Inmediatamente se apareció dentro de su casa. La situación era inusualmente tranquila para lo que Kingsley le había descrito en su mensaje patronus. Rápidamente se asomó a una de las ventanas y comprobó que el ambiente era normal. Silencio y sonido de muggles correteando por las calles.

La casa de los Bones al igual que la mayoría de las familias de sangre pura se hallaba escondida en zonas poco pobladas muggles y oculta por muchos encantamientos. Eso la tranquilizaba en cierto modo aunque sospechaba que no era todo tan idílico. Quiso asomarse a ver si su sobrina estaba bien pero todo ocurrió demasiado rápido.

Un ladrido la sacó de su propia mente y pudo esquivar una maldición que chocó con un mueble haciéndolo pedazos. El silencio se debía a que en efecto los inferí eran solo carne de cañón, alguien había entrado en su casa. La tranquilizó un poco saber que al menos su sobrina tenía a alguien más para protegerla. Su nueva "mascota" la protegería.

—¡Ese perro se merece una castración! ¿Dónde estás Sirius? —la voz desquiciada de Bella resonó por la sala de estar. Amelia miró a todos lados con miedo, no podía verla solo oírla, incluso su olor pasaba desapercibido. Era inquietante. Cada pocos minutos, una nueva maldición se elevaba y golpeaba algún mueble.

Lo único que se escuchaban eran carcajadas y jadeos que iban nublando poco a poco la cordura de la ministra de magia. Intentó hacerla entrar en una confrontación directa.

—Cobarde. Tienes que esconderte detrás de encantamientos desilusionadores. Enfréntame como Merlín manda—dijo intentando meterse dentro de su cerebro—Tanto esfuerzo creando inferí para luego venir tú sola. ¡Te creía más lista Bella! ¿Pensabas que lo del puente haría tambalearse el gobierno muggle?

Otra carcajada más fuerte resonó en el cuarto—¡Estúpida! ¡Estúpida! ¡La pequeña Amy tiene miedo! Yo nunca estoy sola…mi maestro se está encargando de diezmar tus estúpidas protecciones y de los tontos que protegen estas sagradas paredes.

Amelia esquivó otra maldición y preguntó—¿Cómo es posible que él no las haya atravesado como tú? —le resultaba extraño que alguien como Voldemort se viese limitado por esas defensas mágicos y que Bellatrix las ignorase fácilmente.

Tras breves intercambios de maldiciones, la mortífaga dijo—Aunque halláis sido traidores a la sangre por décadas…las protecciones reconocen la sangre pura y no atacan de igual forma. Mi maestro por desgracia…tuvo problemas.

—¿Un sangre sucia? —dijo riéndose la mujer ganándose un gran corte en la pierna que dejó ver parte de sus bragas. Maleficios cortantes comenzaron a volar con precisión quirúrgica. Cortes pequeños por brazos y piernas, incluso habían golpeado parte de su espalda dejando trozos de cabello por el suelo. La sangre salía levemente manchando sus túnicas de gala.

Amelia decidió que lo más sabio era retroceder y ponerse a salvo cuanto antes. Invocó un pequeño anillo de llamas que golpeó todas las paredes, un gemido de dolor le hizo saber que había golpeado carne humana. Corrió por la casa en busca de su sobrina. Rápidamente corrió hacia el cuarto de su sobrina y se encontró con un gran perro negro en la puerta protegiendo a la chica.

—No tengo tiempo para tonterías…abre la puerta estúpido perro—dijo hastiada de la actitud molesta y nada cooperativa de Sirius en su forma habitual.

El can la miró brevemente y ladró fuertemente en advertencia de lo que estaba ocurriendo detrás suya. Sirius se retiró corriendo de la puerta dejándola entrar. Por suerte al entrar vio que Susan se encontraba tirada en su cama jugueteando con su varita. Al verla se relajó completamente. La chica simplemente dijo.

—¡Tía! Pensaba que vendrías más tarde…estaba acariciando a Sirius—dijo intentando decirle lo que había estado haciendo. Realmente el hombre que ahora estaba transmutado en perro le había estado enseñando conjuros oscuros de los que a veces dudaba. Incluso había llegado a dominar ciertos conjuros que no sabía que hacían. El mismo Sirius había olvidado su función original durante su tiempo en Azkaban.

Amelia la miró y le dijo—Prepárate. Tenemos invitados…—era una forma demasiado fácil de describir el problema que tenían—Lanza fuego por la ventana—en advertencia de lo que se vendría.

—Eso quemará la casa—dijo la chica razonando. Luego cayó y dijo—Muertos vivientes…en la casa…Tenemos que huir…

Sabía que su sobrina tenía razón pero quería pelear. Estaba cansada de huir por cualquier cosa y dejar que Bellatrix la asustase en cada enfrentamiento. Llevaban ya varias peleas y en todas ellas, la bruja oscura la había humillado. No quería que siguiese igual. Estaba dispuesta a darle pelea a Voldemort si fuese necesario. Sirius se transformó de nuevo en humano y alzó su varita sabiendo de que se trataba.

—Yo iré a por mi prima. Vosotras escapad—indicó, pero fue respondido rápidamente—No. La niña tendrá que dejar a su nuevo novio si se entera de que por nuestra culpa tú has muerto…Nos vamos los tres… ¿Alguna vía de escape?

Susan dijo—La red flu está en el salón.

Sirius añadió—Habrán puesto protecciones contra aparición y otros métodos como el flu. ¿Qué tal escobas?

Amelia masculló rápidamente—Demasiado expuestos a un maleficio. Además la niña necesita clases de vuelo—sabiendo que Susan no era demasiado buena en la escoba.

Por desgracia no duró mucho la charla…el sonido de unos tacones se escuchó por la escalera. Al parecer la mortífaga se había tomado su tiempo en revisar las habitaciones de la planta baja y ahora subía preparada para un enfrentamiento. Susan alertó a los adultos diciendo.

—Es invisible—asustada por esa nueva capacidad mágica. Sin embargo el sonido si se escuchaba y permitía apuntar correctamente. No era como la capa de Harry que tampoco dejaba pasar los sonidos. Abrió la puerta de su cuarto y rápidamente Amelia lanzó un encantamiento que prendió una gran luz dejando ciegos a todos por breves momentos.

—Vamos—los tres corrieron cuanto pudieron mientras recibían hechizos y contestaban con más fuego. En la planta baja ya se encontraban varios aurores heridos y miembros de la orden defendiendo la casa del asalto frontal de los inferí y Voldemort. Pocos se percataron de Sirius y siguieron contestando al ataque de los enemigos.

Kingsley decidió llamar a todos los que quedaban a la batalla y dijo—¡Fuego! Lanzad fuego.

Susan habló diciendo—Destruirá la casa. No podéis hacer eso…

—Mejor la casa que nosotros niña—contestó Ojoloco sangrando levemente por la cara. Todos los que estaban en condiciones lanzaron encantamiento de fuego que poco a poco consiguieron destruir a todos los muertos vivientes que entraban al jardín. Por desgracia, Voldemort avanzaba lentamente protegiéndose del calor con un escudo azul sin siquiera sentirse amenazado.

Kingsley habló diciendo—Marchémonos de aquí…está pelea está perdida—al ver cómo Voldemort lanzaba maldiciones asesinas a todos los presentes que por poco lo esquivaban. Los aurores fueron retirándose por red flu dejando a pocos presentes allí. Tan solo algunas construcciones mágicas retenían las puertas e impedían que Voldemort llegase ante ellos.

El ojo de Moody se movió levemente y esté maldijo al aire. Todos los miraron extrañados solo para ver un grito femenino y ver que el encantamiento desilusionador se había roto. Ahora la apariencia de Bellatrix había dejado a todos anonadados. Sirius sonrió descaradamente diciendo.

—Te veo más guapa prima—jactándose de que la mujer parecía haber perdido cabello y tenía marcas sangrantes en su piel. Parecía haber sido castigada duramente. Ambos comenzaron un duelo rápidamente hasta que vieron que el Señor Tenebroso comenzaba a entrar en el salón.

Cada uno fue entrando en la chimenea y marchándose por red flu. Ahora que Voldemort estaba dentro toda protección en la casa había caído y las barreras se habían esfumado. Podían marcharse. Poco a poco todos se fueron hasta que Sirius tuvo que retroceder y marcharse junto a Susan y Amelia por la chimenea. Mientras desaparecían en un humo verde escucharon el conjuro asesino. Tras llegar a la casa de la familia Black, Susan preguntó—¿Quién ha muerto? —miró a su tía y a Sirius para comprobar que estuviesen sanos.

—Emmeline Vance—dijo Sirius mientras miraba al suelo.

Amelia respondió—Era una buena mujer…pero no ha sido la única muerte. También muchos aurores.

Susan suspiró y abrazó a su tía en una muestra de amor inusitada. Sirius simplemente dijo—Creo que te vendrá bien ir a ver a Harry y pasar unos días con él en lo que Amelia se encarga de sus cosas.

Abrió los ojos como si se le hubiese otorgado un premio pero luego al ver la sonrisa ya conocida en el rostro del animado, insinuó—¿Seguro que no quieres difamar el cuarto de tus padres? —reconociendo la decoración y los escudos familiares que había por todo el lugar

El hombre se sonrojó y dijo—Te llevaré allí—La agarró y desapareció rápidamente dejándola frente a la casa de los Dursley. La chica miró aquellas urbanizaciones muggles monótonas y dijo—No puedo hacer magia. ¿Si pasa algo? —habiéndose dado cuenta de que no era seguro ni la casa de la ministra de magia.

—Avisa por patronus o pelea—sonriendo dijo—Eres la "hija" de la ministra, nadie va a expulsarte de Hogwarts por eso. Cuida de Harry—mientras se marchaba en un simple sonido que nadie escuchó. La urbanización estaba a oscuras a pesar de ser cerca de las diez de la noche. Con algo de aprensión fue a llamar a la puerta.