Red Velvet
Capítulo 103: Humillación
…
Se sentía erróneo.
Estaba mal, claramente.
Incluso luego de ser descubierta, de ser atrapada pecando de tal manera, seguía insistiendo en satisfacer sus necesidades más egoístas.
Se quedó ahí, sobre el cuerpo de Ruby, aun sintiendo el éxtasis pasando por su cuerpo, por su piel, por sus venas, disfrutando hasta el último atisbo de placer, como la mujer egoísta que era. Temía que Ruby se enojase, temía el quedarse en silencio y no pedir perdón por sus actos fuese suficiente para generar la ira de su mujer a la que vulneró, pero le era imposible moverse, sintiéndose hervir, ahora más en vergüenza y culpa que en simple placer.
Escuchó un suspiro venir de Ruby, y se vio levantando el rostro, observándola, temiendo lo peor.
Ruby la observaba desde su posición, sus plateados intensos, aun grisáceos, mientras seguía en esa posición dominante, observándola de una manera que la hacía sentir culpa, que la hacía sentir humillada por sus actos, y le sorprendía que aquello hiciese que sus interiores se retorcieran en vez de sentir un sufrimiento genuino.
"¿Te vas a quedar ahí toda la noche?"
Ruby habló, su voz sonando intensa, y se vio dando un salto, por inercia saliéndose de donde estaba, dejando de montar el muslo de la mujer, sin poder decir nada más, era incapaz de decir nada, sobre todo teniendo una mezcla de emociones y pensamientos nublándole el juicio.
Esta levantó el torso, los ojos plateados moviéndose, mirándose el muslo ahora húmedo, mirando donde ella había estado ejerciendo fricción, donde se había corrido dos veces seguidas, y se vio mirando también, sabiendo lo mal que estaba, y ver la prueba del delito la hacía sentir en igual parte excitada y avergonzada. Y a pesar de la poca luz, podía ver con claridad los vestigios de su orgasmo en la piel ajena, como estaba brillante, húmeda, manchas blancas pintando la zona, y su cuerpo ardió incluso más al ver aquello.
Quería simplemente no mencionar nada, el hacer que nada ocurrió, pero, por una parte, sentía que sentiría decepción si así fuese.
Necesitaba un castigo, ¿No?
"Me ensuciaste sin mi permiso, Weiss."
Si.
Giró el rostro, mirando a la mujer, la cual parecía seria, parecía incluso fastidiada, y a pesar de que su cabeza supiese que no era nada más que un acto, su cuerpo lo tomó como lo que era, un regaño, como Ruby la hacía darse cuenta de su mal comportamiento.
Y si, últimamente se estaba comportando muy mal.
Y quizás le gustaba que así fuese, le gustaba como Ruby se enfadaba, como lucía así, con el rostro tenso, con la mirada intensa, con la mandíbula apretada, luciendo más mayor de lo que era, más madura, y se sentía como la niña mimada que era bajo esa imagen frente a ella.
Le encantaba sentirse en control, sentirse capaz de tener a una mujer como Ruby comiendo de su mano, pero había otro lado de sí misma que le gustaba perder el control, bueno, no, no le gustaba del todo, el sentirse incapaz, el sentirse débil e indefensa, sin embargo, sentía cierto gusto por la humillación de sentirse así, inferior de cierta forma.
Si que se había vuelto alguien retorcida, cada día más.
No se entendía a sí misma.
Pero, por suerte, Ruby si la entendía lo suficiente para darle en el gusto y saciar sus más oscuras fantasías, había aprendido a leer a las personas, y a ella la leía de maravilla.
Ruby levantó una ceja luego de estarse mirando por un tiempo indefinido, ella sin ser capaz de decir nada, y esta parecía molesta con eso. Podía ver los plateados, ahora aún más grisáceos, observándola con cierto enojo, pero a pesar de eso, veía una sonrisa capaz, dominante, sádica incluso en su rostro, y no podía evitar sentir el cuerpo temblando cuando la veía así, tanto así que se vio jadeando.
"¿Acaso esperas que sea yo quien limpie el desastre que hiciste?"
No.
Por supuesto que no.
Era ella quien hizo eso, quien usó a Ruby para su propio placer, debía hacerse cargo de sus actos.
Negó de inmediato, ardiendo, mientras se acomodó entre las piernas de Ruby, bajando el torso, llevando los labios al muslo ajeno, y ahí, se aseguró de hacer lo que le correspondía, que era limpiar el desastre.
Pasó la lengua, sintiendo su propio sabor en la boca, sabor que ya reconocía luego de tanto tiempo haciéndolo con Ruby, el sabor en la boca ajena, pero era primera vez que sentía el sabor tan propio, sin ser mezclado con ningún otro sabor.
También se sentía erróneo hacer eso, indebido, un pecado más a su lista.
"Me dejaste toda manchada de tu orgasmo, así que procura limpiar bien, no quiero ver ni una gota."
Y eso haría.
La iba a limpiar muy bien.
Sintió el rostro rojo, hirviendo, lamiendo la piel de Ruby, sintiéndola en la lengua, con su propio sabor. Todo eso estaba tan mal, la forma en la que Ruby le hablaba, sus propios actos, y como le gustaba.
Escuchó a Ruby soltar una risa sádica que le heló la sangre y se la calentó por igual.
"Cualquiera diría que la señorita Schnee estaba en celo."
Siempre se sentía cautivada de diferentes formas cuando Ruby la llamaba así, pero ahora era diferente, pero no menos agradable, escalofríos pasando por su espalda.
Se vio asintiendo, sabiendo que su rostro estaba rojo, y ni siquiera era capaz de mirar a Ruby a los ojos, se sentía tan nerviosa, tan avergonzada, tan humillada y no podía creer que se estaba mojando ante esa mezcla de emociones. Estaba limpiando su lubricación en la pierna de Ruby mientras su cuerpo producía aun más.
No podía creer que su cuerpo estaba reaccionando de semejante forma.
No podía creer que su cuerpo estaba reaccionando de semejante forma en su propia casa, en su habitación, en aquel lugar al que consideraba tierra santa. Y si, ya se había venido ahí antes, pero ahora era con Ruby, con esta hablándole de esa forma, con esta haciéndole sentir cosas que nunca antes había sentido, que nunca había experimentado, y hacerlo ahí, en su habitación le resultaba aún más retorcido de lo usual.
Por ende, era aún mejor.
Al menos, donde Ruby, se sentía más segura, menos preocupada, así también en la habitación roja, donde nadie podía verla, solo Ruby, y así podía experimentar cualquier cosa que se le pasara por la cabeza.
Pero ahí, ahí había tantas posibilidades, tantas situaciones imprevistas, tantas personas bajo el mismo techo. No era un lugar seguro para dar rienda a sus depravaciones, mucho menos sabiendo el día que era, menos sabiendo lo que ese lugar significaba para ella.
Y si pensaba en eso, más temblaba de placer.
Era tan indebido, tan incorrecto.
Y tan agradable.
Realmente era una mujer egoísta, una sucia, que solo pensaba en su propio placer, en sus propios deseos. Lo era, era así, y era difícil asumirlo, a pesar de ser tan evidente, y estaba dispuesta a arriesgarlo todo por momentos así, donde sintiese su corazón palpitar con fuerza, la adrenalina llenando sus venas.
No se detuvo hasta que ya no quedó rastro alguno de lo que hizo ahí, solo el brillo de su propia saliva, y cuando terminó, notó como había dejado unas gotas de saliva en el abdomen de Ruby, así que antes de que el problema fuese mencionado, se acercó, limpiándolo también.
Recién ahí miró a la mujer, los grises observando minuciosamente el trabajo que había hecho, asegurándose que había limpiado hasta la más mínima gota de lubricación y orgasmo, y esperaba haber hecho un buen trabajo con su limpieza rigurosa.
Ruby sonrió al asegurarse que todo estaba bien hecho, y de nuevo se sintió arder.
"Lo hiciste bien, ¿Acaso te gustó el sabor de tu orgasmo?"
Ruby hablando así la enloquecía, no era algo común, el oírla así, hablándole con esa expresión enojada, sádica, sus palabras sonando incluso despectivas, y su lógica le decía que eso no debía gustarle, no debía darle el placer que le provocaba, pero era un acto, un acto para satisfacerlas a ambas, y esa misma intención era suficiente para hacerla hervir.
Se alegraba de haberlo logrado, de haber contribuido.
Y ahora anhelaba más.
Se vio jadeando, sintiendo la humedad crecer aún más en su entrepierna. Por inercia tragó, sintiendo aun los vestigios del sabor propio en la boca, sin embargo, no podía decir que le gustaba tanto como le gustaba el sabor de Ruby, y luego terminó mirándola, mirando su lugar privado, la zona que había dejado completamente expuesta por sus caprichos egoístas.
Podía ver los leves vestigios de lubricación, y se vio salivando.
Antes de decir algo, de contestar como era apropiado, de salir de su estupor, escuchó a Ruby soltar una risa leve, ronca, haciéndola saltar.
"¿Has visto lo que provocaste? Ahora tienes que hacerte cargo, y si lo haces bien, quizás te permita venirte una vez más."
Oh.
Eso quería.
Eso anhelaba.
Miró la sonrisa de Ruby, disfrutando de la imagen, sintiendo los escalofríos pasando por su columna, y bajó el rostro hacia la entrepierna de la mujer, sin dudarlo, enterrando el rostro en la carne, cosa que ya había hecho una vez, follando con su boca a Ruby por primera vez, sin embargo, a pesar de que ahora podía sentir que estaba haciéndola suya en su cuarto, se sentía completamente opuesto, ya que a pesar de que estuviese ahí, sentía que era Ruby quien follaba a su boca más que su boca a Ruby.
Era difícil de describir, pero la hacía hervir.
Al final, ahí Ruby estaba en control.
Arrebatándoselo por completo.
Aferró las manos a las sabanas, mientras movía su lengua por la zona húmeda, sintiendo el sabor de Ruby en su boca, mucho más agradable que el propio, y quizás era porque se trataba de Ruby, y eso era suficiente para que le encantase. Ahí su rostro ardió tanto como la misma zona, y no se detuvo, evitó siquiera tomarse un momento para respirar, para recuperar el aliento, porque debía hacer un buen trabajo, solo así podría venirse de nuevo, y era egoísta, así que haría lo que sea para conseguir el placer propio.
Y hacer eso, estar ahí, se sentía demasiado bien para no hacerlo, con recompensa o sin ella.
Se concentró en su tarea, escuchando como Ruby la guiaba, su voz sonando casi como un susurro a pesar de la fuerza de sus palabras, y se obligó a estar atenta a lo que decía, debía hacerlo, porque esta le decía que hacer, la guiaba, describiendo todo con exactitud, y escuchó palabras que se sentían tan prohibidas en ese cuarto.
Era extraño seguir ordenes, no creía que eso le gustase del todo, pero le quitaba un peso de encima que no sabía que estaba cargando.
Era liberador de cierta forma, el obedecer.
A pesar de sentirse erróneo el mirar a Ruby, el tener la audacia de hacerlo cuando debía concentrarse plenamente en su tarea y en obedecer a cada instrucción, pero no pudo contenerse. Por supuesto que Ruby lucía diferente a la última vez que había hecho eso, que estuvo enterrada en la entrepierna ajena, ahora esta estaba claramente en control, sin verse vulnerable, pero aun así notaba lo rojo en su rostro, en su cuerpo, y eso era suficiente para saber que estaba haciéndolo bien, eso y cuando esta se lo decía, y cuando sucedía, su rostro ardía, más y más, así como su centro, queriendo atención, y ansiaba sentir placer también.
"Me voy a venir, más te vale que te lo tragues todo."
Oh.
Ni siquiera creía que era necesario tener roce, ya se sentía cerca de venir con las meras palabras de la mujer, pero se aguantó, resistiendo, ya que debía tener el permiso para venirse, no iba a cometer un error.
Debía comportarse, o no tendría alivio.
Se vio tragando pesado, sintiéndose impaciente y ansiosa, y esos sentimientos crecieron cuando la mano de Ruby llegó a su cabello, sujetándola, evitando que pudiese huir, pero no lo haría, por supuesto que no. Iba a terminar de limpiar el caos que había provocado, y con gusto se iba a tragar todo lo que saliese de su mujer.
Escuchó a Ruby soltar un jadeo, su expresión aun en control, pero las piernas temblando a su lado le dieron la señal de que Ruby realmente estaba sintiendo el orgasmo atacándola con fuerza a pesar de mantener su posición dominante, y por su parte, no se detuvo, siguió limpiando, tomando todo el líquido que pudiese y tragándoselo, sin dudarlo, sintiéndose hervir cada vez que el líquido denso pasaba por su garganta.
"Lo hiciste bien, Weiss."
Ruby habló, sonriéndole, su rostro rojo, su cuerpo cálido, los temblores involuntarios aun evidentes en su cuerpo, pero a pesar de eso mantuvo su postura, y apreció eso, porque esa mirada, esa sonrisa, la hacía sentir débil, y le gustaba que Ruby tuviese el control sobre ella, que la dejase en el suelo y la elevase al mismo tiempo. Dudaba que dejase a alguien más hablarle así, tratarla así, haciéndola hacer trabajos denigrantes por recompensas, pero si se trataba de Ruby, sabía que podía llegar incluso más lejos con tal de conseguirlo.
No lo sabía aun, pero creía estar dispuesta a hacer cosas aún más depravadas.
Con Ruby haría todo, probaría todo.
Ruby se acomodó en la cama, sacándose el vestido apenas distinguible y arrugado de su torso y golpeó su pelvis con su mano, antes de apoyarse en sus antebrazos, cómodamente quedando sobre las almohadas.
"Ven aquí."
Y eso haría.
Estaba dispuesta a todo.
Se acercó a Ruby, posicionándose a horcajadas de esta, dejando su centro acomodado sobre la pelvis ajena, la zona estando lo suficientemente levantada para ejercer presión donde lo necesitaba, y vaya que necesitaba fricción.
Notó una sonrisa divertida en Ruby, mientras la inspeccionaba de arriba abajo, y se sintió temblar ante la atención, sabiendo como lucía, lo desesperada que debía de verse su expresión, y lo evidentemente mojada que estaba.
"Muéstrame como te vienes, Weiss."
Podría venirse solo con la voz de Ruby.
Con su tono ronco, suave, agradable, pero tan intenso, y dudaba poder sentirse así de bien si no fuese con Ruby, la necesitaba para sentirse así, para ser la Weiss que adoraba ser, que adoraba convertirse.
Se aferró al abdomen de Ruby, mientras su cadera comenzó a moverse por sí sola, su centro tan mojado, tan húmedo, que no tuvo problema en cooperar con la fricción.
Sus movimientos fueron lentos, parsimoniosos, porque temía cometer un error, o el hacer un movimiento en falso, y que Ruby le negase el orgasmo, no quería que eso ocurriese de nuevo, no lo soportaría, quería venirse pronto, darse en el gusto y terminar.
Y para eso debía comportarse.
"¿Eso es lo mejor que puedes hacer? ¿No tenías tantas ganas de venirte?"
Oh.
Al parecer estaba sobre pensando de nuevo.
Se le olvidaba que, en esos momentos, eso era exactamente lo que no tenía que hacer, no tenía por qué pensar, porque tomar una decisión, porque Ruby la tomaría por ella, y solo tendría que seguir sus palabras, sus instrucciones para sentir placer, nada más.
Además, sentir la mente nublada, era lo que más le apasionaba.
Soltó un jadeo, su cuerpo reaccionando de inmediato, su cadera moviéndose, más rápido, adquiriendo velocidad, su espalda tensándose con la acción, y la fricción apresurada hizo que sus piernas temblasen, pero no le importaba, venirse era su prioridad.
No fue capaz de mirar a Ruby, a pesar de querer hacerlo, su mente tan concentrada en su objetivo, en la necesidad abrumadora en lo bajo de su estómago, que era incapaz de hacer cualquier otra cosa.
De hecho, ni siquiera sabía si estaba gimiendo o no, no era consciente en lo absoluto.
Iban a escucharla, de seguro lo harían.
Y haciéndolo ahí, y ese día en particular, era sin duda un pecado, una aberración.
Y se sentía gloriosamente bien.
Soltó un jadeo intenso, su cuerpo temblando, llegando al orgasmo antes de siquiera reconocerlo del todo. Su piel estaba roja, hirviendo, cubierta en sudor, y ahora también su centro se mojaba aun más de lo que ya estaba.
Se quedó inerte, su cadera sin moverse, pero sus interiores retorciéndose, apretándose, disfrutando de los vestigios de su orgasmo, mientras poco a poco recuperaba el aliento perdido en esos cortos segundos moviéndose de una forma impropia.
Y lo impropio era lo más propio de sí misma.
Su cuerpo estaba agotado, tanto así que ni siquiera fue capaz de sorprenderse cuando Ruby se sentó en la cama, los brazos rodeándola, fuertes, cálidos, y apenas fue capaz de abrazarla, de hecho, ni sabía si lo hizo o no.
Solo sabía que luego de unos momentos, Ruby la llevó con esta, acostándose, dejando su cuerpo sobre esta, y no quería aplastarla, pero Ruby no parecía en lo más mínimo preocupada por eso.
Se sentía asquerosa así, tan mojada, tan sudada, tan agotada, sobre todo estar así en ese estado denigrante en su casa, en su habitación, en su antigua prisión, pero la mera idea le hizo sonreír.
Ya no la vería como una prisión.
Se acomodó sobre el cuerpo ajeno, y cerró los ojos, disfrutando de la sensación de las manos de Ruby pasando por su espalda, trazando círculos, y de un segundo a otro simplemente se relajó, durmiéndose inevitablemente.
Y se sentía erróneo, pero demasiado bueno para ser cierto.
…
Cuando abrió los ojos, la luz empezaba a entrar por las ventanas, aún demasiado temprano para ser de día, pero demasiado tarde para ser de noche.
Podía ver parte de su habitación, bañada en esa leve luz azulada de la madrugada.
Nunca había despertado tan temprano, pero de nuevo debía echarle la culpa a los medicamentos, este siempre estropeando sus horas de sueño.
Sentía el calor de su mujer tras su espalda, así como notó uno de los brazos de Ruby bajo su cuello, así como el otro sobre su abdomen, y pudo haber creído que todo lo que ocurrió no fue nada más que un sueño, y de hecho, lo creyó por un momento, habiendo despertado en la misma posición durante la noche, sin embargo, podía sentir como el cuerpo ajeno estaba desnudo, así como era consciente de su propia desnudez, ninguna capa de tela separándolas, y sintió el rostro arder al ser consciente de que si, estaban desnudas en su cama, ahora prácticamente a plena luz del día.
Pero de nuevo, la idea le causó gusto, no pánico ni nada semejante.
Cerró los ojos de nuevo, relajándose, disfrutando de las sensaciones agradables que sentía en ese instante, como el cuerpo de Ruby pegado al suyo, el calor de compartir el mismo espacio, la sensación tan cómoda que le daba su habitación en ese instante, tan nueva, diferente, mejor.
Pero no pudo encontrar fuerzas para dormirse, su cabeza despierta, más de lo que solía, y no solo iba a culpar de eso al medicamento, sino también a Ruby, que cuando dormían juntas, solía despertar más temprano, porque era agradable, y parecía que, aunque durmiese menos, las horas que dormía al lado de su mujer, las descansaba correctamente, no como era el caso cuando dormía a solas.
¿Y que era eso si no una prueba de que necesitaba dormir con Ruby más seguido?
Abrió los ojos de nuevo, una de sus manos moviéndose donde estaba la de Ruby, bajo su cuello, sobre las sabanas, y no se demoró en notar la cicatriz en su muñeca, y sabía que en la otra mano encontraría una muy similar. Llevó los dedos a la zona, sintiendo lo levantado que estaba al tacto.
No era tan notoria, había que prestarle atención para darse cuenta, pero ella, quien en parte había provocado esa herida, le iba a ser imposible no encontrarla en la piel ajena. Pero si a Ruby no le molestaba, y las llevaba con orgullo, no iba a mirarlas con repudio.
Solo esperaba que la siguiente locura que hicieran no involucrase heridas permanentes.
Si, se había dicho a si misma que haría de todo con Ruby, pero quizás era bueno marcar unos límites desde el comienzo, aunque considerar ese momento como un comienzo era bastante delirante de su parte, habiendo comenzado hace más de un año.
Iban a tener que pensar bien cuales eran los límites a los que llegarían, pero creía que Ruby estaba tan dispuesta como ella a probar los limites, a probar diferentes cosas, e ir delimitando desde ahí.
Honestamente, no quería negarse nada sin haberlo probado antes.
No quería perder una emoción indescriptible por el miedo a lo desconocido.
No quería ser una cobarde, no quería serlo como lo fue por años.
Y con Ruby, no tenía miedo a nada.
Volvió a cerrar los ojos, siendo consciente de que no se volvería a dormir, pero no le importaba, iba a disfrutar la cercanía, el calor, y pensando en eso, entrelazó sus dedos con los de Ruby, disfrutando de la sensación conocida de la mano ajena en la suya, la cual nunca iba a dejar de agradarle.
Pronto tendría que levantarse.
Ambas tendrían que seguir con sus deberes.
Ella misma debía desafiar sus fantasmas y a su familia, el hacer lo que Ruby le ayudó a hacer el día anterior, pero esta vez iba a ser ella quien lo hiciera, con sus propios medios, iba a ser fuerte, porque eso era algo que Winter le enseñó desde que era una niña, a ser fuerte, e iba a honrarla el siendo fuerte por ella y por el resto de su familia.
Iba a ayudarlos en esos momentos.
Ahora ya podía hacerlo.
Ruby le había dado el empujón, y ahora podía pararse erguida, estar en control sobre sí misma, sobre sus sentimientos, sobre su mente.
Pero en ese momento, iba a simplemente disfrutar ese mundo que era solo de ellas dos, sin nadie más, la una al lado de la otra, en soledad, en su propia burbuja.
Iba a disfrutar hasta el último segundo.
Ahí con su amada.
Capitulo siguiente: Hábitos.
N/A: Vaya, que capitulo, ¿No? Hasta a mí me ha impresionado, antes, cuando estaba empezándolo, me sorprendió el hacer el capítulo eh, ¿Veintialgo? El sexo ilegal en el auto, ese, me dije a mi misma que no iba a superar eso, y aquí estoy, imaginándome cosas aún más locas, y honestamente, estoy orgullosa de mí misma.
Aunque siento que estoy evidenciando un poco mis gustos…
Ustedes no oyeron nada ah.
Nos leemos pronto.
