Red Velvet
Capítulo 109: Confusión
…
"¿Estás seguro de que no quieres ir?"
Y su hermano, tal y como ocurrió cuando le preguntó la última vez, se horrorizó. Si ese tipo de fiestas para ella eran incómodas, para él era mucho peor. Hizo muchas locuras cuando joven, pero era muy diferente a hacer locuras como adulta, y ver esos lugares en acción, ver personas que no se conocían de nada bailar pegados, decirse cosas, haciendo cosas, incluso una vez fue a uno de los baños y casi se desmaya al ver lo que vio, y eso le pasó a ella, que, de nuevo, ya había visto cosas en su juventud, en sus años rebeldes, pero su hermano no era así, él era más tranquilo, siempre lo fue, comportándose a cada momento, pero aun así, jamás lo vio lo más mínimo interesado en esas cosas.
Bueno, tampoco hablaban lo suficiente para saberlo.
Ahora era claro su terror.
"Ya te dije que no, Weiss, ve tú y disfruta."
Pero, no sería su hermana mayor si no se lo preguntase dos veces, o si no lo molestase al respecto, y no quería usar a Yang de ejemplo a seguir, pero era divertido, ya veía porque esta trataba así a Ruby, simplemente era adictivo.
"Coco puede presentarte a alguien."
Y su hermano se tornó un tomate, probablemente por vergüenza e irritación en niveles similares, y eso fue suficiente para hacerla soltar una risa.
"¡Que no!"
Si, era divertido, era innegable.
"Por favor, Weiss, no molestes a tu hermano."
Su padre habló, este acomodado sofá, leyendo el periódico, tranquilo, pero levantó el rostro para mirarlos a ambos, los dos hablando en la sala de estar, ella ya vestida para salir con su abrigo puesto y con su bolso en la mano con su ropa para el día siguiente. Por supuesto que iba a aprovechar de pasar la noche con Ruby, así como el sábado. No se veían seguido, no tanto como le gustaría, así que se arrepentiría si no aprovechaba de pasar el día a su lado.
Esa era la mayor distracción que necesitaba.
Se quedó viendo a su padre, notándolo más descansado que al comienzo de la semana, se veía cansado, sí, eso era verdad, pero estaba comiendo, estaba durmiendo, no estaba bebiendo, y se levantaba cada día, así que eso era una buena señal, o al menos eran las señales que solían simbolizar el peligro en esa casa.
Y si la regañaba, significaba que tenía energías, también algo bueno.
"Lo siento, no me contuve."
A pesar de su disculpa, Whitley se cruzó de brazos, molesto, pero no lo suficiente para irse, quedándose ahí, a su lado.
Ese pequeño cascarrabias.
Al final, este carraspeó, llamando su atención, su postura tensa, y su rostro aún rojo, volviendo a la normalidad lentamente, demasiado lento quizás. Su expresión se tornó curiosa, notando el bolso en su mano, parecía querer preguntarle sobre eso, tomando fuerzas.
"Imagino que no vas a volver, ¿Estoy en lo correcto?"
Bueno, volvería.
Siempre volvería, pero entendía la pregunta, así que asintió.
"Me quedaré en la casa de Ruby durante el fin de semana, ¿Me vas a extrañar?"
"Oh, por favor."
Si, era inevitable.
Whitley rodó los ojos, para luego darle una sonrisa, su rostro ya en calma, y se sentía tan diferente a antes, incluso hace solo una semana. Las cosas habían cambiado bastante, y cada día se tornaban mejores.
Y así seguiría.
Pero su mirada parecía decirle algo, o contenerse de cierta forma, aguantando las palabras, y se vio haciéndole un gesto para que dijese sin tapujo alguno lo que quería decirle. No se iba a enojar ni nada, por el contrario, ya le había dicho que quería estar ahí para él, para escucharlo, siempre estaría ahí, siempre.
No iba a fallar como hermana.
Whitley negó, bajando la mirada, cierta vergüenza en su rostro.
"Nada, solo me impresiona como se te ilumina el rostro cuando hablas de Ruby, te ves realmente feliz."
Oh, sí.
Se le notaba.
¿Y cómo no se le iba a notar?
Coco notó su cambio cuando apenas había visitado a Ruby, su comportamiento, su entera existencia cambiando desde el primer momento.
"Supongo que me es difícil ocultar lo mucho que la amo."
Su hermano le sonrió de vuelta, genuinamente feliz por ella, y eso era agradable, era algo que hace meses no se hubiese podido siquiera imaginar. Se quedaron viendo un momento, hasta que ambos escucharon un sonido de sorpresa, proveniente de su padre, y ambos se giraron para mirarlo, y vaya, sí que tenía una mueca de sorpresa.
¿Quizás decir amar era muy impactante para él? Claro, no estaba acostumbrado a las muestras de afecto tan directas.
Tal vez debería tener cuidado a la hora de formar las frases.
"¿Amar?"
Y la pregunta de su padre la dejó absorta.
Y probablemente dejó absortó aún más a su hermano, este levantando una ceja.
Un momento…
Sintió la mano de su hermano en su hombro, el agarre firme, tenso, incluso más fuerte de lo que creyó que su mano sería, y ahí recién desvió la mirada de su padre, enfocándose en Whitley, quien tenía una expresión de puro horror, y nunca había visto una mueca tan expresiva como esa en su rostro.
Oh.
Al parecer había un problema ahí.
Uno enorme.
"¿No le dijiste?"
Su hermano le preguntó, como un susurro, pero tan en pánico que hasta su padre debió oír.
Oh no.
Volvió a mirar a su padre, quien fruncía el ceño, curioso, sorprendido, confundido, y tragó pesado, pero intentó convencerse a sí misma que si lo había hecho, porque, ¿Cómo no lo iba a hacer? Estaba segura de que sí le había contado.
"Pero si te lo dije, padre."
Y este, robóticamente, negó.
"No, no lo hiciste."
¿¡Que!?
Iba a decir algo, de hecho, algo en su favor, pero fueron solo palabras al aire, sin sentido, y se sintió una estúpida sin poder decir bien frase alguna, pero los nervios sacaron lo peor de ella, porque ya no estaba tan segura de nada.
No podía ser verdad.
Su padre negó, mirándola desde su lugar, frunciendo el ceño, pero no en enojo, más bien parecía confusión.
Una gran confusión.
"Pensé que te referías a algo platónico, no lo hiciste sonar como amor, como una relación de pareja, mucho menos fuiste especifica."
Su padre le dijo, levantándose del asiento, ignorando por completo el periódico que tenía en el regazo, este cayendo al suelo.
Ah.
Oh por Dios.
Era verdad.
Estuvo tan enfocada en decirle lo que sentía, lo mucho que Ruby la ayudó, lo que le permitió ser, que olvidó por completo decirle lo más básico, que era que la amaba, que tenían una relación romántica. Se vio llevando una mano al rostro, sintiendo la palma fría contra su rostro rojo, completamente rojo, y se rio de su hermano, pero estaba segura de que le había ganado.
"No puedo creer que no lo mencioné, y luego de todo lo que dije, debió sonar así, platónico, como que fue una salvadora, nada más. Lo siento, padre, debí ser más clara."
Y el miedo pudo haber surgido, pero notaba más confusión en su padre que enojo, que molestia, que asco. Lo cual era bueno, pero todo ese malentendido la hacía sentir realmente tonta, porque se volvía una tonta cuando pensaba en Ruby.
"¿Entonces, todo este tiempo, a pesar de todos los hombres con los que saliste, siempre fuiste una lesbiana?"
Oh.
Esa pregunta que le hizo su padre era realmente interesante.
Pregunta que hasta se hizo alguna vez, más de una vez.
Y nunca tuvo respuesta.
"No, o sea, no lo sé."
Y nunca lo sabría, dejó de preguntárselo tiempo atrás, mucho tiempo atrás.
Para su sorpresa, no, en realidad, no se sorprendía con lo vaga de su respuesta, pero la confusión de su padre creció aún más, y no sabía si este se estaba tornando rojo de enojo o vergüenza, y no pudo evitar sentirse bien viéndolo así, poco compuesto, y hacer que su imagen le recordase a la de ambos, pero no podía distraerse, era una conversación seria que debieron tener aquel día, y que al parecer con las emociones que experimentaron, no tuvieron.
"¿Cómo no lo sabes?"
Dios, era difícil pensarlo, entenderse, desglosar la situación en la que estuvo, pero debía intentarlo, así que se forzó a pensar, a intentar entender lo que pasó por su cabeza en esa época, aunque tenía claro que los sentimientos nunca fueron su motivación, de eso estaba segura.
Y era extraño el declararle todo eso a su padre.
Quien fue la razón de que todo sucediese.
"Siempre me han atraído los hombres, padre, pero a un nivel superficial, por como lucían o por la posición que tenían, o a veces solo necesitaba una distracción y aceptaba lo que tuviese al alcance, pero jamás lo sentí en el corazón. Nunca sentí nada relevante por ninguno de los chicos con los que salí, ni siquiera con mi ex prometido."
Pero a pesar de su explicación su padre seguía confundido, sus hombros cayéndose, así que se obligó a continuar. Sentía las manos sudar, y eso no ayudaba a calmar sus nervios. No le aterraba la reacción de su padre para que fuese la causa de sus nervios, pero si la urgencia de la situación era suficiente para sentir el estrés subiendo.
Se obligó a respirar profundo, mirando a los ojos a su padre, quien pareció calmar también sus reacciones precipitadas, calmándose junto a ella, escuchándola.
"Me dijiste que nunca te habías enamorado, padre. Cuando Ruby llegó a mi vida, los sentimientos que hizo emerger en mí me hicieron darme cuenta de que nunca me enamoré, tal y como tú, jamás, porque lo que sentí por ella era indescriptible, era una felicidad que jamás llegué a conocer, que parecía irreal de lo correcto que se sentía."
Se vio bajando la mirada, mirando sus manos, recordando la primera vez que tuvo un acercamiento con Ruby, cuando esta tomó sus manos, cuando la sujetó con una firmeza, con un cuidado, con una calidez, que se vio completamente anonadada, ya que jamás en lo físico sintió lo más mínimo similar. Antes de siquiera conocerla del todo, sabía que esa mujer era diferente, que su humanidad reaccionaba a ella, su cuerpo, su corazón, su alma.
Y ese agarre, aún permanecía en su memoria, nítido.
Las palabras.
Las sonrisas.
El apoyo.
El confort.
La libertad.
Nunca iba a olvidarlo, porque cambió, en ese preciso instante se dio cuenta que Ruby la iba a cambiar, que ya no iba a ser la misma persona en el momento que entró en esa habitación en el Red Velvet, era su lugar especial, el que tenía cientos de memorias, donde se sintió que pertenecía, era una realidad diferente, especial, era su propio país de las maravillas, donde podía encontrarse a sí misma, y olvidar el caos que existía tras esa puerta.
Ahí era Weiss.
Y si ahora seguía siendo Weiss, fuera de esa habitación, era gracias a Ruby, y le estaría siempre agradecía.
Levantó la mirada, sorprendiendo a su padre en el proceso, su silencio debió ser eterno.
"A penas la conocí, supe que iba a dar vuelta mi mundo, y eso hizo desde el primer momento. Rompió en pedazos a la antigua yo, destrozó mi máscara, la creación que hice para ser la mujer perfecta que debía ser, y luego me armó de nuevo, con cuidado, con paciencia, con cariño, y armó a una nueva persona, a una nueva Weiss, y por lo mismo ahora soy como soy, porque me siento mejor que nunca."
Ahora era libre.
Ahora era capaz de todo.
Ahora era imparable.
Su padre quedó atónito, mirándola, para luego bajar la mirada, su expresión pensativa, y a pesar de lo calmo de su cuerpo, este se tornó más y más tenso, y cuando los ojos celestes la miraron, este lucía aún más tenso, de hecho, su expresión era de pánico, de urgencia.
Y no lo entendió.
No hasta que él habló, exudando desesperación.
"S-significa que tengo que llamarla, h-hay muchos trámites, cientos, que se tienen que hacer, contratos de confidencialidad, monetarios, y t-también tengo que llamar a nuestros abogados para ver el tema legal antes de efectuar el matrimonio-"
Así que esa era su preocupación.
Oh no.
No iba a suceder de nuevo, no lo iba a aceptar.
"¡No!"
Le sorprendió que su negación tuviese un eco, y cuando se dio cuenta, Whitley estaba a su lado, negándose también, pánico en su mirada, claramente apoyándola en el tema de mantenerla fuera del altar, tal y como quería, y sintió un alivio de que así fuese. Quizás había cierto egoísmo en la súplica de su hermano, pero no le importaba, era por un bien mayor.
Ya no estaba sola en eso.
Su padre dio un salto ante el grito de ambos, poniéndose tenso como un gato asustado, completamente inerte, mirándolos, sin entender.
Se creó un silencio incomodo ahí, ninguno de los tres siendo capaces de decir algo.
Pero al final, su padre decidió romper el silencio, mirándola.
"¿No quieres casarte?"
No sabía porque, pero la pregunta venía con un cierto atisbo de esperanza, como si él esperase que ella no quisiera, y por el pánico que vio en su rostro, y en su voz, asumió que quizás él no estaba cómodo con la idea, pero como el patriarca, como su padre, debía tomar el control de la situación y hacer todo el papeleo correspondiente para que la familia mantuviese su lugar.
Negó de inmediato, y notó tensión en su hermano, quien parecía listo para pelear si es que su padre quería seguir con el tema del matrimonio.
Pero dudaba que fuese el caso.
Al final, ella sabía lo que su padre tuvo que pasar.
"No quiero volver a sentirme así, padre. Comprometerme me destruyó de muchas formas, me hizo más daño de lo que imaginé, y no quiero arruinar la relación libre y feliz que tengo con Ruby para ponerle un nombre que significó tanto sufrimiento para mí. No quiero volver a vivir semejante esclavitud."
Su padre la miró, quedándose en silencio, hasta que su expresión cambió a una más triste, agobiada incluso, mientras este soltaba una risa carente de humor.
"El matrimonio destruyó a esta familia, lo entiendo."
Si, por supuesto que su padre lo sabía.
¿Cómo no iba a saberlo?
El mismo ni siquiera se quiso casar, tener una familia, pero tuvo que hacerlo para complacer a su padre, para cumplir con las reglas que estaban impuestas por la sociedad de Atlas, por los comandos de su progenitor.
Se acercó a su padre, tomando las manos ajenas en las suyas, tal y como esa noche, sujetándolo con todas sus fuerzas. Este levantó la mirada, los ojos de ambos tan similares observándose por cosa de segundos, minutos, no lo sabía, simplemente aceptando el momento, la cercanía, que no pudieron tener por años, ya que fue ella quien huyó de la mirada ajena, quien huyó de su padre, quien lo dejó para siempre en la oscuridad de su mirada.
Y ya no era así.
Nunca más.
"Ruby quiere ser libre, yo quiero ser libre, sin ataduras, sin las reglas de la sociedad corrompiendo el amor que tenemos para la otra, así que vamos a quedarnos así, creando nuestro propio camino, sin que nadie nos diga que vida tenemos que llevar ni como llevarla."
Su padre asintió, sujetando sus manos de vuelta, ya más firmes, el mismo más tranquilo, menos agobiado, sin las memorias de su vida abrumando su mente, tomándose un momento para volver al presente y poder mirar hacia el futuro.
Y quería darle a Ruby un futuro que pudiese disfrutar.
Así que continuó.
"No necesitamos eso, esa vida, esos títulos, padre, así que no tienes que preocuparte por eso, pero, como Ruby perdió a sus padres, a su familia, así como nosotros perdimos parte de la nuestra, quiero pedirte solamente una cosa, y es que la aceptes como mi pareja a pesar de todo, y que le des la oportunidad de conocerte, de ser parte de nuestra familia."
Pertenecer.
No quería quitarle la libertad a Ruby, el obligarla a usar su apellido, jamás querría hacer algo así, pero tampoco le iba a negar la posibilidad de poder tener un atisbo de familia, y si, estaba rota, pero se la iba a ofrecer, todo lo que tenía, se lo iba a ofrecer a Ruby, para que esta aceptase lo que quisiera, sin obligación alguna.
Porque ambas familias rotas podían formar una completa.
Y eso anhelaba.
Su padre se tomó un momento para mirar alrededor, mirando el lugar donde estaban parados, mirando la casa, mirando el hogar que tenían, y le sorprendió ver una sonrisa en él, oculta tras su bigote, pero podía reconocerla sin problema. Su rostro estaba más tranquilo, su postura, el agarre en sus manos.
No sabía que era lo que pasaba por la cabeza de su padre, pero sea lo que fuese, parecía ser algo cálido, algo bueno, algo agradable, y ahí, este negó, soltando una leve risa, casi imperceptible, pero al estar tan cerca, logró escucharla.
"Creo que la señorita Rose ya se hizo un lugar aquí por sí misma."
Oh.
Se vio soltando una risa, pudiendo sentir el buen humor en su padre, y por Dios que estaba feliz con eso, con el resultado, no creía que pudiese ser mejor. Sintió la mano de su hermano en su hombro, este acercándose, siendo parte de ese momento, de esa reunión, de esa calidez que empezaba a ser parte de ellos, de esa familia, calidez que era imposible de hallar en el pasado.
Y si, así fue.
Ruby llegó ahí, se metió en su familia, en su círculo, forzó su entrada, y dudaba que su padre, ni su hermano, pudiesen olvidar el apoyo que una desconocida les dio en un momento tan difícil de sus vidas. En tan poco tiempo les dejó claro que ella estaba ahí, su personalidad, su carisma, llegándoles bien profundo.
Ruby era un faro de esperanza, para quien sea que tuviese la suerte de encontrársela.
Así era Ruby.
Siempre rompiendo los muros que la gente levantaba a su alrededor.
Y como la amaba por eso, y por miles de cosas más.
…
Se estacionó en el subterráneo, en el lugar que había tomado como propio.
Pertenecía ahí.
Era otro lugar al que pertenecía, y se sentía llena, porque hace unos meses, hace años incluso, sentía que no pertenecía en ningún lugar, y ahora, de un día para otro, pertenecía en varios lugares, estos dándole una sensación acogedora de diferentes formas.
Soltó un suspiro, sintiendo la sonrisa en el rostro, mientras apagaba el motor de su vehículo. Se sentía descansada, aliviada, tranquila, y sabía que su vida se había vuelto así, lo que le importaba se mantenía en equilibrio, firme, sin importar que el mundo a su alrededor se cayese a pedazos, y eso mismo la ayudaba a mantenerse de pie.
Sin importar lo que pasara de ahora en adelante, podría seguir.
Tenía a su familia, tenía a sus amigos, tenía a Ruby.
Podría superar lo que fuese.
Se bajó del auto y se subió al ascensor, y se aprovechó de arreglar mientras se miraba al espejo, ajustando los últimos detalles, siempre preocupándose de mostrar su mejor versión a la mujer que amaba, a la mujer que le cambió la vida, que le salvó la vida.
Estaba usando un vestido claro, celeste, corto, y se había puesto un abrigo encima, ya las tardes más frías, pero esa era la excusa, porque no quería que su padre ni su hermano se viesen sorprendidos con su falta de decoro, aunque en realidad, no le preocupaba demasiado, solo no quería que se desmayasen. Porque lo más descarado del vestido, no era el largo, si no lo mucho que dejaba expuesta su espalda.
Demasiado expuesta para su normalidad.
Pero eso era lo mejor de todo.
El dejar esa normalidad del pasado y avanzar.
No alcanzó a llegar a la puerta del departamento, y esta se abrió, dejando ver a Ruby, quien tenía una toalla sobre sus hombros, su cabello mojado aun goteando, le avisó que venía cuando salió de casa, y Ruby le dijo que se metería a bañar, y ahí estaba la prueba.
Ese cabello sí que había crecido.
No pudo evitar acercarse, llevar sus manos a la mandíbula ajena, sus dedos rozando los cabellos y la piel húmeda, y le agradaba mucho la sensación aquella, por diferentes razones. Ruby le iba a decir algo, saludarla, o decirle quien sabe qué cosa, pero la cortó, besándola, y esta respondió acorde, sujetándola de la cintura, correspondiéndole el beso con el mismo ímpetu.
Nunca dejaría de besarla, no era humanamente posible.
Pero tuvo que alejarse.
Ruby aún tenía que terminar de arreglarse, y dijo que la ayudaría, así que eso haría, además, si seguía besándola, iba a terminar distrayéndose del destino al que irían juntas.
Y no podía permitirlo.
"Quizás no deba ir a esa fiesta."
Las palabras de Ruby la tomaron por sorpresa, pero cuando hizo contacto con los ojos ajenos, que miraban descaradamente sus piernas, supo cuál era la razón por la que lo decía, y bueno, no podía decir nada al respecto, porque vaya que le encantaba tener la mirada plateada en su piel.
"No voy a poder quitarte la mirada de encima."
La voz de Ruby sonó como un quejido, como un llanto, y si, debía ser una tortura, de hecho, esa vez, cuando vio a Ruby frente a ella, y creyó que no era nada más que una invención de su mente e intentó resistirse a los impulsos de besarla, de abrazarla, de sujetarla, pero de una cosa estuvo segura, y es que no pudo dejar de mirarla.
Tanto así que, hasta su ex, ahí presente, se dio cuenta de eso.
Coco le dijo que iba a usar sus privilegios para evitar que él pudiese llegar a estar presente, ya que, entre tantas personas, podría inmiscuirse como la rata que era, pero estaba segura, porque ya no tenía solo a Coco para cuidarle las espaldas, sino que también tenía a Ruby, y al parecer también tendría a Yang y Blake presentes, no creía que las ultimas fuesen a protegerla per se, pero si la situación escalaba, sabía a qué bando apoyarían.
Y eso era un alivio, el tener esa certeza.
Sobre todo, cuando creyó que todos eran sus enemigos.
Se vio soltando una risa, sujetándose de la nuca de la mujer, sus dedos enredándose en el cabello húmedo.
"Descuida, tú tienes permitido mirar."
Ruby la miró, con cierta sorpresa, pero le dio una sonrisa pícara en respuesta.
"¿Estás diciendo que tengo privilegios?"
A esta altura, ¿Cómo no iba a tenerlos?
"Por supuesto."
"Soy realmente afortunada."
Las brazos de Ruby la rodearon por la cintura, y no pasó mucho para sentir los labios de Ruby de nuevo besándola, y si, no debían entusiasmarse, pero, un beso más no le molestaba, de hecho, no podría sobrevivir sin su dosis semanal, asi que rodeó el cuello ajeno con sus brazos, y se acercó más, los cuerpos de ambas pegándose, y era siempre una sensación tan especial aquella, el sentir el calor ajeno sobre toda su humanidad, y no podría aburrirse de esa sensación.
Sobre todo, si sus cuerpos calzaban a la perfección.
La felicidad que eso le provocaba era inmensurable.
Ahí, siempre pertenecería.
Capitulo siguiente: Distracción.
N/A: Upsis, parece que faltó comunicación. Menos mal el pobre Jacques se enteró así, en vez de haber visto a Weiss y Ruby dándose un gran besote, yo creo que de ser así se nos desmaya el señor, y ya no está en edad para esos trotes, así que mantengamos la situación tranquila, hay que pensar en los mayores.
Como sea, ya al siguiente se viene la fiesta, así que esperen a ver qué sucede en la fiestuqui, y creo que son como cuatro capítulos, así que tengo emociones de sobra, de todo un poco, pero sobre todo cosas buenas, porque ya estuvimos bien abajo y tocando fondo solo se puede subir.
Nos leemos pronto.
