Red Velvet
Capítulo 110: Distracción
…
"Quedate quieta."
"No puedo, me haces cosquillas."
"Soportalo."
"Claro, es fácil decirlo, tú estás acostumbrada a estas cosas."
"Si, lo estoy, por lo mismo sé que te acostumbrarás."
"¿A sentir este engrudo en la cara? Oh no."
"¡Que dejes de moverte!"
Y ahí, al fin, Ruby se quedó quieta, sus labios en una línea recta, apretados, conteniéndose, manteniéndose quieta, pero ese gesto no era el mejor para su trabajo, pero al menos ya había terminado de aplicar lo que tenía pensado, y así terminar de una vez por todas con esa tortura.
Quizás pedirte a Ruby que dejase maquillarla iba a causarle un suplicio, y creyó que sería divertido, pero sorpresa, fue ella la que terminó estresada, ya que a esta le picaba la brocha, se tocaba el rostro, y se movía antes de tiempo y terminaba su trabajo arruinado.
Nunca más.
Coco debió de haber intentado en más de una vez que Ruby se pusiera maquillaje, sobre todo para los anuncios que se hicieron, ya que, bueno, para sacar fotos siempre se necesitaba algo de maquillaje para que la iluminación no molestara, pero si estaba tan reacia, quizás no fue capaz de lograrlo.
¿O quizás su cachorrita estaba llorando solo porque se trataba de ella?
La había mimado demasiado al parecer.
Tampoco hizo algo demasiado extremo. Había usado solamente base e iluminador para acentuar los rasgos de Ruby, además de sombrearle los ojos de color oscuro, y quizás si era más de lo usual, pero solo era por un rato, luego ya no se sentiría como si tuviese 'engrudo' en la cara.
La idea era que combinase con su ropa oscura y agresiva, y ahí, frente al espejo del baño, se tomó un momento para observarla.
Esta tenía una camiseta de malla, que dejaba ver su piel, y sobre esta, tapando la zona del pecho, tenía una camiseta roja, y abajo tenía unos jeans rasgados, unos que tenían unas cadenas colgando de la cintura, y sabía que esta se iba a poner unas botas militares, y una chaqueta de cuero encima. Era diferente a esa vez, pero no le molestaba, además, esa camiseta de malla, que, si bien difuminaba un poco su piel, dejaba ver su figura y los tatuajes, tanto el del abdomen como el de la espalda, así que ahora podía ver más, lo que siempre era favorable, diferente de la sudadera y la gorra de aquella vez que la hizo pasar de incognito frente a los demás.
Ya no se ocultaba.
Y eso era sin duda lo mejor.
"Oye, no está mal, se siente molesto, pero creí que luciría graciosa."
Si, esta ya le dijo que el maquillaje no era lo suyo, pero tampoco le iba a hacer algo que fuese muy contrario a su estilo, o perdería la gracia. Y quería divertirse un poco y hacer algo nuevo, no que Ruby hiciese el ridículo y estuviese incomoda.
Vaya novia más buena que era.
Los plateados se desviaron a ella, observándola de arriba abajo, y no se dio cuenta en que momento Ruby dejó de mirarse a sí misma para luego mirarla a ella, pero le avergonzó el que así fuese. Se había puesto un poco de maquillaje antes de salir, pero sabía que no era lo suficiente para ocultar el sonrojo en sus mejillas.
Antes de decir algo, o que Ruby la avergonzara más, esta hizo una mueca de sorpresa, y salió del baño, prácticamente corriendo.
"¡Cierra los ojos!"
Ruby gritó, y por inercia la iba a ir a buscar para ver que tramaba, pero le hizo caso, cerrando los ojos, escuchando a la mujer moverse por la habitación.
No pasó mucho para sentirla acercándose, y luego sintió las manos pasar por su cuello, el calor rozándola, y luego sintió algo en su piel, un material que no reconocía del todo, o al menos segura no estaba, no hasta que el objetivo rodeó su cuello, abrazando su piel, sin presión. Recién ahí pudo abrir los ojos, y se tomó con una gargantilla en su cuello, más fina que la de Ruby. El cuero era blanco, con una argolla en forma de corazón al frente del todo, plateada, brillante.
Giró el rostro, buscando a Ruby, quien tenía puesta su propia gargantilla, más ancha que la suya, más tosca, pero más Ruby, y le gustó que estuviesen a juego de alguna forma.
"Me regalaste un collar, así que no aguanté las ganas de hacer lo mismo."
Oh.
Ahora entendía.
Se vio soltando una risa, su mano yéndose a donde estaba su nuevo accesorio, los dedos pasando por el cuero blanco, y era extraño tener algo así, nunca había usado un accesorio similar en su cuello, a parte de sus usuales collares de perlas, así que era diferente, pero le parecía magnifico.
Ahora sentía que le pertenecía a Ruby, tanto como Ruby le pertenecía.
Y la idea siempre le causaba regocijo.
"Me encanta."
Ruby sonrió de inmediato ante sus palabras.
"Y tú me encantas a mí."
Y volvió a sentir los labios en los suyos.
Y recién iba a comenzar la noche, y no podía esperar a que otras emociones le esperarían.
Estaba ansiosa.
…
Quizás no le causaba emoción el dirigirse donde venía el sonido.
Y si sobrepasaba el sonido del motor del Red Velvet, sabía que había un caos ahí dentro.
Si, no le apasionaba entrar, pero, aun así, el ver el lugar asomándose, el ver el gran establecimiento acercándose, le causó una sensación de alivio, o más bien cierta melancolía, porque esa vez vivió grandes emociones en ese lugar, a pesar de haber estado tan reticente a ir, a entrar, a pasar la noche en ese caos que Coco llamaba una buena fiesta.
Por supuesto que su noche mejoró cuando vio a Ruby, cuando la tuvo a su lado, de carne y hueso, y adoró ese momento, y luego todo lo que le molestaba dejó de molestarle tanto, y simplemente disfrutó lo bueno, o sea, Ruby, siempre disfrutaba de Ruby y de su compañía, sin importar donde estuviesen.
Así que si, una parte de ella no quería entrar, y la otra estaba impaciente por saber qué recuerdos crearía una vez que estuviese ahí adentro.
Se estacionaron y bajaron, y no sabía si estaba ella más nerviosa que Ruby o al revés, pero podía notar como ambas seguían adelante, sabiendo que, a pesar de eso, de que ese caos y locura que ahí dentro se vivía no fuese de su total agrado, la idea de pasar la noche con personas que conocían y querían era sin duda un punto a favor.
Ya no estaban solas.
Ya no era un secreto.
No, aun lo era, aún.
Pero no por mucho.
Ya no era la mujer que se ocultaba, que se callaba, que se obligaba a si misma a aceptar la miserable vida que tenía, no, por el contrario, había vuelto a su juventud, había vuelto a sentirse libre, con la fuerza para desafiar la vida que tenía en frente.
Y, sobre todo, ya no tenía miedo.
Comenzaron a avanzar, las puertas dobles apareciendo, personas afuera del recinto hablando animadamente o fumando, sin prestarle atención a sus alrededores, solamente a su conversación, y sabía que ahí afuera era el único lugar en el que podrían hablar, ya que adentro, e incluso desde ahí, se escuchaba la fuerte música resonando.
Se acercaron a las puertas, dos guardias bien vestidos parados afuera, asegurándose que ninguna rata pudiese entrar, tal y como Coco le prometió que sería, y le causó alivio el saber eso. Uno de ellos, usando lentes de sol para nada apropiados para la oscuridad de la noche, que Coco no se entere de su opinión por favor, se los bajó para darles una mirada, y sabía que las había reconocido, pero su mirada se mantuvo más por curiosidad.
El otro abrió la puerta, sonriéndoles, dándoles la entrada, y eso hicieron, no sin antes impresionarse ante la fuerza del sonido que les llegó a penas las puertas se abrieron.
Si, ahí adentro iban a tener que gritarse para oírse, pero al menos con Ruby eso no era necesario.
Con Ruby las miradas bastaban para entenderse.
Por lo mismo se giró, mirándola, sus ojos chocando, como siempre, conectando, y los plateados brillaban, siempre hermosos, los más bellos que había visto en toda su vida, y de inmediato sonrió, aquello siendo suficiente para sentirse capaz de soportar lo que sea, de alegrarse, porque con Ruby, siempre estaba feliz, sin importar nada.
El mundo podía arder, y con Ruby encontraría la paz que necesitaba para poder respirar y seguir adelante.
Comenzaron a caminar por el lugar, topándose con la zona de los baños, luego con la ajetreada barra, y el gran espacio que constaba de la pista apareciendo imponente, así como la zona del Dj al final del gran salón. Todo estaba animado, había muchas personas ya en la pista, moviéndose al ritmo de la música, el piso vibrando ante lo intenso de los bajos. Coco como siempre lograba avivar cada lugar, no sabía de donde conocía tantas personas, era demasiado popular para ser tan reservada para algunas cosas.
Pero era bueno, ver tantas personas, tantos colores, tanta vida, la hacía distraerse de la oscuridad que la atormentó el último tiempo.
Y ahí estaba la gente que quería, parte de su familia.
Logró ver a Coco, esta siendo más alta que el grupo con el que estaba, ya bailando, sin importar que usara tacones enormes, esta podía hacer lo que sea al haber caminado por pasarelas desde hace años. Esta la notó, al parecer atenta hacia la entrada, así que las vio de inmediato, escapando del grupo y acercándose a ellas.
Si, en esos lugares, con gente tan conocida como ellas, no llamaban la atención, todos eran del mismo estrato social, lo cual siempre era un alivio, a menos que Coco, quien armó todo eso, se acercase a ella y así acaparase un poco de la atención que la modista recibía.
Cuando eran más jóvenes, y pasaban tiempo juntas, ella solía acaparar mala atención al ser quien era y tener la mala reputación que tenía, y Coco solía ser la chica popular a la que todos querían, así que había un equilibrio en la popularidad que tenían en el campus y en Atlas. Quizás para Coco fue peor, porque atrajo mala atención por juntarse con ella, y a ella la aceptaron un poco porque estaba con Coco, y siempre le impresionó que esta no la abandonase, no dejase esa amistad, porque los rumores, las noticias, su reputación, la tragedia de su familia y la corrupción de la misma, estaba manchando también el historial de Coco, y siempre temió que esta se alejase por su propio bien.
Pero a Coco jamás le importó lo que otros pensaran, y ambas eran parecidas en esos ámbitos, solo que su propio miedo le hizo retroceder.
Ya no más.
No volvería a retroceder, a volver a ser esa persona.
Coco se les acercó, como siempre abrazándolas a ambas por los hombros, aprovechándose de su altura privilegiada. A pesar de que el gesto siempre la desesperase por la clara burla que venía implícita, se sentía bien el tacto, el calor humano, la sensación de sentir a alguien cerca de ti en más de un sentido, alguien que realmente te quería, sin importar nada.
Se vio soltando una risa cuando la mano enguantada de Coco se fue al cabello de Ruby, esta sufriendo con el ataque, pero riendo también. Esta parecía mirarlas, dándole una puntuación a sus atuendos, mirándolas a ambas descaradamente, pero esta parecía orgullosa, así que no había sido una mala decisión.
Y una reacción así de una experta en moda como lo era Coco, era ciertamente un halago.
Coco las liberó cerca de la barra, la mano de esta llegando a la suya, haciéndole un gesto para que diese una vuelta, y a pesar de la cara de burla de Coco, lo hizo igual, no sin antes rodar los ojos ante su clara insistencia. Si, esta quería avergonzarla, esa obvio, y cuando terminó de dar la vuelta, Coco miraba a Ruby, diciéndole algo bien cerca del oído para que pudiese oírla incluso ante lo fuerte de la música.
Los plateados la miraban, si, también la miraron mientras dio la vuelta, sí, pero los notó más salvajes luego de lo que Coco le dijo, lo que era un misterio, pero se sintió completamente curiosa de saber que le dijo. Ruby la observó, descaradamente, sonriendo, mientras le decía algo a Coco en respuesta, y no pudo leerle los labios para saberlo con exactitud, solo notó la expresión orgullosa de su amiga mientras le daba unas palmadas en la espalda a Ruby.
Pero ni siquiera tenía que saber en detalle cual había sido la interacción, porque la mirada de Ruby era suficiente para saber que se trataba de algo subido de tono, y hubiese regañado a Coco, obligándola a retractarse o lo que sea, reprobar su actitud, bueno, la de ambas, pero no podía resistirse a esas miradas que Ruby le daba, devorándola con la mirada, así que las perdonaría por ahora.
Además, si nadie las oía, estaba bien, ¿No?
Ahora más curiosidad tenía acerca de que cosas hablaba Coco y Ruby en soledad, que cosas hablaban de ella.
Coco llamó la atención de ambas al señalar hacia arriba, hacia el segundo piso de aquel lugar, por el cual se llegaba por unas escaleras al otro lado de el gran salón, una zona más privada que Coco siempre reservaba para poder hablar más en calma con sus conquistas, y le parecía muy caritativo de su parte el invitarlas a ellas.
No alcanzó a decir nada, esta empujándolas, llevándolas a ambas hacia la escalera, mientras le hacía un gesto a una de las personas del bar.
Comenzaron a subir las escaleras, Coco como siempre sin problema alguno con esos tacones, Ruby parecía sorprendida con su habilidad, y le causaba gracia, y encontraba adorable, que esta estuviese atenta, con sus brazos listos para agarrar a Coco por si esta se caía.
Coco no iba a caerse, de eso estaba segura, no la había visto caerse nunca, y llevaban muchos años conociéndose.
La zona superior tenía sillones agrupados, varios de ellos, rodeando pequeñas mesas redondas. La música ahí se escuchaba, por supuesto, pero no tan fuerte como ahí abajo, los bajos retumbando, lo que hacía de la comunicación algo más fácil.
Para su sorpresa, el lugar no estaba tan desierto como imaginó que estaría, porque había dos personas ahí, y a la primera persona que vio, fue a una mujer enorme con un frondoso cabello rubio. Nunca olvidó esos rasgos de la mujer, ni siquiera al verla una sola vez, menos la olvidaría ahora.
Yang estaba sentada en uno de los sillones, con sus brazos tras el respaldo, y acomodada a su lado, estaba Blake, un vaso en sus manos, los ojos ámbar fijos en la gran mujer, pero sus orejas reaccionaron, moviéndose, al sentir como alguien se acercaba, y le sorprendía que lograse percatarse ante la música haciéndole la tarea difícil.
Blake le dijo algo a Yang, y esta finalmente miró hacia ellas, sus ojos sorprendidos, y se levantó como un resorte, acercándose.
Los brazos de Yang se aferraron a Ruby, sujetándola firme, levantándola del suelo sin problema alguno, Ruby soltando un bufido al perder el aire durante esos segundos. Ese era un amor algo brutal, pero su mujer podía soportarlo, riendo, disfrutándolo a pesar del evidente agarre constrictor.
Los ojos lilas de la mujer se fijaron en ella cuando soltó a Ruby, dejándola en el suelo, y se vio tensa, sabiendo que ella no sería capaz de soportar un agarre así, y cuando Yang se le acercó, se vio dando un salto, cerrando los ojos, preparándose para lo peor.
Pero no fue así.
El abrazo que Yang le dio fue cálido, y su aroma cítrico se mezcló con el aroma a cuero que provenía de su chaqueta, la que ella misma le había regalado, y ese aroma era uno que siempre le daba cierta sensación acogedora, recordándole a Ruby, así también fue el tacto suave, cuidadoso, que Yang le ofreció.
Se vio relajándose, acostumbrándose al agarre, abrazando a su cuñada de vuelta.
Ahora los abrazos se le daban bien.
"Ruby me dijo que estás pasando por momentos difíciles, no olvides que somos familia si es que quieres hablar."
Oh.
Yang se le acercó lo suficiente para hablar en su oído, en un susurro que nadie más podía oír, y no sabía que le causó más calidez, si el escuchar a Yang sonando así, tan suave, tan compasiva, o el saber que Ruby mantuvo el tema en secreto, pero no lo suficiente para dar paso a esa interacción, a ese apoyo.
Ruby sabía lo que era mejor para ella, y sabía que esas hermanas eran buenas personas, y de nuevo volvía a sentirse afortunada de tener a esas personas para ella, para ayudarla, para acompañarla incluso en sus peores momentos.
Si, perdía mucho, siempre perdía, una y otra vez, pero al fin se podía concentrar en lo que ganaba, en lo que el universo le otorgaba a cambio de aquel sufrimiento.
Su miseria ya no era en vano.
Ahora perdió a una parte de su familia, pero ganaba otra.
Se reducía, pero se agrandaba al mismo tiempo.
Y eso la ayudaba a aceptar lo malo, el enfocarse en lo bueno.
"Gracias, lo tendré en cuenta."
Le contestó, intentando ser lo más honesta que podía.
Yang la soltó luego de eso, sonriéndole, asintiendo, conforme con su respuesta, así como ella estaba conforme con su apoyo, no imaginó algo así, y lo agradecía inmensamente.
Notó de reojo como Ruby sonreía, tranquila, animada, y notaba lo feliz que le hacía el ver a las dos personas que más quería juntas, siendo agradables entre ellas, no enemigas como pudieron haberlo sido, dada las situaciones que vivieron.
Blake le sonrió levemente cuando sus miradas se toparon, notando la interacción, y no lo sabía, pero creía que esta si pudo haber oído lo que Yang le dijo, por eso lo suave de su expresión, además que escuchó a Coco allá en la oficina.
Si, esa era una familia.
Coco las alentó a sentarse en los sillones, y así lo hizo, sentándose en uno de estos, Ruby acomodándose a su lado, lo que apreció, mientras Coco se acomodaba a su izquierda. No alcanzaron a decir mucho antes de que una mujer subiese por las escaleras con una bandeja en sus manos, con sus bebidas, elegidas por Coco, claro estaba, conociendo sus gustos y preferencias.
La mesera dejó los tragos en la mesita, los ojos de esta yéndose hacia Coco, y sabía que esta le estaba haciendo algún gesto, y si, no importaba la situación, esta iba a aprovechar de coquetear, y era algo que solía desesperarla, pero ahora la perdonaba porque había hecho todo eso por ella, esa reunión, ese momento agradable, solo para que se sintiese mejor, para que se distrajese de lo malo, y estaba agradecida.
Aun así, no dudó en darle un golpe en la rodilla, haciendo que esta recapacitara y dejara de hacer lo que sea que estaba haciendo, que la pobre chica casi deja de caer uno de los vasos ante la vergüenza.
Coco era una rompecorazones, y le perdonaban todo lo que hacía, y eso siempre le sorprendía.
El verdadero privilegio en esa sociedad era tener el encanto innato de Coco Adel.
Encanto al que ella era inmune, por suerte.
Pero no fue inmune a sus ideas locas y sus recomendaciones.
Como la de ir al Red Velvet.
Si no fuese porque esa decisión literalmente le salvó la vida, aun se estaría quejando al tener su mala influencia.
"¿No te ibas a comportar por Velvet?"
Cuando la mesera se fue, escuchó a Yang hablarle a Coco, su voz resonando, así como su risa.
Se vio sorprendida con el comentario, al igual que Ruby, ambas mirando a Yang y luego a Coco, y estaba oscuro, pero vio algo de rojo en su rostro, lo que era algo que no creyó que vería en su vida mortal. Eso era nuevo. ¿Coco avergonzada? Si, un hito.
Esta simplemente se levantó de hombros, acomodándose en el sillón, sujetándose a su copa, intentando lucir compuesta, y si, funcionó, pero por su parte jamás iba a olvidar su momento de debilidad, por más fugaz que fuese.
"Esa conejita tiene que venir a tomar lo que es suyo, solo así me comportaré."
Oh.
Velvet era su debilidad, no tenía duda de eso.
Notó como Ruby se tiró hacia adelante para poder ver a Coco desde su posición, y notó el ánimo en sus ojos, emoción en su rostro.
"¿La invitaste?"
Si, estaba emocionada.
Sabía que Ruby había cortado conexión con muchas de las personas con las que interactuaba en el Red Velvet, sobre todo con Velvet, su antigua empleadora, siendo una conexión directa con aquel mundo, a pesar de que esta se mantuviese relativamente anónima en el rubro.
Todo aquello era complicado, la situación de Ruby fue complicada, así que no la culpaba por querer alejarse lo más posible de ese mundo, de todas formas, fue por ella por lo que lo hizo.
Pero ya no tenía razón para mantenerse tan ajena.
Ahora era su propia persona, y su principal miedo fue su padre, la imagen que tuvo de este, el falso padre que creyó que asesinaría a su amada, pero no era así, estaban a salvo, y ahora era libre de hacer lo que quería, ambas lo eran.
Y apreciaban ese mundo, apreciaban a esas personas, y no iban a dejar que el mundo aquel destruyese su felicidad, que las hiciese miserables.
Nunca más.
Coco miró a Ruby, sonriéndole, asintiendo, y podía ver un genuino interés en Coco.
Ojalá esta también fuese más honesta con sus sentimientos, con lo que quería en su futuro, porque nunca la había visto tan interesada por alguien en todos esos años de amistad, y vaya que la había visto coquetear y hablar sobre diferentes mujeres, pero era solo un interés vacío, del cual se aburría pronto.
Coco era una buena persona, merecía ser feliz.
Así como ella lo era.
Se vio moviendo una mano por inercia, dejándola sobre la pierna de Ruby, esta notando el leve agarre, mirándola de vuelta con cierta sorpresa, pero de inmediato se calmó al ver su expresión, expresión que no sabía exactamente cuál era, pero Ruby si, lo cual era suficiente.
Quería que las personas que quería fuesen tan felices como era ella.
Que pudiesen sentir el amor antes de que fuese demasiado tarde.
La vida era muy corta, demasiado corta, para desperdiciarla.
Se vio mirando a Coco, quien la observó de vuelta, confusa con su expresión.
No sabía si Coco había entendido su expresión o no, pero ya se lo había comentado antes, ya le había dicho a esta lo que opinaba, lo que opinaba de los sentimientos ajenos que Coco parecía renegar como la mujer rompecorazones que era, la que no se podía enamorar, la que no era capaz de abrirse honestamente hacia alguien, incluso con ella, que contaba con los dedos de una mano las veces que la vio así, honesta.
Pero Coco la había ayudado mucho, y si tenía que regañarla para que recapacitara y escogiese la felicidad, lo haría.
Se iban a ayudar mutuamente, de eso estaba segura.
Todos merecían amor, sobre todo esas personas.
Y ella, se sentía lista para avanzar, y esperaba que los demás también.
Ya estaba lista.
Capitulo siguiente: Libertad.
N/A: ¡Si! ¡La fiestuqui! ¿Velvet va a venir? Eso no me lo esperaba, veremos que interacción se crea de todo esto. Debo admitir que me cuesta escribir diálogos entre tantas personas, porque si yo me confundo y me distraigo muy fácilmente, así que tengo que hacerlo para que yo pueda entenderlo, y asumo que así todos pueden. Así que haré mi mayor esfuerzo.
Por ahora, a disfrutar se ha dicho, ¡Se vienen sorpresas!
Nos leemos pronto.
