Red Velvet
Capítulo 97: Rutina
…
Su mañana había empezado diferente de lo usual, o más bien, su semana.
Con una reunión.
Y si, tener reuniones en la semana era algo usual, sobre todo los tres primeros días de la semana, era una especie de rutina, pero normalmente eran reuniones de su misma empresa, con sus mismos empleados, incluso con las cabezas de los asentamientos mineros que viajaban una vez al mes para hablar con ella.
Lo más lejano a la rutina era tener reuniones con socios.
Y a eso se refería con que su semana había empezado de manera diferente.
Sabía lo que iba a hacer, sabía con quienes se iba a reunir, pero no fue hasta ese minuto que se dio cuenta de a quien en particular iba a ver.
La compañía automotora con la que había hecho un trato hace dos meses, trato que hizo Coco por ellos, se había aparecido en una de las salas de reuniones. Era normal que tuviesen algún tipo de comunicación, al final, eran socios, y necesitaban dejar algunas cosas claras, repartirse ideas, intentar abarcar más de lo que abarcaban con el poco tiempo que llevaban participando juntos, lo cual no era mucho.
Y si, sabía que no se iba a aparecer Coco, era la cara visible de la marca, quien les hizo el favor de contactar con una celebridad, con una compañía como lo era la suya, y obviamente no lo hizo solo por el amor a la marca, si no por el amor a sus amigas, y siempre agradecería eso de Coco.
Se estrechó la mano con el director ejecutivo de la compañía automotora, y lo notó recto y cordial, pero no tan tenso como imaginó que sería, y quizás estaba prejuzgando a la compañía que trataba con Coco Adel. Luego saludó al director de operaciones, al de marketing y al encargado de las finanzas, siendo en total tres hombres y una mujer sentados en su mesa de reuniones, junto con los tres cargos de su propia empresa, y así también Whitley, este a su lado, recibiendo también a los recién llegados.
Lo que le sorprendía de todo eso, y a lo que quería llegar con lo diferente de la situación, era ver a Ruby también entrando en la sala.
Eso no se lo esperó.
O sea, tenía sentido, el taller era el único lugar con el que la empresa automotriz trabajaba directamente, y esa asociación era una mediación entre ambas, así que tenía todo el sentido que la jefa de aquel lugar estuviese también presente.
Los plateados la miraron, más serios de lo normal, más intensos.
Su ropa estaba bien arreglada, más de lo usual, su camisa bien abrochada, su corbata bien puesta, su traje bien pulcro, y le parecía interesante verla así, y claramente la razón era el estar ahí compartiendo lugar con uno de sus jefes, prácticamente dos de sus jefes, contándola a ella misma, así que necesitaba guardar su expresión y su postura mucho más de lo normal.
Pobre, debía ser un martirio.
Pero cada día la notaba más capaz de ponerse la máscara, de actuar.
Y eso era, un acto.
Porque conociendo a Ruby, esta nunca dejaría que la máscara se apropiase de su rostro, como le pasó a ella, por más tiempo del que sentía correcto y saludable.
Le llamó la atención cuando las manos de ambas se unieron, sintiendo la ligera decepción al no sentir piel, y por lo mismo bajó la mirada, notando como esta estaba usando unos guantes de cuero que se metían dentro de la camisa.
Y cuando lo entendió, debió controlarse para no sonrojarse.
Había pasado solo un día desde el sábado, y las memorias empezaron a verse bien nítidas en su memoria.
Recordó cuando se vio en la tina, recordó el calor del agua en su cuerpo, así como el calor del cuerpo de Ruby tras el suyo, ambas acomodadas.
Se habían pasado, lo sabía, y habían quedado adoloridas. Por su parte, su pecho, su espalda, su cuello, todo quedó lleno de mordidas, mordidas más duras de lo usual, por lo mismo ahora tenía que usar un cuello de tortuga bajo el traje para evitar que se notasen las marcas de dientes ahora moradas en su piel, incluso tuvo que tener cuidado en su casa el domingo porque se podían notar los vestigios de lo ocurrido, y ese día estaba todo muy rojo, imposible de ocultar, así como el dolor.
Ruby tampoco salió ilesa, ya que al tener su brazos tan tensos tras su espalda, terminó lastimándose los músculos ante la presión, quedando con los hombros rojos y adoloridos, así como el dolor de cuerpo ante los movimientos enloquecidos que hicieron durante ese tiempo, y a lo que le competía en ese instante, era a la forma en la que se soltó de las esposas, tensando tanto la cadena, usando tanta fuerza, que se lastimó las muñecas, estas incluso llegando a sangrar ante el acero lacerando la piel.
Eso sin duda era lo más arriesgado que habían hecho, se declaró culpable.
Luego del baño hizo todo lo que pudo para curárselas, pero no notó dolor en Ruby, esta parecía hasta divertida de ver el daño que se hizo, y por supuesto que la regañó por eso, que, si bien fue su culpa, tampoco esta podía ser tan descuidada con su cuerpo, tenía que darle la prioridad que merecía.
Pero por supuesto que Ruby no la escucharía.
Lo bueno de todo, es que había terminado bien de cierta forma, Ruby pudo haberse enojado por hacerle eso, por causar toda la discordia, pero no, esta parecía más feliz que nunca a pesar de lo rabiosa que estuvo en ese segundo, cuando la frustró sin parar.
Al final estuvieron satisfechas, a pesar del daño colateral.
Y por eso mismo, ahora Ruby usaba guantes de cuero, para evitar a toda costa que su traje pudiese dejar en evidencia las marcas que las esposas dejaron en su piel, rompiéndosela, marcándosela. Probablemente quedaría una marca permanente ahí, una cicatriz, y cuando lo dijo, preocupada, Ruby solo soltó una risa, disfrutándolo.
Esa Ruby, la hacía desesperar.
Pero la amaba, mucho.
La reunión le pareció tranquila, divertida incluso, o quizás solo era por el hecho de que Ruby estuviese ahí también, mirando alrededor, respondiendo cuando le dirigían la palabra sus superiores, pero en general la vio en calma. Agradeció el no notar mayor tensión entre los jefes de la directiva con Ruby, sobre todo luego de la polémica en la que se vio involucrada, lo que significaba que a pesar de todo lo que ocurrió, no hubo ningún problema notable ni dañino que le pusiese a Ruby la soga al cuello, al final, en esa ciudad, los rumores eran comunes, los escándalos, y todas esas cosas, a veces incluso por las cosas más mínimas.
Probablemente todos en esa mesa se habían vistos envueltos en algo similar, ya que, a la menor popularidad, a la menor fama, la ciudad se volvía loca.
Y lo había comprobado en todas las etapas de su vida.
Su cara estuvo en noticias desde que era una niña.
Y Ruby era algo nuevo para Atlas, algo llamativo, algo interesante y fuera de lo común, por supuesto que atraería la atención, esta lo quisiese o no.
Luego de dos horas de reunión, luego de firmar papeleo y revisar nuevas propuestas, se dio por finalizada, o más bien, el jefe de la compañía automotriz fue el que la dio por finalizada, ya que al parecer tenía otra reunión pendiente a la que debía asistir, y no podía permitir que la hora se le pasara.
El hombre lucía agradable, diferente, y entendió porque trabajaba con Coco.
Este le dio la mano cuando iba saliendo, despidiéndose, dándole una sonrisa leve.
Lo vio muy motivado con el tema de los autos, con prestar sus vehículos para los asentamientos que necesitaban más ayuda en ese momento, se notaba que estaba interesado en el tema y no solo era el dueño de una empresa así solo por el dinero o la herencia. Era un interés real, realmente le interesaban, y le recordó a Ruby, a como esta lucía cuando veía un auto, con legitimo interés, como si quisiese ver cómo funciona, como se siente, como suena, como se maneja.
Al parecer iba a disfrutar hacer negocios con esa automotora.
Los demás funcionarios siguieron a su jefe, despidiéndose, saliendo por la puerta, así como los propios, volviendo a sus oficinas, incluido Whitley, y fue la ultima ahí.
No, alguien más no salió.
Notó a Ruby a su lado, esta mirándole con fingida inocencia, mientras miraba por la puerta, observando a su jefe partir, entrando en el ascensor.
Sabía que no trabajaban juntos, así que no debía seguirlo, pero le causó gracia que esta prácticamente se escondiese.
"¿No deberías irte con ellos?"
Esta de inmediato negó.
"No quiero estar en el ascensor con ellos, se me notará más el nerviosismo."
Bueno si, era incómodo.
A ella misma le incomodaba el terminar en el ascensor con alguno de sus empleados, no sabía que decir en esos segundos eternos, y prefería callar para no incomodar, pero a la vez su silencio los incomodaba a ellos aún más. Era una jefa intimidante, a pesar de haber cambiado en esos últimos meses.
Pero pronto eso cambiaría del todo, o eso esperaba.
No quería ser la comadre de ellos, ni su amiga, para nada, quería ser respetada como una jefa debía serlo, pero tampoco quería que estuviesen aterrados de ella, ese era un punto completamente diferente del que anhelaba.
Pero iba paso a paso.
El pensar en jefes intimidantes, la trajo de vuelta a Ruby, considerando que era la primera vez que veía al jefe de Ruby, que lo conocía, que le daba un rostro.
Ruby pasó a tener muchos jefes de un día para otro.
"¿Es intimidante tu nuevo jefe?"
Preguntó, y Ruby la miró, sus plateados brillando, como siempre. Esta terminó soltando una risa nerviosa, sus hombros moviéndose con el gesto, y se veía tan arreglada con su traje, que se veía incomoda, aprisionada, y contuvo las ganas de sacarle la corbata. Eso de sacar ropa, siempre terminaba en las ganas de sacar más y más prendas y ahí ya no podía contenerse, así que debía pararse a sí misma antes de empezar.
Además, le dolía todo, no quería empezar algo que la iba a terminar dejando inmóvil en una esquina.
El solo estar sentada ya era suficiente sufrimiento.
"No, se ve un buen tipo, pero eso de las reuniones me pone nerviosa, ya tuve que ir a visitarlo un par de veces a su oficina, y es algo de lo que no creo poder acostumbrarme."
Esta soltó un suspiro pesado al terminar de hablar.
Tal vez no debía relajarse demasiado al estar en una sala de reuniones que era un lugar público dentro de la empresa, no como su oficina, siendo privada, teniendo a su secretaria ahí para evitar que cualquiera quisiera entrar. Pero no le importó demasiado, no estaba haciendo nada extremo.
Acercó la mano al rostro ajeno, pasando los dedos por el cabello de Ruby, que ya le faltaba un centímetro para llegar a sus hombros. Le crecía muy rápido, lo supo desde el comienzo, pero le gustaba verla con este de todos los largos, todos le favorecían, aunque sabía que era imposible verla con el pelo largo como el suyo. Ruby moriría intentando cuidarlo, lo tenía claro, primero decidiría estar calva.
"Te tomará tiempo acostumbrarte, pero espero que te sientas tranquila sabiendo que lo hiciste bien. Tienes un don."
Ruby la observó, cierta sorpresa en su rostro, y luego sonrió.
Se contuvo de gritar cuando la mano de Ruby llegó a su trasero, dándole un golpe.
El sonido se logró escuchar, no tan fuerte, pero lo suficiente para sentirse nerviosa, creyendo que toda la compañía lo oyó. El choque del cuero con la tela de su falda era un sonido que le parecía imposible de imaginar, hasta ahora. Cuando miró a Ruby, completamente indignada por su acto, esta le sonreía aun, pero su mueca ya era más maliciosa que antes.
"Supongo que es un beneficio al hacer tantos juegos de rol contigo."
¿Qué?
Lo había dicho.
Estaba roja, muy roja.
Iba a hablar, a decir algo, a regañar a Ruby, pero esta se removió, mirando la hora en el reloj que permanecía en la sala. Rápidamente esta se movió, huyendo, dándole una sonrisa inocente.
"Gracias por invitarme a su compañía, señorita Schnee, fue un placer."
Esa Ruby.
La sujetó del cuello de la camisa antes de que esta pudiese pasar por la puerta, deteniéndola, para luego tirar de esta. La alejó de la puerta, y la apoyó detrás de esta, en la pared, completamente oculta de cualquier ojo curioso que pudiese pasar por el pasillo.
Su agarre fue suficiente para soltar la camisa, el primer botón, y el ver el cuello de Ruby fue suficiente para hacerla arder, sobre todo porque aún estaban las marcas del collar en su piel, rojizas, leves, pero aun notorias. Por eso se había arreglado tanto, para que no lograsen ver sus pecados, tal y como sus manos.
"No juegues conmigo, Ruby. Estamos muy adoloridas para que abras la boca."
Recién ahí miró a Ruby a los ojos, esos sorprendidos, mientras que su rostro había adquirido color. Al parecer la había sorprendido con su ataque, y menos mal, Ruby debía aprender a no jugar con fuego, mucho menos luego de haberse destrozado mutuamente, era demasiado para sus cuerpos humanos.
Si, su cuerpo estaba adolorido, pero sabía que podía hacer más, su mente siempre quería más.
Pero ahora, debía ser quien mantenía la cordura.
Sintió las manos de Ruby en su cadera, sintiéndolas más grandes de lo que eran por los guantes de cuero, pero la sensación más que molestarle, le agradó.
Esta le sonrió, acercándose lo suficiente para besarla, y no podía quejarse, era su anhelo el besar a Ruby cada vez que se veían, sin importar donde estuviesen, así que agradecía que esta vez tuviesen la oportunidad de hacerlo, aunque sosteniendo a Ruby del cuello de la camisa, sonaba a que ella misma había tomado la decisión por sí misma, pero no, aun así, no se quejaba, de hecho, se alegró de sus propios impulsos.
Cerró los ojos, acercándose más, profundizando el beso, ya olvidando por completo donde estaba y lo público del lugar.
Eso era algo muy malo, el olvidar sus alrededores solamente por su atracción por Ruby.
Atracción fatal, estaba claro.
Pero no le importaba demasiado, no en ese instante, no mientras tuviese los labios de Ruby en los suyos.
Cuando se separaron, Ruby le sonreía, en calma.
"¿Es muy cursi de mi parte el decir que te extrañé?"
¿A pesar de haberse visto hace dos días?
Negó, sonriendo.
"No, porque también te extrañe."
Finalmente soltó a Ruby del cuello de la camisa, solamente para acercarse más, para abrazar a Ruby, para sentir su calor, y esta la sujeto con más intensidad.
Se quedaron ahí unos momentos, hasta que escuchó el teléfono sonar, su teléfono, y se movió, sacándolo, pero sin separarse de Ruby. Vio el número de su secretaria en la pantalla, y contestó.
"Belladonna."
"Señorita Schnne, su reunión de las once es en la sala 34 del piso siete, ¿Quiere que le lleve un café?"
Necesitaba un café, de eso estaba segura.
"Hola, Blake."
Ruby habló, y por inercia le tapó la boca con su mano, y cuando escuchó la voz de su secretaria hablando de vuelta, saludando a Ruby, cierta sorpresa en su voz, se calmó.
Se calmó un poco, eso no era algo que debía hacer.
Miró a Ruby, reprobatoriamente, y esta le sonrió, de esas sonrisas que esta le daba, donde sabía que había hecho algo que no debía hacer y le sonreía en forma de disculpa, y funcionaba, siempre funcionaba.
"Un café sería perfecto, nos vemos allá."
Y cortó.
Y quedaban diez minutos para las once, si el jefe de la automotora no se iba, iba a tener que retirarse ella primero. Esas reuniones eran realmente largas.
Pero si estaba Ruby, de nuevo, no le importaba.
El tiempo se le pasó volando, de eso no tenía duda.
Guardó el teléfono, y miró a Ruby, quien se veía despreocupada para lo seria y tensa que se veía cuando estaban alrededor de la mesa, hablando de negocios. Le gustaba ver a esa Ruby, era suya.
Se vio soltando un suspiro antes de volver a acercarse, de volver a besarla, sin contenerse.
"Tengo que ir a trabajar."
Habló, y Ruby soltó un lloriqueo de cachorro que le rompió el corazón, pero antes de suplicarle para que se quedase, y a estas alturas podía hasta caer en el engaño, esta soltó un suspiro, al igual que ella.
"Yo también, tengo repuestos que comprar y facturas que emitir, odio el mundo ocupado de los negocios."
Ruby venía de un mundo muy diferente, donde era una empleada más, donde debía tener a sus clientes contentos, que era un trabajo de por si arduo para esta, pero la presión que tenía en sus hombros ahora era mucho más grande, y ahora tendría más trabajo ya que veía al jefe completamente entusiasmado como iban las cosas con ese negocio que estaban haciendo entre ambas compañías y el taller.
Iba a ser un año ocupado.
"Luego nos tomaremos unas vacaciones juntas, así que trabajemos duro, ¿De acuerdo?"
Rápidamente Ruby la observó, como un cachorro, animada, entusiasmada, prácticamente la podía ver saltar de un lado a otro. Esta finalmente asintió, sonriéndole, su expresión completamente diferente a la que vio cuando llegó ahí, cuando se saludaron, y le daba gusto de nuevo el ver todas las facetas de Ruby, el tener el privilegio de ser ella quien la hacía cambiar.
Así como Ruby la hizo cambiar a ella.
Y eso jamás dejaría de ser lo mejor que le pasó en la vida.
Ruby le dio otro beso, uno rápido, uno casto.
"¡Eso haré, Weiss!"
Y así, esta salió de la sala, avanzando hasta el ascensor, este justo estaba abierto, y la vio cómo se topó con su reflejo, y en un estado de pánico, se arregló la camisa que ella había desordenado.
Ups.
Culpable.
Pero no se arrepentía.
No quería tener más arrepentimientos.
Capitulo siguiente: Pérdida.
N/A: Pues, ahí se ven las consecuencias de sus actos, mis niñas. ¿Quién las hizo así de salvajes? No tengo idea, está totalmente fuera de mi jurisdicción. Pero bueno, capítulo de chill, de negocios aburridos boo boo.
Me pregunto qué pasará luego ah, ¿Tendrán un límite? No lo creo.
Nos leemos pronto.
