Red Velvet
Capítulo 101: Dependencia
…
Poco a poco, el lugar se tornó oscuro, literal y metafóricamente.
Por su parte, se quedó sentada al lado de Whitley, ambos quietos, callados, observando a Ruby hablar con su padre, ninguno de los dos queriendo intervenir, y honestamente, tampoco tenía muchas fuerzas para intervenir. Su ojo izquierdo aún estaba nublado, no demasiado, y quizás era el llanto aun presente lo que lo empeoraba, pero era inevitable.
No podía evitar llorar cuando escuchaba a Ruby hablar de su vida, de su pasado.
Ruby no hablaba de esas cosas, la conocía, tuvo que sacarle la información prácticamente a la fuerza, y la hacía sentir dividida el escucharla hablar ahora, el quitarse la máscara de la desconocida que había llegado a Atlas para mostrarse como era, la mujer que quedó huérfana cuando era solo una niña, cuya madre fue asesinada, cuyo su tío cayó preso, cuyo su padre se suicidó, y quedó sola con su hermana mayor, ambas solo unas niñas tratando de sobrevivir día a día.
No creyó que esta lo hablaría, mucho menos con su padre, pero se sentía bien que lo hiciera, que pudiese hablar de eso, ya que sabía que quedarse con eso dentro no le haría bien, y que escogiese a su familia para liberarse de su angustioso pasado, la hacía sentir cálida por dentro, y por lo mismo su llanto aumentó.
Su padre estaba impactado, historias así no se escuchaban en ese mundo, en Atlas, no, a pesar de la cantidad de personas que viven en los barrios bajos, todos en diferentes situaciones. Ahí, en lo alto, esas historias solo se oían de otros continentes, de países poco afortunados, y a ella misma le impactó el conocer el pasado de Ruby cuando la conoció. Era algo tan ajeno para la elite de Atlas, para su familia, a pesar de que ellos hubiesen vivido su propia pesadilla.
Cada uno tenía sus propios fantasmas.
Pero creía que lo que más le sorprendía a su padre, no era la trágica historia, la historia de superación de dos niñas abandonadas, si no el que Ruby estuviese ahí, apoyándolos, hablando, manteniéndolos ocupados, distraídos, o ayudándolos a superar el dolor. A ella también le sorprendía eso, que a pesar de todo el dolor que Ruby pasara, no era una víctima, si no que se tragaba el dolor y seguía adelante, con la intención de ayudar.
Aunque Ruby fuese quien necesitaba ayuda, siempre decidía dejar de lado su propio sufrimiento y ayudar a alguien más.
Y fue así, incluso antes, cuando le ofreció el desahogo y la compañía, cuando eran nada más que desconocidas, clienta y acompañante.
Ruby era una heroína, que veía a alguien sufriendo, y hacía lo que sea para ayudar.
Y se alegraba de que esta estuviese en esa posición ahora, donde había avanzado poco a poco, donde recibió ayuda y le sirvió para crecer. Sabía que el dinero no daba felicidad, lo sabía mejor que nadie, que lo tuvo todo y al mismo tiempo no tuvo nada, pero si daba comodidades, y para alguien que vivió precariamente durante años, sin tener ni para comer, sin tener un lugar decente donde dormir, se alegraba de que esta al fin tuviese la tranquilidad mental de que no pasaría por eso de nuevo.
De que tendría un lugar al cual llegar, un hogar.
Klein se acercó, luego de un rato, avisándoles que la cena ya estaba lista, y este temió prender las luces para no molestarla, para no agravar su situación, pero le quitó importancia, ya estaba mejor, así que no tenían de que preocuparse, y al menos el decir eso, calmó también a los demás.
Su dolor físico no era nada en comparación.
Su padre parecía ya más calmado, aunque si se veía más débil de lo usual, y era de esperarse, ninguno había dormido ni comido correctamente, e incluso en ese momento no sentía hambre, pero su llanto la había dejado agotada, y sabía que si no comía, si no trataba a su cuerpo como correspondía, otro problema podía aparecer, y no quería que fuese el caso, así que se levantó, intentando lucir determinada, motivando a que su padre y su hermano fuesen a la mesa y comieran como correspondía.
Su padre le frunció el ceño, indignado de que su hija lo obligase a hacer algo, pero este de inmediato cedió, no tenía de otra.
Los tres sabían bien que descuidarse solo les traería dolor como familia, y de nuevo, no podían perder a nadie más, no ahora.
Los vio caminar hasta el comedor, y notó a Ruby a su lado, y no la veía, pero podía sentir los ojos plateados observándola minuciosamente, y no, no tenía que verla para saber que mueca de preocupación estaba poniendo, pero giró de todos modos, mirándola, porque no podía evitarlo.
Adoraba ver a esa mujer, y también sus expresiones.
"¿Estás segura de que estás bien?"
Sintió la mano de Ruby moviéndose a su rostro, el pulgar rozando su cicatriz, la palma rozando su mejilla, y por un momento cerró los ojos, disfrutando de la cercanía, del calor ajeno en su piel hinchada ante el llanto y el dolor. Y le sorprendía como Ruby estaba tan preocupada que ignoraba el hecho de que alguien pudiese verlas teniendo un momento así de íntimo, así que se aprovechó de la situación.
"Lo estoy, hace mucho que no lloraba así, es normal que mi ojo se viese afectado."
No supo si Ruby asintió o no, pero creyó que lo hizo, reconociendo hasta el menor de sus sonidos.
De un momento a otro, sintió los brazos de Ruby rodeándola, abrazándola, suavemente, brevemente.
Por supuesto que, de estar solas, se habrían abrazado por horas, así como los minutos eternos que pasó abrazada de esta mientras lloraba, y por una parte agradecía no haberse puesto maquillaje o su cara estaría marcada en el traje negro de Ruby.
Cuando abrió los ojos, sus cuerpos tomando distancia, Ruby estaba frente a ella, sonriéndole, y era impresionante todo lo que Ruby le decía con esa mirada, las palabras no eran necesarias, solo con mirarse, solo con sentir, era suficiente.
Se agarró al brazo de Ruby, sin siquiera importarle si alguien la veía, y comenzó a caminar hasta el comedor, y por supuesto que sintió a la menor poniéndose tensa, su rostro tornándose rojo, pero esperaba que su sufrimiento evidente fuese excusa suficiente para ser una desvergonzada.
Había llorado en el pecho de Ruby, agarrar su brazo no era la gran cosa.
¿No?
Cuando llegaron al comedor, la servidumbre estaba preparando todo, poniendo los platos sobre la mesa, uno tras otro, y notó todo más vivido que en la mañana, donde apenas comieron, sobreviviendo a base de tazas de té caliente, y agradecía, sobre todo, que no hubiese alcohol en esos momentos.
Habían aprendido la lección, los tres.
Nuevamente corroboraba que al haber alguien más en la casa, las ordenes de la servidumbre eran para mostrar más ostentación, y no era bueno aquello, lo sabía, pero, por otro lado, le agradaba que fuese Ruby a la que quisieran mostrar ostentación, y así poder ofrecerle de todo lo que tenían a su disposición, ya que Ruby podía tener una buena posición económica ahora, pero no significaba que comiese correctamente, la conocía.
Liberó a Ruby, sentándose la una al lado de la otra, y podía sentir las miradas de su padre y su hermano, pero no les tomó mayor atención, más para no avergonzarse, y era algo hipócrita el no querer avergonzarse luego de haber ya avergonzado a Ruby.
Pero no se aguantó.
Ningún tema doloroso fue mencionado, nada sobre la muerte, por el contrario, terminaron hablando de cualquier cosa, distrayéndose, y sabía que parte de eso era gracias a Ruby, que siempre se le ocurrían temas diferentes, y sabía que era gracias al haber trabajado en el Red Velvet que la ayudó a adaptarse a personas diferentes, a pensar en cómo evitar la incomodidad.
Y ahora aquello le era útil, una vez más.
Estuvo atenta a que todos ahí comieran correctamente, menos Ruby, o sea, de Ruby debía preocuparse más de sus modales más que el que comiese, porque la veía comer sin demora, la pobre claramente estaba muerta de hambre, a la próxima, le iba a decir a Klein que le ofreciese de comer a Ruby, porque si no, esta no iba a decir que se estaba muriendo de inanición.
Y esa mujer tenía mucha energía, necesitaba comida para abastecerse.
Honestamente, no quería que la cena terminase.
No quería que Ruby se fuese, porque apenas se levantasen, tenía claro que tendría que lidiar con la despedida, y no quería tener que lidiar con eso, pero, lamentablemente, tampoco podían estar horas ahí, estaban todos agotados, lo mejor era acabar pronto con ese triste día.
No se había dado cuenta, pero cuando Ruby giró para mirarla, cuando los ojos de ambas se toparon, tuvo la realización de que estuvo mirándola todo ese rato con una expresión dolida, y era evidente, porque Ruby reaccionó como cuando lo hacía, su rostro tornándose preocupado.
Realmente se había vuelto dependiente.
Se obligó a si misma a cambiar la expresión, a controlarse, e intentar pretender que no sentía la necesidad de estar pegada a Ruby por lo que le quedaba de vida, y ser fuerte de una vez por todas, así que le dio una sonrisa, pero era obvio que su intención no llegó a puerto, la expresión de Ruby, la preocupación en su rostro, aun ahí.
Ruby podía notar su dolor.
"¿Por qué no pasa la noche aquí?"
Dio un salto, y notó sorpresa en el rostro de Ruby, ambas girando el rostro, buscando a su padre, quien había hablado.
Él no las miraba, más bien parecía mirar a la nada.
Él también estaba preocupado.
Finalmente, su padre levantó el rostro, mirando hacia los plateados.
"No quiero que Weiss esté sola en un momento así, realmente apreciaría si pudiese quedarse."
La voz de su padre sonó tan suave, tan suplicante, quitándose el ego de encima, la postura que solía tener, sobre todo en sus recuerdos. Su padre había cambiado mucho en ese tiempo, pero nunca lo imaginó así.
Realmente había llegado lejos en ese tiempo.
Habían, todos ellos.
Ruby carraspeó, claramente habiéndose sorprendido con la propuesta.
"Si no les incomoda mi presencia, no tengo problema, haría lo que sea por Weiss."
Haría lo que sea…
Esa fue una declaración bastante llamativa, y de no estar tan cansada, se habría sonrojado más aún.
Su padre se levantó del asiento, y esta vez la miró a ella, notó preocupación en él, pero también enojo, ¿Enojo? O creía que eso era.
"Te dejaré al cuidado de la señorita Ruby, pero quiero que me prometas que, si tu ojo te vuelve a molestar, me avises de inmediato."
Él la observó, así, retándola, y se sintió como una niña.
No como la niña que fue, si no como la niña que pudo haber sido.
Su padre no era el hombre más suave y cálido del mundo, pero notó su pánico, su preocupación en sus palabras, y se vio sonriendo, asintiendo, y este de inmediato relajó su expresión, su postura cambiando, más tranquilo, y se excusó para irse a su cuarto, su cuerpo lento, cansado.
Whitley se quedó ahí, mirando a su padre alejarse, y parecía aún perdido, aún confuso, sin saber que hacer consigo mismo. Lo dejó de ver como el hombre que reconoció hace un tiempo, y apareció de nuevo el niño que fue.
Ella era débil, pero tenía a Ruby, pero Whitley solo la tenía a ella, y estando así de débil, dudaba ser útil para calmarlo, para tranquilizarlo, para darle esperanzas, por el contrario, prácticamente se desmayó a su lado, y él estuvo tocado cada uno de los puntos en su rostro y cuello donde podía sentir sus latidos, asegurándose de que aun estuviese viva.
Ruby la hizo salir de sus pensamientos, al haberse levantado del asiento, y cuando la observó, sus ojos plateados brillaban, vívidos, animados, relucientes, y le sorprendía, aunque no sabía con certeza si siempre eran así, o era el ver todo tan oscuro, tan deprimente, que hacía que Ruby luciera mucho más brillante de lo normal.
Si, así era su luz.
"¿Y si jugamos a algo antes de dormir?"
Ruby la observó, y luego observó a Whitley, y probablemente ambos tenían la misma expresión confundida.
Si, Ruby era exactamente lo que necesitaban.
…
De acuerdo, la idea le pareció buena para distraerse.
Para que ambos lograsen terminar el día más relajados, o más cansados también, para no tener tiempo de pensar más nada.
Pero se estaba enojando.
Y mucho.
¿Cómo no iba a adivinar la maldita palabra?
Estaban en su habitación, estaba sentada en uno de los sillones, su hermano en el otro, y Ruby estaba sentada en el suelo, esta última habiéndose sacado la chaqueta y la corbata, luciendo mucho más relajada, y no solo eso, si no que tenía el cuerpo apoyado en el apoyabrazos del sofá donde estaba Whitley, riéndose, riéndose mucho.
Y le gustaba verla reírse, pero no a su costa.
Su hermano estaba frunciendo los labios, pensativo, intentando pensar en otra forma de gestualizar la palabra que estaba sobre su propia cabeza, la cual llevaba minutos sin adivinar. Él lo había intentado todo para ayudarla a adivinar, y Ruby ya no podía soportarlo, muriéndose de la risa.
Probablemente fuese una palabra estúpida.
Whitley miró a Ruby, con ojos suplicantes para que lo ayudase, pero Ruby estaba demasiado ocupada riéndose.
Si, estaba enojada consigo misma por no adivinar, de nuevo siendo demasiado competitiva, pero igual era gracioso el ver a su hermano el hacer gestos diciéndole la palabra que estaba pegada en su frente.
Ruby al final hizo un gesto, para que acabase con la ronda, sabiendo que no había adivinado, y no sabía si le enojaba más el seguir ahí sin adivinar o el ver la respuesta y no haberla adivinado, finalmente bajó el teléfono de Ruby, y vio la palabra.
Nado de mariposa.
Miró a Whitley, sus gestos para nada simulando nadar, este la miró de vuelta, su rostro sonrojándose en el proceso.
Ruby estaba riéndose por ambos, ahora no tenía duda, finalmente esta soltó un suspiro, sus ojos soltando lágrimas de lo mucho que se rio.
Por su parte, soltó un suspiro y le dio el teléfono a Ruby, quien se lo puso sobre la frente, aun riéndose, pero intentando no hacerlo.
Ruby tampoco había adivinado la palabra anterior que le tocó, pero porque ambos, ella y su hermano, realmente eran malísimos para hacer gestos, pero Ruby era muy buena para hacerlo y explicarse correctamente. Habían fallado en un juego tan simple.
Ella y su hermano miraron la palabra que debían gestualizar, y se miraron entre ellos.
Monstruo.
Pensó por un momento, y luego levantó los dedos índices de sus manos, y las dejó sobre su cabeza.
Ruby la miró, frunciendo el ceño, su concentración logrando detener la risa.
"¡Reno!"
Negó, y miró a Whitley, esperando que este hiciese un gesto, y lo que él hizo, fue poner sus manos frente a su cuerpo, y hacer como si tuviese garras.
Ruby levantó una ceja, mirándolos a ambos.
"¿Algo con cuernos y garras?"
Se sintió sonrojarse ante la mirada fija y pensativa de Ruby, de acuerdo, nunca habían jugado algo como tal, y estaba experimentando algo nuevo, pero no pensó que podría sentirse intimidada en una situación así.
De acuerdo, era vergonzoso estar en esa posición, no le extrañaba el sentirse arder.
"¡Un demonio!"
Ruby parecía segura, pero ambos se miraron, Whitley de inmediato se levantó de hombros, y sabía que ambos pensaban lo mismo, o tenían la misma pregunta, si un demonio contaba como un monstruo o no.
Solo pudo hacer un gesto para decir que era algo parecido.
Ruby se cruzó de piernas, atenta, esperando el siguiente gesto.
Necesitaba pensar en un monstruo, algo que Ruby pudiese reconocer.
Esta vez estiró los brazos, dejándolos frente a su cuerpo.
"¿Zombi?"
Whitley fue el siguiente en saltar, entendiendo sus intenciones, haciendo un gesto con sus dedos índices, justo frente a su boca, como colmillos.
"¿Un vampiro? Guau, esta palabra lo tiene todo."
Se vio soltando una risa ante la cara de Ruby, cada vez más perdida, así que pensó en lo siguiente, formando orejas sobre su cabeza, y esta de inmediato dio un salto.
"¡Lobo! ¡Hombre lobo! Espera, ya entiendo, son monstruos, ¡Ah! ¡Es un monstruo!"
Whitley soltó un suspiro aliviado, ya que en la anterior tampoco pudo hacer mucho para lograr que adivinasen, así que hicieron un buen trabajo. No eran los mejores, pero al menos tenían unos puntos a favor.
Se vio mirando a la ventana, notando el brillo de la luna entrar, al parecer era más tarde de lo que creía, y sentía que habían estado ahí jugando una eternidad.
Ruby se levantó del suelo, estirándose.
Si, ya estaban agotados.
Su hermano también se levantó del sofá, mirándola, y le pareció tan extraño el tenerlo ahí, en su habitación, ya que muchas veces pelearon cuando niños y estaba segura de que más de una vez lo echó. Si que habían cambiado las cosas, pero bueno, eran adultos, ya no tenían que pelear por las mismas estupideces.
Habían cambiado, y eso estaba bien.
Whitley parecía tranquilo cuando pidió permiso para retirarse, y lo acompañó hasta la puerta, este luciendo mucho mejor que cuando se toparon en la mañana, ambos completamente destruidos, él tenso, frío, y ella ardiendo en ira.
Antes de que este se alejase del todo, le dio un abrazo, sintiendo el cuerpo delgado contra el suyo, este tenso como un gato, pero este parecía más calmado que antes, teniendo la capacidad para responder el abrazo. Pasaron unos momentos ahí, hasta que se separaron, y si, se había acostumbrado a los abrazos, pero su hermano no, por el contrario, siempre lucía engrifado cada vez que se acercaba, pero algo es algo.
"Todo irá mejorando."
Le habló, su voz sonando suave, y quería que sonase así, y su hermano le sonrió, más tranquilo, más calmado, y realmente esperaba que así fuese.
Pero luego de haber perdido tanto, esperaba que el universo dejase de ponerlos a prueba.
Ya era suficiente.
Además, incluso si el universo quería seguir poniéndola a prueba, ahora eran una familia unida, o al menos estaban siguiendo el camino correcto para serlo, ahora podían seguir adelante, juntos.
A penas cerró la puerta y se dio la vuelta, Ruby se había dejado caer en su cama, su torso estirado como una estrella, y le causó gusto el verla ahí, de nuevo. E iba a decirle que se pusieran el pijama, pero quiso darle un momento para descansar, que sin Ruby no hubiese podido terminar el día de la forma en la que lo había hecho.
Riendo, teniendo esperanzas, teniendo fe.
Solía molestarle antes, en su tiempo como mujer comprometida, donde tuvo que compartir su espacio con un hombre al cual no conocía tanto para tener en cuenta sus hábitos, sus costumbres o su humor al momento de convivir, y fue sin duda una mala experiencia, pero, al fin y al cabo, era una prueba, era para ver si funcionaban como pareja, pero en ese momento esa era una de sus menores preocupaciones, sobre todo al haber empezado a cargar con el peso de la compañía.
Pero, ahora que lo pensaba, sí que había cosas que le molestaba, como cuando este ponía los zapatos sobre la cama, cuando la golpeaba al dormir, su aroma a whisky, cuando roncaba ahogándose con su propia saliva y sin duda lo que más le molestaba era cuando ella estaba apurada y él entraba al baño, a tomarse su largo tiempo, y maldición, esa mansión tenía muchos baños, y sabía que este lo hacía con mala intención.
Vaya sujeto, menos mal él la engañó, o habría tenido que lidiar con eso durante toda su vida.
Ruby solía ser muy despreocupada, y conocía sus hábitos al haber estado bastante tiempo conviviendo con esta, en las dos casas que tuvo, así que aprendió y estudio algunas de esas cosas para no incomodar a Ruby, pero de nuevo, era despreocupada.
Probablemente lo que más le molestaba era que no se comiera toda la comida, pero esta solía comerse sus sobras y parecía feliz así.
De esta conocía prácticamente todo, como la forma en la que dormía al apegarse mucho a ella, como sus horarios para alimentarse o la forma en la que prefería el desayuno, el cuidado que le tomaba a su salud y a su cuidado personal e higiene, también sabía bien la hora en la que esta solía despertar y a la hora que le solía dar sueño, reconocía también cuando estaba de buen humor o cuando parecía preocupada por algo.
Se acercó a la cama, sentándose al borde de esta, juntando su cadera con la ajena, y a pesar de ver los ojos cerrados de Ruby, un cansancio evidente en su rostro, podía notarla aun consciente.
Nunca fue su intención el casarse con Ruby, el vivir algo así, el estar de nuevo en esa posición, pero no iba a negar que la idea de pasar la noche juntas era algo que realmente le agradaba. Si, ya sabía que Ruby era suya, así como ella era de Ruby, y si bien no quería que su relación fuese forjada en la tradicionalidad, en la rutina, en el pronto aburrimiento, por eso la idea de que viviesen siempre cada una de su lado, también quería que tuviesen días donde pudiese acostarse por la noche a su lado y despertar a su lado al día siguiente.
Ahora, con su familia, había evitado el quedarse a dormir donde Ruby, pero era algo que adoraba hacer, y esperaba que pudiese suceder más seguido.
El poder tener más tiempo para estar con la otra, lo anhelaba.
Y pronto podría.
Cuando al fin tuviese el coraje para decirle al mundo que amaba a Ruby.
Y ahora, quería pensar en su hermana.
En lo que Winter le enseñó.
A ser fuerte, a ser valiente.
Y la iba a honrar haciendo exactamente eso.
Capitulo siguiente: Desvergonzura.
N/A: Espero que este capítulo hay sanado un poco el dolor que provoqué, y sé que tomará un tiempo, pero irá mejorando, se los prometo.
Nos leemos pronto.
