Harry supo que debía ganar algo más de tiempo. No comprendía como habían entrado esas tres mujeres en Grimmauld Place. Desde el inicio había sospechado del elfo doméstico pero Kreacher le había ayudado oxidando esas cadenas lentamente y permitiéndole una maniobra lenta pero efectiva.
Las fuerzas se habían dividido dejando a la más débil como vigilancia. En esta situación ciertamente era muy efectivo. Nadie podía entrar o salir de la casa por lo que realmente las únicas personas que podían ayudar eran Sirius, que estaría borracho, y Daphne que seguía siendo una adolescente remilgada. Si al menos Ron estuviese aquí estaría dispuesto a pelear contra todos pero debía pensar realmente. Por un momento pensó en Madame Bones. La mujer a menudo dormía con Sirius por lo que era probable que el merodeador idease algún método para entrar y salir que fuese ajeno a la magia de la familia Black, al Fidelio y a los encantamientos protectores de Dumbledore.
Mientras esperaba pacientemente a que la podredumbre metálica llegase a sus articulaciones, decidió regatear con Narcissa. Sin la tentación de collar podía usar todo lo que tenía para pensar sin dejarse llevar por estímulos banales. La dama estaba reclinada en el sofá jugueteando con su varita. Lanzaba encantamientos de limpieza y encantamientos que rajaban la ropa mostrando todas las cicatrices que Harry había acumulado durante años.
Vio una particularmente circular y con curiosidad cuestionó—¿Quién te hizo esa?
—Tú hijo—espetó mientras recordaba cómo ese mocoso le había pegado un puñetazo en un partido de quidditch. Narcissa asintió sutilmente mientras enumeraba—¿Esa?
—Las sirenas del lago. El dragón. Basilisco. Voldemort. —la mujer seguía cuestionando pero se detuvo al escuchar ese nombre. Parecía entusiasmada por conocer cada pequeña cicatriz hasta que Harry decidió devolverle la pregunta—¿Por qué tanto interés?
La mujer amargamente suspiró y dijo—No me gusta el uso incesante de la violencia con gente inferior…es deshonroso—Harry suspiró sabiendo que Narcissa compartía ciertos puntos de vista con Daphne. También su belleza, cuestionó Harry en su mente.
—¿Soy gente inferior? —dijo Harry. —Eres un mestizo—secundó rápidamente—También el heredero y único miembro de la familia Potter y al parecer patriarca de los Black—suspiró y dijo tranquilamente—Eso te convierte en más puro a mis ojos que cualquiera de los idiotas que pueblan los pasillos de mi hogar—fastidiada.
Cayó en eso y dijo—¿Patriarca de la familia Black? —cuestionó a lo que la dama asintió vagamente al decir—Por lo que veo no es lo único que eres…Me siento ligeramente deshonrada—eso alertó a Harry como nada más. El tono utilizado, firme, serio y frío era similar al de Voldemort solo que en una mujer—no nos invitaste a la boda…—sonrió en una pequeña mueca mientras murmuraba—Quizás deba alertar a Bella de este giro en los acontecimientos.
—¿Giro? ¿Qué giro?
Anonadada dijo—Tú reciente unión con la Señorita Bones… ¿de qué si no? —cuestionó la bruja. Harry la miró a los ojos que eran de un tono frío—¿Unión?
Narcissa abiertamente dijo—Levantá las manos y lee lo que pone en ese precioso anillo tuyo—Harry observó sus manos y vio que había dos anillos colocados en sus manos. Uno en cada, en igual posición y de igual grosor. Observó los dos y pudo ver los nombres de las dos chicas. Daphne y Susan. Entendió que lo que sea que había provocado esto había permitido a las Blacks atravesar las barreras.
—¿Significa que estoy…casado con ambas?
—Es algo raro en nuestro mundo pero se debe a ego, en general. Muy pocas brujas sangre pura estarían dispuestas a compartir a un hombre. La mayoría prefiere morir con su apellido y resignarse a ceder ante una casa más poderosa. Ese era el destino que le esperaba a la casa Black—afirmó con disgusto—Sirius nunca hubiese expandido el apellido…en el caso de que su mísero esperma hubiese rejuvenecido desde su escape, estoy segura de que Bones acabaría imponiéndose. Tú—señaló con la mano—hubieses formado una entrañable familia de niños de ojos verdes y cabello negro y niñas…—suspiró y dijo—pelirrojas pero hubiesen sido Potter…la casa Black hubiese sido solo un agregado. Un vinagre en la ensalada de tu poderío.
Comprendió un poco pero insinuó—¿Draco?
—Hubiese sido peor. Mi hijo no tiene la elegancia ni el poder necesario—señaló la bruja—Hubiese sido absorbida por los Malfoy—la repulsión en su voz era evidente—Hicimos lo que debíamos para evitar eso…
—¿Qué tiene que ver Voldemort en todo esto? —secundó el chico provocando que la bruja retrocediese mientras sacudía la varita enviando trozos de azulejo contra él causando pequeñas heridas. No entendía que implicaba todo eso. Habían logrado salvar a la casa Black gracias a su "matrimonio" con Daphne. No sabía como pero había sucedido. La pregunta era que aportaba.
Narcissa con seguridad aludió—Esto no se trata del Señor Oscuro, Potter—dijo con asco—Esto es algo personal nuestro…—desvió la mirada al piso superior donde comenzaba a escucharse una pelea.
—¿Qué gana? —chilló Harry en busca de respuestas. Narcissa se encogió de hombros y dijo—¿Además del apoyo leal de una casa…tú posible muerte…oro en abundancia? —señaló la bruja.
—No me matarías—señaló Harry con osadía. La mujer agarró su varita situándola en su escote, una prisión donde sería imposible quitársela. Tras ver cómo Harry recorría su cuerpo con la mirada dijo—Yo no…Mi hermana sí.
—Oí que vuestra otra hermana era un traidora—sentenció Harry sabiendo que la madre de Tonks no compartía las simpatías con la pureza de sangre. Narcissa sonrió y dijo—También escuché que Sirius lo era y no pareces afectado por eso…
Harry sonrió ante la mención de su padrino, el único vínculo con su padre. Al ver que la bruja se mantenía serena decidió jugar su baza. Necesitaba que se distrajese lo suficiente como para que cuando partiese las cadenas no le atacase con demasiada ferocidad. La dama no parecía ser una luchadora demasiado capaz.
—¿Porque no vas a ver a Sirius? …seguro teneís muchas cosas que contaros—intervino Harry dialogando—Una década es mucho tiempo…
Narcissa suspiró y dijo—No creo que mi querido primo esté contento de vernos…Siempre pensé que tenía un puntito homosexual…siempre pegado a Lupin y a …James—dijo con algo de pesadez en la voz—Nos odiaba por ser Slytherin…únicamente Andy podía intercambiar más de cinco palabras con él. Después de todo ya estaba con ese absurdo saco de huesos—espetó.
—¿Saco de huesos? —. La mujer se encogió de hombros mientras murmuraba—Ahora lo es. Pobre Ted…no debió haberse metido con una Black…
—¿Qué recuerdas de Sirius? Está perdiendo la memoria por Azkaban…cuéntame algo tenemos todo el tiempo del mundo—dijo el chico intentando parecer derrotado. La mujer sonrió, al parecer le gustaba tener una muñeca de porcelana a su disposición personal. Narcissa miró de nuevo al techo mientras las explosiones se volvían intensas. Sirius parecía estar dando guerra y estaba seguro de que en alguna parte Daphne estaba correteando por ahí.
—Diría que es por otra cosa—Narcissa decidió distraer más a Harry—Quizás deberías escuchar las razones por las que tu padrino era tan famoso entre las chicas del castillo—eso ciertamente sería divertido aunque no estaba seguro de querer volver a oír todo lo que su padre y padrino hacían en Hogwarts. Verlos abusar de Snape aún le dolía en la mente.
La bruja suspiró mientras se sentaba y conjuraba con maestría una copa de vino. Harry sabía por Hermione que era imposible hacer aparecer comida por lo que la bruja probablemente había conseguido el vino de algún lugar secreto de Sirius. Tras un sorbo particularmente largo, comenzó a contar algo que probablemente Harry hubiese preferido no escuchar.
—Bueno Tío Orión estaba enfadado por la huida de Andy con ese "intento de mago" —dijo la bruja con desprecio—La pobre había quedado preñada de ese idiota y se negaba a usar ciertas maldiciones para garantizar la muerte fetal—Harry sintió ganas de vomitar pero siguió escuchándolo todo—Toda la casa Black se volvió loca. Ese escándalo nos colocaba en mal lugar frente a todos y sobre todo frente al Señor Oscuro. Así que Tío Orión decidió que era un buen momento para que Bella y yo comprendiésemos el lugar adecuado y a la vez, consiguió que Sirius guardase algo más de respeto a su familia durante unos añitos…
Harry ya había escuchado eso y escudriñó—Sirius se fue con dieciséis—recordando un dato que su padrino había insinuado hace años—Solo fueron tres años de diferencia…no veo tan relevante lo que ocurrió.
—Bueno…Sirius siempre fue un poco idiota—sonrió un poco y barajó la situación—Podía haberlo tenido todo si hubiese permanecido en su posición…pero decidió confiar en la persona equivocada, igual que tú y que James…—secundó la bruja.
—¿James? Mucha familiaridad—la dama contrajo el rostro y declaró—Como la de cualquier sangre pura Potter…su existencia era anecdótica…Además yo era un niña de bien y él un idiota jugador de quidditch.
—¿Por qué todos dicen lo mismo? —pinchó Harry. Había escuchado esa misma crítica docenas de veces, respaldada por Snape, Remus y ahora por Narcissa. La bruja añadió—James tenía la cabeza algo más fría que Sirius pero seguía siendo demasiado impulsivo y no meditaba bien las cosas. Sus padres sufrieron mucho cuando eligió esposa…Lily Evans era inadecuada…
Apretó los puños pero continuó cuestionando a la bruja—¿Inadecuada? ¿Mis abuelos no querían a mi madre? La dama Malfoy suspiró con agobio y respondió con una voz que dejaba mucho que desear—Ciertamente la Tía Dorea hubiese preferido una esposa adecuada para su hijo…Una sangre pura como Merlín manda. La pobre falleció sin ver cumplido su sueño de devolver a la familia Potter a la verdadera magia.
No escuchó eso. Desdeñosamente supo que estaba mintiendo en algo. Era un tipo de manipulación emocional básica a la que ya estaba acostumbrado. Miró fijamente a Narcissa y la confrontó diciéndole—¿Perdiste la virginidad con trece? —la mujer heló su rostro mientras murmuraba decaída—No. La perdí con catorce…me confundes con Sirius—razonó la bruja mientras pensaba en su primer polvo ocurrido en el bosque Prohibido.
Visualizó por el rabillo del ojo que los metales que lo sujetaban ya estaban lo suficientemente sueltos. Si hacía fuerza, se romperían. Necesitaba una oportunidad y sabía qué hacer. Su varita estaba en el suelo a unos metros de él. Era sencillo. Reunió el valor que pudo y le dijo a la mujer.
—¿Sabía bien las pollas que comiste? —Narcissa palideció mientras sacaba la varita amenazante—Supongo que la de tu esposo era defectuosa…por eso te mantienes tan hermosa y sexy—vaticinó el chico mientras examinaba a la bruja—Si mi padre viese todo lo que has hecho no te habría dirigido la palabra más en su vida.
—¿Cómo sabes que…?
—Su polla debió ser tu favorita…incluso más que la de Sirius—supuso el chico acertando irremediablemente. La bruja alzó su varita y dijo con ira—Crucio—la maldición no impactó ya que Harry se lanzó al suelo de improvisto. Agarró su varita y maldijo a la bruja—Impedimenta.
Corrió rápidamente por el pasillo sabiendo que su conjuro pasaría rápido y que debía encontrar a Sirius o comenzar a vencer una a una a las Black, algo que sería difícil. Mientras pensaba recordó mandar un patronus para explicar lo sucedido. Cornamenta cabalgó dispuesto a atravesar las barreras y alertar a los Weasley, la Orden y los Bones de lo sucedido. Era una suerte que estos encantamientos traspasasen las barreras.
Narcissa observó al enorme ciervo y mientras levantaba la varita, esperó paciente a que alguna maldición le llegase. No era tan hábil pero aun recordaba sus lecciones de duelo de la infancia.
—Confringo—una lluvia de maldiciones explosivas, se precipitaron sobre la mujer que atrapada en un pasillo tuvo que invocar platos para ir bloqueando progresivamente aquellos hechizos. Una vez el suelo estuvo cubierto de cerámica rota, Harry sonrió al ver esto. Sospechaba que los tacones de la mujer entorpecerían su caminata sobre escombros.
Narcissa levantó los trozos más grandes dirigiéndolos contra Harry. Algunos fueron esquivados pero consiguió agarrar uno que iba dirigido entre ceja y ceja. El chico sonrió por su destreza de buscador—Escurridizo…—imitando lo aprendido en anteriores duelos, hizo que los trozos que cubrían el suelo se dirigiesen hacia arriba consiguiendo herir a la bruja brevemente.
Una lluvia de flechar hizo que Harry tuviese que correr a esconderse en otro lugar mientras esperaba a que la mujer dejase de hacer eso. Dio gracias de que fuesen flechas y no balas. Al menos no traspasaban la madera o el ladrillo. Mientras se sumergía en el duelo, la bruja recordó momentos pasados.
Narcissa acostumbraba a pasar su tiempo en invierno en un enorme claro en el bosque Prohibido. El profesor de criaturas mágicas tan solo daba clases teóricas por lo que ningún alumno debía pisar ese lugar tan grotesco y peligroso. Para desgracia de los profesores y de Dumbledore, nadie cumplía con la norma.
Si bien no se internaban en las profundidades como el guardabosques, solían frecuentar la zona periférica. Había acabado sus exámenes de cuarto año y se preguntaba si este sería el verano más extraño que podría vivir en toda su vida. Siempre había estado con sus hermanas pero Andy se había fugado hace nueve meses. Ahora tenía que afrontarlo sola, algo que no le gustaba.
Meditó bajo un gran tronco mientras jugueteaba con su varita convirtiendo hojarasca seca en palos, lanzas y armas de filo. Sus padres a menudo les enseñaban a ella y a Bela a usar cuchillos. Ella disfrutaba de convertirlos, su hermana de lanzarlos. Mientras lo hacía, vio algo extraño en el bosque. Levantó la varita con miedo ante la criatura que se aproximaba a ella. Un chico con cuernos de alce en la cabeza. ¿O eran de reno? Era incapaz de distinguir las piezas de caza muggle.
Levantó la varita y dijo—No te acerques monstruo…—sabía que no era la perspectiva más sensata ante una bestia mágica. El chico rio y Narcissa se congeló ante eso. Reconocía esa risa, la había estado oyendo durante un año en cada intercambio. Desde aquel día en la enfermería había oído esa voz cada semana.
Incluso se había vuelto adicta a oírla. Al principio James la llamaba para desestresarse tras sus intentos fallidos con Evans, o para distraerse de una derrota en quidditch o en duelo con Snape. Tras una semana de pajillas y alguna que otra mamada, el chico había comenzado a interesarse en ella como nadie lo había hecho nunca. Hablaban de cosas e incluso había dejado de cobrarle por cada servicio. James solía darle knuts como muestra de amabilidad aunque no era necesario.
—No me decías eso desde que te despeiné cuando te estaba poniendo fina—espetó el chico. Narcissa abrió los ojos con temor a que alguien lo escuchase. De cara a todos debía seguir siendo virgen. Si sus padres se enterasen ya tendría un anillo en el dedo y estaría tomando el té con Dorea Potter.
—¿Qué haces con cuernos? —dijo la chica con un hilo de voz risueña. James se encogió de hombros con vacilación—Un encantamiento falló… ¿Me ayudas? —le indicó el contrahechizo que curiosamente era bastante difícil de realizar. Consiguió revertir esos cuernos y volvió a su apariencia normal—¿Qué haces aquí sola?
Suspirando dijo—Intento pensar en cómo será la vida sin Andy…—si bien la separaban muchos años de su hermana seguía echándola de menos. El chico se encogió de hombros diciendo—No veo porque no puedes seguir teniendo contacto con ella…Hay lechuzas, red flu…
—Mis padres no me permitirán eso—vaticinó la bruja. James suspiró con agobio mientras sacaba de su abrigo un espejo de mano redondo. En él había unas iniciales que todos reconocerían como las suyas.
—Quizás esto te ayude…Geminio—indicó clonando el espejo en una copia. Narcissa sabía que se trataban de espejos gemelos, pero su acto de devoción la intrigó. El chico se encogió de hombros mientras decía—Así al menos podremos hablar…en tu exilio—bromeó sobre su hogar.
—Tu pene no puede atravesar el cristal—indicó sabiamente Narcissa. James se encogió de hombros al decir—Piensas poco de mí, Señorita Black…No solo me interesa el sexo.
—¿Entonces?
—¿Cómo puedo ligar con Lily? —indicó el chico de sopetón mancillando las ilusiones de la bruja. Narcissa arrugó la nariz en una mueca que afeaba su rostro por completo. Con malicia, le dijo—Quizás deberías intentarlo con sus amigas…así ella te verá desnudo o verá lo bueno que eres.
James se tocó la barbilla—Bueno. Tendré que creerte…viene de la bruja más hermosa del lugar—contrariada, la bruja espetó—No hay más idiota—levitó un cuchillo y lo lanzó pero fue interceptado por el chico que sorprendido dijo—Escurridizo sin duda…Debes agradecer a la snitch…sin ella te habrías quedado sin banca querida.
La chica sonrió por lo bajo. Era normal ver a James en clase jugueteando con esa pelota, o incluso en los pasillos. Una vez incluso lo había hecho mientras ella lo mamaba en un armario de escobar, algo que la enfadó mucho.
—Odio que no me presten atención…
—No volveré a hacerlo siempre que no me lances eso a mis partes—indicó el chico cubriéndose cómicamente la entrepierna. —No lo haría a mi parte favorita—dijo la bruja con una risotada poco femenina.
—¿Tu parte favorita Señorita Black? —dijo el chico sonriendo con picardía mientras se desabrochaba el pantalón al acercarse progresivamente a ella. Narcissa sonrió mientras acercaba sus brazos para que la tomase en la seguridad de ese entramado de árboles.
Harry corrió por la casa adentrándose en la cocina allí habría más objetos para defenderse. Al menos había algo que lo dejaba tranquilo. No era una lucha desigual. La madre de Malfoy parecía hábil en lanzar cadenas de hechizos o transformaciones sin hablar pero claramente carecía de maleficios letales. Eso lo tranquilizaba. Lo único que oía era su propia respiración, el sonido de los pasos de la bruja y explosiones en los pisos superiores. No podía decir en cual, Grimmauld Place era una fortaleza por dentro y por fuera.
—Déjate de juegos Potter—masculló la bruja agobiada—Esto no es un juego…No hemos venido a lastimarte. Solo a mantener la casa Black en un estatus alto.
Sonrió ante eso y le espetó—¿Tanto te mientes a ti misma? ¿Cuánto tardará Voldemort en atravesar las barreras? —su furia era evidente. La mujer palideció ante el nombre pero siguió diciendo con tranquilidad—Eres más inteligente de lo que pensaba…para tu desgracia es verdad. Tu muerte pertenece al Señor Oscuro.
Sabía que era verdad. Aunque le facilitasen el trabajo, Voldemort querría matarlo. No estaba dispuesto a dejar que otro hiciese su trabajo. Podía suponer que al menos saldría del lugar con vida, pero no podía decir lo mismo de Daphne o Sirius.
—¿Qué quieres? —declaró.
La mujer abrió los ojos ante una rendición posible y dijo—Solo necesitamos dos pequeñas cosas…un poco de sangre y…un pequeño colgante que le regalé a la Señorita Greengrass hace meses.
La furia de Harry centelleó. Había estado seguro de que ese maldito objeto estaba embrujada y ahora al parecer Voldemort lo requería para algo. Supuso que debía de ser algún objeto poderoso debido a la magia que usaba ese collar para manipularlos. La única que se mantenía estable parecía ser Daphne, supuso que debido a su frialdad.
—Estaré encantado de que te lleves esa maldita cosa—indicó el chico—¿Para qué lo quiere Voldemort? Según tengo entendido hay docenas de relicarios en el mundo mágico…
—Así es. El relicario de Salazar…es un objeto valioso para los sangre pura reales—suspiró y dijo bajando la varita—El Señor Tenebroso desea recuperar lo que le pertenece por derecho…así que sería bueno que te apartases de nuestro camino.
—¿Por qué se lo entregaste a Daphne? Si sabías que era real… ¿Para qué dárselo cuando lo compraste a Mundungus? —supo que la respuesta a sus preguntas era clara. Daphne había tenido la intención de usar esa cosa en él. De manipularlo indirectamente por medio de ese collar. Esa era la llave a la casa, a todo lo que buscaban.
Narcissa suspiró y dijo—Sí. El zafiro era precioso—aludió a Daphne como si no fuese más que una joya en su dedo—definitivamente le sentaría bien algo de sangre en las venas. Pensé que con el relicario en su poder, quizás esa chica encontraría la valentía necesaria para declararse…algo que veo que logró—indicó apuntando a su mano donde residía el anillo.
—¿Declararse? —cuestionó Harry—Apenas hablamos antes de este año…
La bruja sollozó en un gesto cómico mientras murmuraba—Hombres…siempre tan ciegos. La Señorita Greengrass tuvo un pequeño enamoramiento desde que tú la salvaste de esos centauros…y luego…la amenazaste sexualmente en el tren—anticipó los pensamiento de Harry—Tras la caída de Lucius en desgracia…nuestros planes se aceleraron. Astoria fue comprometida…su madre fue entregada también a mi hijo como sierva sexual…Y Daphne, el premio de oro, digamos que se rebeló. El Señor Tenebroso decidió que sería prudente…
—No destruirla—dijo Harry sabiendo como pensaba Voldemort. Si lo hacía podía provocar que parte de la fortuna de Greengrass fuese inaccesible, después de todo Daphne era la mayor y la heredera. Usarla para hacer una pelea mental contra él era muy efectivo.
Narcissa sonrió y dijo—Siempre tuve dudas de esa niña…No parecía centrada. Incluso cuando Bella y yo la entrenamos por semanas…se mantenía distante, fría…nunca gimió. Se entregaba sin sentir nada. Como una cáscara vacía—aludió con algo de tristeza.
Harry preparó un escudo mientras dialogaba con la dama—¿Entrenar?
—Sí. La pobre chica fue abusada mental, física y sexualmente. Mi hermana y yo la convertimos en una esclava a los pies del Señor Oscuro. Era mágicamente poderosa por lo que el entrenamiento de Bella obró sus frutos rápido…la Oclumancia fue fantástica…ni siquiera el Señor Oscuro pudo romper su concentración—eso era algo para tener en cuenta según Harry—Pero en el sexo que era lo que te atraería finalmente resultó ser demasiado simplista. Su ano y boca fueron expoliados pero la chica no respondía favorablemente.
—¿Acaso creíste que me entregaría a ella por vuestros abusos, por su riqueza, poder? ¿O por el sexo? —dijo el chico riéndose ante eso. Ciertamente acababa de tomar a Daphne hace escasos minutos y esto la hacía verla con ojos muy diferentes. La rubia lo había manipulado aunque no sabía cuánto ni cuales cosas eran reales o falsas.
Narcissa enfadada espetó—¡Deberías mirar más tu dedo Potter! ¡El plan funcionó…tú aquí casado y solo contra nosotras! Ríndete ya—lanzó otra maldición que fue interceptada rápidamente—La chica cumplió su propósito—fue golpeada por una maldición que la hirió en el abdomen. La bruja sollozó y siseó de dolor. Alarmada por el daño interno que podía tener, intentó desaparecer pero no funcionó.
—¿Cómo es posible…? —cayó en lo ocurrido y con nueva ira dijo—Maldita niña…pienso entregársela al Señor Oscuro cuando esto acabe. Se acabó el modo fácil—dijo la bruja enfadada por ver cómo Daphne les había impedido desaparecerse. Únicamente la red flu podía transportarlos. También podían salir por la puerta pero sería un suicidio en vista de que la Orden ya estaría esperando afuera.
—Tú peón te ha fallado, Cissy—dijo Harry sonriendo al ver cómo su rostro se contraía por el mote. Al parecer Daphne tenía algunos secretos aun guardados.
Enfadada vaticinó lo ocurrido—No puedes derrotarme Potter…Reducto—la maldición rebotó en otro escudo impactando contra el suelo y levantando polvo en todas las direcciones.
—Pensé que eras algo más que un rostro bonito…Daphne lo es al parecer—los comentarios sarcásticos parecían desconcentrarla y atraerla a una lucha dialéctica con un intercambio esporádico de maleficios parecía ser efectivo.
La dama levantó su varita absorbiendo el aire enturbiado. —Te enseñare a no meterte con una Black…—un conjuro oscuro golpeó la pared resquebrajándola. Harry siguió lanzando puyas—La única Black aquí es Daphne…Tú eres una Malfoy…
Narcissa miró al chico con odio desmedido. Su rostro parecía que estaba a punto de contorsionarse en una mueca de asco impactante. Tras eso comenzó a transformar todo lo que estaba roto o caído en puñales dorado que iban lanzándose contra el mago. Harry esquivaba los cuchillos y flechas o se protegía. El espacio era reducido por lo que los conjuros amplios no eran adecuados.
—Depulso—la maldición alejó a Narcissa estrellándola contra la pared. El golpe en su cráneo hizo que Harry corriese a ver si respiraba. Tras comprobar que sus senos se movían con la respiración decidió dejarla ahí mientras perseguía a la siguiente en su lista—Glacius—unas esposas de hielo envolvieron manos y pies de la bruja. Si se quedaba mucho tiempo quizás la congelación necrosase sus extremidades. Harry quien ya había estado desmayado con frecuencia por las palizas de sus tíos supo que en escasos minutos estaría con el sentido común recobrado.
Huyó al siguiente piso dispuesto a encontrarse con quien sea que hubiese allí.
