Red Velvet
Capítulo 108: Destino
…
Y finalmente, comenzó una nueva semana.
Le sorprendió cuando salió de su habitación al día siguiente, y estaba Whitley ahí, esperándola.
Eso no se lo imaginó.
O sea, todo había acabado bien, entre ellos, entre ella y su padre, pero que este se acercase, que la esperase, era más de lo que imaginó que obtendría. Por supuesto que le aterró que ellos no le hablasen, pero ya había logrado hurgar dentro de ellos, de ver más allá de las personas que decían ser, que fueron hechas para ser.
Probablemente ella era a quien le costó más aceptar el mundo a su alrededor.
Bueno, a su cabeza, a la voz.
"¿Quieres que nos vayamos juntos?"
La pregunta de su hermano le sorprendió incluso más que verlo ahí.
Él ahora era más alto que ella, pero tenía una posición que mostraba la vergüenza y la timidez que tenía encima al preguntar algo así, y considerando que llevaban años trabajando juntos, en el mismo edificio, a la misma hora de la mañana, y jamás, nunca, se habían ido juntos.
Y siempre fue ella la que decidió alejarse.
Si, quizás ella era la que tenía más problemas, pero ya no más.
Se quitó la sorpresa de encima, y le sonrió a su hermano, manteniendo la compostura, sin querer entrar en temas pasados.
Ya no era esa persona.
"Pero yo manejo."
Su hermano iba a decir algo, pero se rindió antes de decir nada, y simplemente asintió.
A su hermano no le gustaba manejar, y siempre estuvo más cómodo con tener un chofer que lo fuese a dejar y buscar. Debía admitir que ella tenía un carácter fuerte, pero era Whitley quien era más explosivo de los dos ante ciertas circunstancias, como con gente estúpida, ella era más fría en ese sentido, pero a Whitley se le notaba la ira, y algunas veces lo había visto rojo de enojo.
Se veía tierno, no se podía negar eso.
Él sería un peligro al volante.
Ambos se fueron juntos a tomar el desayuno que Klein ya tenía preparado, pero su padre no estaba en la mesa con ellos, y tampoco era tan extraño, era muy temprano, y su padre no solía levantarse, y ahora, por lo que había ocurrido en la familia, que su ausencia se sintió más abrumadora. Por supuesto que temía que se encerrase de manera permanente.
Esperaba que estuviese bien.
Le dio una mirada a Klein, una mirada suplicante, y este de inmediato la entendió, tal y como cuando era una niña y tenía que mensajearse con él mentalmente cuando estaban en situaciones incómodas, y él aun la conocía muy bien. Era su confidente.
Deseaba que existiese la inmortalidad, porque vaya que iba a hacerle falta ese hombre.
"Me encargaré de hacerle compañía a su padre durante el día, no se preocupen."
Le daba cierta lastima esa situación.
La presión que le ponían a Klein sobre los hombros, tal y como en el pasado donde muchas veces él tuvo que ser quien estuvo al lado de su madre, cuando esta se encerró, siendo él el único bienvenido, pero, aun así, no fue suficiente, así como los intentos de su padre para ayudarla.
Al final, nadie pudo hacer nada.
Cambió de tema, sin querer centrarse más en lo malo, ya que a esta altura iba a estar preocupada todo el día, así que aprovechó de mencionarle a Klein lo que su familia ya sabía, sin querer dejarlo fuera, ya que él, sobre todo, era a quien más consideró su familia durante sus peores días, sus peores años.
Su reacción fue diferente a las demás.
Se vio dando un salto cuando el hombre la abrazó, y no recordaba la última vez que este la abrazó tan fuerte, no cuando se trataba de algo bueno, porque recordaba bien sus abrazos apretados cuando perdió a las personas que quiso. Pero ahora era diferente, era animada, lo escuchaba reír, y se vio riendo también, sintiéndolo tan genuino, tan feliz, que su humor creció.
Se sentía bien el decir lo que sentía.
El no ocultar lo que sentía.
"Me alegro mucho, mi copo de nieve. Se nota que has estado más feliz últimamente, y si eres feliz, yo soy feliz."
La voz de Klein sonó suave, burbujeante, feliz, y le creía, por supuesto que le creía.
Y se alegraba de que así fuese.
El ser feliz.
Este parecía incluso molesto cuando les presentó a quien sería su futuro marido, claramente sintiendo desde la distancia que aquel hombre no era para ella, y honestamente, lo sabía, nunca fue para ella, pero era a quien tuvo a su alcance en ese momento, al final, le enseñaron que el matrimonio era nada más que un papeleo, que un negocio, y su matrimonio fue la epitome de esa lección.
Y siempre iba a estar agradecida de que este le fuese infiel, que fuese la gota que derramó el vaso, y así al fin fue capaz de ver la vida de mierda que tenía, y pudo huir, y pudo recuperar su centro, emerger de cierta forma.
Tocó fondo, de eso estaba segura.
Pero ahora solo podía subir.
Aún lo creía como un milagro, el que todo sucediese de esa forma, que se enterase del engaño, que la ira la hiciese tomar una decisión impulsiva, una decisión que la iba a hacer volver a sus antiguos años, donde se sentía libre de cierta forma, y liberarse de esa relación, de esa vida, era lo que más necesitaba en ese instante, dejar de seguir las reglas y simplemente dejarse llevar. Y llegar a ese lugar que tantas memorias contenía, el que Velvet le diese un nombre, una acompañante, y que resultase ser a quien necesitaba en ese segundo, a quien le cambiaría la vida.
Si, si eso no era un milagro, no sabía lo que era.
Pero estaba completamente aliviada de que así fuese.
Era feliz, lo era, más que nunca.
Se vio caminando hacia la cochera de la mansión, sintiendo los pasos vacilantes de Whitley tras ella, hasta terminar en su auto, entrando, él siguiéndola. Y era extraño tener a alguien en el asiento del copiloto que no fuese Ruby, eso sí le causó cierta melancolía, pero no le molestaba, si era su hermano, no le molestaba.
Su familia era bienvenida en su nueva vida, en su nueva felicidad, y estaba segura de que Ruby pensaba exactamente lo mismo.
Lo notó nervioso mientras encendía el motor, y no lo imaginó así, de todas formas, él estaba más acostumbrado a tener un chofer que ella, así que el confiar en quien manejada debía ser una segunda naturaleza para él, entonces, creyó que no era eso lo que ocurría, la causa de su nerviosismo.
"¿Ocurre algo, Whitley?"
Preguntó, mientras mantenía la vista fija en el camino, mientras recorría el camino pavimentado alrededor de la mansión, para iniciar el descenso de la montaña. El día lucía brillante, a pesar de que se notaba que el otoño estaba asomándose, así que sabía que pronto debería volver a usar abrigos.
Su hermano carraspeó luego de unos momentos, removiéndose en el asiento.
"Solo estaba pensando que Klein realmente se vio feliz por ti, y me sentí mal de no haber sido así de efusivo cuando me contaste."
Oh.
Se vio soltando una risa, causando un bufido en su hermano, y no lo culpaba, parecía que se estaba riendo de él, y de cierta forma, lo estaba haciendo.
"Klein siempre ha sido muy expresivo en esas cosas, y tampoco esperaba que te pusieras a saltar de un lado a otro, hubiese pensado que te estabas mofando más que estuvieses feliz por mí."
"Ha ha."
La risa de su hermano fue tan carente de humor que se vio obligada a soltar otra risa.
Era tal malhumorado como ella, le encantaba darse cuenta de esas cosas.
"Pero lo digo en serio, con que me aceptaras era suficiente para mí, no esperaba mucho más, solo que no me odiases por decidir mi propio camino, por haber tomado una decisión que me hace feliz, eso me hubiese destruido."
Habló, pero su hermano no dijo nada luego de eso, quedándose en silencio, pensativo, y tampoco dijo mucho más, concentrándose en el camino, en como el calor ahí abajo aumentaba, conforme iban llegando el pie de la montaña. Saludó a los guardias que estaban en el puesto de seguridad ahí abajo, quienes aseguraban el perímetro y que nadie no autorizado subiese al terreno Schnee.
No se podía evitar ser precavidos.
Aunque no muchos se tomaban la molestia de viajar fuera del centro de la ciudad para subir una larga cuesta solamente para pedirles una exclusiva, a ella misma le agotaba a veces la mera idea de conducir para ir a casa, pero debía ser fuerte, porque le gustaba su independencia.
Al menos sabía que si lo necesitaba, podía llamar a un chofer a que viniese por ella, no era una tarea complicada en su posición.
"Supongo que te habría rechazado si me lo hubieses dicho hace meses."
Se vio dando un salto, la voz de Whitley llegándole de la nada, y este estaba tan silencioso que le tomó por sorpresa, a veces le pasaba en las reuniones que tenían juntos, donde este hablaba de la nada luego de mantenerse en un silencio total, como una estatua. Ese hombrecillo le iba a dar un infarto si seguía así.
Se tomó un momento para recuperarse y para digerir las palabras.
Y a pesar de lo que eso significaba, sonrió.
"No te preocupes, yo también me rechazaba a mí misma hace meses."
Y era verdad.
A pesar de haber terminado con Ruby, de haber decidido tomar la decisión fácil, y tan horriblemente difícil, de seguir el camino impuesto, de volver al color en el que empezó, a limitarse a esa vida, no fue capaz de aceptarse. Cada decisión que tomó, cada paso que tomó, cada vez que se dejó llevar perdiéndose a sí misma, perdiendo a la Schnee, liberando a la Weiss, le siguió pesando en los hombros.
Intentó hundir todo, se ahogó en el agujero, volvió a los mismos malos hábitos, solamente para acallar la culpa de lo que ocurría, y si no fuese eso suficiente, el cargar con sus acciones, también cargaba con la culpa del sufrimiento que le hizo pasar a Ruby, su rostro triste, agobiado, desesperado, bañado en lágrimas, siempre nítido en su cabeza.
Esos meses fueron un martirio.
Ni callar su cabeza con alcohol, ni mantenerse ocupada en el trabajo, ni seguir las reglas al pie de la letra, fueron capaces de mermar el sufrimiento, el insomnio agobiándola prácticamente cada noche, la voz, los recuerdos, la culpa, hundiéndola más y más.
Y le sorprendía como una sola llamada la quebró.
Como ver a Ruby frente a ella la devolvió a ese momento, y la hundió más y más, la quebró más y más.
Hasta que no pudo soportar más la máscara.
Rompiéndose, desvaneciéndose, dejando a la Weiss que conservaba adentro, expuesta, vulnerable, y en ese momento de debilidad, Ruby llegó, Ruby le ofreció un camino para que ella siguiese, un nuevo camino, donde ella sería libre y podría avanzar donde quisiese, con Ruby. Y por Dios que siempre iba a aceptar a Ruby, quería aceptarla, su piel tiraba, su corazón dispuesto a arriesgar todo con tal de sentir esa felicidad una vez más.
Y así, la persona que el mundo creó, que la sociedad creó, que su familia creó, desapareció.
Esperaba que jamás volviese.
Whitley finalmente decidió hablar, carraspeando suavemente.
"Pero no lo hago ahora, sé que has cambiado, antes no nos mirabas, no nos hablabas, nos evitabas a toda costa, no comías, no dormías, no parabas de beber, y me aterró que te pasara lo mismo que le pasó a nuestra madre."
La voz de su hermano le rompió el corazón, y se vio apretando el manubrio para evitar que su mirada se fuese hacia él, o lloraría, estaba segura de que lloraría.
Se había vuelto débil de cierta forma.
Pero nunca había sido tan fuerte.
"Si Ruby pudo ayudarte, si te salvó de ese destino, entonces estaré siempre agradecido con ella por sacarte de ahí. Aún me parece extraño, tan ajeno a todo lo que he conocido, y quizás esa sensación no se acabe, pero, aunque no lo parezca, aunque sea incapaz de expresarlo correctamente, aunque me cueste evitar los viejos hábitos, estoy inmensamente feliz de que estés bien, de que Ruby sea la causa de que tenga a una de mis hermanas viva."
Mierda.
Frenó en una luz roja, sintiendo los ojos arder.
A pesar de que creía que había superado lo de Winter luego de que Ruby viniese, luego de que la sujetara, luego de que la reconfortara, luego de que la ayudase a conciliar el dolor, el sufrimiento seguiría ahí, la idea de que esta no estuviese más en el mundo era agobiante, y el escuchar a su hermano hablando de eso, el saber que él pudo haber tenido que soportar la muerte de sus dos hermanas, era doloroso, insoportablemente doloroso.
Pudo haber sido ella.
Pudo haber sido su rostro en un retrato, rodeada de flores, su cuerpo inerte asfixiándose dentro de un ataúd.
Ese iba a ser su destino.
Whitley le agradecía a Ruby, y debía hacer exactamente lo mismo, porque era así, ese iba a ser su lugar de descanso eterno, luego de que acabase con su vida, luego de que la bebida, la inanición, el estrés, el insomnio la destruyesen.
Y su corazón roto.
Había llegado lejos, en solo unos meses, se había alejado de la misma muerte.
Había salido del agujero, y se sentía refrescante vivir.
Quería vivir.
Sintió la mano de Whitley tomando la suya, esta fría, delgada, tal y como era la propia, y eso le recordó, de nuevo, que estaba viva, que su camino era diferente, que su destino era diferente, ya no era el que el mundo le lanzó encima, logró destruirlo.
Destruirse a sí misma.
Y nunca iba a dejar de disfrutar el hacerlo.
"Lo siento, no debí decirlo mientras manejabas."
Negó de inmediato, evitando que su hermano sintiese culpa, la maldita culpa, de sus emociones emergiendo, porque era verdad, y no podía negar la verdad.
"Me alegro de que me lo digas, y tienes razón, Ruby logró sacarme de ahí, de la tumba que cavé para mí misma, y se encargó de romper la falsa careta que cree para autodestruirme. Sin ella, me aterra pensar lo que el cruel destino tenía preparado para mí."
Su hermano retrajo su mano de la suya, no sin antes apretarla, el agarre sintiéndose más iracundo que suave, y entendió porque se alejó. Notó de reojo como este tenía las manos sobre el pantalón, sobre sus rodillas, enterrando los dedos en la tela, su expresión llena de ira, sus ojos intensos, enfurecidos.
Él no dijo nada, pero por su expresión, pudo jurar que insultó al destino.
Por llevarse a su abuelo.
Por llevarse a su madre.
Por llevarse a su hermana.
Si, el mundo era cruel, infinitamente cruel.
Avanzó por las calles, ya llegando a su destino, bajando por el subterráneo, estacionándose en su lugar designado, siempre libre para que pudiese poner su auto, preferencial. Y juró, durante años, el trabajar duro para merecerse esos privilegios, para no ser la clase de persona que siempre le dijeron que era, le iba a hacer a todos comerse sus palabras.
Así como iba a trabajar duro para torcerle la mano al destino, las veces que fuese necesario.
Whitley se iba a bajar, pero lo detuvo, agarrándolo del antebrazo, tal vez con más fuerza de la necesaria, pero eran los impulsos, era la determinación pasando por sus venas, incapaz de reaccionar debidamente, controladamente.
"Nosotros podemos escoger nuestro propio destino, Whitley, que no se te olvide."
Notó sorpresa en los ojos celestes, la copia de los propios, pero rápidamente los vio llenarse de los mismos sentimientos que los propios expresaban.
Seguridad.
Confianza.
Determinación.
Y este asintió.
"No lo voy a olvidar, Weiss."
Y finalmente lo liberó, este saliendo del auto, avanzando, y vio cómo su postura asimiló lo que sus ojos le mostraron, y le causó alivio de que así fuese.
Su hermano también había crecido mucho.
Ahora seguirían creciendo juntos.
Por su parte, subió hasta su piso, hasta su oficina, sintiéndose energizada, sintiéndose una persona completamente diferente a quien fue la noche del viernes, y adoraba, le encanta de una manera inmensurable, como podía mirar al día anterior y darse cuenta de que había cambiado un poco más.
Siempre cambiando.
Iba a ser fuerte, e iba a crecer cada día más, iba a hacerlo por los que ya la dejaron y por si misma.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, le sorprendió el ver una figura familiar ahí, apoyada en el mesón de su secretaria.
Una invitada inesperada.
Coco la observó, alerta a cualquier sonido, como el del ascensor, y se le acercó, manteniendo la distancia para que pudiese salir de la caja de metal, pero sonriéndole, las manos en la cintura. Esta estaba bien vestida, con más accesorios que nunca, despampanante, como siempre la describían en las revistas. Y pensar que la vio, hace solo dos días, completamente de negro, sin accesorios, sin mayor detalle llamativo, nada, solo negro, y jamás la vio así, nunca, y se dio cuenta que quizás Coco también había cambiado un poco, y le causó alegría que así fuese.
Creando su propio destino.
Permitiéndose cambiar por otros y por si mismos.
"Vine a ver si estabas bien, cariño."
Oh.
Esa Coco.
Se vi soltando una risa, por supuesto que no iba a llamarla como la gente normal, o quizás temió que no le contestase la llamaba, ya había ocurrido, lo entendía.
Lo primero que hacía era alejarse de todos, de todo, era su mecanismo de defensa.
"Estoy bien, Coco, no tienes de que preocuparte."
Y de inmediato notó los ojos, estos tras los cristales tintados, tornarse más oscuros, esta acercándose, poniendo una mano en su hombro, firme. Su rostro cambiando, ya no teniendo esa expresión indefinible y relajada, falsa incluso, ahora tornándose preocupada.
"¿Estás segura de que estás bien?"
Honestamente, a veces se lo preguntaba.
¿Algún día estaré bien?
Hace unos meses, hubiese dicho que no, que solo su muerte prematura, la muerte prematura destinada para un Schnee iba a ser lo único que terminase con sus lamentos, con su permanente miseria.
Pero no, ahora era diferente.
Asintió, sin dudar.
"Aún es reciente, aun duele, pero estaré bien, cada día estaré mejor."
Y lo decía segura, convencida.
Porque así quería que fuese, así que así sería.
De inmediato Coco asintió de vuelta, una sonrisa en su rostro, ya más tranquila con su respuesta, con la respuesta que quizás anheló oír.
Esta se giró, mirando a su secretaria, quien las miraba a ambas con confusión, sin saber que decir, si debía preguntar que ocurría, pero insegura si hacerlo o no, al final, estaban en el trabajo, ya no estaba arriba el interruptor social, y estaba segura de que había oído la conversación, esas orejas iban a captar lo que sea.
"¿Puedes traernos un café, linda?"
Y su secretaria asintió sin dudarlo.
Por supuesto que esa era la idea de Coco.
¿No tenía nada agendado para esa hora? Esperaba que no, pero bueno, era Coco, podía desperdiciar unos minutos con su amiga y modificar un poco su agenda.
Entraron a su oficina, y dejó su bolso de lado, sentándose en su asiento, Coco sentándose al frente de ella, cruzándose de brazos, y sabía qué, de ser en otro momento, esta la habría empezado a cuestionar o algo, pero no parecía ser así ahora.
"Me hubiese gustado el haberte ayudado más, Weiss."
¿Qué?
Escuchó a Coco soltar un suspiro, un gesto bastante impropio, así que le sorprendió, sobre todo cuando aprovechó de sacarse las gafas, dejándolas sobre su escritorio, los ojos sin mirarla, enfocándose en la pared. Antes de poder cuestionarla, esta la observó, sonriéndole, orgullo saliendo de sus poros, una mirada que rara vez había visto.
Porque antes no se merecía una mirada así.
"Por eso mismo te llevé a Ruby, creo que era la mejor forma de ayudarte."
Oh.
Se vio soltando una risa, típico de Coco.
"Aunque aprecio el gesto, sabes bien que siempre me has ayudado, incluso cuando éramos jóvenes, si pude sentirme un poco más libre, fue gracias a ti."
Coco le enseñó un mundo nuevo, y la apoyó en todo lo que pudo, incluso cuando se cerró por completo. Coco siempre estaba ahí para ella.
Se enfocó en los ojos oscuros de la mujer, esta acomodándose en la silla, apoyando los antebrazos en el escritorio, su postura tensa a pesar de tener una expresión suave en el rostro.
Si que habían cambiado, ambas.
"Pero no pude salvarte del todo."
Salvarla del destino.
No, suponía que no.
Pero si la salvó en más de una forma, y no iba a negar eso, lo evidente, la realidad.
"Tú me diste el empujón, Coco, incluso con Ruby, tú lo sabes mejor que nadie, me lo dijiste incluso, que tu intención era ayudarme, que luchaste por nuestra relación, y sabes que te estaré siempre agradecida."
Ahora que lo pensaba, esto no lo habían hablado en persona.
Tuvieron esa conversación por teléfono, sin poder mirar los ojos de la otra, pero le agradó el mencionarlo, porque notó un brillo en los ojos ajenos, un brillo que no solía ver, y le causó gusto que así fuese.
Coco asintió, sin dejar de mirarla, la sonrisa apareciendo en su rostro, tomando fuerzas.
Al parecer la muerte la hizo dudar.
Las hizo dudar.
Pero así era la muerte, haciendo que todos vacilasen, que olvidasen por un momento cosas que tenían tan claras en su mente en cualquier otro momento, derrumbando la confianza.
Le alegra el ayudar a que Coco lo recordase, que se lo volviese a plasmar en la cabeza.
Esta se acercó, acercó su mano enguantada, para darle unas palmaditas en el dorso de la propia, y el gesto era tan simple, pero era suficiente, más cálido de lo usual, de lo que Coco solía ser.
"Cierto, y tú sabes que puedes contar conmigo, siempre, para lo que sea."
Se vio soltando una risa.
Claro que lo sabía, claro que lo recordaba, esa llamada estaba clara en su memoria.
Coco siempre estaría ahí, siempre, tal y como dijo, y así fue, incluso cuando ella fue una pésima amiga.
"Sobre todo si requiere violencia, ¿No?"
Coco la miró, sorprendida, para luego soltar una carcajada.
Esa llamada la hizo sentirse más tranquila en un momento de dolor, y apreciaba el tener a Coco a su lado, el que, a pesar de no ser las amigas más cercanas, supiesen que estaban ahí para la otra. Lamentablemente siempre era ella la que necesitaba de Coco, y Coco o no tenía problemas o los ocultaba muy bien, lo que no estaba bien.
Quizás tenía amigas demasiado abnegadas.
Un poco de egoísmo no le haría mal, y quería ser capaz de estar ahí por ellas también.
"También puedes contar conmigo, Coco, para lo que sea."
Y notó una sonrisa en Coco.
Una gran y maliciosa sonrisa, así que se apresuró a añadir algo más a su frase.
"Pero no te pases tampoco."
Y Coco volvió a reírse, y no pudo evitar reír también.
Finalmente, esta se removió, acomodándose en la silla, cruzándose de brazos, su postura relajada, así como su expresión, pero la malicia seguía brillante en sus ojos.
"Ahora que lo dices, ¿Qué te parece salir de fiesta?"
¿De fiesta?
Antes de preguntar, Coco continuó.
"Quería hacer algo para que pudieses distraerte, sé que siempre te obligo, y ahora que dices que harás lo que sea por mí, pues, quiero que vayas, y te relajes un poco, han sido unos meses bastante intensos."
En eso estaban de acuerdo.
El destino parecía querer hacerla vacilar con todo lo que ocurría, pero no iba a caer, lo sabía, ya era una persona diferente, y, bueno, quizás si sería divertido, le haría bien el cambio de aire, y hace mucho que no salía de fiesta, y no contaba la de los socios, porque claramente lo que Coco tenía en mente era algo diferente, menos refinado, lo tenía claro. Alcohol, música, baile, locura y coqueteo, Coco no podía no coquetear en esos ambientes.
Soltó un suspiro, asintiendo.
"De acuerdo, saldré de fiesta, solo porque te quiero mucho."
Haría mucho por Coco, y salir a esos lugares siempre fue la epitome de satisfacer los deseos egoístas de su amiga, y esta sabía lo mucho que detestaba esos ambientes. Bueno, ya no tanto, tenía buenos recuerdos.
Ruby siempre teñía sus recuerdos de la mejor manera posible.
Escuchó a su secretaria hablar al otro lado de la puerta, y fue Coco quien se paró a abrirle la puerta y dejarla pasar con las dos tazas de café en las manos, avanzando para dejarlas en el escritorio, y le agradeció por el gesto. Siempre agradecía un café en la mañana.
Coco se movió, dirigiéndose a Blake, llevando una mano a su cabello, casi rozando sus orejas, y sintió el pánico subiéndole. Eso no se debía hacer, pero bueno, era Coco, muchas personas le perdonaban todo ante sus muestras de carisma innato, pero a ella, por ser quien era, siempre se sentía incomoda con esas cosas.
La culpa que cargaba su nombre.
La discriminación que cargaba sobre sus hombros.
Pero no era así, ya no más, nadie más.
"¿Y si invitamos a la gatita también? ¿Qué te parece? ¿Tu vaquera estará disponible para la noche del viernes?"
Se vio llevando una mano al rostro, sintiéndose arder en vergüenza, como si ella misma hubiese dicho esas palabras, de esa forma, o como si ella misma hubiese hecho un acercamiento para nada decoroso con su secretaria, pero por supuesto que Coco estaba inamovible, tranquila, como si hubiese ofrecido un café por mera cortesía.
Su amiga era una desvergonzada.
Sabía que Yang y Blake eran personas abiertas de mente, pero Coco parecía querer meterse en medio, y le aterraba que así fuese. No, no que destruyese la relación, Coco no era de esas, se refería más a… o sea, no, no lo iba a decir, pero el solo pensar que cabía la posibilidad de ellas tres…
No, no lo iba a decir ni en su mente ni lo iba a pensar, eso era demasiado para ella, había cambiado, sí, pero no para volverse loca.
Era su cuñada por el amor de Dios.
Se iba a ir a limpiar el cerebro con blanqueador y así eliminar cualquier rastro de ese mero pensamiento.
Su secretaria miró a Coco, hacia arriba, y se alegró de estar sentada o se vería diminuta al lado de ambas. Esta no se veía ni disgustada con la proposición ni con el acercamiento, incluso se veía cómoda, y quizás ella era el único ser humano que podía negar los acercamientos de Coco, siendo inmune a sus coqueteos y a su carisma.
Los ojos ámbar de Blake la observaron de reojo, como si le preocupase que su aparición en un lugar así le molestase, pero trató de darle la mirada más calmada que podía dar, a pesar de aun sentir las emociones revueltas ante lo desvergonzada que era Coco. Y luego esta volvió donde Coco, asintiéndole, sonriéndole.
"Estoy segura de que Yang hará todo para tener su horario liberado, le encanta salir de fiesta."
Coco asintió apenas tuvo confirmación, soltando una risa animada, de inmediato pensando en todas las posibilidades.
"Y mi pequeña aprendiz está obligada a ir, no le voy a dar opción. Ay que emoción, ya estoy impaciente, ya quiero ver a mis niñas en acción."
¿En acción? ¿Sus niñas?
No tenía idea que tenía Coco planeado, y sabía que eso podía ser algo malo para su salud mental.
Pero si Ruby estaría ahí, no le importaba.
Ese era el lugar donde pertenecía, a su lado, con ella.
Con quien redirigiría su destino.
Y eso era lo único que le importaba.
Capitulo siguiente: Confusión.
N/A: ¡No nos volvamos locas! Debo admitir, aquí, que muchas veces uso a mi esposa como musa para escribir a las waifus, porque es perfecta para el papel, así que me meto en su mente y hurgo en lo más profundo de su psique para escribir.
¿Qué les ha parecido? Está largo sí, normalmente los capítulos largos son porque se ponen sexys y me gusta rellenar, pero es que había muchas cosas que mencionar, que decir, que hacer, y es un punto culmine de la historia, si, está acabándose, pero aún quedan capítulos en mi tintero metafórico.
Espero los disfruten todos.
Nos leemos pronto.
