Las luces de las farolas hacían que las calles de Privet Drive estuviesen más iluminadas de lo normal. La temperatura hacía que no hubiese mucha nube cubriendo el cielo y eso conllevaba que algunas personas estuviesen en la calle disfrutando en familia.
Por suerte, la ropa que llevaba Susan era medianamente muggle. No usaba túnicas fuera de los ámbitos mágicos así que podía mezclarse bien. Visiblemente atemorizada por ver a Harry se paró frente a la puerta de los Dursley y respiró hondo. Durante las semanas de verano había ido varias veces al vecindario pero siempre fue recibida por comentarios soeces e incluso muchas veces tuvo que ser defendida por Harry.
Eso la hacía sospechar de que quisa no había sido una buena idea venir sola, sin saber si Harry estaría aquí a esta hora. Pero tras el ataque a su casa, ahora temía cualquier cosa. Su tía y Sirius le habían recordado que la casa estaba protegida frente a mortífagos pero no estaba segura del todo.
Llamó a la puerta y esperó. Su actitud natural la hizo encogerse a la espera. Eso tuvo el efecto de acrecentar su busto y parecía que podría incluso romper el grueso jersey azul que llevaba puesto. Esperó pero curiosamente nadie respondía. La casa estaba iluminada pero nadie le abría la puerta. Llamó varias veces a la puerta y nadie le abría, tan solo escuchaba pasos alejarse y voces en el interior quejándose. Estaba furiosa por este trato, ni siquiera le abrían la puerta.
Sin saber que hacer se fijó en las luces de la segunda planta. Harry no estaba, lo sabía por cómo la luz de su cuarto estaba apagada. Sin saber qué hacer, decidió vagabundear por el vecindario en busca de algún miembro de la orden. Gracias a Sirius, sabía que siempre había magos camuflados defendiendo al elegido.
Recorrió las calles esperando que alguien la reconociese o le informase del paradero de Harry. Por suerte no tardó mucho en encontrar al elegido. Sentado dentro de un bar, leyendo el Profeta sin ningún intento de ocultar su mundo frente a los numerosos muggle. La camarera miraba al chico mordiéndose un labio, al parecer le resultaba atractivo. Eso irritó visiblemente a Susan que no supo qué hacer. Entró y se situó a espaldas del mago escuchando la conversación y esperando su momento de intervenir.
—¿Harry Potter? ¿Quién es Harry Potter? —preguntó la camarera mientras observaba el periódico que Harry dobló cuidadosamente.
—Un imbécil, en realidad—sonriendo descaradamente mientras guardaba el papel en un bolsillo.
Susan intervino diciendo—Pensé que Harry Potter era una gran persona…—sonriendo descaradamente al ver como el mago se daba la vuelta lentamente y luego se relajaba al verla. Sonriendo dijo en voz alta—Vamos Harry…tenemos que encontrar a alguien.
La camarera miró a la muchacha con desdén pero un comentario la sacó de su papel—Necesitamos encontrar a mí tía…se pondrá furiosa si se entera de que he estado con mi novio a solas—riéndose mientras arrastraba al mago y notaba la mirada ardiente de aquella mujer en su nuca. Le recordó tanto a las miradas odiosas de Ginny Weasley que le resultaba sumamente embriagador.
Ambos salieron del lugar y tras andar calles abajo, el mago la detuvo y le dijo—¿Qué haces aquí? ¿Sola? ¡Estás loca, tan solo la casa de los Dursley está protegida! Los mortífagos vigilan este lugar todos los días.
Remató diciendo—Apenas quedan mortífagos. El Ministerio se está poniendo las pilas desde que mi tía manda…Además fue Sirius el que me trajo aquí a verte y a informarte.
—¿Informarme?
Susan se estremeció mientras decía—El mismo Voldemort atacó mi casa hace unas horas. Ha quedado reducida a cenizas…nos hemos trasladado a la casa de Sirius.
—¿Tú tía ha…ha…?
—No. Emmeline Vance y algunos aurores que protegían los exteriores—dijo lentamente—Sirius me dijo que te visitase y me quedase unos días—acotando el mensaje. Harry se rascó la cabeza mientras murmuraba—Dudó que los Dursley te dejen estar más de dos días en su casa sin crucificarte boca abajo en el jardín.
—Podemos probar…mí tía es la ministra y tú padrino un criminal fugado de prisión. ¿Será suficiente para distraerlos?
Sonriendo avanzó hacia la casa de los Dursley conversando sobre el mundo mágico y la situación actual que no era tan buena. A diferencia de él, la bruja estaba mucho más informada del mundo mágico. Ahora mismo la guerra estaba casi ganada pero Voldemort había duplicado sus esfuerzos en generar terror. Las tiendas del callejón Diagon eran asaltadas todos los días, había asesinatos y desapariciones pero por lo demás el mundo mágico estaba tranquilo. Amelia se estaba encargando de limpiar el Ministerio algo que no era sencillo y de indultar a antiguos presos.
Además la riqueza de los sangre pura comenzaba a escasear y eso era un punto a favor del Ministerio. Con poco capital, pronto muchos aristócratas comenzarían a rendirse rápidamente para conservar sus patrimonios.
Mientras caminaban por el camino encontraron algo que los impactó visiblemente. Varias casas estaban ardiendo con la señal de la marca tenebrosa sobre ellas. La casa de los tíos de Harry era inmune a las llamas y a cualquier maleficio. Curiosamente rebotaba en las paredes debido a las protecciones mágicas de Dumbledore. Susan observó aquello y preguntó histérica.
—¿Quién nos ataca? ¡Ni siquiera aquí es seguro! —la chica comenzaba a hiperventilar presa del pánico pero el mago la tranquilizó diciéndole—La casa de los Dursley…si llegamos allí estamos a salvo. Usa la magia si te ves en peligro.
Eran apenas unos metros pero la vista lo estaba llenando de terror. Las casas de muchos muggles ardían y las llamas no se apagaban con nada. Evaporaban el agua y se resistían a cualquier método. Además comenzaban a danzar como si tuviesen conciencia propia, incluso las partes metálicas estaban siendo destruidas. Se escuchaban sollozos desde dentro pero poco importaba. Mientras corrían vieron a dos mujeres enmascaradas en un callejón. Una de ellas parecía avivar el fuego mientras la otra torturaba a una chica que se resistía en el suelo.
Susan la miró brevemente y dijo—¿Daphne? —Harry fijo su mirada brevemente y se dio cuenta que su compañera de Slytherin estaba siendo torturada en su barrio, algo que le heló la sangre—Tenemos que ayudarla.
Harry miró a los ojos de ambas mujeres enmascaradas y dijo—Parad. Estáis matando muggles porque sí…Ellos no tienen la culpa ni ella—miró a la rubia que gritaba de dolor en el suelo y que se autoinfligía heridas.
Los ojos de una mujer se abrieron—¿Cuánto oro nos daría la ministra si le entregamos a su sobrinita?
—El Señor Tenebroso nos dará más si le damos a Potter—gruñó la otra mientras dejaba caer el Crucio y comenzaban a lanzar hechizos a los dos adolescentes. Harry y Susan se parapetaron detrás de algunos escombros pero curiosamente, el fuego comenzó a apagarse. En cambio, un remolino de humo y ceniza se dirigió hacia ellos y empezaba a asfixiarlos.
—Ventus—pronunció Harry haciendo que eso se alejase de ellos. Eso alertaría al ministerio del ataque, al menos. Susan miró aquello medio temblando aun y dijo—No se nos permite hacer magia fuera de la escuela.
—¿Ni para ayudar a una amiga? —refiriéndose a Daphne—No creo que a tu tía le importe demasiado. Reducto—dando un golpe contundente que provocó un estallido en una pared. La metralla se clavó en los muslos de una de sus atacantes que directamente avivó el fuego dejando que sembrase el caos. Ahora en vez de danzar, las llamas comenzaron a engullir todo lo que había cerca. Una intentó agarrar a la muchacha rubia pero Susan fue más rápida al apuntar y dirigir un maleficio que le cortó el muslo a una atacante.
Con un chasquido ambas mujeres desaparecieron dejando a los tres rodeados de llamas y humo que no podían ser apagadas por el agua o el viento. Harry observó anonadado como el fuego comenzó a engullirlos poco a poco sin detenerse. La pelirroja observó aquello y dijo.
—Incendio—sabía que la única forma era intentar combatir el fuego con fuego debido a que era algo mágico pero nada servía. Aquellas llamas eran magia oscura y no podían ser vencidas fácilmente. Harry preguntó—¿Alguna solución? ¿Tienes testamento?
Susan extrañamente le dijo—Agarrate a mi brazo—mientras ella sujetaba a Daphne e intentaba desaparecer. Harry experimentó una sensación rara pero pronto se vio en el mismo lugar y comprobó que la pelirroja tenía una herida en el hombro que podía seccionarle el brazo. Al ver esto, la aferró con fuerza hasta que escuchó la voz profunda de Dumbledore irritado.
Las llamas que hasta hace momentos podían matarlos se abrieron en dos haciendo un pasaje por el que el anciano pasó sin complicaciones. Vio la herida y sacando su varita la curó delante de los ojos de Harry. Nunca había visto que heridas tan grandes se pudieran curar con hechizos pero el director parecía confiado y dijo—Habrá que llevarlas a la casa de los Weasley—las agarró y pronto se vieron teletransportados a la Madriguera.
Harry dijo—¿Las llamas?
—Fuego maligno. Difícil de controlar y no se apaga con los medios tradicionales. He de decir que…fue algo extraño que fuese controlado tan bien durante unos minutos. Alguien experimentado.
—¿Daphne? —mirando a la chica rubia que sufría espasmos en el suelo.
Dumbledore se alisó la barba y dijo—Supongo que tuvo un altercado con alguien inadecuado. La Señorita Greengrass es impetuosa y arrogante, dos características que no son del agrado de Tom—matizó—Su exposición al Cruciatus fue leve…pronto estará bien. Y la Señorita Bones sufrió una despartición. Nada grave. Esperaremos a que Molly las auxilie y después Harry me acompañaras a visitar a un amigo.
Levantó la varita y ambas chicas levitaron a pocos pies del suelo y conforme ambos andaban, ellas los seguían de cerca. Harry se fijó en que el director caminaba rápidamente como si no estuviese seguro en los terrenos de la Madriguera. Una vez pasaron la vaya, notaron una cortina mágica envolviéndolos. Las protecciones estaban activas.
Atravesaron los terrenos en los que los Weasley criaban animales y notaron que la plaga de duende seguía igual de severa que otros años. Lo único que había cambiado era la sensación de hogar que Harry solía sentir allí. Sin Percy, ni los gemelos el lugar estaba mucho más vacío que de costumbre y eso parecía helar la sangre de todos los presentes.
Entraron en la puerta e irónicamente se fijó en cómo el reloj de pared que la Señora Weasley tenía marcaba peligro mortal no solo en Charlie sino también en Bill. El resto se encontraba en posición normal. Esperó mientras observaba que todo en la casa seguía siendo mágico salvo que ahora había menos luz en el interior.
Dumbledore acomodó a las dos muchachas que empezaban a estar conscientes en el sofá y mientras tanto un movimiento de su varita le hizo sonreír. Se dio la vuelta antes de tiempo para ver a Molly Weasley bajar la escalera corriendo y abrazar a Harry. Estrujando su cabeza en sus enormes mamas. Harry recordó momentos pasados pero logró controlar su erección. Parecía que la Señora Weasley había olvidado ese momento.
—¡Albus me hubieras avisado que venías! ¡Te habría preparado algo mejor!
Dumbledore sonrió y negó—Lo siento pero ha habido contratiempos. Iba a ir a ver a Harry mañana pero…tras el ataque a la casa de los Bones y luego…los asesinatos. Fui a comprobar que estuviese bien y cuando llegué…estaba ardiendo el vecindario con fuego maligno.
—¿Fuego maligno? ¿En una zona muggle? —dijo alarmada y miró el reloj desesperadamente quedándose más tranquila.
—Sí. Pero extrañamente se mantuvo tranquilo durante mucho tiempo—dijo alisándose la barba—Pocas personas logran tal dominio con ese maleficio. En cualquier caso ambas señoritas estuvieron inmersas en accidentes…y necesitan ser cuidadas.
Molly observó a ambas que parecían estar despiertas y dijo—Tenemos camas de sobra, Albus pero no sé si podremos darle la atención que se merecen—dándose cuenta de que Daphne y Susan no estaban acostumbradas a tanta rusticidad—Además estoy seguro de que Amelia Bones tiene más lugares en los que quedarse.
—Grimmauld Place no es lugar para criar adolescentes más aun sabiendo el peligro que supone Kreacher. Su lealtad oscila demasiado—sabiendo que el elfo había traicionado a su amo hace semanas y por poco provoca su muerte—En cuanto a la Señorita Greengrass no sabemos porque se vio involucrada en esta pelea o porque estaba allí pero debe ser controlada y vigilada. No creo que su madre sea de fiar—dijo sabiamente mientras le decía a Harry—Mañana me acompañaras a ver a un viejo amigo…tiene unos gustos algo extraños. Estoy seguro de que os llevaréis bien.
Tras esto se desapareció. Molly observó aquello y gimiendo de frustración dijo—No sé para que usamos protecciones mágicas si siempre consigue evitarlas—eso era obvio. Dumbledore era poderosos y ciertamente estas protecciones no eran nada comparadas con las de Hogwarts.
La bruja suspiró y dijo—Es tarde. Deberíamos llevar a las chicas a un lugar para dormir—levitó a Daphne y dijo—la llevaré al cuarto de Percy. Allí se sentirá más segura—parecía que ya había superado la traición de su hijo—Tú y Bones pueden dormir en la habitación de Ron. Probablemente ya este dormido…ni se dará cuenta.
Harry miró aquello y a la chica que todavía estaba dolorida por el brazo y dijo—Me quedaré en el sofá con ella. Si no le importa Señora Weasley.
Molly miró como ambos se acomodaban en el pequeño sofá desgastado. Susan ocupaba la mayor parte mientras Harry intentaba ponerse de manera que no molestase y abrazaba a la chica sin tocarle el brazo. Casi toda la pierna del mago sobresalía pero poco importaba ya que estar junto a él tranquilizó a la bruja que se durmió un poco mientras la cabeza de Harry estaba en su entrepierna. Tras unos minutos se retiró a dormir y todas las luces de la Madriguera se apagaron.
A la mañana siguiente fueron despertados por un jadeo silencioso de Ginny. Harry abrió los ojos y vio a la más joven de los Weasley mirándolo con aprensión. Y es que en efecto, ahora Harry estaba dormido mientras Susan le acariciaba el pelo con cariño. Su entrepierna estaba abultada dejando en claro el tipo de sueños que había tenido mientras olía a la chica.
Ron engullía sin parar su desayuno y dijo—Siento lo de tu casa Sue…puedes quedarte cuanto quieras…hay habitaciones de sobra.
—En Grimmauld Place también hay muchas habitaciones—dijo Ginny mirando a la otra chica con algo de rencor.
Susan simplemente le devolvió la mirada a la chica y le dijo—Me gusta el sofá. Contra más apretaditos mejor. ¿No crees, Harry? —burlándose de la respuesta innata que había tenido.
La Señora Weasley dijo—Dumbledore vendrá pronto a por Harry…tú tía ha dicho que te quedes aquí hasta nuevo aviso.
—Querrá que Sirius le cace los pies—indicó sabiendo el tipo de juegos que ambos hacían en el dormitorio. Con el pasar de los días había visto que el expresidiario era una buena persona y compartía con su tía unos gustos extraños.
Ron y Ginny rieron a pesar de todo. Molly reprochó a la chica con la mirada mientras miraba a la escalera y decía—Nuestra nueva invitada…Felicidades, chica. Por fin despiertas. Estaba preocupada…no todo el mundo resiste un Cruciatus sin secuelas.
Daphne bajaba las escaleras en silencio intentando no llamar la atención. Su cabello estaba como un nido de pájaros pero seguía resplandeciendo en un tono rubio. Sus ojos estaban casi cerrados y bostezaba ruidosamente. Iba descalza y su túnica se movía lentamente con cada paso. Lo único que llamaba la atención era un tic que tenía su mano. La bruja simplemente llegó y se sentó sin percatarse de que estaba en toda la cabeza de Harry.
Susan sacó la mano del trasero de la bruja y la miró extrañada. Tardó unos minutos en darse cuenta de que lo que sentía no eran arrugas sino la cara de Harry. Se sonrojó furiosamente mientras se levantaba y dejaba respirar al mago.
—Hay que mirar primero—dijo Molly riéndose.
—Estaba en el paraíso—Harry dijo lentamente ganándose una risa de Ron.
Sonrojada y viéndose ridiculizada dijo—Lo hice sin querer…—miró el lugar y preguntó—¿Qué hago aquí? ¿Y mi casas? ¿Bones…que hacemos aquí con los Weasley?
Susan dijo—Te encontramos en un ataque de los mortífagos…estabas herida y te llevamos aquí para curarte.
La Señora Weasley añadió simplemente—El director nos dijo que te quedarías aquí de momento. No queremos que estés en peligro eres solo una niña…Tú familia podría ser la causante.
La bruja se quedó callada dejando en claro que la hipotesis del director podía ser cierta. La chica simplemente dijo—Yo…tengo dinero. Puedo…pagar a cambio de…—Harry sonrió a sabiendas de que la bruja no era como otros Slytherin. Daphne era fría pero tenía buen corazón.
—Para nada—dijo Molly sonriendo—La casa es grande y ahora que no están los gemelos hay espacio de sobra. Además siempre he pensado que tanta testosterona era mala…la casa necesita un toque femenino.
Ginny dijo—¿Habrá sitio para Hermione?
—Pues claro. Ella dormirá contigo. Ron puede dormir con Harry en el cuarto de Ron y nuestras nuevas invitadas en el cuarto de Percy.
Daphne dijo—Yo…prefiero dormir sola. Si no es mucha molestia.
Susan se anticipó diciendo—Tonterías. No es la primera vez que dormimos juntas—sonriendo mientras recordaba el tiempo que habían pasado en los dormitorios de Slytherin.
Molly simplemente dijo—El director tiene la última palabra. Pronto vendrá—dijo con anticipación. Mientras usaba magia para limpiar todo y conversar con los chicos amablemente. Todos hablaban amablemente salvo Daphne que permanecía sentada rígida, asintiendo y simplemente intercambiando alguna palabra. No pertenecía a ese mundo y claramente no estaba a gusto.
La única que lo gozaba era Susan. Se había aprovechado de la incomodidad de Harry y ahora estaba sentada encima de sus rodillas y notaba el sable deslizándose y golpeando su trasero. Era consciente de que Daphne y Molly podían ver su jugada y Ginny la miraba con puro odio. El espectáculo le daba más morbo al momento ya que ella solamente se movía lentamente disfrutando de las caricias poco atrevidas que la mano de Harry hacía en su espalda.
A los pocos minutos, Dumbledore llegó diciendo en tono feliz—Me alegro de ver que todo estáis bien—llevaba un guante negro en la mano en la que sostenía su varita finamente tallada. Era sospechoso pero nadie dijo nada—¿Señorita Greengrass? —preguntó al ver que la chica estaba algo distraída por los poco sutiles movimientos de Susan—Siento la muerte de su padre. Cyrus era alguien excepcional…un verdadero Slytherin de pies a cabeza.
Ron susurró a Harry—¿Es eso algo honorable?
—El mismo Merlín fue un Slytherin, Ron—masculló el director riendo—Espero que a Cyrus le llegase su hora y falleciese sin dolor.
Daphne dijo—Eso espero yo también director. Su muerte me pilló finalizando el curso…no me enteré de su muerte hasta que regresé a mí casa.
—Eso es sospechoso, Señorita Greengrass. Por eso mismo y con el consentimiento de Harry—miró al mago y guiñándole un ojo—he decidido que usted resida temporalmente con nosotros—todos observaron sospechosamente al director pero este dijo sin pudor—La muerte de Cyrus nos ha trastocado…verá ahora su hermana se encuentra casada con el Señor Malfoy…un presunto mortífago.
—¿El hurón está marcado?
—Falta poco pero es obvio que trabaja para él—dijo Dumbledore—Necesitamos a alguien controlando que su familia no acabe como otras. Usted, es una alumna excepcional y estoy seguro de que comprenderá verdaderamente lo importante que es su ayuda.
Daphne miró al director y dijo—Yo…no puedo luchar contra mi hermana o mi madre. Sí eso es lo que quiere me temo que yo no soy…
—Nadie le ha pedido que pelee en una guerra que nada tiene que ver con usted, Señorita Greengrass—intentó persuadir Dumbledore—Verás hace años conocí a alguien como usted. Una bruja capaz, que se vio arrastrada por los pecados de su familia. No creo que usted se merezca ser igual. Sus habilidades son impresionantes pero necesitaremos mucho más para vencer en esta guerra. ¿Harry? —dando a entender que lo acompañase.
Harry abandonó a Susan claramente con el miembro algo empalmado. Fue con el director pero la voz suplicante de Daphne sonó—No se puede resucitar a los muertos, profesor. Eso es imposible—el director la miró a los ojos y sonrió—Solo eso me hará ayudarle en su propósito—declaró la bruja Slytherin.
—Eso tiene fácil solución—dijo Dumbledore—Se equivocá. La magia puede hacer cualquier cosa. Cosas maravillosas. Solo se necesita una emoción poderosa y habilidades mágicas. Cuando vaya a Hogwarts quiero que vayas a mi despacho…Harry tenemos prisa—le agarró el brazo y ambos desaparecieron en una luz dorada.
