Red Velvet
Capítulo 98: Pérdida
…
Había llegado hace unas horas a la casa, había comido algo y se había ido a dar una ducha. Se sentía agotada como cualquier viernes, sintiendo el peso de toda la semana en su cuerpo, así que apenas pudo, simplemente se dejó caer en la cama, aprovechando de descansar y de hablar con Ruby, ambas contándose por mensaje como había sido su día.
Al menos su cuerpo ya no estaba dolorido por los sucesos del sábado anterior, ya no había marcas, lo que era bueno, pero al mismo tiempo no lo suficiente. Simplemente le gustaba verse así, sintiéndose de Ruby, recordando los momentos aún más nítidos cuando veía su reflejo.
El reflejo del que huyó, y ahora el reflejo que ansiaba ver.
Se sentía tan diferente.
Y eso solo podía ser algo bueno.
Dio un salto cuando Klein golpeó su puerta, podía reconocer los golpeteos del hombre sin problemas, su oído capacitado para diferenciarlo, su trauma obligándola a saber la diferencia.
"Copo de nieve, su padre la quiere ver en su oficina."
¿Qué?
Eso era extraño.
Se levantó de la cama de inmediato. Hace mucho tiempo que no había sido llamada a la oficina de su padre, mucho menos ahora que la situación familiar había cambiado, pero tampoco le sorprendía, lo había notado reservado durante la semana, pensativo, pero no quiso molestarlo cuando cenaban, para no arruinar el momento, o terminar provocando que este se retrajese.
Ella misma era así, así que podía ocurrir.
Le agradeció a Klein antes de empezar a caminar por los pasillos de la mansión, sabiendo exactamente a donde debía ir, su cuerpo recordando con exactitud donde estaba el estudio de su padre.
Si, era extraño, se sentía ajeno, y rápidamente los recuerdos comenzaron a llegar a su cabeza.
Malos recuerdos.
Los recuerdos de las constantes peleas, del constante caos que se vivía en esa casa, y sabía que la mayor parte de ese caos era su culpa, era su rebeldía, eran las ganas insostenibles de hacer pedazos a su padre, a su familia, a rehusarse a ser parte de ese acto, de esa sociedad.
Pero ahora sabía que no era por eso.
Que no la regañaría por lo que salió de ella en las noticias.
O las fotos impropias que salieron en las revistas.
O los meros rumores que circulaban por las altas esferas.
No era por eso, sin embargo, deseó que lo fuese.
Era tan libre en ese entonces, se sentía tan libre, y quería volver a esa etapa, y ahora sabía que Ruby la acompañaría en el proceso, y en cualquier momento haría que su padre la regañase, pero iba a aceptarlo, iba a ser su camino, iba a retomar su camino con la frente en alto, orgullosa.
Cuando llegó a la puerta de la oficina de su padre, le causó sorpresa el ver a su hermano llegar desde el otro lado del pasillo. Ambos se miraron, sorprendidos y curiosos. Era normal que la llamasen a ella porque se metía en problemas, a veces su hermano la miraba entrar, para avisarle que su padre estaba de mal humor, a veces incluso molestarla.
Si que había rencor entre ambos en esa época.
Al menos ya no era así.
Ambos se pararon frente a la puerta, para finalmente golpearla y esperar que su padre les diese la entrada.
Y eso sucedió.
Se vio frente a su padre, este en su escritorio, tal y como siempre lo recordaba, como esa figura de autoridad que tanto le desagradaba, que le desagradó durante años, pero ahora no era así, ya no se asimilaba a la pintura de él mismo tras él, ahora su pelo estaba completamente cano, su bigote también, las arrugas se le notaban a pesar de los cuidados que se hacía, que se hacían todos ahí en esa casa, al final, la edad los atrapaba poco a poco. También lo veía débil, delgado, sin la fiereza que una vez tuvo.
No le daría miedo ese hombre.
No, no creía que le volviese a dar miedo.
Este parecía serio, tenso, y su expresión no cambió cuando los miró.
Era la misma mirada que vio en su expresión durante esos días, e incluso le preguntó a Whitley si sabía algo, y este negó, ambos completamente ajenos a lo que le pasaba al patriarca de la familia. Pero ahora, esa mirada que este tenía era incluso más notoria ahora, más intensa.
"He tomado una decisión."
Su voz sonó fuerte, determinada, y supo ahí que significaba esa expresión que mostraba…
Determinación.
Solo pudo cuestionarlo con la mirada, sin entender a qué se refería. Fue su hermano el que vociferó la confusión que ambos tenían, preguntándole a que se refería, que decisión había tomado. Su padre se acomodó en su silla, viéndose diminuto en esta, y su rostro cambió, notándose cansado, dejando de lado la determinación que lo hizo ver vivo, ahora a verse incluso destrozado.
Le dolía ver a su padre así.
"Tomé la decisión de buscar a su hermana, a Winter. Voy a contactar con ella de una vez por todas, y sé que se fue enfurecida de la casa, que no volvió, que dijo que no volvería nunca, pero creo que es el momento propicio para hacer que vuelva, al menos que cene con nosotros y se dé cuenta que las cosas han cambiado."
Oh.
Esa decisión había tomado.
Recordó a Yang, a la conversación que tuvo con ella. Era una figura de hermana mayor que apenas tuvo durante su infancia, y si bien esta era despreocupada y demasiado relajada para su gusto, se notaba que haría lo que sea por Ruby, incluso separarse de su única familia si con eso podía ofrecerle algo de tranquilidad, de felicidad.
Le costó dejar que Ruby saliera del nido, y se notaba que le hacía falta su presencia, que la extrañaba, que se necesitaban. A penas se vieron, Yang la abrazó como si no se hubiesen visto en años, pero era evidente que cuando se veían en el gimnasio no podían tener demasiado tacto para no levantar sospechas, solo compañeras de gimnasio, nada más. Y ahora, al fin podían encontrarse tranquilamente, ser hermanas, sin que les importase nada más.
Y sintió envidia, no podía negarlo.
También quería eso.
También quería encontrarse con su hermana, y ser eso, hermanas, nada más. Sin la relación rota que tenían, sin la separación de años manteniéndolas ajenas, siendo extrañas.
Si, hermanas, nada más.
Miró a Whitley, el cual parecía tranquilo, su máscara la mayor parte del tiempo en alto, pero logró notar como sus ojos brillaban.
Él no debía de recordar mucho a Winter, siendo joven cuando esta se fue, y donde el tiempo que pasaron como familia normal, él era demasiado pequeño para recordarlo, pero, aun así, la idea de tener a su hermana mayor de vuelta, debía emocionarlo de cierta forma.
Los emocionaba a ambos.
Pero…
"Pero Winter se aseguró de que no pudiésemos contactarla, decidió romper lazos con la familia años atrás, su paradero es desconocido, ¿Cómo vas a contactarla?"
Le preguntó, y su padre mostró otra emoción, una que conocía bien.
Enojo.
Ira.
Incluso se atrevería a decir que aborrecimiento.
Su padre estaba enojado, y sus ojos se fueron hacia su teléfono, este en el escritorio, el único objeto que resaltaba, y parecía mirarlo con odio, como si fuese un enemigo, como si fuese lo peor que existía en la faz de la tierra.
"Tendré que hablar con Ironwood, a pesar de haberme prometido a mí mismo el no volver a hablar con él, no desde que se llevó a Winter de mi lado e intentó llevarte a ti también, Weiss."
Oh.
Eso era verdad…
Lo había olvidado, ya que fue antes del accidente.
En esa época, Ironwood la trató bien, demasiado, pero eran evidentes sus jugadas, sus manipulaciones. Él quería tener a Winter en la milicia, y de paso, tenerla a ella, y la intentó convencer, varias veces, diciéndole que, si no era feliz en la familia, con ese apellido, con ese futuro sobre sus hombros, podía irse a su lado, y no ser más un apellido.
Si, sonaba bien en ese entonces, pero…
Estaba harta de ser un peón para la familia, para la sociedad, y por lo mismo no aceptaría irse a la milicia, ¿Para qué? ¿Para ser ahora un peón del gobierno? ¿Del país? ¿De ese General?
No, no era estúpida.
En ese tiempo, sabía una sola cosa, y era que haría su propio camino, que seguiría sus propias reglas, que sería libre de cualquier atadura, ya fuese la de su familia, la de la sociedad, o la del gobierno. Así que no iba a huir de un tirano para unirse a otro.
Decidió su propio camino, a diferencia de Winter, que a la mínima oportunidad huyó de sus responsabilidades como heredera Schnee, y como hermana mayor. Y la entendía, sí, sabía cuan intenso había sido el peso sobre sus hombros, pero no hubiese hecho lo mismo, jamás hubiese tomado ese camino, sin importar lo lastimada que se vio en esa familia en aquella época.
Y ahora lo sabía.
Si se hubiese unido a la milicia, y su rebeldía saliese a flote, ese sujeto la habría matado, si, no tenía duda alguna, ya conocía su trasfondo, ya conocía sus acciones, y por más que intentasen ocultar sus faltas, este se las arreglaba para seguir en lo alto tal dictador. No iba despojarla de esa vida haciéndolo pasar como un accidente, como lo que ocurrió con su padre, solo un accidente que pudo resultar fatal, si no que la habría matado con sus propias manos, o con una bala en la cabeza, porque sería un problema, y él no aceptaría aquello.
Ya sabía cómo era ese hombre, su calaña, y agradecía cada día el no haberse dejado manipular por él.
"Así que lo llamaré, y le preguntaré por el paradero de Winter, o algún número al que pueda contactarla, lo que sea. Odio tener que rebajarme a su nivel, pero haré lo que sea para tenerla de vuelta. No quiero morir sin haber hecho todo lo que tuve a mi alcance para unir esta familia."
Su padre realmente odiaba a ese hombre, lo notaba, pero amaba mucho más a su familia, así que estaría dispuesto a todo para recuperarla.
Ver la verdadera cara de Jacques Schnee era algo de lo que se sentía afortunada de ver.
Ese era su padre.
Esa era su sangre.
Y se sentía orgullosa de eso. Se sentía orgullosa del sujeto que era bajo la máscara que le obligaron a usar. Y así mismo, quería sentirse orgullosa de sí misma cuando se sacase su máscara por completo.
Cuando se liberase.
Se vio sonriendo, notando lo mucho que su padre había cambiado, que todos ahí habían cambiado.
"Si quieres, puedo llamarlo yo, y preguntarle. No tienes que pasar por eso, se cuanto lo detestas."
Aprovechó de ofrecérselo. Odiaba a Ironwood, pero no tanto como su padre lo hacía. Ella era joven en ese entonces, muchos recuerdos permanecían difuminados en su cabeza, así que no lo sentía tan intenso, así que podía ser más neutral en la conversación. Ya había hablado con gente que odiaba, podía con eso, pero él negó de inmediato, respirando profundo, inflando el pecho.
Obligándose a sí mismo a verse más imponente de lo que lucía realmente.
"Esta es mi batalla, yo permití que ese hombre se la llevase, así que tomaré la responsabilidad. Ustedes puedes retirarse, les informaré luego de lo que sea que averigüe, solo quería saber que opinaban al respecto."
Pero no quería irse.
Quería estar ahí.
Quería apoyar a su padre, al menos con su presencia, ya que sabía lo difícil que era para él el volver a hablar con el General, sabía la presión que tenía encima. Miró a Whitley, y este también la miró, y notó como este movió el rostro de un lado a otro, un movimiento casi imperceptible.
Él tampoco quería irse.
Se plantó en su lugar, y miró a su padre, este parecía sorprendido con su gesto.
"Nos vamos a quedar, también es nuestra batalla, es nuestra familia también."
Incluso desde la distancia notó como los ojos de su padre brillaban, su bigote moviéndose, sonriendo, aliviado de cierta forma, y les asintió, permitiéndoles el quedarse.
Este volvió a respirar profundo, tomando el teléfono, marcando el número, y se lo puso en la oreja, esperando.
Había tensión en el ambiente.
Tensión que hace tiempo no sentía.
Notó las facciones de su padre endurecerse apenas contestaron la llamada, poniéndose tenso con la voz ajena, la voz que le recordaba el momento donde perdió a su hija mayor, donde vio a ese sujeto mover las piezas para hacerlo lucir peor de lo que ya lucía, y ahora que lo pensaba, probablemente su hermana se vio tentada con sus palabras, con sus manipulaciones, y terminó viendo a su padre como el peor tirano.
Cuando el tirano era quien tiraba de los hilos.
"Ironwood."
La voz de su padre sonó cordial, a pesar de lo enojado que se veía
Si, ya le costaba mantener la máscara en alto.
"Eres a la única persona a la que podía llamar, necesito contactar con Winter."
Debía ser humillante para su padre el hablar así, el decir las cosas así, sobre todo con alguien con quien tuvo tantos tiras y aflojas, durante años incluso. Donde siempre peleaban, donde siempre discutían, o era por negocios, por temas relevantes a la ciudad, o por sus hijas.
Pero parecía mantener su compostura.
Se había entrenado en eso por años, en mantener su estancia, sus sentimientos escondidos, simular un acto más con gente que detestaba, y eso mismo se lo enseñó a ellos, a como desarrollarse en esa sociedad, en cómo mantener la calma, en cómo mantener la máscara en alto para conseguir sus objetivos.
Pero su rabia volvió a notarse en su rostro.
"Lo sé, sé que ella no quería saber más de nosotros, más de mí, pero solo quiero hablarle y que reconsidere el tener una cena con nosotros, nada más. Las cosas han cambiado en estos años, imagino que lo entiendes."
Hubo un silencio eterno.
Un silencio agobiante.
Su padre se quedó inerte, escuchando atentamente, digiriendo cada una de las palabras de su interlocutor, pero poco a poco, la ira en su rostro comenzó a disminuir, pero no de la manera que imaginaba.
No de la que esperaba.
"¿Qué?"
La voz de su padre sonó débil, rota, estupefacta.
Algo no andaba bien.
"Ironwood, sé que no hemos tenido la mejor relación, pero no puedes decirme algo así, eso es algo serio, no voy a permitir que bromees con eso."
Pero a pesar de eso, de lo que su padre dijo, su expresión no cambió, incluso se tornó más y más débil, más rota, más cansada.
Mas triste.
Los ojos de su padre se abrieron en sorpresa, mirándolos a ellos, a sus dos hijos frente a él, uno por uno, incredulidad en su expresión.
Pánico incluso.
"¿Hablas en serio?"
Su voz salió rota, de nuevo, como un suspiro.
Algo andaba muy mal.
"¿Padre?"
Le habló, y los ojos de este se fueron a los suyos, y los notó húmedos, sus mejillas tomando color. Su boca se abrió, pero nada salió de ahí.
Hasta que lo volvió a intentar.
Hasta que se obligó a sí mismo a hablar, a entregar la información.
"Ironwood dice que está muerta…"
¿Que?
Se vio corriendo hasta su padre, quitándole el teléfono de las manos, arrebatándoselo.
Ni siquiera sabía si el hombre, el General, seguía al otro lado de la línea, pero no le importó.
"Ironwood, ¿De qué rayos estás hablando?"
"Weiss."
La voz del hombre sonó tal y como la recordaba en su adolescencia. Una voz dura, monótona, sin sentimientos.
Esa era la diferencia entre su familia y él, que ellos vivían con una máscara encima, ocultando sus verdaderos sentimientos, y Ironwood simplemente carecía de estos, no tenía sentimiento alguno, era un hombre vacío por dentro, sin empatía, sin corazón, sin nada.
Él no mentiría con algo así, y eso fue lo que más le consternaba.
"Fue enviada al desierto de Vacuo, y para asegurar los objetivos de la misión, decidió sacrificarse por la patria."
Sonaba como Winter.
Y eso la hizo sentir incluso más molesta.
Eso significaba que… ¿Su hermana realmente estaba muerta?
"¿Cuánto tiempo pasó de eso? ¿Cuándo murió?"
Notó como su hermano se había movido hasta el otro lado de su padre, sujetándolo, este con las manos enterradas en sus ojos, llorando, evidentemente, y tuvo que desviar la mirada para no romperse, para que esa imagen no le quitase el ímpetu de desafiar a ese hombre.
"Me dijo antes de la misión que, si le ocurría algo, que no le dijese a nadie, menos a ustedes, y cumplí con lo que le prometí. Ya les dije que murió, no necesitan saber nada más."
Sintió la sangre hervir.
Hace mucho que no sentía esa ira, esa rabia.
Se vio apretando las manos, incluso el celular ajeno que tenía bien sujeto, el material resonando.
"Somos su maldita familia, por supuesto que necesitamos saber más. Así que empieza a hablar de una vez, ¿Cuánto tiempo lleva muerta?"
Notó la sorpresa en Whitley cuando habló, su voz sonando gruesa, enrabiada, y probablemente nunca la habían escuchado así, porque a pesar de ser rígida con ellos durante los últimos años, mantuvo su compostura.
Ahora no.
Weiss ya no era una máscara, así que su odio se le notaría, sobre todo si se trataba de un hombre que prefería mantener la boca cerrada en un asunto tan importante. Que prefería callarse la boca antes de decirle a una familia sobre un soldado caído en batalla.
"Winter tomó la decisión de no decirle a nadie, y voy a respetar su último deseo."
Ahora el honor.
Siempre el honor.
Eso era lo único que le importaba a ese sujeto, pero el dolor, las vidas que lastimó durante tantos años, a los soldados que mandó a misiones suicidas, las familias que dejó damnificadas, eso no le importaba una mierda.
Apretó los dientes, su cabeza dando vueltas, buscando la manera de hacer que el hombre le dijese algo, al menos una pista para tener al menos una idea. Porque si había pasado tiempo…
"De acuerdo, jugaré tu estúpido juego del honor, no te pediré que me digas cuando murió, pero dime, cuando tus soldados sobrevivientes volvieron de la misión de Vacuo."
Escuchó silencio.
El hombre no dijo nada por varios segundos, y solo podía oír los gimoteos de su padre, este rompiéndose, poco a poco, ya que ahora tenía la libertad de hacerlo, de llorar, de sufrir.
Y le dolía verlo así.
Como dolía.
Finalmente, escuchó a Ironwood carraspear.
"Los soldados volvieron a sus casas hace cinco meses."
Y si Ironwood dijo que gracias a Winter los objetivos de la misión pudieron llevarse a cabo, significa que al morir dio por finalizada la misión.
Eso significaba…
Ni siquiera quería decirlo.
Pero debía, no se iba a contener.
"¿¡Me estás diciendo que pasaron más de cuatro meses desde que murió y si no te llamamos nunca nos enteraríamos!?"
Luego de su explosión, oyó como su padre lloró incluso más.
Más de cuatro meses…
Cuatro meses de su muerte.
Y si ocurrió en el desierto, su cuerpo ya debía de estar descompuesto, o peor, ni siquiera sabía si había cuerpo, huesos, algo, probablemente sus restos estuviesen aun en el desierto, esparcidos por el viento.
"Te lo dije, Winter me dijo que guardase silencio."
"Y una mierda, nunca te ha importado Winter, nunca te ha importado nadie, ¿Y ahora te haces el honorable? ¿El que mantiene una promesa? Por favor, no me hagas reír. Ya no soy una niña para creer en tus actos de grandeza. Eres un asesino más."
Ironwood le dijo algo, pero no lo escuchó.
Sentía el corazón latiéndole iracundo en los oídos.
Ya no quedaba nada por lo que pelear.
Pero, aun así, estaba enfurecida.
Notó los ojos de Whitley en ella, su expresión tensa, enojada, fría, una expresión que nunca había visto en él, y luego vio los ojos de su padre, los cuales miraban hacia la puerta, lagrimas cayendo por sus mejillas, aun absorto, aun digiriendo la noticia, perplejo.
"La perdí, las perdí a ambas…"
Lo escuchó decir, su voz débil. Podía oírlo, a él sí, pero a Ironwood no. No tenía mente para él, no era importante para oír lo que tenía que decir.
Su familia era lo único importante en ese momento.
Relajó su agarre en el teléfono, pero su ira no disminuyó.
"Voy a demandarte, voy a hacer lo que sea necesario para destruirte, por ocultar la muerte de Winter, por no darle un funeral, por usar a tus soldados como objetos prescindibles, y sé que tienes más cosas que ocultar, y me aseguraré de dejarte hundido en la mierda."
Y colgó.
Se vio inerte, respirando agitada, su pecho subiendo y bajando.
No creyó que odiaría a alguien tanto como odió a su padre, pero en este momento, su odio había cambiado.
Dejó el celular en el escritorio, este resonando en el silencio de la oficina, el silencio triste, agobiado.
El silencio de la muerte.
No creyó que pasaría algo así.
Recordó lo que le dijo Ruby, aquella vez, cuando le contó lo de su padre, que llevaba muchos años muerto, pero que no le dolió, porque para Ruby, él ya lo estaba, se fue de la isla sabiendo que su padre estaba muerto, sabía que no lo volvería a ver, y lo entendió, creyó que era una buena forma para superar el dolor de la perdida.
Pero no fue su caso.
Con su madre, supo que moriría, que se terminaría intoxicando, que un día no volvería a verla más, que no saldría de su habitación, y ahí perecería. Estaba muerta en vida, tal y como el padre de Ruby, ambos esperando ansiosos que la muerte los viniese a buscar. Sin embargo, realmente creyó que Winter volvería, que en algún momento volverían a ser hermanas, intentó ser optimista, intentó tener esperanzas en que tendría a su hermana de vuelta.
Pensó eso, más en el último tiempo.
Y saber que mientras lo pensaba, mientras lo deseaba, esta ya debía estar muerta, su cuerpo descomponiéndose en medio de la nada, en soledad, como un juguete abandonado…
Por supuesto que no podía culpar de todo a Ironwood, también lo sabía, porque fue la decisión de Winter el alejarse de todos, de ellos, de su familia, del mundo, y volverse un soldado más de las tropas, sin nombre, sin posición, sin existencia, nada más que su labor, que su misión.
Pero iba a seguir enojada con él, por ocultarlo.
Si su padre no lo hubiese llamado, jamás lo sabrían, hubiesen seguido sus vidas como si nada.
Seguirían pensando que Winter estaba viva.
Y no.
No lo estaba.
Su hermano estaba de cuclillas, una de sus manos firmes en la espalda de su padre, y al verlos a ambos, destrozados, se obligó a acercarse, a compartir su dolor, a dejar de lado la rabia y sentir el pesar que esa familia volvía a sentir, de nuevo, la pérdida.
Quería llorar, pero no podía, aun sentía enojo, aun sentía la ira enterrada en su garganta.
Y no creía poder dejar de sentir rabia.
El mundo, de nuevo, le quitaba a su familia.
Una vez más.
Capitulo siguiente: Consuelo.
N/A: LO SÉ, LO SIENTO, ESTO NO ESTABA EN EL GUIÓN Y DEREPENTE APARECIÓ Y NO PUDE DETENERLO, SE ME FUE DE LAS MANOS.
Diría que voy a solucionarlo, pero creo que ya no tiene solución alguna, así que prepárense para los problemas.
Nos leemos pronto.
