Red Velvet
Capítulo 102: Desvergonzura
…
Se dejó caer sobre el cuerpo ajeno.
"Ruby."
Un gruñido.
Rodó los ojos, acomodando su mejilla en el pecho de Ruby, sintiendo los latidos de su corazón, calmos, relajados, claramente a un paso de dormirse por completo, así mismo como se notaba su respiración.
"Ruby, vamos a acostarnos."
Y otro gruñido.
Ruby frunció la nariz al escucharla, pero rápidamente relajó su expresión, volviendo a su posición, durmiéndose rápidamente. Al parecer la dejó descansar demasiado tiempo, y se vio muy envuelta en sus propios pensamientos para reaccionar a tiempo.
Ahora ya era tarde.
Soltó un bufido.
Al parecer no iba a poder despertarla, ya intentó moverla y todo, sin resultado.
Era una roca.
¿El que no despertase con nada iba a terminar siendo una pelea recurrente en su relación? No sabía por qué, pero la idea le causó más gracia que otra cosa, y no sabía que era más difícil, lograr que a Ruby se le acabase la energía y al final se durmiese o hacerla despertar de un sueño profundo ante el cansancio.
Aprovechó esos minutos para hacer su rutina nocturna, mirando cada vez que podía hacía su cama, esperando ver si Ruby despertaba o no, pero no podía enojarse, sabía lo difícil que era para esta el tener que adaptarse a una situación desconocida, siempre tensa, sobre todo si se trataba de un día como ese donde tuvo que hablar de sus problemas y apoyar a otros en una ocasión que le tocaba tan personal, y no solo eso, si no que tuvo que medir cada cosa que decía para no soltar la lengua y decir algo que pudiese dejarla mal parada.
Fue un arduo trabajo, así que Ruby merecía el descanso.
Pero preferiría mil veces más el darle ropa para cambiarse y que se acostase adentro de la cama, que Ruby podía tener un cuerpo cálido, pero esa casa era fría.
Cuando se arregló el cabello y se puso sus cremas necesarias, así como su pijama, volvió donde Ruby, esta en la misma posición, con sus brazos estirados y sus pies firmes en el suelo. Puso una mano en una de sus piernas, moviéndola, pero nada, hizo lo mismo con su hombro, y nada, ni siquiera darle leves golpes en la mejilla funcionó, así que tuvo que ponerse manos a la obra.
Debía admitir que solo tenía vestidos para dormir, así que darle uno de los más grandes que tenía a Ruby era lo que podía ofrecerle, y eso era bueno, ya que de ser algo más complejo sufriría haciendo lo que iba a hacer. Empezó desabrochando los botones de su camisa, y luego siguió con el cinturón, y cuando iba a soltar el botón del pantalón, se sintió inesperadamente avergonzada.
Por supuesto, solo lo hacía para que Ruby pudiese dormir más cómoda, nada más, pero sintió el rostro arder, sobre todo al tener la revelación, ni tan reveladora, de donde estaban, o sea, su cama, su habitación, su casa, con su familia y la servidumbre.
Oh no, se iba a morir.
Negó, tomando fuerzas, y fue por los zapatos de Ruby, desabrochándoselos, y cuando subió, para terminar con el pantalón y probar si es que tenía fuerza suficiente para poder sacárselo, sabiendo que su misión de por si fracasaría porque le iba a costar mucho el levantar el torso de Ruby lo suficiente para sacarle del todo la camisa.
Y ahí, con sus manos agarradas del borde del pantalón, bajándolo a duras penas, sintiendo su rostro hervir por el pecado no consensuado que estaba cometiendo, se topó con los ojos plateados, y se vio inerte, congelada en su posición, su rostro ahora incluso más rojo.
Eso se debía de ver fatal.
Ruby estaba sobre sus antebrazos, la camisa abierta dejando expuesto su torso y sus hombros, así como el pantalón estaba lo suficientemente abajo para poder notar su ropa interior.
No era una persona descarada.
No, error, sí que lo era, pero no tanto como para intentar algo mientras la otra persona estaba dormida, pero por la sonrisa que Ruby le daba en ese instante, esa era la prueba de que esta creía que si era capaz de algo así, o que así lucía al menos.
"N-no es lo que parece."
Habló, tartamudeando, sintiéndose aún más culpable, aunque intentase sonar como si no lo fuese.
Ruby soltó una risa, dejando de lado la mueca maliciosa, luciendo tranquila.
"La señorita Schnee suele sorprenderme bastante, pero no creí que fuese a abusar de una persona dormida."
Aprovechó que tenía una de sus manos en la rodilla de Ruby, para darle un golpe, retándola sin decir nada, porque sabía que si decía algo se expondría a sí misma, y si bien nunca fue su intención el hacer nada, su cuerpo si se calentó al quitarle la ropa.
Ahora que lo pensaba, rara vez solía ser ella quien desnudaba a Ruby, normalmente le decía que lo hiciera o esta simplemente lo hacía y ya, y el darse cuenta de eso, la hizo sentir incluso más avergonzada.
Ruby no presionó más el tema, levantándose, terminando la tarea por ella, sacándose la ropa y dejándola sobre uno de los sillones, para luego ponerse el pijama que le trajo, le quedaba pequeño, claramente, y no lucía para nada algo Ruby, pero la tela era mucho más suave que la camisa y los pantalones que llevaba puestos. Era también extraño verla de azul, pero el saber que era otro de sus colores era agradable.
Pero…
No sabía porque, pero se sintió decepcionada.
Decepcionada de que aquel momento vergonzoso hubiese sido desplazado, pasado a un segundo plano. Y era extraño sentir decepción, decepción de que la situación no hubiese escalado, ya que estaba de luto, y Ruby lo sabía, por lo mismo esta no había dicho ni hecho nada más. Ruby estaba siendo más consciente de ella que ella misma.
Si, se sentía extraño, no debía de ser así.
No se entendía.
Sentir algo así, debía ser imposible.
Ruby apagó la luz, moviéndose hacia la cama, metiéndose dentro, mientras hacia el gesto de tener frio, y no dudaba que tuvo más de algún escalofrió. Esa casa era helada, su cama debía de estarlo también, muy diferente al calor veraniego en la casa de Ruby, a cualquier hora del día.
Negó con el rostro, quitándose de la cabeza esos pensamientos retorcidos. Estaba cansada, estaba agotada mentalmente, ni siquiera debería tener el más mínimo libido, no se sentía correcto el tenerlo.
Se apresuró a caminar hacia la cama, no sin antes trenzarse el cabello, ya que había dormido con Ruby con su cabello completamente suelto y escapar de esa trampa mortal era complicado, y prefería evitarlo.
Ruby abrió sus brazos, ofreciéndole el que se acercase, e hizo caso.
Su cama nunca se había sentido tan cálida.
Se removieron, Ruby abrazándola, y enterró el rostro en el cuello ajeno, disfrutando de la cercanía, la cercanía en su propio cuarto, y sí que era una sensación diferente. Ruby cambiaba su mundo conocido cada día más, y le mostraba nuevas facetas, nuevas formas de ver todo su alrededor, y adoraba eso.
Su mundo, últimamente, era más y más brillante.
Y así seguiría siendo.
Incluso en los peores momentos.
Finalmente, su cabeza simplemente dejó de pensar, el cansancio pesándole ahora que estaba entre los brazos de su amada, y no se dio cuenta en que momento cayó rendida, durmiéndose.
Ruby, de nuevo, cambiando su mundo.
…
No sabía si la despertó un sonido, o su propia cabeza.
O quizás el movimiento, quien sabe.
Pero se vio abriendo los ojos, la habitación aun a oscuras, pero su cuerpo se sentía descansado, a pesar de que no hubiese dormido tanto como debería, y al considerar que se tomó la medicina, era normal que sus horarios de sueño simplemente se volviesen caóticos. Con un poco de suerte dormiría plácidamente la noche del domingo y despertaría repuesta para volver al trabajo.
Al menos ahora se sentía capaz de levantarse, no como el día anterior.
Y la razón era clara.
No vio a Ruby frente a ella, a su lado, pero la sintió detrás. Uno de los brazos ajenos estaba bajo su cuello, mientras que el otro estaba sobre su abdomen, abrazándola, manteniéndola cerca. Podía sentir la nariz de Ruby en su cuello, sentía su aroma de cerca, así como el calor de su respiración.
Y para su sorpresa, el calor, la posición, la cercanía, la hizo arder.
Claramente la frustración que sintió antes de acostarse seguía vivida en su cabeza, y en su cuerpo.
¿Qué diablos le pasaba?
Estaba segura de que no podía culpar de eso a su medicina, y la llevaba tomando hace tanto que tenía claro los efectos que tenía, así como también la había tomado con Ruby, así que descartaba ese efecto adverso.
Entonces, ¿Qué le ocurría?
¿Simplemente estaba caliente y ya?
Le resultaba absurdo, sobre todo en un día como ese, donde debía de sentirse rota, dolorida, triste, incapaz de sentir nada bueno.
Pero no era así.
Se vio llevando una mano a su propio pecho, intentando entenderse.
No se sentía como cuando se enteró el día anterior, se sentía en calma, se sentía tranquila, por supuesto que una perdida así no la superaría de un día para otro, pero tampoco tenía esa sensación agobiante consumiéndola como hace unas horas, hace un día. Ruby la había ayudado a sentirse mejor, a desahogarse, a poder mantenerse de pie, con esperanzas, como siempre lo había hecho desde que se conocieron.
Si, estaba bien.
Winter ya no estaba, nunca volvería, pero ya no sentía el cumulo de sentimientos atrapado dentro de su ser, de su corazón, de su garganta, agobiándola, haciéndole dar vueltas en su cabeza sus propios errores que pudieron haber cambiado el presente.
Se había liberado.
Pero, aun así, seguía sin tener sentido lo que su cuerpo estaba sintiendo.
Si, ahora se sentía incluso más descarada.
Y lo único que le hacía sentido en ese momento, es que el hacerlo con Ruby había logrado ser algo terapéutico, la ayudó a sentirse más cómoda consigo misma desde la primera vez que lo hicieron, se sintió bonita, se sintió deseable, luego se sintió más libre, luego se sintió más protegida, más querida, y más y más sentimientos que la hacían sentir viva, feliz, y todas esas veces su mente se quedaba en silencio, lo peor de su cabeza anulándose, su mente quedando en blanco, sin mayor pensamiento, solo los sentimientos agradables llenándola.
Y siempre que estaba con Ruby, tenía esa necesidad, sin importar el lugar, sin importar nada.
Ahora no era diferente.
Aun así, le sorprendía.
Se sentía hervir, y no creía que la necesidad, que el calor, fuese a acabársele de un segundo a otro.
Sin embargo, aunque quisiese hacer algo al respecto, Ruby estaba dormida, así que tendría que saciar sus necesidades por sí misma, pero al mismo tiempo, teniéndola ahí, se sentía incluso estúpida de no acercarse, de no usarla, por muy mal que sonase.
Quizás no se iba a perdonar a si misma si lo hacía, y esperaba que Ruby no la juzgase.
Se removió apenas, y escuchó a Ruby soltar un suspiro, su cuerpo moviéndose, liberándola en el proceso. Cuando se giró, mirando a la mujer al rostro, la vio con sus dos brazos estirados, tal y como cuando se quedó dormida sobre la cama.
No había luz más que la de la luna, lejana ya, pero lo suficientemente intensa para permitir que la habitación tuviese algo de luz, y usó aquello para observarla, para mirar su rostro placido completamente dormido, sus labios entre abiertos, su pecho subiendo y bajando, y ya ahí, notó las rosas asomándose apenas sobre el vestido celeste.
Y era egoísta de su parte, o quizás exigente, pero quería ver a Ruby desnuda en su cama.
Si, no estaba bien, ella misma siendo super consciente de cualquier cosa que hacía en esas cuatro paredes, pero su mente se sentía nublada, ella misma se sentía diferente, y adoraba sentirse así, aunque fuese a costa de Ruby.
Se movió, lentamente, hasta quedar entre las piernas ajenas, las frazadas sobre su cuerpo, abrigándola a pesar de sentirse hirviendo. Notaba los muslos asomándose bajo el vestido, y comenzó a levantarlo, de nuevo, sabiendo que no iba a conseguirlo, pero en su estado, con la mente tan caliente como la tenía, lo intentó de todas formas, y logró hacerlo lo suficiente para revelar más y más de las rosas incoloras, así como la ropa interior de Ruby, y a pesar de saber con claridad que lo que estaba haciendo no estaba bien en lo absoluto, lo hizo de todas formas.
Lo iba a hacer antes, y ahora podía proseguir.
Llevó las manos a la tela, y comenzó a bajarla, sintiéndose hervir incluso más cuando sus dedos rozaron la piel cálida de la mujer, siempre cálida, y cuando terminó de sacar la prenda, notó como Ruby se removió, al parecer sintiendo el cambio de temperatura, y se vio entrando en pánico, ya que si bien no estaba bien lo que estaba haciendo, encontraba incluso peor el tener a Ruby en la intemperie con el frio que hacía ahí, así que se acomodó en el cuerpo, dejando caer las frazadas sobre Ruby, ella quedando adentro de estas, en la oscuridad, y no pasó mucho para que el calor de ahí dentro, el del cuerpo ajeno y el propio, comenzase a hacer que su mente se tornase aún más nublada.
No dudó en sacarse su propio vestido, sintiéndose extraña al estar desnuda, sintiéndose erróneo ahí adentro, con su familia afuera, pero aquello se sintió incluso mejor, y llevada por esa sensación, también se sacó la ropa interior.
Estaba hirviendo, pero ya no podía parar, no podía detenerse.
Se removió lentamente para lo ansiosa e impaciente que se sentía, sabiendo que estaba haciendo algo malo así que debía guardar silencio, y terminó acomodándose sobre el muslo entintado de la mujer aun dormida, y el golpe de culpa apareció de nuevo en su cabeza, la culpa de hacer un acto similar, de hacerlo con Ruby dormida, de hacerlo en ese día en particular, pero el calor, la necesidad, la euforia que le provocaba era suficiente para calmar cualquier cosa que pasara por su cabeza, y siempre apreciaba el callar a su mente.
Si pudo hacerlo con Ruby antes, cuando su mente tenía pensamientos incluso más abrumadores, aún más tóxicos, aún más desgarradores, por supuesto que lo haría ahora.
Estaba húmeda, mucho, pero solo se dio cuenta cuando sintió el muslo ajeno en su entrepierna, el sonido de su lubricación sonando fuerte ahí dentro, en la fortaleza que había creado, y se sentía tan fuera de sí, que si no fuese porque no quería que Ruby estuviese en contacto con el frio, estaría por completo expuesta.
Pero a pesar de las frazadas, ambas estaban en una posición comprometedora, con poca ropa, en su cama, expuestas, y eso hizo que su interior se estremeciera, que su clítoris palpitara. Se movió, haciendo fricción, aliviando aquella necesidad agobiante y se mordió el labio para evitar cualquier sonido, aunque bien sabía que nadie la escucharía, sin embargo, la idea de ser escuchada siempre le estremecía, de la mejor forma posible.
Se acomodó sobre el cuerpo de Ruby, sus manos aun intentando levantar lo más posible el vestido propio en el cuerpo ajeno, hasta lograr subirlo lo suficiente para dejar los pechos expuestos, y ahí, se dejó caer encima de esta, sintiendo en su piel la calidez de la piel de Ruby, su cuerpo temblando de gusto, de placer, su cadera haciendo leves movimientos que la hacían volver loca, y estaba segura de que se movería aún más descaradamente si Ruby estuviese despierta.
Y no sabía si le agradaba más el que Ruby estuviese dormida, o la sensación que le provocaba el que esta despertase para verla siendo una completa depravada.
Si, la última realmente le gustaba del todo.
Se aferró de la tela del vestido, esta totalmente arrugada sobre el pecho ajeno, mientras mantenía el resto de su cuerpo pegado a Ruby, excepto su cadera, la cual movía lentamente, de arriba abajo, hacia los lados, lo que sea que pudiese darle fricción.
Enterró el rostro entre los pechos de Ruby, soltando un jadeo, un suspiro, su cuerpo hirviendo, poco a poco, sintiendo el calor en la pelvis creciendo, aumentando, y realmente quería gemir, soltar un grito extasiado, pero no podía, pero de nuevo, la idea repulsiva de ser oída, de ser atrapada, nunca dejaba su mente, tentándola.
Queriendo hacerla pecar.
"Deberías avergonzarte, Weiss."
La voz la tomó desprevenida.
La voz de Ruby.
Totalmente despierta.
Fue atrapada, por supuesto que la había descubierto.
Y su cuerpo, funcionando erráticamente, hirvió.
Hirvió demasiado.
Demasiado fuerte, demasiado intenso.
Apenas movió su cadera un poco, su rostro por inercia observando de donde provenía la voz, la cual obviamente venía de Ruby, y notó sus ojos ahora grises observándola, las frazadas permitiéndole ver el rostro de Ruby, y, por ende, Ruby podía ver lo ella que estaba haciendo.
Su mirada era reprobatoria, y por supuesto que lo era, si la estaba usando para su propio placer.
Pero no podía sentir culpa.
Porque solo sentía placer.
Estaba sujetando el vestido, pero tensó aún más el agarre, su cuerpo temblando, removiéndose, llegando al orgasmo de una forma que nunca antes había experimentado. Notó de reojo cierta sorpresa en Ruby, esta sin haberse esperado esa reacción, pero esa misma sorpresa le hizo sentir incluso más expuesta, su orgasmo extendiéndose, hasta que terminó soltando un jadeo, apenas siendo capaz de evitar caer sobre Ruby ante lo intenso de las sensaciones.
Se sentía jadeante, sudada, húmeda, y no creía que el ser atrapada se sentiría así de bien, y por supuesto, sabía que era porque se trataba de Ruby, cualquier otra persona tendría una reacción desmedida, pero a esta altura, no sabía si eso era mejor o peor, no para su reputación, si no para su placer.
Su cabeza, en ese instante, solo podía pensar en el placer.
Cuando tuvo el valor de mirar a Ruby, esta estaba con las manos tras su cabeza, los plateados oscurecidos observándola, su expresión intensa, ilegible. No había diversión en su expresión, lo que la hizo sentir culpable, al fin y al cabo, realmente estaba haciendo algo indebido.
Últimamente hacía muchas cosas indebidas.
"No sabía si realmente querías hacerlo, pero no imaginé que llegarías a este punto, Weiss, que mala chica has sido."
Si, lo había sido.
Y siempre lo sería, probablemente.
A los ojos de Ruby, debía ser una verdadera desvergonzada.
Y la idea, de nuevo, la hizo arder, sus caderas por inercia volviéndose a mover, y de reojo, notó la sonrisa ajena apareciendo en el rostro serio, creciendo, y al mirarla de frente, los dientes estaban completamente visibles.
Ruby se movió, sus manos saliendo desde tras de su nuca, y en un rápido movimiento, esta le sacó las frazadas de encima, haciendo que estas cayesen lejos de los cuerpos de ambas, dejándolas expuestas, y ahí, las manos de Ruby volvieron a donde estaban anteriormente.
Y la sonrisa de su mujer creció, tornándose más intensa al verla ahí, pecando, sin nada que la ocultase, que ocultase lo que estaba haciendo, lo que hizo.
"Una desvergonzada como tú no debería ocultarse."
Ruby le leyó la mente.
Sintió el frio del lugar, así, tan repentino, causándole escalofríos, y eso mismo hizo que su cadera se moviese más, su clítoris hinchado volviendo a tener la fricción necesaria, fuerte, insistente. Pero el frio no fue lo que más le causó escalofríos, fue el verse expuesta, completamente expuesta, y no solo eso, si no que el delito de desnudar a Ruby, también fuese expuesto del todo.
Se sentía enrojecer ahí, en su escondite, por el evidente calor, pero ahora se sentía roja, demasiado, y sabía que lo estaba, porque hacía frio, así que el calor que sentía era propio, de nadie más que de ella misma.
Puso las manos en el abdomen de Ruby, sintiéndose jadear, sintiéndose sudar, su cadera moviéndose, sin detenerse, mientras sentía la mirada reprobatoria de Ruby, la cual la estaba juzgando por sus actos, por lo que le hizo, por lo que hizo consigo misma.
"¿Tanto te calienta el hacerlo aquí? ¿Bajo el mismo techo que tu familia? Si que eres una sucia."
Se vio temblando, la voz de Ruby sonando reprobatoria, intensa, pero tan grave, tan dura, tan profunda.
Y lo era.
Era una sucia, y quizás siempre lo fue, y no podía creer que lo estaba haciendo ahí, luego de sentir ese lugar como un tabú, como una cárcel, como un lugar santo, y quizás era lo mismo que le daba más ganas de mancharlo, de ensuciarlo.
Soltó un jadeo, sus dedos enterrándose en la piel ajena, temblando una vez más.
Se sentía tan bien.
Ruby la había descubierto, y que esta la viese cometer aquellos actos, se sentía tan bien, tan agradable, probablemente si esta no hubiese despertado, no se habría sentido tan bien.
"Te acabas de follar mi pierna, ¿Y aun quieres más? Eres insaciable."
Se vio soltando un improperio, sin poder contenerlo.
La sola idea de escuchar esa palabra en su habitación se sentía tan erróneo, y que se lo dijese a ella, porque acababa de hacer exactamente eso, follarse la pierna de Ruby sin consentimiento, lo hacía incluso peor.
Pero su cuerpo reaccionaba.
Su mente reaccionaba.
Se mordió el labio, y habiéndose venido una vez, la segunda vez aparecía más rápido, con más intensidad.
"No tienes permitido venirte, Weiss."
¿Qué?
Se vio mirando a Ruby, sintiendo el calor en su pelvis tan pero tan cálido que era abrumante, ¿Cómo no iba a venirse?
Quería venirse.
Necesitaba venirse.
Notó en Ruby una sonrisa que le calentó la sangre, y no supo que hacer, no supo que decir, tan frustrada estaba que su cuerpo temblaba, solamente para darse más fricción, su clítoris palpitando dolorosamente, y a pesar de estar tan cerca, no podía venirse.
No si Ruby no se lo permitía.
Al final, ella había provocado todo eso, y debía hacerse cargo de sus actos deshonrosos y desvergonzados.
Merecía el castigo de no venirse, de no disfrutar.
Se vio soltando un gimoteo adolorido, su clítoris exigiendo más, exigiendo que su cuerpo se estremeciera y al fin pudiese venirse, lo necesitaba con urgencia.
Sintió sus ojos humedecerse ante la desesperación, su mirada chocando con la ajena, y no quería pensar en cómo Ruby la veía, así, llorando, sudada, desesperada, frustrada, su rostro rojo en vergüenza y en necesidad. Se debía de ver fatal.
Pero, que más daba.
Ya se veía así, humillarse más no hacía mayor diferencia.
Se aferró al cuerpo de Ruby, su clítoris siendo aplastado contra el muslo ajeno, de nuevo, palpitando, queriendo más y más, así como ella misma, deseando venirse, su cuerpo removiéndose, dándose placer, pero no podía liberarse, no sin tener el permiso que necesitaba para hacerlo.
Tenía que pagar por su mal comportamiento.
"Por favor, dejame venirme…"
Y Ruby sonrió, riéndose, y no sabía porque la clara burla la encendía tanto.
"¿Tan sucia eres para querer venirte una vez más a mi costa?"
Lo era.
Claro que lo era…
"Lo soy…Ruby…por favor…"
Ruby dejó de sonreír, mirándola de nuevo con desaprobación, y una vez más se sintió hervir, esas muecas pareciéndole tan llamativas, tan adictivas, en ese preciso instante.
"¿Realmente lo quieres?"
"Si…por favor, lo necesito…"
Se vio jadeando, sin poder controlar sus palabras, su desesperación, su cuerpo aun moviéndose por inercia, moviéndose de adelante y hacia atrás, masajeando su intimidad contra el cuerpo de Ruby, hirviendo, ardiendo, pero sin poder llegar al éxtasis, este acumulándose más y más, sin descanso, sin liberación.
Entonces, Ruby asintió.
"Mi chica sucia, puedes correrte."
Oh.
Oh…
Y eso fue lo que necesitaba.
Se aferró a Ruby, sus interiores palpitando, y jadeó, apenas manteniendo silente un grito de placer, su boca salivando sobre el abdomen de la mujer, su cadera removiéndose, su cuerpo disfrutando del nuevo orgasmo que la abrumaba, haciéndola temblar, sus piernas, sus brazos, su espalda, todo tembló, y la espera fue sin duda recompensada.
Estuvo segundos eternos sintiendo los vestigios de su orgasmo, hasta que su cuerpo se quedó inerte, intentando con todas sus fuerzas el recobrar el aliento.
Realmente se había ensuciado y ya no había vuelta atrás.
Y lo adoraba.
Capitulo siguiente: Humillación.
N/A: No, no debería hacer esto, pero ¿Quién soy yo para interrumpir en la vida de estos personajes que se mandan solos a esta altura? Oh no, no puedo, así que esperen la continuación, que aún queda más.
Nos leemos pronto.
