Red Velvet

Capítulo 111: Libertad

Hablaron y bebieron.

Había una comodidad en aquel grupo, todas hablando de todo y nada, simplemente disfrutando de la música, de la compañía, y fue así durante al menos una hora, hasta que Yang no lo soportó más, sin poder mantenerse más rato ahí sentada y sujetó a Ruby de la mano, tirando de esta, obligándola a seguirla. Ruby por suerte no había bebido, al igual que Yang, así que pudo mantener el equilibrio y no caer por las escaleras cuando avanzaron hacia el primer piso, si le hubiese pasado a ella, que ya llevaba tres vasos, hubiese muerto.

Y si, le molestaba la idea de beber, pero también adoraba el hacerlo con la intención de disfrutar del sabor, del aroma, y no simplemente usarlo para acallar a su cabeza.

Coco las alentó a ella y a Blake que bajaran también, y bueno, obviamente iba a bajar, no iba a estar lejos de Ruby, no si podía evitarlo. Coco bajó sin problema las escaleras, tal y como en un comienzo, a pesar de estar bebida, eso sin impedir que su equilibrio fuese impecable, por su parte, dudó unos momentos antes de bajar, observando las escaleras y premeditando su primer movimiento, pero no alcanzó a hacer mucho cuando Blake llegó a su lado, ofreciéndole su mano, sonriéndole, su expresión mucho más relajada, como cuando la veía con Yang, con Ruby, quitándose la máscara de calma, impasible, luciendo más humana, más relajada, más viva, más animada.

Ambas cambiaban.

Aceptó el ofrecimiento sin dudarlo, y era agradable el relacionarse con Blake, el ser más amigas, no el ser solo jefa y empleada.

Era agradable.

Al final, eran familia también.

Quizás estaba asumiendo que Blake lo hacía por mera bondad, porque se caían bien ahí afuera, aunque bien podría ser para mantener a salvo a su jefa para que no muriese al caer de las escaleras y quedase desempleada.

Cuando llegaron abajo, Yang ya estaba en la pista de baile, ya lista para comenzar a bailar, con la intención de disfrutar de la noche, y le sorprendía esa energía. Esta hizo un movimiento gracioso, como si estuviese pescando, y recordaba haber visto a alguien hacer ese gesto en una película, y claramente el anzuelo imaginario le llegó a Blake. Los ojos ámbar de esta la observaron a ella, por unos momentos, donde la pelinegra simplemente se levantó de hombros, sin impresionarle la gracia de Yang, y comenzó a avanzar hacia esta, siguiéndole el juego, y no pudo evitar soltar una risa al verlas interactuar, listas para comenzar a bailar.

Antes de hacer nada, Ruby corrió hacia ella, tomándola de la mano, sonriéndole, divertida, su hermana logrando contagiarle la emoción, haciendo que se olvidase que aquel no era su territorio por un momento, que no era lo que más le agradaba, lo cual era bueno.

La distracción era bienvenida por todas.

Ruby también agarró a Coco, quien se tomó lo de su copa en un trago, ¿Cuarta? ¿Quinta copa? No lo sabía, pero la dejó caer en las manos de alguien, no se dio cuenta de quien, pero claramente no le molestó que esta hiciese eso, realmente todos perdonaban a Coco.

Ruby las arrastró a ambas a la pista, la música habiendo cambiado, y sabía que ese no era el estilo de música que a Ruby le gustaba, ni tampoco el propio, pero era pegajosa, y todos parecían aún más emocionados con el cambio de ritmo, así que lo aceptó.

No era algo nuevo, esa experiencia, tampoco era una experiencia nueva con Ruby, pero se sentía como si lo fuese, ella había cambiado mucho desde ese entonces, desde esa primera vez, ambas lo habían hecho, ahora vivían vidas diferentes, su relación era diferente, ya no eran nada más que amigas, que dos mujeres que se amaban en secreto pero acallaban sus sentimientos para no arruinar la situación en la que estaban, para seguir manteniendo el estatus quo y no arruinar lo que tenían.

Cuanto miedo tuvieron, cuantas inseguridades, cuanto acallaron.

Ya no, ya no más, ya no acallaban nada, eran honestas, en la vida, entre ellas, y con ellas mismas.

Habían crecido mucho.

Se relajó ahí, bailando, dejándose llevar, su mente nublada por el alcohol, por la fuerte música en sus oídos, por el calor que le generaba la mera cercanía que tenía con Ruby. A pesar de que Ruby no fuese de las que bailaban, tal y como ese día, le siguió el juego, se movió a su ritmo, acompañándola, ambas en el mismo espacio, bailando cerca, no lo suficiente, no tanto como querría.

Pero continuó así.

Poco a poco.

Moviendo las caderas, siguiendo el ritmo, aquel trabajo que no solía hacer, que no solía experimentar, pero por Ruby bailaba, por Ruby hacía muchas cosas, cambiaba, se convertía en alguien más, en un animal en celo, por Ruby era buena, pero también era mala, y, sobre todo, era libre.

Sabía cómo Ruby la miraba, a pesar de hacer de eso solo un baile inocente entre amigas, podía notar como los ojos plateados la consumían sin tapujo alguno, oscureciéndose al verla hacer algunos movimientos, deseándola.

Se deseaban mutuamente.

Y así, comenzó a entrar en calor.

Y deseó tanto el tener las manos de Ruby en su cadera tal y como aquel día, el tener su rostro cerca del propio, el sentir la lengua ajena en su oreja, el abrazarse de su cuello, en tener los cuerpos de ambas pegados el uno con el otro, el sentir el aroma a rosas, el aroma a alcohol, a azúcar, sus caderas chocando, sus cuerpos entrelazados, el calor de ambas fusionándose.

Era agobiante.

Era molesto incluso.

No quería seguir así, anhelando a quien tenía al frente, tan cerca pero tan lejos, tal y como esa vez, sintiendo calma al saber que nadie las veía, pero solo se estaba ocultando, solo estaba permaneciendo incógnita en un mundo, huyendo, viviendo en una realidad alterna, en un mundo de maravillas que era solo de ella, y si, disfrutaba eso, el tener ese mundo ajeno para todos los demás.

Pero ya no se sentía satisfecha solo con eso.

Se rehusaba a sentirse satisfecha ocultándose como una cobarde.

Acallando como una cobarde.

Silenciándose para no incomodar al mundo a su alrededor.

Le importaba una mierda el satisfacer al mundo, ya no estaba en deuda con ese mundo, ya había decidido el odiarlo, el llevarle la contraria, el vivir de la forma que la hacía feliz, y se vio llevando a su familia por aquel mismo camino.

Serían libres, siempre libres.

Se vio deteniéndose, quitando inerte en ese espacio, todos los cuerpos a su alrededor aun moviéndose, saltando, vivos, animados, y ella completamente quieta, sin moverse, prácticamente sin siquiera respirar. Estaba detenida en el tiempo mientras todo el universo giraba a su alrededor.

Menos una persona.

Ruby se detuvo, percatándose de su carencia de movimiento, probablemente también notando el cambio en su expresión, mirándola con clara preocupación, ladeando el rostro. El lugar estaba oscuro, las luces de colores iluminando la pista, creando destellos, iluminando los plateados, haciéndolos brillar.

Amaba esos ojos, amaba ese rostro, amaba a esa mujer, todo de esta, absolutamente todo.

No podía vivir sin esa mujer, ya lo experimentó, y no se sintió viva, no, estaba muerta en vida, y ahora, más que nunca, sabía lo ínfima que era la existencia, era tan frágil, y siendo así de drástica, incluso podría no despertar al día siguiente, y sabiendo eso, teniendo eso claro, sabía que no iba a desperdiciar su vida, no iba a desperdiciar momentos viviendo a medias, sintiendo a medias, ocultándose, huyendo, no, iba a explotar su sentir, iba a vivir al máximo, e iba a ser feliz.

Iba a ser feliz durante cada segundo de su corta vida.

"Ruby."

Le habló, llamando su atención, y le sorprendió que esta la hubiese escuchado, o quizás simplemente le leyó los labios, y al estar lo suficientemente cerca, y al ver a Ruby tan atenta a ella, era de esperarse que lograse entenderla.

Pero se sentía bien.

Se sentía segura.

Estaba más segura que nunca, completamente decidida.

Sabía que era lo correcto.

Lo correcto para asegurar su felicidad.

Ruby asintió, mirándola, aun una ligera expresión de preocupación en su rostro, mientras se le acercaba un poco más, y así poder oírla con mayor facilidad.

Sintió su aroma a rosas, así como a lo dulce del trago que esta tomó, el azúcar inundando sus sentidos desde esa posición, y era una mezcla tan Ruby, que le causaba gusto, alivio, calma, y guiada por eso, se acercó un poco más, posando las manos sobre los hombros de Ruby, aferrándose a esta, sujetándose, y sabía que estaba un poco bebida, así que temía que la torpeza sacara lo peor de ella y terminase cayéndose.

Al menos tenía la seguridad de que Ruby la lograría atrapar.

Siempre lo hacía.

"¿Sabes lo que me enseñó Winter?"

Decir su nombre, luego de todo lo ocurrido, se sentía doloroso, agrio, la pérdida aun ahí, presente, la muerte rodeándola como cuando era niña, como una pesadilla de la que no despertaría, una pesadilla a la que se vería forzada a aceptar como la misma realidad.

Pero ya no dolía tanto.

No, ya había aprendido.

Porque Winter siempre permanecería con ella, dentro de ella, en los pocos, pero eternos recuerdos que tenía frescos en su memoria, y que quería rememorar siempre que pudiese y así nunca olvidarlos. Si bien nunca fueron cercanas, si bien jamás se trataron como hermanas, como había aprendido que unas hermanas podían tratarse, aun así, era suya, era su hermana, y apreciaba su existencia en su vida con los altos y los bajos.

Le hubiese gustado que hubiese sido diferente, por supuesto que sí, pero si bien con su familia, en ese instante, estaba dejando el pasado atrás para enfocarse en el futuro, debía aceptar que con Winter sería al revés, tendría que rememorar el pasado una y otra vez para tener a su hermana presente en su vida, en su futuro.

En su camino hacia la libertad.

Y por lo mismo jamás olvidaría sus enseñanzas, todo lo que aprendió.

Ruby la miró, levantando una ceja, negando, una expresión dividida en esta, pero la notaba más curiosa que preocupada ahora, lo que era bueno, no quería hacer de esa experiencia ahí, en aquel lugar, algo triste.

No iba a seguir así, sufriendo.

Se rehusaba a caer.

Ruby se volvió a acercar, esperando la respuesta.

Por su parte, movió las manos, acercándolas a las mejillas de Ruby, rozándola, para luego mover su pulgar, sujetándola de la mandíbula, mientras el resto de sus dedos rozaban su cuello, sintiendo el calor de su piel, el calor que tanto deseaba sentir durante todo ese rato.

Notó los plateados mirándola con una pizca de pánico, ahora sus rostros más cerca, más cerca de lo que debía ser prudente, pero no le importaba.

No le importaba nada más.

Le sonrió, manteniendo el agarre firme en la piel bronceada.

"Me enseñó que debía ser valiente, ser fuerte, y me prometí serlo, se lo prometí a ella."

Ruby parecía sorprendida.

Más sorprendida aun cuando levantó los talones.

Y aún más sorprendida cuando se acercó a esta, a sus labios.

Le dio tiempo para quitarse, a pesar de tenerla firme, fueron segundos eternos, pero debía ser así, al final, era la historia de ambas, era su futuro, y de ambas dependía de que aquello funcionase, y si Ruby no estaba de acuerdo con su acto, tal vez precipitado, esta iba a decir algo.

Pero no fue así.

Sus labios llegaron a los ajenos, y a pesar de notar a Ruby tensa en el primer milisegundo de su encuentro, esta de inmediato se relajó, una de las manos de esta posicionándose en su cintura, y la otra en su nuca, los dedos enredándose en su cabello, de nuevo, tal y como deseó durante esos momentos en los que estuvieron cerca pero tan desagradablemente lejos.

Era perfecto.

Totalmente perfecto.

Cada beso lo era, porque encajaban a la perfección, sin importar lo que ocurriese, sin importar lo malo que el universo les tirase, siempre se tenían a la otra, y podían seguir adelante, juntas, de eso estaba completamente segura y estaría siempre segura.

Se sintió ahí, completamente ajena a su mundo alrededor, sin voces, sin música, sin bullicio, no, nada, solo ellas dos, la una pegada a la otra, pero ahora era aún más intenso, porque estaban unidas, sin miedo, sin vacilaciones, no, estaban seguras ambas, y el hacerlo ahí, lo reafirmaba.

Poco a poco, el sonido del lugar volvió a sus oídos, sacándola de su ensimismamiento eterno en el que se vio atrapada, pero sin la intensidad de antes, sus sentidos completamente enfocados en Ruby, así que nada más parecía interrumpirlo, absolutamente nada.

Se separaron finalmente, pero sin alejarse, solo separaron sus labios, pero permanecieron cerca, tan cerca, que era tan fácil el hacer un movimiento y volver a besarse.

A pesar de la evidente vergüenza que Ruby estaba experimentando en ese instante, su rostro rojo, su postura nerviosa, los plateados siguieron fijos en ella, y no sabía si era algo voluntario o no, si lo hacía para distraerse de la gente alrededor o no, pero no le importaba, mientras los ojos aquellos la mirasen, ya se sentía bendecida.

Además, iba a seguir hablando, y Ruby lo sabía.

"Eres todo para mí, Ruby, todo."

Habló, sin saber si estaba hablando muy bajo o no, pero Ruby asintió, escuchándola, y notaba como los sentidos de esta también estaban pendientes de ella y no más de su alrededor, del mundo alrededor, eso dejaba de ser importante, eso ya no sería un obstáculo en la vida que tendrían, en el futuro que les deparaba.

Eran sus propias personas, eran libres, y estaban juntas en la libertad.

Movió sus manos, liberando el agarre en la mandíbula de Ruby, y estiró los brazos, entrelazando los dedos tras la nuca de esta, sintiendo como los cabellos rojizos y largos se enredaban en sus dedos, así como su cabello se enredaba en los dedos ajenos.

Esa era la cercanía que buscaba, que anhelaba, y la estaba obteniendo.

Ya no se estaba aguantando más, ya no era necesario.

Ya no iba a aceptar esa molesta realidad.

"Ya no tengo miedo, contigo puedo vivir sin miedo, sin dolor, y no quiero seguir ocultando lo que siento, a nadie ni por nadie."

Ruby la entendió, siempre la entendía, nunca la juzgaba, y era una de las tantas cosas que la hizo enamorarse de pies a cabeza. Ruby la escuchó sin problema, desde el mero comienzo, y ahora hacía lo mismo, entendiéndola, aceptándola, emocionándose con sus palabras, sintiendo exactamente lo mismo, y lo supo porque los plateados brillaron, y no por las luces de colores, no, por la emoción, húmedos, suaves, y temió que esta llorase, porque si Ruby lloraba, ella lloraría, de eso no tenía duda.

Estaban juntas en eso, en todo, en lo bueno y en lo malo.

Pero no, Ruby no lloró, solo asintió, sonriéndole, acercándose, apegando su frente a la suya, y pudo de nuevo sentir su calor, su aroma, aquello que la hacía sentir tan viva, tan llena, tan completa. Ante la posición, rodeó aún más el cuello de Ruby, acomodándose, sus cuerpos, una vez más, encajando a la perfección.

Aferrándose a la otra, se sentían más libres que nunca.

Eran el lugar seguro de la otra, donde podían ser quienes eran, sin máscaras, sin necesidad de cambiar, de mostrar la imagen que estaban acostumbradas a mostrar.

Eran Ruby y Weiss, eran Weiss y Ruby, eran sus propias personas al lado de la otra.

"Lo único que me importa lo que nuestras familias opinen, las personas a las que queremos, a nadie más, y no importa si algún día tu pasado sale a la luz, ahí estaré, a tu lado, orgullosa de ti, de lo que siento por ti, siempre."

Los ojos plateados la miraron de vuelta, y a pesar del silencio que Ruby estaba manteniendo, dándole a ella todo el tiempo del mundo para expresarse, para decirle todo lo que venía acumulando, si podía ver como esta le respondía con la mirada, porque solo eso bastaba para que pudiesen entenderse, para poder mostrarle lo que sentían a la otra.

Y ahora notaba los sentimientos de Ruby en sus ojos, sus plateados brillando de emoción, de felicidad, de tranquilidad, y sentía lo mismo.

Estaban juntas en eso.

Y seguirían juntas, nadie las podría separar, de eso estaba segura.

Nadie podría contra ellas.

Ruby asintió de nuevo, y ahora fue esta quien se acercó, quien rompió los carentes centímetros que las separaban y unió sus labios una segunda vez, besándola, las manos grandes y fuertes sujetándose de su cadera, de su espalda, abrazándola, sosteniéndola, manteniéndola cerca, pegada al cuerpo al que pertenecía.

Sintió los dedos cálidos, abrasadores, pasando por su espalda descubierta, sujetando su carne, e hizo lo mismo, abrazándose de Ruby, sujetándola como si eso fuese de vida o muerte.

Pero no fue capaz de separarse.

No fue capaz ni siquiera de decidir alejarse para recuperar el aliento, no le importaba en lo absoluto, solo quería seguir besándola, sabiendo que la veían, sabiendo que ya debía ser claro quién era, que estaba haciendo, con quien lo estaba haciendo, y tal vez no estaba haciendo algo degenerado para hacerla sentir nerviosa de ser vista, pero, aun así, se sintió así.

Se sentía bien.

El mostrarse a sí misma, el dejar ver a la verdadera cara de Weiss Schnee, era algo que sin duda siempre le iba a causar un profundo éxtasis.

Libre, libre, tan libre.

Sabía que su familia iba a regañarla por hacer eso, por hacer eso tan públicamente, pero no le importaba, a puertas cerradas la iban a aceptar, lo sabía, y solo eso le importaba, además, ellos velaban por su felicidad a pesar de todo, y ahora era feliz, así, era feliz, inmensamente feliz.

No se arrepentía de nada.

No se arrepentiría de nada desde ahora en adelante.

Ruby era suya, y ella era de Ruby, y quería que todo el mundo supiese cuanto amaba a esa mujer y como la iba a mantener a su lado por lo que le restaba de vida, sin dejarla ir, suya, solo suya.

Ese era un gran paso en su vida, uno de los varios que dio en su vida, y en varios se sintió insegura, teniendo miedo, sintiéndose incapaz de lograrlo, pero ahora no era así, ahora sabía que todo estaría bien, ahora estaba en calma.

Lo que estaba haciendo era lo correcto.

Y eso era lo único que le importaba.

Poder vivir su amor libremente, el ser ella misma, era su deseo para su futuro.

Su futuro con Ruby.

Y desde ahí, desde ahora en adelante, todo sería felicidad.


Capitulo siguiente: Cambio.


N/A: ¡Ha sucedido! ¡El momento llegó! A menos que todos los que estén ahí adentro sean unos ciegos y no se hayan dado cuenta de los besazos que se empezaron a dar las niñas en medio de la pista de baile.

Si, fallé con su subida de lunes, y ahora que lo pienso, que mal de mi parte, ¡Que este capítulo es muy importante! Y el número, todo perfecto.

Nos leemos pronto.