Take a bath or a shower together.
«En ese momento yo no sabía que sería capaz de amar nuevamente.»
—Hotel del Luna.
—La última vez que estuviste aquí te negabas rotundamente ¿Qué fue lo que te hizo cambiar de opinión?
Soi Fong puso los ojos en blanco mientras Mei le aplicaba el exfoliante en todo el rostro, mismo exfoliante que su amiga tenía esparcido, la sensación era fría y un tanto... No sabría describirlo realmente. Su flequillo estaba recogido hacia atrás gracias a una gruesa diadema y ambas no vestían nada más que unas batas de baño.
Era verdad, Soi Fong la última vez había rechazado rotundamente esa idea de noche de chicas que tenía Mei que era sencillamente ponerse cosas extrañas en el rostro, pero ese día había aceptado más que todo porque después de su último ataque de pánico sentía que tenía que distraerse con algo, perder el tiempo de alguna manera. Cualquier cosa era mejor que volver a colapsar sola de la manera en la que lo hizo.
—Sucedió de nuevo, Mei-chan —respondió la capitana, Mei, quién tenía su largo y rizado cabello atado en un moño en lo alto de su cabeza la miró con confusión.
—¿Qué sucedió?
—Tuve un ataque de pánico... Y antes de eso peleé con Jon.
Al instante los ojos de Mei se llenaron de angustia.
—¿Lo pasaste sola?
—Sí.
—¿Siguen peleados?
—No, lo llamé para disculparme.
Mei se lavó las manos, que estaban llenas de exfoliador, antes de volver a ponerle ambas manos sobre los hombros a Soi Fong.
—Pudiste haberme llamado.
—Lo sé, pero no lo hice —Shaolin negó con la cabeza—. No me enorgullezco de eso.
—¿Te volvieron a medicar?
—No. Creo que sólo fue un colapso por tanto estrés.
Su mejor amiga se puso seria. —¿Volviste a trabajar como loca sin dormir ni comer bien por alguna razón?
—¿Cómo lo sabes?
—Te conozco... Y tus cicatrices cuando saliste del baño me dieron una idea.
La mirada de Mei Ling, similar a la de una madre mirando con desaprobación las travesuras de su hija hicieron que Soi Fong apartase la mirada avergonzada. La otra mujer suspiró y luego fue a buscar una palangana de agua para lavarles a ambas el exfoliador, después de quitárselo con agua tibia procedió a ponerle tónico. A pesar de que esta clase de rituales no eran los preferidos de Soi Fong por considerarlos demasiado tardados e irrelevantes para alguien con sus ocupaciones, la capitana tenía que reconocer que era relajante, el aroma de la habitación de Mei, los perfumes de las lociones que su amiga sacaba y la sensación de las mismas sobre su piel la hacía sentir "purificada" de alguna forma, que podía ser una mujer normal con su mejor amiga haciéndose rutinas de cuidado de la piel.
—¿Kotetsu-san te está tratando bien? —preguntó Mei.
—Se puede decir —respondió la más baja—. No es lo mismo que estar con Unohana-taicho, la confianza no es la misma, pero hace lo que puede. Si te soy honesta, Mei-chan, me alegra que no haga esa típica... Cosa molesta de intentar parecerse a Unohana como si eso fuera a hacerme sentir mejor, me trata a su propio ritmo y a su manera.
—Soi-chan...
—Aprecio que sea honesta conmigo, ella también apreciaba mucho a Unohana-taicho, hemos conversado al respecto de eso. Me gusta sentir que de alguna manera también la estoy ayudando.
Mei sonrió con dulzura: —Eres muy linda, Soi-chan.
—Jon me lo dice a menudo.
Mei se movió para alcanzar la botellita de esencia sobre su mesa de noche y con una esponjita se la aplicó a Soi Fong en el rostro y después a sí misma, al mismo tiempo la mujer de ojos azules dejó salir una risita.
—¿Te han dicho que tienes una piel muy bonita, Soi-chan? La mía no es muy de tener granos o esas cosas pero a ti nunca te he descubierto ni siquiera con puntos negros.
Soi Fong se encogió de hombros: —Es de familia, supongo. A mis hermanos solían decirles que tenían cara de niñas por lo limpia que tenían la piel, por eso odiaban quitarse las máscaras.
—Te he visto mucho mejor estos meses —Mei se detuvo y miró a Soi Fong a los ojos—. Te veo más feliz, más tranquila incluso cuando estás de mal humor, hace unos tres años siempre estabas llena de cicatrices y con un aire de tristeza. Ahora luces más viva, incluso puedo notar que te estás cuidando más porque tu cuerpo se ve mucho mejor, casi todas tus heridas se han desvanecido.
La capitana la miró con sorpresa, no se había dado cuenta de que había cambiado y mucho menos de la manera en la que Mei le decía. Pero tampoco mentía, la guerra si bien había sido un evento brutal y hasta cierto punto fantasioso en su vida, la pérdida de Unohana, el regreso de Yoruichi y el haber conocido a Mei Ling y a Jon le habían removido todo lo que había construido a lo largo de cien años. Pero no en el mal sentido, no del todo al menos, admitía que en esos años ella solía sentirse muy sola, incapaz de preocuparse por sí misma al no tener a nadie que le inspirara el deseo de hacerlo. Pero en esos años su red de apoyo se había formado, y sí, se sentía feliz y más tranquila como decía Mei.
La antigua capitana de la cuarta división, en donde quiera que estuviese seguramente estaría feliz de verla recuperándose de esa forma, y pensarlo hacía más fácil para Soi Fong aceptar su ausencia.
—No mientes, Mei. Han pasado tantas cosas en estos años que me di cuenta de que me pasaba la vida en un agujero, y si hay algo que odio es estancarme... Tú y Jon han estado implicados en eso y mucho, por eso no sé qué haría sin ustedes.
Mientras Shaolin se sonrojaba Mei sonrió con ternura y se deslizó para abrazar a su amiga, Soi Fong correspondió no sin cierta timidez.
—Lo sé, Soi Fong. Yo también te quiero mucho.
—Si comentas alguna de las cosas que dije aquí morirás.
—Está bien, Soi Fong. No le diré a nadie.
—¿Ni siquiera a tu marido?
—Pues... —Mei en lugar de responder se alejó para buscar el contorno de ojos.
—¡Mei!
La otra mujer dejó salir una carcajada.
Soi Fong pasó la noche en la habitación de invitados de la casa de Mei luego de la rutina de cuidado nocturno y otro rato de estar charlando con esta hasta que Aioros llegó a la habitación con una expresión de sueño tal que Mei no pudo decirle que no, y le deseó buenas noches a Soi Fong prometiendo que a la mañana siguiente seguirían la conversación.
—Si durante la noche te alteras o sientes incómoda no dudes y grita —le había dicho su amiga, cosa que le sacó una suave sonrisa a Soi Fong.
Mei hace tiempo era consciente de su parálisis del sueño y habían hablado de su pésimo descanso durante la semana anterior antes de aquél ataque de pánico, por eso Mei en un principio se ofreció a acompañar a la capitana a su habitación hasta que se durmiera. Sin embargo la expresión no muy contenta del esposo de esta había hecho en parte que Soi Fong negase su oferta. No porque le tuviese miedo al esposo de Mei, sino que sería muy incómodo para ella tenerlos a ambos ahí presentes como si ella fuera una niña siendo vigilada por sus padres.
—Creo que estaré bien, Mei-chan... Algo me dice que Aioros no quiere estar lejos de ti hoy —susurró la más baja, Mei se sonrojó y la capitana se rió, se despidió del hombre más por cortesía que por otra cosa y fue rápidamente a su cuarto.
Estaba ya acurrucada entre las mullidas sábanas cuando recibió un mensaje. Sonrió, puesto que sólo una persona tenía la audacia de escribirle a esa hora. En su bandeja el contacto de Jon, guardado con el apodo Jonny y dos corazones rojos —él no sabía cómo lo tenía registrado— tenía el mensaje reciente de Buenas noches.
«¿Sigues despierta?»
«Sí, lo estoy.»
«¿Tuviste mucho trabajo hoy»
«Hoy no trabajé. Estoy en casa de Mei-chan. Dormiré aquí.»
«Noche de chicas ¿Eh?»
«Oye, yo también soy mujer, estoy en mi derecho.»
«Lo sé, Shao. Lo sé.»
La capitana dejó salir una risita, una que realmente no tenía ningún motivo, quizá tenía sueño.
«¿Conoces las aguas termales de la Sociedad de Almas? Mei-chan me habló de que hace unos días fue con su marido a un onsen y que es muy relajante.»
«No he ido nunca a un Onsen ¿Tú sí?»
«He ido algunas veces con la Asociación de mujeres Shinigami. Pero es casi imposible relajarse con tanto escándalo y parloteos a tu alrededor.»
Jon reaccionó con un emoji riéndose, cosa que le sacó una sonrisa también a la capitana. Hablar del onsen con Mei le había dado una idea que le gustaba, pero no estaba segura del todo.
Hasta que se decidió y escribió.
«Me enteré de que abrieron un espacio al que pueden entrar tanto hombres como mujeres. La próxima vez que vengas a verme te puedo llevar a ver cómo es.»
«¡Eso sería genial! :D ¿Pero no crees que también sería raro? Un espacio en el que hombres y mujeres entran pues...»
«Lo mismo le dije yo a Matsumoto, pero ella dijo que a ese espacio en particular se debe entrar con traje de baño.»
«¡En ese caso estoy dentro!»
Y luego un emoji de corazón. La sonrisa de Soi Fong se ensanchó y al mismo tiempo sus mejillas se calentaron un poco. El plan ya estaba hecho. Cuando vio en su teléfono que ya era casi la medianoche escribió trato hecho y una despedida, Jon le deseó buenas noches y terminó con un Te amo en inglés. Soi Fong cayó dormida sintiendo su pecho cálido.
Sí, Unohana definitivamente estaría feliz por ella.
Lo que definitivamente no estaba en los planes de Soi Fong era que la Asociación de mujeres Shinigami hubiesen decidido ir a esas mismas aguas termales el mismo día en que Jon y ella acordaron juntarse. Mucho menos que se cruzasen por casualidad y se le quedasen viendo con la boca abierta como si fuese algo inconcebible, una exageración total si le preguntaban a ella, como si no fuesen conscientes de su relación. Jon las había saludado alegremente con la mano y ella simplemente les hizo un gesto con la cabeza, pero justo después puso los ojos en blanco.
Sin embargo sintió un escalofrío recorrerle la espalda pues juró haber visto una sonrisa malvada en el rostro de la teniente del décimo escuadrón. La mujer era una entrometida de primera y más cuando se trataba de "cuestiones del corazón" y dinero, por todo esto Soi Fong tuvo la fuerte sensación de que no la dejarían salir tranquila con Jon. Al menos no sin espiar.
Por otra parte, Jon se encontraba muy entretenido observando la decoración y la amplitud del edificio de aguas termales, ignorando a su vez las miradas de sorpresa de algunos Shinigamis, quizá sorprendidos por el hecho de que la infranqueable capitana Soi Fong fuera a las aguas termales acompañada de un hombre. Todo eso tenía a Jon muy sin cuidado, y él sólo trataba de clavar en sus retinas todo lo que pudiese de ese nuevo lugar y la experiencia con Shaolin.
Cuando llegaron a la piscina el lugar estaba lleno de vapor y el calor era bastante. Se separaron para poder desvestirse cómodamente y Jon, mientras se cambiaba los pantalones por su traje de baño cayó en cuenta, o más bien recordó en dónde estaba de una forma distinta. Con su novia, en aguas termales, y en trajes de baño. Tragó saliva y al instante enrojeció, más de lo que ya estaba por el vapor caliente del lugar.
Soi Fong le había mostrado algunas fotografías de ella cuando fue a la playa con otros compañeros Shinigami y Yoruichi la obligó a ponerse un traje de baño rosado que ella odió, y claro, también la había visto en pijama en sus videollamadas. Pero nunca antes la había visto en tan poca ropa en persona.
¿Ahora cómo diablos haría para no morirse de vergüenza?
—¿Jon? ¿Estás por ahí? ¿Ya terminaste?
Y ahora ella lo estaba llamando, Jon volvió a tragar y dijo.
—Sí, ya me cambié... Ya voy.
El héroe tomó una gran bocanada de aire, lo dejó salir con un suspiro y se acomodó el traje de baño antes de ir a la piscina más grande del lugar. Junto al borde Shao estaba parada de espaldas y Jon sintió que las palmas le sudaban, más cuando ella se dio la vuelta.
Su traje de baño era blanco, cosa que la hacía ver a ella más pálida, por ese motivo el corazón de Jon se había detenido por un momento al no verla bien y pensar que veía otra cosa, era de una pieza, con una especie de volante en el borde superior y delgados tirantes que apenas se veían, sin embargo tenía dos grandes aberturas a cada lado de la cintura y ¿Hacía falta mencionar lo ceñido que era?
Ella también se le había quedado viendo de un momento a otro con los ojos muy abiertos, y las mejillas coloradas por el calor todavía más rojas hasta la nariz y orejas. Jon no estaba mejor que ella. Nunca antes se habían encontrado en esta situación en particular y ahora no sabían qué hacer con ellos mismos. Ver el cuerpo del otro tan expuesto era... Inverosímil por decirlo de alguna forma.
Fue Jon el que decidió acercarse, trataba de parecer seguro aunque su corazón latía con violencia. No se dio cuenta de los ojos de Shao que lo recorrían nerviosos, su abdomen, su pecho, sus brazos y hombros, quizá porque él estaba en su propio escrutinio.
Él carraspeó y ella saltó.
—Ya podemos entrar —dicho esto la tomó de la mano y de un paso se sumergió en las aguas humeantes. Shao, dudosa en un principio, lo siguió.
Al inicio el ambiente era incómodo, pocas veces se atrevían a romper el silencio y aparte de sus manos unidas bajo el agua, no se habían tocado. Pero al cabo de un tiempo el uno se deslizó un poco más cerca del otro, el otro se deslizó un poquito más cerca del uno hasta que sus caderas se rozaron. Jon contuvo un estremecimiento cuando sintió la cabeza de la muchacha recostarse contra su hombro y el cuerpo femenino recargarse en el suyo. Pero fue lo que necesitó para dejar salir la tensión al menos un poco.
Jon la rodeó con su brazo y la acercó más, sintiendo en el proceso como ella se estremecía igual. Hace rato que el cabello de la joven estaba humedecido por el vapor del agua y ahora se le pegaba a la frente y las mejillas, la piel de la chica se veía más brillante y tenue al estar mojada y si bien él era ya consciente de lo suave que era, ahora sentía que hasta los músculos de la muchacha se ablandaban bajo sus manos. Cayó en cuenta de lo pequeña que era en realidad y lo vulnerable que se mostraba ante él, mostrándose de esta forma en un lugar como este y buscando su toque.
Algo que para la gélida comandante del Omnitsukido era una torpeza total para Shaolin Fong, la mujer, era necesario. Algo que para Superman era peligroso al revelar su lado más humano para Jonatan Kent era casi inevitable.
Soi Fong soltó un grito ahogado y el agua salpicó cuando Jon de repente metió el brazo en la piscina por debajo de sus piernas y casi la levantó como si sólo fuese una ligera pluma. La capitana terminó sentada en el regazo de Jon, bueno, en realidad en sus rodillas, lo más lejos que podía de "esa zona", el brazo de Jon rodeó su cintura sin problemas y la cabeza de la joven se tendió sobre su pecho. Soi Fong, tan sonrojada como cuando se vieron en traje de baño al principio levantó la mirada.
Sobre sus rodillas se veía diminuta, tímida, nada que ver con la presencia poderosa cuando estaba en frente de su escuadrón o entrenando con él, y cuando la tenía así de cerca él siempre pensaba. Jon sabía los problemas que tenía su novia con su físico, con su altura, con sus curvas, sabía que se comparaba con Yoruichi y Mei casi de manera inconsciente, sabía que él no podía cambiar eso. Lo sabía. Pero eso no le impedía admirar él mismo a la muchacha si ella no lo hacía.
La cintura de ella cabía en su mano sin problemas, y la piel de esta expuesta por el traje de baño se sentía tan suave y tibia que costaba creer que se tratase de una guerrera, sus brazos y piernas eran esbeltos y torneados y últimamente se veían incluso mejor, su abdomen tonificado y la curva de sus caderas. Para Jon era increíble pensar que sólo la misma Shao no pudiese notar la figura que tenía.
Y pensando en eso no pudo evitar hacer una mueca al recordar las veces en las que oyó a ciertos soldados de la chica hablando abiertamente de su cuerpo. Y ya quisiera él estar cerca cuando los escuchó, literalmente estaba a tres kilómetros sobre ellos, él no era alguien despiadado, pero al oír eso pensó que quizá Soi Fong no les estaba dando suficiente entrenamiento y ocupaciones a esos hombres que tenían el suficiente tiempo libre para hablar sobre el culo de su novia.
—¿Todo bien? —le preguntó ella, y Jon se le quedó viendo.
El calor y la cercanía habían hecho que su perfume se sintiese mucho más, el agua caliente y vapor los había puesto algo resbaladizos, el pelo húmedo, las mejillas rojas de ella y los labios rojos y húmedos le hacían ver de tal forma que él no se hubiese podido resistir ni aunque quisiese. Jon la agarró de la mandíbula y la besó con más fuerza de la que esperaba, la capitana gimoteó sorprendida pero no demoró en rodearle la nuca con los dedos y corresponder el beso. Nunca la había besado de esa forma, tan repentina, tan rápida y exigente, la joven terminó apoyándose sobre sus rodillas a cada lado de los muslos de Jon, sin dejar de besarlo, él la sujetó y pegó a su pecho por la cintura con una mano y la otra se hundió el pelo lacio de la joven. El agua se movió y salpicó con sus movimientos.
En cualquier otra situación la capitana se hubiese sorprendido por la forma en la que Jon la estaba tocando, hundiendo sus dedos en su piel y pelo y apretándola como si no quisiera soltarla por nada, pero la verdad es que su mente no funcionaba muy bien en esos momentos. Sólo podía procesar lo cerca que estaba de él y que quería ahora estar más cerca, en lo bien que se sentía ese beso más frenético de lo normal y que ahora el agua se sentía más fría a comparación de las manos sobre ella, los labios sobre los suyos y cuerpo de Jon pegado al de ella, si hubiese estado de pie seguro que las piernas le hubiesen temblado.
Pero el encanto se cortó por el azote de la puerta y varias voces conversando que se acercaban. Jon y Soi Fong se separaron al instante como dos imanes rechazándose, la chica se bajó del regazo de Jon justo a tiempo para ver a un grupo de Shinigamis conversando, todos en traje de baño y convirtieron las tranquilas aguas en salpicones y espuma al sumergirse.
Jon se encontraba agitado, su respiración estaba acelerada y tenía calor, pero no el calor del agua sino uno más "interno" por decirlo de alguna forma, y eso ya era bastante considerando que su cuerpo se nutría del sol y había pasado cinco años en un volcán. No estaba seguro de qué había sucedido realmente, en un momento tenía a su novia en el regazo tranquila, al siguiente pensaba en su encantadora figura, al siguiente el frenesí de besarla y abrazarla era más insoportable de lo normal y al siguiente estaba... Así. Una alteración combinada con algún tipo de tensión que era nueva para él.
Sin embargo, no se arrepentía.
