NOTA: En mi humilde opinión, los guionistas no le hicieron justicia a Rick Prime. Un personaje tan complejo merecía más capítulos, podrían haber ahondado en el porqué de su proceder, conocerlo mejor y verle interactuar más con Rick C-137, así que escribí mi propia versión con lo que me hubiera gustado que pasase.
Aviso que, llegado el momento, se dará una relación - probablemente tóxica y enfermiza - entre C-137 y Prime (BL), así que estáis avisadxs.

Es el primer fanfic de "Rick y Morty" que escribo (y el último seguramente jsjs) y he intentado construirlo como si fuera un capítulo más de la serie. A ver qué sale de esto :p

Advertencias: +18 (por posibles escenas violentas, smut narrado, etc...)
Lenguaje vulgar, Angst moderado, Rick Sanchez x Rick Prime (ship), Muerte de personajes secundarios

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1. Cambio Brusco.

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El ruido ensordecedor del motor del camión de la basura, en combinación con los gritos de los operarios que ayudaban a vaciar los contenedores más pequeños, despertaron de golpe al hombre de bata blanca que yacía en el suelo de su garaje. El camión pasó de largo y desapareció calle abajo, pero por desgracia el dolor de cabeza no amainó cuando se instauró el silencio de nuevo.

Rick despegó con dificultad sus cansados párpados, muy lentamente, y torció la boca en un gesto de confusión al ver que ya era de noche. Se había quedado dormido en el suelo del garaje con la puerta abierta, y la vista del cielo nocturno por el que tantas veces había viajado, cernido ahora sobre él, le pareció la imagen más vertiginosa del mundo. Exhaló con un largo quejido de dolor por el malestar general que sentía en todo el cuerpo; o en la parte orgánica, al menos.

¿Cuánto tiempo había dormido? ¿Qué día era? No lo sabía. Había botellas de vino y latas cerveza por todas partes, algunas vacías y otras medio llenas, pero todas desperdigadas por el suelo, formando pequeños charcos que apestaban y atraían a las moscas. Él estaba tirado en medio de los restos de bebida, sucio, resacoso y exhausto como si no hubiese dormido durante días.

Había días en que el agotamiento emocional era casi peor que el físico, y por eso bebía tanto; para intentar calmar ese dolor insistente y abstracto, además de llenar ese vacío que tenía dentro de sí desde la muerte de su esposa e hija en su dimensión original. Sin embargo, en este momento la cantidad ingente de alcohol que corría por sus venas no surtía el efecto deseado, sino que le estaba haciendo sentir como la mierda.

Su cabeza divagaba entre recuerdos amargos, sueños frustrados, fórmulas matemáticas indescifrables para los simples mortales, ideas para inventos ingeniosos de dudosa utilidad y la eterna pregunta de por qué se sentía tan vacío e insatisfecho, aun habiendo derrotado a su némesis. Su ansiada venganza… no había servido para nada.

La muerte del Rick Principal no le había ayudado a sentirse mejor en ningún aspecto, ni le había devuelto a su Diane. Ya sabía que eso último era imposible, pero había esperado encontrar algún consuelo en la venganza por lo menos. No fue así.

Se masajeó las sienes y tragó con fuerza varias veces para refrenar las crecientes ganas de vomitar, eructó sonoramente y se puso de pie. Pensaba que estaba solo, pues la familia se había ido unos días de viaje para visitar a unos familiares de Jerry, por lo que le pilló por sorpresa ver a Morty entrar por la puerta. Su nieto comenzó a recoger las botellas del suelo de mala gana.

— ¿Para esto te quedaste solo en casa toda la semana, Rick? ¿P-pa-para emborracharte hasta perder la conciencia? ¿Hasta cuándo vas a seguir así?

— ¿¡Qué coño te importa lo que haga en mi tiempo libre!? — Rick emitió otro eructo y se puso a la defensiva. — Métete en tus asuntos y no molestes.

— T-t-te lo digo porque estamos preocupados, Rick. Mamá, Summer, incluso papá se ha dado cuenta de que estos últimos meses estás… uh, raro.

— ¿Raro? ¿Después de todo este tiempo, recién ahora empiezo a parecerte raro? Los raritos sois vosotros — el hombre mayor abrió una nueva lata de cerveza para combatir la resaca con otra borrachera, pero Morty se la quitó de la mano.

— ¡Sí, estás raro! Bebes más que nunca, pasas d-de nosotros, y… ¡Y hace semanas que no corremos ninguna aventura por pequeña que sea!

— ¿Quieres una aventura? Pídele a tu madre espacial que te lleve de paseo en su nave — Rick recuperó su bebida y empujó a Morty a un lado para ir hacia la puerta. — Tengo mejores cosas que hacer, como ver la tele inter-dimensional.

El chico se disponía a protestar y reprocharle a su abuelo su actitud de mierda y su egoísmo, pero de pronto, en medio del garaje se abrió un portal verde del que emergieron tres siluetas uniformadas y armadas con rifles láser.

Rick y Morty tuvieron un deja-vu al ver a esos tres Ricks armados, y más cuando uno de ellos disparó un dardo sedante contra el adolescente. Uno de los tres intrusos se llevó a Morty a través del portal, mientras los otros dos seguían apuntando a Rick con sus armas.

— Rick C-137 — uno de ellos habló y eructó al mismo tiempo. — El nuevo consejo Transdimensional de Ricks requiere tu presencia en la… — otro eructo interrumpió la frase. — En la Ciudadela.

— ¿La Ciudadela, estás de coña? ¿Es que hemos retrocedido tres temporadas? Qué falta de imaginación…

— ¡Cierra el pico y métete en el portal!

Maldiciendo, amenazando y a regañadientes, Rick C-137 se acercó y los otros tipos le empujaron por el portal verde sin más demora. Al otro lado del verdoso vórtice los esperaba el Rick que había secuestrado a Morty, quien ya estaba despertando.

— ¿Q-q-qué pasa, Rick? ¿Dónde estamos?

— Mira y saca tus propias conclusiones.

La boca de Morty se abrió ampliamente, al igual que sus ojos, cuando echó un vistazo alrededor y vio una gigantesca ciudad futurista, sobrevolada por naves como la de su abuelo y encapsulada en un inmenso cristal que flotaba en medio del espacio exterior. Todo el lugar estaba infestado de Ricks y Mortys, algunos iguales a ellos, otros con peinados extravagantes o ropa más colorida, pero Ricks y Mortys al fin y al cabo; como en los viejos tiempos.

— ¿¡Cuándo han reconstruido la Ciudadela?! — Morty estaba perplejo. — ¿¡Tú sabías algo de esto, Rick!? ¿P-pa-participaste otra vez en la construcción? ¡Y no me mientas, lo sabré!

— Deja de gritarme, pequeño trozo de mierda. Estoy tan sorprendido como tú. Se ve que estos tipos no han perdido el tiempo.

Decir aquello le sentó un poco mal porque, de nuevo, fue consciente de que no todos los Ricks eran iguales en el fondo. No todos vivían obsesionados con los fantasmas del pasado, algunos dedicaban su vida y esfuerzo a hacer… algo de provecho, a una causa mayor, lo que fuera.
No como él, que había desperdiciado los últimos meses migrando del sofá al garaje, siempre botella en mano, totalmente pedo la mayor parte del tiempo. Sintió una punzada de envidia por esos Ricks que parecían haber superado el pasado, o que directamente no lo habían sufrido de la misma forma que él.

Los condujeron por un amplio pasillo hasta una puerta automática, la cual se abrió cuando uno de los Ricks soldados se quitó el guante y puso la mano en el escáner azul que se encontraba a la derecha de la entrada.

El salón al que que accedieron era un enorme espacio que parecía la sala de mandos de una nave espacial, con varios paneles de control, pantallas holográficas por doquier y cachivaches que Morty no había visto nunca. El techo era de cristal, con lo cual se podían ver perfectamente las estrellas, asteroides y basura espacial que viajaban por el eterno y helado vacío del espacio.

En la parte izquierda del salón había una tribuna de acero con unos veinte asientos, la mayoría ocupados por Ricks idénticos a Rick C-137 y unos pocos Mortys. En medio de la estancia, una mesa gigante y robusta de madera noble detrás de la cual había siete Ricks con peinados estrafalarios y ropa más elegante que la de los soldados, con cinturones de hebillas plateadas y batas inmaculadas de cuello alto.

Rick miraba todo aquello con desdén y con el entrecejo fruncido, pues era una situación que ya había vivido y pocas cosas le molestaban tanto como las malditas escenas recicladas.

— Rick C-137 — un Rick de pelo rizado y bigote poblado se levantó de la mesa. — El consejo de Ricks de la nueva y mejorada Ciudadela necesita tu ayuda.

Anda, eso no lo había visto venir. De pronto se sintió, en cierto modo, halagado y su orgullo se infló como el pecho de un gallo que está a punto de cantar a todo pulmón con los primeros rayos de sol del alba.

— ¿Qué, en serio? ¿Me habéis traído para pedirme ayuda? Pensé que me acusaríais de alguna gilipollez como la otra vez y querríais matarme.

— ¿P-p-para qué necesitáis a mi abuelo?

— Tenemos motivos para creer que todos los Ricks del multiverso están en peligro — otro Rick, este totalmente calvo pero muy barbudo, eructó y encendió una de las pantallas semitransparentes que flotaban sobre uno de los paneles de control. — Nos enfrentamos a la peor escabechina que se ha visto desde la destrucción de la antigua Ciudadela.

— En menos de una semana, 49 Ricks han sido asesinados en sus líneas temporales — empezó a explicar otro Rick del consejo; este tenía el pelo peinado hacia atrás con gomina y una pequeña perilla. Echó dos eructos seguidos y carraspeó antes de continuar. — Sus Mortys han desaparecido sin rastro, y el resto de la familia no recuerda la existencia de un Rick en sus vidas. Lo hemos intentado por todos los medios, pero no conseguimos localizar al responsable para poner fin a la matanza.

Las pantallas se iluminaron mostrando escenas de crímenes bastante desagradables, algunos especialmente sangrientos y repulsivos, pero Rick ya estaba curado de espantos y los miró sin que le temblara el ojo. Quien había cometido aquellos asesinatos tenía una imaginación envidiable. Morty, por otra parte, lucía impresionado por las grotescas imágenes y se le estaba revolviendo el estómago.

— ¿Y no habéis pensado en la persona que destruyó la vieja Ciudadela, panda de genios descerebrados? — Rick C-137 preguntó con ironía.

— Es verdad — convino Morty. — S-s-seguro que el Morty Malvado está detrás de esto. Es el archienemigo p-por excelencia de la Ciudadela y odia a todos los Ricks por igual.

— ¿Creéis que no se nos ocurrió esa posibilidad, imbéciles? — el Rick del cabello rizado se enfadó. — Fue lo primero que pensamos, pero es imposible. ¡Al loro con esto!

Un parche robotizado cayó a los pies de abuelo y nieto; Morty se agachó para recogerlo y lo identificó como el que solía llevar el Morty Malvado en su ojo. Claro que eso no garantizaba que fuera de él, podía ser un parche cualquiera.
Sin embargo, la siguiente imagen que apareció en la pantalla grande por poco no les desencajó las mandíbulas a causa de la sorpresa.

— Me cago en… — Rick no daba crédito a sus ojos. Esas imágenes eran la prueba de que el Morty Malvado estaba muerto; su cuerpo, partido en dos por la mitad, flotaba en la piscina de su casa, el agua teñida de un color entre marrón y rojo sucio por culpa de la sangre. — Pensaba que ese tipo era inmortal, pero está claro que no era invencible.

— Creemos que fue obra del mismo lunático que está matando Ricks y borrando todo rastro de la existencia de un Rick en sus respectivas dimensiones — dijo otro Rick del consejo, el calvo.

— Joder, Rick, esto me está dando mucho miedo…

— ¡No seas cagón, Morty! — el mayor intentaba aparentar que lo visto no le había impactado en absoluto. — Quizás fue un accidente doméstico.

— En absoluto — murmuró el Rick de la perilla. Acto seguido, tiró una bola metálica al suelo, la cual echó patitas como una araña, avanzó unos metros hacia el centro de la sala y la parte superior se abrió, revelando un diminuto proyector que creó otro holograma rectangular: una nueva pantalla.

Y si la muerte del Morty Malvado los había dejado boquiabiertos y pasmados, ver el mensaje grabado en la bolita de metal fue el acabose; la gota que derramó el vaso de la poca cordura que le quedaba a Rick C-137.

Un culo. Un culo meneándose sin pudor ante la cámara, eso fue lo primero que se vio en el vídeo.

Rick miraba sin siquiera poder parpadear. Era capaz de reconocer ese maldito culo entre un millón; no, mejor dicho, lo podía reconocer incluso entre todos los culos de todos los infinitos universos habidos y por haber. Se había pasado media vida persiguiéndolo… y ahí estaba de nuevo.

"— ¡Sorpresa, zorras! — la inconfundible voz de Rick se escuchó de fondo junto con un estridente eructo, antes de que el tipo apareciera en pantalla. — ¿No me esperabais, eh? Es comprensible, ningún Rick inferior sabe lo que se cuece aquí, ni lo que le espera, hasta que ya es demasiado tarde. — Rick Prime rio con maldad. — Ese Morty se creía más listo que yo, pobre idiota. ¡Y pobres de vosotros! Preparaos porque voy a por todos, os voy a exterminar como la escoria que sois todos los Ricks inferiores; os borraré de la faz del multiverso, perras. Sólo quedará uno. ¡El único Rick, el más Rick de todos…!"

— R-rick — Morty balbuceó — ¿Ese no es…?

— ¿Ya conocíais la identidad del asesino? Haber empezado por ahí, joder, el nuevo consejo es una panda de teatreros — Rick C-137 los criticó con desprecio. — ¿Si ya sabéis quién es, para qué coño me hacéis venir?

— ¡Porque ese Rick es muy escurrick-dizo! Nos consta que tú lo atrapaste una vez, queremos que lo vuelvas a hacer.

— ¿C-cómo sabéis que fui yo? Podría haber sido cualquiera.

El Rick de la perilla enarcó una ceja, entrecerró los ojos y le dio al botón de 'play' de nuevo para reanudar la grabación del Rick Principal.

"Y este mensaje va sobre todo por Rick C-137, ese… — un fuerte eructo cortó la frase un segundo —Ese hijo de puta casi me mata. Pedazo de mierda desagradecida, deberías lamer el suelo que pisan mis pies, maldito gilipollas. ¡Yo te creé! ¡Os creé a todos! Pero de la misma forma os voy a destruir. Atentos, que empieza el show…"

El vídeo concluía con Rick Prime agitando ambas manos con el dedo del medio levantado. Cuando la grabación hubo concluido, un silencio atronador se instaló en el ambiente que se sentía cada vez más tenso.

— ¡C-137! A todas luces eres el responsable de la ira de ese Rick psicópata, así que el Consejo te ordena que le des caza. De lo contrario, te mataremos nosotros y también a tu Morty.

— Qué miedo — Rick se puso sarcástico y bostezó con los ojos semicerrados. Quería fingir que ese mensaje y la noticia de que su némesis seguía con vida no le habían afectado lo más mínimo, pero su interior estaba hecho un caótico hervidero de nervios, emoción, rabia y miedo. — Yo paso de esta mierda.

— R-r-rick esto es muy serio. ¡Ha matado al Morty malvado! En algún momento te buscará también — exclamó el adolescente. — ¿De verdad no piensas hacer nada?

— Cállate, Morty, eres irritante. Claro que sí, y esta vez voy a acabar con ese cabrón, pero no porque este grupito Ricks rickdículos me obligue. Lo haré por mí mismo.

Por primera vez en meses, Rick C-137 esbozó una retorcida sonrisa ladina y se frotó las manos como quien trama un plan secreto. La vida volvía a tener sentido, un propósito real, un objetivo que perseguir.

Prime había regresado y, con él, las ganas de vivir y la renovada sed de venganza de Rick C-137.