Más tarde en la noche...

Estación de bomberos Nikogumi

Yoshimune luego de acabar con la maldición de su tío Gorozaemon decidió acudir a la estación de bomberos en Kanda ya que había escuchado que Kotaro y sus hombres se involucraron en una pelea con los Caballeros Templarios y el Inazuma Bugeicho intervino a favor de los hikeshi. La pelirrosa ya estaba haciendo acto de presencia cuando Misaki, sirvienta como bombera del escuadrón atendía su entrada.

-Con su permiso.

-Bienvenida, Shin-san

-Gracias, Misaki. ¿Y Kotaro?

-Está arriba con Inazuma-san y los demás.

La joven reina decidió subir al segundo piso donde estaban Kotaro y sus pocos hombres, de hecho, algunos de ellos estaban conversando alegremente con la raijin pero el ambiente se apagó cuando Yoshimune hizo acto de presencia.

-Kotaro...- La chica se acercó hacia el joven capitán quien estaba viendo la televisión junto a uno de sus subalternos.

-Shin-san, llegaste.

-Gracias, Monji... Kotaro, ¿Estás bien?

-Sí- asintió el pelinegro- Siento mucho preocuparte, Shin-san.

-Escuché que Monji se encargó.

-¿Yo?- El joven castaño crespo alzó la ceja y estalló en risas- Jajajajaja... No, ¿Cómo crees, Shin-san?

-¿Entonces quien se encargó de los Caballeros Templarios?

-¿Pues quién va a ser?- El chico señaló a Candy quien estaba hablando con varios de los hikeshi.

Una pequeña molestia invadió a la pelirrosa pero debía asimilarlo, no entendía como alguien como ella congeniaba con cualquiera como si fuera conocida de toda la vida, ella le terminó dañando la vida a Yoneme y en un intento desesperado de querer hablar con Kotaro, la raijin recurrió a ninjas asesinos demostrando que era alguien con quien no se le debía darle condiciones.

Las dos jóvenes se miraron fijamente hasta que la shogun habló a la raijin.

-Felicidades, Candy... Escuché que salvaste la vida a Torazo. Muy buen trabajo.

La rubia no dijo nada mientras que los bomberos con quienes congeniaban en medio de las risas hablaban de la actuación que hizo la raijin contra la pandilla Kunichi.

-Fue divertido, ¿No, Keisuke?

-Sí, Toshizo. Ella hizo algo así- El hikeshi imitó golpear con el puño derecho- Y luego esos sujetos hicieron así...- Se sacudió a lo loco asemejando a la manera en que como recibieron los yakuza el Plasma Relámpago.

-Ok, agradezco que me elogien por la cosa bien bárbara que hice pero...- La raijin estaba con un gesto serio- Pero a pesar de ello, no es cosa de risa. De hecho, si vine mucho antes al lugar fue porque gracias a mis ninjas lo supe desde un principio.

-¿En serio, Candy-ya?- Los hombres quedaron impresionados ante la inteligencia de la raijin.

Nuevamente Yoshimune se sentía muy molesta en el fondo.

-Torazo, ¿Sabes por qué los Caballeros Templarios comenzaron a golpear a tus hombres?

El capitán se quedó mudo.

-No... ¿Por qué lo preguntas, Candy?

-Kotaro...- La mirada de la raijin iba hacia Yoshimune demostrando que siempre iba muchos pasos ante ella- La pelea que tuvieron esta mañana fue una fachada... Okubo y sus hombres planeaban matarte ya que tú y yo descubrimos primero lo de los cuatro incendios provocados- Sonrió victoriosa- ¿No es así, Tokuda-san?

La pelirrosa apretó los puños pero aún así debía mantener la compostura, no ganaba nada con pelearse con la raijin.

Los hombres del Nikogumi se acercaron al capitán Torazo

-Capitán, ¿Es verdad lo que dijo Inazuma-san?

El menor de los Yazawa quedó mudo, mirando a las dos féminas.

-Shin-san, tengo algo que decirte. Ven conmigo.

-De acuerdo- Asintió la pelirrosa y fue hacia donde estaba el pelinegro, iban a ir a la oficina.

-Ustedes quédense aquí.

Ninguno de los hombres no dijo nada mientras que la chica mágica y el joven capitán entraron a la oficina. Candy solamente se fue a ver la tele mientras sus listones comenzaban a moverse lentamente.

(...)

En la oficina...

Kotaro estaba viendo el anochecer desde la ventana mientras Yoshimune estaba a unos once pasos del joven hasta que se acercó para hablarle.

-Shin-san...

-Kotaro, ¿por qué no me dijiste?

-¿A que te refieres?

-No necesitas ocultarlo. Lo de Okubo, lo de los incendios, lo sé todo. Los hikeshi forman parte del shogunato y seguramente piensas que luchar contra ellos es como luchar contra su majestad o contra tu...

-A ella no la menciones...

La pelirrosa quedó en silencio por segundos.

-Kotaro, no sabes cuando lo siento de que estuvieras en esta situación.

-Por favor, Shin-san, no digas eso. No pretendía...

-Torazo...- Cortó- Si solo se trata de quien llega primero, no me entrometeré, pero si es por incendios provocados por bomberos, no puedo dejarlo así, no por algo soy una chica mágica al servicio del gobierno.

El joven miró a la pelirrosa quien le sonreía, era su otra hermanita.

-¿Sabías tanto sobre eso?

-Así es, ¿Qué crees que están buscando esos sujetos? ¿Con que finalidad hacen los incendios?

El muchacho quedó pensativo ante esas interrogantes.

-Ya que lo dices, si me parece curioso el porque hacen los incendios... Pareciera como si alguien estuviera detrás de ellos, ¿Tú que crees, Shin-san?

-Yo tampoco tengo idea pero de lo que si estoy segura es que los hombres de Okubo seguirán intentando dañarte- Le puso una mano al hombro de su hermano de crianza- Entonces, por ahora, asegúrate de no salir solo. No quiero que ninguno de los que quiero salgan lastimados.

El muchacho sonrió en grande mientras entraba en confianza con su pequeña hermana.

-Soy Torazo Yazawa, jefe de Kanda... Estaré bien.

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Al día siguiente...

Taller de carpintería

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Mitsuna estaba en el taller de carpintería, exactamente en la zona donde se dejan los troncos de los árboles que se procesan para los tipos de madera. La joven decidió estar sobria el mayor tiempo posible ya que estaba preocupada por el capitán Torazo y de alguna manera quería contribuir con el caso de los siete incendios ya que al igual que Candy y Yoshimune estaba con la certeza de que Danjo Okubo y los Caballeros Templarios fueron los causantes de los siniestros aunque para eso debía que investigar.

La castaña vio a uno de los trabajadores a lo acudió hacia él, de alguna manera pensaba que tenía información valiosa.

-Buenos días, señor.

-Buenos días, Mitsuna, ¿Qué pasa?- Dijo con molestia el hombre ya que obviamente era Mitsuna, la borracha del barrio.

-Por favor, solo dime una cosa.

-Oye, estoy trabajando. No me molestes, Mitsuna.

-Ya lo sé- rió un poco- Por eso, una cosa. Subirá la madera con tantos incendios, ¿Cierto?

El hombre dio un pesado suspiro, con tal de que después lo dejara trabajar en paz era suficiente.

-Pues sí, pero aquí no han cambiado los precios. Lo extraño es el precio de la cal.

-¿La cal?- La joven quedó boquiabierta como si hubiera dado con una pista.

-Si no lo sabes, se usa como mezcla para el yeso.

La castaña quedó muda por unos segundos.

-¿Y a que se debe eso?

-Pues en estos días, el shogunato ordenó que las casas de todo Edo sean a prueba de fuego. Así serían como una solución ante los incendios.

-Eh, bueno. Gracias.- La joven se fue rápidamente del lugar que el trabajador soltó un suspiro de alivio, la borracha finalmente lo dejó en paz.

-¡Ey! ¿Todo bien por allá? ¡Ey!- Se fue hacia donde estaba una maquina que tomaba los troncos hacía una máquina trituradora.

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En la mansión de Danjo Okubo

Un lujoso como fino auto blanco se estacionó frente a la mansión donde habitaba Okubo y sus Caballeros Templarios, de hecho, la pandilla Kunichi. De la puerta trasera salió un hombre grande como encapuchado, presumiblemente adulto y vestía un traje empresarial de color castaño rojizo. El hombre al salir del vehículo miró por todas partes hasta que decidió caminar hacia la mansión.

(...)

En el despacho de Danjo Okubo

El hombre encapuchado entró a la oficina del Líder de los Caballeros Templarios, donde obviamente estaban su asistente Yamazaki, su jefe de escuadrón Manzo y la comerciante Goshima. Los tres hombres estaban sentados mientras que el encapuchado hizo su acto de presencia. El hombre se quitó la capucha mostrando a un hombre adulto, peinado estilo chonmage o peinado samurai, patillas largas que tiraban a barba y una cara seria.

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Magistrado de construcciones

Shogen Nose

Parecido físico a Zhao de Avatar, la leyenda de Aang

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Era el mismísimo hombre quien hace dos días dio sus puntos para la nueva ley que aprobó la reina Yoshimune sobre las nuevas casas como los materiales a pruebas de incendio... En pocas palabras, el magistrado de construcciones era la mente maestra detrás de los incendios provocados como de la crisis que atravesaban los Nikogumi en Kanda.

El sakuji bugyo clavó una mirada furibunda hacia Okubo el cual quedó con la cabeza gacha ante la verguenza.

-Danjo, fallaste en deshacerte de Torazo, ¿cierto?

El peliplata calló unos segundos.

-Lo siento, señor Nose... No esperabamos que el Inazuma Bugeicho se metería en esto.

-Es una terrible interrupción teniendo en cuenta que Inazuma Candy y sus hombres son el brazo armado del gobierno- Habló la comerciante Goshima quien se beneficiaba de la nueva ley como de la crisis en el Nikogumi.

-Esa niñita tonta que tenemos por shogun no es una idiota cualquiera, es obvio que cuando las cosas le salen mal recurre a esos sucios ronin, pero eso no importa, pronto avisarán del incentivo para construir casas. Hay mucho dinero frente a nosotros. Debemos tener cuidado con lo que hacemos.

-Sí, señor Nose- Asintieron Okubo y Goshima.

-Ah, esto, Señor...- Intervinó el líder de la pandilla Kunichi.

-¿Qué quieres Manzo?

-Ah, señor bugyo...- El lider yakuza se rascaba la cabeza a la par que estaba tímido al hablar con el villano- ¿A qué se refiere con mucho dinero? ¿De qué está hablando?

El magistrado dirigió sus ojos a su mano derecha.

-Danjo...

-Lo siento, señor, es que aún no le conté a Manzo- El líder de los Caballeros Templarios calló unos segundos hasta que reveló su plan- Esta vez el objetivo no es solo eliminar a los Nikogumi del distrito Kanda.

-Ah, ya entiendo.

-En primer lugar, provocaremos incendios en los barrios a cargo de Torazo. Después, el señor Nose aconsejará la construcción de nuevas casas.

-Pues han ocurrido muchos incendios, y la shogun y el bakkaku estarán de acuerdo conmigo.

(Nota de la autora: Bakkaku es el nombre que recibe el gabinete del gobierno del Shogunato)

-Mientras tanto, yo compro toda la cal para hacer el yeso utilizado en construcción- habló la comerciante Goshima.

-Cuando el shogunato sugiera usar yeso en las casas, requerirán mucha cal y el precio subirá- concluyó Nose.

-Ya veo, ¿Entonces de ahí sale todo el dinero?

-Exactamente, Manzo- Respondió Okubo a su subalterno y secuaz.

-Pensé que con la ayuda del señor Okubo y el señor Nose sería muy fácil lograrlo, pero…

-Goshima, ¿hay algún problema?- Cortó el magistrado.

En eso apareció una silueta negra que se reveló como una mujer alta de entre 18 y 20 años, cabello de color rosa recogido en dos trenzas aunque casi no se veía debido a que llevaba un gorro de color azul oscuro. Llevaba una gran túnica negra que solo dejaba ver su pierna izquierda.

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Ninja al servicio de los Caballeros Templarios

Ichizo Komine

Parecido físico a Dorothy de MAR

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-¿Cuál es tu reporte, Ichizo?- Preguntó el magistrado.

La kunoichi al servicio de Okubo se inclinó ante el bugyo de construcciones.

-Señor bugyo, la mesera de la taberna Toyoshima parece haber notado todo el asunto de la cal.

-¿Qué? ¡Esto es ridículo, Ichizo! Se supone que esa tipa es la borracha del barrio- Se quejó Okubo.

-Puede ser... A menos de que esa mesera sea una espía del Inazuma Bugeicho que nos anda pisando los talones- dijo el malvado magistrado

-Nuevamente, supongo que necesitamos ayuda de Yamazaki y Manzo, ¿Verdad, señor Nose?- habló la comerciante Goshima.

-Obvio, no hay otra opción que eliminar a esa espía- El malvado Nose miró fijamente al pelirrosa de gafas verdes y al yakuza pelinegro- Hachiro, Manzo, encárguense de ella y de Torazo, ¿Está bien?

-Sí, señor Nose

-Y de ser posible, pueden tener el derecho de eliminar a Inazuma Candy... Ya ha sido suficiente de ese maldito grupo armado.

Los dos hombres asintieron mientras que el malvado se puso la capucha y retornó a su auto, acompañado obviamente de un mayordomo. Manzo cerró la puerta del despacho mientras Okubo y Goshima estaban un poco tranquilos pero tarde o temprano tenían que eliminar las molestias que les estaban arruinando sus planes de acabar con el Nikogumi y sus propias ambiciones.

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Más tarde, a las afueras de la casa de un tal Ginza

Yoshimune estaba afuera de una pequeña casa del barrio Shirakabe cuando la recibió un peculiar hombre barbudo pelinegro, la pelirrosa no se sentía intimidada por la apariencia del hombre. Ese hombre era Ginza, aquel hombre quien le dio la solución y método de atrapar un duende irlandés, pues resultaba y pasaba que su tío Gorozaemon Kano fue maldecido por una gitana húngara, eso debido a un reclamo sobre las compras en el supermercado.

La pelirrosa le contó la resolución sobre el enfrentamiento del duende y la gitana hasta que terminó no en la situación que uno se pensaba pero...

-¿Me estás diciendo que el duende y la gitana terminaron besándose?

-Sí, tal como lo oyes. Pero, ¿En sí la maldición hacia mi tío se ha acabado?

El hombre se puso manos al mentón.

-Hmp... ¡Ya recuerdo! Si el duende y la gitana iniciaron una relación amorosa, la maldición se acaba siempre y cuando que el afectado haga algo por ellos, como una forma de pedir perdón a la gitana... Dime, en la conversación que tuvimos el otro día dijiste que tu tío era casamentero, ¿No?

-Claro. Ya que lo dices como que será lo mejor para que acabe con la maldición- Sonrió la pelirrosa- Muchas gracias, Ginza, eres el mejor.

-Oh vamos, Shin-san, no me lo agradezcas. Como siempre, para eso están los amigos.

-Bueno, ya tengo que irme a casa. Muchas gracias, nos vemos pronto, Ginza.

-Igualmente, Shin-san.

La pelirrosa se despidió del hombre y se fue a dar un paseo por el barrio pues era una persona que aunque procuraba lo mejor para su pueblo, era alguien inquieta que gustaba hacer algo que le gustase pues no le agradaba quedarse ahí sin hacer nada.

(...)

Yoshimune caminaba y vigilaba feliz de la vida cuando se topó con una tiendita de barrio y en ella estaba una maquina de arcade, de hecho, era la misma tiendita de barrio al inicio de este caso. La pelirrosa decidió echarle una moneda y comenzar a jugar, moviendo la palanca con la mano diestra y pulsando los botones con la zurda.

En eso, su gata Osono saltó encima del aparato mientras su ama estaba con la vista directa a la pantalla sin dejar su acción.

-Su majestad, ¿Sabía que Mitsuna investigó todo sobre los incendios?

-¿En serio?

-Sí. Bebe menos y se la pasa preguntando por todos lados.

-Ya veo. Así que ella...- En eso Yoshimune paró su acción mientras le llegaba a su mente la conversación que tuvo con la joven castaña en el pequeño bar.

"Nadie se tomaría en serio a una borracha como yo pero el Capitán Torazo siempre me ha tratado igual y me pide que salgamos como antes."

-Ya veo, puede que lo suyo con Kotaro nunca se había concretado por culpa de mamá y sus acciones pero a pesar de ello él no dejó de darle la mano como un simple amigo. Por eso aprecia tanto su compasión.

En eso apareció Sukehachi en su forma gatuna, estaba en el tejado de la tienda hasta que dio un salto, exactamente cerca de la joven reina que dirigió su mirada hacia él

-Sukehachi, ¿Averiguaste algo?

-Mi señora, ya averigüé todo- El gato calló unos segundos- Es lo que tal vez como usted lo formuló, hay una mente malvada tras los incendios provocados, de hecho, la ley reciente que emitió es un propósito oscuro.

-¿Qué?- La shogun quedó impresionada- ¿Quienes están involucrados con Okubo y Yamazaki?

-Los Caballeros Templarios en sí, son una banda yakuza liderada por Manzo Kunichi, su socio comercial es la comerciante de construcción y materiales Kinko Goshima y el hombre que lo planeó todo es nada más ni menos que el magistrado de construcción, Shogen Nose. Todos ellos están juntos en todo esto.

La reina quedó helada.

-¡¿Cómo?! ¡¿El señor Nose?!

-Sí- Asintió el felino blanco- Okubo y sus hombres incendiaron la zona de Kanda, con tal de hacer quedar a Torazo y sus hombres. Nose sugirió las nuevas construcciones con yeso mientras tanto, Goshima compró cal para el yeso y planea enriquecerse con ella y al parecer Mitsuna se percató de eso.

-Y si ella sabe de eso, se quiere decir que... ¡Oh, no! ¡Mitsuna está en peligro!

La joven reina dejó la maquinita de arcade y se dispuso a ir con sus gatitos, eran eso entre las seis y siete de la noche cuando se dispuso a ir por todo el barrio Shirakabe para dar con la joven Mitsuna y salvarla de un terrible final.

Pero ignoraba algo y es que una sombra de ojos azules y grandes cuernos estaba escuchando aquello y desapareció...

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En un callejón solitario del barrio Shirakabe

Exactamente a primeras horas de la noche.

Eran los inicios de las siete de la noche cuando Mitsuna salía del bar Toyoshima hasta rumbo desconocido, era habitual que tomaba en medio del trabajo hasta terminar en un alto estado etílico. La castaña caminaba vacilante con un jarrón de sake en una mano hasta quien sabe donde cuando de pronto un grupo de sombras la rodearon.

La joven se asustó al ver a tantos encapuchados, en especial a uno que usaba lentes de color verde.

-¿Qué hacen? ¿Quienes son?- Preguntó con miedo la borracha del barrio mientras que los encapuchados dieron unos pasos.

Una cosa estaba clara, querían matarla.

Uno de los hombres, exactamente Manzo, sacó un cuchillo y se lanzó directo hacia la castaña la cual esquivó rápidamente su ataque.

-¡Ah! ¡Déjenme!- Reclamó la joven pero en vano ya que nuevamente otro matón con cuchillo se lanzó pero lo esquivó, la joven castaña empujó a otro matón con tal de huir.

La joven corrió hacia un recinto oscuro mientras era seguida por los demás hombres. Manzo y sus esbirros se adentraron en el pequeño recinto con tal de matar.

(...)

En el recinto...

Yamazaki, Manzo, y otros cinco hombres entraron al recinto donde se ocultaba la joven. De repente dos linternas eléctricas se prendieron al instante dando con una joven rubia sentada en forma de loto hasta que ésta se puso de pie dando con su vestimenta que era una chamarra deportiva ancha de color negro y medias largas hasta el muslo y una bandana roja sobre su frente.

-¡Tú!

-Hachiro Yamazaki... Manzo Kunichi... Diles eso de mi parte hacia Shogen Nose y es lo siguiente...- La rubia sacó una katana ninja y cortó las lámparas eléctricas haciendo que nuevamente el lugar quedara a oscuras

-¡¿Qué demonios hiciste?!

Una voz solamente hizo acto de presencia.

-Soy Inazuma Candy, el León Dorado de Edo... La oscuridad es mi amiga ya que gracias a ella puedo saber quien de ustedes es mi presa y así matarla... Si tienen el suficiente valor para matar a una pobre mujer ebria, entonces póngalo a prueba para buscarme y enfrentarme... Les diré donde está la mujer si me derrotan.

-¡Maldita desgraciada!

Yamazaki y Manzo sus cinco hombres se adentraron más en el recinto que al parecer era como una casa o tienda abandonada, usando sus linternas o celulares para iluminarse un poco mejor. Los matones se detuvieron en un cuarto donde estaba Candy de pie, esperándolos para la batalla.

Yamazaki y Manzo como todo buen jefe estaban detrás de sus hombres mientras que éstos desempeñaban el trabajo sucio. Los cinco hombres rodearon a Candy quien guardó su espada ninja y sacó una de sus armas más poderosas,l de hecho, es el arma más poderosa que usan las Okasan.

-¡INAZUMA CHANKURA FLASH! ¡CHEST!

-¡Dejáte de bromas, maldita raijin!

Un hombre a la derecha y otro a la izquierda salieron primero al ataque, Candy bloqueó sus armas blancas con la chancka pero no conforme con eso hizo bajar los aceros y sus usuarios haciéndolos quedar hincados de una rodilla. Un tercer matón intentó atacar desde el flanco derecho con intención de matarla por la espalda pero la raijin le dió un puñetazo de karate al codo haciéndolo rodar por el suelo tatami.

Candy liberó a los dos asesinos que sometía, éstos cayeron al suelo debido a la extraordinaria fuerza de la rubia. Un cuarto matón se lanzó directo a matar al León Dorado pero ésta le tomó del cuello con su mano izquierda y le empezó a darle un golpe de chankura a la cara. El quinto matón intervino pero recibió un chankura en el pecho haciéndolo retroceder un poco.

La raijin aún sostenía al cuarto y lo tumbó al suelo, Yamazaki se lanzó al ataque pero recibió un golpe de chankura en la cara que lo tumbó al suelo. Manzo y los otros cinco matones estaban temerosos pero no querían para nada perder ante la rubia. Entre ellos se empezaban a empujar hasta que finalmente el infortunado que salió al panteón fue Manzo.

El pobre hombre escupió su cuchillo y salió al ataque pero la raijin lo agarró del brazo y lo tumbó al suelo manteniendo el brazo derecho de Manzo al tiempo que pisaba sobre la cabeza mientras que con su diestra hacía una lluvia de golpes hacia dos tres sujetos que la iban a atacar hasta que fueron derribados.

Yamazaki y los demás seis matones estaban aterrados al ver como la chica rubia denominada como el Demonio Dorado de Edo torturaba a gusto pisoteandole la cabeza a Manzo el cual daba alaridos del dolor como si la rubia le pretendía quitarle el brazo pero no conforme con eso optó por sujetarle los dos brazos ante el horror de Yamazaki y demás matones.

-¡¿Q-Qué?! ¡¿Q-Qué demonios haces?!

"No puedo creerlo... Esa chica definitivamente es un demonio como siempre se dice y se mencionan en las calles... Sin duda alguna es un ser aterrador", pensaba Yamazaki el cual estaba muriéndose de miedo.

La raijin sujetaba los dos brazos de Manzo mientras ponía su pie derecho sobre la espalda del desgraciado yakuza. La chica dibujó una sonrisa de lado como si disfrutara darle el final apropiado para el yakuza.

-Oye, Manzo-chan... Pareces estar orgulloso de tus brazos, ¿Verdad, amigo?- Apretaba más su pie contra la espalda, el pobre yakuza estaba inyectado de miedo al sentir como sonaban los ligamientos de su hombros como si se rompían lentamente- Debes estarlo sin lugar a dudas, Kunichi-san.

-¡No! ¡No lo hagas! ¡Me duele!- Imploró el hombre mientras miraba con terror a su torturadora.

La rubia solamente mantenía esa sonrisa mientras sus ojos azules brillaban intensamente... Era la mirada de un autentico demonio que no dudaba ni por un segundo en hacer pagar a su victima sus crimenes.

-¡¿Q-Qué estás haciendo?!- Lloriqueaba Manzo mientras la raijin apretaba más su pie sobre la espalda y estiraba más los brazos de su víctima- ¡YAMAZAKI! ¡YAMAZAKI! ¡AYÚDAME! ¡YAMAZAKI!

El mencionado decidió escapar del lugar, era más mejor poner en la linea de fuego a los peones que a él mismo. Los cinco ladrones estaban indignados ante la acción cobarde de su líder pero aterrados en buena medida ya que mientras el hombre de lentes verdes hacía su huida no tan chad, la rubia eléctrica forzaba más su pie y sujetaba más fuerte los brazos de su oponente hasta que finalmente...

-¡AAAAAHHHHHGGGGGHHHHH!- Finalmente la raijin logró su cometido mientras que los delincuentes estaban en shock.

Manzo quedó tendido en el suelo llorando ante el desgarrador dolor de terminar con ambos brazos rotos mientras Candy estaba de pie, manteniendo esa sonrisa perversa mientras desenfundaba su espada ninja mientras los cinco sujetos la rodeaban, dos detrás suyo y los otros tres delante.

-Por lo visto ya solamente quedan ustedes...

Los matones no tenían más que otra que enfrentarse al mayor miedo que experimentaban en sus vidas.

Uno de los dos matones a espaldas de la raijin, atacó desde el flanco izquierdo pero la raijin lo despachó de un katanazo al cuerpo. Otros tres la rodearon a lo que intercambió sablazos hasta agarró y sujetó del brazo derecho a uno que intentó apuñalarla con un cuchillo desde el flanco derecho.

Dio unos cinco o pies pasos a la derecha sosteniendo el brazo de su oponente hasta que lo soltó y le propinó una zancadilla, uno de los matones saltó recibió un certero katanazo al cuerpo que lo hizo dejar de rodillas en sus últimos lapsos de vida, dandose como el segundo muerto de la noche.

Candy con su katana ninja en mano caminaba tranquilamente mientras que el trío restante estaba presa del miedo pero nunca aceptarían que una sucia huérfana de mierda los hiciera puré. La rubia de manera lenta apuntó su katana hacia los matones, volteó el filo dando a entender que emplearía el dorso del arma blanca. Los tres sujetos se lanzaron alrededor de ella intercambiando sablazos hasta que la chica golpeó en el estomago a uno que intentó darle por la espalda.

El golpe fue tan duro y certero en el vientre del matón que lo hizo caer con una pirueta, cuando el hombre se ponía de pie fue recibido por una certera patada que lo mandó junto a sus compañeros a volar hacia el patio y destrozando la puerta corrediza en la acción.

La rubia estaba en el balcón mientras que los tres ladrones estaban ya temblando, conscientes de que su fin llegaría en cualquier momento. Detrás de la raijin, uno de los dos hombres que acuchilló hace unos momentos estaba de pie mientras se sostenía la herida que mojaba de rojo buena parte de su ropa oscura.

Uno de los tres sujetos fue hacia al balcón para darle pelea y muerte fácil pero se fue detenido del brazo derecho y tumbado al patio, Candy sin dudarlo se volteó rápidamente para encestarle un katanazo al cuerpo del pobre matón dandolo absolutamente como su segunda victima de la noche.

La rubia chocó un golpe de sable, saltó hasta quedar entre los tres matones intercambiando rápidos choques de acero con los tres matones hasta que finalmente los eliminó de esa manera: El antepenúltimo con un katanazo al cuerpo, el penúltimo con un corte izquierda-derecha correspondiendo al vientre y el último intentaba escapar pero fue golpeado en tres veces sobre la espalda.

La raijin sacudió la espada y la guardó en su vaina, no pasaron muchos segundos cuando se fue a paso tranquilo y desapareciendo en la oscuridad de la calle solitaria.

(...)

Yoshimune y sus gatos mágicos llegaron a un callejón oscuro donde dieron con Mitsuna la cual estaba tirada en el suelo y sin conocimiento. La pelirrosa rápidamente fue hacia la castaña la cual para su fortuna no estaba herida.

-¡Mitsuna! ¿Estás bien? ¡Mitsuna!- Movía desesperadamente a la castaña con tal de hacerla reaccionar.

La mencionada abrió los ojos lentamente.

-Capitán... Torazo...

-No, soy yo.

Una sonrisa se dibujó en la joven desmayada.

-Tokuda-san... Todo esto... Los incendios... La cal...- Nuevamente cerró los ojos quedando inconsciente.

-¡Mitsuna!

La pelirrosa soltó una bocanada de aire al ver que la joven borracha estaba con vida aunque por el momento debía reposar. En cuestión de nada la llevó entre sus brazos mientras que Sukehachi y Osono como los buenos gatos que eran la siguieron fielmente hasta la estación de bomberos, ya que después de todo, Mitsuna trataba de contribuir por el bien de Kotaro.