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Capítulo 9.

—Comprendo, así que terminaron. —Miroku sorbió el té y lo dejó sobre la mesa redonda.

Con todo el rebullicio de que Miroku y Sango habían comprado una pequeña —pero hermosa— casa con un par de cuartos para los futuros varios hijos que pensaban tener, y con eso de que estaban mudándose y pagando los primeros recibos, no habían tenido tiempo de charlar acerca de ese tema ¡y ya de eso hacía tres semanas, al menos! Kagome miraba para el techo y escudriñaba los adornos soberbios y las plantas que su prima había colocado en su recibidor, al aire libre y rodeada de un hermoso jardín, quería distraer los ánimos. Con cada día que pasaba, hablar sobre la relación —o ex relación— de su hermana y su amigo, se le hacía mucho más incómodo. Y no solo eso, sino que, nuevamente, Kikyō no estaba ahí para afrontarlo y le dijo que la excuse y les explique rápidamente que habían terminado porque ella no estaba lista para el matrimonio y que ya no sentía lo mismo por InuYasha.

—Y, ¿en dónde está Kikyō? —Preguntó Sango, inquieta. Ayame y Kōga se mantenían en silencio, escuchando atentamente a Higurashi—. Mira que mañana es su cumpleaños y no nos ha dicho qué hará, como todos los años.

—A Kikyō no le gustan las sorpresas —agregó Wolf, echándose para atrás en el mueble.

Kagome asintió.

—Ha estado ausente todo este tiempo, pero supongo que es entendible… —siguió la azabache, recordando el reciente cambio de su hermana. La veía bien, no estaba triste o amargada, sino más bien pensativa y siempre estaba fuera, aun cuando no había conseguido un nuevo trabajo, pero decía que lo estaba buscando sin parar, así que suponía que sus salidas tenían una explicación—. Después de la muerte de su ex jefe que la acosaba, se retiró de «Asahi» y ahora busca algo de su nivel.

—Pues, para ser sinceros, InuYasha nos contó otra cosa, K —intervino Ayame, dejando a todos helados—. Así es, dijo que Kikyō le había terminado diciéndole que ya no le gustaba y que, prácticamente, le confirmó que tenía a otra persona.

Fue como un balde de agua fría, como una daga en su espalda, como corriente viva en su columna… Kagome se espantó de inmediato y la alarma saltó a su cabeza diciéndole, con un foco rojísimo, que su hermana estaba viendo a Naraku. Frunció los labios mientras sus amigos comentaban asombrados sobre eso, pero ella no podía dejar de pensar en otra cosa. Sacó su celular de forma distraída y le tecleó un mensaje por WhatsApp a Kikyō para saber en dónde estaba.

"Los chicos preguntan por ti, quieren saber qué haremos este año por tu día"

Esperó respuesta con una expresión seria, ignorando todo a su alrededor y golpeando el celular contra la quijada. Apenas le llegó la notificación, volvió a verla. Sus amigos se habían quedado callados ante el reciente letargo de la joven.

"En la mañana haremos algo en casa junto con ellos y nuestros padres. En la noche seguro que salgo a beber algo con mis ex compañeras de trabajo"

Kagome frunció el ceño, completamente descolocada por lo absurdo que acababa de leer…

"¿«Kikyō-sama» yendo a beber como una corriente con sus «amigas» de Asahi? Uff, algo anda mal aquí"

No es que le pareciera algo malo, pero sí era muy extraño viniendo de su hermana. En esos momentos no podía confiar en una sola palabra de ella. La vio «escribiendo…» apenas leyó su mensaje.

"Quiero relajarme un poco por primera vez, ¿tiene algo de malo? He sido muy seria los últimos —ya— veintiocho años, niña"

Eso le sacó una risita que la hizo serenarse un poco.

"¿Por qué debo creerte?"

"¿Por qué no?"

Inspiró hondo y decidió dejar el tema, zanjarlo ahí y no estresarla más.

"No es nada, es que estoy con los chicos contándoles sobre tu ruptura con InuYasha y me dicen que él cree que tienes a otra persona"

Su hermana escribió rápidamente algo y luego dejó de hacerlo. Nuevamente la vio escribiendo hasta que mandó el mensaje.

"Delira. No lo quiero como antes y ya"

Como por inercia y sin pensarlo, los dedos de Kagome se movieron sobre el teclado y casi no siente la ligera punzada en el pecho. Fue realmente inconsciente.

"No lo quieres como antes, pero, aún lo quieres, ¿no?"

Ayame miraba a su amiga y notó aquel semblante serio que ella conocía a la perfección, corrió la mirada a Sango y notó que ella también lo sabía. Kōga y Miroku cruzaron miradas preocupadas y siguieron atentos a Higurashi, que parecía haberse perdido del mundo.

"¿Qué tonterías me estás preguntando?"

Kagome enrojeció, notando apenas su mensaje y odiándose por la pregunta tonta.

"Ah, tienes razón, hermana, lo siento"

"No me digas que tienes esperanza de que volvamos"

La azabache negó con rapidez, sintiendo las mejillas más coloradas aún y cierto pánico.

"Por supuesto que no. No sería sano para nadie.
Quiero decir, para ninguno de los dos"

"Bien, no te preocupes más por eso. Saluda a los chicos y déjales en claro que no estoy con otra persona. Cuídate"

Soltó un suspiro alargado de descanso puro, como si se hubiera librado de algo. Cuando alzó la vista, se encontró con la mirada sorprendida de todos sus amigos y los colores se le volvieron a subir a la cara. Los vio alternativamente y sonrió de forma nerviosa.

—Mi hermana dice que no está con alguien —se le ocurrió decir—, así que no se preocupen por eso.


Estaba sintiéndose muy mal. Era como si, de repente y sin previo aviso, el mal humor lo hubiera consumido por dentro. Y él sabía por qué.

Se estiró en el escritorio para coger su celular y teclearle a Kagome rápidamente.

"Mañana debo pasar a dejarte algo sobre las clases que perdimos hoy. ¿A qué hora es posible?"

Esperó que entendiera que estaba refiriéndose al cumpleaños de Kikyō y que, claramente, no quería encontrarse con ella. No deseaba verle la cara, no deseaba cruzarse con ella… había logrado un poco de paz esos últimos días con Kagome, más relajado y cómodo, así que no quería arruinar esa atmósfera con el evento.

"Oh, lo dices por mi hermana, ¿no?"

Alzó una ceja, asombrado por la manera inmediata en la que ella demostraba que lo conocía.

"Imagino que ella tampoco quiere verme por su casa justo en su cumpleaños, ¿no?"

"Efectivamente"

Alzó el mentón, un poco ofendido por la respuesta… cuando había sido ella quien lo había botado de esa forma tan estúpida, ahora resultaba que, resentida, no lo quería ver. Solo eso le faltaba.

"Ya, Kagome, dime algo"

"«Algo»"

Entre el mal humor, soltó un suspiro que ahogó una risa por la tontería que acababa de leer.

"Eres imposible"

La vio «escribiendo…» un par de veces y supo que hizo dos versiones del mensaje final. Ya conocía esas mañas.

"Ok, soy imposible, pero no me lo digas… me trae malos recuerdos de cuando nos conocimos"

Le envió varios emojis con caras riendo y él no supo cómo interpretar aquello. ¿Malos recuerdos? Aun si era broma, no le parecía justo que pensara eso. Él sí que tenía malos recuerdos con ciertas reuniones de sus amigas y no estaba quejándose de eso con ella en WhatsApp.

"Ingrata. ¿Te traigo malos recuerdos?"

"Sí, algunos"

"Como cuáles"

Ese mensaje lo envió urgido, moviendo los dedos rápidamente sobre el teclado. ¿De verdad… le traía malos recuerdos? ¿Había algo que él le hubiera hecho que no supiera? Se desesperó por una respuesta y el tema de Kikyō quedó a un lado sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Ella estuvo «escribiendo…» unos segundos y volvió a hacer más de una versión para el mensaje final. InuYasha no quiso verse desesperado así que se quedó viendo el chat, ahí, sin moverse.

"Por esos tiempos, me querías enseñar a fumar y créeme que la pasé mal. O la primera vez que fuimos a una fiesta y conocí a tus compañeros molestos de la universidad… no tengo buenos recuerdos de esos momentos y justamente estás tú en ellos"

La decepción lo invadió… pensaba que se trataba de otro tipo de recuerdos. Suspiró, volviendo a su duda inicial.

"Lo siento por eso. Ahora, dime, ¿a qué hora puedo ir a dejarte las tareas mañana?"

"En la noche, supongo. Kikyō hará algo en la mañana y luego saldrá, así que no te preocupes, que no tendrás que verle la cara"

No pudo evitar sentir también mucha incomodidad… «Kikyō saldrá» significaba que iría con la razón por la que había sido dejado de esa forma. Había pasado más de un mes de eso, pero la herida seguía ahí, latente.

"Te veo mañana en la noche, entonces. No tendrás mucha tarea"

"¡Es una gran alegría para mí! ¡Gracias! Te ganas el cielo"

Sonrió apenas.

Y buscó un emoji especial —poco común en él, porque no pasaba de enviar estoicos mensajes sin adornos— con el color favorito de ella.

Un corazón verde.


Los chicos acordaron entonces, que InuYasha había malinterpretado a su ex. O eso fue lo que Kagome les quiso dar a entender. No quería inmiscuirse demasiado.

—Voy a ser muy sincero —escuchó decir a Kōga y ella lo miró inmediatamente— y, disculpa si te incomodo, Kagome, pero ya que mi querida amiga Kikyō ha dejado al perro, creo que todos estamos de acuerdo —hizo un ademán hacia los demás y todos asintieron, como si supieran de qué se trataba. Kagome achicó los ojos, intentando entender por dónde iba a la cosa—, en que InuYasha y tú deberían seguir lo que comenzaron desde que se conocieron.

La aludida tardó unos segundos en unir las piezas.

—¡Lo sé! —Chilló Ayame—. ¿Han visto a mi primo? Poco a poco vuelve a ser el InuYasha relajado que era hace unos años cuando conoció a Kagome. —Los ojos de la pelirroja brillaban de emoción.

—Sí, hasta nos vemos más seguido —reflexionó Sango.

—Definitivamente —acotó Miroku.

—Esperen… —se puso roja de a poco—, ¿de qué están hablando? InuYasha y yo siempre hemos sido amigos y ustedes lo saben. —Sango y Ayame soltaron una pequeña risilla—. ¿Qué es tan gracioso?

—Nada, claro, sabemos que así es. —Corearon. Los chicos sonrieron.

—¿Qué me dices de su última salida?

—Oh, por favor —negó con la cabeza y se estiró para tomar su taza—, yo le pedí que estudiemos en la colina, Ayame. Estaba harta del encierro en casa.

—Oh, oh —Sango atacó casi en automático— y del hermoso regalo que le dio en su cumpleaños.

—¡Uuuuh! —El tono en esa expresión a coro fue pícaro. La muchacha agachó la vista.

Kagome sintió su pecho alborotado por los latidos locos de su corazón. Un nuevo bucle de emociones le revolvió el alma y volvió a sentirse como cuando tenía diecinueve, como una tonta mocosa enamorada. Negó rápidamente.

—Claramente, InuYasha sigue enamorado de mi hermana —soltó estoica, parando en seco la alegría de todos—. Está afectado porque mañana es su cumpleaños, así que no entiendo de qué están hablando. —Suspiró—. Apenas estamos volviendo a ser amigos, hace unas semanas me detestaba.

Ayame negó de inmediato.

—Aunque me prohibiste hace un par de años hablar con él sobre ti —todos pusieron atención a la joven—, yo tomé la palabra y hace algún tiempo le pregunté si era verdad que te detestaba…

«—¡Yo gané! —Expresó extasiado, viendo los resultados en la pantalla del celular.

—Cómo-te-odio, InuYasha —mordió las palabras, aceptando su derrota.

—Aprende a perder.

Echaron a reír después de un par de segundos y se estiraron por las botanas que Kaede les había dejado sobre la mesa de la sala. Después de un momento de disfrutarlas, Ayame miró a su primo con detenimiento, dudando mucho en qué decirle. Sentía miedo de hablar de más o meter a su mejor amiga en problemas, pero, aunque le jodiera, tenía que hacerlo.

—Primo —lo llamó y él hizo un gesto de atención—, ¿qué tal las clases con K? —se mordió los labios. InuYasha no dejó de ver el celular—. ¿Todo bien?

—Ah, sí —le dijo distraído—, a veces es atorrante y discutimos, pero, ya sabes… —dejó el aparato móvil estático entre las manos y miró fijamente a la nada—, Kagome es imposible. —Negó, pero no parecía disgustado ante los ojos de Ayame.

Asintió.

—Sí, lo es, por eso somos amigas —rio.

—¿Por qué la pregunta? —Volvió a la tarea de su celular.

—Oh, es que… —ladeó el rostro, dudando aún—…Kagome piensa que la detestas.

Taishō miró rápidamente para su prima, como asustado. Frunció el ceño poco después y endureció la expresión. Negó con la cabeza y miró para otro lado y ya parecía más serio.

—Kagome no solo es imposible, también es tonta —lo dijo en tono bajo, que más pareció que pensaba en voz alta.

—¿No es así? —La voz de Ayame sonaba esperanzada.

—¡Por supuesto que no!

Tanami sonrió ampliamente después de la respuesta determinada.

—Bien… —como que descansó, pero al instante abrió los ojos con pánico—. ¡Por favor, por favor, ni se te ocurra decirle que hablamos de esto! ¡Es que me tiene prohibido hablar de ella contigo para no molestarte!

InuYasha la vio divertido, alzando una ceja. Ay, Kagome, de verdad era tan extraña… siempre así. ¿Por qué iba a molestarlo? Era verdad que las clases a veces eran muy estresantes y quería dejarlo, pero no se trataba de que ella lo molestara o algo parecido.

—No te preocupes, no diré nada. —Ella soltó aire y se echó para atrás en el mueble—. Aunque, viniendo de Kagome —su prima volvió a verlo con curiosidad—, de seguro que tarde o temprano me dirá: «ya sé que me detestas» —volvió a negar—. Sé que lo hará, así que se lo responderé de forma directa.

—¿Cómo sabes que sí se atreverá? —pestañeó confundida un par de veces, porque esas palabras sí sonaban a su amiga.

Taishō la vio divertido, curvando los labios como si la respuesta fuera muy obvia.

—La conozco».

Todos se quedaron en silencio ante la narración del reciente recuerdo.

—Dijo que te conocía. —Terminó por relatar y, Kagome, incrédula por lo certero que había sido todo y rememorando su charla con él en la boda de su prima, se quedó con la boca semi abierta—. Lo siento, pero tenía que hacerlo.

—P-por eso estabas tan segura de eso… —dijo en un hilo de voz.

—InuYasha —prosiguió Miroku después de analizar la plática— una vez dijo que le había costado mucho salir de su depresión y soledad después de la muerte de sus padres —miró a la nada, recordando la plática—, pero que cuando conoció a Kagome, de alguna forma, pudo sentirse aliviado y que le gustaba estar cerca de ella. —El recuerdo fue resumido, ya que su amigo había dado muchas vueltas para decir aquello tan importante. Kagome no lo podía creer—. Dijo, también, que por eso valoraba mucho tu amistad.

—¿Lo ves? —Alzó las cejas—. Deja muy claro que es solo amistad.

—Ay, Kagome, por favor… —le pidió Sango, echándose para atrás—. Yo creo que InuYasha nos esconde algo… —todos asintieron y afirmaron al instante excepto Kagome, claro—. Ustedes lo recuerdan, ¿no? Ellos se gustaban —a su mente llegaron como rayos todos esos momentos únicos que pudieron apreciar de esos dos y el repentino cambio en su amigo—, algo debió pasar entre ustedes. —Miró para su sonrojada amiga—. ¡Kagome!

—¿Eh?

—¿InuYasha se te declaró? —Fue directa y los chicos estaban a la expectativa.

—¡Ah, claro que no, les dije que solo éramos amigos! —Cambió el tono y pareció decepcionada—. Siempre fue así, un día solo llegó a decirme que le gustaba mi hermana y que si yo creía que podía tener una oportunidad con ella.

—Pero eso es muy extraño —volvió a intervenir Miroku, con su semblante reflexivo. Las respuestas eran inmediatas—, como hombre te puedo decir que sé que InuYasha tenía otras intenciones contigo —el corazón de la chica dio un vuelco—. Estoy casi seguro de que iba a pedirte algo y esa sensación la tuve después de que él hubiera conocido oficialmente a tu hermana.

—Yo también puedo afirmar eso, Kagome —la atención se centró en Kōga—. A nadie le dijo algo de que Kikyō le gustara; un día simplemente nos comentó que iba a pedirle una cita y todos nos quedamos de piedra.

—Incluso a mí —le dijo Ayame, mirándola con algo de tristeza—, siempre hemos sido muy cercanos y nunca me comentó que Kikyō siquiera le pareciera atractiva y tú tampoco lo hiciste.

—Él me pidió que no lo hiciera —confesó aturdida.

Ayame tomó aire

—Yo estaba… segura de que tú le gustabas mucho.

—Mucho. —Enfatizó Sango.

Las tres sabían por qué estaban teniendo esa conversación. Kōga y Miroku se lo imaginaron, pero decidieron no decir más. Kagome parecía muy distraída y hasta triste, como si hubiera perdido algo. En todo ese tiempo, nunca se había puesto a reflexionar sobre sus sentimientos hacia InuYasha de esa forma, mucho menos con la perspectiva de sus amigos. Kagome lo había dejado atrás y todo iba bien, seguramente que sí e incluso en esos momentos en que volvía a ser su amiga y a llevarse mejor con él, tampoco había reparado en si había o no nuevos sentimientos románticos entre ellos. O, bueno, al menos hasta ese día, había estado segura de que no había nada por parte de ambos, sin embargo, justo en ese instante… no iba a mentirse a sí misma: los rápidos latidos de su corazón le estaban enviando una alerta rojísima que ella se prometió no permitir que se vuelva a activar.

—Él nunca me dijo algo de lo que ustedes están hablando —respondió por fin, obligándose a matar esperanzas tontas que, de pronto, nacían. Kagome sabía que su hermana ya no estaba interesada en InuYasha, podía sentirlo, pero, aunque realmente estuviera segura de eso, ¿de qué valía?, si Taishō sí que seguía prendado de ella. Era absurdo—. Y creo que está bien así.

—Yo creo que Kagome también nos está ocultando algo —Sango volvió a meter leña al fuego y, esta vez, nadie la entendió—. Por favor, ¿nadie recuerda? Kagome parecía haber tomado la noticia con toda la alegría del mundo, como si ese cariño por InuYasha se hubiera esfumado.

Sango solía ser demasiado directa a veces.

Kagome suspiró. Sí, había cosas que nunca les dijo a su amiga y prima, y que no tenía ganas de decirles. Esos detalles se los quedaba ella. Las chicas, poco sabían sobre Naraku y los chicos no tenían ni idea, así que no le veía sentido a explicar por qué decidió tomar aquella postura ante el noviazgo de InuYasha y Kikyō. Parecía mentira que todo aquello hubiera sucedido de un año para otro.

«—Hermana. —La llamó con voz dubitativa.

—¿Sí? —La aludida no despegó la vista de su laptop y siguió tecleando, bastante concentrada.

Kagome suspiró, jugueteando con el móvil entre las manos y las piernas recogidas, con los talones reposando en el filo de la cama de su hermana mayor. En todo ese tiempo en el que estaba asimilando la situación, no había llorado ni siquiera un poco, aunque andaba cabizbaja. Sabía que su hermana no lo notaría, pues, aparentemente, no había razón. Había salido con InuYasha por tercera vez y los nervios y ansiedad la estaban carcomiendo, mientras Kikyō parecía bastante tranquila.

—¿De verdad te gusta InuYasha? —Lo soltó y se mordió los labios. Dejó de escuchar el tecleo automáticamente y no supo por qué tuvo miedo de eso.

Kikyō inspiró hondo y se giró en su silla para ver a su pequeña hermana, cuyos enormes y expresivos ojos chocolate la escudriñaban con curiosidad. Esa había sido, realmente, una buena pregunta. Hacía tiempo que había intentado dejar atrás su historia dolorosa con Naraku y admitía que su mente le pedía por la compañía de una persona diferente para llenar aquel vacío en su pecho, sin embargo, no había parado a pensar en sus sentimientos claros por el muchacho que la estaba pretendiendo.

—InuYasha es una chico atractivo, inteligente, culto, interesante… —sintió que se quedó sin adjetivos— y, sobre todo, creo que es sano, ¿no? —Volvió a suspirar y su mirada se tornó tristísima—. Tú lo conoces mejor que yo, han sido amigos por mucho tiempo, ¿no es así? ¿Crees que está bien que siga saliendo con él? —Se sentía insegura con cada nueva pregunta—. ¿Crees que sea bueno para mí? ¿Crees que no me hará daño?

Kagome observó por varios instantes el semblante dolido de su hermana y recordó cada lágrima silenciosa que la vio derramar; cada segundo de espera fuera del consultorio, esperando por noticias buenas después del aborto; cada mañana que la vio ojerosa y pálida sin poder dormir, dolida y ausente… su hermana no sabía, ni siquiera tenía idea de sus sentimientos por InuYasha, de todo lo que había vivido prendada de él y era lógico. Se quedó mirando a la nada y las recientes preguntas que ella le hizo, sonaron en su mente como un martillo, dejándola muda.

Le sonrió conciliadoramente cuando pudo.

—Sí, hermana, lo conozco —se levantó, la tomó de las manos y Kikyō pestañeó un par de veces, enternecida por el gesto de la menor, de su hermana tan amada y con quien había compartido tanto—, y creo que InuYasha es un buen hombre, que no te hará daño… —pensó en sus hermosos ojos dorados por un momento y en su mente, empezó a comprenderlo todo—, creo que deberías darle una oportunidad.

—¿Lo dices en serio?

La menor pudo ver cómo los ojos de su hermana se iluminaron por un momento, como si su opinión hubiera sido un mandato divino que ella esperaba obedecer. Se sonrojó ligeramente y le hizo bien ver la ilusión de Kikyō por fin, en un rostro amargo que ya no quería sonreír más.

Kagome no podía comportarse como una egoísta después de ver lo mucho que había sufrido su hermana en manos de un ser despreciable que nunca la amó, y justamente cuando encuentra a alguien que puede devolverle el brillo en la mirada, era necesario que se hiciera a un lado para dejar que las cosas fluyeran, aunque le tomara un tiempo.

E iba a empezar desde ese momento.

—Sí, hermana, lo digo en serio. —Volvió a sonreír y se sentó de nuevo.

Con ayuda de sus pies, la mayor se acercó con la silla hasta su hermana y le tocó la mejilla, acariciándole con el pulgar. Pestañeó un par de veces de forma lenta y recordó cuando su hermana era pequeña y rápidamente todas las ocasiones en las que habían actuado como compinches y se habían entendido a niveles insospechados, justo como en ese momento, le llenaron la mente y el corazón. Le sonrió de forma sincera y grata, desde el fondo de su maltratada alma.

—Gracias, Kagome».

Después de aquel día, decidió que no iba a intervenir en las decisiones de InuYasha y entendió que él se había interesado por su hermana, así que todo aquello que había armado en su cabeza no existía, que esa era la vida real y que ella tenía que aceptarlo. Poco a poco, empezó a abrirse a otras experiencias y decidió dejar atrás un sentimiento fallido que nunca logró ser, entendió que las cosas sucedían así y que la vida seguía. Y, sobre todo, que era muy importante su propia felicidad y también la de su hermana.

—Kikyō parecía interesada en él e InuYasha en ella, ¿por qué iba a oponerme? —reflexionó seriamente, ante el silencio de sus amigos—. Si lo analizan, él y yo no teníamos ningún compromiso más allá de nuestra amistad, ¿sería lógico que yo demostrara inconformidad?

—No, pero…

—No, Kōga —lo interrumpió con un ademán—. Ustedes pueden decir lo que quieran sobre los supuestos deseos de InuYasha, pero si hay algo que tengo claro, es que él nunca me dijo una sola palabra acerca de ellos —suspiró—. Sin embargo, me contó abiertamente sobre sus sentimientos por mi hermana, así que, les pregunto, ¿coincide eso con sus especulaciones?

Miroku negó lentamente.

—Es que es muy raro. —Insistió Tanami—. Es como si de pronto hubiera cambiado de percepción.

—No, no, Ayame, simplemente malinterpretamos a InuYasha —negó con la cabeza—. No te gusta tanto alguien y después simplemente aparece otra persona en tu vida y le pides citas, eso no tiene sentido.

¡Es que ese seguía siendo el problema!, según los chicos. La miraron cabizbajos, entendiendo que aquello ya no tenía sentido, resignados. Ayame tragó duro, aún con la esperanza de saber algo más, pensando en hacer las preguntas correctas en el momento preciso para descubrir la verdad detrás de todo aquel extraño suceso.

—Supongo que sí —Sango se encogió de hombros, inconforme.

—Y hasta aquí llegó el misterio de InuYasha y yo —sonrió como si los fuera a calmar con eso—. Somos amigos y eso está bien, así que no se hagan ideas locas.

El té ya estaba muy frío, pero Kagome lo tomó lento, como si quemara, con la mente como una máquina pensando en cientos de cosas.

Aplacar sus nuevos sentimientos por InuYasha era una de ellas.

Continuará…


Bien, este capítulo está compuesto de recuerdos y conjeturas, creo que algo les queda claro acerca de por qué Ayame… Ayame sabe cosas. En el capítulo si gente, me parece que es. No recuerdo, veremos a Kikyō ebria y desde ahí podremos desatar el InuKag.

No creo que haya actualización pronto, así que pido disculpas por eso.

Quiero agradecer de forma muy especial a: Bogaboo, Ale-Mary15, Andrea, Lhya1998, yancyarguetaf, Marlenis Samudio, angieejp, Ichibancat, Laurita herrera, Dubbhe, Iseul y Lis-Sama.

Pido disculpas por no poder contestar sus reviews como se debe. En mi página de Facebook suelo estar más activa, así que, si se quieren pasar por allá y putearme, adelante (?)

Me encuentran como DAIKRA [el enlace está en mi perfil de FF].