra maldad más.
Quizás era demasiado, pero no perdía nada con hacerlo.
"Recién estoy comenzando con la tortura."
Y llevó la mano de nuevo a su centro, hacia su musculo hinchado, y comenzó a tocarse. No contuvo ni sus gemidos, ni nada, porque quería que Ruby la escuchase, que Ruby supiese lo que estaba haciendo, y que sintiese la frustración de no poder verla, de no poder disfrutar lo que tenía en frente, de tocarla, de sentirla.
"No puedes hacerme esto."
La voz de Ruby sonó grave, sonó enojada, y nunca la había escuchado así.
Pero no fue suficiente para convencerla de detenerse, de liberar a Ruby, no, solo se le quedó mirando, sin detenerse, sin dejar de mover sus dedos por su clítoris, en movimientos parsimoniosos, y conforme los gruñidos de Ruby aumentaron, también los movimientos de sus dedos. Se acomodó, sus dedos moviéndose rápidamente, para que incluso sin ver, Ruby pudiese sentir lo rápido que se estaba moviendo, lo rápido que se estaba masturbando, la intención que tenía de venirse lo más rápido posible.
"Me vas a hacer perder el control…"
Ruby habló de nuevo, amenazante, el cuerpo bajo ella temblando con cada uno de los gemidos que soltaba, y honestamente, no sentía tanto placer por sus propias administraciones, si no que sentía más placer por ver a Ruby así de desesperada por verla, por tocarla, por sentirla, y la mera idea hacía sentir su orgasmo llegar.
Y así fue.
Sin siquiera darse cuenta, llegó al orgasmo, su cuerpo temblando sobre el de Ruby, haciéndola soltar un gemido extasiado, mientras escuchó a Ruby soltar otro gruñido, un jadeo, un gimoteo, todo junto.
Se quedó recuperando el aire, mirando a Ruby, quien jadeaba más que ella misma, y se sintió de nuevo malvada, cuando llevó sus dedos mojados a la boca de Ruby. Esta de inmediato oliéndola, de inmediato sintiendo el calor de sus dedos, y abrió la boca, sin dudarlo, disfrutando las pocas sobras que le estaba dando. Lamió sus dedos, incluso los mordió, pero no le importó, de hecho, usaría las marcas de dientes en sus dedos con honor.
"Eso es lo que quiero, que pierdas el control."
Lo deseaba.
Desde que se dio cuenta lo mucho que Ruby mantenía el control, lo mucho que cuidaba cada momento intimo entre ellas, se volvió algo así como su misión personal el verla perderse, el dejar de pensar, el volver a su estado más primitivo.
Ruby se detuvo, mirándola, o apuntando donde asumía que estaban sus ojos, sin errar. Esta iba a decir algo, y le sacó los dedos de la boca, y esta abrió la boca, y notó lo tenso de su cuerpo, de su misma boca. Esta parecía no poder creérselo.
Si, era arriesgado.
Si, era como jugar con fuego.
Lo sabía.
Sujetó a Ruby de la mandíbula, su mano húmeda con su lubricación, con su orgasmo y con la saliva de su cachorrita. Antes de decir nada, movió la pelvis, acercándose al dildo erecto, y lo sintió moviéndose, resbalando, y Ruby lo notó, tornándose aún más tensa.
Soltó un jadeo cuando la cabeza llegó a su entrada.
"Ojalá pudieses verme mientras te uso para satisfacerme."
Notó la sorpresa en el rostro ajeno, así como el evidente enojo, la evidente frustración, y si, era arriesgado, pero eso quería. Le gustaba la dificultad, ya lo había dicho, y sabía que tener a Ruby así, desbocada, en su máxima expresión, le iba a costar, iba a ser el resultado de un arduo trabajo, y había hecho todo ese alboroto para lograrlo.
Bajó su cadera, permitiendo que el dildo entrase por completo dentro de ella, y soltó un gemido cuando sintió la cabeza golpear una de sus paredes.
Mantuvo firme a Ruby, evitando que hiciese un movimiento para morderla, porque se veía capaz de morderla, y no, no podía darle lo que quería. No aún. Y así, en esa posición, comenzó a moverse, sabiendo que el movimiento de su pelvis era evidente para Ruby, así como le causaba placer también a ella.
Bajó, subió, se movió para adelante y para atrás, dejándose llevar por las sensaciones, dejándose llevar al usar a Ruby como el objeto de su placer.
Se sentía bien, y controlar sus movimientos, controlar su placer, la hacía sentir bien, muy bien.
Pero era aún mejor al ver a Ruby así.
Notaba su rostro rojo, su pecho rojo, en realidad, todo su cuerpo tenía una tonalidad más rojiza. La veía temblar, sus músculos tensándose, sus venas hinchándose, el sudor cayendo por su piel.
Y lo sabía, esta no iba a durar mucho.
Cuando escuchó un gruñido, lo corroboró.
Y luego escuchó un clac.
Dio un salto, notando como Ruby se removía, las manos grandes saliendo de su escondite, las esposas atadas aun a sus manos, pero la cadena completamente rota, lo cual era sin duda algo peligroso.
Si, se había pasado.
Las manos ajenas llegaron a su cadera como garras, enterrándose en su piel, tal y como deseó. Soltó un grito cuando las manos hicieron presión, sujetándola, bajándola, y la pelvis ajena se movió, embistiéndola. Nunca se había sentido así de intenso, y si, sabía que, en esa situación, debería de estar lista para decir la palabra, que era la única forma en la que Ruby se detendría, pero no quería, no aun, quería ver hasta qué punto llegaba, quería ver hasta qué punto ella misma resistiría.
Ruby sacó una mano de su cadera solamente para sacarse el antifaz y librarse de la oscuridad, la vio tirándolo lejos. Los ojos de Ruby se veían oscuros, como siempre que llegaba a ese punto, pero quizás lo estaba aún más de lo usual. Esta llevó esa misma mano hacia su collar, soltando la correa de este, liberándose de su agarre fijo.
Oh.
"Tu querías esto."
Ruby le dijo, gruñendo, su voz apenas reconocible.
No alcanzó a decir nada, porque Ruby se levantó, levantándola a ella en el proceso, y fue un movimiento rápido que le quitó el aire, pestañeó y un segundo después se vio en el suelo, en la alfombra. Se imaginó algo así, pero no lo imaginó tan así. Realmente ese era el lobo detrás del cachorro.
Ruby la sujetó de las piernas, con fuerza, con intensidad, los dedos enterrándose en su carne, y esta comenzó a embestirla, rápidamente, fuertemente.
Sus gemidos se tornaron gritos, y no por dolor, si no por la sorpresa de cada empujón dentro de ella, el largo chocando en su interior, chocando en lo más profundo de su cuerpo. No alcanzó a acostumbrarse a esas embestidas, y Ruby se removió, soltando un gruñido, uno de tantos, pero más fuerte, más rasposo. Esta la movió como quiso, y acomodó el cuerpo sobre una de sus piernas, mientras que la otra se la levantó, dejándola apoyada en el hombro. Agradecía ser flexible.
Nunca había estado en esa posición, y sintió como Ruby comenzó a embestirla de nuevo, con la misma intensidad e ímpetu que antes, pero ahora de esa forma, y se sentía bien, maldición, se sentía muy bien.
Era duro, era brusco, intenso, y el dildo en esa posición tocaba un lugar diferente, y se sentía diferente, ajeno, pero más agradable de lo que creía.
Sus gemidos aumentaron, su garganta llegando a doler por los gritos que soltaba cuando las embestidas eran más intensas, la pelvis ajena golpeando su cuerpo con brutalidad, pero Ruby tenía razón, ella había pedido por eso.
Y no podía quejarse.
Oh no, se sentía demasiado bien para quejarse.
Ruby se apegó aún más a su cuerpo, sujetándola de la pierna y además del brazo, manteniéndola firme, sin posibilidad de huir, de cambiar de posición, y no huiría, aunque pudiese.
Las embestidas se hicieron más cortas, pero igual de fuertes, de intensas, y empezó a sentirse cerca de llegar, y era abrumador, porque se sentía bien, y no quería detenerse, quería estar más tiempo así, que no acabase aún.
Ruby soltó su pierna, soltó su brazo, y la agarró de la cadera, los dedos enterrándose en su carne, y esta gruñó, impaciente, y su mente estaba algo nublada por el orgasmo cerca de llegar que no captó de inmediato que es lo que Ruby quería, pero no tuvo que hacer mayor cosa, esta moviéndola de nuevo a su antojo, teniendo la fuerza suficiente para lograrlo.
Se sintió vacía, el dildo saliendo de su interior mientras era acomodada, y sintió como su vagina se apretaba, deseando tener a Ruby dentro de nuevo, impaciente.
Cuando recuperó algo de cordura, se vio mirando el suelo, su mejilla sintiendo la alfombra, la mano de Ruby apretando su espalda, forzándola a tener su torso firme en esa posición, mientras que la otra mano de Ruby estaba en su pelvis, levantando su trasero.
Se dio cuenta de en qué posición estaba, pero antes de digerirlo, sintió a Ruby ingresando de nuevo dentro de ella, el largo chocando con sus paredes de nuevo. No era una posición ajena, pero si se sentía diferente, sobre todo por la fuerza que Ruby usaba para embestirla, su trasero resonando.
Las manos estaban en su cintura, los dedos enterrándose en su piel, las uñas raspándola, y en ciertos momentos la soltaba, solamente para plasmar sus palmas en su trasero, el sonido escuchándose como un eco por la habitación, así también se escuchaban los gruñidos tras ella, como un eco, y no la veía, pero ya sabía cuál era la expresión completamente descontrolada en su rostro.
Como se veían sus ojos, como se veía su rostro, y eso era suficiente.
Una y otra vez, Ruby la embistió, sin parar, y sus piernas empezaron a cansarse, a adormecerse, ante lo fuerte de sus movimientos.
Y Ruby de nuevo cambió de posición, o más bien, la empujó hacia abajo, y su cuerpo terminó con por completo en la alfombra, mientras las piernas de Ruby quedaron a los costados de su cadera, y ahí esta volvió a embestirla, las manos de esta a los costados de su cuerpo.
No lo sentía tan adentro, pero seguía sintiéndose fuerte, seguía sintiéndose rápido.
Era demasiado.
Sus manos se aferraron a la alfombra, sus uñas enterrándose en el material.
Poco a poco, sintió el cuerpo de Ruby tirándose aún más sobre el suyo, y la presión la hizo sentirse extraña, cálida, abrumada, pero de la mejor manera posible.
Soltó un grito cuando los dientes de Ruby se enterraron en su espalda.
Dolía más de lo usual en aquella zona, pero quería sentir los dientes de esta en su piel, tanto así, que no le importaba que doliese, pero se calmó cuando la lengua pasó por la zona, la lengua mojada y caliente, tan caliente. No pasó mucho para que los dientes volviesen a posarse en su piel, esta vez más arriba, más cerca de su cuello, en su nuca, y tembló, por el dolor, y por las embestidas rápidas y cortas que Ruby le estaba dando en ese instante.
Y se sintió cerca de venir, su orgasmo volviendo.
Pero Ruby se detuvo, escuchando lo agitado de sus gemidos.
Era difícil admitir que se estaba frustrando, sobre todo por lo que le había hecho a Ruby, y se lo merecía.
Ruby la sostuvo de las piernas, y con un movimiento rápido, la hizo girar, quedando ahora de espaldas en la alfombra, y esta abrió sus piernas, sin el mayor miramiento. Los ojos grises observándola como los de un animal salvaje, impacientes, descontrolados, y se vio ardiendo ante esa mirada. Se acababa de dar cuenta que cuando veía ese lado más salvaje de Ruby, normalmente la tenía en la espalda, y era la primera vez que la veía así, en todo su esplendor, la primera vez teniendo la cortina cerrada y sus ojos incapaces de ver la expresión ajena.
Si, no era la misma Ruby de siempre.
Era una versión diferente.
Y era suya, solo suya.
El dildo entró una vez más en su vagina, empujándola por dentro, y las manos de Ruby apretaron sus muslos, obligándola a dejar sus piernas en la cadera ajena, y por supuesto que iba a hacer caso, rodeándola. Ruby bajó su torso, y lo sabía, sabía lo que significaba el tener a Ruby así de frente, lo que esta iba a hacerle.
Pero no peleó, se lo merecía.
Simplemente movió su rostro, dejando su cuello expuesto, y no pasó ni un segundo para que sintiese los dientes enterrándose en su cuello, fuerte, y el dolor no se sintió tan intenso al sentir la cadera de Ruby meneándose de un lado a otro, penetrándola de una manera que la enloquecía.
Los gruñidos no se detuvieron, esa frustración, esa impaciencia, aun intensa en Ruby, y lo sintió cuando las manos grandes se aferraron a sus pechos, apretándolos, moldeándolos con brusquedad, pero podía soportarlo.
Escuchó un gruñido más profundo que los otros, y la boca de Ruby volvió moverse por su pecho, mordiendo, lamiendo, raspando con sus dientes, la sentía por todos lados, y sabía que iba a acabar con muchas marcas en su cuerpo, y no le molestaba, por el contrario, estaba impaciente de verse a sí misma así, marcada, porque también le pertenecía a Ruby.
Se aferró a la cadera de la mujer, sintiéndose hervir, su orgasmo apareciendo de nuevo, cada vez más fuerte, su cuerpo ansioso por liberarse, y temió que Ruby se diese cuenta y volviese a parar. No tenía derecho de quejarse, pero su egoísmo era fuerte.
Pero Ruby se detuvo.
La notó levantándose, su torso erguido, mientras la miraba desde esa posición, se veía grande, se veía fuerte, se veía salvaje, sobre todo con su cabello desordenado, sus ojos nublados y su rostro manchado con saliva y sudor.
Y notó malicia, total malicia.
Ruby salió de dentro de ella, el sonido del dildo abandonándola resonando, y se vio soltando un quejido de frustración, y era irónico el ser ella quien estaba frustrada ahora. Los grises la miraron, salvajes, así como su sonrisa, y notó como esta llevó una de sus grandes manos al dildo, aferrándose al largo, y así, comenzó a mover la mano de arriba abajo, con fuerza, haciendo que el que tenía dentro se moviese.
Lo hacía como un castigo, quitándole su orgasmo y solamente dándose ese beneficio a sí misma.
Siento esta la verdadera egoísta de la historia.
Lo que Ruby no sabía, es que eso la estaba encendiendo demasiado.
Ruby masturbó el dildo, rápidamente, con fuerza, sin parar, sus gruñidos y jadeos escapándosele, hasta que un sonido más fuerte se escuchó en la habitación, su cuerpo temblando, jadeando como un animal, llegando al orgasmo por sí misma.
Y verla así, la hizo venir también.
Sus piernas temblaron, así como su cuerpo.
Nunca le había pasado algo así, y se vio sorprendida.
Si que había quedado sensible.
Ruby la observó, notando lo que había ocurrido, y su sonrisa creció, salvaje.
"Eres una chica muy mala, Weiss."
Si, lo era.
Y Ruby la agarró de la mandíbula, sus labios encontrándose, compartiendo el beso más duro y salvaje que había experimentado en su vida.
No se arrepentía de nada.
Capitulo siguiente: Rutina.
N/A: Yo creo que no hay mucho más que decir sobre esto… Me pasé un poco, si, lo sé, ¿Cómo voy a hacer que estas niñas tengan delicioso vainilla después de esto? Cada vez se va a ir poniendo más pegriloso(? Tienen que tener cuidado, aunque ya perdieron la cordura, simplemente tendremos que rezar para que no se maten.
Nos leemos pronto.
