"El Equilibrio de la Esperanza"
Sinopsis: La historia de dos almas cuyos viajes paralelos se interceptan en el momento menos esperado.
Capítulo X: "On My Way"
"I was just passing through..."
El departamento de los Takaishi se encuentra en un acogedor silencio que sólo es interrumpido por el sonido de la televisión y los ronquidos de un adorable digimon alado así como del muchacho de diecisiete años que pasea por su habitación para terminar de acomodar la última maleta que le falta.
El vuelo que inicia su travesía y aventura en París sale mañana por la noche, así que oficialmente hoy es su última noche en Odaiba y en casa. Lo anterior provoca un sentimiento agridulce en su progenitora, misma que tiene su mirada azulina —tan parecida y a la vez tan diferente a la del portador del emblema de la esperanza— estudiando a su hijo menor desde el umbral de la puerta del cuarto del rubio. Takeru está muy enfocado en meter la pelota de básquetbol Spalding, junto con otros aditamentos necesarios para practicar dicho deporte en su bolsa de entrenamiento, que no le presta la atención debida a su madre y al cúmulo de emociones que se hacen presentes en el rostro de Natsuko Takaishi y que son resultado directo de sus cavilaciones, mismas que pueden ser sintetizadas en una simple y sencilla oración: Takeru es su todo y lo va a extrañar terriblemente durante los próximos tres meses.
Natsuko es consciente de que lo mejor que le ha pasado en la vida es haberle dado la vida a sus dos chicos rubios. Solamente el pensamiento de los nombres Takeru y Yamato hinchan su pecho y le provocan una sonrisa enorme; no podría estar más satisfecha de lo maravillosos que son cada uno de ellos. Pero, por sobre todas las cosas, sabe lo difícil y doloroso que es estar separada de ellos.
Las memorias de un pasado que hoy parece tan lejano se agolpan en su mente: puede ver a una Natsuko más joven y a un pequeño Takeru en un apartamento en Sangenjaya.
Cuando la vida era mucho más pesada, el dolor mucho más latente y que todo se sentía como sí le hubiesen quitado algunos órganos de su cuerpo sin anestesia. Sus noches en vela estaban llenas de estrés por terminar los deadlines de sus artículos a tiempo, así como el autodesprecio, culpa y paranoia por no tener a Yamato consigo.
En esos días, Natsuko sentía que no había nada que la pudiese salvar de sí misma pero volteaba a su alrededor y lo miraba a él, a ese pequeño niño rubio de grandes ojos azules y sonrisa bonita que ahora se ha convertido en un muchacho alto y que se va mañana por tres meses lejos de ella.
Recuerda con claridad como los brazos de su pequeño se acercaban a ella, la sostenían y la hacían sentir menos miserable. Ese niño le daba esperanzas para comenzar un nuevo día; curioso que ese haya sido su emblema en sus aventuras digitales y que su digimon sea un ángel, porque eso era y sigue siendo Takeru para su madre.
Un ángel.
Natsuko no puede negar que los actos de su niño le enternecían, pero muchas veces la hacía sentir más desdichada, culpable e indigna de su consuelo; ya que podía ver reflejado en los ojos de su hijo su propio sufrimiento por extrañar a Yamato —y en contadas veces a Hiroaki—.
Su pequeño ángel lloraba, pataleaba y gritaba en el peor de los días porque no podía comprender las razones de la fractura de su familia, el porque no podían vivir en el apartamento de Hikarigaoka con su padre y su hermano como antes.
Se le desgarraba el corazón, pero tomaba toda la fuerza que podía y lo recostaba en su pecho, tratando de hacerle entender a su pequeño cosas que eran meramente de adultos y que, lógicamente, Takeru tardaba en comprender.
Los cuestionamientos favoritos de Takeru ante tales conversaciones eran sí odiaba a su padre, pero Natsuko negaba. Ella podría haberse divorciado de Hiroaki por algo que no tenía arreglo (y que podría haber causado más daño a la larga), pero nunca podría odiarlo, no del todo.
Y es que al final de cuentas, Hiroaki Ishida le dio lo más hermoso que ha tenido en la vida.
Yamato y Takeru.
Takeru y Yamato.
En definitiva, nadie te prepara para ser madre, pero los hijos son los mejores maestros y sus rubiecitos lo han sido para ella.
Sigue aprendiendo todos los días y espera seguir haciéndolo por mucho tiempo.
Le agradece a Hiroaki por haber convertido a Yamato en una persona extraordinaria y ella puede decir que, a pesar de sus errores y defectos, Takeru también es una buena persona, llena de nobleza y con un gran corazón que llena de felicidad a los que están a su alrededor.
Y mañana, su pequeño ángel dejará temporalmente el nido por tres meses. Se va, dejándola completamente sola por primera vez en mucho tiempo.
No es que el muchacho la abandone, ella comprende que es un proceso de la vida, los hijos crecen pero es que Natsuko no está acostumbrada a estar separada por mucho tiempo de Takeru.
Ella es la madre que lo extraña a horrores cada vez que sale de la ciudad a realizar un reportaje y que trata de regresar siempre lo más rápido posible para estar junto a él. Ella es la madre que cuenta los días para que Takeru regrese de visitar a su abuela paterna en Shimane. Pero sobre todo, ella es la madre que perdió por unos años a uno de sus hijos y que gracias a la vida pudo recuperarlo para formar una relación más sólida de lo que podría haber previsto.
La Natsuko joven de Sangenjaya tiene el sufrimiento mitigado por esa reconexión.
Definitivamente, es una madre afortunada de tener dos hijos como Yamato Ishida y Takeru Takaishi.
Más no puede evitar pensar, ante la diferencia de los apellidos de sus hijos, que siempre ha querido que tanto Yamato y Takeru tengan lo que ella nunca tuvo, pero que a estas alturas puede reconocer que ella nunca pudo darles lo que ella siempre ha tenido de parte de sus padres, Michel y Masako.
Es por esa poderosa razón que ha hablado con su ex marido (con quien mantiene una relación distante pero cordial por el bien de sus hijos y de los digimon de éstos), y por más incómodo que pueda resultar para ellos dos, han llegado a un arreglo para darles a sus hijos la oportunidad de ser una "familia", por lo menos en ocasiones que pueden considerarse como especiales. Una de ellas es mañana: cuando Takeru se irá a otro continente, lejos de ella como aquellas veces que se fue al Mundo Digital sin que lo supiera, pero está vez lo hará sin el cuidado y la protección de su hermano y de su compañero digimon.
Lo único positivo es que se va a la ciudad donde viven sus padres y que éstos estarán al pendiente de que nada le falte a su hijo menor.
—¿Cómo vas, Takeru?—pregunta la mujer con gesto más tranquilo, después de haberle dado un trago a su botella de Pocari Sweat mientras entra a la habitación llena de libros y de afiches de basquetbol.
El aludido termina de cerrar la mochila, oficialmente ha terminado de empacar todo así que con un gesto de cabeza invita a su madre para que tome asiento junto a él en las orillas de su cama.
—Todo listo, Mamá—. Responde con una sonrisa despreocupada, más Natsuko no está del todo conforme viendo su cariz, tomando en cuenta el flashazo de la pequeña pero persistente sombra de tristeza que la mujer ha visto en su hijo desde hace unas cuantas semanas.
La mujer le sonríe levemente, cogiéndole la mano y dándole un apretón como señal de apoyo que Takeru puede confundir fácilmente como una muestra de cariño. La piel de su hijo tiene una palidez que no le agrada verle, por lo que como buena madre y periodista, trata de averiguar lo que ocurre de la forma más sutil que encuentra:—¿Cómo te has sentido últimamente?
Sinceramente, Natsuko sabe que el cuestionamiento en sí es un arma de doble filo. Takeru puede decidir decirle lo que ocurre o puede que tome la tangente con otro tópico, pero no quiere presionarlo a compartir algo que no esté listo. Además, considera que sí fuera algo serio, Yamato le habría advertido al respecto. Todos saben lo protector que su hijo mayor puede llegar a ser con respecto al menor.
Mientras tanto, el muchacho de diecisiete duda en cuáles son las palabras adecuadas para responder a la pregunta formulada por su madre.
¿Cómo se ha sentido últimamente? Sus estados de ánimo han fluctuado desde la fatídica tarde en que Hikari anunció que tiene una relación amorosa con alguien que no es él. A veces podía sentir que se notaba que estaba dividido en millones de pedazos y en otras —como las muchas fiestas organizadas por sus círculos sociales— podía pretender ante los demás con una facilidad que le asombraba que su mejor amiga no le había roto el corazón.
Pero, ¿ahora? Desde la última conversación que tuvo con la Yagami hace días no ha podido más que sentir un silencioso suplicio que lo flagela por dentro y que lo hace tocar el más profundo de los fondos y que lo ha obligado a nuevamente evitar a Hikari como sí de una enfermedad contagiosa se tratará. Está harto de escucharla hablar de Satoshi, de su perfecta relación, de sus sentimientos mientras más clava el cuchillo en su espalda.
Más no puede decirle eso a su madre, porque hay un contexto y un elefante en la habitación: Sale mañana con todo y escalas rumbo a la capital francesa.
Así qué, ¿Cómo se ha sentido últimamente respecto a París? Takeru puede admitir que se siente expectante de irse. ¡No puede ser peor que aquí! Además como le dijo Yamato, yéndose evitará encuentros incómodos entre la Yagami y él en las calles de Odaiba, que sólo sirven para torturarlo por no tener algo que por derecho de antigüedad le corresponde.
De igual forma, sus abuelos lo esperan con ansias, el material del curso es interesante y tiene que reconocer que su conversación telefónica con Catherine salió mejor de lo que esperaba, así que va a tener la oportunidad de interactuar con una "fellow chosen child" en su estancia de tres meses.
Por lo que Takeru Takaishi puede decir que espera que su deseo de la fiesta en la casa de Sora se cumpla y París sea lo que necesita para sentirse un poco menos jodidamente miserable.
—Me siento bien, pero con muchas ganas por empezar el curso—. Se decanta regalándole una de sus sonrisas con un toque travieso a su madre. La mujer lo analiza y llega a la conclusión de que no debe forzarlo a comunicarle algo que a leguas no quiere, por lo cual decide continuar con la línea de conversación que el muchacho ha elegido.
—¿No estás nervioso?—Inquiere con interés y él se limita a negar con su cabeza. —. Vivir en un nuevo país y continente puede llegar a ser un poco aterrador—. Le dice tratando de encontrar una reacción en su hijo.
Ante aquella oración, Takeru evoca el hecho de que su Madre conoce irse a otro país en carne propia. Natsuko nació y vivió toda su vida en la capital francesa hasta que decidió venir a Japón, tomar el apellido de soltera de su madre y realizar sus estudios universitarios con la intención de reconectarse con las raíces heredadas por la abuela Masako. —Pero parece que tu hermano y tú han vivido cosas más intimidantes que esas con Gabumon y Patamon.
Inmediatamente, Takeru y Natsuko intercambian una mirada cargada de emociones, y como sí un switch hubiese sido levantado entre ellos dos, se abrazan con fuerza.
El muchacho siente las manos de su madre acariciándole los cabellos.
—Promete que llamarás, te cuidarás y disfrutaras mucho de tu estancia en París... Te voy a extrañar tanto—. Murmura su madre con sentimientos contenidos y él puede entender por qué, ya que sin importar la apretada agenda y los viajes de trabajo así como las vacaciones de verano en Shimane: su madre nunca ha pasado tanto tiempo separada de él.
—Lo haré… —Dice solemnemente, porque Takeru también la va a extrañar.
Luego de un rato, Natsuko se separa de él y le da un beso en la frente a su pequeño, disponiéndose a salir del cuarto pero se detiene y voltea para decirle a su hijo:—Antes de acostarme, quería comentarte de que iremos mañana, antes de tu vuelo, a comer algo a un restaurante de Ginza.
—Está bien, Mamá.
—Seremos tú, Patamon, Yamato, Gabumon, tu padre y yo...—Takeru no sabe qué responder, ya que la presencia de su padre no la esperaba hasta el aeropuerto. Aunado de que la idea de tener una comida familiar los cuatro (más los digimon) era una de sus fantasías más grandes cuando niño, al grado de que MaloMyotismon la usó en su contra en aquella dimensión extraña —. Buenas noches, Takeru.
—¡Bienvenidos al Restaurante "Soul of Fire"!—Es lo que dice el maître a la familia moderna de los Ishida-Takaishi en la entrada de este prestigioso lugar de una de las zonas más elitistas de Tokio (y de acuerdo a lo poco que sabe de Satoshi, su lugar de residencia), para posteriormente asignarles un mesero y que éste los llevé por un largo pasillo a una de las tantas habitaciones que fungen como salones privados para reuniones familiares o de negocios.
El lugar es amplio, al grado de tener a sus afueras un jardín con un pequeño estanque de peces y un laberinto de bambú. Tiene una construcción tradicional, estilo antiguo y llena de puertas corredizas.
Natsuko está animadamente hablando con el mesero del lugar, unos pasos atrás de ellos se encuentra Hiroaki Ishida y más atrás se encuentran Yamato, Takeru así como los digimon, quienes se hallan escondidos en una mochila negra que pertenece al rubio mayor.
Takeru mira de soslayo a su hermano, quien se encuentra totalmente inmerso en su celular; no puede evitar atribuir dicho comportamiento a que se encuentra en plena conversación con Mimi Tachikawa, por la rapidez de sus dedos al moverse en el smartphone.
"A Mimi le gustaría este restaurante, Yamato debería de traerla", Takaishi no puede evitar pensar por unos momentos antes de que el mesero les anuncie la llegada a su salón privado y les dejé la carta.
Takeru da un vistazo rápido una vez que ya está sentado: Los shoji son blanco y negro, también del último color lo son otros elementos decorativos, pero los que más destacan son el kotatsu, la lampara, las macetas en donde se encuentran los bonsais así como el kanji gigante de la palabra "fuego" que reza en una de las paredes mientras que lo demás es de un rojo intenso.
Patamon y Gabumon aprovechan que no hay ningún mesero para salir de su escondite en la mochila de Yamato, acercándose a Natsuko para que les ayude a elegir qué platillos escoger.
Takeru ve a su progenitor y a su hermano concentrados en mirar su carta así que se dispone a hacer lo mismo cuando siente una vibración en el bolsillo de su pantalón negro.
Lo saca para ver de quién proviene, pero se arrepiente al hacerlo.
El nombre de contacto de "Light" así como las letras de un mensaje preguntado "¿Cómo va su último día en Odaiba?" parpadean burlándose de él. No quiere contestar, no tiene ganas de hablar con ella más que lo necesario y con eso se refiere a "más tarde", cuando vaya al Aeropuerto a despedirlo acompañanada de Taichi, Iori, Miyako, Ken y Daisuke, que son los únicos que no tienen impedimentos para hacerlo.
Puede sentir la mirada de Yamato sobre él, su hermano ha visto el remitente del mensaje. Takeru sabe que su hermano, como buen representante del emblema de la amistad, no quiere que evada a su mejor amiga, pero al mismo tiempo no quiere verlo lastimado por la relación que ella ha creado con ese tipo que apenas conoce.
Pero Takeru no quiere contestar y no lo hace porque tiene un pretexto válido. El mesero ha llegado a levantarles las órdenes, así que Takeru analiza con rapidez la carta, la misma que usan los digimon para pretender que son muñecos de felpa frente al trabajador de este exclusivo restaurante.
Una vez que el mesero se retira, un silencio incómodo trata de apoderarse del ambiente pero esto no sucede puesto que tanto Patamon y Gabumon han decidido que era necesario explicarle a Hiroaki Ishida acerca de una de las tantas teorías que han visto en Youtube sobre Pokémon.
—Entonces, N es en realidad es un Zoroark —. Sentencia con una seguridad apabullante la inocente voz de Patamon, siendo secundado por Gabumon, quien no deja de asentir con su cabeza ante esa declaración. Takeru y Yamato intercambian una mirada entre sí porque definitivamente la afición de sus digimon por esa franquicia de Game Freak no deja de ser algo insólita. Por su parte, Hiroaki no puede evitar sentirse un poco confundido con la historia que le han contado los digimon acerca de este personaje que por lo que entendió tiene el cabello verde, puede hablar con los pokémon, era un rey malvado y tiene algo que ver o no con el concepto de ideas y/o verdad.
— Recuerdo que me habían dicho hace un par de días que lucharon con N y su Zoroark, además que estaban alardeando que capturaron al resto de su equipo en lo que les restaba del juego—Confuta Natsuko las explicaciones que han dado los digimon, dejándolos con la boca abierta y que no les queda más remedio que empezar a discutir entre ellos porque la teoría que habían visto y creído podría ser completamente errónea.
Los tres hombres no pueden ocultar su sorpresa ante la mujer rubia, no solamente por haberle seguido el hilo a la exposición larga y bizarra de los digimon de la amistad y la esperanza, pero también a sus hábitos de juego. Takeru considera por un momento que es comprensible que su madre entienda mejor a lo que se refieren Patamon y Gabumon, al fin y al cabo, ella les obsequia los productos y seguramente lee las reseñas con el fin de tener mayor conocimiento acerca del nivel de violencia que puedan contener.
La idea de que su madre sea el "control parental" de dos seres que han pasado la mayor parte de su existencia peleando no deja de ser un poco hilarante, pero al mismo tiempo no deja de resaltar lo mucho que la mujer aprecia a los digimon acompañantes de sus hijos.
— Iré al tocador a polvearme la nariz— Avisa la rubia, mientras Yamato aprovecha la salida de su madre para revisar su celular. Takeru nota que tiene el ceño fruncido y está a punto de preguntarle sí ha pasado algo, pero sus intenciones son discontinuadas cuando su padre recibe una llamada repentina de trabajo, saliendo automáticamente de la habitación.
Takeru no quiere estar solo con Yamato, porque presiente una conversación que quiere aplazar hasta el aeropuerto, así que avisa que va a salir unos minutos para explorar el jardín del renombrado restaurante, éste simplemente le asiente muy enfocado en su chat y que por el "avi" que se alcanza a apreciar puede concluir que su hermano está en una conversación algo seria con Koushiro.
"¿Habrá pasado algo con Mimi?", piensa el Takaishi momentos antes de cuestionar tanto a Patamon y a Gabumon sí quieren acompañarlo a dar una vuelta, pero ellos están sumamente ocupados comiendo unos dulces que habían en la mesa, por lo que su sugerencia fue totalmente ignorada.
Takeru comienza a caminar y entra en una de las muchas entradas del laberinto de bambú y, a través de sus movimientos, el flashback de su última conversación Hikari Yagami se cuela en su mente, volviendo a atormentarlo y a desgarrarle el corazón una vez más.
—Keru, ¿a ti te agrada Satoshi?—El tono nervioso de la chica es el mismo que empleó cuando le hizo prometer que no se iba a enojar con ella antes del anunció de su relación y el mismo tono de cuando le dijo que ella fue la que se le declaró a ese compañero suyo de la clase privada de fotografía.
Un tono que Takeru puede reconocer que sólo usa cuando habla de Satoshi.
Un tono, una sonrisa, una mirada.
Todo es remozado y exclusivo para ese chico que conoció hace apenas dos meses, más no lo es para la persona que ella conoce desde que tenían ocho años.
Y eso no hace más que fastidiar a Takeru Takaishi y que sepa con certeza que nunca le va a agradar ese tal Satoshi, porque ese chico está ocupando un lugar que no le corresponde y que por derecho de antigüedad es legítimamente suyo.
Le corresponde a él.
A él, quien la cuidó cuando estaba enferma.
A él, quien la protegió de Piedmon.
A él, quien la rescató del Mar Oscuro.
A él, quien tiene un digimon similar al suyo.
A él, quien tiene un emblema compatible con el de ella.
Ellos son la luz que ilumina la esperanza, como Qinglongmon les había dicho.
Y ella lo tiró todo a la basura, sin ningún remordimiento, sin detenerse a pensar en sus sentimientos y en sus planes a futuro.
—¿Keru?—Lo llama ella de nuevo, reintegrándolo a la conversación.
—No lo conozco, Kari…—Se limita a decir —. No puedo decir sí me agrada sí nunca lo he tratado.
Takeru inmediatamente se muerde la lengua después de haber pronunciado eso, puesto que ha metido una idea en la cabeza de su mejor amiga.
—Podrías salir con nosotros antes de que te vayas a París—Escucha su ilusión en esas palabras y eso le carcome las entrañas.
—Estoy muy ocupado empacando, no creo que sea buen momento—Responde él en un tono hastiado y evitando que se note toda la rabia y la miseria en su voz.
—Está bien, Keru…—Se escucha un poco decepcionada, pero no le importa —. Tal vez cuando regreses de París…—A Takeru eso le duele mucho más, porque eso significa que Hikari ve la relación para largo y que va a existir en tres meses —. Quisiera que se lleven bien, Keru… La verdad me interesa mucho que mis amigos y Satoshi se lleven bien, así como me gustaría yo agradarle a sus amigos de su escuela en Ginza…—Hikari se escucha abatida y en cualquier otra situación, Takeru hubiese querido ahondar en el tema pero no hoy y no sobre Satoshi. Y como sí ella supiera eso, se encarga de acuchillarlo nuevamente y mucho más profundo: —Keru, creo que estoy muy enamorada de Satoshi.
Y su "Keru, creo que estoy muy enamorada de Satoshi" se agrega a la larga lista de cosas que Hikari le ha dicho en los últimos tiempos. Pero, a diferencia del "He estado saliendo con un compañero de mi clase de fotografía", "es algo demasiado tierno para ser llamado amor", "nunca imaginé que iba a amar tanto esa canción hasta que conocí a Satoshi" esta declaración es más brutal.
Es simplemente tortura.
Porque representa que él no significa absolutamente nada para ella.
Takeru no quiere ser su amigo, no quiere ser el muy tierno para ser llamado amor. Fingir que sólo es su amigo lo enferma de cólera, amargura y un tremendo dolor.
¿Por qué Hikari Yagami tuvo que enamorarse de un completo desconocido en vez de él que ha sido una figura constante para ella desde que tenían once años y se mudó a vivir a Odaiba?
¿Por qué Satoshi y no él?
¿Acaso no lo encuentra guapo, como la mayoría de las chicas de la escuela lo hace?
¿Acaso su personalidad es horrible?
¿Acaso no es suficiente?
¿Por qué Satoshi tuvo que despertar esa sonrisa única que por historia compartida le pertenece?
Takeru se detiene con toda la frustración que sus pensamientos sobre Hikari Yagami le generan últimamente. Su amor por la elegida de la luz lo ha llevado a algunos de los lugares más altos y más bajos en su existencia.
—No quiero saber nada más de "SatoHika"—Susurra amargamente, al recordar la petición que le hizo Hikari a Mimi y a Miyako en el chat grupal de los doce de crearle a ella y a su novio un "ship name".
Toma una bocanada de aire, dando una ojeada y percatándose de que su recorrido lo ha traído al final del laberinto, bastante lejos del lugar en donde está su familia así como que no tiene ni puñetera idea de como regresar.
Camina un poco más para encontrar alguna manera de orientarse o descifrar su vía de vuelta, más no lo consigue. Sin embargo, tiene la fortuna de escuchar unas voces provenientes cerca de donde se encuentra.
—¿Cuánto dinero te pagó ese tipo para que no se hiciera un escándalo por romper el espejo del baño?—Takeru divisa a unos trabajadores a unos cuantos metros de donde se encuentra, disponiéndose a ir a su encuentro y pedirles orientación.
—Me dio más de veinticinco mil yenes para no decir que él había sido.
—¡Por Kami!—Escucha la sorpresa de uno de ellos y Takeru no lo puede culpar por su reacción, puesto que es una cantidad algo elevada para soltar en efectivo —¡Veinticinco mil yenes, eso es una barbaridad!—el grito del trabajador retumba por los alrededores, por lo cual su interlocutor lo regaña para que sea más discreto —. Pero, ¿simplemente rompió con un golpe el espejo del baño…—Murmura —… así como sí nada?
—Nah—niega el otro—estaba cabreado, intercambiando palabras mordaces con alguien por teléfono y se desquitó con el pobre espejo …—El rubio los interrumpe antes de que puedan continuar su chismorreo respecto a uno de los "ilustres" clientes de este caro establecimiento en Ginza, Takeru puede notar que los jóvenes empleados se encuentran cohibidos por haber sido encontrados por un comensal conversando de un tema que parece ser prohibido y ultra secreto. Así que rápidamente le dan indicaciones para que pueda regresar con su familia.
En su camino de regreso, el muchacho de diecisiete no puede evitar analizar la conversación de los empleados del "Soul of Fire". A Takeru le gustaría decir que no ha pasado por momentos como ese, en los que recurrir a la violencia significaba el único método de desahogo que se encontraba disponible para lidiar con sus emociones…
Pero eso sería una total mentira.
Las imágenes de su pelea con "El Emperador de los Digimon" (muchísimo antes de que Ken Ichijouji se ganará su confianza, respeto y se volviera uno de sus amigos cercanos así como que descubrieran que el pelinegro estaba siendo controlado por la semilla de la oscuridad y del malvado de Myotismon) por sus intentos de "controlar el poder de las sombras" vienen a su cabeza, pero los desecha rápidamente puesto que ha llegado al salón privado que le fue asignado a su familia.
Así como los rollos de sushi otoro y uni.
El Aeropuerto Internacional de Tokio-Haneda se encuentra rebosante de gente y de unos puntuales "Chosen Children" (sin digimon) que han venido a despedir al segundo miembro más joven del grupo.
Taichi y Daisuke ayudan a Yamato a bajar todas las pertenencias del menor de la van de Hiroaki, colocándolas en un carro de equipaje entre tanto Natsuko está ocupada conversando un par de cosas con Miyako, Iori y Ken mientras que Takeru está incómodo recibiendo el abrazo fuerte de Hikari.
Takeru agradece mentalmente la interrupción de su hermano, quien se ha ofrecido a acompañarlo a que documente su equipaje mientras su padre va a estacionar la camioneta y los niños elegidos van con Natsuko, Patamon y Gabumon a comprar unos café así como otras golosinas para la espera.
El primer vuelo de Takeru sale en una hora.
—¿Listo para el largo viaje, Takeru?—El aludido puede escuchar la prolongación de la letra "a" en la palabra "largo" de parte de su hermano, evidente burla de su suerte puesto que gracias a su excesiva procrastinación no pudo encontrar vuelo directo a la capital francesa, por lo que va a tener que hacer escala de una hora en Helsinki.
—Sí…—Responde rápidamente, pero con cierto brillo malicioso en sus ojos: —¿Algún mensaje que quieras mandarles al Abuelo Michel y a la Abuela Masako?—Agrega regresándole la mofa al mayor, porque sí bien es cierto Mimi Tachikawa es muy buena influencia para inspirarlo a hacerlo convivir nuevamente con su madre, no es tan infalible para hacerlo certero cuando de hacer llamadas a París se trata.
—Mándales mis saludos—. Contesta Yamato, negando con la cabeza con un atisbo de sonrisa para posteriormente ponerse serio —. ¿Algo que decirle a la Abuela Kinu?
—También dale mis saludos y dile que la visitaré tan pronto como pueda—. El Ishida asiente mientras avanza la fila, hay unas diez personas delante de ellos; tienen muchísimo tiempo para estar aquí y como sí eso fuera el incentivo que Yamato necesitará para abordar un tema que Takeru sabía que llegaría: —Eres mi hermano menor, Takeru… Sabes de sobra que me preocupo por ti y es por eso te voy a decir esto una vez más: No puedes continuar así, no es sano para ti… Te reconozco que llamar a Catherine fue un gran primer paso, pero no te puedes quedar así… No te puedes cerrar, haz amigos, sal con alguien, diviértete… Tienes diecisiete, vas a París por tres meses y cómo te diría alguien a quien conozco "You only live once".
Las palabras de su hermano hacen eco en la cabeza de Takeru y le gustaría rebatir, gritarle que es muy fácil decirlo cuando la chica de la que estás enamorado te corresponde pero prefiere que los últimos momentos que va a estar con su hermano sean positivos, en tres meses puede explayarse todo lo que quiera.
Así que decide tentar a su suerte y preguntarle a su hermano sobre cierto tema del que tiene curiosidad desde que estaban en el restaurante:—Hablando de esa persona que conocemos muy bien, ¿está bien con qué te vayas a quedar una semana completa en Shimane o vas a acortar tu estancia para pasar tiempo con ella?
—Ya te dije que Mimi no viene a Japón a pasar tiempo conmigo y sí lo hiciera, no es asunto tuyo… —replica Ishida tomando la carnada o tal vez entendiendo las intenciones del menor para fumar la pipa de la paz. Se quedan en silencio por un par de minutos, pero el Ishida decide agregar algo más: —Me voy a quedar toda la semana, pero sí lo que en realidad te preocupa es que Patamon se quede solo, pierde el cuidado. Gabumon se quedará con él entre la oficina de Koushiro y el Mundo Digital.
—Muchas gracias, Nii-san—. Exclama Takeru un poco aliviado de esa preocupación que tenía, a la vez que emplea su tono más "kawaii" para pronunciar el término que siempre usaba para referirse a Yamato cuando era un niño. El bochorno del rubio mayor es visible en la punta de sus orejas de Yamato.
Faltan veinte minutos para que Takeru aborde y ha pasado los últimos diez evadiendo tener una conversación con Hikari, lo cual ha conseguido gracias a la ayuda de Iori, Daisuke y de su celular que no ha dejado de recibir mensajes de "buena suerte" y "nos vemos en tres meses" desde que terminó de hacer el famoso "check-in".
Desde sus amigos de equipo de baloncesto, los compañeros de la banda de Yamato (quienes lo ven como a uno más) así como los niños elegidos que no han podido venir por compromisos previos (Jyou tiene turno en la clínica de su familia mientras que Koushiro tiene una junta relacionada con actividades del departamento de ciencias de la TODAI) y por incompatibilidad geográfica (Mimi, por vivir en Nueva York y Sora por encontrarse en Gifu, debido a una exposición de Ikebana de la Academia de Toshiko Takenouchi).
Sí, definitivamente Takeru Takaishi tiene personas que le aprecian y se preocupan por él, salvo a la que está evadiendo y que lo reemplazó sin importar qué.
El tiempo que tiene en Tokio se agota así que con su mochila y bolsa de entrenamiento, empieza a despedirse de sus seres queridos.
De Daisuke, quien no para de pedirle recetas de ramen al estilo parisino.
De Ken, quien le desea mucho éxito en su curso de tres meses en La Sorbona.
De Miyako, quien le pide que se cuide mucho y que visite Barcelona sí tiene alguna oportunidad para que le den ganas de luego ir a visitarla.
De Taichi, quien lo abraza y le dice que le mande saludos de su parte a su Abuelo Michel, pero sobre todo a Catherine (todo ante la atenta mirada de Hiroaki Ishida).
De Hikari, de quien le gustaría poder despedirse de otra manera, de que las cosas fueran diferentes y que le lastima que lo abrace fuertemente y le desee suerte cuando eso es algo insuficiente para él.
De Iori, quien le da una mirada significativa, transmitiendo en ella que "la vida no es ni buena ni mala, simple y sencillamente es maravillosa".
De Yamato y de Gabumon…
Takeru mira a su hermano a los ojos para posteriormente darle un fuerte abrazo y que éste le murmure una vez más la frase que tanto su "no novia" y él se han encargado de enfatizarle al rubio menor : —You only live once.
Acto seguido, abraza a Gabumon. El digimon azul con blanco se halla notoriamente conmovido por el intercambio, especialmente al escuchar la petición de que se cuide mucho que el Digielegido de la Esperanza le hace y que lleva implícito un "cuida mucho de Patamon por mí".
—Recuerda de lo que hablamos—. Son las palabras que le dice Hiroaki Ishida después de abrazarlo, trayendo a su memoria los recuerdos vergonzosos de la repentina conversación que tuvo con su padre y del osado regalo que éste le dio..
La risa de Yamato puede ser escuchada así como los cuestionamientos de Taichi sobre qué es lo que le parece tan gracioso, pero a Takeru poco le importa ya.
Le faltan dos personas (bueno, una persona y un digimon, cuya evolución parece una persona) muy especiales de las que despedirse.
Natsuko contempla a su hijo con todo el amor que una madre puede transmitirle a su hijo por medio de una mirada y el digimon que se encuentra en sus brazos tiene el rostro empapado. El cuadro que se presenta ante el joven hace que las lágrimas sin derramar cristalicen sus ojos mientras funde a estos dos seres en un fuerte abrazo.
—¡Te voy a extrañar!—. Susurra la mujer a su hijo con todo el sentimiento que le genera esta temporal despedida —. ¡Cuídate mucho, Takeru!
—Tú también, Mamá—. Le responde a la mujer.
Ante tal respuesta, ella le da un beso en la frente y le sonríe ampliamente a su hijo mientras se separan y le entrega al digimon alado a quien inmediatamente el muchacho lleva a su pecho.
—¡Takeru!—Hipa la tierna voz del digimon que evoluciona en ángel, uno de sus mejores amigos y una de las cosas que más le aterra perder en el Mundo entero.
—. ¡Patamon!—Dice bajito el Takaishi, con las lágrimas cayendo libremente sobre su rostro.
— ¡Takeru, no llores…! Recuerda que no importa que tan lejos estemos, siempre estaremos juntos porque estás en mi corazón… ¿No escuchas la voz de mi corazón?
—¡Te quiero, Patamon!
—¡Daisuki-ism, Takeru!—Los sollozos de su madre se escuchan y las miradas afectadas de los demás están posadas sobre ellos, pero Takeru y Patamon no se inmutan. El digimon sabe que se volverán a encontrar, aunque este sea un viaje en el que no puede acompañarlo—. Vamos, salta, rebota y monta tu coraje, Takeru… ¡Yo siempre te estaré esperando!
Y como sí las palabras del digimon dieran el banderazo de inicio a su nueva aventura, el anuncio de "Pasajeros del vuelo AT 2911 con destino a Helsinki... Favor de abordar por la puerta 7" resuena por los altavoces del Aeropuerto.
Ya es tiempo de irse.
Takeru se seca las mejillas y le obsequia su mejor sonrisa a Patamon, al tiempo que lo deposita con cuidado en los brazos de su madre, a quien abraza rápidamente por última vez.
El joven afianza sus pertenencias, despidiéndose nuevamente del grupo que se ha dado cita en el aeropuerto para decirle adiós. Takeru los ve a todos por última vez, tratando de evitar los ojos de Hikari y se va a tomar su avión rumbo a Helsinki.
—Nos vemos en tres meses, Takeru—. Susurra Natsuko Takaishi haciendo un esfuerzo sobrehumano por dejarlo salir del nido, al tiempo de que Patamon le seca las lágrimas con sus manitas, Gabumon abraza su pierna y Yamato pone su brazo encima de sus hombros.
Las siguientes diez horas y quince minutos del vuelo Tokio-Helsinki se dividen en dormir, escribir unas cuantas de sus aventuras en el Mundo Digital y ver extractos de las películas románticas que pasan en el vuelo, mismas que son un gusto culposo del rubio y que ha evitado desde el día que Hikari Yagami arruinó sus planes, rompiéndole el corazón y anunciando que tenía una relación con uno de sus compañeros de su clase sabatina de fotografía.
Takeru siente la amargura apoderarse nuevamente de él.
Siempre ha observado atento a las parejas de las películas románticas y siempre ha admirado que a pesar de todos los obstáculos, los protagonistas siempre puedan llegar al final feliz. El corazón idealista y cursi del Takaishi ama esas premisas porque están llenas de esperanza, así como su emblema.
Quiere su final feliz, a lo mejor la relación de Hikari con Satoshi es un obstáculo y ella se está equivo—
Takeru bosteza, desviando el rumbo obvio que quieren tomar sus pensamientos mientras vislumbra el avión antiguo que sirve de principal atracción en la entrada del Aeropuerto Helsinki-Vantaa.
Su vuelo sale en una hora, así que el joven Takaishi decide irse de la terminal 2 hacía la terminal 1 de donde sale su avión a la ciudad parisina. El transcurso no es tan largo, las terminales se encuentran interconectadas, así que llegar a su destino en la puerta 29 no es tan complicado como podría parecer, tomando en cuenta que el aeropuerto está repleto y restaurantes.
El apetito se hace presente en el joven, por lo que considera oportuno detenerse en una tienda denominada "Stockmann" que se encuentra a la altura de las puertas 21 y 27 de la Terminal 2, por lo cual están cerca de su lugar de partida.
El muchacho entra al lugar que estaría enteramente vacío, salvo por la dependienta que está conversando con una muchacha castaña de la edad de Yamato, a quienes saluda con un monosílabo, y de una anciana que se encuentra cerca de la sección de los ramen.
Takeru se dirige a esa zona, faltan 45 minutos para su siguiente vuelo. Tiempo suficiente para comer y beber algo antes de despegar.
—¡Hola!—Saluda Takeru cuando está a un lado de la anciana de rasgos orientales, cabello canoso, ojos verdes pálido, robusta vestida con ropa tradicional china de color café con grabados en blanco de lo que parece ser un dragón con alas, cabeza de ciervo y cola de serpiente.
Ella, al escuchar su voz, se limita a estudiarlo fijamente. Takeru se siente un poco incómodo ante su análisis, al grado de creer que tiene algo en la cara; por lo que le obsequia una de sus sonrisas y hace el ademán de tocarse el rostro con su mano derecha para quitarse lo que sea que haya llamado la atención de la mujer, más no logra hacerlo.
La señora tiene su mano entre las suyas en un fuerte apretón, que comienza en sus palmas y termina en su meñique, a la par que la inspecciona como sí fuera lo más fascinante que ha visto en mucho tiempo.
Para rematar la bizarra situación, la mujer comienza a darle un monólogo en mandarín.
Takeru no tiene la remota idea de lo que esta anciana le está comunicando con tanta insistencia. Trata de separarse lo más delicadamente posible, le pide amablemente que lo suelte pero sus palabras llegan a oídos sordos puesto que la señora continúa su conversación aún más animada y enfática.
Siente como la mujer toca las líneas de su palma con una mano mientras que con la otra recorre el camino de su meñique hacia su muñeca y ya no sabe qué más hacer para librarse de esto.
—¡Waipo!—Una horrorizada voz femenina grita, separándolo en el acto de la mujer mayor.
Takeru agradece mentalmente la llegada de la joven castaña vestida de rosa que anteriormente se encontraba platicando con la trabajadora del Stockmann. La chica lo observa con pena en su rostro mientras intercambia unas cuantas palabras en chino con la mujer, quien empieza a hablar con más insistencia, señalando a Takeru y su mano derecha; acciones que provocan un bufido de cansancio y una negación de cabeza de parte de la joven.
La confusión en Takeru crece más cuando la mujer se va molesta hacia la entrada de la tienda.
La voz pertenece a la joven castaña vestida de rosa que se encontraba hablando con la dependienta del Stockmann y quien le está dedicando una mirada sumamente apenada a Takeru.
—Siento mucho el comportamiento de mi abuela—. Menciona finalmente la chica al rubio —. No suele comportarse de esa forma con desconocidos, pero parece ser que encontró algo especial en ti.
—¿Gracias?—Responde sin filtro.
—Sí, como sea—. Dice rodando los ojos —. Mi abuela tenía la "imperiosa" necesidad de que te dijera que lo que tienes en la mano lo puedes convertir en un puente… ¡Ha, incluso puede decirse que es como un camino de baldosas amarillas! —Agrega burlesca la chica, observando a su abuela en la entrada, quien continúa estudiando a Takeru en la distancia—. Bueno, adiós.
La perturbación se hace presente en los rasgos de Takaishi mientras observa tanto a la chica como a su abuela desaparecer de su vista.
Antes de que pueda hilvanar algún pensamiento coherente de lo que le ha sucedido con ese par, el sonido de su celular anuncia la llegada de un correo electrónico de parte de su Aerolínea informándole que su vuelo ha sido retrasado unas cinco horas más por problemas técnicos.
Yamato tenía razón, este va a ser un laaaaaaaaaaaaargo viaje.
"Las lágrimas del pequeño Takeru Takaishi no dejaban de brotar de sus ojos desde el anuncio que era el momento de regresar a su mundo. La posibilidad de no volver a ver a Patamon le aterraba.
—Nunca volveré a verte —. Era lo que se escuchaba en ese campo de flores rodeado de señalizaciones y de palmeras así como el llanto escandaloso del niño de ocho años y de su compañero digimon.
—Eso no es cierto—Hipaba Patamon, sacando a relucir la esperanza que lo une a Takeru y lo hace evolucionar— como el tiempo en el Digimundo transcurre a la misma velocidad que el tuyo, tal vez nos podamos ver algún día.
Ese comentario de su compañero pausó al niño y con la emoción de volver a verlo en un futuro no muy lejano, le preguntó: —¿En serio?
—Después de la pelea con Devimon nos volvimos a ver—Respondió Patamon con las lágrimas desbordándose de sus ojos azules, despertando con sus palabras la sonrisa sincera del chiquillo…¶"
—Sí porque en ese momento, yo creía que nos volveríamos a ver—repite Takeru nuevamente las palabras que le dijo a su digimon en esa ocasión mientras las teclea en su computadora, cómodamente sentado en el asiento del vuelo TH 1203 procedente de Helsinki y con destino a París, Francia.
El muchacho rubio escucha por el altavoz la indicación de que falta poco para aterrizar, así que guarda su portátil mientras agradece que su extenuante travesía esté a punto de terminar.
Seis horas en el Aeropuerto de Helsinki, cinco más de las que estaban previstas en su itinerario de vuelo.
Takeru aún puede recordar las burlas de su hermano mayor (que a opinión personal del Takaishi, debería estar más enfocado en su viaje a Shimane y en cualquier cosa que le haya dicho Koushiro de Mimi por chat) cuando se enteró de la "mala suerte" del menor. Pero Takeru debe reconocer que fue más fácil lidiar con su hermano que con la preocupación de su madre y la obvia decepción de sus abuelos por no poder ir a recogerlo al Aeropuerto París-Charles de Gaulle.
Su padre fue más pragmático a su parecer, pidiéndole que avisará cuando finalmente llegará y sí sucedía cualquier eventualidad más en su viaje a París.
Respecto a sus amigos, asume que Yamato les avisó por todas las notificaciones provenientes del chat grupal de los 12 así como de los otros chats que tiene como el de "Pretty Neighbors" y los individuales, en el que destaca los mensajes no leídos que tiene de Hikari y que no piensa leer.
Y la razón es simple: Satoshi se ha convertido en el tema preferido de la niña elegida de la Luz desde que le anunció a Takeru que tenían una relación y le repugna. Como dijo en el restaurante, no quiere saber absolutamente nada de Satoshi, salvo sí es el anuncio del rompimiento de esa relación que no tiene ni pies ni cabeza.
Pero mientras eso sucede, Takeru no quiere saber nada de Satoshi y sí es completamente honesto consigo mismo, tampoco quiere saber nada de Hikari.
Las bombillas se encienden en su cabeza de la misma forma que lo hacen para otorgarle una idea para escribir, pero esta vez entregarle una verdad absoluta: No tiene que hacerlo
Takeru está a punto de llegar a París y no tiene que hablar con Hikari. No tiene que escucharla parlotear sobre el tipo del que está enamorada.
No tiene que escucharla hablar de todo aquello que le ha negado por derecho y se lo ha otorgado a otro. No tiene que contestar sus llamadas y mensajes.
Puede usar las ocho horas de diferencia horaria a su favor.
Sí, Takeru nunca se había considerado egoísta cuando se trataba de Hikari y se había dicho a sí mismo que no iba a empezar a hacerlo ahora, que no quería lastimarla… pero todo tiene un límite.
Y él ha llegado al suyo.
El anuncio de que ya pueden bajar del avión toma a Takeru bostezando, no ha dormido nada desde el primer vuelo así que tiene tantas ganas de llegar al apartamento que le han asignado en el Trocadero.
No tiene apetito, ese lo calmó en un Starbucks cercano a la puerta 29 con un sándwich, un "iced caramel macchiato" y unas cuantas memorias sobre "Los Dark Masters" que distrajeron su espera en Finlandia.
Así que Takeru se baja del avión con sus cosas bien guardadas en su mochila y con su bolsa de entrenamiento afianzada va a en busca del resto de su equipaje, el cual coloca un carro y va por otro "iced caramel macchiato" antes de dirigirse al área de taxis.
—Bienvenue à Paris, Monsieur! Mi nombre es Pierre y estoy a sus servicios—. Le saluda el taxista cordialmente cuando tanto ellos como las maletas del rubio se encuentran arriba del vehículo—. ¿A dónde desea que lo lleve?
—Rue des Belles Feuilles Número Exterior 11—. Contesta despreocupado Takeru a la par que envía unos mensajes a los miembros de su familia avisando de su llegada, lo cual impide que detecte el brillo de reconocimiento en los ojos del hombre mayor al escuchar esa dirección.
—Sé exactamente dónde es… Pero, de casualidad, ¿No necesita ir al Pont D' Iéna para quemar algo antes de que lo deje allá?
El tráfico hace que sean casi las once de la mañana cuando Takeru por fin llega al edificio que lo albergará por los siguientes tres meses.
Los movimientos de Takeru al bajar su equipaje no hacen más que gritar su cansancio. Se despide del hombre con quien no hace casi conversación después de negar con su cabeza que no necesita hacer alguna parada antes de llegar a su destino y mucho menos quemar algo en el Puente de Jena.
Pensar en ese puente parisino le recuerda al joven cuando Catherine, Taichi y él destruyeron la torre de control en aquella navidad; mismo pasaje que no ha escrito aún y que puede aprovechar su encuentro con Deneuve para preguntarle más sobre su perspectiva.
Con esa idea en la cabeza, entra al edificio.
Se encuentra con la recepción así como con una mujer pelirroja que tiene el ceño fruncido y que no repara en su llegada puesto que se encuentra ocupada revisando cuidadosamente unos documentos.
—Buenos días, soy Takeru Takaishi—. Saluda el rubio a la que considera puede ser la casera, ganando su atención.
—¡Takaishi, tu es arrivé!—. Le contesta eufórica —. Soy Ophélie Beaulieu y me alegra tanto que estés aquí. Tienes que dejar estos documentos en La Sorbonne antes de las 2pm —Le extiende los papeles que tenía en las manos y Takeru sabe que la idea de dormir queda totalmente descartada.
El ascensor señala el piso número 11, que es donde se encuentra el departamento que le ha sido asignado a Takeru para que pase los próximos tres meses.
Los eventos que acontecieron después de su presentación con Madame Beaulieu ocurrieron con una rapidez tremenda al igual que su explicación.
La mujer le informó que el edificio tenía 14 pisos, que el piso número 12 y 13 son propiedad de su familia así como que el último es una azotea con áreas comunes para todos los inquilinos; que en su piso hay dos puertas, la del departamento y una que lleva directamente a la azotea; que su habitación está al frente de la cocina y del balcón.
Takeru está seguro que la mujer hubiese querido agregar más, pero la llegada de un joven algo parecido a ella avisando que había un problema con uno de los departamentos y que era necesaria su presencia lo impidió.
Así que la mujer le dio las llaves pertenecientes al apartamento #11 del número 11 de Rue des Belles Feuilles sin darle oportunidad alguna de preguntar sí su "roommate" (como diría la "no novia" de su hermano mayor, Mimi Tachikawa) ya había llegado.
El muchacho rubio saca sus maletas del ascensor para dejarlas enfrente de la puerta que él asume es la entrada de su casa provisional y una vez que termina inserta la tarjeta que funge para poder entrar. En el acto, siente una pequeña descarga eléctrica que le entumece por algunos segundos su mano derecha.
Pero eso no le impide abrir la puerta del departamento.
Sus fosas nasales son recibidas por una combinación de vainilla, incienso y sakuras en pleno Hanami, que de alguna forma reconforta sus hastiados sentidos y lo hacen sentir como en casa.
Con un vistazo rápido es posible apreciar que el lugar está impecablemente limpio y no hay rastro aparente de que haya alguna persona habitándolo.
En cuestiones de decoración, la sala tiene un sillón individual y otro lo suficientemente grande para que pueda acostarse a mirar la televisión de pantalla plana y una mesa de centro así como un piano de pared con algunas velas y su respectivo taburete de casi el mismo largo del piano.
También hay una cocina integral y una mesa para cuatro personas.
Takeru repite el proceso de meter maletas y dejarlas afuera de la puerta respectivo para una vez terminado usar su juego de llaves para poder entrar finalmente a su habitación; la cual tiene un aire bohemio con acabados de madera en las paredes, una cama tamaño matrimonial, dos buro, un closet, un espejo, un sillón en forma de bola, una alfombra y una enorme ventana con su propio balcón que deja ver la Torre Eiffel.
Deja todas sus cosas en la habitación, sacando lo necesario para ducharse y alistarse. Tiene que ir a La Sorbona a dejar los documentos que le ha entregado Madame Beaulieu y que ahora están en su mochila.
Takeru hace otra travesía para llegar a La Sorbona, vía taxi (mismo que fue mandado por su abuelo al edificio de Rue des Belles Feuilles) y con un montón de indicaciones proporcionadas por algunos estudiantes del campus ha podido llegar a su destino unos cuarenta y cinco minutos antes de la hora pactada como límite para entregar la documentación.
Así que toca la puerta de madera con el nombre grabado del Prof. Clément Font para poder concluir con este trámite tan importante para su curso en La Sorbona.
—Bonsoir, ¿puedo ayudarle en algo?—Saluda un sujeto de unos cuarenta años, lentes, tez y cabellos color marrón y con un traje del mismo beige que el sombrero de Takeru. A todas luces, el rubio puede reconocer que el hombre es su profesor.
—Bonsoir, soy Takeru Takaishi y vengo a dejar estos documentos para el inicio de mi curso de Letras.
—¡Oh, Takaishi! Tus escritos fueron muy entretenidos… Entrez, s'il-vous-plaît! —Invita el Maestro haciéndose a un lado para dejarlo pasar y que tome asiento además de hacerle un ademán pidiéndole la carpeta que ha sacado de su mochila, por lo que el joven se la entrega —. ¡Isabelle!
Ante el llamado del maestro, una joven pecosa de cabellos rojizos, proveniente de una pequeña e improvisada biblioteca, se acerca a ellos.
—Bonsoir—. Le dice a Takeru rápidamente —. ¿Sí, Proffeseur Font?
—¿Podrías sellarle esto a Takaishi?
Isabelle Durand, asistente del profesor del curso de Letras que La Sorbona proporciona cada año así como una figura que Takeru considera que tanto sus compañeros verán muy a menudo, realizó lo que se le solicitó además de otorgarle un gafete, una tarjeta para que pueda llevarse libros de las bibliotecas de las distintas facultades de La Sorbona, el horario de los autobuses y un pequeño libro de referencia de los lugares más emblemáticos que tiene la ciudad parisina.
Mientras trata de encontrar un método de transporte para regresar al departamento en Rue des Belles Feuilles, Takeru considera que no va a necesitar de esa guía de turistas puesto que está seguro que su abuelo como orgulloso ciudadano francés va a tomar ese puesto.
Se encuentra hecho polvo física y emocionalmente aunado a que sus tripas rugen. El sándwich del starbucks en Finlandia se le ha pasado hace mucho. Debió haber comprado algo cuando llegó a París, aparte del "iced caramel macchiato".
Y es que así como pasó más tiempo del previsto en el Aeropuerto de Helsinki-Vantaa, también lo hizo en su visita a La Sorbona; la cual se extendió más de la cuenta porque se entretuvo hablando tanto como con su Profesor como con la Señorita Durand acerca de sus expectativas del curso y de algunas de las curiosidades que ellos tenían acerca de Japón.
Su celular vibra desde el bolsillo de su pantalón de mezclilla azul marino, lo saca y "Abuelo Michel" es lo que se lee en la pantalla de su celular.
—Moshi, Moshi.
—Hola Takeru, ¿sigues en La Sorbonne?—inquiere el francés con curiosidad. El menor afirma con la pequeña ilusión de que su abuelo pueda venir por él y llevarlo a su departamento, pero tiene una jornada laboral que cumplir. —¿Tienes hambre? Te invito a comer.
Cierto, su abuelo está en hora de comida. Tal vez no pueda ponerse a dormir, pero no va a rechazar la oportunidad de pasar tiempo de calidad con su abuelo y de comer algo delicioso.
—Está bien… ¿A dónde?
—Un restaurante cerca de una de las joyas más grandes de París, El Museo de Louvre.
—¿No me queda muy muy lejos?
—No haces más de 20 minutos caminando… Sólo tienes que pasar por el Barrio Latino y el Pont des Arts, pero para que no te compliques te enviaré las instrucciones por mensaje de texto.
Un muy cansado rubio camina por las orillas del río Sena, ya ha dejado atrás el Barrio Latino y puede ver a lo lejos el Puente de las Artes.
Ha seguido las indicaciones de su abuelo al pie de la letra y también se ha detenido a preguntar en un par de ocasiones.
El viento corre acariciando tenuemente la piel de sus brazos descubiertos por la playera verde tres cuartos y él no puede dejar de lamentar la suerte que lo ha mantenido más de veinte horas tratando de llegar a algún lado mientras sube los escalones de una de las pasarelas más famosas que ha dado París.
El sitio está repleto de gente, como era de esperarse en un viernes en la tarde de la ciudad francesa: Transeúntes que van de paso como él para llegar al otro lado; Artistas trabajando en sus pinturas y tocando con sus instrumentos piezas que los turistas disfrutan con atención; parejas besándose y colocando llaveros en los barandales; familias completas divirtiéndose y pasando un rato juntos sin preocupaciones.
Así como el niño que va a su costado y que ha dejado a su madre atrás hace unos cuantos metros. Montado en su bicicleta, andando libremente y tocando el timbre de la misma mientras lo rebasa para recorrer el resto del trayecto hasta el otro lado.
Takeru niega con la cabeza, decidiendo sacar su celular para revisar qué es lo que sigue después de abandonar el Puente de las Artes, pero no lo hace puesto que una ráfaga fuerte de viento decide llevarse el sombrero que le regaló Iori por su último cumpleaños.
Corre lo más rápido que puede para tomarlo, sin importarle que esté chocando con las otras personas que están en el puente. Esta a punto de recuperar su sombrero, pero se tropieza al momento de chocar con una chica de vestido lavanda.
El muchacho no puede frenar la caída de ambos, así que por inercia la sostiene y pone sus brazos detrás de la espalda de la chica para tratar de amortiguar el golpe, sintiendo el escozor en ellos al momento de hacer contacto con la dura superficie de las tablas de madera que posee el puente así como el dulce aroma de flores de cerezo invadiéndolo.
Takeru es consciente de que está sobre algo suave. Es notorio que ha caído encima de la muchacha, tal y como lo revelan las pulsaciones de la clavícula ajena así como los largos y tersos mechones de cabello que le acarician el rostro.
Escucha nítidamente una risa meliflua que le causa un par de escalofríos en la espalda y el principio de un sonrojo provocado por el bochorno de haberse llevado a alguien de bruces junto con él. Takeru levanta su rostro, con la intención de preguntarle a la chica sí está bien, encontrándose en automático con el morado más profundo cubierto de innumerables puntitos blancos brillantes, que no hacen más que recordarle a muchas de las ilustraciones que se encuentran en los libros de Astronomía de Yamato y que tiene la costumbre de ver cada vez que está aburrido en el departamento de los Ishida.
La tonalidad no hace más que infundir grandes oleadas de calidez y calma, que evaporan todos y cada uno de los atisbos de cansancio, agonía y demás sentimientos negativos que se acumulan dentro de él a la par que le brindan energía nueva que reconforta todos y cada uno de los pedazos en los que se ha convertido y que le hace pensar que todo va a estar bien.
El estado de beatitud dura hasta que el sonido de una campanilla y un "¡Cuidado!" proferido por un grito infantil se hace presente, rompiendo la poderosa y hechizante conexión que Takeru mantiene con el morado. Posa su atención hacia el frente y se encuentra con el mismo niño castaño que lo ha pasado hace un rato, a punto de chocar contra ellos hasta que siente que lo empujan con fuerza hacia otro lado, alejándolo por completo del impacto que la bicicleta del menor podría haber provocado.
Desorientado, abre sus ojos hallándose con el azul del cielo y completamente recostado en el piso del puente. Su respiración está agitada por la adrenalina, así que trata de recomponerla e inmediatamente después de que lo logra, sus sentidos registran a una voz melodiosa conversando tranquilamente con un lloroso y asustado niño, asegurándole con seguridad y gentileza que no ha hecho nada malo y que no se preocupe.
Takeru dirige su mirada hacia ellos, encontrándose con el niño que ha abandonado por completo su bicicleta a unos cuantos pasos de donde se encuentran y que tiene una de sus manos sostenidas por una elegante muchacha japonesa, con piel blanca como el alabastro, de cabello largo azabache que se ondula hasta abajo de su cintura y fleco que enmarca los rasgos finos y simétricos de su cara así como los labios pintados de rojo oscuro que no hacen más que resaltar el vestido lavanda plisado que se ajusta a su esbelta y proporcionada figura, mismo que cae vaporoso en la superficie del puente dado a que ella yace sentada en seiza.
El pequeño siente su examen sobre ellos, atrayendo la atención de la chica que voltea a verlo con sus enormes ojos violeta oscuro con círculos brillosos dentro de ellos.
—Monsieur, ¿se encuentra bien?—pregunta el menor, haciendo que desvíe su mirada del morado y se incorpore para tomar asiento.
—Sí, me encuentro bien. No pasó nada —. Takeru trata de hacer un ademán despreocupado ante la llamativa chica y el preocupado niño que no parece tener más de nueve, más lo único que provoca es el horror en los ojos verdes de éste último.
—¡Monsieur, está sangrando!
El pequeño señala sus antebrazos con alarma, pero Takeru no tiene oportunidad de replicar puesto que algunos gritos han logrado distraer al menor.
—¡KADER!— El niño voltea al lugar de donde proviene y Takeru puede reconocer a su madre —. KADER, ¿EN DÓNDE ESTAS?
—¡MAMAM!-pronuncia el niño, mirando con cierta duda a la muchacha que solamente es disipada cuando ella le asiente y le murmura algo que Takeru no puede alcanzar a escuchar; pero que ha hecho que el castaño le regale una sonrisa amplia y brillante que muestra la falta de dos de sus dientes en la hilera superior y que la chica le corresponde con una igual de franca y afectuosa. La interacción que presencia remueve algo en el interior de Takeru. Una infinita ternura hace que levante las comisuras de su boca pero termina formando un gesto de sorpresa ante las siguientes acciones del chiquillo. —. Monsieur, esto es suyo —.Comenta acercándose al rubio, dejando de lado el agarre con la pelinegra y entregándole el sombrero que Takeru había perdido (y hasta ese momento, olvidado) y que el rubio toma con un "Merci Beaucoup". Kader sonríe nuevamente satisfecho y se monta en su bicicleta: —Au Revoir Monsieur, Au Revoir Belle Demoiselle.
Es lo último que grita el niño antes de irse pedaleando al lugar en donde está su madre.
Takeru se pone el sombrero, agradeciendo mentalmente al pequeño Kader por haberlo rescatado y dirigiendo su atención a la chica a la que ha tirado al suelo y quien tiene el inicio de un pequeño sonrojo en sus mejillas; seguramente producto del término cariñoso empleado por el castaño al despedirse de ella.
Así que Takaishi se levanta, encaminándose hacia ella para ayudarla a que haga lo mismo y es justo ahí que se da cuenta que la caída provocó que algunas de sus pertenecías fueran esparcidas por el suelo, mismas que está muy concentrada en guardar en la bolsa blanca que tiene en su regazo. El joven se siente un poco culpable ante eso, por lo que decide ayudarla, tomando una libreta rosa de pasta dura con estampado de sakuras y una bolsa azul marino con el logotipo del Museo de Orsay, poniéndose de cuclillas para ponerse a su altura.
—Me disculpo profusamente por la aparatosa caída… ¿Te encuentras bien?—. Menciona, poniendo pausa a las actividades de la joven y haciendo que el morado se centre sobre él; dando paso nuevamente al raro sosiego que se adhiere con rapidez a su ser en ruinas como sí de un bálsamo temporal se tratase. Aunque la inquietud de haberla lastimado de alguna forma sigue presente.
—Sí, no te preocupes… Los accidentes ocurren… Todo está eq—La chica hace una pausa, negando imperceptiblemente con su cabeza para esbozar una pequeña sonrisa —. Todo está bien. Estoy bien, no me pasó nada. Podría decirse que estoy bastante acostumbrada, así que sí me caigo no representa algo novedoso para mí…—declara en un tono más reflexivo, pero al mismo tiempo con un toque de hilaridad como sí de alguna broma privada se tratará—. Pero sí te hace sentir mejor, acepto tus disculpas…
Takeru esboza una sonrisa aliviada a la par que medita sus palabras. Por lo que ha visto y a su consideración, ella no parece ser una chica torpe sino todo lo contrario. Sus movimientos son gráciles, ágiles y llenos de feminidad que combinados con la beldad de su apariencia, elección de vestimenta y perfume le dan un aire aristocrático muy marcado a toda su persona.
Pero para no arriesgarse a que efectivamente la afirmación de la chica sea correcta así como para evitar que se vuelva a caer en frente de él y cumpliendo con sus intenciones tempranas, el rubio se incorpora, extendiendo su mano desocupada: —Entonces, déjame ayudarte.
Ella simplemente le responde con un simple "arigato gozaimasu" antes de tomarla.
El contacto que la levanta de su lugar en el Puente de las Artes ocasiona en Takeru un intenso chispazo que comienza desde sus dedos extendiéndose como torrente caliente hacia el resto de su cuerpo, asentando e intensificando en su esencia la atmósfera tan única que lo invade desde la primera vez que encontró esas enormes pupilas moradas.
Y viendo esas pupilas así como con toda su atención enfocada en la chica frente a él, empieza a creer que le resulta familiar; como sí la hubiese visto en el pasado, en algún otro lugar más le resulta imposible recordar con exactitud el cómo, el cuando y el dónde.
—¿Te conoz— El sonido de un ballet clásico corta su intento de pregunta. Proviene de la bolsa blanca de la chica, quien inmediatamente al escucharlo saca un smartphone con funda de cerezos.
—Tengo que irme —. Anuncia intempestivamente, silenciando y guardando el aparato así como los objetos que hasta ese momento ha salvaguardado el muchacho, ya que la pelinegra ha tomado sus ademanes de confusión ante el rumbo de los acontecimientos como un intento de regresarlos. Ella no parece notar su perplejidad, llevando todo su interés a sus brazos y haciendo un mohín—. Kader-kun tenía razón. Estás sangrando.
Takeru no tiene oportunidad de decir nada porque la chica se le adelanta, sacando algo de su bolsa blanca que deposita entre sus manos con un delicado apretón.
—Toma —. Pronuncia mostrando sus perlados y derechos dientes en una radiante y contagiosa curva—. Muchas gracias por haber amortiguado mi caída, espero que tus heridas sanen pronto. Au Revoir.
Las palabras pasman a Takeru por unos instantes, mismos que la chica aprovecha para retirarse del lugar e irse en sentido contrario al que se dirige él para encontrarse con su Abuelo Michel cerca del Louvre. El rubio observa lo que la chica le ha dejado en las manos, un pañuelo de tela, por lo que trata de detenerla usándolo como excusa: —¡Tu pañuelo!
—No te preocupes…—Se detiene la chica y le dedica una última mirada morada llena de motas blancas brillantes—. Lo necesitas más que yo—. Concluye para luego desaparecer con soltura entre toda la gente que cruza diariamente el Puente de las Artes.
La distinguida joven se ha ido, dejando todo el encuentro como sí hubiese sido algún fragmento de la imaginación del rubio, más no lo es. Takeru observa con detenimiento el pañuelo blanco bordado con sakuras y no puede evitar negar con la cabeza un poco divertido ante el detalle del mismo. Y es que ella tiene una obvia fascinación con las afamadas flores, tomando en cuenta que se encuentran tanto en su perfume, libro, funda de celular y el propio pañuelo que ahora tiene en sus manos. No puede evitar tener la curiosidad de sí dicha necesidad se debe a la tradición cultural arraigada en su país o sí existe una razón más personal como el compartir su nombre con las mismas.
Lo anterior hace que se lamente de no haber tenido el tiempo suficiente para preguntar su nombre y más cuando Takeru descarta la noción de que se llame "Sakura" al encontrar grabadas dos letras diminutas en una de las esquinas del pañuelo:
"A. H."
Sin más razones por las que quedarse analizando el trozo de tela perfumado, se limpia las heridas de sus brazos con cuidado. Son apenas unos pequeños raspones que se curaran en poco tiempo, pero el deseo bien intencionado de la elegante pelinegra no hace más que resonar en su cabeza. Takeru también espera que sanen pronto y no, no habla de las heridas superficiales en su cuerpo, sino aquellas que están en el fondo de su alma, atormentándolo, y que por esos breves instantes eran apaciguadas con los intrincados y majestuosos bríos que la chica exudaba en grandes cantidades de todo su ser, pero sobre todo de esos pozos profundos.
Suspira, emprendiendo nuevamente su camino hacia el encuentro acordado con su abuelo, pero no sin antes sacar su celular no para revisar instrucciones sino para enviarle un mensaje a Sora cuestionando el significado que poseen las flores de cerezo en el Hanakotoba; al fin y al cabo el simbolismo de la sangre de los Samurais y la Leyenda de Sakura y Yohiro las conoce de memoria.
—¿Quieres más, Takeru?—pregunta su abuelo divertido al concentrado escritor en ciernes que está bastante concentrado en terminar su enorme plato de Pot-au-feu.
Y es que desde que el mesero les trajo su comida, no han tenido espacio de conversar. Takeru y su abuelo estaban demasiado hambrientos, pero por diferentes razones.
El menor por no haber comido nada desde que estaba en el Aeropuerto Helsinki-Vantaa y Michel por todo el tiempo que le tomó esperar a su nieto para que llegara de La Sorbonne, puesto que un recorrido de veinte minutos se convirtió en uno de más de cuarenta. Lo peor es que cuando le quiso preguntar a qué se debía su retraso, el muchacho sólo se encogió de hombros, dándole una de sus típicas sonrisas de despreocupación.
—¿Cómo está tu madre?
—Ella está bien, Abuelo… Les mandó muchos saludos a la abuela y a ti.
—Me alegro… ¿Cómo están tu padre y Yamato?
—También están bien… Mi padre está muy ocupado con su trabajo en TV Fuji y Yamato con sus cosas de la Universidad y la banda, aunque ahora debe estar organizando su viaje a Shimane para ver a la Abuela Kinu —. Lo último lo enuncia con renovado vigor para de esa manera, vengarse de las burlas que su hermano le hizo por el larguísimo viaje que ha emprendido para llegar a París.
—Ese muchacho necesita encontrar con urgencia a una chica que lo haga honesto y le haga venir a visitar a sus otros abuelos —se queja el hombre francés con una combinación rara de exasperación y calculación para lograr su cometido.
—¡Ya la tiene!—revela Takeru con un poco de algarabía para rematar su ajuste de cuentas con el vocalista de "Knife of Day", dejando a su abuelo con la boca en "o".
—¡¿YAMATO TIENE NOVIA!?—Michel no se esperaba eso, Natsuko no le ha comentado nada al respecto; siendo que su hija ama hablar de sus dos nietos.
—Yamato dice que no es su novia, pero la trata como sí lo fuera…
—Cosas de jóvenes… ¿Lo ves enamorado?—Takeru afirma, porque sí a su hermano se le nota muy enamorado de la castaña, aunque éste lo niegue. Recuerda la seriedad de su hermano cuando estaba en el chat con Koushiro, regresando su curiosidad acerca de sí pasó algo con la castaña. El muchacho espera que no—. Bueno, sí es así, la próxima vez que Yamato hable, le pediré que la traiga pronto para conocerla.
Takeru se imagina la escena y le da risa de sólo imaginarlo. También es consciente de que su hermano le enviará algún que otro mensaje reclamándole su pequeña bromita.
—¿Y tú, Takeru?—Interroga el hombre mayor con un brillo de interés en su mirada y haciendo que Takeru deje de reír —. ¿Has encontrado a una chica que te haga un hombre honesto?
La pregunta lo descoloca por completo, se siente como un golpe bajo dado en su estómago. El nombre de su "mejor amiga" se filtra en su cerebro con amargura: —No, abuelo… Aún no.
El desánimo con lo que dice lo último no pasa desapercibido para su abuelo, que está contemplándolo con una mezcla de compasión y solaz determinación que lo desconcierta un poco.
—Es una lástima —. Se lamenta su abuelo, pero en el fondo Takeru siente que no lo hace, no realmente —. Pero estás en París, seguro que conocerás a alguien interesante que pueda llamar tu atención.
—Supongo —. Responde Takeru, pensando en su próxima salida con Catherine y, sin quererlo, también en el vibrante y fulgente morado con pequeños diamantes de hace un rato. Su abuelo pronuncia algo entre dientes que apenas puede distinguir su fuerte acento francés y por la propia distracción de Takeru, pero que parece ser "sí es que no lo has hecho ya en ese edificio en que te hospedas".
Takeru está de vuelta en su edificio en Rue des Belles Feuilles, la recepción está llena de jóvenes hablando con la casera.
Al parecer, hubo un problema en la lavandería que está en el sótano. Takeru simplemente se limita a saludar en voz alta para posteriormente entrar en el ascensor y subir a su piso para dormir.
La comida que tuvo con su abuelo, no ha hecho más que aumentar su sueño. Fue una verdadera hazaña no haberse quedado dormido en el asiento del taxi de camino al departamento (especialmente sí tomamos en cuenta que usó su mochila como almohada).
Su llegada al piso 11 se ve interrumpida en el piso 6, específicamente por un chico caucásico de cabello castaño oscuro
—G'day, mate!—Se escucha en el ascensor el saludo del muchacho que selecciona el primer piso, para luego presentarse con el rubio—. Soy Taylor Moore, de Australia.
—Takeru Takaishi, de Japón.
El australiano trata de pronunciar un par de veces el nombre del rubio, pero le es imposible. Takeru incluso lo deletrea para ayudarle, pero termina siendo en vano.
—¿Puedo llamarte T.K., man?
El rubio se limita a asentir. Es la mejor solución que han encontrado.
—That's sick, man!—El castaño detecta la confusión del castaño por eso y agrega: —Significa que es "genial" en aussie slang.
—De acuerdo —Responde Takeru antes de que se abran las puertas del elevador en su piso.
—¿Juegas al fútbol? Luego nos organizamos para jugar un partido de footy.
—Está bien, pero soy más de baloncesto.
—Ripper… Lo organizamos, entonces… ¿Tienes pelota?
Takeru asiente, intercambia un par de palabras con Taylor y se despide.
Entra a su apartamento, siendo bienvenido con el confortable olor de la vainilla, incienso y flores de cerezo. El último le hace recordar el mensaje que le ha enviado a Sora, por lo que una vez acostado en su cama, con la gorra y mochila lejos de él, toma su celular y lo revisa esperando encontrar una contestación de parte de la Takenouchi.
Y lo hace. Hay un par de mensajes de parte de su amiga pelirroja, así como de parte de Hikari, mismos que no piensa abrir y que pretende dejar acumulándose.
Sora T:
¡Hola, Takeru-kun!
Me encuentro muy bien, gracias por preguntar.
Con mucho trabajo que hacer aquí en Gifu.
Supongo que es una de las desventajas de ser la hija de la Iemoto.
Me alegro que ya hayas llegado a París, todos estábamos preocupados por ti.
Respecto a las sakuras, como bien sabes tienen diversos significados. En Hanakotoba sucede igual, pero el más exacto es corazón puro y gentil.
Espero que te sirva.
Saludos y diviértete mucho en París. ( ‾́ ◡ ‾́ )
Corazón puro y gentil.
Takeru no duda que la muchacha que conoció hoy tenga un corazón puro y gentil, la forma en que trató a Kader y a él es la mejor prueba de ello; más la respuesta que le dio Sora no alcanza a cubrir las razones por las que en la mayoría de sus cosas se encuentran esas flores.
Bosteza, sacando el pañuelo del bolsillo de su pantalón.
—A.H. —Lee las iniciales de la chica que emanaba por sus poros gracia, garbo e infinita paz. El joven reconoce que no debería estar cavilando acerca de la existencia de alguien que no volverá a ver en su vida, pero no puede evitar sentirse un poco intrigado, ya que había algo etéreo acerca de su espíritu.
Además que prefiere eso, a estar pensando en Hikari siendo feliz con Satoshi o en las otras cosas extrañas que le han pasado en las últimas veinticuatro horas. Así que Takeru hace una lista mental de las cosas que pudo notar de la pelinegra:
1. Le gustan las flores de cerezo.
2. Su tono de mensaje —o llamada— era un ballet. Por lo que puede asumir que está interesada en él. Eso puede explicar la forma tan regia y fluida que tiene de manejarse.
3. La bolsa del Museo de Orsay señala que tiene interés en el arte.
4. Llevaba un diario, así que es posible que le guste escribir.
5. Tenía prisa para irse, seguramente a una cita. Takeru considera que su vida amorosa es mucho mejor que la suya. No cree que ella sea alguien que pueda sentirse rechazada por la persona de la que está enamorada o que sufra de un corazón roto. Siente un poco de envidia de que tenga todo bajo control.
6. Mimi Tachikawa aka "La no novia de Yamato Ishida" consideraría el estilo de A.H. como classy.
7….
Takeru bosteza otra vez, dejando el celular y el pañuelo en uno de los buró.
Cierra los ojos, quedándose profundamente dormido y sin listar el número siete.
Los otros seis niños elegidos desaparecieron uno por uno, dejando a Takeru y a Yamato acompañados de los ocho digimon en aquellas ramas de esos gigantes árboles.
El niño de ocho años cuestiona molesto a su hermano sus actitudes sobreprotectoras hacia él, que no hacen más que hacerlo sentir que era una carga tanto para Yamato como para los demás.
De repente, pierde de vista a su hermano y se encuentra en otro lugar; acompañado por Jyou-Senpai a la par que las cosquillas atacan su abdomen. El peliazul se desvanece frente a sus ojos llorosos por tanta risa y es sustituido en el acto por su hermano mayor, quien está aliviado de verlo y lo refleja al abrazarlo con todas sus fuerzas.
Takeru decide continuar con lo interrumpido, la actitud de Yamato lo hace sentir como un inútil, que no sabe cuidarse solo y que lo necesita para todo.
El sonido de una risa y palabras de uno de los Dark Masters resuenan por el bosque.
—Vamos a jugar—. Es lo que anuncia el Digimon en forma de marioneta de madera vieja, con cruz y martillo en la espalda, de peto con balas y pantaloncillos azules así como gorro para dormir del mismo tono rojo que hay en sus ojos.
El pequeño niño no puede recordar exactamente el nombre que el digimon proporcionó en la desastrosa presentación que hizo con los otros miembros de su grupo maligno así que le pregunta nuevamente su nombre.
Su hermano se pone enfrente de él, usando su cuerpo como barrera y advierte al digimon ante ellos que: —Sí te atreves a lastimar a
Takeru, no saldrás vivo de esta.
El digimon lo observa maliciosamente y se empieza a reír con violencia, provocando repelús al niño. A todas luces, el comentario realizado por el rubio mayor ha molestado de sobremanera al malvado digimon frente a ellos.
—Cállate guerito, no eres nadie para darme órdenes—Gruñe después de haberse reído un buen rato, para aventar una bola de estambre rojo que envuelve el cuello de Yamato con fuerza provocando que todo su cuerpo se vuelva azulado.
Takeru mira a su hermano jadeando por aire, poniéndose las manos en el cuello tratando de quitarse el material rojo. El niño trata de acercarse a ayudarlo, pero no puede…
Su cuerpo no reacciona, no puede moverse.
Takeru no puede hacer nada más que sentir sus ojos llenándose de lágrimas y su pecho comprimirse.
La desesperación empieza a adueñarse de su ser y haciendo que todo lo que está a su alrededor se convierta en negro…
Todo hasta que escucha el sonido de kagura suzu que da paso a la hermosa melodía de un piano.
NOTAS FINALES:
Hola, espero que hayan tenido unas felices fiestas y que su inicio de año haya sido maravilloso.
Este capítulo ha tardado más de lo que esperaba en que fuera publicado. El overview y la elección del nombre de este capítulo fue realizado en septiembre (así como gran parte del outline de esta historia, aunque eso es algo en lo que siempre estoy trabajando y revisando) y las piezas que integran "On My Way" se han estado juntando desde noviembre pero a partir del capítulo 9 he adquirido la manía de tomarme mi tiempo en redactar y publicarlos hasta que sienta que le he hecho justicia al diseño que tenían estos capítulos o a las imágenes en mi cabeza; más eso no exime que pueda haber futuras modificaciones por faltas ortográficas o que me haya comido un par de palabras u oraciones completas (como ocurrió en el capítulo 9 en la interacción con Alain).
Tomando en cuenta lo anterior, les quiero informar que a partir de la última semana de diciembre he estado modificando los anteriores nueve capítulos de "El Equilibrio de la Esperanza" por cuestiones ortográficas, redacción y un error persistente del que no me había percatado y que contradecía mi outline (aka la edad de nuestra protagonista femenina cuando tuvo su aventura en el Mundo Digital de Frontier).
De igual forma, les quiero compartir una pequeña anécdota de las muchas que he tenido al escribir este capítulo: Cuando estaba realizando el overview de lo que terminó siendo el capítulo 10 en septiembre, supe que quería un momento a solas entre Takeru y Natsuko así como una cena familiar antes de que éste volará a París. Un corto tiempo después salió una entrevista de la cantante británica Adele publicada en la revista Vogue así como el anuncio de su nuevo álbum "30", cuyo propósito es explicarle a su hijo acerca de su divorcio. A partir de ese entonces, estuve esperando con ansias el lanzamiento de este material discográfico porque sabía que me iba ayudar para inspirarme, pero sobre todo poder entender un poco mejor a Natsuko y efectivamente porque existe "My Little Love". Así que, ¡muchas gracias Adele Adkins! :D
Quiero volver a agradecer mucho a todas las personas que se toman la molestia de leer esta historia. Espero que la estén disfrutando tanto como yo estoy disfrutando de escribirla. Como les había dicho con anterioridad, este es un verdadero reto personal y estoy muy agradecida que me acompañen en esta aventura en la última frontera.
Me disculpo de antemano por los horrores ortográficos y de gramática que pueda contener el capítulo 10.
¡Hasta el próximo capítulo!
