Se sentó sola en medio de la habitación cuando escuchó que Genya salió temprano en la mañana a cumplir con las obligaciones que tenía en el Dojo.
Él solía irse apenas amanecía, y ella, si no tenía que trabajar, solía dormir un poco más.
Akane había conseguido un puesto en el pequeño Hospital del pueblo, y a los cuatro meses de estar viviendo con Genya, comenzó a trabajar.
El ritmo era completamente opuesto al Hospital de Tokio, si bien la demanda era menor, había elementos médicos faltantes y un sistema bastante antiguo para organizar. Así que, también se estresaba en cierto punto, por cosas que debían ser de determinada manera y no lo eran. Llevaba intentando tapar agujeros con los dedos casi un año y medio y aunque estaba acostumbrada a trabajar bajo presión, las carencias aquí ponían las cosas a otro nivel de dificultad.
Entonces atribuyó al trabajo el extremo cansancio que tenía. Y los mareos que solían asaltarla cuando se levantaba de golpe, sabía que estaba descuidando su dieta porque casi no tenía hambre, o lo que comía le sentaba mal.
Pero, la noche anterior antes de dormir, fue cuando empezó a pensar más seriamente e hizo números. No recordó la fecha de su última regla. Ni de la anterior.
¿Había tenido la regla el mes anterior?
Con ese pensamiento se durmió y con eso se despertó.
Así que, sentada en el medio de la habitación, la idea comenzó a tintinear insistentemente en su cerebro.
Se puso de pie como un resorte y se mareó, por supuesto. Cuando se recuperó, se vistió y se escabulló de la casa.
-¿Akane?- la miró extrañada la doctora Ichido cuando la vio entrar a la sala de médicos.- ¿No es hoy tu día libre?-
- Si. Pero, Oyuki... necesito un favor.- le dijo Akane, con cierto tono vacilante.
- Cielos estás pálida...siéntate.- le dijo la mujer, mirándola preocupada.- Traeré algo para que comas...-
-No, no quiero, gracias. Escucha...- Akane se giró sobre sus talones y echó llave a la puerta detrás de ella.-Necesito que analices está muestra de orina...creo que...-
Oyuki Ichido abrió grandes los ojos y no supo si sonreír o no.
No conocía a Akane más allá del trabajo, y aunque se llevaban muy bien en ese ambiente, se extrañó que le haya pedido a ella ese favor tan delicado.
- Entiendo...- Tomó el frasquito y anotó algo en su carpeta.- Lo correré como urgencia. Mañana tendremos el resultado.-
- Bien, supongo que me enteraré cuando tome mí guardia.- dijo Akane, metiendo las manos en sus bolsillos.
Seguía sintiéndose fatal. Pero al menos había hecho algo al respecto.
- Akane...- la mujer le sonrió.- Gracias por confiar en mí.-
Akane le devolvió la sonrisa. Confiaba en ella, la consideraba una un excelente profesional, y eso le daba seguridad.
Al llegar a la casa, se puso a lavar la ropa.
A medida que refregaba furiosamente la tela con jabón y agua, su mente corría sin cesar.
"Tengo miedo. ¿Es miedo? ¿O es ansiedad? ¿Es muy pronto? No nos hemos casado aún. No es que eso me moleste, pero...nunca tocamos en qué orden debían darse los acontecimientos. De hecho...nunca hablamos de este acontecimiento."
Se detuvo cuando un dolor le recorrió el brazo. Alzó la mano y vio sus dedos, agarrotados, rojos, helados. Se secó el sudor que le perlaba la piel del rostro y trató de moverlos, para que la sangre circule. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no sintió cómo se le entumecieron. Enjuagó, cargó todo como pudo en un enorme canasto y colgó prolijamente las prendas en una soga.
"¿Es posible?" Pensó. Una sensación de calidez se alzó desde su interior, y sonrió al cielo, con los ojos cerrados, recibió beso del sol de otoño y suspiró. "Estoy asustada...¿pero por qué estoy feliz a la vez? ¿Acaso me he vuelto loca? Bueno si, desde el momento en que renuncié a mí trabajo, vendí mí casa y todas mis cosas para venir aquí con él. Estoy completamente loca. Nunca entendí por qué la gente decía que el amor te hace hacer locuras...hasta que..."
-Oye...- Una mano fuerte rodeó de repente su cintura y la boca que tantos suspiros le arrancó, le beso suavemente la nuca, haciéndola sobresaltar.- Te estoy llamando, ¿que no me escuchas?-
- Oh, lo siento...estaba...-
- Ausente.- Completó Genya.- Estabas ausente otra vez, últimamente te sucede seguido...¿hay algo que te molesta?-
- Supongo que el trabajo me estresa.- Mintió ella, con una sonrisa.- Las cosas no son como en Tokio.-
- ¿Y eso no debería ser mejor?- preguntó Genya, tomando el gran canasto con una mano y caminando junto a ella hacía adentro del hogar.
- Pues no necesariamente...- dijo ella.- Son otro tipo de problemas que muchas veces me tensan.-
- Creo que lo entiendo.-
Entraron a la casa, y ella fue a calentarse las manos a la cocina. Ya casi era la hora del almuerzo y cayó en la cuenta de que ni siquiera había desayunado. Se sintió un poco mareada y para disimularlo, se sentó para picar los vegetales.
- Estás pálida.- observó él, cuando entró a la cocina y la vio trabajando. Se acercó y puso su mano en la frente de Akane, para ver si tenía fiebre.- No tienes fiebre. ¿Por qué no vas a descansar y yo me encargo de eso?-
Akane recordó que Ichido le había señalado su mal semblante también, ¿Tan evidente era?
Y en otro momento quizá le hubiera contestado a Genya que no, que prefería hacerlo ella, porque él siempre dejaba los vegetales muy grandes, pero esta vez realmente se sentía mal, así que aceptó la oferta, se puso de pie lentamente en silencio y caminó hasta la habitación.
Genya la siguió con la mirada, hasta que despació. Estaba preocupado por Akane, algo le pasaba y era notorio.
Últimamente olvidaba mucho las cosas, comía poco y a veces la encontraba ensimismada, callada, mirando a la nada. Temía que el hecho de vivir en un pueblo relativamente pequeño finalmente haya hecho mella en su ser, y cada vez que pensaba en eso una sensación de culpa le quemaba el pecho.
Lo había hablado con su hermano, y aunque Sanemi le decía que seguramente esa no era la razón, él no podía evitar pensarlo.
- Quizá necesite vacaciones.- le habia dicho el ex Pilar- Deberías llevarla de viaje a algún lado. Eso siempre sienta bien.-
Por esa razón, Genya se había puesto en contacto con Tanjiro, para ir unos días a su casa. Quizá a Akane le agradaría volver a ver a Kanao, incluso habían estado hablando de que Inosuke y Aoi vayan también.
Sonrió, porque a él también le agradaba mucho la idea de ir con ella, y contarles a todos que finalmente era feliz.
Al otro día, Akane se sentía peor que nunca.
Se levantó antes del alba, porque debía desayunar antes de salir a tomar su guardia en el hospital, pero no pudo probar bocado...el olor del tamagoyaki le revolvió el estómago de tal forma que tuvo que correr al baño y vomitar.
Luego de un rato sintiendo que el estómago se le iba a salir por la boca y rogando que Genya no la escuche, terminó de cocinar el desayuno, solamente para dejárselo a él, lo que le costó varias arcadas.
Salió en su bicicleta rápidamente al turno, porque ya iba tarde. La cabeza le latía, el estómago estaba contrariado entre el hambre y la repulsión total al alimento.
Cuando llegó al hospital, fue al vestuario y se sentó en uno de los bancos largos de madera, respiró profundamente y se frotó el rostro.
En ese momento, otra de sus compañeras, una enfermera, entró por la puerta.
-¡Madre mía Akane!- se sorprendió cuando la vio sentada allí, intentando recuperarse.- ¿Pero que te sucedió? Estás pálida y tienes los labios muy resecos.-
- No me he sentido muy bien está mañana.- dijo Akane.- pero descuida, ya se me pasará.-
- ¿Entonces por qué has venido?- preguntó la mujer acercándose a ella.
- Tengo responsabilidades aquí.- Dijo Akane, deseando que la mujer se vaya, porque estaba de mal humor y quería estar sola ese momento que tenía antes de empezar su jornada laboral.
- Pues no me parece muy responsable que vengas medio muerta a trabajar, ¿qué sucederá si te desmayas en medio de una consulta? ¿O en el quirófano?-
- No me jodas Mei. No me estás ayudando. Déjame recuperarme y tomar mi turno para poder irme temprano a casa.- espetó Akane, mirándola.
Mei abrió los ojos como platos.
No era común de Akane dirigirse así a las personas. Si bien tenía un carácter bastante marcado, nunca fue grosera como en ese momento. Mei quiso responderle pero entendió que no era Akane la que hablaba, sino su malestar.
Rebuscó en el bolsillo de su delantal blanco, sacó un geppei* envuelto en una servilleta blanca, y se lo entregó.
-Al menos come algo. Y luego haces lo que quieras. Ten. Tómalo, yo tengo dos más, me encantan.- le dijo.
Akane miró el pastel en su mano y lo tomó. El olor dulce y suave le cosquilleo en la nariz y pidió a todos los dioses que cuando lo comiera, se quedara en su estómago.
- Gracias, Mei...- le dijo, y tomó el pastelito. Bajo la mirada y le pidió disculpas por como le habló.
- No hay problema.- sonrió la joven, alegremente.
Mei se dio la vuelta y se retiró. Akane mordió lentamente el pastel y masticó. Le pareció la delicia más sublime que había probado en su vida, como si hubiera un pedacito de cielo en su boca. Y se lo terminó en dos bocados.
No hubo arcadas. No hubo vómitos.
Akane se puso de pie lentamente, se colocó la bata blanca, se recogió el cabello y salió del vestuario.
Mientras iba saliendo, tomó 6 o 7 carpetas con historias clínicas de las primeras pacientes del día de la fecha y se encaminó a su consultorio. Pero una de las muchachas que estaba en el área de recepción, la llamó por su nombre y le entregó un sobre. Tenía manuscrito la palabra "Privado" en el frente y en el dorso, en la solapa que lo cierra, la firma de Ichido. Había firmado de forma tal que si alguien lo abriera, sería notorio porque rompería la firma. Akane sonrió y le agradeció a la chica.
Con las manos ahora temblorosas, se sentó en su escritorio en la privacidad de su consultorio y abrió el sobre impaciente.
Sus ojos obviaron todo el contenido técnico del informe, porcentajes y comparaciones que no le importaban en lo más mínimo y solo buscaron una palabra...que encontró más rápido de lo que pensaba.
"POSITIVO".
"Estoy embarazada." Las palabras parecieron hacer eco en su mente, retumbaron en su cavidad craneal. "Tengo casi 10 semanas de embarazo...¿como no lo supe antes? Soy obstetra, debería saberlo...me doy vergüenza."
Apoyó el papel estirado sobre la mesa y lo miró como si fuera a predecirle el futuro.
"Embarazada." Repitió. Se cubrió el rostro con ambas manos "¿Cómo se lo diré a Genya? ¿Es...es lo que desea? Nunca hablamos de esto aún, no es como si fuera nuestra prioridad, de hecho teníamos otros planes. Viajar. Comprar cosas nuevas para la casa. Renovarla. ¿Acaso arruiné todo? No, yo no. Ambos. Se realista Akane, un embarazo no aparece por arte de magia. Y bueno, tampoco fuimos los más cuidadosos últimamente, evidentemente erré el cálculo de las fechas de ovulación".
De repente la puerta de su consultorio se abrió y Akane manoteo el papel con rapidez, lo hizo un bollo y lo metió en el bolsillo de su bata
-Oh, estaba aquí Doc.- Dijo Nara, y le hizo una reverencia al ingresar.- Discúlpeme, golpeé varias veces y como no contestó nadie entre, traigo más pacientes para usted.-
La joven enfermera extendió la mano y le dio 3 carpetas más.
-No te preocupes Nara.- Dijo Akane.
Le creía que había golpeado y ella no la escuchó. Últimamente podría haber tenido la banda imperial tocando justo a su lado y quizá no los escucharía. ¿Que más le podía decir? La chica no tenía la culpa de que su mente estuviera en el espacio. Tomó las carpetas y las puso debajo de la pila que ya tenía. Le agradeció a la joven enfermera y nuevamente se quedó sola. Abrió la primera carpeta que contenía la historia clínica y empezó a leer.
"¿Debo decírselo ya? Si...pero ¿cómo?."
Para cuando se dio cuenta había leído la historia clínica hasta el final...sin haber comprendido una sola palabra. Cerró los ojos y dejó salir violentamente el aire de sus pulmones, frustrada.
Hoy sería un día sumamente largo.
-Estás callada...otra vez.- observó él, mientras cenaban.
- Perdón, lo siento, si te estaba escuchando.
- No dije nada, Akane.- Genya dejó su plato y la observó.- De hecho no hablamos desde que nos sentamos a la mesa.-
Ella jugueteaba con un palillo en su mano, nerviosa. Genya se acercó, se sentó frente a ella, y la miró a los ojos. Akane, en un esfuerzo, sostuvo su mirada todo lo que pudo pero no tanto como hubiera querido.- ¿Me vas a decir que te pasa? No comes, te ves muy cansada y cada vez estás más callada y ausente.-
- No es nada...-
Genya respiró profundamente. Odiaba que le mientan, sobre todo si era Akane quien lo hacía.
Odiaba este juego de tener que extraer las palabras de su boca.
- Sé que no soy tan listo cómo tú, yo no soy médico.- Dijo él, cruzándose de brazos.- pero hasta yo puedo ver qué algo pasa.-
- Es que…-
- ¿No crees que pueda entender?- preguntó él,
- No es eso.-
- ¿No confias en mí?- quiso saber, y tomó una de las manos de Akane entre las suyas.
- Si, claro que sí.- contestó ella, intentando contener el mar embravecido de sus emociones.
- ¿Entonces que es?-
- Nada Genya, no quiero hablar al respecto.-
- ¡Pero yo si!- Exclamó él.- ¡Estoy preocupado por ti! Estás diferente y no sé por qué ¿Extrañas la ciudad?-
- Genya…- Akane suspiró, cerrando los ojos un momento.
- ¿Te arrepientes de venir? ¿Estás incómoda? Sé que quizá no es lo que esperabas, te juro que intento que lo sea.-
- No...- Akane contestó, esa suposición por su parte le partió el alma. No le gustaba que él sienta eso, porque la simpleza de su vida junto a él la hacía sumamente feliz.
El hecho de dormir, simplemente dormir a su lado, la hacía feliz.
- ¿Ya...- Genya se detuvo a mitad de la pregunta. Le dolía de sólo pensarlo.- ya no sientes lo mismo por mí?-
- Te amo más de lo que pensé que alguna vez podria amar...-Le dijo ella, y se acercó suavemente a él. Besó sus labios con delicadeza, y lo abrazó. Respiró profundo.
-Entonces que es, cariño. Dime…estoy muy preocupado y no sé qué hacer para ayudarte si es que puedo hacer algo.- Genya rodeó su cuerpo, y acarició su espalda mientras la abrazaba.- ¿Es por nosotros? ¿Es el trabajo? ¿Mí hermano te dijo algo? Créeme que entendería si discutes con él. ¿Acaso estás enferma?-
Akane tomó aire y exhaló lentamente.
-Estoy embarazada, Genya.- dijo, muy suavemente.
Él no dijo nada. Las palabras se deslizaron por sus oídos y le erizaron la piel. El corazón se le aceleró y pareció rebotar por todo su interior.
- ¿Qué?-
- Lo supe hoy.- Le dijo ella, sin soltarlo, de hecho, se aferró a él con más insistencia cuando percibió que Genya aflojaba su agarre.
No estaba segura de querer ver su cara. Él seguía abrazándola pero estaba completamente inmóvil. Y Akane no supo leer lo que su cuerpo emanaba, eso la hizo sentir extraña.
- ¿Estás muy segura?- preguntó Genya.
- Hice los análisis en el hospital. Tuve los resultados hoy.-
Entonces él la estrechó con más fuerza y Akane sintió como le susurró al oído, con la voz entrecortada.
- Te amo. Tanto que no tienes idea.-
- Entonces...¿no está mal?.- preguntó ella, casi tímidamente, alejándose de él para mirarlo.
Tenía una sonrisa enorme, pero los ojos húmedos.
- ¿Por qué estaría mal?- preguntó extrañadísimo él.
- No lo sé.- Akane se encogió brevemente de hombros.- Nunca habíamos hablado seriamente sobre tener hijos...quizá no lo esperabas.-
-Bueno...no, realmente no lo esperaba pero no significa que no me haga feliz. Que no lo desee. ¿Y tú?-
- Debo decir que fue una sorpresa.- Rió Akane levemente.- Me siento cansada, mí estómago está fatal y estoy bastante irritable. Pero a la vez, me encanta saber lo que llevo dentro de mi. Sin embargo... también estoy aterrada. Realmente aterrada.-
Genya sonrió, y le acomodó el cabello detras de la oreja.
- Yo igual.- sonrió.- Lo siento. Quizá esperabas una respuesta más…varonil. Pero realmente estoy aterrado.-
-No.- Dijo Akane, y tomó el rostro de él en sus manos. Le depositó un beso suave en los labios.- Es la respuesta perfecta, mi amor.-
Pero los pensamientos de Genya se transportaron a su niñez. Ahora él sería padre, y podría curar esas heridas.
Ahora él tenía la oportunidad de formar la familia feliz que nunca tuvo, ser el padre que su padre no fue. La vida estaba a punto de dar otra vuelta a su enorme ciclo, y él no cabía en si. Un torbellino de emociones que le llenó el cuerpo. Se puso de pie casi de un salto, y dejó salir un grito eufórico de alegría, un festejo, un deshago. Prácticamente brincó por toda la habitación, y de no ser porque Akane lo frenó, probablemente hubiera salido a gritarlo al jardín.
-Tengo que decírselo a mí hermano ya.- dijo, con una sonrisa gigante en el rostro y los ojos brillantes.- ahora, vayamos a su casa.-
Tironeó de ella para ayudarla a ponerse de pie y casi la arrastra afuera.
- Aguarda, aguarda.- Sonrió Akane, y se afirmó en el suelo. Había tenido una idea.- Su cumpleaños es dentro de poco ¿por qué no esperamos hasta entonces?- ofreció Akane.
- ¡Oh SI!- La sonrisa de Genya se ensanchó más si es que eso era posible.
Que bueno que ya no tendrían que pensar en un obsequio.
Pequeño Glosario:
geppei: o "pasteles de luna". El relleno más popular es el anko, pero también se usa pasta de otros tipos de judías, así como de castaña. A diferencia de los chinos, los pasteles de luna japoneses casi nunca llevan una yema de huevo en el centro.
