Red Velvet

Capítulo 100: Esperanzas

Se sentía extraña.

Se sentía vacía.

Era como si una parte de sí misma hubiese sido arrancada desde dentro, y sabía que se trataba del optimismo, de las esperanzas que tuvo con respecto a Winter, respecto a un futuro mejor, respecto a la familia perfecta que podían convertirse, haciéndose añicos.

Todo lo que imaginó, todo lo que añoró, se fue por completo a la basura.

Dolía, y tenía claro que si se hubiese enterado de eso hace un año, o antes, no se habría sentido así, porque apenas tuvo esperanzas de ver a Winter, esta ni siquiera contestó sus cartas, la invitación para su matrimonio, para la fiesta de compromiso, nada. Por supuesto que perderla le habría dolido, pero ya la sentía perdida, años que la sentía así, distante, inalcanzable, solo una memoria de su juventud, solo una voz más que solía escuchar en su cabeza.

Y ese último tiempo, el último mes, creía que podría revivir a su familia, que podría darles una nueva oportunidad, que podrían volver a ser quienes eran y cementar de mejor manera el camino y así mismo arreglar los errores del pasado, ser mejores versiones de sí mismos, y cuantos pensamientos tuvo con Winter en ellos, queriendo recuperar el tiempo perdido.

Se dio falsas esperanzas, y por eso el dolor era insoportable.

No, insoportable no lo era del todo.

Porque no estaba sola, tenía familia a su lado, a sus amigas, a quienes eran sus compañeros de vida, así que podría sobrellevarlo, aunque aún se sintiese débil, rota.

Coco fue la primera en levantarse, dispuesta a marcharse, ya habiendo pasado algunas horas ahí, aunque no lo sabía con seguridad, el tiempo se había vuelto difuso desde que les llegó la noticia. Ahora todos estaban adentro de la mansión, Klein preparando tazas calientes, y lo ameritaba, el día tornándose oscuro, depresivo, frio, el verano poco a poco alejándose, trayendo dolor en su despedida.

"Tengo una pasarela importante, lamento no poder quedarme más tiempo."

La modista habló, su voz suave, sin ese tono de broma o ese tono misterioso, no, solo Coco siendo Coco, y adoraba cuando la escuchaba así. Negó de inmediato, tomando una de las manos enguantadas de la mujer entre las suyas. La conocía, sabía lo que esta sentía en esas situaciones, en los funerales, en los entierros, en los velorios, esta nunca le había comentado mucho de eso, pero hubo un tiempo que asumió que debía tener una conexión con su claustrofobia, ya que no fue capaz de preguntar, y honestamente, no quería traerle fantasmas del pasado a su amiga.

A ella misma la muerte le parecía un monstruo, habiendo probado aquello en su adolescencia, y apenas podía hablar de eso, le costaba, así que no, no culpaba a Coco por no decirle, o por evitar esas situaciones, por el contrario, agradecía que esta se hubiese tomado el tiempo de venir a visitarla, de traer a Ruby consigo.

"Realmente aprecio que vinieses, eso es suficiente."

Coco tenía unos lentes más oscuros de lo usual, negros, combinando con el resto de su ropa, negra, el color de la muerte. Pero a pesar de lo oscuro de los cristales, pudo notar lo intenso de su mirada.

Muchas veces dudó de esa amistad, Coco siendo Coco, y ella teniendo sus propios problemas y ataduras, así que su relación parecía siempre fría, pero desde que Ruby llegó a su vida, sentía que tenía más en común con esta que nunca, su amistad se sentía más intensa, más fuerte, más irrompible, y agradecía esa conexión.

La vida le daba muchos pesares, pero también le daba muchas alegrías.

¿Qué habría sido de ella si esas dos mujeres no hubiesen llegado a su rescate?

Probablemente seguiría enferma.

Coco le dio dos besos en cada mejilla, antes de darle una sonrisa, una sonrisa tranquila, calma, suave, antes de despedirse de su familia y finalmente salir por las puertas dobles, directo hacia su auto.

Notó como Ruby estaba ahora a su lado, llenando el vacío que dejó Coco, su calor siendo evidente desde la distancia que tenían, y, aun así, a pesar de los centímetros, ese calor consiguió aliviarla de inmediato del pesar.

"Quizás deba retirarme también, no quiero incomodar en un momento así."

La voz de Ruby sonó cuidada, pero el nerviosismo fue evidente, rompiendo su máscara, o al menos dejando parte de sí misma al descubierto. La miró, de inmediato, notando aquel nerviosismo también en su rostro. Ruby no quería incomodarla, ni a ella ni a su familia, lo notaba, pero también notaba en sus plateados la preocupación evidente en su rostro, sin querer abandonar a esas personas sufriendo por la pérdida.

Creía que Ruby sentía lo mismo que ella misma sintió cuando Ruby le contó sobre la muerte, donde fue incapaz física y mentalmente de alejarse, de abandonarla por solo unos segundos, y eso que se trataban de perdidas lejanas, superadas por el tiempo, no algo así.

Ruby podía notar como eso le afectaba, y no era fuerte como lo era esa mujer, no era así, era débil, y lo notó aún más al tornarse agresiva, al tornarse furiosa, y en ese tiempo se había dado cuenta que así era ella, la verdadera versión de si misma, cuando perdía la cordura, cuando sus sentimientos se desbocaban y no podía darles forma. Simplemente se tornaban enloquecidos, impredecibles.

Temía volver a recaer.

A seguir volátil.

Y era egoísta decirlo, pero necesitaba la fortaleza de Ruby, una vez más.

Antes de decir nada, se vio girando el rostro, mirando hacia uno de los sillones de tres cuerpos, donde su padre estaba sentado, una taza de té en sus manos, vapor aun saliendo. A penas lo observó, este la miró de vuelta, notando su mirada. Giró un poco más el rostro, notando a su hermano sentado en el sillón frente al de su padre, y los ojos de este también llegaron a los suyos.

Y no sabía que decir, no sabía ni como describir las miradas que ellos les daban.

Estaban tan perdidos, ambos.

Y probablemente esa mirada estaba en ella misma.

No, no podía hacerlo sola, y odiaba tener que depender de Ruby para algo semejante, el no poder salvar a su familia por sí misma, el salvarse a sí misma, pero en ese momento, no se creía capaz de lograrlo.

Cuando miró a Ruby, su visión estaba nublada, probablemente las lágrimas volvieron a resurgir, y hace mucho que no lloraba tanto, y sabía que no debía hacerlo, que no debía perder el control así, sabiendo lo malo que podría ser, pero era inevitable.

"¿P-puedes quedarte un poco más?"

Su propia voz salió débil, rota, y sabía que era por el llanto que parecía volver, no, estaba volviendo, ya que apenas podía notar a Ruby frente a ella, la imagen borrosa, indistinguible, y lamentaba no poder verla.

Se sentía tan vulnerable, tan incapaz de mantenerse erguida, y eso la hacía sentir vergüenza de sí misma. Nunca se consideró dependiente, nunca quiso serlo, pero ahora ya no podía evitarlo. Se había malcriado, el amor de Ruby, su existencia en sí misma, era algo demasiado preciado, y quizás, en esos momentos de debilidad, donde la vida lucía tan frágil, lamentaba el perder un segundo a su lado, creyendo que en cualquier momento no podría verla más.

Y eso nunca se lo perdonaría.

Ruby iba a decirle algo, pero no la escucho, un sonido molesto apareciendo en su cabeza, y por un segundo creyó que sería la voz, que volvería, pero no, era un chirrido extraño, un dolor agudo en su cabeza, dentro de su cráneo, junto con el ardor en su ojo, y por un momento olvido la sensación aquella, siendo tan recurrente antes, pero últimamente no había vuelto, así que le tomó por sorpresa.

Se sujetó el ojo izquierdo con una de sus palmas, esperando que el frio de su mano pudiese calmar el calor abrasador de su ojo, el calor que tenía en el rostro ante el llanto.

Si, había llorado demasiado.

Soltó un jadeo, la sensación sintiéndose ajena, para nada bienvenida, y por un momento creyó, ilusamente, que, al tener su mente en silencio, su ojo dejaría de doler, dejaría de tener esa parte de su cuerpo así de débil, pero no, por supuesto que no, una cosa era su problema mental, y lo otro eran los vestigios físicos que la marcaron para siempre, y eso no se había ido desde la operación, seguía ahí, acechando cuando estaba cansada, cuando se sentía emocionalmente inestable, cuando malograba su vista, y también cuando lloraba.

No solía llorar demasiado, había aprendido que eso no servía de nada, pero su emocionalidad había crecido en el último tiempo, y ahora se permitía a si misma el llorar, liberarse, pero tampoco podía dejarse llevar de esa forma, solo le traería dolor.

Sintió una de las manos de Ruby sujetándola de la cintura, podía reconocer el agarre, podía reconocer el calor, podía reconocer el aroma, aunque estuviese ocupada sobrellevando el dolor agudo y el ardor que la atacaba en ese instante.

Siempre tenía tiempo para notar a Ruby.

Esta la ayudó a moverse, y sintió otras manos que la ayudaban a sentarse en el sillón. Ahí se sintió más en calma, sabiendo que no caería al suelo en su debilidad, pero aun así se sentía extraño el tener un ataque ahí, con su familia.

No le había ocurrido hace muchos años, cuando su operación apenas se llevó a cabo, una de las muchas, y era inevitable, pero ahora no. Probablemente ni supiesen que aún tenía problemas con su ojo de no ser por lo que su ex dijo a viva voz aquella vez, haciendo notar que sí, que aun los tenía a pesar de los años, y él tuvo que verla en más de una ocasión, al compartir habitación.

"Voy a buscar tu medicamento."

Escuchó a Ruby hablar, el tono de su voz sonó preocupado, exaltado, y fue aún más evidente al escucharla correr, los zapatos de esta resonando por la casa.

No fue capaz de mirarla, pero le habría gustado poder.

Si, era su heroína, sin duda.

Hacía demasiado.

Pudo escuchar a su padre hablar, su voz nerviosa, tanto así que no entendió todo lo que le dijo, pero si entendió el claro miedo que lo poseía en ese momento. Saber que una hija estaba muerta y ver a la otra sufrir un ataque así, debía traerle malas emociones. Sabía que este estaba cerca, porque lo escuchaba cerca, y usó su mano libre para buscarlo a tientas, la mano de este agarrando la suya de inmediato.

Los dedos de su padre eran delgados, largos, al igual que los propios, pero tan delgados como los de su hermano, y siempre le dolía sentirlos así, tan descuidados en su salud.

No quería perderlos antes de tiempo.

Como perdió a Winter.

Iba a decirle algo a su padre, para hacer que se calmase, pero las lágrimas volvieron, a pesar del dolor que sentía en ese instante. Si, era inevitable llorar, sufrir, y esperaba superarlo pronto, ya que, si algo recordaba de Winter, es que esta no aceptaba esas debilidades, y al menos quería respetar eso en su memoria.

El intentar ser la hermana inquebrantable que esta era, que solía ser.

Los zapatos volvieron a resonar, Ruby corriendo, acercándose, y también escuchó con claridad el sonido de sus medicamentos dentro del frasco. La mano de su padre la soltó, solo para darle espacio a Ruby, que le ofreció una de las pastillas, así como su taza de té, este ya enfriándose. Dejó de aprisionar su ojo y tomó ambas cosas, tomándose el medicamento. Sabía que su ojo no se iba a salir de su lugar, pero la sensación era suficiente para tratar de evitarlo por inercia, este ardiendo, temblando en su cráneo.

El medicamento no hacía efecto de inmediato, pero anhelo que así fuese.

"Recuestate un momento, Weiss."

Finalmente, escuchó a Whitley hablar, su voz tan nerviosa como la de Ruby, como la de su padre, pero autoritaria, y tuvo que hacer caso, sabiendo que las tres personas estaban ayudándola a acomodarse en el sillón, que intentaban hacerla sentir mejor. Dejó caer la cabeza en uno de los cojines, y ahí mantuvo los ojos cerrados, tratando de conservar la calma y simplemente esperar a que el medicamento le quitase la molestia.

Y no le gustaba tomarla, por lo que causaba en ella, como se sentía su cuerpo…

Pero no podía hacer nada para evitarlo.

Finalmente, luego de minutos de dolor agudo, sin poder entender ni escuchar con claridad lo que ocurría alrededor, simplemente cayó rendida ante el agotamiento, durmiéndose.

Y ni se dio cuenta cuando se durmió, solo se vio dando un salto, su cuerpo despertando luego de haberse dormido, profundamente. Estaba cansada, no tenía dudas de que se iba a dormir, apenas había dormido la noche anterior, pero era bueno, porque su dolor había desaparecido, y su cuerpo se sentía mejor, así como el dolor en su corazón, menos intenso, y eso lo apreciaba inmensamente.

Escuchó voces poco claras ante su cuerpo aun adormecido, así que se quedó quieta, disfrutando de esa sensación en su cuerpo, poco a poco captando un poco más lo que sucedía a su alrededor. Las voces no se sintieron tan claras como una mano que pasaba por su frente, por su cabello, unos dedos fríos, tensos, y supo de inmediato que se trataba de su hermano, debieron de haberla acostado a su lado, y notó la preocupación en él, sobre todo cuando la mano pasó por su cuello, como si se estuviese asegurando que estaba viva, que su corazón aún latía.

Oh no, su familia no podría soportar una muerte más.

De eso estaba completamente segura.

Las voces, ahora sí, parecían más claras.

"No puedo ni siquiera imaginar por lo que ustedes están pasando."

Le dio alegría escuchar la voz de Ruby, pero no era alegría lo que sintió al distinguir lo que dijo. Su voz sonó tan suave, tan preocupada, tan humana, y sabía que esta se sacó la máscara, o gran parte de esta. Y se sintió mal de dejar a Ruby en una posición así, con su familia, en una perpetua incomodidad.

Pero Ruby parecía haberse adaptado rápidamente.

Así era Ruby, al fin y al cabo, se había entrenado para hacer eso, aunque a esta le disgustase la razón para hacerlo.

Escuchó a su padre soltar un suspiro, uno que sonó cortado, tembloroso, y supo que este iba a decir algo, pero no fue capaz, así que se tomó su tiempo.

"Me impresiona que usted sea tan resiliente, a pesar de que me dijo que perdió a su padre hace poco tiempo."

¿Qué?

Iba a moverse, a abrir los ojos, mirar a su padre, mirarlos a ambos, presuntamente sentados en el sillón frente al suyo donde estaba acostada con Whitley, pero no pudo, siendo la mano de este último en su cabello, tensa, más que antes, apenas escuchó a su padre hablar.

Tal y como creyó, Ruby debió comentarle algo en esos momentos que estuvieron apegados, cuando consolaba a su padre.

No la veía, pero sabía que Ruby había negado, pudiendo reconocer el sonido que esta hacía ante los gestos más básicos.

"Es totalmente diferente, todos estamos preparados para perder a un padre, a una madre, porque así es el mundo, ellos nos dan la vida, y queda en nosotros el seguir el ciclo, el verlos partir, sin embargo, perder a un hijo, perder a un hermano, no estamos preparados para algo así, no es lo más natural."

La voz de Ruby sonó intensa, dejando en claro su punto, pero al final, la escuchó soltar un suspiro tal y como el de su padre, tembloroso.

"Si perdiese a mi hermana, no sé si sería tan fuerte, sin ella no hubiese podido seguir adelante, me salvó la vida incontables veces, y es toda la familia que me queda."

Oh, Ruby.

Escucharla así, le rompió el corazón.

No quería que Ruby tuviese que pasar por eso, que tuviese que velar a su hermana. Ya había perdido a muchas personas en su vida para que le tocase vivir otra perdida.

Nadie debería pasar por eso.

Empezó a llorar, en silencio, aun con los ojos cerrados, sin querer perturbar la conversación, sin querer entrometerse. La única evidencia de su pesar, fueron las lágrimas que se le escaparon, pero dudaba que su padre o Ruby lo hubiesen notado, ya que apenas sintió una rodar por su mejilla, el pulgar de Whitley la quitó, limpiando su llanto.

No sabía porque, pero creía que su hermano sabía exactamente sus intenciones y la ayudaba, o simplemente la limpiaba por ser un buen hermano. Le causaba cierta gracia, cierta ternura, al verlo así, acercándose, sabiendo que este no lo haría si estuviese despierta, o mirándolo a los ojos.

"Perdone si es una pregunta inadecuada, pero ¿Qué pasó con su madre?"

Su padre habló, preguntó, su voz dubitativa.

Y entendía su duda, la incertidumbre, la curiosidad incluso.

Pero no pudo contenerse.

Se removiéndose, abriendo los ojos, más por impulso que otra cosa.

"No tienes que decirlo, Ruby."

Se vio hablando, su voz más fuerte de lo que creyó que sonaría en su estado. Su vista no estaba muy clara, por el contrario, la de su ojo izquierdo estaba borrosa aun, y se vio cerrando los ojos, dándose cuenta de su propio error, este ardiendo ante la brusquedad de su movimiento, de lo imprevisto.

Abrió su ojo derecho, notando miradas sorprendidas en su padre y en Ruby, estos en el sillón frente al propio, una taza humeante en sus manos, así como notó el lugar un poco más oscuro que cuando cerró los ojos, al parecer había dormido un buen rato.

"¿Estás bien?"

Whitley fue quien habló, y se giró para mirarlo, este observándola ahí, bien sentado, pero su postura tensa. Lo miró, luego a su padre, luego a Ruby, y asintió, tratando de calmar las expresiones que todos tenían en su rostro, y al final, sirvió, estos calmándose.

Los ojos plateados la observaron por más tiempo, una leve sonrisa en su rostro, podía notarla aliviada al verla bien, pero también parecía feliz, y no entendió el porqué de esa mueca, hasta que recordó la razón de haber despertado, la preocupación que tuvo al saber que Ruby estuvo a un momento de hablar de su pasado, de abrir esa herida, una vez más.

Pero la sonrisa, parecía decirle que no se preocupara, y esperó que su propia sonrisa le diese la misma respuesta.

Estaba bien que se preocuparan por la otra, pero ya estaría todo bien.

Solo necesitaban tiempo, nada más.

El tiempo lo curaba todo.

Y Ruby lo superó todo, así como ella misma lo haría, y siempre estarían ahí, apoyándose, aliviando la carga, y si, esa mujer, la había ayudado más que nadie en el mundo, y esperaba hacerla feliz, hacerla muy feliz, cada día, y así poder demostrarle el bien que le hizo desde el primer momento.

El amor la haría superar todo mal.


Capitulo siguiente: Dependencia.


N/A: ¡HEEEEY! ¿Dónde están mis felicitaciones por llegar a los 100 capítulos? ¿Algún dulce para mí? Bueno, es bastante cruel de mi parte esperar algo a cambio cuando estos últimos capítulos han sido un horror tras otro, pero en mi defensa, al menos tenemos reunión familiar, ¿No? Prometo que los siguientes serán tristes, pero tendrán cosas buenas y emocionantes.

Ah, y cosas kinkys, por supuesto, que de eso vivo, y nada ni nadie me va a detener.

(Lo más difícil de este viaje es no repetir los títulos, por eso si que necesito un mensajito de amor.)

Nos leemos pronto.