Harry se despertó con una sensación extraña. Tan extraña que estuvo seguro de que nunca la había experimentado hasta ese momento. Una combinación de olores que cualquier pensaría provenían de una orgía y unos sonidos que parecían provenir de dos animales salvajes devorando una presa. Al despertarse, observó que ambas chicas estaban enfrascadas en algo que difícilmente podía ser descrito.

Daphne parecía estar entre las piernas de la pelirroja intentando limpiar su entrepierna de semen. Susan se dejaba hacer mientras con sus manos abría los labios para facilitarle el acceso, la peinaba o le sumergía más. La chica respiraba pausadamente ante esto, algo que Harry interpretó correctamente. Ambas habían tenido algún tipo de intimidad antes, por eso no le había molestado que jugase con él ayer.

Impresionado por cómo ambas se divertían, dijo—¿Me dejáis fuera? —Susan miró para un lado y sonriendo seductoramente advirtió—No es diversión, es limpieza…—parecía una forma correcta de llamarlo ya que la rubia seguía en su trabajo sin intercambiar palabra.

—También necesito una limpieza allí abajo…no tuve tiempo de hacerlo al final—indicó sabiamente. Aunque el trasero de Daphne había sido limpiado, no estaba seguro de que pene no hubiese sufrido algún percance en su interior.

La pelirroja suspiró y dijo—Dudó que dures mucho…—Harry sonrió ante esto. Por mucho que Susan fuese buena mamando, era incapaz de provocarle corridas rápidas. Le tendió su miembro y está se puso a mamar la punta lentamente, con tranquilidad, a la vez que sus manos iban mojando el falo. Al cabo de un tiempo, Daphne decidió intervenir y ambas lenguas entraron en confrontación. Esos pequeños vistazos fueron suficientes como para que derramase su semen sobre ambas. Dejando rastros en el escote de Susan y en el pelo de la bruja Greengrass.

—Lo teníais planeado—sentenció Harry…Susan en cambio dijo—No exageres…Daph es solo una acompañante puntual…no estés celoso—acusándolo.

Bromeando añadió—¿Acompañante puntual? Explicale eso a nuestros hijos cuando tenga una hermana de ojos azules y pelo negro—eso hizo reír a Susan mientras Daphne se contenía con limpiarse el pelo y empezar a chupar los pechos de su amiga en busca de más semen.

Mientras los tres reían, un mensaje patronus interrumpió sus conversaciones. Un animal que fácilmente se podría confundir con una comadreja o una nutria, entró en la habitación despertándolos con un chillido atronador. Harry inmediatamente comenzó a vestirse mientras se excusaba con ambas, haciéndoles saber que tenía que a ayudar a la reconstrucción de los Weasley.

—No os divirtáis sin mí—miró a Susan acusativamente ya que sospechaba que su novia era la mala influencia para Daphne. Harry fue a marcharse pero antes de poder irse fue confrontado por la rubia. La chica a pesar de ir desnuda, caminó junto a él por los pasillos de Grimmauld Place mientras murmuraba.

—Te estás dejando dominar por ella…Tienes que demostrarle quien manda…demostrarle que tú eres el que dirige la relación…—indicó la chica sabiamente.

—¿No eras tú la que le estaba comiendo el coño? —dijo fríamente Harry quien no toleraba tonterías de aquella chica oxigenada. La consideraba sumamente atractiva e incluso inteligente pero también sospechaba que intentaba dirigir sus acciones. Daphne se excusó diciendo—Ni siquiera está comprometida…puedo hacer con ella lo que quiera…igual que tú con el resto de tus zorritas…

Harry escuchó aquello lentamente pero no le hizo gracia. A la chica no le dio tiempo a nada, el mago la golpeó contra uno de los tabiques y mirándola fijamente, le indicó que se callase y no armase jaleo. Daphne desnuda y oliendo a sexo no estaba dispuesta a forzar un alboroto en aquella casa rodeada de personas que la malinterpretarían.

—Lo que yo haga…no es asunto tuyo—indicó fríamente Harry.

Con una valentía inusitada, la bruja le respondió—¿No es asunto mío lo que te traes con Weasley en el baño o en los vestuarios de quidditch? No creo que Susan piense lo mismo…

—Te comportas como algo que no eres. No eres su amiga, no eres mi amiga. Estás aquí solo porque Dumbledore pensó que era apropiado, que eras útil en esta guerra. Pero no sirves para nada…solo ocupas espacio y eres una falsa imitación de Fleur. ¿Eso te enfadó? ¿Verte suplantada por una versión mejorada? —sonriendo, le dijo con firmeza—Piensas que soy tan tonto…Ayer follé ese gran culo que tienes—sonrió ante la ironía—y me di cuenta a la primera. No eres esa perra sarcástica y virginal que aparentas ante todos…No tienes nada que envidiarle a Hermione…Ambas son solo chicas listas y grandes putitas. Tú fuiste mejor ocultándolo pero cuando mi pene entró en ti—cerró los ojos recordando el sonido—lo sentí. Ningún culo toleraría eso sin siquiera gritar, gemir o hacer alguna gesticulación. ¿Te costó mucho el dildo que usaste para eso?

Daphne se quedó mirando al mago y con firmeza le dijo—Entregame el collar…No deberías llevarlo puesto—Harry se tocó el pecho pero no la dejó acercarse—Cuando regresé…volveremos a la cama. Volverás donde nunca debiste escapar…Serás mi putita perfecta—le agarró las mejillas para darle un beso posesivo.

La rubia increpó diciendo—¿Crees que me someteré ante un mago que no es capaz ni de domar a una hembra? ¡Hasta Weasley te chulea! ¡Te droga para que te la folles y no haces nada!

—La reventé a pollazos… ¿Qué habrías hecho tú?

Daphne sonrió al decirle—Su trasero habría pagado el precio. Luego la habría dejado atada, amordazada mientras Susan y tú follabais. Sin más consuelo que su mano…Unos azotes de parte de Bones hubiesen sido suficiente para enderezarla o una charla con su madre. ¡Voldemort es mejor que tú! —le espetó tentadoramente. Harry quiso abofetearla o incluso tomarla ahí, en un pasillo frente a la pared. Se contuvo y dijo sombríamente.

—¿Por qué? ¿Por qué es mejor? —tenía un deseo en su cicatriz. Un pálpito que le pedía que preguntase. Daphne esperó a que se relajase y dijo tentativamente—Voldemort puede ser un sádico…un loco…pero tiene a un sinfín de mujeres arrodilladas ante él. Sangre pura, mestizos e incluso esclavos sangres sucia. Todas hermosa…listas para satisfacerle.

—¿Hermosas? —suspiró Harry con una risotada—No sé si Millicent es hermosa…Davis al menos tiene un pase…Parkinson—hizo una mueca con asco ante los nombres de sus compañeras de clase Slytherin. Harry sospechaba que todas las hembras de la casa de la serpiente estaban predispuestas a tener relaciones con mortífagos e incluso con Voldemort. Después de todo, Tracey había abandonado a Daphne y se había unido al grupillo de Pansy. Por miedo seguramente.

Daphne suspiró y dijo—Las feas se las quedan los inferiores. ¿Qué me dices de Bellatrix Lestrange…Narcissa Malfoy? Y otras…—secundó la chica mientras le hacía plantearse muchas cosas—Todas hermosas, fieles a su líder, dispuestas a todo. Solo un mago poderoso puede domar a una bruja de la misma forma que Lord Voldemort domina a Bellatrix.

Harry quitó la mano que sujetaba a la desnuda Daphne y pensó brevemente en sus palabras. Por razón propia, Bella era una bruja letal. Poderosa, maniática e incluso una buena profesora. Le había instruido en lanzar la maldición torturadora con gran éxito. Harry había practicado en la Sala de Menesteres y sus consejos habían funcionado. Pero tras toda esa belleza, locura y poder mágico…todo eso…en realidad estaba sujeta a los designios de un colgado. Voldemort podía no sentir amor pero ciertamente sabía conseguir hembras para criar futuras generaciones de mortífagos o como alivios puntuales. Hacer lo mismo, sería contraproducente pero increíblemente erótico. Conseguir una esclava…miró a Daphne y a su mente vinieron las palabras de Dumbledore.

El director había sugerido no hacía demasiado tiempo que había paralelismos entre ambas brujas. Podría convertirse Daphne en una asesina fría y malévola…dudaba que eso fuera cierto… ¿En una política hábil?, eso era otra cosa diferente. La chica era fría, maquiavélica e incluso bastante aislada socialmente. A pesar de todo, su inteligencia y talento eran inmensos al igual que su fortuna y su fama en el mundo mágico. Estaba seguro de que el Mundo Mágico no cambiaría si hubiese brujas como ella en la próxima generación.

—Te quiero a ti—se sinceró Harry aunque dudaba que esas palabras hubiesen emergido de sus labios. Daphne abrió los ojos extrañada hasta que el mago dijo—Serás una excelente dama de sangre pura…te daré lo que quieras. Cuidaré de ti y de tus vástagos—la palabra sonaba extraña en sus labios. Cualquier hijo que tuviese sería considerado parte de su familia, lo tenía claro. Daba igual si fuese esposa, amante o una zorrilla de pueblo.

Daphne suspiró y Harry pensó que por fin se sometería. En cambio, la bruja dijo—Necesito un mago fuerte. Demuéstramelo…

—¿Cómo? —no sabía que más hacer. Enfrentarse a ella en duelo era contraproducente, la chica ya sabía que no podía vencerlo. ¿Follarla duro? Inútil. Su coño permanecía virgen hasta que alguien la desposase y su ano parecía acostumbrado a la dureza estándar del sexo anal.

La rubia sonriendo para sí misma indicó—Consigue una captura fresca que haga bajar de las nubes a tu amada…Demuéstrale a Susan que eres su macho y sobre todo…lo más difícil…muéstramelo a mí—se jactó sonriendo mientras abandonaba el pasillo desnuda. Harry dio un sonoro azote a una de sus nalgas pero la bruja no hizo gesticulación alguna.

El chico sonriendo, dijo para sí mismo—Esto no termina Greengrass…te tendré a ti. Serás mía—el collar asintió mágicamente y Harry sintió que su corazón estallaba ante el deseo de embriagarse con el olor de su rubio cabello mientras la chica debajo de él tomaba su polla.

Esperó pacientemente hasta que se le ocurrió un plan. Si lograba que ambas chicas le viesen someter a alguien adulto, entonces lo respetarían. Al menos Susan acabaría de rebelarse tanto a sus deseos. Se sintió extraño al pensar esto. A menudo él y Susan compartían ideas y pensamientos, sin embargo ahora mismo sentía que todo lo que hacía era a espaldas suya. No le había contado lo que tramaba con Greengrass, ni tampoco cuantas veces la rubia le había lamido el coño. Por la destreza con lo que lo hacía, estaba seguro de que Susie había horadado el trasero de Daphne a menudo usando su varita.

Al cabo de un rato de pensar, tan solo quedaban dos candidatos potenciales. De inmediato supo que no podía jugar estas cosas con Amelia Bones. La ministra no solo estaba sumamente protegida, sino que no podía inmiscuirse en asuntos adolescentes que concernían a su sobrina. Además, si la follaba probablemente terminaría teniendo problemas con Sirius. Eso solo dejaba un candidato, uno que estaba seguro de que podría domesticar delante de Susan. El collar le dio el impulso que necesitaba mientras se dirigía a la Madriguera. Antes de sumergirse en la chimenea, lanzó un patronus para decirle a Susan que viniese en cuanto pudiese. Definitivamente, la chica tenía que verle penetrando a Molly. Esa sería su presa.

Salió por la chimenea y observó que la casa de los Weasley estaba en pleno proceso de reconstrucción mágica. No era nada parecido al mundo muggle. No había obreros, cemento ni ladrillos. Por el contrario toda la familia usaba su magia para mantenerla en pie mientras el Señor Weasley y Bill lanzaban encantamientos que permitían volver rígidas las paredes. Eso la sostendría bastante bien. Además de eso, la casa era sustentada por pilares externos que iban construyéndose siguiendo el modelo de una araña.

Consternado, miró como el hogar de la familia se hallaba gravemente afectado. Maravillado, salió al patio donde comprobó que los gemelos estaban haciendo de las suyas. Usaban magia para cambiar los colores del exterior hasta volver la casa, una copia de su tienda. Desde una ventana, Molly les decía que parasen.

Fred divisó a Harry y sorprendido anunció—Creo que necesitamos una varita más, George…

—Sin duda… ¿sabes cómo funciona la construcción mágica? —le instruyó el otro gemelo. Harry negó pero Hermione rápidamente anunció desde otro lado de la casa—En realidad la mayoría de las edificaciones del mundo mágica son muggles…la cantidad de magia alrededor ha hecho que desarrollen ciertas particularidades o que se vuelvan indetectables. Hay ciertos sitios que han sido construidos por duendes y otros por humanos como esté…—señaló la Madriguera.

Anonadado por el arduo trabajo mágico de mantener la casa quieta, dijo—¿No dijo Amelia que ella se haría cargo? —le costaba pensar que la ministra dejase tirados a los Weasley tan rápido.

—En realidad, vino un rato…estuvo junto a Moody y Dumbledore revisando grietas y estudiando el impacto…Nada concluyente—dijo uno de los gemelos. El otro continuó diciendo—Se ofreció a costear parte de los daños pero tardarían meses en arreglarla así que papa lo hizo a la vieja usanza.

Ron rio mientras decía—Mamá le prendió el traje de los domingos cuando lo vio llegar con un cargamento de ladrillos y polvo…—advirtió el chico haciendo reír a todos—Mamá nos dijo que ayudásemos a mantenerla en pie. Mientras los demás hacían que los muros dejasen de bailar…—Harry observó mirando bien que los muros parecían moverse ante cualquier perturbación. La magia del hechizo había sido poderosa sin duda.

Quiso ayudar más pero tan solo pudo estabilizar el hogar un poco. Al cabo de unos minutos, los gemelos le advirtieron que no era suficiente y que mejor invirtiese sus esfuerzos en el interior. Fue lanzando encantamientos petrificantes a cada pared hasta que el collar se calentó. No se percató de ello hasta que su mente voló a Molly Weasley. Sus deseos de someterla. Debía hacerlo. Mientras peleaba contra sus emociones, lanzó de nuevo a Cornamenta. El ciervo voló de nuevo para buscar a Susan. En cambio, él decidió subir y acabar con esto.

Subió las escaleras hasta divisar el bamboleo de la Señora Weasley varios pisos más arriba. Ambos habían subido al rellano del piso en el que se situaba el dormitorio de Ron, el lugar anaranjado en el que tanto había estado. Allí el matrimonio Weasley charlaba entre sí mientras su hijo Bill bajaba la escalera sin percatarse de la presencia del mago.

El collar avivó más su fuego, despertando una erección furiosa en su pantalón. Subió las escaleras solo para ver cómo Arthur se despegaba de su esposa y le decía amablemente.

—Harry… ¿Qué opinas de estabilizar el edifico a la vieja usanza? Con hormigón y nuevos pilares—insistió el Señor Weasley solo para ser reprendido por su esposa. Claramente la Señora Weasley estaba cerca del promedio de magos en cuanto al desprecio a los muggles. Sin duda la mujer no estaría tan abatida por un mundo mágico carente de hijos de muggles.

Esos pequeños destellos hacían ver a Harry que solo quizás, el mundo que pregonaba Daphne no era tan distópico. Los magos no soportaban a los muggles, solo una pequeña facción se llevaba bien con ellos e incluso esos pocos eran retratados como raros. Quizás lo mejor era absorber a los hijos de muggle e impedir que llevasen a cabo sus ideas, que se adaptaran a la cultura. Esperó y dio su opinión apoyando a la Señora Weasley.

—No creo que está casa pueda ser arreglada por ingeniería muggle—indicó el chico viendo que desde su primer día en la casa había estado dudando de la estabilidad. Ahora parecía que sus muros bailaban pero aun así permanecía en pie.

La Señora Weasley sonrió ante el rostro abatido del hombre y con delicadeza, le indicó—Haz que el ghoul no toqueteé las tuberías…arregla los daños de arriba. Yo y Harry haremos lo propio aquí—la casa Weasley no disponía de objetos mágicos valioso, pero poseía una especie de criatura que vivía en las sombras y se dedicaba a molestar de noche.

El hombre subió la pequeña escalera y cerró la puerta para centrarse en trabajar en la oscuridad del ático. Él y Molly comenzaron con los preparativos por dentro. Irónicamente los encantamientos de la Señora Weasley resultaban más efectivos que los de la mayoría de los magos que ayudaban.

La mujer simplemente respondió—Conozco cada pedazo de muro…sé que hay que hacer…

—¿Qué pudo provocar esto? —intentó hallar la solución a este problema. Nadie sabía con exactitud que había usado Bella aquel día. Ni siquiera Sirius parecía capaz de reunir el coraje para venir a ayudar en la reconstrucción de la casa.

Molly se balanceó usando sus pies para luego lanzar un hechizo que ordenó todos los cajones y desordenes de Ron. La habitación de él y su amigo se volvió ordenada y limpia en pocos segundos. La madura pelirroja miró la pared que tenía impresiones detalladas de las manos y los pies de los dos chicos. Harry se avergonzó de eso, pues las marcas se debían a que eran demasiado altos para caber en las pequeñas camas que los Weasley tenían.

—Esto hay que hacerlo a mano—indicó la bruja conjurando una esponja y cubos de agua.

—¿A mano? —dijo Harry dudando. La Señora Weasley le hizo saber que en efecto, la pared estaba demasiado inestable como para usar un encantamiento limpiador. Había cosas que era mejor hacer a mano, o que la hiciese un elfo doméstico. El doble sentido en la voz de la mujer hizo que Harry se diese cuenta que en cierta manera sentía algo de envidia por aquellas damas mejor cuidadas debido a la falta de embarazos y de trabajo físico.

No tuvo problemas en ver como la mujer frotaba con fuerza como si pretendiese quitar su frustración. No se pudo evitar fijar en como aquellos rápidos movimientos hacían que sus pechos se meneasen bajo la camiseta de asas y poco a poco iba mojándose por las salpicaduras de agua. Cada vez que iba a cambiar el agua, la madura gateaba hasta el culo en un intento de que viesen su trasero. Después de disfrutar recientemente de Susan, Daphne e incluso de Ginny, restaba importancia a esos gestos que estaba seguro no escondían segundas intenciones. El problema era que su pene erecto se ponía peor ante esa vista.

—Parece alterada—dijo el chico al ver como la bruja apretaba más de la cuenta la esponja extrayéndole todo el agua posible.

—¡Como no estarlo, hijo! ¡La guerra, mi familia…ahora la casa! ¡Percy sigue sin hablarnos a pesar de que Voldemort ha vuelto! —dijo el nombre pero tembló visiblemente ante eso—El muy tonto mandó un mensaje formal dando una donación de galeones pero no se dignó a venir o a ayudar…incluso tu novia aportó algunos galeones.

—¿Susan aportó algo? —la Señora Weasley asintió al tiempo que exprimió su canalillo de agua y dijo—También Greengrass…ofreció todos sus ahorros…dijo que no los necesitaría próximamente. Supongo que su madre la habrá casado con algún mago rico… Quería hablar contigo…

Harry dejó un lado sus preocupaciones por Daphne y esperó paciente—¿De qué Señora Weasley?

La mujer sonrió con una mueca de maternidad y dijo—¿Señora Weasley? Siempre tan sensato y formal Harry…—sonrió un poco y dijo—También guapo…no creas que no me fijo en cómo Ginny intenta estar contigo a pesar de tus múltiples negativas…—gimió un poco con pesar—La pobre…no sé qué hará sin ti. Supongo que encontrará a otro…no lo sé. ¿Lo tuyo con Susan va…bien? —esperó un poco y Harry tuvo que contestar.

—Más o menos…notó que tiene más secretos…No me cuenta sus cosas…yo tampoco puedo contarle mi tiempo con Dumbledore. Estamos pasando una especies de mini bache…

La Señora Weasley miró a otro lado y dijo—No lo parecía ayer…Sus gemidos se escucharon repentinamente en mitad de la noche…Berreaba mucho…El idiota de Sirius estaba convencido de que se trataba de una exploración anal…Desviado—dijo con algo de asco y horror—Sois demasiado pequeños para esas cosas tan sucias…Aun así siempre es bueno mantener la chispa. Sobre todo cuando sois jóvenes…quizás Amelia y yo tengamos pequeñas Lily correteando.

Harry supuso que el sueño de la mujer era verlo casado y darle nietos pronto. Molly parecía querer ser abuela joven a pesar de que poseía un cuerpo digno de portada erótica. A pesar de su grasa corporal, la madura seguía siendo aprovechable por un mago dispuesto a ver más allá. Su vejez solo había acentuado sus enormes nalgas y sus mamas.

Dudó por un momento sobre qué gemidos habían escuchado. Si bien había penetrado a Susan, rellenándola como un pavo a base de semen…la chica estaba tan dormida que dudaba que hubiese gemido tanto. Daphne había sido sodomizada pero la bruja tampoco era una gritona. Sospechó que se trataba de Ginny y que Molly no había reconocido los gritos.

La Señora Weasley suspiró y dijo—En vista de que estás más experimentado…Deberíamos hablar de lo que pasó aquel día—se mordió el labio y dijo—Fue un error del que aún me arrepiento…un incesto horrible—Harry denegó esa idea. A pesar de la fuerte maternidad de Molly, él no era su hijo…ni tampoco era hermano de Ginny o Hermione. Su pene no entendía de familia en esos aspectos.

—Me dejé llevar y no estuvo bien—dijo Harry—Solo quería…

—Oh hijo no te preocupes…Tener a alguien mirándote de esa forma—se estremeció al pensarlo—Ese recuerdo ha hecho que pueda llegar a entender lo que siente Fleur—dijo el nombre con asco, como si le resultase ajeno en gran parte—Sin embargo, no debí haberte hecho pasar por eso. Debiste haberlo hecho con chicas de tu edad…

Tragó saliva al no saber que decir. Optó por elevarla de categoría ya que su polvo intenso con la Señora Weasley había sido la llave que le había permitido poder descargar su frustración con tantas otras hembras.

—Fue un honor perder la virginidad con usted…

Molly se quedó contrariada mientras murmuraba—¿Perder…Oh Dios no… ¿Nunca la habías…?

—Solo la mamada que Ginny me dio…—intentó recordar otros momentos pero ese era el primero que podía rememorar. La Señora Weasley alarmada dijo—¿Madre e hija con la misma polla…por separado? Eso debería de estar penado… Y yo sin pensar eso…subida encima de tú. A pesar de todo he de decir que dejaste en alto el pabellón de los Potter…ahora entiendo lo relajada que se veía Lily siempre…si cargaba con eso—se lamió los labios provocando que Harry se contuviese de darle un azote.

La mujer se estaba pegando peligrosamente a la entrepierna del chico que pretendía no darse cuenta de eso. Molly mantuvo su fachada y dijo con severidad—No debe volver a pasar. Por muy grande que seas…por divertido que sería dejar que me volvieses a… ¿Podemos guardar el secreto? ¿O tendré que contarle a Susan como me agarrabas las tetas con vehemencia mientras montaba ese gordo rabo? —se mordió el labio brevemente mientras meditaba sobre lo que había sucedido.

La madura hembra hizo un movimiento muy brusco que consiguió que sus enormes pechos rebotasen más de la cuenta provocando que casi saliesen del vestido delantal que la bruja llevaba. Harry observó junto al trasero de la mujer que ya casi rogaba por una penetración.

—Tranquila Señora Weasley…Nunca le contaré a su marido, ni a sus hijos como me montaba. Además tiene razón—suspiró en una mezcla de emociones que Molly no entendió—No podré volver a correrme en su coño—esa frase provocó que Molly mirase de reojo ante la desilusión del chico. Harry por el contrario estaba siendo influenciado por recuerdos provenientes de Voldemort, su cicatriz dolía pero le estaba dando formas más finas de abusar. Algo que el Señor Oscuro dominaba a la perfección.

Molly parecía a punto de estallar y de abalanzarse sobre él pero debía ganar tiempo. Tiempo para que Susan llagase, para que lo buscase y sobre todo para que Arthur abandonase ese piso y se internase en un lugar más apartado. No pondría a Molly a gemir teniendo a sus hijos y esposo a metros de distancia. Intentó pensar en cómo se decepcionaría Hermione o en las riñas que tendría con Ron si abusaba de Molly sin discriminación. Sin embargo la voz de Voldemort que últimamente pululaba en su mente se sumó a otra femenina, una que conocía bien.

La voz de Greengrass, con un deleite misterioso le pedía que demostrase su fuerza. Le pedía que le demostrase que él era su mago. Harry no dudaba ni por un momento de su conexión con Susan pero tampoco podía dudar de su atracción por la Slytherin. Decidió huir mientras Molly observaba todo con algo de pesar. Harry corrió hacía uno de los baños donde meneó su rabo que parecía últimamente una autentica ametralladora. Ni en sus más lejanos sueños había derramado tanto semen como en las últimas veinticuatro horas.

Derramó su semilla pensando en la cara exhausta de Molly. Explotó recordando ese momento mientras se juraba volver a provocarlo. Esperó en el baño hasta que escuchó la voz alegre de Arthur descendiendo las escaleras. El pobre hombre intentaba desquitarse de la situación. La loba de Molly quería sexo pero el pobre hombre no estaba dispuesto a hacerlo en esa situación. Harry desde las sombras, oyó a la madura hablar con el Señor Weasley.

—Molly no es el momento…Los niños—sus palabras fueron entrecortadas por los besos que la bruja prodigaba. La madura pelirroja simplemente dijo—Están abajo…Harry está en el baño. Nadie nos escuchará…lo haremos bajito…

—¡No Molly! ¡No es correcto! —por un momento Harry se temió la erupción de un volcán. Molly, Ginny y en general toda la familia era conocida por sus ataques de ira asesina. Dudaba que la Señora Weasley no entrase en cólera en este momento.

—Por favor, Arthur…si quieres hincó rodilla—el hombre tartamudeó mientras intentaba bajar la escalera de la casa—¡Te dejo entrar por el garaje! —una alusión muggle que Harry había oído antes. No sabía de donde había obtenido la Señora Weasley tal vocabulario.

El hombre no supo que decir y simplemente dijo—Chupa y yo me encargó de lo otro—fueron simples palabras pero Harry estaba seguro de que ambos estaban viviendo uno de los momentos más cachondos que había. Mirando de reojo, vio como Molly estaba de rodillas mamando lentamente sin esperar nada a cambio.

Arthur la había desnudado y había conjurado un rabo largo, grueso y de un tono dorado. Ese consolador parecía desprender mucha magia, la suficiente como para que Harry temblase de emoción. La mayoría de las mujeres se correrían inmediatamente con ese artefacto. Con odio, pensó en provocar que ese encuentro se detuviese lo más pronto posible. Ver a Molly montar un rabo sin un hombre, mientras mamaba otro era absolutamente aburrido.

Apuntó su varita a Arthur y con toda su intención masculló—Imperio—ese conjuro le era ajeno pero sabía lo que provocaba. Un humo etéreo, llegó al hombre que lo aspiró. Su mirada cambió tanto que Harry estaba seguro de que su esposa se daría cuenta si mirase algo que no fuese su pene. Ciertamente su influencia bajo la maldición no pasaba desapercibida. Instruyó en su mente, ordenándole que la dejase a dos velas.

Arthur se corrió sobre una de las manos de Molly, al tiempo que detuvo el vibrador y se marchó sin decir palabra. La mujer cachonda y sin mucho que hacer, chupó ese semen como un gatito hambriento. Pronto tendría algo más para lamer, sonrió Harry al pensarlo. Esperó hasta que Molly volvió a la limpieza y escuchó el sonido de pasos femeninos en la planta baja. Susan…necesitaba actuar rápido. Ayudaría y subiría a verle…Molly debía caer rápido.